A Kate no le han salido las cosas como tenía previsto, quería rescatar a Jack y se encuentra con que ha estropeado el plan de éste para salir de la isla (aunque ha sido más bien culpa de Locke). También en su pasado se encontró en una situación en cierto modo similar: quiso liberar a su madre de un fatídico marido pero su madre no sólo no le agradeció semejante iniciativa (marcada por una cierta tendencia pirómana-asesina) sino que se distanció para siempre de ella acusándola ante las autoridades (2.9). En ambos casos, en su proceso de superación de semejantes fracasos se encuentra acompañada por otra mujer con quien comparte temporalmente su destino, ya sea de forma forzada (Juliet) o voluntaria (Cassidy).
Una vez capturada en el poblado de los Otros (3.13), Kate ha sido encerrada en una habitación y, mientras se pregunta qué estará haciendo Jack, recibe una visita de Locke, que viene a despedirse de ella. Éste le comunica que Jack no ha podido irse al fin, pero que la comunidad de los Otros sí que emprende un viaje. Ben ha invitado a John a acompañarlos y ha especificado que no quieren llevársela a ella por lo que le hizo a su padre. Poco después de despedirse su visita, la joven ve a través de su ventana cómo los habitantes de los barracones hacen el equipaje y se proveen de máscaras, mientras que, como regalo de despedida, le lanzan un bote de gas narcótico. Cuando despierta se encuentra en la selva y de nuevo esposada (con lo que ella odia las esposas), pero esta vez la que comparte este fastidioso instrumento de retención con ella es Juliet, la rubia Otra que actuó como firme guardiana durante su cautiverio con Sawyer en la Hydra (3.2, 3.4, 3.6), hasta que al final los ayudó a marchar (3.7), y que últimamente parece tan cercana a Jack (3.13).
Juliet afirma en un principio no saber nada de por qué están las dos al aire libre y así vinculadas, cuando su último recuerdo es parecido al de Kate: un bote de gas irrumpiendo en su casa. Aunque Kate desconfía de ella no tiene más remedio que apechugar con esta indeseada compañera de desventuras, dispuesta a imponer con la fuerza bruta su deseo de volver al poblado Otro, donde supone que aún estarán Jack y Sayid. El monstruo isleño interrumpe la pelea de las dos mujeres obligándolas a refugiarse en el interior de un árbol, mientras a modo de advertencia les prodiga unas extrañas ráfagas blancas de luz. Sólo la descomunal amenaza que este misterioso ente supone para ellas ha conseguido un instantáneo acuerdo entre las dos rivales: correr juntas para preservar su vida.
El brazo dislocado de Juliet consigue suscitar en Kate un cierto arrepentimiento por su brutal agresión y un incipiente deseo de colaboración, para evitar mayor sufrimiento a su compañera-rival (sobre todo porque si está demasiado hecha polvo no podrá caminar tan ágilmente con ella de vuelta al poblado). Y, como era de esperar, acaban aflorando en la agria conversación sus diferencias mutuas con respecto a Jack. Juliet no duda en informar a Kate de que ha roto el corazón del joven médico al entregarse sexualmente a Sawyer (momento que fue oportunamente recogido por una cámara y reproducido en una pantalla, 3.6) y que ésta sería la razón principal por la que él le pidió que no volviera nunca a buscarlo (3.7). Kate, dolida por esta revelación, se siente culpable de la posible decepción sufrida por el amigo que tanto se sacrificó para salvar su vida, y empieza a creer que verdaderamente Jack hubiera preferido que no viniera a rescatarle. Su tristeza se agudiza cuando Juliet alardea de que sabe muchas más cosas sobre su amigo que ella, aunque sólo se han conocido durante un par de semanas, mientras que nuestra pecosa ha convivido con él por más de dos meses. Pero antes de poder percatarse de cómo esta nueva información afecta a la relación entre las forzadas compañeras, los rugidos del monstruo las instan otra vez a emprender unidas una veloz carrera, superando como pueden sus rivalidades en medio del fango hasta, totalmente embarradas, dar de bruces con sus irreconciliables diferencias ante la barrera sónica.
El mortal dispositivo que alberga esta línea de defensa repele al monstruo y al mismo tiempo revela las mentiras de Juliet: en contra de lo que había afirmado anteriormente ella tenía una llave para abrir las esposas y sabía algo de la abominable criatura, ya que activa la barrera de seguridad y se queda esperando junto a ella, sin pestañear siquiera, a que el monstruo se vaya. Kate, encolerizada por el engaño del que ha sido víctima, pide explicaciones a Juliet y la llave para quitarse su parte de las esposas. Sin embargo es consciente también en cierto modo de que su odiada rival acaba de salvarle la vida (cuando el humo negro se acercaba amenazante, aunque podía perfectamente haberla dejado al otro lado de la barrera Juliet insistió a Kate para que la cruzara). La explicación de Juliet tiene cierto sentido: le mintió para dar ocasión a que se generara un cierto compañerismo entre las dos al verse relegadas a una misma situación. La rebuscada maniobra, aún si llegáramos a admitir que fue bienintencionada, no deja de ser una auténtica manipulación.
Ya de vuelta en el poblado Otro, Kate despierta a Jack, que aún se encuentra inconsciente bajo los efectos del gas, e intenta ponerle al día, pero se ve abrumada por la culpabilidad de haberle hecho sufrir y haber estropeado sus planes. Nos muestra así que, gracias a la insidiosa rubia, nuestra protagonista ha asumido completamente una culpa que no le corresponde y la idea de que a Jack verdaderamente no le alegra verla. Para colmo de males, el doctor sólo sabe preguntar por Juliet, con la intención de invitarla sin rodeos a volver con ellos a la playa. Aunque la doctora, para ganarse la confianza de los ‘perdidos’, alega haber sido “dejada atrás” por los suyos, está presentando de hecho una inteligente jugada que le ha permitido “dejar atrás” a su rival en todos los frentes.
Kate se ha encontrado de nuevo ante la desazón de que todos sus esfuerzos por ayudar a una persona amada hayan sido totalmente malinterpretados, produciendo el alejamiento afectivo de esa persona. En el caso de Jack, el problema es que éste viera en un monitor algo que ella hubiera debido explicarle antes, pues se trata de una forma muy dolorosa de acabar con las ilusiones de un hombre enamorado. Pero en el caso de Diane, la muchacha sencillamente no debió matar al hombre que su madre amaba, pretendiendo además que era una forma de quererla y protegerla. Matar a su padre a sangre fría, aunque fuera por defender a una víctima de maltrato, fue un error lo suficientemente grave como para romper en añicos el amor de una madre. Es cierto, como dice Diane, que no lo hizo realmente por ella, sino por una insana necesidad que sentía de acabar con él como hija desengañada (2.9). Diane, en esta ocasión, a pesar de todo encubre a su hija, pero la avisa de que es la última vez que va a ocultarla ante las autoridades. En el caso de Jack, el error de Kate fue herir los sentimientos del doctor por amar a otra persona. Un crimen mucho menos grave, pero por el que vemos a la joven dolerse, más arrepentida de lo que nunca estará por haber matado a Wayne. Si tenemos en cuenta que Sawyer le recordaba en cierto modo a su odiado padre (2.9), vemos cómo esa ‘relación’ sigue envenenando su vida, haciéndola sentirse siempre culpable, quizás hasta que sea capaz de aceptar su verdadera culpabilidad en el terrible crimen que cometió.
Curiosamente es en los flashbacks donde Kate va a descubrir una verdadera aliada, que la comprende y desea lo mejor para ella, comprometiéndose a fondo para ayudarla, precisamente cuando buscaba en vano un apoyo semejante en su madre. Cassidy adivina enseguida que la muchacha que le echa un cable en la gasolinera sólo pretende evitar que acuda la policía. Sin embargo, agradecida, se ofrece a ayudarla, quizás porque tras su desengaño amoroso con Sawyer (2.13) necesita ese compañerismo, tener a alguien en quien poder confiar. ‘Lucy’ acepta la oferta de ayuda de su nueva amiga para conseguir hablar unos momentos con su madre, llegando a confiarle al final su verdadero nombre y hasta un extraño consejo con respecto al hombre que la engañó y que sin embargo ama: “denúncialo a la policía”. En labios de Kate es toda una ironía: si un tipo te ha engañado dime su nombre para que hagamos algo al respecto, pero si aún lo amas, llama a la policía y que lo encierren. Como diciendo, es lo que hizo mi madre conmigo y no podré nunca perdonarla, por lo que creo que es la mejor venganza. A pesar de la ironía, el consejo de Kate fue probablemente muy bueno, pues sólo así consiguió Cassidy acercarse de nuevo a él –teniendo ya saldada la cuenta que tenían pendiente– y decirle que tenía una hija suya, lo que permitió a Sawyer actuar al respecto (3.4). Si Sawyer hubiera seguido libre, Cassidy no hubiera podido acercarse a él más que humillándose, haciéndole ver que a pesar de que la timó es tan tonta que sigue enamorada de él. Encerrarle en la cárcel fue su forma de ponerle en su sitio y hacerse respetar, y de alguna forma constituye una venganza, sin ser demasiado cruel. Al contrario que en el caso de Kate, Sawyer había actuado conscientemente en contra del bienestar de Cassidy por lo que, aunque le disgustara la cárcel, tenía que admitir que ella estaba en su derecho de denunciarle. Algo que Kate nunca perdonó a Diane.
Y ese mismo tipo al que en el flashback su ex-novia no sabe si querer u odiar, si perdonarle o castigarle, es el que en la playa de nuestra misteriosa isla sigue inspirando similares cuestiones a sus convecinos. Le tienen cierto aprecio por ser uno más del grupo, pero a veces no pueden soportar su manera de ser tan despectiva, sarcástica y egoísta. Las sospechas levantadas con respecto a las muertes de Paulo y Nikki (3.14), sumadas a su mala jugada en el 2.13 (especialmente inolvidable para Sun) y otras historias previas, generan un mal rollo en el campamento que James no puede dejar de percibir y que Hurley aprovecha en jugada magistral para impulsarle a ser más considerado. Sawyer cae en la trampa del ingenioso Hugo, quien nos muestra un ejemplo de manipulación efectiva, aunque totalmente altruista. Presentado en semejanza a un proceso político de elecciones, Hurley aconseja al inexperto James los movimientos más importantes para ganarse la confianza y el cariño de sus compañeros y evitar así el supuesto destierro. Finalmente descubrimos que la estrategia política no iba en absoluto descaminada, pues lo que el orondo asesor ha tenido en mente desde el principio es proveer al grupo de un nuevo líder, para el caso en que el regreso de los otros cabecillas previamente establecidos en la comunidad se retrase demasiado.
Kate trata de conseguir aceptación y perdón sin conseguirlo, tanto en su pasado como en su presente en la isla, salvo por la admirable ayuda que le proporciona Cassidy, mientras que Sawyer, que ni siquiera lo pretendía, consigue aceptación entre sus compañeros gracias a la desinteresada y benevolente insistencia de Hurley, quien sin deberle nada a tan desagradable compañero, se ha propuesto convertirlo en alguien decente.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
Un interesante tema que este episodio nos ofrece para reflexionar es cómo las dificultades y peligros vividos en común catalizan una cierta alianza. El ejemplo más claro es el que brinda la amistad surgida entre Kate y Cassidy, modelo de lo que Juliet pretende a su vez con Kate. Tenemos sin embargo como contrapunto el caso de dos mujeres que debían amarse y ayudarse y sin embargo se han convertido en enemigas de facto: Kate y su madre.
- Cassidy sentía cierta atracción por la delincuencia y pidió a Sawyer que la enseñara a estafar al personal (2.13), siendo finalmente estafada por él. Cuando, algún tiempo después, ve a una joven que lo pasa mal con la ley, inmediatamente se siente identificada y se muestra dispuesta a ayudarla, como agradecimiento por la complicidad demostrada por ‘Lucy’ y porque quisiera creer que es posible ese tipo de camaradería con otras mujeres, apostando por que al menos a una de ellas debería irle bien. Es extraño que entre delincuentes la amistad y la fidelidad pueda mantenerse mucho tiempo, pues se crea un cierto conflicto de intereses como el que le surgió a James. Pero entre Kate y Cassidy se ha creado ese lazo de amistad que ambas añoraban y cada una ha sido capaz de ofrecer lo mejor de sí misma para ayudar a la otra.
- Es mucho más difícil que Kate intime con Juliet, pues existe una historia previa que las ha puesto en campos rivales. La doctora pertenece al grupo de personas que encarcelaron a la pecosa obligándola a picar piedras, que torturaron a Sawyer y la separaron de Jack. Juliet puso una pistola en la frente a Kate (3.2) y un saco en su cabeza (3.6), aunque finalmente cuenta a su favor con haber matado a su propio compañero Pickett para liberarlos (3.7), hecho este último que no deja de ser motivo de desconfianza. Si aún supuestamente pudiera Kate aceptar que finalmente están las dos en el mismo bando, se alza inmediatamente entre ellas la rivalidad amorosa por el interés de ambas en Jack. La fugitiva no puede dejar de observar una excesiva camaradería entre ambos doctores, sintiendo además que no puede hacer nada al respecto, ya que su relación con Sawyer parece haber cerrado para siempre la posibilidad de acceder al corazón de Jack. En estas circunstancias ni siquiera encontrarse perdidas y esposadas juntas en la selva va a hacer que Kate acoja como amiga a su rival. De hecho la golpea más de una vez para hacer prevalecer su opinión, a pesar de darle la bienvenida al “mundo de los que no saben lo que pasa” y creerse a medias que se trata de una pobre Otra abandonada por su gente. Sólo el misterioso monstruo, probablemente el peligro más grande al que podrían ser expuestas en la isla, puede hacer que estas dos mujeres colaboren, aún sin que cese en ningún momento la extrema rivalidad. Juliet salva de nuevo a Kate, pero su insidiosa mentira y su calculada manipulación harán que ésta mantenga enormes recelos hacia la nueva compañera.
- Kate está actuando en el fondo de forma parecida a su madre. Diane nunca podrá perdonar que su hija matara al hombre que ella amaba. Aún quizás si ésta le pidiera perdón, podría intentarlo, pero no es el caso, sino que la joven asesina se acerca desafiante a su acusadora madre, consiguiendo tan sólo mancharla (como símbolo del daño que le hace con su mera presencia). Estas dos mujeres sufrieron juntas las dificultades de vivir con un borracho y maltratador, pero esto no las unió sino que las separó para siempre, ya que sus reacciones ante el problema fueron opuestas: Diane siguió amando al hombre que Kate aborrecía. Wayne se ha convertido en el obstáculo que las separa. El amor de Diane por Wayne, el hombre que la pegaba, es tan inexplicable para Kate como el amor de Cassidy por Sawyer, el hombre que la timó. Sin embargo ella también llegará a enamorarse de este mismo Sawyer, a pesar de despreciarlo en un primer momento, y no podrá perdonar a aquellos que le hicieron sufrir. De este modo el deseo de Juliet de hacerse amiga de Kate acaba reflejando la necesidad sentida por Kate de que Diane la aceptara a pesar de su crimen.
- Y si Wayne es el que separa a Diane de Kate, Jack es el principal motivo de rivalidad entre Kate y Juliet. La atracción que sienten estas dos mujeres por el joven doctor las enfrenta entre ellas. Y mientras que Cassidy y Kate se aconsejan mutuamente para salir mejor adelante, las rivales de la isla sólo sabrán sacarse mutuamente los trapos sucios hasta cubrirse literalmente de barro. Ensuciadas por su rivalidad mutua (al igual que Kate y Cassidy ensuciaron a Diane) estas mujeres requieren del perdón y aceptación de Jack para salir adelante airosas, para recuperar su capacidad de acercarse a los demás limpiamente. Jack puede ver, más allá de toda suciedad externa, la situación de desamparo de Juliet, pero no llega a aceptar las disculpas de Kate, dejándola por tanto abandonada en su culpabilidad. La suciedad de Kate refleja por tanto la tendencia a culpabilizarse en extremo que acompaña a la joven fugitiva desde que mató a su padre y su madre se negó a comprenderla, y que desde entonces enturbia todas sus relaciones.
Amparo
En el blog hago una reflexión sobre series de televisión, especialmente Perdidos (Lost). Me interesa sobre todo profundizar en las experiencias humanas presentadas. Trato de relacionar los misterios y sorpresas que viven los protagonistas con los de nuestra vida diaria.
lunes, 21 de abril de 2008
3.15. Dejada atrás
sábado, 12 de abril de 2008
3.14 "Exposé"
Una matrioska es una de esas muñecas rusas, de madera y huecas, que se abre por la cintura, de modo que al abrirla ves una más pequeña que de nuevo se puede abrir para darte un nuevo ejemplar y así hasta llegar al núcleo del juguete: ¿la muñeca más pequeña o un saquito de diamantes sagazmente escondido? Del mismo modo, este episodio de Perdidos esconde entre sus escenas del presente isleño y sus flashbacks nuevas versiones de la misma serie que hasta ahora hemos visto, con nuevos matices y hasta adoptando diferentes géneros televisivos... pero la pregunta más inquietante que se plantea en Exposé es ¿quiénes son Nikki y Paulo, qué encierra el interior de estos misteriosos supervivientes?
Nikki parece ser una bailarina de Strip-Tease dedicada a actividades detectivescas, pero esta primera brillante apariencia queda descartada al revelarse como una actriz. Sólo que se trata de una actriz del montón, mera estrella invitada en una serie famosa de televisión para intervenir en un único episodio en el que además la palma. La ambiciosa muchacha está sin embargo interesada en mantener su romántica relación con el director de la serie... ¿quizás con la intención de que éste la impulse a más altos niveles de estrellato? No, con el más rastrero motivo de asesinarlo y robarle. La que parecía una detective infiltrada en los bajos fondos acaba siendo una ladrona y asesina, obsesionada además con los dichosos diamantes más allá del amor y de la muerte.
La isla ya tiene bastante experiencia con asesinos y ladrones, pero en su cotidiano reto por la supervivencia había sabido plantear a los demás ‘perdidos’ situaciones capaces de redimirles. Este episodio nos ofrece una relectura distinta de los diversos pasajes de la historia isleña, en los que la cabezonería de Nikki le impide atender a los verdaderos valores de la vida, hasta terminar enterrada en una atroz agonía mortal. En su obsesión, la bella superviviente arrastra a la muerte a su enamorado Paulo, quien, a pesar de ser más agradecido y sensible al amor y a la supervivencia, finalmente sucumbe al paralizante veneno de la femme fatale que ha elegido por compañera.
Nikki sobrevive a un accidente aéreo, y sin percatarse de las necesidades de sus semejantes, traumatizados y heridos, está pensando en si su novio se habrá salvado o no. Hasta ahí podríamos entenderla, pero pronto descubrimos que sólo le interesa que Paulo haya sobrevivido para que la ayude a encontrar sus diamantes. Pasa de colaborar en la organización social de los enseres y ropas de los que disponen, pasa incluso del monstruo, preocupada solamente por encontrar su bolsa o una buena excusa para quedarse a buscarla cuando lleguen los supuestos rescatadores. Con esta egoísta actitud queda pequeña a Shannon, quien sólo pasaba de ayudar porque se creía bastante inútil y se negaba a creer que estuvieran en una situación realmente desesperada. El desprecio de Shannon por Boone no dejaba de ser un mecanismo de defensa para no caer de nuevo en una relación de confianza que la había defraudado y herido. Shannon se portó mal una y otra vez, pero nunca con la frialdad de la egoísta y ambiciosa Nikki. Aunque ¿quién sabe si hubiéramos podido encontrar una razón para entender a esta mujer y simpatizar con ella de no haber muerto tan prematuramente?
La explosiva actriz no duda en arrastrar a su novio a una arriesgada e inagotable búsqueda de la valiosa bolsa de mano por toda la isla, descubriendo antes que los demás la avioneta de Yemi y la estación Perla, pero sin molestarse siquiera en comentar con sus compañeros tan interesantes descubrimientos. Paulo encuentra finalmente la bolsa en el estanque donde Kate y Sawyer habían descubierto restos del avión accidentado, pero decide ocultar a Nikki su hallazgo para que ella en adelante no pase de él. En su búsqueda de un escondite seguro para el saquito de diamantes no duda en internarse en la Perla, pero la propia traición a su novia (inspirada por su amor a ella) le impide revelar a los demás la crucial conversación de la que había sido testigo y compartir el walkie-talkie que olvidaron los ‘otros’, que tan buen uso les hubiera podido hacer a los ‘perdidos’. La trágica historia de Paulo es que, aún siendo potencialmente un valioso componente del grupo –ya que parece valiente y comprometido con el bien de su chica–, es propiamente su amor por ella el que virtualmente le paraliza y le entierra en la playa, ya que no podrá hablar con nadie, ni siquiera con ella, de los descubrimientos realizados. Paulo se queja en algún momento (3.5) de no tomar parte más activamente de las iniciativas que llevan a cabo sus compañeros, pero justamente aquélla a la que se apunta Nikki es la que a él menos le apetece que vaya, pues le pone en un potencial aprieto. En vez de poner en juego todas sus múltiples capacidades para colaborar con el equipo en su misión, el pobre ex-cocinero anda escondiéndose en el baño para recuperar de nuevo los diamantes, antes de que Nikki se dé cuenta de que la ha engañado. Su disruptiva relación con ella le ha convertido en un niñato inútil.
Finalmente, cuando Nikki parecía haber ir aceptando la pérdida de su preciado botín y empezaba a integrarse con el resto de la gente, una mañana se da cuenta sorprendida de los chicles de nicotina que tiene Paulo, lo que le delata al instante el engaño que éste ha perpetrado. El inicio de redención que había empezado a mostrar la rubita desaparece en el acto al creer que Paulo quería quedarse con los diamantes para él solo. Ciega para ver los verdaderos motivos de su compañero, la traición de éste justifica a sus ojos la nefanda idea de utilizar una araña venenosa para paralizarle. Se actualiza así de hecho el proceso virtual de paralización que el amor por Nikki estaba produciendo en Paulo. Lo que ella no había previsto es que la insaciable ambición que hasta ahora le ha impedido percibir el incondicional amor de este pobre chico, ha clavado también en ella un peligroso aguijón incapacitante. El caso de ella es aún más grave, pues no se da cuenta de que los pocos minutos que le quedan de libertad son cruciales para pedir ayuda y los pierde en enterrar su preciado tesoro, ineludible predicción de lo que va a consistir su propio destino. Cuando al principio del episodio Nikki entierra sus diamantes está enterrándose viva con ellos. No importa siquiera al espectador qué es lo que está enterrando en ese momento, los diamantes no valen absolutamente nada en esta isla, pero Nikki los ha elegido como su más preciado valor en el momento más crucial de su vida, y los ha elegido para sí misma, sin querer compartirlos ya con Paulo, ni querer ni siquiera mencionar a sus compañeros lo que es más importante para ella que la vida de todos ellos juntos. La bella actriz ha optado una y otra vez por defender sus propios desquiciados intereses en vez de colaborar en la supervivencia del conjunto, siquiera en la supervivencia del pequeño conjunto que suponía su pareja. Cumplirá por tanto en sus propias carnes el adagio de Jack que predice la muerte solitaria del que no opta por la vida del grupo.
