lunes, 6 de octubre de 2008

3.20. El hombre tras la cortina

Es el cumpleaños de Ben, el día en que por desgracia además de celebrar su nacimiento debe recordar la muerte de su madre, quien falleció poco después de darle a luz. Por esta razón su padre, Roger Linus (también conocido como Roger Work Man y póstumamente por Skeletor, 3.10), nunca tuvo muchas ganas de fiesta en fecha tan señalada. Ben no nació en la isla, aunque acostumbra a decir que sí, sino que vino a ella siendo niño cuando su padre fue reclutado para trabajar en la Iniciativa Dharma. Años después, el propio Benjamin acabaría con su padre administrándole un gas mortífero –en la misma furgoneta que más tarde encontraría Hurley (3.10)–, también en la fecha de su cumpleaños, en el día y la hora elegidos por los Hostiles para librar a la isla de todo el personal de Dharma.

Su cumpleaños coincide desde entonces, pues, no sólo con el aniversario de la muerte de su madre, sino también con el parricidio cometido contra su padre y el horrible Dharmicidio, también denominado Purga. Quizás por eso no debería extrañarnos que en esa misma fatídica fecha reciba por la mañana en el provisional campamento donde se encuentra el cadáver de Cooper –traído a cuestas por su hijo, según encargo del propio Ben (3.19)–, comente con los suyos el ataque planeado contra los supervivientes de la playa y termine el día disparando al mismísimo Locke y abandonándole en la fosa común que recoge los restos de los cadáveres de la Purga contra Dharma. El jefe de los Otros sólo recibe durante este día una felicitación, la de su hija Alex, quien, buena conocedora de las circunstancias, en vez de darle un regalo a él entrega preventivamente un arma a Locke antes de que inicie un ilustrativo paseo por la isla con su maquiavélico padre.

Locke está decidido a descubrir los misterios de la isla, y parece ser que es Jacob la persona a recurrir en este caso. Pero a este extraño ser no le gusta ser visitado sino cuando él mismo lo requiere, hasta el punto de que puede dejarse -o no- ver y oír a voluntad por aquellos que osan entrar en su cabaña sin ser invitados. Tras llegar ambos a la morada de Jacob, Ben inicia una conversación con el supuesto gran hombre, invisible e inaudible para Locke, hasta el punto de que nuestro explorador llega a creer que se trata de una farsa montada por Ben, o peor, que éste está completamente loco. Sólo cuando John está a punto de salir de la misteriosa cabaña, Jacob se dirige a él con un “Ayúdame” que parece venir de ultratumba, y que Ben a su vez no llega a oír. En este momento queda establecido que Locke es capaz de interactuar con Jacob o que éste está dispuesto a interactuar con John, por lo que Ben, viendo peligrar su privilegiado puesto de máximo intermediario con la autoridad de la isla, dispara a John y lo abandona en la fosa de cadáveres.

Ben comenzó muy joven a familiarizarse con los misterios de la isla, cuando hacia sus 10 u 11 años, desatendido emocionalmente por su padre, ve visiones de su madre en la selva, por lo que se siente impulsado a escapar del miserable hogar que comparte con Roger e irse con ella. Pero una barrera infranqueable le separa de su madre muerta... En un conejito blanco busca Ben el cariño que tanto echa de menos hasta que, en otro de sus cumpleaños, utiliza al inocente animal como seguro para cruzar la barrera sónica que rodea al poblado. Perdido en la parte desconocida de la isla donde habitan los hostiles nativos, tiene un providencial encuentro con Richard, quien le recomienda volver a casa y tener mucha paciencia, mientras toma buena nota de que este muchacho es capaz de ver y oír apariciones de muertos. Richard parece tener sus propios planes junto con su comunidad, pero compartirá con el joven Ben estos planes unos años después, de modo que ambos colaboran en la matanza de los integrantes de la Iniciativa Dharma, habiéndose reservado Ben la tarea de acabar directamente con su propio padre. Es de suponer que, poco después, este traidor ex-miembro de Dharma se hace con el liderazgo de los Otros debido a su capacidad de interaccionar con Jacob. Richard, que parece actuar en estos primeros tiempos como mentor de Ben, pasa a ser posteriormente uno de sus principales vasallos entre los Otros, extraña evolución en la posición social de un hombre que aparenta la misma edad a lo largo de unos 30 años...