Las desventuras de Nikki y Paulo nos revelan también algo del pasado del Dr. Arzt en la isla, quien, siempre interesado en el estudio científico de la naturaleza, cede una y otra vez a la tentación de hacerse valer como alguien más importante de lo que realmente es (entendemos mejor a este personaje tras ver los números 7 y 9 de “Lost Missing Pieces”). Su deseo de impresionar a Nikki va a llevarle a desvelar a tan atractiva oyente los secretos de su araña preferida, información que finalmente le resultará letal.
También colaboran sin quererlo a acabar con Nikki y Paulo los esforzados Hurley y Sawyer, quienes desde que la ven desfallecer a sus pies se empeñan, cual detectives aficionados, en desvelar el misterio de esta extraña ‘muerte’. Descubren bastante bien el meollo que llevó a la discusión fatal entre ambos amantes, pero fallan en lo esencial: el verdadero diagnóstico del mal que aqueja a sus paralizados compañeros. El episodio que ha empezado mostrando una ficticia serie de detectives nos muestra así a nuestros protagonistas usuales jugando a resolver un caso a lo CSI, pero demasiado urgidos por sepultar unos cuerpos que no saben detectar que no están muertos. A falta del doctor Jack Shephard, más preocupado en estos momentos por escapar de la isla con Juliet en un submarino (3.13), sólo Vincent parece detectar la vida que aún late en los dos cuerpos tendidos en la playa. Y mientras el perro intenta darse a entender levantando la cobertura de los no-cadáveres, los supervivientes sólo prestan atención a sus propias querellas internas. ¿Es Sawyer de nuevo un peligro para sus compañeros, como lo fue para Sun en el episodio 2.13? Hurley recurre a Desmond para resolver esta cuestión, pero el propio Sawyer aclara a todos su inocencia. Aunque quien siente la necesidad de confesar su mala acción en el pasado ha sido el bueno de Charlie, pues abocado a una posible muerte inminente quiere poner en paz su conciencia. Sun es la que finalmente descubre haber sido traicionada frente a lo que creía una inquebrantable alianza de ayuda mutua entre los supervivientes, pero prefiere callar ante Jin que provocar una nueva ola de violencia.
Los compañeros finalmente entierran sus diferencias en la playa junto a los cuerpos aún vivos de Paulo y Nikki y los queridos diamantes de ésta. Nuestra serie preferida sobre una isla misteriosa, tras haber coqueteado con el género detectivesco, nos da un toque final del más auténtico cine de terror, o incluso de la más ácida comedia negra. Queda sin embargo en el espectador el amargo sabor de que nuestros queridos protagonistas han acabado matando de la forma más cruel a sus compañeros sin saberlo. Y dando un paso más (o ahondando más a fondo en la matrioska): ya que Hurley y Sawyer en su análisis de las pistas han reflejado más de una vez las propias preguntas que se hace continuamente la audiencia de “Perdidos” (¿habrá sido el monstruo?, ¿qué quiso decir Eko al morir?, ¿serán Nikki y Paulo infiltrados de los ‘otros’?), afirmando incluso Hurley ser un devoto fan de la mejor serie que haya existido jamás (frase que a menudo usamos los ‘perdidomános’), ¿no habrán personificado Sawyer y Hurley el acto asesino de algunos fans de la serie que en su desprecio y desconocimiento de lo que de verdad Nikki y Paulo podrían haber aportado pedían inconmovibles su muerte? Las múltiples capas de lectura de este episodio le convierten en un inteligente ejercicio de sus creadores, que finalmente se vuelve hacia los espectadores más críticos para hacerles ver cómo con su impaciencia han causado la muerte prematura de unos personajes potencialmente fascinantes.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Me interesa explorar sobre todo el carácter destructivo que tiene la relación de la pareja protagonista para Paulo. Nikki toma continuamente decisiones muy egoístas, de forma que en último término ella misma es culpable de su terrible final. Pero Paulo, a pesar de colaborar en el asesinato y robo de Zuckermann, parecía encaminado hacia una posible redención. El craso error de dejar que Nikki viera sus chicles, además del tremendo fallo de enamorarse de la persona equivocada, hace que su traición por amor sea finalmente malinterpretada, llevándole a la misma terrible muerte que su compañera. Paulo debe sufrir además la honda pena de verse paralizado directamente por la mujer que ama y humillado por la búsqueda que hace ella de los diamantes en su ropa interior. Toda esta situación puede hacernos reflexionar en la posibilidad de detectar a tiempo relaciones destructivas: aquella en las que un amor malamente correspondido va llevando a uno a alejarse de todo lo que podría haber sido, obligándole a no compartir con nadie más lo que es, lo que quiere, lo que descubre y lo que puede aportar; reservándole los esfuerzos más difíciles y negándose finalmente a compartir incluso aquello por lo que ambos habían luchado juntos. El bueno de Paulo, con potencial para haber sido uno de los héroes de la isla, acaba siendo el chico al que sólo vemos entrando o saliendo del baño, con el papel higiénico (3.11) o tirando de la cadena (3.5), como indicio de que es el que siempre se traga todos los marrones. Ante una situación así es importante escapar a tiempo, antes de que el veneno paralizante se haya vuelto irreversible. Pero sabemos que hay bastante gente en la vida real que se engancha en relaciones de dependencia mutua, donde uno es el que siempre manda y el otro el que siempre obedece, de las que casi ya prefieren no escapar.
- También es interesante considerar la extraña manía que estos personajes habían suscitado en una gran parte del público, al hacerse pasar por supervivientes de toda la vida aunque llevaban sólo unos pocos episodios (desde el 3.3). La falta de empatía de la audiencia hacia ellos puede ciertamente achacarse a un fallo de los guionistas y productores de la serie, pero éstos han reaccionado creativamente terminando con la novata pareja en un episodio en el que la serie se parodia a sí misma. A pesar de tratarse sólo de un par de personajes de ficción, el hecho puede hacernos pensar en tantas veces que condenamos a la marginación a algunas personas que sólo son culpables de haber aparecido a última hora en un lugar donde todos ya se conocían antes o de tener una cierta tendencia a encerrarse en sus propios problemas. Un poco de generosidad y apertura por parte de los demás puede resolver a tiempo los problemas de integración y evitar injusticias o incluso males mayores.
Amparo
Nikki parece ser una bailarina de Strip-Tease dedicada a actividades detectivescas, pero esta primera brillante apariencia queda descartada al revelarse como una actriz. Sólo que se trata de una actriz del montón, mera estrella invitada en una serie famosa de televisión para intervenir en un único episodio en el que además la palma. La ambiciosa muchacha está sin embargo interesada en mantener su romántica relación con el director de la serie... ¿quizás con la intención de que éste la impulse a más altos niveles de estrellato? No, con el más rastrero motivo de asesinarlo y robarle. La que parecía una detective infiltrada en los bajos fondos acaba siendo una ladrona y asesina, obsesionada además con los dichosos diamantes más allá del amor y de la muerte.
La isla ya tiene bastante experiencia con asesinos y ladrones, pero en su cotidiano reto por la supervivencia había sabido plantear a los demás ‘perdidos’ situaciones capaces de redimirles. Este episodio nos ofrece una relectura distinta de los diversos pasajes de la historia isleña, en los que la cabezonería de Nikki le impide atender a los verdaderos valores de la vida, hasta terminar enterrada en una atroz agonía mortal. En su obsesión, la bella superviviente arrastra a la muerte a su enamorado Paulo, quien, a pesar de ser más agradecido y sensible al amor y a la supervivencia, finalmente sucumbe al paralizante veneno de la femme fatale que ha elegido por compañera.
Nikki sobrevive a un accidente aéreo, y sin percatarse de las necesidades de sus semejantes, traumatizados y heridos, está pensando en si su novio se habrá salvado o no. Hasta ahí podríamos entenderla, pero pronto descubrimos que sólo le interesa que Paulo haya sobrevivido para que la ayude a encontrar sus diamantes. Pasa de colaborar en la organización social de los enseres y ropas de los que disponen, pasa incluso del monstruo, preocupada solamente por encontrar su bolsa o una buena excusa para quedarse a buscarla cuando lleguen los supuestos rescatadores. Con esta egoísta actitud queda pequeña a Shannon, quien sólo pasaba de ayudar porque se creía bastante inútil y se negaba a creer que estuvieran en una situación realmente desesperada. El desprecio de Shannon por Boone no dejaba de ser un mecanismo de defensa para no caer de nuevo en una relación de confianza que la había defraudado y herido. Shannon se portó mal una y otra vez, pero nunca con la frialdad de la egoísta y ambiciosa Nikki. Aunque ¿quién sabe si hubiéramos podido encontrar una razón para entender a esta mujer y simpatizar con ella de no haber muerto tan prematuramente?
La explosiva actriz no duda en arrastrar a su novio a una arriesgada e inagotable búsqueda de la valiosa bolsa de mano por toda la isla, descubriendo antes que los demás la avioneta de Yemi y la estación Perla, pero sin molestarse siquiera en comentar con sus compañeros tan interesantes descubrimientos. Paulo encuentra finalmente la bolsa en el estanque donde Kate y Sawyer habían descubierto restos del avión accidentado, pero decide ocultar a Nikki su hallazgo para que ella en adelante no pase de él. En su búsqueda de un escondite seguro para el saquito de diamantes no duda en internarse en la Perla, pero la propia traición a su novia (inspirada por su amor a ella) le impide revelar a los demás la crucial conversación de la que había sido testigo y compartir el walkie-talkie que olvidaron los ‘otros’, que tan buen uso les hubiera podido hacer a los ‘perdidos’. La trágica historia de Paulo es que, aún siendo potencialmente un valioso componente del grupo –ya que parece valiente y comprometido con el bien de su chica–, es propiamente su amor por ella el que virtualmente le paraliza y le entierra en la playa, ya que no podrá hablar con nadie, ni siquiera con ella, de los descubrimientos realizados. Paulo se queja en algún momento (3.5) de no tomar parte más activamente de las iniciativas que llevan a cabo sus compañeros, pero justamente aquélla a la que se apunta Nikki es la que a él menos le apetece que vaya, pues le pone en un potencial aprieto. En vez de poner en juego todas sus múltiples capacidades para colaborar con el equipo en su misión, el pobre ex-cocinero anda escondiéndose en el baño para recuperar de nuevo los diamantes, antes de que Nikki se dé cuenta de que la ha engañado. Su disruptiva relación con ella le ha convertido en un niñato inútil.
Finalmente, cuando Nikki parecía haber ir aceptando la pérdida de su preciado botín y empezaba a integrarse con el resto de la gente, una mañana se da cuenta sorprendida de los chicles de nicotina que tiene Paulo, lo que le delata al instante el engaño que éste ha perpetrado. El inicio de redención que había empezado a mostrar la rubita desaparece en el acto al creer que Paulo quería quedarse con los diamantes para él solo. Ciega para ver los verdaderos motivos de su compañero, la traición de éste justifica a sus ojos la nefanda idea de utilizar una araña venenosa para paralizarle. Se actualiza así de hecho el proceso virtual de paralización que el amor por Nikki estaba produciendo en Paulo. Lo que ella no había previsto es que la insaciable ambición que hasta ahora le ha impedido percibir el incondicional amor de este pobre chico, ha clavado también en ella un peligroso aguijón incapacitante. El caso de ella es aún más grave, pues no se da cuenta de que los pocos minutos que le quedan de libertad son cruciales para pedir ayuda y los pierde en enterrar su preciado tesoro, ineludible predicción de lo que va a consistir su propio destino. Cuando al principio del episodio Nikki entierra sus diamantes está enterrándose viva con ellos. No importa siquiera al espectador qué es lo que está enterrando en ese momento, los diamantes no valen absolutamente nada en esta isla, pero Nikki los ha elegido como su más preciado valor en el momento más crucial de su vida, y los ha elegido para sí misma, sin querer compartirlos ya con Paulo, ni querer ni siquiera mencionar a sus compañeros lo que es más importante para ella que la vida de todos ellos juntos. La bella actriz ha optado una y otra vez por defender sus propios desquiciados intereses en vez de colaborar en la supervivencia del conjunto, siquiera en la supervivencia del pequeño conjunto que suponía su pareja. Cumplirá por tanto en sus propias carnes el adagio de Jack que predice la muerte solitaria del que no opta por la vida del grupo.
Las desventuras de Nikki y Paulo nos revelan también algo del pasado del Dr. Arzt en la isla, quien, siempre interesado en el estudio científico de la naturaleza, cede una y otra vez a la tentación de hacerse valer como alguien más importante de lo que realmente es (entendemos mejor a este personaje tras ver los números 7 y 9 de “Lost Missing Pieces”). Su deseo de impresionar a Nikki va a llevarle a desvelar a tan atractiva oyente los secretos de su araña preferida, información que finalmente le resultará letal.
También colaboran sin quererlo a acabar con Nikki y Paulo los esforzados Hurley y Sawyer, quienes desde que la ven desfallecer a sus pies se empeñan, cual detectives aficionados, en desvelar el misterio de esta extraña ‘muerte’. Descubren bastante bien el meollo que llevó a la discusión fatal entre ambos amantes, pero fallan en lo esencial: el verdadero diagnóstico del mal que aqueja a sus paralizados compañeros. El episodio que ha empezado mostrando una ficticia serie de detectives nos muestra así a nuestros protagonistas usuales jugando a resolver un caso a lo CSI, pero demasiado urgidos por sepultar unos cuerpos que no saben detectar que no están muertos. A falta del doctor Jack Shephard, más preocupado en estos momentos por escapar de la isla con Juliet en un submarino (3.13), sólo Vincent parece detectar la vida que aún late en los dos cuerpos tendidos en la playa. Y mientras el perro intenta darse a entender levantando la cobertura de los no-cadáveres, los supervivientes sólo prestan atención a sus propias querellas internas. ¿Es Sawyer de nuevo un peligro para sus compañeros, como lo fue para Sun en el episodio 2.13? Hurley recurre a Desmond para resolver esta cuestión, pero el propio Sawyer aclara a todos su inocencia. Aunque quien siente la necesidad de confesar su mala acción en el pasado ha sido el bueno de Charlie, pues abocado a una posible muerte inminente quiere poner en paz su conciencia. Sun es la que finalmente descubre haber sido traicionada frente a lo que creía una inquebrantable alianza de ayuda mutua entre los supervivientes, pero prefiere callar ante Jin que provocar una nueva ola de violencia.
Los compañeros finalmente entierran sus diferencias en la playa junto a los cuerpos aún vivos de Paulo y Nikki y los queridos diamantes de ésta. Nuestra serie preferida sobre una isla misteriosa, tras haber coqueteado con el género detectivesco, nos da un toque final del más auténtico cine de terror, o incluso de la más ácida comedia negra. Queda sin embargo en el espectador el amargo sabor de que nuestros queridos protagonistas han acabado matando de la forma más cruel a sus compañeros sin saberlo. Y dando un paso más (o ahondando más a fondo en la matrioska): ya que Hurley y Sawyer en su análisis de las pistas han reflejado más de una vez las propias preguntas que se hace continuamente la audiencia de “Perdidos” (¿habrá sido el monstruo?, ¿qué quiso decir Eko al morir?, ¿serán Nikki y Paulo infiltrados de los ‘otros’?), afirmando incluso Hurley ser un devoto fan de la mejor serie que haya existido jamás (frase que a menudo usamos los ‘perdidomános’), ¿no habrán personificado Sawyer y Hurley el acto asesino de algunos fans de la serie que en su desprecio y desconocimiento de lo que de verdad Nikki y Paulo podrían haber aportado pedían inconmovibles su muerte? Las múltiples capas de lectura de este episodio le convierten en un inteligente ejercicio de sus creadores, que finalmente se vuelve hacia los espectadores más críticos para hacerles ver cómo con su impaciencia han causado la muerte prematura de unos personajes potencialmente fascinantes.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Me interesa explorar sobre todo el carácter destructivo que tiene la relación de la pareja protagonista para Paulo. Nikki toma continuamente decisiones muy egoístas, de forma que en último término ella misma es culpable de su terrible final. Pero Paulo, a pesar de colaborar en el asesinato y robo de Zuckermann, parecía encaminado hacia una posible redención. El craso error de dejar que Nikki viera sus chicles, además del tremendo fallo de enamorarse de la persona equivocada, hace que su traición por amor sea finalmente malinterpretada, llevándole a la misma terrible muerte que su compañera. Paulo debe sufrir además la honda pena de verse paralizado directamente por la mujer que ama y humillado por la búsqueda que hace ella de los diamantes en su ropa interior. Toda esta situación puede hacernos reflexionar en la posibilidad de detectar a tiempo relaciones destructivas: aquella en las que un amor malamente correspondido va llevando a uno a alejarse de todo lo que podría haber sido, obligándole a no compartir con nadie más lo que es, lo que quiere, lo que descubre y lo que puede aportar; reservándole los esfuerzos más difíciles y negándose finalmente a compartir incluso aquello por lo que ambos habían luchado juntos. El bueno de Paulo, con potencial para haber sido uno de los héroes de la isla, acaba siendo el chico al que sólo vemos entrando o saliendo del baño, con el papel higiénico (3.11) o tirando de la cadena (3.5), como indicio de que es el que siempre se traga todos los marrones. Ante una situación así es importante escapar a tiempo, antes de que el veneno paralizante se haya vuelto irreversible. Pero sabemos que hay bastante gente en la vida real que se engancha en relaciones de dependencia mutua, donde uno es el que siempre manda y el otro el que siempre obedece, de las que casi ya prefieren no escapar.
- También es interesante considerar la extraña manía que estos personajes habían suscitado en una gran parte del público, al hacerse pasar por supervivientes de toda la vida aunque llevaban sólo unos pocos episodios (desde el 3.3). La falta de empatía de la audiencia hacia ellos puede ciertamente achacarse a un fallo de los guionistas y productores de la serie, pero éstos han reaccionado creativamente terminando con la novata pareja en un episodio en el que la serie se parodia a sí misma. A pesar de tratarse sólo de un par de personajes de ficción, el hecho puede hacernos pensar en tantas veces que condenamos a la marginación a algunas personas que sólo son culpables de haber aparecido a última hora en un lugar donde todos ya se conocían antes o de tener una cierta tendencia a encerrarse en sus propios problemas. Un poco de generosidad y apertura por parte de los demás puede resolver a tiempo los problemas de integración y evitar injusticias o incluso males mayores.
Amparo
martes, 22 de enero de 2008
3.13 El hombre de Tallahassee
A su llegada a los barracones Locke se va a enfrentar de nuevo a lo que significa necesitar o no una silla de ruedas, sólo que esta vez el que está confinado en ella es Benjamin Linus, el líder de los Otros. El impredecible explorador aprovechará esta ventaja para llevar a cabo un importante designio que venía barruntando: hacer explotar el submarino que los Otros usaban para salir de la isla y volver de nuevo a ella. Pero Ben, sin lamentar demasiado esta pérdida, se guarda un as en la manga para enfrentarse a este formidable contendiente: la inesperada presencia en la isla del llamado ‘hombre de Tallahassee’.
John ha acompañado a Sayid y a Kate desde la playa (3.10-3.12) compartiendo supuestamente con ellos la misión de rescatar a Jack. Pero en los avatares del camino ha descubierto la existencia de una estación de comunicaciones, de un enemigo que conocía la minusvalía de su pasado y de un submarino con el que se puede salir de la isla. De manera sistemática –lo que hace entrever una clara y decidida resolución– nuestro calvo amigo ejecuta la destrucción de cada una de estas tres amenazas. En la estación Llama (3.11) y en la valla sónica (3.12) las circunstancias jugaron a su favor para que sus acciones parecieran accidentales, pero en cuanto se interna entre las casas donde viven los Otros su estrategia es clara: enfrentarse a Ben y acabar con el submarino. Es probable que el bienestar de Jack no le sea del todo indiferente, pero claramente su prioridad es otra: despreocupado de sus compañeros –que en seguida son capturados– se dirige certeramente hacia su objetivo.
Desde que conoció al falso Henry Gale en el Cisne (2.14), Locke ha estado intrigado por este hombrecillo. Pero una vez informado de que se trata del líder de los Otros (se lo dijo Hurley en el episodio 3.3) las extrañas revelaciones que le hizo el prisionero le intrigan aún más. John sabe que la isla le está tratando de forma privilegiada, curándole milagrosamente de su parálisis y acelerando también la curación de la herida que le causó la compuerta de la estación Cisne (2.17-2.22), y siente una malsana curiosidad por descubrir la verdad que hay tras este enigma. Cree que una importante fuente de información podría ser Ben Linus. Pero a la par de su deseo de obtener respuestas al respecto está su firme intención de impedir que nadie pueda salir de la isla o contactar con el exterior, pues parece estar convencido de que permanecer aislados es lo más beneficioso tanto para su gente como para los Otros – o quizás no le importe realmente ninguna otra persona en absoluto y sólo pretenda impedir cualquier posible interferencia en sus planes de conocer el secreto de la isla y de entregarse totalmente a él.
Sin embargo el Locke que encontramos en los flashbacks es mucho más altruista. Tras superar en cierto modo una etapa de profunda depresión, un solitario y elusivo John descubre que su padre está a punto de estafar a una acomodada señora casándose con ella para quedarse con su dinero. Inmediatamente decide tomar cartas en el asunto e impedir que Cooper hiera a otra persona como le hirió a él: no le preocupa tanto que se quede con el dinero como que la ilusionada mujer viva la decepción de que alguien que decía quererla sólo quisiera aprovecharse de su ingenuidad. Cuando muere el joven hijo de la novia, John empieza a vislumbrar un mayor nivel de maldad en su padre del que había imaginado: parece que también es capaz de matar fríamente a quien se interpone en sus planes. Efectivamente, poco después constata en sus propias carnes la asesina predisposición de su progenitor. Locke seguía siendo un iluso en cuanto a los sentimientos de su padre, seguía pensando que Cooper le tenía un cierto respeto por ser su hijo y su donante de riñón (1.19) y su colaborador en recuperar un dinero que había estafado (2.17); ingenuamente pensaba que con una recriminación conseguiría reformarle y hacer que se comportarse bien. Pero Cooper ha demostrado que está dispuesto a todo para sacar adelante sus planes, por lo que no duda en atentar contra la vida de su hijo tirándole por una ventana. Y ahora sí, parece que Locke se ha dado cuenta de quién es su padre, tras haber perdido para siempre por su culpa un riñón (1,19), a su novia (2.17) y la movilidad de sus piernas.
Con semejantes antecedentes es posible que la motivación adivinada por Ben tras la acción de explotar el submarino tenga visos de verdad: que lo que Locke quiere impedir a toda costa es volver a encontrarse con su padre, de quien los detectives que atendieron su caso habían perdido el rastro. Pero el atribulado hijo no contaba con la inmensa caja mágica que, metafóricamente, posee la isla, de modo que, con submarino o sin él, se acabará encontrando de nuevo frente al hombre que tanto amargó su vida.
Pero antes de conocer que deberá enfrentarse de nuevo a su padre, Locke disfruta echando un pulso dialogal con su enemigo actual en la isla, Ben. Parece que ambos tienen mucho en común pero también algo importante que les diferencia: ambos se preocupan por mantenerse en comunión con los misterios de la isla, pero los favores curativos de la misma no parecen estar funcionando igual para los dos, ya que obviamente uno necesita una silla de ruedas y el otro no.