Ben tuvo que aguantar mucho tiempo con gran paciencia a un padre insufrible, soñando con la liberación a la que parecía invitarle su madre en medio de los hostiles Otros. Durante al menos algún tiempo, contó sin embargo con una buena amiga en el poblado Dharma, una niña de su edad, Annie con la que entabló una estrecha amistad durante su infancia. El Ben que conocemos en los tiempos en que los supervivientes del vuelo 815 ya han llegado a la isla, aún contempla nostálgico en el día de su cumpleaños la muñeca de madera que Annie le regaló tiempo atrás como signo de que siempre estaría con él. Es el único recuerdo bueno, aparentemente, con el que le gusta celebrar su cumpleaños entre gente que ni sabe lo que es eso como Richard (¿es que este hombre no envejece?) y a pesar de las múltiples desgracias que suelen acompañar su onomástico.

Locke, llevado de su convencimiento de ser ‘especial’ y estar llamado a comprender los misterios de la isla, ha cumplido con el ritual de matar a su padre (al igual que hizo Ben en su tiempo) y ha insistido en ser llevado ante Jacob, llegando incluso a pegar una paliza a Mikhail, quien pedía explicaciones a su jefe por un tratamiento tan privilegiado al hombre que había intentado matarle (3.12). Ante los acontecimientos vividos en la fantasmagórica cabaña, John juzga con gran superioridad que Ben ha estado engañando a todo el mundo y pretende informar a los demás Otros de tanta tontería, pero Ben le demuestra finalmente que no es tan listo como parece, pues no ha sido capaz de evitar el disparo que le hace caer gravemente herido en la fosa. El ‘especial’ superviviente no ha calculado bien lo que Ben está dispuesto a hacer para mantener su status y además de mostrarse imprudentemente arrogante e irrespetuoso con el traicionero jefe de los Otros, ha demostrado no tener la apertura mental necesaria para reconocer las profundidades del misterio de Jacob. Aún así el mismísimo Jacob parece haberle elegido como depositario de una muy especial súplica de ayuda. Si tanto le aprecia, ¿será capaz Jacob de sacar a John de la fosa antes de que se convierta en una nueva víctima mortal de las actividades purgatorias de Ben?

Mientras tanto, tras colaborar involuntariamente con los planes de Locke en la Roca Negra (3.19), Sawyer ha llegado a la playa con la cinta que incrimina a Juliet como espía de los Otros y se encuentra además con la sorprendente noticia de que ha llegado a la isla recientemente una paracaidista, Naomi. Los supervivientes deciden por fin reunirse y aclarar todas las novedades de los últimos días, descubriendo durante la reunión, en la otra cara de la cinta de audio, que Ben ha planeado un ataque contra ellos para dentro de un par de días, con objeto de llevarse a las embarazadas del grupo, especialmente a Sun que es el caso ya confirmado. Juliet aparece con Jack durante la reunión y explica que ha confesado ya arrepentida al doctor su colaboración con Ben. Ante los recelos de sus compañeros Jack asegura haberse ausentado con Juliet porque estaba planeando algo. ¿Dejarán los suspicaces Sawyer y Sayid de nuevo a Jack la iniciativa para liderarlos ante este nuevo peligro?

Locke ha mostrado en este episodio gran desconfianza hacia Ben, acusándole de ser el hombre tras la cortina que maneja los hilos de un complicado engaño colectivo, pero sin mostrar la precaución defensiva necesaria para tratar con semejante manipulador. Los supervivientes de la playa se han mostrado en cambio excesivamente precavidos ante su líder tras la vuelta de su cautividad (recordemos en qué plan volvió Michael tras estar unos días entre los Otros, 2.22), sobre todo a causa de la compañera Otra que se ha traído consigo; pero en este caso la desconfianza, aunque fundada, parece acabar mostrándose innecesaria.



Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

Locke ha visto temblar la mano de Ben ante la mera mención de una visita a Jacob y se ha crecido pensando que por fin ha pillado a este escurridizo hombre, descubriendo sus chanchullos: cree que tiene engañados a los suyos con la invención de un personaje mandamás que no existe más que en su imaginación. Nuestro amigo John ha recuperado la confianza en sí mismo por la admiración que parecen tenerle los Otros del campamento (3.19), aparentemente debido a la milagrosa curación de su parálisis tras el accidente aéreo. Pero también influyen en la arrogancia que demuestra en este episodio las palabras que le dijo Richard –quien parece estar algo harto del estilo de liderazgo de su jefe–, cuando hablaron hace unos días sobre las posibles intenciones que tenía Ben de desacreditarle ante el grupo (3.19). Se entiende que por esta razón John se muestre impaciente con Ben e inclinado a contar más bien con Richard.

Todas estas circunstancias influyen en la negativa predisposición con la que Locke acude al encuentro con Jacob. Sabemos que se define a sí mismo como un hombre de fe, y que está dispuesto a aceptar sin problemas que en la isla concurren circunstancias extraordinarias. Precisamente está queriendo conocer el transfondo de todos los misterios isleños, con la actitud de quien se dispone a reconocer un poder sobrenatural para ponerse generosamente a su servicio, esperando ser a cambio reconocido como alguien ‘especial’ y encontrar que su vida tiene un sentido; con la secreta esperanza de poder sentirse de alguna forma reconocido, incluso ‘elegido’. Y sin embargo, cuando se encuentra ante el propio Jacob, privilegio concedido a muy pocos, John se muestra despectivo y con poca disposición a ‘creer’. Esta situación recuerda el despropósito que sostuvo al final de la segunda temporada, cuando se empeñó en dejar de introducir los números en el ordenador de la estación Cisne (2.23-24), pues sentía que se trataba de una enorme burla que le ofendía sumamente. De nuevo Ben ha sido capaz con sus extraños manejos de sacar a John suficientemente de sus casillas como para hacerle renegar de aquella misma fuente de sentido que tanto ha estado buscando.

Podríamos plantear aquí la cuestión del papel que corresponde a la persona que sirve de mediador ante el misterio. El misterio profundo que penetra nuestras vidas y el mismísimo universo está de alguna manera oculto a la visión normal, siendo preciso afinar una cierta capacidad especial de percepción para captar su presencia, o incluso algún posible mensaje. Un mediador es supuestamente una persona especial capaz de percibir este misterio e incluso de comunicarse con él que se encarga de facilitar a otras personas la percepción y comunicación con el mismo. Pero para que el proceso de mediación sea posible es esencial que el mediador goce de una sana confianza entre las personas a las que sirve, que vean en él una persona veraz y coherente. Si el mensaje transmitido supone sistemáticamente una ventaja para el mediador, de manera que éste parezca estar manipulando la situación a su antojo, es normal que surja la sospecha de que todo es un montaje en favor de su propio interés. Cuando surge desconfianza en el mediador se siembra la semilla de la increencia, produciéndose además una enorme rabia, al sentirse la persona engañada en algo tan profundo e importante para ella. Sin embargo, el mismo que alberga sospechas sobre el mediador puede haber tenido a su vez la experiencia de percibir personalmente algo del misterio por sí mismo; en ese caso descartará meramente al mediador sin por ello alejarse de la realidad misteriosa con la que quiere mantenerse en contacto, buscando acaso un intermediario más digno.

John escucha la voz del mismísimo Jacob, pero llega a desconfiar hasta de sus propios sentidos debido a las enormes sospechas que le ha despertado la forma de actuar de Ben. Sin embargo, aun siendo consciente de lo traicionero que puede llegar a ser el jefe de los Otros, John no duda en compartir claramente con él su opinión y hasta se atreve a darle la espalda. Su exagerado sentido de superioridad le ha engañado hasta el punto de perder la oportunidad de conocer a Jacob, aun siendo algo que tanto esperaba, y lo que es peor, ha acabado con sus huesos en la fosa de los cadáveres. Este personaje sufre continuos bandazos entre la arrogancia de saber más que nadie y la desesperación de que continuamente acaba siendo engañado. Ha obedecido a Ben hasta el punto de matar a su propio padre –manipulando sin escrúpulo alguno los sentimientos de Sawyer (3.19)–, pero ahora parece haber llegado a creerse más listo que el propio Ben. El resultado es que nuevamente ha sido engañado, aunque no en aquello que más sospechaba. Sus sospechas y desconfianzas, desproporcionadas a causa del sentimiento de amargura latente en él por los múltiples fracasos de su vida, roban claridad a su juicio haciéndole actuar de forma poco razonable. Esperemos a ver si sale de ésta, con la ayuda de Jacob.

La sospecha y desconfianza pueden ser razonables cuando nos encontramos ante una persona que da signos de querer engañarnos, sin embargo, cuando se convierten en algo continuo y exagerado, confunden la razón de forma que pueden hacernos caer aún en un mayor engaño.