Aunque curiosamente ambos contendientes no interpretan igual este artefacto que se han visto obligados a utilizar. John Locke sufre una gran angustia al ser colocado por primera vez en su silla. Le derrumba darse cuenta de aquello en lo que le ha convertido su sueño imposible de conseguir una buena relación con su padre. Lo que más le duele, según adivina Ben, es que la causa de su invalidez no haya sido un desafortunado accidente sino la deliberada intención asesina de su propio padre, al que él sólo había querido ayudar. En esos terribles momentos parece que opta por aferrarse al experto consejo de su fisioterapeuta: no te conformes con límites imaginarios, si has conseguido sobrevivir a una caída desde un octavo piso no te autocompadezcas pensando en lo que no vas a poder hacer. Locke intentará vivir una vida con sentido e incluso proponerse metas difíciles, como su intento de participar en un “Walkabout” australiano, sin dejar que otros le digan lo que no puede hacer (1.4). Pero sólo en la isla tras el accidente del avión ha vuelto a sentirse completo y útil. Ahora piensa que sus desgracias del pasado han sucedido sólo con el fin de traerle aquí, donde está convencido de tener una misión importante que cumplir (más allá de la repetitiva tarea del Cisne en la que finalmente falló).
Por su parte Ben reconoce que Locke es una persona muy especial, que ha recibido un trato especialísimo de favor por parte de los poderes de la isla, sin embargo se niega a hablar claro con él y recurre a su inveterada costumbre de manipulación. Quizás no entiende por qué se encuentra en este momento sin poder usar sus piernas, por qué no se le ha concedido una rápida curación, pero se niega a considerarlo una debilidad: la silla de ruedas es para él una forma de ganar dignidad (frente a quedarse tumbado en la cama) e incluso la considera una prerrogativa sobre Locke, como algo que le otorga un mayor conocimiento de lo que la isla quiere. En el brillante intercambio de preguntas en el que cada uno trata de imponer su conciencia de superioridad sobre el otro, Locke hace saber a Ben que está en contra de toda tecnología (luz eléctrica, frigorífico...), porque cree que la isla quiere que vuelvan a una vida completamente natural, mientras Ben se maravilla de hasta dónde llega la renuncia de todas las ventajas de la civilización que ha hecho este hombre por defender –casi sin saber por qué– un nuevo estilo de vida en la isla, mientras que él no ha conseguido nunca de su gente un compromiso tan fuerte a pesar de que ellos están mucho más familiarizados con los misterios isleños.
Una vez puestas las cargas explosivas en el submarino, Locke ya no intenta esconderse pues al parecer no le importa que le cojan los esbirros de Ben. Si se hubiera mantenido oculto podría haber intentado rescatar a Sayid, Kate y Jack, pero nos damos cuenta de que nunca fue su intención rescatar a nadie, sino acceder a los Otros y a los secretos que éstos guardan. Podemos entender ahora que en las primeras escenas del capítulo, cuando el equipo de rescate observa a Jack con unos prismáticos, Locke está observando más bien a Ben en su silla de ruedas. Dirime sin dudar el debate que surge entre Sayid y Kate a favor de rescatar a Jack, no tanto –como dice– porque éste le impresionara en su heroica labor del primer día en la isla, sino porque le convenía internarse libremente en el poblado al caer la noche.
Locke ha cumplido su misión de destruir el único medio de salida de la isla y sabe que Ben no va a castigarle por eso. Éste le visita en el lugar donde le tienen retenido y hace que Richard lo libere, explicándole por qué le ha venido tan bien que con su acción impidiera la marcha del doctor. Imaginando todo tipo de intricados misterios Locke se aviene a acompañar al ahora inválido a ver lo que ha salido de su caja de sorpresas, pero no va a gustarle demasiado lo que encontrará allí: su padre, Anthony Cooper, maniatado y amordazado. Seguro que a éste tampoco le agrada tener que volver a ver al hijo al que una vez tiró por una ventana.
Mientras tanto Jack ha visto desvanecerse ante sus ojos su plan de salir de la isla. Kate ha venido para rescatarle aunque él le había pedido que no lo hiciera. Su buena amiga, que tanto había sufrido por haberle dejado atrás (3.7, 3.9), no puede entender que Jack haya decidido fiarse de los Otros. Pero en las palabras de su querido médico cree entrever que la gran desilusión que le ha alejado de ella tiene que ver con su relación con Sawyer y tristemente acepta la situación. Lo malo es que, al traerse con ella a Locke para el rescate de Jack, indirectamente ha colaborado en la destrucción de todas las esperanzas que había puesto el doctor en volver por fin a América e intentar desde allí conseguir un rescate para todos.
Sayid, también capturado, no tiene oportunidad de hacer gran cosa, excepto revelar a Álex que su madre, a la que se parece mucho, está viva. Mientras tanto Danielle Rousseau observa a los Otros desde una posición segura entre los árboles hasta reconocer finalmente en una joven morena a su querida y añorada hija.
Danielle vuelve a ver a su hija, Locke vuelve a ver a su padre, Kate vuelve a ver a Jack. Se trata de tres encuentros de muy distinto cariz. Mientras que la francesa ya recelaba de que el encuentro con Álex podría ser bastante duro (3.12), Kate nunca imaginó que Jack realmente prefiriera que ella no intentara rescatarle. Finalmente lo último que esperaba John Locke era reencontrarse con su padre en la ciudad de los Otros.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Álex no se lleva bien con su padre y trata de evitar que éste manipule a la gente a sus anchas. Es un caso similar a lo que Locke quiso hacer en el pasado con respecto a Cooper. Parece que no había pensado en ningún momento denunciarle sino sólo en tratar de disuadirle por las buenas, pues para él aún era relevante la relación paterno-filial. Por desgracia en este episodio descubre que deberá enfrentarse de nuevo con este consumado estafador, a quien nunca parece ser capaz de dejar atrás como un mero asunto desagradable de su pasado. Kate también tuvo que lidiar con un padre al que despreciaba –y a quien decidió quitar de en medio (2.9)– y Jack con el alcoholismo de su progenitor –cuya muerte reciente ha tenido que llorar, acongojado por un cierto sentimiento de culpa (1.5, 1.11, 3.1)–. Pero Álex tiene la suerte de haber empezado a vislumbrar que Ben podría no ser su verdadero padre, que cuenta con una madre desconocida que está viva mientras que le habían dicho que estaba muerta, aunque todo esto no logre atenuar el dolor de ver que el padre que te ha cuidado y mimado (recuérdense las fotos de una niña en la casa de Ben) es una mala persona.
Nos encontramos ante ejemplos muy diversos de conflicto generacional: Jack y Christian hubieran necesitado una mejor comunicación; padre e hijo se querían, aunque apenas lograron decírselo nunca el uno al otro (1.16). Claire, por su parte, rechazó directamente la relación con un padre que desde muy pequeña la había abandonado (3.12). El caso de Kate es el más drástico, ya que ésta optó por deshacerse de una persona a la que detestaba y a quien odiaba tener que parecerse; en su caso el hombre que la había cuidado y a quien prefería llamar papá era al menos buena gente (2.9). Álex por su parte se quedó pronto sin madre (ella no sabe por qué) y su ‘padre’ en principio ha cuidado bien de ella, aunque a la joven no le agraden sus maneras ni el trato que da a las personas de su entorno (especialmente a su novio). Algo parecido tuvo que sufrir Sun toda su vida (aunque ella sí tenía madre) con su estricto progenitor, de costumbres algo mafiosas. Pero por supuesto el caso más terrible es el de Locke, quien entregado a un orfanato de pequeño, descubre de mayor que su madre está algo loca y que su padre es un insensible estafador y asesino, quien no duda en usar sus malas artes contra su propio hijo (1.19). No sabemos qué le deparará el nuevo encuentro con él, pero no es fácil que sus abismales diferencias aún puedan arreglarse con una conversación, por muy sincera que ésta pudiera legar a ser. Este hombre nunca ha estado dispuesto a proporcionar a su hijo lo que éste necesitaba, a pesar de lo mucho que John ha llegado a darle. En el mundo exterior sólo podríamos esperar que Cooper acabara en una lóbrega cárcel, pero en la isla no sabemos aún lo que le espera.
La moraleja es que si el padre de uno –o cualquier otro familiar– es un delincuente o un maltratador, la mejor opción es denunciarlo, por difícil que esto pueda resultar, y alejarse de su mala influencia si no quiere uno acabar mal (malherido o maleante). Lo difícil es discernir si esa persona aún estaría a tiempo de redimirse con la ayuda de su familia (como quizás era el caso de Christian) o si ya no tiene arreglo (como es claramente el caso de Cooper). Jack pudo tal vez haber apoyado más a su padre en muchas ocasiones previas (como en el episodio 3.1), pero su denuncia ante el comité médico en el 1.11 fue una decisión acertada, de lo que deberían haber aprendido tanto Kate (para no tener que llegar a matar a su padre) como Locke (para no llegar a ser víctima de un intento de asesinato por su parte).
Amparo
John ha acompañado a Sayid y a Kate desde la playa (3.10-3.12) compartiendo supuestamente con ellos la misión de rescatar a Jack. Pero en los avatares del camino ha descubierto la existencia de una estación de comunicaciones, de un enemigo que conocía la minusvalía de su pasado y de un submarino con el que se puede salir de la isla. De manera sistemática –lo que hace entrever una clara y decidida resolución– nuestro calvo amigo ejecuta la destrucción de cada una de estas tres amenazas. En la estación Llama (3.11) y en la valla sónica (3.12) las circunstancias jugaron a su favor para que sus acciones parecieran accidentales, pero en cuanto se interna entre las casas donde viven los Otros su estrategia es clara: enfrentarse a Ben y acabar con el submarino. Es probable que el bienestar de Jack no le sea del todo indiferente, pero claramente su prioridad es otra: despreocupado de sus compañeros –que en seguida son capturados– se dirige certeramente hacia su objetivo.
Desde que conoció al falso Henry Gale en el Cisne (2.14), Locke ha estado intrigado por este hombrecillo. Pero una vez informado de que se trata del líder de los Otros (se lo dijo Hurley en el episodio 3.3) las extrañas revelaciones que le hizo el prisionero le intrigan aún más. John sabe que la isla le está tratando de forma privilegiada, curándole milagrosamente de su parálisis y acelerando también la curación de la herida que le causó la compuerta de la estación Cisne (2.17-2.22), y siente una malsana curiosidad por descubrir la verdad que hay tras este enigma. Cree que una importante fuente de información podría ser Ben Linus. Pero a la par de su deseo de obtener respuestas al respecto está su firme intención de impedir que nadie pueda salir de la isla o contactar con el exterior, pues parece estar convencido de que permanecer aislados es lo más beneficioso tanto para su gente como para los Otros – o quizás no le importe realmente ninguna otra persona en absoluto y sólo pretenda impedir cualquier posible interferencia en sus planes de conocer el secreto de la isla y de entregarse totalmente a él.
Sin embargo el Locke que encontramos en los flashbacks es mucho más altruista. Tras superar en cierto modo una etapa de profunda depresión, un solitario y elusivo John descubre que su padre está a punto de estafar a una acomodada señora casándose con ella para quedarse con su dinero. Inmediatamente decide tomar cartas en el asunto e impedir que Cooper hiera a otra persona como le hirió a él: no le preocupa tanto que se quede con el dinero como que la ilusionada mujer viva la decepción de que alguien que decía quererla sólo quisiera aprovecharse de su ingenuidad. Cuando muere el joven hijo de la novia, John empieza a vislumbrar un mayor nivel de maldad en su padre del que había imaginado: parece que también es capaz de matar fríamente a quien se interpone en sus planes. Efectivamente, poco después constata en sus propias carnes la asesina predisposición de su progenitor. Locke seguía siendo un iluso en cuanto a los sentimientos de su padre, seguía pensando que Cooper le tenía un cierto respeto por ser su hijo y su donante de riñón (1.19) y su colaborador en recuperar un dinero que había estafado (2.17); ingenuamente pensaba que con una recriminación conseguiría reformarle y hacer que se comportarse bien. Pero Cooper ha demostrado que está dispuesto a todo para sacar adelante sus planes, por lo que no duda en atentar contra la vida de su hijo tirándole por una ventana. Y ahora sí, parece que Locke se ha dado cuenta de quién es su padre, tras haber perdido para siempre por su culpa un riñón (1,19), a su novia (2.17) y la movilidad de sus piernas.
Con semejantes antecedentes es posible que la motivación adivinada por Ben tras la acción de explotar el submarino tenga visos de verdad: que lo que Locke quiere impedir a toda costa es volver a encontrarse con su padre, de quien los detectives que atendieron su caso habían perdido el rastro. Pero el atribulado hijo no contaba con la inmensa caja mágica que, metafóricamente, posee la isla, de modo que, con submarino o sin él, se acabará encontrando de nuevo frente al hombre que tanto amargó su vida.
Pero antes de conocer que deberá enfrentarse de nuevo a su padre, Locke disfruta echando un pulso dialogal con su enemigo actual en la isla, Ben. Parece que ambos tienen mucho en común pero también algo importante que les diferencia: ambos se preocupan por mantenerse en comunión con los misterios de la isla, pero los favores curativos de la misma no parecen estar funcionando igual para los dos, ya que obviamente uno necesita una silla de ruedas y el otro no.
Aunque curiosamente ambos contendientes no interpretan igual este artefacto que se han visto obligados a utilizar. John Locke sufre una gran angustia al ser colocado por primera vez en su silla. Le derrumba darse cuenta de aquello en lo que le ha convertido su sueño imposible de conseguir una buena relación con su padre. Lo que más le duele, según adivina Ben, es que la causa de su invalidez no haya sido un desafortunado accidente sino la deliberada intención asesina de su propio padre, al que él sólo había querido ayudar. En esos terribles momentos parece que opta por aferrarse al experto consejo de su fisioterapeuta: no te conformes con límites imaginarios, si has conseguido sobrevivir a una caída desde un octavo piso no te autocompadezcas pensando en lo que no vas a poder hacer. Locke intentará vivir una vida con sentido e incluso proponerse metas difíciles, como su intento de participar en un “Walkabout” australiano, sin dejar que otros le digan lo que no puede hacer (1.4). Pero sólo en la isla tras el accidente del avión ha vuelto a sentirse completo y útil. Ahora piensa que sus desgracias del pasado han sucedido sólo con el fin de traerle aquí, donde está convencido de tener una misión importante que cumplir (más allá de la repetitiva tarea del Cisne en la que finalmente falló).
Por su parte Ben reconoce que Locke es una persona muy especial, que ha recibido un trato especialísimo de favor por parte de los poderes de la isla, sin embargo se niega a hablar claro con él y recurre a su inveterada costumbre de manipulación. Quizás no entiende por qué se encuentra en este momento sin poder usar sus piernas, por qué no se le ha concedido una rápida curación, pero se niega a considerarlo una debilidad: la silla de ruedas es para él una forma de ganar dignidad (frente a quedarse tumbado en la cama) e incluso la considera una prerrogativa sobre Locke, como algo que le otorga un mayor conocimiento de lo que la isla quiere. En el brillante intercambio de preguntas en el que cada uno trata de imponer su conciencia de superioridad sobre el otro, Locke hace saber a Ben que está en contra de toda tecnología (luz eléctrica, frigorífico...), porque cree que la isla quiere que vuelvan a una vida completamente natural, mientras Ben se maravilla de hasta dónde llega la renuncia de todas las ventajas de la civilización que ha hecho este hombre por defender –casi sin saber por qué– un nuevo estilo de vida en la isla, mientras que él no ha conseguido nunca de su gente un compromiso tan fuerte a pesar de que ellos están mucho más familiarizados con los misterios isleños.
Una vez puestas las cargas explosivas en el submarino, Locke ya no intenta esconderse pues al parecer no le importa que le cojan los esbirros de Ben. Si se hubiera mantenido oculto podría haber intentado rescatar a Sayid, Kate y Jack, pero nos damos cuenta de que nunca fue su intención rescatar a nadie, sino acceder a los Otros y a los secretos que éstos guardan. Podemos entender ahora que en las primeras escenas del capítulo, cuando el equipo de rescate observa a Jack con unos prismáticos, Locke está observando más bien a Ben en su silla de ruedas. Dirime sin dudar el debate que surge entre Sayid y Kate a favor de rescatar a Jack, no tanto –como dice– porque éste le impresionara en su heroica labor del primer día en la isla, sino porque le convenía internarse libremente en el poblado al caer la noche.
Locke ha cumplido su misión de destruir el único medio de salida de la isla y sabe que Ben no va a castigarle por eso. Éste le visita en el lugar donde le tienen retenido y hace que Richard lo libere, explicándole por qué le ha venido tan bien que con su acción impidiera la marcha del doctor. Imaginando todo tipo de intricados misterios Locke se aviene a acompañar al ahora inválido a ver lo que ha salido de su caja de sorpresas, pero no va a gustarle demasiado lo que encontrará allí: su padre, Anthony Cooper, maniatado y amordazado. Seguro que a éste tampoco le agrada tener que volver a ver al hijo al que una vez tiró por una ventana.
Mientras tanto Jack ha visto desvanecerse ante sus ojos su plan de salir de la isla. Kate ha venido para rescatarle aunque él le había pedido que no lo hiciera. Su buena amiga, que tanto había sufrido por haberle dejado atrás (3.7, 3.9), no puede entender que Jack haya decidido fiarse de los Otros. Pero en las palabras de su querido médico cree entrever que la gran desilusión que le ha alejado de ella tiene que ver con su relación con Sawyer y tristemente acepta la situación. Lo malo es que, al traerse con ella a Locke para el rescate de Jack, indirectamente ha colaborado en la destrucción de todas las esperanzas que había puesto el doctor en volver por fin a América e intentar desde allí conseguir un rescate para todos.
Sayid, también capturado, no tiene oportunidad de hacer gran cosa, excepto revelar a Álex que su madre, a la que se parece mucho, está viva. Mientras tanto Danielle Rousseau observa a los Otros desde una posición segura entre los árboles hasta reconocer finalmente en una joven morena a su querida y añorada hija.
Danielle vuelve a ver a su hija, Locke vuelve a ver a su padre, Kate vuelve a ver a Jack. Se trata de tres encuentros de muy distinto cariz. Mientras que la francesa ya recelaba de que el encuentro con Álex podría ser bastante duro (3.12), Kate nunca imaginó que Jack realmente prefiriera que ella no intentara rescatarle. Finalmente lo último que esperaba John Locke era reencontrarse con su padre en la ciudad de los Otros.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Álex no se lleva bien con su padre y trata de evitar que éste manipule a la gente a sus anchas. Es un caso similar a lo que Locke quiso hacer en el pasado con respecto a Cooper. Parece que no había pensado en ningún momento denunciarle sino sólo en tratar de disuadirle por las buenas, pues para él aún era relevante la relación paterno-filial. Por desgracia en este episodio descubre que deberá enfrentarse de nuevo con este consumado estafador, a quien nunca parece ser capaz de dejar atrás como un mero asunto desagradable de su pasado. Kate también tuvo que lidiar con un padre al que despreciaba –y a quien decidió quitar de en medio (2.9)– y Jack con el alcoholismo de su progenitor –cuya muerte reciente ha tenido que llorar, acongojado por un cierto sentimiento de culpa (1.5, 1.11, 3.1)–. Pero Álex tiene la suerte de haber empezado a vislumbrar que Ben podría no ser su verdadero padre, que cuenta con una madre desconocida que está viva mientras que le habían dicho que estaba muerta, aunque todo esto no logre atenuar el dolor de ver que el padre que te ha cuidado y mimado (recuérdense las fotos de una niña en la casa de Ben) es una mala persona.
Nos encontramos ante ejemplos muy diversos de conflicto generacional: Jack y Christian hubieran necesitado una mejor comunicación; padre e hijo se querían, aunque apenas lograron decírselo nunca el uno al otro (1.16). Claire, por su parte, rechazó directamente la relación con un padre que desde muy pequeña la había abandonado (3.12). El caso de Kate es el más drástico, ya que ésta optó por deshacerse de una persona a la que detestaba y a quien odiaba tener que parecerse; en su caso el hombre que la había cuidado y a quien prefería llamar papá era al menos buena gente (2.9). Álex por su parte se quedó pronto sin madre (ella no sabe por qué) y su ‘padre’ en principio ha cuidado bien de ella, aunque a la joven no le agraden sus maneras ni el trato que da a las personas de su entorno (especialmente a su novio). Algo parecido tuvo que sufrir Sun toda su vida (aunque ella sí tenía madre) con su estricto progenitor, de costumbres algo mafiosas. Pero por supuesto el caso más terrible es el de Locke, quien entregado a un orfanato de pequeño, descubre de mayor que su madre está algo loca y que su padre es un insensible estafador y asesino, quien no duda en usar sus malas artes contra su propio hijo (1.19). No sabemos qué le deparará el nuevo encuentro con él, pero no es fácil que sus abismales diferencias aún puedan arreglarse con una conversación, por muy sincera que ésta pudiera legar a ser. Este hombre nunca ha estado dispuesto a proporcionar a su hijo lo que éste necesitaba, a pesar de lo mucho que John ha llegado a darle. En el mundo exterior sólo podríamos esperar que Cooper acabara en una lóbrega cárcel, pero en la isla no sabemos aún lo que le espera.
La moraleja es que si el padre de uno –o cualquier otro familiar– es un delincuente o un maltratador, la mejor opción es denunciarlo, por difícil que esto pueda resultar, y alejarse de su mala influencia si no quiere uno acabar mal (malherido o maleante). Lo difícil es discernir si esa persona aún estaría a tiempo de redimirse con la ayuda de su familia (como quizás era el caso de Christian) o si ya no tiene arreglo (como es claramente el caso de Cooper). Jack pudo tal vez haber apoyado más a su padre en muchas ocasiones previas (como en el episodio 3.1), pero su denuncia ante el comité médico en el 1.11 fue una decisión acertada, de lo que deberían haber aprendido tanto Kate (para no tener que llegar a matar a su padre) como Locke (para no llegar a ser víctima de un intento de asesinato por su parte).
Amparo
miércoles, 16 de enero de 2008
3.12. Par avion (correo aéreo)
La joven Claire afronta en el flashback de este episodio una de las experiencias más terribles de su pasado. Un accidente de automóvil produce un traumatismo cerebral a su madre, quien entra en un coma probablemente irreversible. Claire, en plena etapa gótica y rebelde, se peleaba con su madre –deseándole incluso la muerte– momentos antes de estampar el coche que conducía contra un poste. Un angustioso sentimiento de culpabilidad acosará a nuestra joven protagonista hasta que algún tiempo después sea capaz de pedir perdón a su madre, aún inconsciente. Ya embarazada de su hijo Aaron, la muchacha se da cuenta de lo difícil que debió ser para Carole convertirse en madre soltera, sabiendo además que el padre de su bebé estaba con su otra familia al otro lado del océano. Claire admira y agradece que su madre decidiera criarla, aunque siente no haber reconocido a tiempo los desvelos y sufrimientos que le hizo pasar y no haberla compensado con más cariño y complicidad en vez de convertirse en un continuo quebradero de cabeza para ella. Quizás desanimada por la experiencia de Carole, a quien posiblemente –en su opinión– tanto sacrificio por una hija tan difícil y desagradecida nunca debió merecerle la pena, Claire tiene muy claro que dará en adopción el bebé que está esperando (no sabe aún que el accidente –o el destino– la obligará a quedarse con él [1.10, 1.20], aunque sabemos que finalmente aceptará su maternidad encantada [2.15]). De todas formas su paso por esta terrible experiencia ha cambiado mucho a la joven australiana: en unos meses se ha transformado como de la noche (pelo oscuro, ropa y calzado estrictamente negros) al día (con su original melena rubia y ropa mucho más clara). Lo que no obsta para que sus ojos profundamente azules hayan sido testigos todo el tiempo de la ternura y cariño que ha albergado siempre en el fondo esta muchacha.