Amparo

3.19. El calabozo

El episodio se abre con el primer plano de un objeto que cubre la pantalla de rojo, reflejando unas sombras la ondulación de un fuego cercano. Tras la superficie roja asoman los ojos de John Locke, inmerso en la lectura de un dossier. De fondo se oye el chirriar de juntas de madera y unos murmullos sofocados. El oscuro interior de lo que en su día fue un barco de esclavos, la “Roca Negra”, va a servir de escenario en este episodio para un particular ‘infierno’. En su maloliente calabozo se encuentra encerrado un condenado –atado con cadenas, su cara oculta con un saco–, mientras el hombre que le trajo hasta allí se decide finalmente, quema en la fogata la carpeta que estaba leyendo y sale en busca del verdugo apropiado para ejecutar la pena capital con la que ha sentenciado a su prisionero.

El condenado a muerte es una persona que ha usado muchos nombres pero casi nunca el verdadero. No se trata tanto de que haya encontrado su infierno en el calabozo del barco varado en la selva de una isla perdida, sino más bien de que lo ha llevado siempre consigo, destrozando a su paso por este mundo a todo aquel con quien entraba en contacto. Las extrañas circunstancias que lo han traído a nuestra isla le hacen pensar que está en el más allá, en su versión más tórrida, además de contar con el aparentemente sólido argumento de encontrarse allí con su hijo muerto (supuestamente en el vuelo 815), al que hizo daño tantas veces que ni se acuerda ya.

John Locke debe afrontar de nuevo el cinismo de esa horrible persona que tiene por padre. Pero esta vez no va a tenerle cariño ni lástima, probablemente ya no siente siquiera ni odio ni temor, sólo el asco y la rabia de haber tenido que soportar a semejante ser humano y tener que hacerse además cargo de su ejecución.

No nos encontramos aquí ante la emocionante opción de Luke Skywalker, quien prefiere dejarse matar antes que tener que acabar con su padre, el maligno Darth Vader, debido al noble deseo de que el que antaño fue un valioso caballero obtuviera la redención (en “El retorno del Jedi”). John Locke no considera otra opción que matar a esta persona, quien, una vez ha asumido que ya está en el infierno, se ríe en la cara de su víctima preferida y ofrece su cuello gustoso para ser degollado, despreciando por inútil cualquier tipo de comportamiento compasivo. Pero aún así, el hijo al que robó un riñón (1.19) y tiró por la ventana de un octavo piso (3.13), descubre que no es capaz de coger un arma y acabar con él, aunque sí de orquestar una situación en la que otra persona, igualmente destrozada por este desalmado, sea capaz de ejecutarlo. El informe que recoge en una sola carpeta roja las pasadas acciones del condenado y del verdugo (ambos bajo el nombre de Sawyer) cae al fuego indicando que la suerte de estos dos ha sido echada...

Sawyer ha despertado entre los brazos de su chica y ha salido descalzo de su tienda a aliviar una urgente necesidad. En la selva nocturna se encuentra con el antiguo explorador y cazador que se ha convertido últimamente en peligroso pirómano y posible aliado de los Otros. Como hizo en su tiempo un insidioso jabalí (1.16), Locke le incordia y le provoca llevándole a su terreno, donde tiene pensado aprovechar la fogosidad vengativa del pendenciero sureño para rematar la faena con el hombre que mantiene maniatado y amordazado.

Como una inesperada pesadilla nocturna inicia así Sawyer descalzo (cual penitente) el difícil camino de vuelta a su pasado, para enfrentarse de nuevo en la piel del pequeño James con el hombre que destrozó la vida de sus padres. Tom Sawyer fue el nombre elegido por el estafador para engañar a Mary Ford y llevarse los ahorros de la familia, de modo que el marido de ésta exasperado optó por matarla y pegarse un tiro después (1.8, 1.16). El niño que presenció la tragedia desde debajo de su cama asumió de mayor el mismo alias del enemigo que había decidido matar, como signo de su propio autodesprecio tras dedicarse a similares prácticas embaucadoras.

El odioso personaje que arruinó la vida de su propio hijo reencuentra así un inesperado heredero en el hijo de una de sus víctimas. Bien sabía el Emperador de “La Guerra de las Galaxias” que no era tan difícil convertir a Luke en un nuevo Darth Vader mientras el joven Skywalker odiara al que en su día llevó el mismo nombre. Locke no llega a perdonar a su padre, aun no siendo capaz de mancharse con su sangre, pero cual temible Emperador galáctico juega con los sentimientos de James para extraer de su odio el resultado que necesita obtener. ¿Pero quién es el nuevo posible Darth Vader, John o James?