Al abrirse estos azules ojos esta mañana han encontrado una realidad mucho más risueña –aun despertándose en la misteriosa isla– que todo lo que la vida les deparaba en el flashback. Tras unos días en que ha estado meditativo y solitario (desde la funesta noticia que le comunicó Desmond en el episodio 3.8), Charlie le ha preparado a su chica para el desayuno un encuentro romántico en la playa. Esta posibilidad de despertar cada mañana y dejarse sorprender por toda la novedad que nos trae cada día, es sin embargo lo que ya nunca más podrá vivir Carole. Aunque su hija no había renunciado por eso a visitarla, esperando quizás poder darle también un día una similar alegría (a la que Charlie le tenía preparada esta mañana), pero suponiendo al menos que su compañía le haría sentir de algún modo algo más de calor humano. Las numerosas estancias con su madre en el hospital fueron también ocasión para que la futura superviviente del vuelo 815 aprendiera algo sobre el estudio científico de las migraciones de aves marinas. Precisamente una bandada de aves migratorias está cruzando la isla en estos días y será Claire la que se dé cuenta de que se encuentran ante una oportunidad única para contactar con el mundo exterior.
Sun y Jin se prestan en seguida a colaborar en la captura del ave mensajera, pero, curiosamente, Desmond y Charlie parecen empeñarse en impedirlo. El joven rockero parecía haber superado su crisis existencial desde que con Hurley obtuvo una victoria sobre la muerte en la furgoneta de Dharma (3.10). En aquel episodio había preguntado a su particular vidente cómo sería su próxima muerte, pero éste le hizo saber que la cosa no era así de fácil. En este episodio, sin embargo, Desmond ha optado por contar con el propio Charlie para salvarle y, de pronto, éste ha olvidado su lema de vivir el instante, prefiriendo refugiarse en fingimientos para huir de la compañía de Claire, que le está resultando tan letal. El pobre ex-drogadicto, tan lleno de generosidad y de ganas de hacer cualquier cosa por la joven que ama, se ve inclinado a apartarse de ella y a comportarse cobardemente, por evitar una muerte segura. Las predicciones del escocés están acabando con lo que él verdaderamente quiere ser, convirtiéndole en todo lo contrario. Hurley estuvo muy acertado cuando le aconsejó afrontar el peligro cara a cara, como la única manera de volver a sentirse bien consigo mismo (3.10). Sólo que entonces nadie había predicho con claridad el desenlace de tan arriesgada apuesta.
El talante reivindicativo de Claire exige una clarificación por este extraño comportamiento de dos personas que hasta ahora más bien habían estado de su parte: su mejor amigo en la isla y su reciente salvador de las aguas (3.8). La muchacha no entiende por qué las personas en quién más le gustaría confiar le fallan una y otra vez. Su padre –quien resulta ser nada menos que Christian Shepard– la abandonó cuando aún no tenía tres años, influenciado sobre todo por su tía Lindsey, quien parecía odiarlo con todas sus fuerzas. La buena de Carole prefirió decir a su hija que su padre había muerto y no volver a contactar con el doctor americano casado que en su día la dejó embarazada. Poco después de salir de la adolescencia Claire pierde además a su madre (prácticamente) en el accidente de coche y después es Tomas, su propio novio, quien la deja sola tras parecer por un tiempo que se interesaba por la relación y por el futuro bebé de ambos (1.10). Christian al menos se hizo cargo de los gastos médicos de su madre en coma, pero Claire rechazó una relación más estrecha con este hombre tras oir sus consejos con respecto a la desconexión de los aparatos que soportan la vida de Carole. La muchacha encontró cierto consuelo en acompañar a su ausente madre, en visitarla, contarle sus cosas, ver con ella la tele. Estando casi totalmente sola en la vida, su frustrada relación materno-filial y su experiencia similar con un embarazo imprevisto la habían unido fuertemente a esta mujer ahora inconsciente, esperando que realmente pudiera escuchar sus palabras y recibir un consuelo similar al que ella buscaba en sus visitas.
Pero la joven que, una vez sola en la vida, subió en Sydney al avión de Oceanic se encontró, al sobrevivir al accidente en la isla, perteneciendo a una gran familia. Muchos compañeros están dispuestos a echarle una mano en la tarea de cuidar al pequeño Aaron, pero especialmente Charlie ha querido compartir con ella esa responsabilidad, incluso a veces de forma algo exagerada (2.6, 2.12). La joven madre, acostumbrada a ser abandonada ante las dificultades, tiene tendencia a creer que cuando pida algo nadie la va a apoyar. Por eso le disgusta mucho la extraña actitud de Charlie y vuelve a alejarle de su lado, no dispuesta a sufrir una nueva decepción por parte de él. Sólo más tarde decidirá investigar, descubriendo así el secreto de las visiones de Desmond y que suelen revelar una sentencia de muerte para Charlie.
Nuestro resignado vidente le cuenta la verdad sobre lo que le está ocurriendo a Charlie al hacerle entrega de un ejemplar de las aves marinas que ella se había empeñado en capturar. Claire tiene así la oportunidad de agradecer a su fiel amigo tanta dedicación por ella –la posibilidad de haberse visto arrastrado una y otra vez a la muerte en su defensa–, dedicación que a ella le había quedado oscurecida por las puntuales intervenciones de Desmond. Ambos colaboran finalmente en el envío por correo aéreo de una petición de socorro al mundo, intentando consolidar la esperanza de ser rescatados que, tras 80 días, aún tienen los supervivientes. Pero esta acción significa además para Charlie y Claire una especial opción conjunta por la esperanza, por vivir juntos el momento presente sin preocuparse por la posible muerte inminente que Desmond sigue anunciando. La joven que nunca desesperó de la posible recuperación de su madre no va a rendirse tan fácilmente en su relación con Charlie sólo por unas funestas visiones recurrentes. Ambos recurrirán a lo mejor de sí mismos para apoyarse mutuamente, luchando unidos ante cualquier peligro.
Mientras tanto Kate, que también ha visto volar a las aves marinas por el cielo de la isla (aunque sin reparar en las posibilidades imaginadas por Claire), tampoco se rinde en su empresa de salvar a Jack, a pesar de la trampa mortal que el equipo de rescate ha encontrado en el camino. El poblado Otro al que se dirigen Kate, Sayid y Locke –acompañados voluntariamente por Danielle e involuntariamente por Mikhail– está rodeado completamente por unos postes que contienen un dispositivo sónico capaz de terminar con todo ser vivo que se aventure a pasar entre ellos. Mikhail sufre directamente las consecuencias de esta sofisticada barrera de seguridad tras ser forzado a cruzarla por Locke. Pero la misma Kate Austen que, según los Otros, no ha sido considerada digna de figurar en la famosa lista del hombre excepcional que tanto respetan (¿Jacob?), porque es una persona que comete fallos y está furiosa, débil y asustada, es la que discurre una idea para cruzar la barrera sónica con ayuda del tronco de un árbol y se ofrece voluntaria para ser la primera en hacerlo.
La valiente muchacha no sabe la tremenda sorpresa que le espera al llegar a los barracones: su añorado amigo está jugando tan alegremente al balón con Tom, uno de sus guardianes. ¿Se habrá pasado Jack al bando de sus captores? La sufrida Danielle es mucho más consciente de la posible desilusión a la que se expone, tras pasarse 16 años separada de su hija. Álex pertenece, desde que fue secuestrada cuando era un bebé, a este otro grupo de personas y nadie sabe cómo reaccionará cuando se encuentre con una madre a la que desconoce totalmente. ¿Querrá dejar su hogar de toda la vida para estar con Danielle? ¿Será capaz de desarrollar cierto cariño hacia ella? El caso de Jack es menos drástico pues apenas ha pasado una semana desde que le trajeron de la Hydra, pero la verdad es que él mismo pidió a Kate que no volviera nunca a por él (3.7). ¿Descubrirán nuestros amigos que su doctor no quiere volver con ellos a la playa?
La posible sorpresa que nos depara Jack podría quizás rivalizar con los planes que anda tramando Locke, quien desde el inicio de la misión de rescate se viene comportando de la manera más rara. En este episodio sus diferencias con Sayid han ido subiendo de tono: con respecto a la opción de orientarse con ayuda del plano que muestra el cableado desde la Llama y con respecto al trato que deben dar al prisionero. Locke parece interesado por las revelaciones de éste en cuanto al medio de transporte utilizado por los Otros –un submarino–, y la posibilidad que tienen de salir de la isla aunque, según Mikhail, no les fuera ya posible regresar luego. Pero en cambio no parece muy contento de que el omnisciente ruso pueda revelar a sus compañeros el secreto que tan celosamente ha guardado desde que llegó a la isla. Es inquietante la insistencia de John en deshacerse del prisionero, hasta que finalmente lo empuja para comprobar sobre él el pernicioso efecto de los postes sónicos, pero poco después su actitud nos asombra aún más cuando descubrimos que también sabía muy bien lo que hacía cuando voló la estación de comunicaciones (3.11) y que ha optado por mentir repetidamente a sus compañeros sobre sus verdaderas intenciones. Este es el mismo Locke que creíamos incapaz de matar a nadie desde el episodio 3.3; mientras que Kate, la mujer que se nos ha presentado como pirómana y asesina [2.9], es la que en este episodio defiende con claridad la postura de que aquí nadie va a matar a nadie. Sayid ha mantenido firme su liderazgo en el grupo, apoyado por esta resolutiva joven, quien ha sabido tomar las decisiones oportunas cuando los otros dos se perdían en discusiones. Locke se ha mantenido por su parte en una cierta indiferente sumisión pero apuntando hacia una insumisión latente. La llegada de estos enrevesados personajes al corazón Otro de la isla promete interesantes revelaciones de ocultas intenciones e imprevisibles sorpresas.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Abordamos en este episodio una nueva disyuntiva: la del miedo frente a la esperanza. Si hacerse a la idea de la posibilidad de un resultado positivo dinamiza mucho a la persona, disponiéndola a poner en acción todos sus recursos; cuando lo que predomina es la perspectiva de un resultado negativo la persona se paraliza, actuando sus pensamientos pesimistas como freno de toda posible creatividad activa. Claire vislumbra una posibilidad de rescate y moviliza a varias personas del campamento para poner en marcha su plan. Charlie sin embargo sopesa la posibilidad de su muerte inminente y se inhibe de toda iniciativa, intentando incluso convencer a Claire de que su propuesta no es una buena idea.
- Pero añadamos ahora un nuevo personaje y sus motivaciones al análisis de esta situación: El bueno de Desmond, aunque en cierto modo responsable de la decepción de la rubia mamá con su rockero, no desdeña acercarse él mismo a las peligrosas rocas para conseguir el ave que ella buscaba. Este hombre es consciente del peligro, pero sin dejar de salvar a Charlie ve también la importancia de apoyar el plan de Claire. Su acción está equilibrada entre la esperanza y el miedo, de forma que su deseo de colaborar a que la chica se sienta bien (y a que todos puedan ser rescatados) se combina con su voluntad de evitar la muerte de su protegido, dando como resultado el riesgo de su propia persona, la asunción heroica de una misión tras otra. Charlie es quien originalmente habría asumido heroicamente la captura del ave entre las rocas (y la salvación de Claire entre las aguas en el episodio 3.8), la diferencia es que ahora él sabe con certeza que en esa acción morirá y Desmond no sabe seguro lo que puede ocurrirle. La aparente cobardía de Charlie se transforma así en una elemental prudencia. Lo que tienen en común su actitud de retirada estratégica y la heroicidad de Desmond es el conocimiento de una muerte segura, lo que las diferencia es que en un caso se trata de la muerte propia y en el otro de la ajena. Veíamos que en general la esperanza moviliza y el miedo paraliza, pero cuando el valor que está en juego es tan sumamente importante como la vida de una persona, vemos a estas dos dinámicas equilibrarse. En un mismo acto concurren la esperanza de salvar al otro y el miedo de arriesgarse uno mismo, que dependiendo de la percepción de las posibilidades de ambos resultados dará un resultado u otro. En los dos extremos encontramos la seguridad de que se producirá la muerte propia (que tiende a anular la motivación de salvar al otro), mientras que la seguridad de que el otro morirá si uno mismo no actúa tiende a impulsar la acción heroica. Aunque Charlie y Desmond fueran igualmente valientes o cobardes. su diferente implicación en las certezas comunicadas por la recurrentes visiones de futuro acobardan al generoso músico mientras que impulsan una y otra vez a tomar acción al supuestamente cobarde escocés.
- Kate está igualmente movilizada por la esperanza de rescatar a Jack y su acción se hace especialmente urgente por la supuesta situación de peligro en que éste se encuentra. Sin embargo sería estúpido afrontar la muerte segura que supone atravesar directamente la barrera sónica, por lo que la misión se retrasa hasta que diseñan un instrumento para superarla con cierta seguridad. Danielle por su parte está esperanzada por recobrar a Álex, y esto es lo que la impulsa a seguir hacia adelante, pero la echa para atrás su miedo a que su hija no sea capaz de apreciarla y no quiera volver con ella. Álex no está en un peligro inminente por lo que Danielle no tiene tanta prisa como Kate en acercarse a los barracones.
- En distinto sentido se nos presenta la propuesta de Christian a Claire: desconectar a Carole de las máquinas que la mantienen viva, para no confundir la esperanza con la culpabilidad. En vez del miedo aparece este otro sentimiento negativo, que indica en este caso el miedo a sentirse mal con uno mismo, a ser castigado o incluso a autocastigarse quedándose anclado en un error del pasado e impidiendo que la vida siga su propio camino. Claire quiere mantener a su madre con vida, quizás por la esperanza de que un día pueda despertar o quizás porque aún no puede asumir su muerte, ya que se siente culpable del estado en que se encuentra. Pero también porque todavía necesita de ella, porque aún tiene que pasar muchas horas junto a su madre para poder curar su relación con ella, porque tiene verdaderos deseos de aprender a quererla de verdad y devolverle los desvelos que le hizo pasar, y también sencillamente porque es lo que le exigen las leyes de su país. ¿Qué pretendía realmente Christian? ¿Librarse de una carga económica? ¿Librar a su hija de una pesada carga emocional? No queda muy claro por qué hace el viaje desde América para hacer esta propuesta –y sabemos que el veterano doctor no es un modelo de padre precisamente– pero al menos puede computarse a su favor que respeta totalmente el deseo de su hija y se abstiene de llevar a cabo la iniciativa que había planeado, asumiendo de forma indefinida el coste de mantener con vida a Carole.
Amparo
Al abrirse estos azules ojos esta mañana han encontrado una realidad mucho más risueña –aun despertándose en la misteriosa isla– que todo lo que la vida les deparaba en el flashback. Tras unos días en que ha estado meditativo y solitario (desde la funesta noticia que le comunicó Desmond en el episodio 3.8), Charlie le ha preparado a su chica para el desayuno un encuentro romántico en la playa. Esta posibilidad de despertar cada mañana y dejarse sorprender por toda la novedad que nos trae cada día, es sin embargo lo que ya nunca más podrá vivir Carole. Aunque su hija no había renunciado por eso a visitarla, esperando quizás poder darle también un día una similar alegría (a la que Charlie le tenía preparada esta mañana), pero suponiendo al menos que su compañía le haría sentir de algún modo algo más de calor humano. Las numerosas estancias con su madre en el hospital fueron también ocasión para que la futura superviviente del vuelo 815 aprendiera algo sobre el estudio científico de las migraciones de aves marinas. Precisamente una bandada de aves migratorias está cruzando la isla en estos días y será Claire la que se dé cuenta de que se encuentran ante una oportunidad única para contactar con el mundo exterior.
Sun y Jin se prestan en seguida a colaborar en la captura del ave mensajera, pero, curiosamente, Desmond y Charlie parecen empeñarse en impedirlo. El joven rockero parecía haber superado su crisis existencial desde que con Hurley obtuvo una victoria sobre la muerte en la furgoneta de Dharma (3.10). En aquel episodio había preguntado a su particular vidente cómo sería su próxima muerte, pero éste le hizo saber que la cosa no era así de fácil. En este episodio, sin embargo, Desmond ha optado por contar con el propio Charlie para salvarle y, de pronto, éste ha olvidado su lema de vivir el instante, prefiriendo refugiarse en fingimientos para huir de la compañía de Claire, que le está resultando tan letal. El pobre ex-drogadicto, tan lleno de generosidad y de ganas de hacer cualquier cosa por la joven que ama, se ve inclinado a apartarse de ella y a comportarse cobardemente, por evitar una muerte segura. Las predicciones del escocés están acabando con lo que él verdaderamente quiere ser, convirtiéndole en todo lo contrario. Hurley estuvo muy acertado cuando le aconsejó afrontar el peligro cara a cara, como la única manera de volver a sentirse bien consigo mismo (3.10). Sólo que entonces nadie había predicho con claridad el desenlace de tan arriesgada apuesta.
El talante reivindicativo de Claire exige una clarificación por este extraño comportamiento de dos personas que hasta ahora más bien habían estado de su parte: su mejor amigo en la isla y su reciente salvador de las aguas (3.8). La muchacha no entiende por qué las personas en quién más le gustaría confiar le fallan una y otra vez. Su padre –quien resulta ser nada menos que Christian Shepard– la abandonó cuando aún no tenía tres años, influenciado sobre todo por su tía Lindsey, quien parecía odiarlo con todas sus fuerzas. La buena de Carole prefirió decir a su hija que su padre había muerto y no volver a contactar con el doctor americano casado que en su día la dejó embarazada. Poco después de salir de la adolescencia Claire pierde además a su madre (prácticamente) en el accidente de coche y después es Tomas, su propio novio, quien la deja sola tras parecer por un tiempo que se interesaba por la relación y por el futuro bebé de ambos (1.10). Christian al menos se hizo cargo de los gastos médicos de su madre en coma, pero Claire rechazó una relación más estrecha con este hombre tras oir sus consejos con respecto a la desconexión de los aparatos que soportan la vida de Carole. La muchacha encontró cierto consuelo en acompañar a su ausente madre, en visitarla, contarle sus cosas, ver con ella la tele. Estando casi totalmente sola en la vida, su frustrada relación materno-filial y su experiencia similar con un embarazo imprevisto la habían unido fuertemente a esta mujer ahora inconsciente, esperando que realmente pudiera escuchar sus palabras y recibir un consuelo similar al que ella buscaba en sus visitas.
Pero la joven que, una vez sola en la vida, subió en Sydney al avión de Oceanic se encontró, al sobrevivir al accidente en la isla, perteneciendo a una gran familia. Muchos compañeros están dispuestos a echarle una mano en la tarea de cuidar al pequeño Aaron, pero especialmente Charlie ha querido compartir con ella esa responsabilidad, incluso a veces de forma algo exagerada (2.6, 2.12). La joven madre, acostumbrada a ser abandonada ante las dificultades, tiene tendencia a creer que cuando pida algo nadie la va a apoyar. Por eso le disgusta mucho la extraña actitud de Charlie y vuelve a alejarle de su lado, no dispuesta a sufrir una nueva decepción por parte de él. Sólo más tarde decidirá investigar, descubriendo así el secreto de las visiones de Desmond y que suelen revelar una sentencia de muerte para Charlie.
Nuestro resignado vidente le cuenta la verdad sobre lo que le está ocurriendo a Charlie al hacerle entrega de un ejemplar de las aves marinas que ella se había empeñado en capturar. Claire tiene así la oportunidad de agradecer a su fiel amigo tanta dedicación por ella –la posibilidad de haberse visto arrastrado una y otra vez a la muerte en su defensa–, dedicación que a ella le había quedado oscurecida por las puntuales intervenciones de Desmond. Ambos colaboran finalmente en el envío por correo aéreo de una petición de socorro al mundo, intentando consolidar la esperanza de ser rescatados que, tras 80 días, aún tienen los supervivientes. Pero esta acción significa además para Charlie y Claire una especial opción conjunta por la esperanza, por vivir juntos el momento presente sin preocuparse por la posible muerte inminente que Desmond sigue anunciando. La joven que nunca desesperó de la posible recuperación de su madre no va a rendirse tan fácilmente en su relación con Charlie sólo por unas funestas visiones recurrentes. Ambos recurrirán a lo mejor de sí mismos para apoyarse mutuamente, luchando unidos ante cualquier peligro.
Mientras tanto Kate, que también ha visto volar a las aves marinas por el cielo de la isla (aunque sin reparar en las posibilidades imaginadas por Claire), tampoco se rinde en su empresa de salvar a Jack, a pesar de la trampa mortal que el equipo de rescate ha encontrado en el camino. El poblado Otro al que se dirigen Kate, Sayid y Locke –acompañados voluntariamente por Danielle e involuntariamente por Mikhail– está rodeado completamente por unos postes que contienen un dispositivo sónico capaz de terminar con todo ser vivo que se aventure a pasar entre ellos. Mikhail sufre directamente las consecuencias de esta sofisticada barrera de seguridad tras ser forzado a cruzarla por Locke. Pero la misma Kate Austen que, según los Otros, no ha sido considerada digna de figurar en la famosa lista del hombre excepcional que tanto respetan (¿Jacob?), porque es una persona que comete fallos y está furiosa, débil y asustada, es la que discurre una idea para cruzar la barrera sónica con ayuda del tronco de un árbol y se ofrece voluntaria para ser la primera en hacerlo.
La valiente muchacha no sabe la tremenda sorpresa que le espera al llegar a los barracones: su añorado amigo está jugando tan alegremente al balón con Tom, uno de sus guardianes. ¿Se habrá pasado Jack al bando de sus captores? La sufrida Danielle es mucho más consciente de la posible desilusión a la que se expone, tras pasarse 16 años separada de su hija. Álex pertenece, desde que fue secuestrada cuando era un bebé, a este otro grupo de personas y nadie sabe cómo reaccionará cuando se encuentre con una madre a la que desconoce totalmente. ¿Querrá dejar su hogar de toda la vida para estar con Danielle? ¿Será capaz de desarrollar cierto cariño hacia ella? El caso de Jack es menos drástico pues apenas ha pasado una semana desde que le trajeron de la Hydra, pero la verdad es que él mismo pidió a Kate que no volviera nunca a por él (3.7). ¿Descubrirán nuestros amigos que su doctor no quiere volver con ellos a la playa?
La posible sorpresa que nos depara Jack podría quizás rivalizar con los planes que anda tramando Locke, quien desde el inicio de la misión de rescate se viene comportando de la manera más rara. En este episodio sus diferencias con Sayid han ido subiendo de tono: con respecto a la opción de orientarse con ayuda del plano que muestra el cableado desde la Llama y con respecto al trato que deben dar al prisionero. Locke parece interesado por las revelaciones de éste en cuanto al medio de transporte utilizado por los Otros –un submarino–, y la posibilidad que tienen de salir de la isla aunque, según Mikhail, no les fuera ya posible regresar luego. Pero en cambio no parece muy contento de que el omnisciente ruso pueda revelar a sus compañeros el secreto que tan celosamente ha guardado desde que llegó a la isla. Es inquietante la insistencia de John en deshacerse del prisionero, hasta que finalmente lo empuja para comprobar sobre él el pernicioso efecto de los postes sónicos, pero poco después su actitud nos asombra aún más cuando descubrimos que también sabía muy bien lo que hacía cuando voló la estación de comunicaciones (3.11) y que ha optado por mentir repetidamente a sus compañeros sobre sus verdaderas intenciones. Este es el mismo Locke que creíamos incapaz de matar a nadie desde el episodio 3.3; mientras que Kate, la mujer que se nos ha presentado como pirómana y asesina [2.9], es la que en este episodio defiende con claridad la postura de que aquí nadie va a matar a nadie. Sayid ha mantenido firme su liderazgo en el grupo, apoyado por esta resolutiva joven, quien ha sabido tomar las decisiones oportunas cuando los otros dos se perdían en discusiones. Locke se ha mantenido por su parte en una cierta indiferente sumisión pero apuntando hacia una insumisión latente. La llegada de estos enrevesados personajes al corazón Otro de la isla promete interesantes revelaciones de ocultas intenciones e imprevisibles sorpresas.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Abordamos en este episodio una nueva disyuntiva: la del miedo frente a la esperanza. Si hacerse a la idea de la posibilidad de un resultado positivo dinamiza mucho a la persona, disponiéndola a poner en acción todos sus recursos; cuando lo que predomina es la perspectiva de un resultado negativo la persona se paraliza, actuando sus pensamientos pesimistas como freno de toda posible creatividad activa. Claire vislumbra una posibilidad de rescate y moviliza a varias personas del campamento para poner en marcha su plan. Charlie sin embargo sopesa la posibilidad de su muerte inminente y se inhibe de toda iniciativa, intentando incluso convencer a Claire de que su propuesta no es una buena idea.
- Pero añadamos ahora un nuevo personaje y sus motivaciones al análisis de esta situación: El bueno de Desmond, aunque en cierto modo responsable de la decepción de la rubia mamá con su rockero, no desdeña acercarse él mismo a las peligrosas rocas para conseguir el ave que ella buscaba. Este hombre es consciente del peligro, pero sin dejar de salvar a Charlie ve también la importancia de apoyar el plan de Claire. Su acción está equilibrada entre la esperanza y el miedo, de forma que su deseo de colaborar a que la chica se sienta bien (y a que todos puedan ser rescatados) se combina con su voluntad de evitar la muerte de su protegido, dando como resultado el riesgo de su propia persona, la asunción heroica de una misión tras otra. Charlie es quien originalmente habría asumido heroicamente la captura del ave entre las rocas (y la salvación de Claire entre las aguas en el episodio 3.8), la diferencia es que ahora él sabe con certeza que en esa acción morirá y Desmond no sabe seguro lo que puede ocurrirle. La aparente cobardía de Charlie se transforma así en una elemental prudencia. Lo que tienen en común su actitud de retirada estratégica y la heroicidad de Desmond es el conocimiento de una muerte segura, lo que las diferencia es que en un caso se trata de la muerte propia y en el otro de la ajena. Veíamos que en general la esperanza moviliza y el miedo paraliza, pero cuando el valor que está en juego es tan sumamente importante como la vida de una persona, vemos a estas dos dinámicas equilibrarse. En un mismo acto concurren la esperanza de salvar al otro y el miedo de arriesgarse uno mismo, que dependiendo de la percepción de las posibilidades de ambos resultados dará un resultado u otro. En los dos extremos encontramos la seguridad de que se producirá la muerte propia (que tiende a anular la motivación de salvar al otro), mientras que la seguridad de que el otro morirá si uno mismo no actúa tiende a impulsar la acción heroica. Aunque Charlie y Desmond fueran igualmente valientes o cobardes. su diferente implicación en las certezas comunicadas por la recurrentes visiones de futuro acobardan al generoso músico mientras que impulsan una y otra vez a tomar acción al supuestamente cobarde escocés.
- Kate está igualmente movilizada por la esperanza de rescatar a Jack y su acción se hace especialmente urgente por la supuesta situación de peligro en que éste se encuentra. Sin embargo sería estúpido afrontar la muerte segura que supone atravesar directamente la barrera sónica, por lo que la misión se retrasa hasta que diseñan un instrumento para superarla con cierta seguridad. Danielle por su parte está esperanzada por recobrar a Álex, y esto es lo que la impulsa a seguir hacia adelante, pero la echa para atrás su miedo a que su hija no sea capaz de apreciarla y no quiera volver con ella. Álex no está en un peligro inminente por lo que Danielle no tiene tanta prisa como Kate en acercarse a los barracones.
- En distinto sentido se nos presenta la propuesta de Christian a Claire: desconectar a Carole de las máquinas que la mantienen viva, para no confundir la esperanza con la culpabilidad. En vez del miedo aparece este otro sentimiento negativo, que indica en este caso el miedo a sentirse mal con uno mismo, a ser castigado o incluso a autocastigarse quedándose anclado en un error del pasado e impidiendo que la vida siga su propio camino. Claire quiere mantener a su madre con vida, quizás por la esperanza de que un día pueda despertar o quizás porque aún no puede asumir su muerte, ya que se siente culpable del estado en que se encuentra. Pero también porque todavía necesita de ella, porque aún tiene que pasar muchas horas junto a su madre para poder curar su relación con ella, porque tiene verdaderos deseos de aprender a quererla de verdad y devolverle los desvelos que le hizo pasar, y también sencillamente porque es lo que le exigen las leyes de su país. ¿Qué pretendía realmente Christian? ¿Librarse de una carga económica? ¿Librar a su hija de una pesada carga emocional? No queda muy claro por qué hace el viaje desde América para hacer esta propuesta –y sabemos que el veterano doctor no es un modelo de padre precisamente– pero al menos puede computarse a su favor que respeta totalmente el deseo de su hija y se abstiene de llevar a cabo la iniciativa que había planeado, asumiendo de forma indefinida el coste de mantener con vida a Carole.
Amparo
sábado, 5 de enero de 2008
3.11. Introducir 77
Dos misteriosos gatos enlazan en este episodio el presente con el pasado: el gato de Amira, que había sido torturado con petardos por unos niños, y la gata de Mikhail, cuyo nombre es Nadia. Sayid no ha olvidado nunca a Nadia, por el amor que siente por ella, pero tampoco ha podido olvidar ninguno de los rostros de las personas que torturó en Iraq.
Amira, una de sus víctimas, reconoció en el cocinero Najeev de un restaurante de París al hombre que le había echado aceite hirviendo sobre los brazos. El deseo de venganza de Sami, su marido, convierte al ex-torturador en torturado, aquél al que con daños físicos de creciente intensidad e incluso amenazas de muerte se le pretende arrancar una confesión. Sayid confiesa enseguida su identidad y su antiguo oficio en la Guardia Republicana, pero en un principio prefiere ocultar su responsabilidad en las lesiones de Amira. Esta admirable mujer necesita de su antiguo verdugo un gesto personalizador que restaure la relación entre ellos al nivel que corresponde entre dos seres humanos, por eso quiere que él admita la verdad y le pida perdón. La aceptación por parte de su interrogador de que aquello fue horrible y de que le ha dejado casi tan profundamente afectado como a ella le parece suficiente para saldar la deuda y pasar página. Ella nunca ha querido una venganza que la convierta en agente de la violencia que ha aprendido a aborrecer. No quiere que ninguna criatura vuelva a vivir un horror similar ni la terrible secuela de no poder sentirse seguro nunca más. Nuestro ‘perdido’ iraquí le abre su corazón confesando que su rostro, junto al de muchas otras víctimas, se le hace a menudo presente cargándole de culpabilidad. El sincero intercambio entre ambos aportará paz al interior de estas dos personas.
El gato que, entre otros animales, recibe la visita de Sayid en la Llama, trae inmediatamente a la memoria de nuestro musulmán la mujer que en aquella ocasión le ofreció su perdón, en una sublime lección de respeto y de capacidad de reconciliación. Sayid no va a dejar por eso de analizar atentamente cada palabra, gesto y movimiento de su posible enemigo ni cada detalle de su entorno, pero desde una especial sensibilidad en contra de toda violencia innecesaria. Por eso le desagrada sobremanera que Kate golpee a la señora Klugh una vez que ha sido sometida –y más aún que la mate el propio Mikhail– y se verá inclinado a tratar con respeto a su prisionero.
El solitario ruso probablemente ha vivido durante su etapa en el ejército soviético experiencias similares a las de Sayid. Él mismo dice que tras años de haber llevado a cabo actos horribles contra sus enemigos se sintió atraído por un anuncio de la Iniciativa Dharma que ofrecía alistarse para salvar el mundo (aunque esta parte fuera mentira y la verdad es que fue reclutado por los Otros, probablemente al estilo de como lo fue Juliet [3.7]). Está claro que además de estar acostumbrado a herir (a Sayid) y a matar (a la señora Klugh) el hombre del parche en el ojo es experto en curar, lo que probablemente inspira gran respeto a nuestro iraquí. Ambos tienen también en común su habilidad en el campo de las telecomunicaciones, por lo que les va a ser fácil adivinarse mutuamente sus intenciones. El paralelismo entre ambos personajes queda subrayado por el nombre de Nadia, relacionado para los dos con una mujer especialmente admirada.
Tanto en el caso de Sami como en el de Mikhail, Sayid se encuentra ante alguien con quien tiene algo en común (nacionalidad y experiencia militar respectivamente), algo que en principio podría inspirarle una cierta camaradería, pero en ambos casos, una enemistad insuperable –por algo ocurrido en el pasado en contra de sus respectivos grupos o seres queridos– les separa irremisiblemente. Amira se yergue como testigo de la posibilidad de reconciliación, pero las hostilidades declaradas entre dos personas enemigas –o dos bandos enemigos– suelen levantar sospechas que impulsan apremiantes movimientos de ataque o defensa, sin dejar transcurrir el tiempo necesario para que cambie la perspectiva sobre esa persona que se percibe como una amenaza. Es el caso, por desgracia mucho más frecuente, que impulsa a Mikhail a disparar a Sayid antes de preguntar y a Sami a atacarle sin piedad aún sin poder estar totalmente seguro de su culpabilidad. Sayid, que ya ha aprendido mucho sobre el perdón muestra sin embargo frente al ruso una tendencia conciliatoria desde el principio, aún después de haber sido disparado.
El mismo tema de una enemistad que impulsa a atacar indiscriminadamente reaparece en el relato del ruso sobre la guerra –o purga– entre la gente de Dharma y los Hostiles. Los dos grupos que habitaban en la isla no pudieron convivir en paz sino que los Hostiles acabaron con la comunidad de científicos. Del mismo modo la posible interacción amistosa entre los supervivientes del avión siniestrado y los misteriosos Otros (u Hostiles) queda de nuevo abortada en una escaramuza que termina con un herido, un cadáver y un prisionero.
Sayid, además de una sorprendente capacidad de clemencia, demuestra en su aventura en la Llama su admirable arrojo, inteligencia y generosidad. Se arriesga como voluntario a acercarse para un reconocimiento más cercano de la extraña granja y de su habitante, para luego aguantar estoicamente un disparo en el brazo, la extracción de la bala y el pinchazo de los puntos, siendo consciente todo el rato de la mentira que está representando su provisional ‘doctor’. Locke, por su parte, nos sorprende dedicándose completamente a lo suyo y olvidando que forma parte de un equipo (que normalmente tiende a querer liderar). En vez de interesarse por el que parece ser un representante de la Iniciativa Dharma y por la información que se podría obtener de él (como hacen Kate y Sayid y se podría esperar especialmente de Locke), se obsesiona con ganar el juego de ajedrez al que es invitado por un ordenador. El ajedrez simboliza de nuevo la terrible oposición a muerte entre grupos que comparten un terreno común, pero que en vez de colaborar pelean incansablemente por hacerse con el poder, aunque esto suponga que ambos bandos queden en su mayoría esquilmados.
De hecho, la perseverancia de Locke en su intento de ganar este juego resulta finalmente destructiva: se ve recompensada con nuevas instrucciones –en su mayoría obsoletas– del Dr. Candle (o como se llame este hombre en realidad), de las cuales sólo una parece seguir vigente, “si ha habido una incursión hostil en la estación, introducir 77”. Este código al parecer activa las cargas explosivas que alguien ha dispuesto por toda la estación. Cuando John se acerca al ordenador para jugar al ajedrez se muestra claramente una cámara fijada en lo alto de la pared cuyo piloto rojo indica que está activa. Es posible que alguno de los Otros u otra persona diferente esté vigilando en directo esta habitación de la Llama e incluso sea capaz de operar el ordenador a distancia, jugando la partida de ajedrez contra Locke mientras le deja creer que está jugando contra una máquina (Mikhail le comenta que el ordenador a veces hace trampas). Este supuesto observador podría también haber hecho que John accediera a las instrucciones del Dr. Candle y de este modo haber inducido que el ex-paralítico hiciera explotar la estación de comunicaciones.
Locke destruye así toda posibilidad de aprovechar el valioso equipamiento, suministro, animales e información de la recién descubierta estación Dharma. Sus acciones desconciertan de nuevo a Sayid, que desde el principio de esta temporada no acaba de aclararse con el tipo de liderazgo que está ejerciendo el calvo explorador, empezando ya en este mismo episodio a cuestionar la racionalidad de que estuvieran siguiendo el rumbo marcado en el bastón de Eko. Se trata en este caso de una divergencia entre amigos que en principio están en el mismo bando, pero que podría conducirles a todo tipo de conflictos en el futuro.
Mientras tanto los supervivientes que esperan en la playa han encontrado una manera pacífica de resolver un conflicto que enfrentaba a Sawyer con el resto de la comunidad, obligándole a compartir sus cosas con todo el campamento y, lo que para él es aún más difícil, a desistir por una semana de aplicar apodos ofensivos a diestro y siniestro. El que en su momento se autoproclamó “nuevo sheriff del pueblo” (2.13) vuelve a encontrarse destituido del poder que él cree obtener por medio de sus posesiones. Enormemente preocupado por la ausencia de Kate, James tendrá que aprender a ser uno más en la comunidad sin ningún tipo de ventajas o prerrogativas. Tampoco podrá expresar su agresividad o sentido de superioridad con sus insultos. Hurley, siguiendo las huellas de Jack (2.17) ha utilizado su habilidad como jugador de ping-pong para poner al rebelde sureño en su sitio y no dejarle aprovecharse de la gente.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- El tema principal de este episodio es la hostilidad entre enemigos y la posibilidad de superarla en un cierto respeto y entendimiento mutuo. La postura ideal está representada en la intervención de Amira en defensa del gato, que aún a veces araña a su salvadora, y a favor de perdonar a su antiguo agresor, siempre que éste reconozca y aborrezca lo que hizo. Este ejemplo influirá en la tendencia de Sayid a superar el rencor y a tratar con clemencia a sus enemigos, aunque le acaben de disparar o le amenacen con matarle en cuanto se descuide (como vimos en 2.8 con respecto a Ana y en este episodio con respecto a Mikhail, aunque en 2.14 y 2.18 había recaído en su tendencia a torturar a un prisionero). Es importante constatar cómo el paso de reconocer la verdad de los hechos es importante en el proceso de reconciliación: no se trata de olvidar lo que pasó sino de reconocer juntos que fue algo horrible que produce secuelas tanto en el torturador como en el torturado, de comprometerse juntos a impedir que algo así vuelva a ocurrir. Es triste sin embargo que Amira no considera la posibilidad de que Sami también perdone a Sayid; su marido parece entregado a la idea de vengar el dolor que vivió su mujer y la terrible inseguridad que la acosa desde entonces.
- La influencia del perdón de Amira llega mucho más allá de aquella habitación en París. Sayid se verá impulsado desde entonces a perdonar como fue perdonado. Cada perdón responde así a una larga cadena de perdones: cuando uno reconoce que hace muchas cosas mal y siente el alivio de haber sido perdonado experimenta una mayor inclinación a ser clemente con los fallos de los demás. Por eso cada pequeño gesto de perdón puede tener un alcance inusitado. Pero del mismo modo que el perdón engendra perdón la violencia engendra violencia, como ocurre en este episodio en el caso de Sami.
- Por otra parte hemos visto que Mikhail quería ser bueno y ayudar a salvar el mundo tras haber hecho daño a muchos enemigos en la guerra. Se resiste a matar a su compañera, que prefiere morir a traicionar a su gente. Ese sentido de la obligación con respecto a una causa mayor es la que al final prevalece y le fuerza a disparar a la señora Klugh. Es difícil juzgar a este nuevo personaje sin conocer bien su contexto, pero su solicitud en curar a Sayid, en sacarle la misma bala que él mismo le había incrustado, indica que no es tan mala persona. Por otro lado tenemos la fría indiferencia de Danielle, que no se implica con ninguno de los dos bandos y ante un posible peligro pasa de ayudar a los que han buscado su alianza en una tarea de rescate. Aliados que se esfuman, enemigos que se curan, amigos que se matan, una estación preprogramada para autodestruirse, haciendo volar por los aires todos sus valiosos recursos... todas ellas son distintas formas de afrontar conflictos, por supuesto de muy diversa importancia y gravedad. La serie nuevamente nos ofrece interesantes paradojas que nos invitan a abrir nuestros ojos y mirar de una manera nueva las aparentes amistades o enemistades que nos rodean.
Amparo
Amira, una de sus víctimas, reconoció en el cocinero Najeev de un restaurante de París al hombre que le había echado aceite hirviendo sobre los brazos. El deseo de venganza de Sami, su marido, convierte al ex-torturador en torturado, aquél al que con daños físicos de creciente intensidad e incluso amenazas de muerte se le pretende arrancar una confesión. Sayid confiesa enseguida su identidad y su antiguo oficio en la Guardia Republicana, pero en un principio prefiere ocultar su responsabilidad en las lesiones de Amira. Esta admirable mujer necesita de su antiguo verdugo un gesto personalizador que restaure la relación entre ellos al nivel que corresponde entre dos seres humanos, por eso quiere que él admita la verdad y le pida perdón. La aceptación por parte de su interrogador de que aquello fue horrible y de que le ha dejado casi tan profundamente afectado como a ella le parece suficiente para saldar la deuda y pasar página. Ella nunca ha querido una venganza que la convierta en agente de la violencia que ha aprendido a aborrecer. No quiere que ninguna criatura vuelva a vivir un horror similar ni la terrible secuela de no poder sentirse seguro nunca más. Nuestro ‘perdido’ iraquí le abre su corazón confesando que su rostro, junto al de muchas otras víctimas, se le hace a menudo presente cargándole de culpabilidad. El sincero intercambio entre ambos aportará paz al interior de estas dos personas.
El gato que, entre otros animales, recibe la visita de Sayid en la Llama, trae inmediatamente a la memoria de nuestro musulmán la mujer que en aquella ocasión le ofreció su perdón, en una sublime lección de respeto y de capacidad de reconciliación. Sayid no va a dejar por eso de analizar atentamente cada palabra, gesto y movimiento de su posible enemigo ni cada detalle de su entorno, pero desde una especial sensibilidad en contra de toda violencia innecesaria. Por eso le desagrada sobremanera que Kate golpee a la señora Klugh una vez que ha sido sometida –y más aún que la mate el propio Mikhail– y se verá inclinado a tratar con respeto a su prisionero.
El solitario ruso probablemente ha vivido durante su etapa en el ejército soviético experiencias similares a las de Sayid. Él mismo dice que tras años de haber llevado a cabo actos horribles contra sus enemigos se sintió atraído por un anuncio de la Iniciativa Dharma que ofrecía alistarse para salvar el mundo (aunque esta parte fuera mentira y la verdad es que fue reclutado por los Otros, probablemente al estilo de como lo fue Juliet [3.7]). Está claro que además de estar acostumbrado a herir (a Sayid) y a matar (a la señora Klugh) el hombre del parche en el ojo es experto en curar, lo que probablemente inspira gran respeto a nuestro iraquí. Ambos tienen también en común su habilidad en el campo de las telecomunicaciones, por lo que les va a ser fácil adivinarse mutuamente sus intenciones. El paralelismo entre ambos personajes queda subrayado por el nombre de Nadia, relacionado para los dos con una mujer especialmente admirada.
Tanto en el caso de Sami como en el de Mikhail, Sayid se encuentra ante alguien con quien tiene algo en común (nacionalidad y experiencia militar respectivamente), algo que en principio podría inspirarle una cierta camaradería, pero en ambos casos, una enemistad insuperable –por algo ocurrido en el pasado en contra de sus respectivos grupos o seres queridos– les separa irremisiblemente. Amira se yergue como testigo de la posibilidad de reconciliación, pero las hostilidades declaradas entre dos personas enemigas –o dos bandos enemigos– suelen levantar sospechas que impulsan apremiantes movimientos de ataque o defensa, sin dejar transcurrir el tiempo necesario para que cambie la perspectiva sobre esa persona que se percibe como una amenaza. Es el caso, por desgracia mucho más frecuente, que impulsa a Mikhail a disparar a Sayid antes de preguntar y a Sami a atacarle sin piedad aún sin poder estar totalmente seguro de su culpabilidad. Sayid, que ya ha aprendido mucho sobre el perdón muestra sin embargo frente al ruso una tendencia conciliatoria desde el principio, aún después de haber sido disparado.
El mismo tema de una enemistad que impulsa a atacar indiscriminadamente reaparece en el relato del ruso sobre la guerra –o purga– entre la gente de Dharma y los Hostiles. Los dos grupos que habitaban en la isla no pudieron convivir en paz sino que los Hostiles acabaron con la comunidad de científicos. Del mismo modo la posible interacción amistosa entre los supervivientes del avión siniestrado y los misteriosos Otros (u Hostiles) queda de nuevo abortada en una escaramuza que termina con un herido, un cadáver y un prisionero.
Sayid, además de una sorprendente capacidad de clemencia, demuestra en su aventura en la Llama su admirable arrojo, inteligencia y generosidad. Se arriesga como voluntario a acercarse para un reconocimiento más cercano de la extraña granja y de su habitante, para luego aguantar estoicamente un disparo en el brazo, la extracción de la bala y el pinchazo de los puntos, siendo consciente todo el rato de la mentira que está representando su provisional ‘doctor’. Locke, por su parte, nos sorprende dedicándose completamente a lo suyo y olvidando que forma parte de un equipo (que normalmente tiende a querer liderar). En vez de interesarse por el que parece ser un representante de la Iniciativa Dharma y por la información que se podría obtener de él (como hacen Kate y Sayid y se podría esperar especialmente de Locke), se obsesiona con ganar el juego de ajedrez al que es invitado por un ordenador. El ajedrez simboliza de nuevo la terrible oposición a muerte entre grupos que comparten un terreno común, pero que en vez de colaborar pelean incansablemente por hacerse con el poder, aunque esto suponga que ambos bandos queden en su mayoría esquilmados.