La gélida frialdad del desalmado Cooper es capaz de dar origen a una nueva legión de desalmados, pero aunque el joven James asumió voluntariamente uno de sus nombres falsos, es más bien Locke el que está adquiriendo su fría y calculadora capacidad de manipular a todo aquel que se encuentra a su alrededor. Claro que él a su vez está siendo manipulado magistralmente por Ben, que es quien le ha dicho que no será aceptado entre los Otros (¿el lado oscuro de la Fuerza?) si no acaba primero con la atadura que supone para él su maligno padre, matándolo (¿quién es el Emperador aquí, Ben o John?)

James se ve atraído por la curiosidad de saber qué es lo que los Otros y lo que Locke saben de él. La forma en que ha transcurrido su vida, entre estafas y detenciones que culminaron en el asesinato cometido en Sydney antes de coger el fatídico avión, puede releerse a la luz de la tragedia que presenció a sus ocho años. Necesita saber cómo interpreta su vida una persona ajena a sí mismo, tras tantos años de sentirse inclinado a odiarse y a hacerse odiar por los demás (2.13). Pero por otro lado se niega a aceptar que un mero informe tenga todos los datos necesarios para valorar quién es él, permitiendo a alguien sacar como conclusión que es un asesino. Por eso mismo se niega a asesinar a una persona porque sí, porque no quiere ser eso que sus papeles dicen que es y porque no quiere tampoco creerse que sabe con certeza que el otro es tan malo como parece. Si él requiere que se le conceda el beneficio de la duda, está también dispuesto a concedérsela a aquel que Locke considera reo de la pena de muerte.

Pero el encuentro con el mismísimo Mr. Sawyer de su pasado da al traste con todas las buenas intenciones de James Ford. Al prisionero no le importa reconocer todas sus hazañas, tanto aquellas cometidas contra Locke como la estafa contra los padres de James. Parece regocijarse en una situación en la que imagina no tener nada que perder, pues cree estar ya en el infierno. Su falta total de arrepentimiento y de respeto por los sentimientos del que fue una víctima colateral, despierta toda la ira acumulada durante casi treinta años en nuestro joven amigo, quien sucumbe a sus deseos de venganza estrangulando a su enemigo con unas cadenas del vetusto calabozo.

Sawyer se cree ahora verdaderamente un asesino, pero la reacción de su cuerpo lo desmiente, pues sale de la “Roca Negra” con deseos de vomitar. De forma saludable se siente asqueado por la maldad (tanto la propia como la ajena), al contrario que su irredento homónimo. Locke sin embargo, sin mancharse las manos, parece haber cruzado más allá del bien y del mal: su única orientación proviene ahora de lo que le pide la isla por medio del insidioso Ben y si éste le pide el sacrificio de su padre, John no duda en sacrificar a su padre y también el alma de James. Sólo que al intentar hacer esto se produce el desconcertante efecto de que más bien acaba sacrificando su propia alma. Ciertas influencias beneficiosas han protegido al torturado sureño de perderse tan totalmente, aunque sólo sean el recuerdo del cariño de su madre y el amor que siente por Kate. Mientras que Locke en este momento sólo reconoce como amiga o aliada a la misteriosa isla que le ha curado y parece querer darle una nueva oportunidad, influencia por la que es capaz de vender su alma al diablo.

Ambos personajes salen del calabozo ‘liberados’ por la muerte del maligno Cooper y preparados para emprender un nuevo camino: uno queriendo dejar atrás definitivamente su parálisis, mientras que dobla el espinazo tras el peso del cadáver de su padre y persigue el rastro dejado por Ben y los suyos; el otro acongojado en su interior por el desgarrador enfrentamiento tantos años esperado, pero empeñado en llevar a su campamento la prueba acusadora de Juliet y el aviso de los planes de ataque de los Otros que Locke le ha comunicado. James se siente necesario en su grupo, llamado a volver allí cuanto antes para proteger de los secuestradores a sus mujeres (entre ellas a Kate), mientras que Locke, tras una última prueba de lealtad con los supervivientes, rompe con toda atadura previa e inicia un nuevo éxodo en solitario.