De hecho, la perseverancia de Locke en su intento de ganar este juego resulta finalmente destructiva: se ve recompensada con nuevas instrucciones –en su mayoría obsoletas– del Dr. Candle (o como se llame este hombre en realidad), de las cuales sólo una parece seguir vigente, “si ha habido una incursión hostil en la estación, introducir 77”. Este código al parecer activa las cargas explosivas que alguien ha dispuesto por toda la estación. Cuando John se acerca al ordenador para jugar al ajedrez se muestra claramente una cámara fijada en lo alto de la pared cuyo piloto rojo indica que está activa. Es posible que alguno de los Otros u otra persona diferente esté vigilando en directo esta habitación de la Llama e incluso sea capaz de operar el ordenador a distancia, jugando la partida de ajedrez contra Locke mientras le deja creer que está jugando contra una máquina (Mikhail le comenta que el ordenador a veces hace trampas). Este supuesto observador podría también haber hecho que John accediera a las instrucciones del Dr. Candle y de este modo haber inducido que el ex-paralítico hiciera explotar la estación de comunicaciones.
Locke destruye así toda posibilidad de aprovechar el valioso equipamiento, suministro, animales e información de la recién descubierta estación Dharma. Sus acciones desconciertan de nuevo a Sayid, que desde el principio de esta temporada no acaba de aclararse con el tipo de liderazgo que está ejerciendo el calvo explorador, empezando ya en este mismo episodio a cuestionar la racionalidad de que estuvieran siguiendo el rumbo marcado en el bastón de Eko. Se trata en este caso de una divergencia entre amigos que en principio están en el mismo bando, pero que podría conducirles a todo tipo de conflictos en el futuro.
Mientras tanto los supervivientes que esperan en la playa han encontrado una manera pacífica de resolver un conflicto que enfrentaba a Sawyer con el resto de la comunidad, obligándole a compartir sus cosas con todo el campamento y, lo que para él es aún más difícil, a desistir por una semana de aplicar apodos ofensivos a diestro y siniestro. El que en su momento se autoproclamó “nuevo sheriff del pueblo” (2.13) vuelve a encontrarse destituido del poder que él cree obtener por medio de sus posesiones. Enormemente preocupado por la ausencia de Kate, James tendrá que aprender a ser uno más en la comunidad sin ningún tipo de ventajas o prerrogativas. Tampoco podrá expresar su agresividad o sentido de superioridad con sus insultos. Hurley, siguiendo las huellas de Jack (2.17) ha utilizado su habilidad como jugador de ping-pong para poner al rebelde sureño en su sitio y no dejarle aprovecharse de la gente.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- El tema principal de este episodio es la hostilidad entre enemigos y la posibilidad de superarla en un cierto respeto y entendimiento mutuo. La postura ideal está representada en la intervención de Amira en defensa del gato, que aún a veces araña a su salvadora, y a favor de perdonar a su antiguo agresor, siempre que éste reconozca y aborrezca lo que hizo. Este ejemplo influirá en la tendencia de Sayid a superar el rencor y a tratar con clemencia a sus enemigos, aunque le acaben de disparar o le amenacen con matarle en cuanto se descuide (como vimos en 2.8 con respecto a Ana y en este episodio con respecto a Mikhail, aunque en 2.14 y 2.18 había recaído en su tendencia a torturar a un prisionero). Es importante constatar cómo el paso de reconocer la verdad de los hechos es importante en el proceso de reconciliación: no se trata de olvidar lo que pasó sino de reconocer juntos que fue algo horrible que produce secuelas tanto en el torturador como en el torturado, de comprometerse juntos a impedir que algo así vuelva a ocurrir. Es triste sin embargo que Amira no considera la posibilidad de que Sami también perdone a Sayid; su marido parece entregado a la idea de vengar el dolor que vivió su mujer y la terrible inseguridad que la acosa desde entonces.
- La influencia del perdón de Amira llega mucho más allá de aquella habitación en París. Sayid se verá impulsado desde entonces a perdonar como fue perdonado. Cada perdón responde así a una larga cadena de perdones: cuando uno reconoce que hace muchas cosas mal y siente el alivio de haber sido perdonado experimenta una mayor inclinación a ser clemente con los fallos de los demás. Por eso cada pequeño gesto de perdón puede tener un alcance inusitado. Pero del mismo modo que el perdón engendra perdón la violencia engendra violencia, como ocurre en este episodio en el caso de Sami.
- Por otra parte hemos visto que Mikhail quería ser bueno y ayudar a salvar el mundo tras haber hecho daño a muchos enemigos en la guerra. Se resiste a matar a su compañera, que prefiere morir a traicionar a su gente. Ese sentido de la obligación con respecto a una causa mayor es la que al final prevalece y le fuerza a disparar a la señora Klugh. Es difícil juzgar a este nuevo personaje sin conocer bien su contexto, pero su solicitud en curar a Sayid, en sacarle la misma bala que él mismo le había incrustado, indica que no es tan mala persona. Por otro lado tenemos la fría indiferencia de Danielle, que no se implica con ninguno de los dos bandos y ante un posible peligro pasa de ayudar a los que han buscado su alianza en una tarea de rescate. Aliados que se esfuman, enemigos que se curan, amigos que se matan, una estación preprogramada para autodestruirse, haciendo volar por los aires todos sus valiosos recursos... todas ellas son distintas formas de afrontar conflictos, por supuesto de muy diversa importancia y gravedad. La serie nuevamente nos ofrece interesantes paradojas que nos invitan a abrir nuestros ojos y mirar de una manera nueva las aparentes amistades o enemistades que nos rodean.
Amparo
domingo, 16 de diciembre de 2007
3.10. Tricia Tanaka ha muerto
Hurley echa de menos a Libby. Ante su tumba, relata a su amiga muerta las últimas novedades: que los Otros se llevaron a Jack, Kate, y Sawyer –liberándole a él para que advirtiera a los demás de que no se acerquen nunca por el Otro lado de la isla (2.24)– y que hace un par de días Eko ha muerto a manos del monstruo (3.5). Debido a estos acontecimientos están todos muy asustados, pero Hugo Reyes confiesa a su chica que él siempre lo ha estado en la isla, excepto en su compañía...
Por si todo esto fuera poco, su amigo Charlie se está comportando de una forma muy rara desde la noche en la que Desmond se sinceró con él (3.8). El joven rockero está pasando por una grave crisis existencial, ya que en las visiones de futuro del escocés aparece muriendo una y otra vez, y es claro que no siempre será posible evitarlo. Al oir sobre estos extraños presagios Hurley vuelve a sentir el peso de la maldición que le persiguió tras ganar la lotería: pues no sólo ha sufrido junto a los demás el horrible accidente de avión, los misteriosos peligros de la isla y la muerte de su amiga más especial, sino que ya antes fue testigo de una extraordinaria cantidad de accidentes ocurridos en su entorno (1.18). La horrible sensación de ser un gafe para las personas más cercanas vuelve a embargarle. Sin embargo este día, tras hablar con Libby, tiene tendencia a interpretar que es posible un cambio de suerte, que las cosas van a empezar a salir bien. Dos acontecimientos van a interpelarle especialmente en este sentido: la visita del perro Vincent con su extraño hallazgo y la vuelta de Sawyer y Kate, liberados por fin de su cautividad entre los Otros.
Vincent llega corriendo de la selva llevando entre los dientes un brazo momificado del que cuelga un llavero de la suerte (por la pata de conejo) con una llave. Curioso trofeo, pues por una parte inspira aversión y miedo (Charlie no se encuentra con ánimos para ponerse a buscar esqueletos mancos) y por otra puede despertar un esperanzado interés en investigar qué es lo que podría abrirse con esa llave. Hurley se lanza en persecución del perro, decidido a atreverse a esperar ese cambio de suerte que tanto anhela y dispuesto a actuar para hacer que sea posible, ya que –como le solía decir su padre– la buena suerte se la busca uno... Poco después encuentra al dueño del brazo momificado (el esqueleto del operario Roger) y el objeto al que corresponden las llaves: una furgoneta Dharma medio enterrada en la maleza. Con la ayuda de Jin se empeña en reparar el oxidado vehículo para hacerlo funcionar: porque le gustan los automóviles y cree que esto puede ayudarles a pasar un buen rato en vez de tanto preocuparse por los Otros y por el monstruo, pero también porque para él sería un signo de que la buena suerte por fin se ha puesto de su lado. Cuando al cabo de un rato de inspecciones y debates en inglés-coreano ve llegar a Sawyer, vivito y coleando –y, como es típico en él, protestando por las cosas que le han quitado–, Hurley se siente feliz y totalmente seguro de que todo va a salir bien. La densa niebla que desde aquel día en el muelle ahogaba su corazón, por la desazón de haber tenido que irse dejando a sus amigos cautivos, se levanta al ver de vuelta a uno de los entonces secuestrados. Además se entera de que Kate también está libre, por lo que sólo falta Jack, pero nuestro amigo Hugo, totalmente optimista ante las buenas nuevas, prefiere ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío y se atreve a proclamar que Jack sin duda también se pondrá a salvo.
Sawyer, que había ido en busca de Hurley en actitud beligerante, se sorprende de la enorme alegría del muchacho al verle de nuevo y decide quedarse con él y con Jin para poner en pie la furgoneta y explorar el prometedor contenido de su maletero. Tras el requerido esfuerzo físico se contenta con pasar el rato en compañía de Roger-Skeletor degustando unas cervezas añejas y enseñando algo de inglés a Jin (no suponía Sun aquella mañana que su marido encontraría tan pronto un profesor tan eficaz). Pero Hurley ha comprobado que su sola esperanza no es suficiente para poner en marcha este vehículo, aunque se resiste a creer que sea imposible: necesita hacerlo funcionar para comprobar que ha vencido a la persistente mala suerte que durante tanto tiempo le acompaña.
Un automóvil averiado simbolizó para Hurley desde pequeño la relación truncada con su padre. Iban a arreglarlo juntos y papá Reyes incluso incitó a Hugo a que desafiara la lógica y se atreviera a esperar lo imposible, a buscarse su propia suerte, intentando arrancarlo sin haber cambiado el carburador. Pero tras comunicar al muchacho esta curiosa enseñanza vital el padre abandona a su familia, dejando pendiente a su hijo la promesa de un viaje juntos al Cañón del Colorado, una vez reparado el coche. Diecisiete años después David Reyes vuelve a casa, por petición de la madre de Hurley que quiere que ayude a su hijo a superar la obsesión con los números malditos. Hurley está asustado porque lo que ocurre está totalmente fuera de control: ¿tenía que caer un meteorito precisamente en su nuevo establecimiento de pollo frito y precisamente cuando una periodista y su operario de cámara estaban dentro? Por muy increíble que esto pudiera parecer las consecuencias son terriblemente reales: Tricia Tanaka ha muerto y Hurley no sabe cómo hacer para evitar más muertes. Sólo se le ocurre renunciar al dinero ganado en la lotería, despedir a sus empleados y marcharse a Australia a seguir la pista que le dio Lenny sobre los extraños números (1.18). Su padre quiere impedirlo y trama una estratagema con una vidente, pero Hurley descubre el engaño y decide finalmente volar a Sydney, pues no puede aguantar más esta situación. Su reconciliación con su padre queda pendiente de nuevo, siendo esta vez Hurley el que se ausenta. El viejo Camaro seguirá esperando un carburador nuevo para poder viajar con padre e hijo al Gran Cañón.
Es quizás esa tarea pendiente con su padre, esa carencia paternal simbolizada en que no pudieron arreglar juntos el coche y disfrutar juntos de un viaje en él, lo que impulsa a Hurley a poner en marcha como sea el armatoste que ha descubierto en la selva. Ha vuelto a albergar la inocente esperanza que tenía de pequeño, que puja ahora por vencer la creciente desesperación producida por los números malditos. Necesita completar con éxito esta tarea que se ha propuesto y sentir que la suerte está de nuevo de su lado. Además, nuestro protagonista de hoy, con su habitual perspicacia para captar las necesidades anímicas de sus compañeros, cree que algo muy parecido necesita su amigo Charlie.
Ambos amigos se compinchan para desafíar a la ley de la gravedad, a la mecánica, a la muerte predestinada y al gafe de los números malditos, sentados al frente de la furgoneta que Jin y Sawyer empujan desde el borde de una empinadísima ladera (que no es el Gran Cañón, pero sí lo más parecido que encontraron a mano en la isla). El vehículo empieza a rodar descontrolado ladera abajo aproximándose peligrosamente a las enormes rocas que pueblan el fondo del valle. Ambos han puesto su vida en una especie de ruleta de la muerte: si el motor se puede arrancar en marcha podrán controlar el vehículo y salir victoriosos de esta aventura, pero si está dañado sin posibilidad de volver a funcionar de nuevo probablemente serán víctimas de algún violento choque o vuelco de consecuencias imprevisibles. La osada apuesta con el destino se resuelve a favor de nuestros amigos y los cuatro compañeros disfrutan finalmente de un paseo motorizado por el valle al ritmo de la alegre y despreocupada canción “Shambala” (de Three Dog Night) que empezó a sonar en el aparato de música de la furgoneta cuando ésta se puso en marcha. De esta forma la influencia de papá Reyes, su consejo de que en este mundo cada uno debe buscar su propia suerte, consigue finalmente ayudar a Hurley a superar la obsesión sobre la maldición, como el buen hombre se propuso al volver con su hijo millonario después de tan largos años.
Al anochecer, Hurley se queda un rato más disfrutando de su nuevo juguete aun cuando Jin, Charlie y Sawyer vuelven al campamento regocijados y con ganas de compartir las aventuras del día con sus medias naranjas. Pero mientras que Jin se acerca cariñoso a Sun y Charlie a Claire, Sawyer –tras buscar con su mirada infructuosamente a la pecosa– debe conformarse con la compañía de su recién adquirida cerveza.
Kate había intentado aclarar su situación con James, pidiéndole que se disculpara por sus ofensivas palabras tras marcharse Karl (3.9), pero no parece que el rebelde sureño tuviera ganas de hablar del asunto, por lo que la joven, resignada, llega al campamento sin saber muy bien a qué atenerse con respecto a su relación con él. Lo que sí tiene claro es que va a partir en seguida en busca de Jack, pero al ver que nadie había organizado la búsqueda de ellos tres cuando estaban cautivos, desiste de pedir ayuda a la gente de su campamento, emprendiendo sola su expedición de rescate. Ha contestado solícita las preguntas de Sayid y Locke, pero no cuenta con ellos, ni con Sawyer, pues tiene muy claro lo que él piensa al respecto. Ni siquiera le busca para despedirse, pero ya sabemos que a Kate no le gustan las despedidas (1.23). La audaz exploradora sólo quiere la ayuda cualificada y motivada de alguien en una situación similar a ella: ¿estará Danielle Rousseau dispuesta a acompañar a Kate en el rescate de Jack por la posibilidad de recuperar a su hija Álex?
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Uno de los símbolos más interesantes de este episodio, precisamente por su extrema ambivalencia, es el brazo muerto de Roger portando la esperanza de una llave liberadora. Representa cierto tipo de regalos que a veces ofrece la vida envueltos en una apariencia que produce rechazo. Algo similar sería la bofetada que Hurley da a Charlie: un acto en apariencia hostil pero realizado con la intención positiva de ayudar (quizás Hugo recordaba la bofetada que su madre le propinó para que dejara de hablar de la mala suerte en términos de maldición). La furgoneta corroída es otro ejemplo de objeto en apariencia inútil y repulsivo, pero que sin embargo se convierte en instrumento de esperanza y de diversión para los ‘perdidos’. Se nos ha presentado a Hurley como el experto en captar este tipo de paradojas, el personaje que mejor ha desarrollado ese instinto que no se deja engañar por las apariencias. Probablemente le ayuda en esto la experiencia contraria: algo tan maravillosos como que le tocara la lotería resultó ser una terrible desgracia para una gran cantidad de gente que le rodeaba. Otro personaje nos recuerda este mismo principio de que las cosas no son siempre como en principio parecen ser: David Reyes vuelve con su familia, tras haberles abandonado 17 años antes, porque le atraen los millones ganados en la lotería por su hijo. Pero una vez que vuelve a convivir con ellos, el dinero deja de importarle y llega a preocuparle sobre todo el bienestar de Hurley, ofreciéndole su cariño y apoyo y esforzándose por recuperar la estrecha relación paterno-filial que tenían cuando su hijo era un niño.
Todos estos eventos nos recuerdan que las cosas de apariencia funesta pueden albergar un misterioso regalo en su interior, pero también las personas que parecen hacernos daño pueden estar haciéndonos un favor, o incluso quien en principio está obrando de forma meramente interesada puede dejarse vencer por sus buenos sentimientos y empezar a comportarse solidaria y compasivamente con quien lo está pasando mal. En consonancia con esto se ofrece también en este episodio dos veces la oportunidad de olvidar las ofensas del pasado en una relación (limpiar la pizarra como Kate sugiere a Sawyer) para empezar de nuevo (como le pide David a Hurley). Sirva esta reflexión como invitación a mirar más allá de la primera impresión que nos producen las cosas y las personas y a aprender a leer en ellas el posible potencial positivo que en sí albergan.
- El tema central de este episodio es, sin embargo, la importancia de mantener viva la esperanza. De hecho es uno de los temas centrales de la serie, que se aborda esta vez desde una nueva perspectiva. Por un lado, representando el extremo pesimista, Sawyer pasa de todo tipo de esperanza, que en su opinión no es posible en esta isla. Por otro lado tenemos a Charlie reflexionando sobre la espada de Damocles que cuelga sobre su cabeza; este personaje está muy confuso y no sabe bien si desesperar o atreverse a esperar. Hurley, por su parte, aunque acosado por continuas desgracias, reaviva su natural optimismo recordando la consigna de su padre de que la propia actitud también cuenta. La esperanza no es algo que meramente le sea a uno dada o quitada desde las circunstancias externas, sino que es posible esperar contra toda esperanza, es decir, aún cuando parezca que es totalmente ilógico esperar. Hugo cree, acertadamente, que esta es una actitud que se debe entrenar y pone por ello toda su cabeza y su corazón en conseguir un objetivo en apariencia irrelevante.
Aprendemos también que no se trata de creer en que algo va a ocurrir y esperar a que se realice solo: nuestro amigo no consigue arrancar la furgoneta, por mucho que lo deseara, sólo accionando la llave del contacto (aunque intentar arrancarla era claramente el primer paso). Lo que pasa es que cuando crees que algo es importante y que puede llegar a ocurrir, dedicas el tiempo suficiente a esforzarte por contribuir a que sea posible, facilitando mucho de este modo que realmente suceda (piensa en lo que haces cuando verdaderamente crees que es posible aprobar un examen, promover un cambio social, sanar una relación que está dañada, etc.) A fuerza de darle vueltas (e incluso rezar por ello) a Hurley le viene la idea de cómo hacer para arrancar esta aparente chatarra. Pero tener una idea no lo es todo, para que funcione debes ponerla en práctica asumiendo ciertos peligros si es necesario. Y aquí está el quid de la cuestión: la verdadera esperanza se muestra cuando al actuar de acuerdo a ella uno asume un riesgo importante. No asume el riesgo el que cree que no va a salir bien (uno no apuesta a la lotería si no cree que puede ganar), de modo que la medida de lo que pones en juego es la medida de lo vigorosa que es tu esperanza.
Pero Hurley y Charlie están poniendo en peligro sus vidas por un objetivo absolutamente desproporcionado: hacer que funcione una vieja furgoneta. Debemos tener en cuenta aquí la desesperación angustiosa de la que proceden y el elemento de compañerismo solidario. Lo que ellos quieren creer, aquello en lo que desean tener esperanza, no es sólo en que un motor oxidado arranque, sino en que sus vidas tienen sentido, que no van a acabar en un mero accidente o a conducir a una cadena interminable de desgracias, sino que su profunda amistad y sus ganas de vivir tienen un sentido más allá de la mera casualidad (sea accidental o misteriosamente intencionada) de lo que ocurre en la isla. Poder demostrarse a sí mismos que es posible esta esperanza es aquello por lo que les merece la pena arriesgar sus vidas, poder superar la desesperación propia y la de su mejor amigo es lo que impulsa a Charlie y a Hurley a compartir juntos esta locura (curiosa paradoja la de que un desesperado puede ser capaz de arriesgar más que el que tiene una gran esperanza).
- En resonancia con este tema la serie ha tratado una y otra vez la esperanza de Locke en que la isla logre dar un sentido especial a su hasta ahora penosa vida y cómo no ha dudado en arriesgar su vida e incluso la de algunos de sus compañeros (1.19, 1.25, 2.1, 2.17, 2.22, 2.23) por hacer posible este ideal, en una esperanza sospechosa de poder estar bastante desviada o manipulada. Por otro lado el bueno de Jack se nos ha presentado como un doctor capaz hasta de dejarse la vida en su empeño por curar como sea a cada paciente que cae en sus manos, animado por una esperanza a veces aparentemente ilógica (1.3, 1.11, 1.20, 2.11). Y a veces se nos ha presentado esta cuestión como un defecto de Jack: su incapacidad para aceptar que ocurran cosas desagradables que están fuera de su control. Nuevamente nos encontramos con la típica ambigüedad de los temas lostianos: la imprescindible esperanza llevada a un extremo patológico puede resultar insana. El caso de Hurley y Charlie está en el límite de la locura, impulsado como decíamos, por una cierta desesperación. Probablemente hubiera sido más sensato pararles los pies y no dejarles lanzarse así al vacío (Sawyer y Jin lo intentan, pero curiosamente ellos mismos se contagian del entusiasmo de Hurley y acaban empujando a sus amigos a una posible muerte). Hugo ya había estado una vez a punto de creer que su salvación consistía en tirarse por un barranco (2.18). Aquella propuesta aparece ahora reformulada de una manera más asequible: nuestros amigos necesitan creer o morir –victoria o muerte– , por eso deciden hacer una prueba máxima de fe, de confianza en la suerte, en la vida o en Dios (puesto que ambos son en algún modo creyentes). Este ejemplo tan límite se gana nuestro respeto porque al resultar victorioso les supone una verdadera liberación a todos los implicados, pero no deja de ser un caso extremo en el que tentar a la suerte (o tentar a Dios) se convierte en un juego altamente peligroso y totalmente desaconsejable.
Amparo
Por si todo esto fuera poco, su amigo Charlie se está comportando de una forma muy rara desde la noche en la que Desmond se sinceró con él (3.8). El joven rockero está pasando por una grave crisis existencial, ya que en las visiones de futuro del escocés aparece muriendo una y otra vez, y es claro que no siempre será posible evitarlo. Al oir sobre estos extraños presagios Hurley vuelve a sentir el peso de la maldición que le persiguió tras ganar la lotería: pues no sólo ha sufrido junto a los demás el horrible accidente de avión, los misteriosos peligros de la isla y la muerte de su amiga más especial, sino que ya antes fue testigo de una extraordinaria cantidad de accidentes ocurridos en su entorno (1.18). La horrible sensación de ser un gafe para las personas más cercanas vuelve a embargarle. Sin embargo este día, tras hablar con Libby, tiene tendencia a interpretar que es posible un cambio de suerte, que las cosas van a empezar a salir bien. Dos acontecimientos van a interpelarle especialmente en este sentido: la visita del perro Vincent con su extraño hallazgo y la vuelta de Sawyer y Kate, liberados por fin de su cautividad entre los Otros.