Juliet debía averiguar para Ben qué mujeres están embarazadas entre las supervivientes de la playa. Pero se encuentra sin quererlo con una noticia totalmente imprevista: una paracaidista ha caído sobre la isla y tiene un radio-teléfono, aunque algo estropeado, para contactar con el carguero del cual despegó su helicóptero. Desmond, Charlie, Jin y Hurley han llegado de noche al campamento y han querido ocultar esta importantísima información especialmente a Jack y a Juliet, debido a la enorme desconfianza que suscitan la rubia ex-Otra y el doctor volcado tan totalmente en acompañarla y protegerla. Sayid se une al club secreto e interroga a la recién llegada Naomi, escuchando asombrado que el avión del vuelo 815 había sido encontrado entero y con todos sus pasajeros muertos a unos cuantos miles de kilómetros, en una profunda sima frente a la costa de Bali. Descubierto en su intento de reparar el nuevo teléfono de contacto, Sayid comunica a Kate la buena nueva, pero pidiéndole que no se lo diga a Jack, lo cual es inconcebible para esta muchacha que sigue creyendo, o queriendo creer, en el que ha sido su mejor amigo desde el accidente del avión.

La vital información pasa así a los dos sospechosos, que parecen tener otro secreto importante entre ellos. La comunidad de la playa, entre sus secretos y suspicacias ha dejado de ser una sociedad unida bajo un solo líder, pasando a ser un cúmulo de grupúsculos que sospechan entre sí. Se presenta ante ellos la oportunidad de ser rescatados al mismo tiempo que la amenaza de un nuevo ataque de los Otros, y en vez de coordinarse y mantenerse unidos dedican sus energías a ocultarse información los unos a los otros. Kate ha intentado servir de puente para reestablecer la confianza, pero sólo ha conseguido sufrir la humillación de que Jack rechace su deseo de privacidad y tras escuchar la situación opte por ocultarle expresamente algún dato vital que hasta Juliet preferiría haberle contado. La única que confiaba en Jack como jefe del campamento ya no sabe qué pensar. En contra de lo que opina el resto del mundo no todos los pasajeros del vuelo 815 murieron, pero los que aún viven se encuentran fatalmente desunidos justo en el momento en que les sobreviene al mismo tiempo una seria opción de salvación y otra muy grave de perdición.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- El episodio trata de una manera simbólica el tema de que la isla, cual posible purgatorio o infierno, planteara a los ‘perdidos’ (supuestamente ya fallecidos) un juicio final u ocasión de tomar decisiones definitivas sobre su vida. Las opciones pasadas de James, recogidas en su dossier, no definen quién es él, hasta que él mismo lo hace sobre la marcha. Pero el peso de sus decisiones previas, reinterpretadas por los que le rodean, le tiende una trampa que finalmente le obliga a hacer lo que no quiere hacer. Sin embargo este hombre, contradiciendo la propia fatalidad del acto que no ha sido capaz de evitar, se encuentra salvado más allá de su propia voluntad, por las referencias de amor incondicional que aún están vigentes en su vida.

En el caso de Juliet es una cinta de audio la que contiene la prueba de su culpabilidad total, cinta que no recogió el revelador “te odio” pronunciado por la joven después de grabar las frases en las que traicionaba la confianza de los supervivientes de la playa (3.18). Nuevamente la prueba tangible no recoge todo lo que esta mujer es y puede hacer, pues sus decisiones futuras sólo dependen de ella y aún podríamos contar con la influencia beneficiosa de Jack. ¿O es Jack el que se ha visto arrastrado a la traición por su apego a Juliet?

- Otra imagen interesante viene sugerida por la presencia de Naomi, que ha venido del cielo con una promesa de salvación (paralelamente a la misteriosa llegada a la isla del maligno Cooper, visto primeramente en el subsuelo). Está herida y la posibilidad de rescate es algo precaria, pues requiere de los cuidados personales a esta portadora de buenas nuevas y de la reparación del teléfono de contacto con el carguero, quedando claro además que si alguien desconfía de la enviada no será salvado (como avisa la misma Naomi a Sayid). Pero la reacción de los supervivientes que la encuentran es ocultar esta buena noticia a su gente. La comunidad desunida y desconfiada está poniendo en peligro su propio rescate. De hecho si el amor incondicional es un buen garante de salvación, la desunión y la desconfianza actúan más bien en su contra, por lo que siempre se ha imaginado como especial e insidiosa labor del maligno el sembrar este tipo de cizaña.