Vincent llega corriendo de la selva llevando entre los dientes un brazo momificado del que cuelga un llavero de la suerte (por la pata de conejo) con una llave. Curioso trofeo, pues por una parte inspira aversión y miedo (Charlie no se encuentra con ánimos para ponerse a buscar esqueletos mancos) y por otra puede despertar un esperanzado interés en investigar qué es lo que podría abrirse con esa llave. Hurley se lanza en persecución del perro, decidido a atreverse a esperar ese cambio de suerte que tanto anhela y dispuesto a actuar para hacer que sea posible, ya que –como le solía decir su padre– la buena suerte se la busca uno... Poco después encuentra al dueño del brazo momificado (el esqueleto del operario Roger) y el objeto al que corresponden las llaves: una furgoneta Dharma medio enterrada en la maleza. Con la ayuda de Jin se empeña en reparar el oxidado vehículo para hacerlo funcionar: porque le gustan los automóviles y cree que esto puede ayudarles a pasar un buen rato en vez de tanto preocuparse por los Otros y por el monstruo, pero también porque para él sería un signo de que la buena suerte por fin se ha puesto de su lado. Cuando al cabo de un rato de inspecciones y debates en inglés-coreano ve llegar a Sawyer, vivito y coleando –y, como es típico en él, protestando por las cosas que le han quitado–, Hurley se siente feliz y totalmente seguro de que todo va a salir bien. La densa niebla que desde aquel día en el muelle ahogaba su corazón, por la desazón de haber tenido que irse dejando a sus amigos cautivos, se levanta al ver de vuelta a uno de los entonces secuestrados. Además se entera de que Kate también está libre, por lo que sólo falta Jack, pero nuestro amigo Hugo, totalmente optimista ante las buenas nuevas, prefiere ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío y se atreve a proclamar que Jack sin duda también se pondrá a salvo.
Sawyer, que había ido en busca de Hurley en actitud beligerante, se sorprende de la enorme alegría del muchacho al verle de nuevo y decide quedarse con él y con Jin para poner en pie la furgoneta y explorar el prometedor contenido de su maletero. Tras el requerido esfuerzo físico se contenta con pasar el rato en compañía de Roger-Skeletor degustando unas cervezas añejas y enseñando algo de inglés a Jin (no suponía Sun aquella mañana que su marido encontraría tan pronto un profesor tan eficaz). Pero Hurley ha comprobado que su sola esperanza no es suficiente para poner en marcha este vehículo, aunque se resiste a creer que sea imposible: necesita hacerlo funcionar para comprobar que ha vencido a la persistente mala suerte que durante tanto tiempo le acompaña.
Un automóvil averiado simbolizó para Hurley desde pequeño la relación truncada con su padre. Iban a arreglarlo juntos y papá Reyes incluso incitó a Hugo a que desafiara la lógica y se atreviera a esperar lo imposible, a buscarse su propia suerte, intentando arrancarlo sin haber cambiado el carburador. Pero tras comunicar al muchacho esta curiosa enseñanza vital el padre abandona a su familia, dejando pendiente a su hijo la promesa de un viaje juntos al Cañón del Colorado, una vez reparado el coche. Diecisiete años después David Reyes vuelve a casa, por petición de la madre de Hurley que quiere que ayude a su hijo a superar la obsesión con los números malditos. Hurley está asustado porque lo que ocurre está totalmente fuera de control: ¿tenía que caer un meteorito precisamente en su nuevo establecimiento de pollo frito y precisamente cuando una periodista y su operario de cámara estaban dentro? Por muy increíble que esto pudiera parecer las consecuencias son terriblemente reales: Tricia Tanaka ha muerto y Hurley no sabe cómo hacer para evitar más muertes. Sólo se le ocurre renunciar al dinero ganado en la lotería, despedir a sus empleados y marcharse a Australia a seguir la pista que le dio Lenny sobre los extraños números (1.18). Su padre quiere impedirlo y trama una estratagema con una vidente, pero Hurley descubre el engaño y decide finalmente volar a Sydney, pues no puede aguantar más esta situación. Su reconciliación con su padre queda pendiente de nuevo, siendo esta vez Hurley el que se ausenta. El viejo Camaro seguirá esperando un carburador nuevo para poder viajar con padre e hijo al Gran Cañón.
Es quizás esa tarea pendiente con su padre, esa carencia paternal simbolizada en que no pudieron arreglar juntos el coche y disfrutar juntos de un viaje en él, lo que impulsa a Hurley a poner en marcha como sea el armatoste que ha descubierto en la selva. Ha vuelto a albergar la inocente esperanza que tenía de pequeño, que puja ahora por vencer la creciente desesperación producida por los números malditos. Necesita completar con éxito esta tarea que se ha propuesto y sentir que la suerte está de nuevo de su lado. Además, nuestro protagonista de hoy, con su habitual perspicacia para captar las necesidades anímicas de sus compañeros, cree que algo muy parecido necesita su amigo Charlie.
Ambos amigos se compinchan para desafíar a la ley de la gravedad, a la mecánica, a la muerte predestinada y al gafe de los números malditos, sentados al frente de la furgoneta que Jin y Sawyer empujan desde el borde de una empinadísima ladera (que no es el Gran Cañón, pero sí lo más parecido que encontraron a mano en la isla). El vehículo empieza a rodar descontrolado ladera abajo aproximándose peligrosamente a las enormes rocas que pueblan el fondo del valle. Ambos han puesto su vida en una especie de ruleta de la muerte: si el motor se puede arrancar en marcha podrán controlar el vehículo y salir victoriosos de esta aventura, pero si está dañado sin posibilidad de volver a funcionar de nuevo probablemente serán víctimas de algún violento choque o vuelco de consecuencias imprevisibles. La osada apuesta con el destino se resuelve a favor de nuestros amigos y los cuatro compañeros disfrutan finalmente de un paseo motorizado por el valle al ritmo de la alegre y despreocupada canción “Shambala” (de Three Dog Night) que empezó a sonar en el aparato de música de la furgoneta cuando ésta se puso en marcha. De esta forma la influencia de papá Reyes, su consejo de que en este mundo cada uno debe buscar su propia suerte, consigue finalmente ayudar a Hurley a superar la obsesión sobre la maldición, como el buen hombre se propuso al volver con su hijo millonario después de tan largos años.
Al anochecer, Hurley se queda un rato más disfrutando de su nuevo juguete aun cuando Jin, Charlie y Sawyer vuelven al campamento regocijados y con ganas de compartir las aventuras del día con sus medias naranjas. Pero mientras que Jin se acerca cariñoso a Sun y Charlie a Claire, Sawyer –tras buscar con su mirada infructuosamente a la pecosa– debe conformarse con la compañía de su recién adquirida cerveza.
Kate había intentado aclarar su situación con James, pidiéndole que se disculpara por sus ofensivas palabras tras marcharse Karl (3.9), pero no parece que el rebelde sureño tuviera ganas de hablar del asunto, por lo que la joven, resignada, llega al campamento sin saber muy bien a qué atenerse con respecto a su relación con él. Lo que sí tiene claro es que va a partir en seguida en busca de Jack, pero al ver que nadie había organizado la búsqueda de ellos tres cuando estaban cautivos, desiste de pedir ayuda a la gente de su campamento, emprendiendo sola su expedición de rescate. Ha contestado solícita las preguntas de Sayid y Locke, pero no cuenta con ellos, ni con Sawyer, pues tiene muy claro lo que él piensa al respecto. Ni siquiera le busca para despedirse, pero ya sabemos que a Kate no le gustan las despedidas (1.23). La audaz exploradora sólo quiere la ayuda cualificada y motivada de alguien en una situación similar a ella: ¿estará Danielle Rousseau dispuesta a acompañar a Kate en el rescate de Jack por la posibilidad de recuperar a su hija Álex?
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Uno de los símbolos más interesantes de este episodio, precisamente por su extrema ambivalencia, es el brazo muerto de Roger portando la esperanza de una llave liberadora. Representa cierto tipo de regalos que a veces ofrece la vida envueltos en una apariencia que produce rechazo. Algo similar sería la bofetada que Hurley da a Charlie: un acto en apariencia hostil pero realizado con la intención positiva de ayudar (quizás Hugo recordaba la bofetada que su madre le propinó para que dejara de hablar de la mala suerte en términos de maldición). La furgoneta corroída es otro ejemplo de objeto en apariencia inútil y repulsivo, pero que sin embargo se convierte en instrumento de esperanza y de diversión para los ‘perdidos’. Se nos ha presentado a Hurley como el experto en captar este tipo de paradojas, el personaje que mejor ha desarrollado ese instinto que no se deja engañar por las apariencias. Probablemente le ayuda en esto la experiencia contraria: algo tan maravillosos como que le tocara la lotería resultó ser una terrible desgracia para una gran cantidad de gente que le rodeaba. Otro personaje nos recuerda este mismo principio de que las cosas no son siempre como en principio parecen ser: David Reyes vuelve con su familia, tras haberles abandonado 17 años antes, porque le atraen los millones ganados en la lotería por su hijo. Pero una vez que vuelve a convivir con ellos, el dinero deja de importarle y llega a preocuparle sobre todo el bienestar de Hurley, ofreciéndole su cariño y apoyo y esforzándose por recuperar la estrecha relación paterno-filial que tenían cuando su hijo era un niño.
Todos estos eventos nos recuerdan que las cosas de apariencia funesta pueden albergar un misterioso regalo en su interior, pero también las personas que parecen hacernos daño pueden estar haciéndonos un favor, o incluso quien en principio está obrando de forma meramente interesada puede dejarse vencer por sus buenos sentimientos y empezar a comportarse solidaria y compasivamente con quien lo está pasando mal. En consonancia con esto se ofrece también en este episodio dos veces la oportunidad de olvidar las ofensas del pasado en una relación (limpiar la pizarra como Kate sugiere a Sawyer) para empezar de nuevo (como le pide David a Hurley). Sirva esta reflexión como invitación a mirar más allá de la primera impresión que nos producen las cosas y las personas y a aprender a leer en ellas el posible potencial positivo que en sí albergan.
- El tema central de este episodio es, sin embargo, la importancia de mantener viva la esperanza. De hecho es uno de los temas centrales de la serie, que se aborda esta vez desde una nueva perspectiva. Por un lado, representando el extremo pesimista, Sawyer pasa de todo tipo de esperanza, que en su opinión no es posible en esta isla. Por otro lado tenemos a Charlie reflexionando sobre la espada de Damocles que cuelga sobre su cabeza; este personaje está muy confuso y no sabe bien si desesperar o atreverse a esperar. Hurley, por su parte, aunque acosado por continuas desgracias, reaviva su natural optimismo recordando la consigna de su padre de que la propia actitud también cuenta. La esperanza no es algo que meramente le sea a uno dada o quitada desde las circunstancias externas, sino que es posible esperar contra toda esperanza, es decir, aún cuando parezca que es totalmente ilógico esperar. Hugo cree, acertadamente, que esta es una actitud que se debe entrenar y pone por ello toda su cabeza y su corazón en conseguir un objetivo en apariencia irrelevante.
Aprendemos también que no se trata de creer en que algo va a ocurrir y esperar a que se realice solo: nuestro amigo no consigue arrancar la furgoneta, por mucho que lo deseara, sólo accionando la llave del contacto (aunque intentar arrancarla era claramente el primer paso). Lo que pasa es que cuando crees que algo es importante y que puede llegar a ocurrir, dedicas el tiempo suficiente a esforzarte por contribuir a que sea posible, facilitando mucho de este modo que realmente suceda (piensa en lo que haces cuando verdaderamente crees que es posible aprobar un examen, promover un cambio social, sanar una relación que está dañada, etc.) A fuerza de darle vueltas (e incluso rezar por ello) a Hurley le viene la idea de cómo hacer para arrancar esta aparente chatarra. Pero tener una idea no lo es todo, para que funcione debes ponerla en práctica asumiendo ciertos peligros si es necesario. Y aquí está el quid de la cuestión: la verdadera esperanza se muestra cuando al actuar de acuerdo a ella uno asume un riesgo importante. No asume el riesgo el que cree que no va a salir bien (uno no apuesta a la lotería si no cree que puede ganar), de modo que la medida de lo que pones en juego es la medida de lo vigorosa que es tu esperanza.
Pero Hurley y Charlie están poniendo en peligro sus vidas por un objetivo absolutamente desproporcionado: hacer que funcione una vieja furgoneta. Debemos tener en cuenta aquí la desesperación angustiosa de la que proceden y el elemento de compañerismo solidario. Lo que ellos quieren creer, aquello en lo que desean tener esperanza, no es sólo en que un motor oxidado arranque, sino en que sus vidas tienen sentido, que no van a acabar en un mero accidente o a conducir a una cadena interminable de desgracias, sino que su profunda amistad y sus ganas de vivir tienen un sentido más allá de la mera casualidad (sea accidental o misteriosamente intencionada) de lo que ocurre en la isla. Poder demostrarse a sí mismos que es posible esta esperanza es aquello por lo que les merece la pena arriesgar sus vidas, poder superar la desesperación propia y la de su mejor amigo es lo que impulsa a Charlie y a Hurley a compartir juntos esta locura (curiosa paradoja la de que un desesperado puede ser capaz de arriesgar más que el que tiene una gran esperanza).
- En resonancia con este tema la serie ha tratado una y otra vez la esperanza de Locke en que la isla logre dar un sentido especial a su hasta ahora penosa vida y cómo no ha dudado en arriesgar su vida e incluso la de algunos de sus compañeros (1.19, 1.25, 2.1, 2.17, 2.22, 2.23) por hacer posible este ideal, en una esperanza sospechosa de poder estar bastante desviada o manipulada. Por otro lado el bueno de Jack se nos ha presentado como un doctor capaz hasta de dejarse la vida en su empeño por curar como sea a cada paciente que cae en sus manos, animado por una esperanza a veces aparentemente ilógica (1.3, 1.11, 1.20, 2.11). Y a veces se nos ha presentado esta cuestión como un defecto de Jack: su incapacidad para aceptar que ocurran cosas desagradables que están fuera de su control. Nuevamente nos encontramos con la típica ambigüedad de los temas lostianos: la imprescindible esperanza llevada a un extremo patológico puede resultar insana. El caso de Hurley y Charlie está en el límite de la locura, impulsado como decíamos, por una cierta desesperación. Probablemente hubiera sido más sensato pararles los pies y no dejarles lanzarse así al vacío (Sawyer y Jin lo intentan, pero curiosamente ellos mismos se contagian del entusiasmo de Hurley y acaban empujando a sus amigos a una posible muerte). Hugo ya había estado una vez a punto de creer que su salvación consistía en tirarse por un barranco (2.18). Aquella propuesta aparece ahora reformulada de una manera más asequible: nuestros amigos necesitan creer o morir –victoria o muerte– , por eso deciden hacer una prueba máxima de fe, de confianza en la suerte, en la vida o en Dios (puesto que ambos son en algún modo creyentes). Este ejemplo tan límite se gana nuestro respeto porque al resultar victorioso les supone una verdadera liberación a todos los implicados, pero no deja de ser un caso extremo en el que tentar a la suerte (o tentar a Dios) se convierte en un juego altamente peligroso y totalmente desaconsejable.
Amparo
sábado, 8 de diciembre de 2007
3.9. Extraño en tierra extraña
Jack se ha quedado solo. Sawyer y Kate han escapado por fin y, muy a pesar de la pecosa, han decidido no intentar volver en busca del buen amigo que ha facilitado su huída (siguiendo sus propias instrucciones). Éste ha quedado prisionero entre los Otros y debido a su reciente amenaza de muerte hacia Ben no sabe si debe esperar una ejecución inminente o que Ben cumpla su promesa de dejarle volver a América. Pronto va a descubrir que en una situación similar, o incluso peor, se encuentra otra persona con quien va a tender a solidarizarse: la Otra que hasta ahora fue su carcelera, Juliet.
Resulta que la autora de los mortales disparos recibidos por Danny Pickett (3.7) va a ser juzgada, según las estrictas leyes de los Otros, por la comisaria Isabel, quien también está investigando de paso la presunta conspiración de Juliet contra la vida de Benjamin Linus. El doctor es trasladado a la jaula que antes ocupaba Sawyer, mientras que la doctora es encerrada en la celda subacuática. Jack cuenta ahora con una nueva compañera de cautiverio, pero su baza para negociar sigue siendo la situación médica de Ben, esta vez por una grave infección en los puntos de su reciente intervención quirúrgica.
También Álex está de vuelta en la estación Hydra tras dejar que Karl se fuera en la canoa con Kate y Sawyer (3.7). La joven, que prefería haberse ido con ellos pero no lo hizo por recomendación de Juliet, está confusa con respecto a su pertenencia a esta gente, especialmente en lo que se refiere a la relación con su padre Ben. En principio le odia, incluso le desea la muerte, por todo lo que le ha hecho a Karl (véase la escena eliminada “Alex & Daddy” en el DVD de contenidos extra de la 3ª temporada) y no puede entender cómo Jack, después de todo lo que Ben les ha hecho a él y a sus amigos, pudo aún extirparle el tumor para salvarle la vida. Le interesa saber por qué un extraño puede superar así el odio, hasta llegar a curar a su enemigo, mientras que ella no puede perdonar a su propio padre. Por eso acude intrigada a la ex-jaula de osos a preguntar al prisionero, pero éste aprovecha su visita para averiguar qué es lo que pasa con Juliet y al saber que ésta va a ser condenada a muerte convence a la rebelde joven para que le deje salir y le acompañe a donde está Ben. Quiere proponer un nuevo acuerdo al postrado jefe de los Otros: curará su infección a cambio de que perdone la sentencia de la condenada (de la conversación se deduce que la promesa de enviarle a casa sigue en pie). Tras observar cómo Jack está dispuesto a curar de nuevo a su paciente, para de paso salvar a Juliet (sus dos carceleros), Álex colabora en el rescate de la vida de la doctora y, a la vez, en la de su padre, dando así un pequeño paso en dirección a una posible reconciliación con él, aunque de momento mantiene las distancias (como vemos en la sala de operaciones).
Jack está tratando de entender cómo funciona esta comunidad en la que se encuentra atrapado y se ha comprometido a actuar como médico de Ben hasta su curación completa (aunque le advierte que podría quedar paralítico). Está empezando a caminar entre ellos aun sin ser uno de ellos, acordemente a la escritura china tatuada en su hombro izquierdo (lo que ‘dice’, no lo que ‘significa’). El tatuaje del doctor es subrayado visualmente en varias escenas del episodio, pero además se nos informa sobre su origen en un flashback dedicado al tiempo que pasó nuestro protagonista en Thailandia, de forma que podamos conocer el sutil y profundo ‘significado’ de estos caracteres chinos.
Encontramos al atribulado doctor, enormemente confuso tras la separación de su esposa y por la culpabilidad que le ha atenazado en relación a la recaída de su padre en el alcoholismo (3.1), en el exótico país asiático al que ha viajado solo para encontrarse de nuevo a sí mismo. Allí topa con una persona, Achara, que tiene el extraordinario don de reconocer lo que las personas realmente son (don muy valorado entre los suyos, para quienes se encuentra sometido a unas ciertas reglas que entre otras cosas excluyen a los extranjeros el acceso al mismo). Jack insiste en saber lo que Achara ve en él, pues en su estado de confusión interior es algo que le intriga en sumo grado. La bella oriental le define como un líder, un gran hombre, pero que tiende a sentirse solo, asustado y furioso precisamente a causa de este rasgo de su identidad. No nos interesa en esta ocasión la influencia de papá Shephard en el carácter de Jack: el joven médico deberá aceptar su propio don tal como es junto con los efectos que produce en él, sean cuales sean las causas que le han hecho ser así. Y precisamente ha decidido que quiere saber esto y que le sea tatuado en el hombro, a pesar de las consecuencias punitivas de esta decisión (una enorme paliza por parte del hermano de Achara y otros familiares o compañeros), pues ha aprendido que toda acción conlleva consecuencias. Tanto en el ejercicio de su profesión como en la isla ha tenido que tomar graves decisiones, a veces muy difíciles, para resolver situaciones críticas; su carácter de líder le impulsa a ello, pero la presión de las circunstancias y las reacciones de los demás suelen dejarle confuso y enfadado (y en esta ocasión además apaleado).
Durante su cautiverio Jack sigue tomando decisiones con serias consecuencias, desarrollando ese papel de hombre generoso y decidido que tanto ha interpelado a Álex. Pero el ‘caminar con un grupo de gente sin llegar a ser uno de ellos’ no le aplica sólo como ex-prisionero que se ha incorporado en cierto modo a las filas de los Otros (como parece interpretar Isabel), sino que Jack sabe –y se lo ha hecho grabar en su piel para siempre– que su destino como líder y gran hombre conlleva en sí la imposibilidad de ser uno más en la sociedad, le va a suponer siempre una cierta soledad que le genera miedo e ira. La situación en la que se encuentra ahora no deja de ser una intensa metáfora de lo que suele ocurrirle en la vida: una y otra vez pone todo su esfuerzo en salvar a los demás para después observar cómo éstos le abandonan dejándole atrapado en su propia necesidad de seguir ayudando a resolver los problemas de la gente. Pero en el fondo sabe que ha hecho bien en liberar a sus amigos cautivos y que es mejor para todos, también para él, aceptar que nunca volverán a rescatarle. Ahora está solo en compañía de esta extraña gente. Se cabrea ocasionalmente por el trato que le dan (especialmente al ser observado por una multitud en una jaula como si fuera un animal) pero de nuevo sabe canalizar su miedo y su ira cuando es necesario para hacer lo que cree que debe hacer: cuidar como médico al que necesita de sus cuidados y salvar la vida a la persona que se ha puesto en peligro por liberar a Sawyer y a Kate.
Álex mantiene también su especial forma de ser en medio de esta sociedad suya que no acaba de entender, seguirá manifestando su opinión y actuando en contra de lo establecido cuando le parezca necesario (2.15, 3.6, 3.7), aun sin dejar de forma parte de ellos. Pero la sabiduría indicada en el tatuaje de Jack nos ayuda especialmente a entender lo que le está pasando a Juliet. Ella está en trance de ser expulsada de su propia comunidad de la forma más drástica: condenada a muerte. Ben le dice a Jack que la doctora es “uno de los nuestros”, pero las leyes de los Otros están siendo aplicadas para extirparla del grupo. Por el acuerdo que le ofrece Jack (y suponemos que recordando su palabra dada a Juliet de que la permitiría volver a Miami, 3.7) Ben conmuta la pena por una ‘marca’ especial que deberá serle infligida a la acusada. No sabemos qué significa exactamente el símbolo que recibe Juliet en su espalda, pero en cualquier caso la convierte en una persona ‘marcada’, es decir, alguien que ya no no será una más entre las personas con las que vive y camina.
Juliet ha decidido matar a su compañero Pickett para cumplir las exigencias requeridas por Jack, como forma de obtener de Ben la anhelada vuelta a casa. Esta decisión le ha llevado a quedar marcada como alguien que no es del todo de fiar. No creo que nuestro cirujano se haga ilusiones de que su ex-carcelera se haya arriesgado por afinidad con él, pero opta por mostrarse agradecido de todas formas. Interviene para salvar su vida, le ayuda a curar la cicatriz de su marca en la espalda y le ofrece su solidaridad y su compañía, ya que reconoce que la situación de ambos es muy similar. Fueran las que fueran las intenciones de Juliet, se encuentra de pronto con una persona que generosamente se pone de su lado, en un lugar que en el fondo es extraño para ambos. La actitud de su ex-prisionero quizás podría abrir un resquicio de real solidaridad (y quizás de algo más) en el corazón de la solitaria y endurecida investigadora. Jack probablemente considera que la ayuda prestada por ella a sus amigos compensa con creces las mentiras y manipulaciones ejercidas contra él cuando estaba al otro lado del cristal. Prefiere recordar los detalles positivos: después de todo Juliet le tostaba los sandwiches y les ponía palillos, llegando a hacer una sopa especialmente para él (3.1 y 3.2).
En diversos sentidos Jack, Juliet y Álex son extraños entre la gente del grupo de los Otros, donde se han quedado y donde los tres preferirían no estar, y congraciados cada uno como puede con la idea inician ahora la marcha en barco hacia el corazón de la isla principal, donde esta extraña sociedad tiene su ‘hogar’. Juliet y Jack se consuelan en cierto modo, con su compañía mutua, de la desagradable situación en la que se encuentran, pero Álex solo puede pensar en Karl, uno de los otros tres ‘extraños en tierra extraña’ que consiguieron escapar.
Karl se encuentra en su propia tierra, en la isla en la que ha crecido, pero desterrado y en compañía de unos desconocidos que han colaborado a su rescate. Aturdido por su reciente experiencia con el video de la habitación 23 contesta como puede las (escasas) preguntas que le dirigen Sawyer y Kate, pero finalmente se retira a la soledad de la selva para llorar, porque lamenta la forzada separación de la muchacha con quien de niño ponía nombre a las estrellas. Sin ella las noches se han vuelto oscuras y la esperanza de felicidad se ha perdido. Sorprendentemente, el normalmente solitario y huraño Sawyer es el que se siente invitado a hablar con el lloroso joven, para impartirle una perla de su sabiduría: de vez en cuando una chica merece la pena y uno debe intentar estar con ella aunque tenga que arriesgar la vida. Con eso le despide para que vuelva con los suyos (y parece que también le deja llevarse la canoa; Sawyer anda extrañamente desprendido últimamente).
Se ve que nuestro querido James ha aprendido algo muy valioso, que se ha prestado voluntariamente a compartir: la capacidad de arriesgar la vida por el amor de una mujer (algo que aún no supo hacer por Cassidy, 2.13, y contrario a su filosofía en el tiempo de su prisión, 3.4). Sin embargo, aunque dispuesto a morir por Kate si fuera necesario, no parece serle fácil convivir con ella. Sawyer sospecha que Kate no le ama realmente sino que se acostó con él en un momento de debilidad, debido a que parecía que le aguardaba una muerte inminente. Cree que la pecosa se siente más culpable por esto que por dejar atrás a Jack (del que la cree enamorada tras observar su emoción en las últimas conversaciones mantenidas entre ella y el doctor por el walkie-talkie). Kate se sorprende ante esta revelación de labios de su nuevo amante y quizás se cuestione hasta qué punto puede estar en lo cierto. Pero la joven tiene sus razones para estar enfadada con él, porque no la está haciendo ni caso ni está teniendo en cuenta su opinión desde que salieron de la pequeña isla de ‘Alcatraz’. Dando la vuelta a su propio argumento podríamos pensar que quizás Sawyer se comporta de un modo tan mandón porque él es el que se siente culpable: de dejar atrás al doctor y de haberle quitado la novia, pues en el fondo empezaba a apreciarle como un amigo (2.22). En otras ocasiones le hemos visto interactuar con Kate de igual a igual, teniendo en cuenta la opinión de ella e incluso dejándola liderar y decidir las acciones a tomar (1.16, 2.11, 2.23, 3.7). Kate se sorprende de que se haya vuelto tan machista de repente y además le dé una explicación tan extraña, aludiendo a un supuesto sentimiento de culpabilidad. Es probable que además de sentir culpabilidad Sawyer esté usando su mecanismo de defensa de intentar alejar a la persona que más quiere, por no saber muy bien cómo convivir con una pareja que le importa de verdad. Las muchas dudas que alberga (si ella le quiere realmente, si él será lo suficientemente bueno para ella, o lo que sea...) le empujan a hacer todo lo más inconveniente de modo que la relación se resienta. Kate no sabe de momento cómo lidiar con esta nueva situación pero parece disponerse a seguirle andando hasta el campamento de la playa, lamentando haber perdido dos bienes estratégicos con los que contaba para intentar más adelante rescatar a Jack: la canoa y la valiosa información que podría haberles dado Karl. Probablemente no es casualidad que Sawyer haya quitado de en medio precisamente estos dos elementos: para impedir que ella acometiera semejante misión. Los dos hombres que aman a Kate estarían de acuerdo por esta vez en una cosa: hacer todo lo posible porque la valiente muchacha esté a salvo y deje de meterse en situaciones peligrosas.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Jack presenta una gran madurez moral en su comportamiento en la estación Hydra, sobre todo comparado con la etapa tan confusa que vivió en Thailandia. Allí obró en contra de los deseos de la muchacha con la que compartía sus noches y en contra de las costumbres del pueblo, no por una razón de fuerza mayor sino por satisfacer su propia curiosidad y quizás también su deseo de entenderse mejor a sí mismo. Las palabras chinas pudieron ser una pista valiosa para su búsqueda, pero sólo consiguió una enorme alienación en un país al que nunca podría pertenecer. En cambio, en la Hydra, aunque Jack pretende desentenderse de los problemas de Ben y Juliet no lo consigue. No puede dejar de interesarse por salvar a los que están en peligro, incluso aunque le hayan hecho daño previamente y sus palabras no sean claramente de fiar. Nuestro héroe optará por hacer el bien, aun sin esperar realistamente nada a cambio. Su ejemplo ayudará a la joven Álex a afianzarse en su maravillosa tozudez a la hora de evitar que su gente siga haciendo tanto daño, a sus ojos totalmente injustificado. Ella encuentra difícil pertenecer a una sociedad tan injusta, en su idealista mentalidad adolescente sólo se le ocurre rebelarse, deseando mal a los que ve hacer daño. Él se dedica a poner sus dones al servicio del nuevo grupo, pero con inteligencia, intentando conseguir con su acción un bien mayor y no seguirles el juego a estos expertos manipuladores. Sirvan ambos como modelos de resistencia activa ante una situación en la que uno se encuentra atrapado dentro de una sociedad viciada.
- También Cindy y los niños, junto a varios otros supervivientes de la cola del avión siniestrado, se supone que son extraños en tierra extraña, pero parecen estar integrados entre los Otros, proceso al que Cindy alude como algo ‘complicado’. Necesitaremos una explicación más detallada para entender esto. Supongo que Jack hubiera esperado de la azafata una solidaridad más clara. Algo así como “¿Qué haces en una jaula? Ahora mismo hablo con quien sea para aclarar este malentendido”. O algún guiño explicando que está fingiendo para que no la encierren a ella también. Pero ¿se puede saludar a un antiguo conocido que está entre rejas, sin aludir ni siquiera a ese hecho? Esta escena es la más extraña del episodio, la actitud de Cindy es completamente surrealista y llega a exasperar a Jack. Me pregunto cuántas veces tratamos a los demás de una forma superficial, sin querer ver la situación obvia en la que se encuentran. Así, igual que Cindy en su conversación no da importancia a los barrotes que encierran a Jack, a veces ignoramos forzadamente la enfermedad, el dolor o la situación especialmente comprometida o desesperada de las personas que nos rodean. Nos es más cómodo saludar amablemente y desentendernos de sus problemas.
Amparo
Resulta que la autora de los mortales disparos recibidos por Danny Pickett (3.7) va a ser juzgada, según las estrictas leyes de los Otros, por la comisaria Isabel, quien también está investigando de paso la presunta conspiración de Juliet contra la vida de Benjamin Linus. El doctor es trasladado a la jaula que antes ocupaba Sawyer, mientras que la doctora es encerrada en la celda subacuática. Jack cuenta ahora con una nueva compañera de cautiverio, pero su baza para negociar sigue siendo la situación médica de Ben, esta vez por una grave infección en los puntos de su reciente intervención quirúrgica.
También Álex está de vuelta en la estación Hydra tras dejar que Karl se fuera en la canoa con Kate y Sawyer (3.7). La joven, que prefería haberse ido con ellos pero no lo hizo por recomendación de Juliet, está confusa con respecto a su pertenencia a esta gente, especialmente en lo que se refiere a la relación con su padre Ben. En principio le odia, incluso le desea la muerte, por todo lo que le ha hecho a Karl (véase la escena eliminada “Alex & Daddy” en el DVD de contenidos extra de la 3ª temporada) y no puede entender cómo Jack, después de todo lo que Ben les ha hecho a él y a sus amigos, pudo aún extirparle el tumor para salvarle la vida. Le interesa saber por qué un extraño puede superar así el odio, hasta llegar a curar a su enemigo, mientras que ella no puede perdonar a su propio padre. Por eso acude intrigada a la ex-jaula de osos a preguntar al prisionero, pero éste aprovecha su visita para averiguar qué es lo que pasa con Juliet y al saber que ésta va a ser condenada a muerte convence a la rebelde joven para que le deje salir y le acompañe a donde está Ben. Quiere proponer un nuevo acuerdo al postrado jefe de los Otros: curará su infección a cambio de que perdone la sentencia de la condenada (de la conversación se deduce que la promesa de enviarle a casa sigue en pie). Tras observar cómo Jack está dispuesto a curar de nuevo a su paciente, para de paso salvar a Juliet (sus dos carceleros), Álex colabora en el rescate de la vida de la doctora y, a la vez, en la de su padre, dando así un pequeño paso en dirección a una posible reconciliación con él, aunque de momento mantiene las distancias (como vemos en la sala de operaciones).
Jack está tratando de entender cómo funciona esta comunidad en la que se encuentra atrapado y se ha comprometido a actuar como médico de Ben hasta su curación completa (aunque le advierte que podría quedar paralítico). Está empezando a caminar entre ellos aun sin ser uno de ellos, acordemente a la escritura china tatuada en su hombro izquierdo (lo que ‘dice’, no lo que ‘significa’). El tatuaje del doctor es subrayado visualmente en varias escenas del episodio, pero además se nos informa sobre su origen en un flashback dedicado al tiempo que pasó nuestro protagonista en Thailandia, de forma que podamos conocer el sutil y profundo ‘significado’ de estos caracteres chinos.
Encontramos al atribulado doctor, enormemente confuso tras la separación de su esposa y por la culpabilidad que le ha atenazado en relación a la recaída de su padre en el alcoholismo (3.1), en el exótico país asiático al que ha viajado solo para encontrarse de nuevo a sí mismo. Allí topa con una persona, Achara, que tiene el extraordinario don de reconocer lo que las personas realmente son (don muy valorado entre los suyos, para quienes se encuentra sometido a unas ciertas reglas que entre otras cosas excluyen a los extranjeros el acceso al mismo). Jack insiste en saber lo que Achara ve en él, pues en su estado de confusión interior es algo que le intriga en sumo grado. La bella oriental le define como un líder, un gran hombre, pero que tiende a sentirse solo, asustado y furioso precisamente a causa de este rasgo de su identidad. No nos interesa en esta ocasión la influencia de papá Shephard en el carácter de Jack: el joven médico deberá aceptar su propio don tal como es junto con los efectos que produce en él, sean cuales sean las causas que le han hecho ser así. Y precisamente ha decidido que quiere saber esto y que le sea tatuado en el hombro, a pesar de las consecuencias punitivas de esta decisión (una enorme paliza por parte del hermano de Achara y otros familiares o compañeros), pues ha aprendido que toda acción conlleva consecuencias. Tanto en el ejercicio de su profesión como en la isla ha tenido que tomar graves decisiones, a veces muy difíciles, para resolver situaciones críticas; su carácter de líder le impulsa a ello, pero la presión de las circunstancias y las reacciones de los demás suelen dejarle confuso y enfadado (y en esta ocasión además apaleado).
Durante su cautiverio Jack sigue tomando decisiones con serias consecuencias, desarrollando ese papel de hombre generoso y decidido que tanto ha interpelado a Álex. Pero el ‘caminar con un grupo de gente sin llegar a ser uno de ellos’ no le aplica sólo como ex-prisionero que se ha incorporado en cierto modo a las filas de los Otros (como parece interpretar Isabel), sino que Jack sabe –y se lo ha hecho grabar en su piel para siempre– que su destino como líder y gran hombre conlleva en sí la imposibilidad de ser uno más en la sociedad, le va a suponer siempre una cierta soledad que le genera miedo e ira. La situación en la que se encuentra ahora no deja de ser una intensa metáfora de lo que suele ocurrirle en la vida: una y otra vez pone todo su esfuerzo en salvar a los demás para después observar cómo éstos le abandonan dejándole atrapado en su propia necesidad de seguir ayudando a resolver los problemas de la gente. Pero en el fondo sabe que ha hecho bien en liberar a sus amigos cautivos y que es mejor para todos, también para él, aceptar que nunca volverán a rescatarle. Ahora está solo en compañía de esta extraña gente. Se cabrea ocasionalmente por el trato que le dan (especialmente al ser observado por una multitud en una jaula como si fuera un animal) pero de nuevo sabe canalizar su miedo y su ira cuando es necesario para hacer lo que cree que debe hacer: cuidar como médico al que necesita de sus cuidados y salvar la vida a la persona que se ha puesto en peligro por liberar a Sawyer y a Kate.
Álex mantiene también su especial forma de ser en medio de esta sociedad suya que no acaba de entender, seguirá manifestando su opinión y actuando en contra de lo establecido cuando le parezca necesario (2.15, 3.6, 3.7), aun sin dejar de forma parte de ellos. Pero la sabiduría indicada en el tatuaje de Jack nos ayuda especialmente a entender lo que le está pasando a Juliet. Ella está en trance de ser expulsada de su propia comunidad de la forma más drástica: condenada a muerte. Ben le dice a Jack que la doctora es “uno de los nuestros”, pero las leyes de los Otros están siendo aplicadas para extirparla del grupo. Por el acuerdo que le ofrece Jack (y suponemos que recordando su palabra dada a Juliet de que la permitiría volver a Miami, 3.7) Ben conmuta la pena por una ‘marca’ especial que deberá serle infligida a la acusada. No sabemos qué significa exactamente el símbolo que recibe Juliet en su espalda, pero en cualquier caso la convierte en una persona ‘marcada’, es decir, alguien que ya no no será una más entre las personas con las que vive y camina.
Juliet ha decidido matar a su compañero Pickett para cumplir las exigencias requeridas por Jack, como forma de obtener de Ben la anhelada vuelta a casa. Esta decisión le ha llevado a quedar marcada como alguien que no es del todo de fiar. No creo que nuestro cirujano se haga ilusiones de que su ex-carcelera se haya arriesgado por afinidad con él, pero opta por mostrarse agradecido de todas formas. Interviene para salvar su vida, le ayuda a curar la cicatriz de su marca en la espalda y le ofrece su solidaridad y su compañía, ya que reconoce que la situación de ambos es muy similar. Fueran las que fueran las intenciones de Juliet, se encuentra de pronto con una persona que generosamente se pone de su lado, en un lugar que en el fondo es extraño para ambos. La actitud de su ex-prisionero quizás podría abrir un resquicio de real solidaridad (y quizás de algo más) en el corazón de la solitaria y endurecida investigadora. Jack probablemente considera que la ayuda prestada por ella a sus amigos compensa con creces las mentiras y manipulaciones ejercidas contra él cuando estaba al otro lado del cristal. Prefiere recordar los detalles positivos: después de todo Juliet le tostaba los sandwiches y les ponía palillos, llegando a hacer una sopa especialmente para él (3.1 y 3.2).
En diversos sentidos Jack, Juliet y Álex son extraños entre la gente del grupo de los Otros, donde se han quedado y donde los tres preferirían no estar, y congraciados cada uno como puede con la idea inician ahora la marcha en barco hacia el corazón de la isla principal, donde esta extraña sociedad tiene su ‘hogar’. Juliet y Jack se consuelan en cierto modo, con su compañía mutua, de la desagradable situación en la que se encuentran, pero Álex solo puede pensar en Karl, uno de los otros tres ‘extraños en tierra extraña’ que consiguieron escapar.
Karl se encuentra en su propia tierra, en la isla en la que ha crecido, pero desterrado y en compañía de unos desconocidos que han colaborado a su rescate. Aturdido por su reciente experiencia con el video de la habitación 23 contesta como puede las (escasas) preguntas que le dirigen Sawyer y Kate, pero finalmente se retira a la soledad de la selva para llorar, porque lamenta la forzada separación de la muchacha con quien de niño ponía nombre a las estrellas. Sin ella las noches se han vuelto oscuras y la esperanza de felicidad se ha perdido. Sorprendentemente, el normalmente solitario y huraño Sawyer es el que se siente invitado a hablar con el lloroso joven, para impartirle una perla de su sabiduría: de vez en cuando una chica merece la pena y uno debe intentar estar con ella aunque tenga que arriesgar la vida. Con eso le despide para que vuelva con los suyos (y parece que también le deja llevarse la canoa; Sawyer anda extrañamente desprendido últimamente).
Se ve que nuestro querido James ha aprendido algo muy valioso, que se ha prestado voluntariamente a compartir: la capacidad de arriesgar la vida por el amor de una mujer (algo que aún no supo hacer por Cassidy, 2.13, y contrario a su filosofía en el tiempo de su prisión, 3.4). Sin embargo, aunque dispuesto a morir por Kate si fuera necesario, no parece serle fácil convivir con ella. Sawyer sospecha que Kate no le ama realmente sino que se acostó con él en un momento de debilidad, debido a que parecía que le aguardaba una muerte inminente. Cree que la pecosa se siente más culpable por esto que por dejar atrás a Jack (del que la cree enamorada tras observar su emoción en las últimas conversaciones mantenidas entre ella y el doctor por el walkie-talkie). Kate se sorprende ante esta revelación de labios de su nuevo amante y quizás se cuestione hasta qué punto puede estar en lo cierto. Pero la joven tiene sus razones para estar enfadada con él, porque no la está haciendo ni caso ni está teniendo en cuenta su opinión desde que salieron de la pequeña isla de ‘Alcatraz’. Dando la vuelta a su propio argumento podríamos pensar que quizás Sawyer se comporta de un modo tan mandón porque él es el que se siente culpable: de dejar atrás al doctor y de haberle quitado la novia, pues en el fondo empezaba a apreciarle como un amigo (2.22). En otras ocasiones le hemos visto interactuar con Kate de igual a igual, teniendo en cuenta la opinión de ella e incluso dejándola liderar y decidir las acciones a tomar (1.16, 2.11, 2.23, 3.7). Kate se sorprende de que se haya vuelto tan machista de repente y además le dé una explicación tan extraña, aludiendo a un supuesto sentimiento de culpabilidad. Es probable que además de sentir culpabilidad Sawyer esté usando su mecanismo de defensa de intentar alejar a la persona que más quiere, por no saber muy bien cómo convivir con una pareja que le importa de verdad. Las muchas dudas que alberga (si ella le quiere realmente, si él será lo suficientemente bueno para ella, o lo que sea...) le empujan a hacer todo lo más inconveniente de modo que la relación se resienta. Kate no sabe de momento cómo lidiar con esta nueva situación pero parece disponerse a seguirle andando hasta el campamento de la playa, lamentando haber perdido dos bienes estratégicos con los que contaba para intentar más adelante rescatar a Jack: la canoa y la valiosa información que podría haberles dado Karl. Probablemente no es casualidad que Sawyer haya quitado de en medio precisamente estos dos elementos: para impedir que ella acometiera semejante misión. Los dos hombres que aman a Kate estarían de acuerdo por esta vez en una cosa: hacer todo lo posible porque la valiente muchacha esté a salvo y deje de meterse en situaciones peligrosas.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Jack presenta una gran madurez moral en su comportamiento en la estación Hydra, sobre todo comparado con la etapa tan confusa que vivió en Thailandia. Allí obró en contra de los deseos de la muchacha con la que compartía sus noches y en contra de las costumbres del pueblo, no por una razón de fuerza mayor sino por satisfacer su propia curiosidad y quizás también su deseo de entenderse mejor a sí mismo. Las palabras chinas pudieron ser una pista valiosa para su búsqueda, pero sólo consiguió una enorme alienación en un país al que nunca podría pertenecer. En cambio, en la Hydra, aunque Jack pretende desentenderse de los problemas de Ben y Juliet no lo consigue. No puede dejar de interesarse por salvar a los que están en peligro, incluso aunque le hayan hecho daño previamente y sus palabras no sean claramente de fiar. Nuestro héroe optará por hacer el bien, aun sin esperar realistamente nada a cambio. Su ejemplo ayudará a la joven Álex a afianzarse en su maravillosa tozudez a la hora de evitar que su gente siga haciendo tanto daño, a sus ojos totalmente injustificado. Ella encuentra difícil pertenecer a una sociedad tan injusta, en su idealista mentalidad adolescente sólo se le ocurre rebelarse, deseando mal a los que ve hacer daño. Él se dedica a poner sus dones al servicio del nuevo grupo, pero con inteligencia, intentando conseguir con su acción un bien mayor y no seguirles el juego a estos expertos manipuladores. Sirvan ambos como modelos de resistencia activa ante una situación en la que uno se encuentra atrapado dentro de una sociedad viciada.
- También Cindy y los niños, junto a varios otros supervivientes de la cola del avión siniestrado, se supone que son extraños en tierra extraña, pero parecen estar integrados entre los Otros, proceso al que Cindy alude como algo ‘complicado’. Necesitaremos una explicación más detallada para entender esto. Supongo que Jack hubiera esperado de la azafata una solidaridad más clara. Algo así como “¿Qué haces en una jaula? Ahora mismo hablo con quien sea para aclarar este malentendido”. O algún guiño explicando que está fingiendo para que no la encierren a ella también. Pero ¿se puede saludar a un antiguo conocido que está entre rejas, sin aludir ni siquiera a ese hecho? Esta escena es la más extraña del episodio, la actitud de Cindy es completamente surrealista y llega a exasperar a Jack. Me pregunto cuántas veces tratamos a los demás de una forma superficial, sin querer ver la situación obvia en la que se encuentran. Así, igual que Cindy en su conversación no da importancia a los barrotes que encierran a Jack, a veces ignoramos forzadamente la enfermedad, el dolor o la situación especialmente comprometida o desesperada de las personas que nos rodean. Nos es más cómodo saludar amablemente y desentendernos de sus problemas.
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