- Los itinerarios centrales que debemos valorar en este episodio son sin embargo los de Cooper y Locke. El endurecido estafador se encuentra más allá de toda posible redención por dos circunstancias: una por su propia decisión, pues parece regodearse con todo el mal que ha hecho y no arrepentirse en ningún modo, pero en esta misma actitud influye la otra circunstancia, su convicción de que la suerte está echada y ya se encuentra en el infierno. Se ríe hasta de la posibilidad de que le maten una y otra vez, pues cree que ya está muerto. Esa idea de irreversibilidad de la propia condena es el dato absolutamente fatal que impide un cambio en esta persona. Su actitud provoca un máximo de odio en los que le escuchan, pareciendo no importarle sufrir con tal de provocar aún más maldad a su alrededor. Se trata de una actitud verdaderamente diabólica. Esta absoluta maldad es la que se supone en los demonios, pero nunca es tan irreversible en una persona humana, pues nadie puede llegar a tener en vida la certeza de haber sido totalmente condenado. Ante la posibilidad de la muerte y de una decisión definitiva sobre la propia vida, cualquier persona puede ser alcanzada por el deseo de arrepentimiento y de alcanzar la reconciliación con las personas a las que alguna vez hizo daño, y si es creyente, con Dios.

Por su parte John Locke es el que toma las decisiones más desconcertantes en este episodio. Acepta la decisión de matar a su propio padre, debido a que su conciencia moral ha pasado a un segundo plano ante la urgencia de descubrir su especial camino en esta isla tan milagrosa, lo cual pasa por obedecer las instrucciones del jefe de los Otros. La decisión la ha tomado Ben y la acción la comete Sawyer, Locke ha encontrado la manera perfecta de sortear sus escrúpulos y conseguir esa muerte, pero él es el que va a quedar más dañado en semejante maniobra. Su imagen al principio del episodio refleja la imagen clásica del diablo tentador: como rey de sus oscuros dominios valora las acciones del encausado, procede a la condena y a atizar el fuego y se lanza por esos caminos como tentador para atraer más incautos hacia su infesta prisión. Con mentiras y medias verdades se convierte en testigo de un angustioso proceso interior, permitiendo que la persona se hunda poco a poco en la miseria del odio y el autodesprecio. Nuestro John Locke, que siempre ha querido convertirse en un héroe, se ha rebajado a ser un vil instrumento de manipulación.

- Los procesos que ocurren en nuestra vida cuando decidimos entre el bien y el mal, sobre todo ante ciertas decisiones más definitivas, han sido descritos tradicionalmente recurriendo a diablos y ángeles, infierno o cielo, fuego o salvación. Sea cual sea nuestra opinión sobre estas concepciones tradicionales los procesos de perdición moral de una persona son reales y se conocen desde antiguo, aunque nos empeñemos en ignorarlos. Utilizando el lenguaje de George Lucas, el creador de “La Guerra de las Galaxias”, no debemos olvidar la enorme atracción del ‘lado oscuro de la Fuerza’ ni el poderoso poder de convicción de los dos personajes malignos de esta saga, uno de los cuales, por desgracia, se pasó al lado oscuro precisamente por querer ser un Jedi más perfecto. Locke ha sobrepasado conscientemente una línea prohibitiva inscrita en sus entrañas porque pensaba que limitaba el desarrollo de su potencial, y esto tendrá sus consecuencias antes o después. De todos modos él tiene como instigadores tanto a Ben como a Richard (y al propio Cooper) por no hablar de una extraña sociedad que esperaba deseosa que cometiera un parricidio. El mal tiene tendencia a multiplicarse engendrando siempre más mal. Sólo la influencia del amor incondicional puede ayudarnos a ganar en esta insidiosa batalla.

Amparo

3.18. F.D.C.

Dos personas de la isla se enfrentan a su posible muerte durante este episodio: la desconocida paracaidista, herida gravemente con una rama al caer entre los árboles, y la valiente coreana, quien descubre que su embarazo puede tener consecuencias letales. Ambas son asistidas en esta hora difícil por uno de los Otros: la joven postrada en la selva recibe una salvadora visita del ex-militar con formación médica Mikhail Bakunin, quien aparece de improviso aunque todos le daban por muerto; Sun es llevada a su vez por Juliet, la doctora especialista en reproducción, a la estación médica, con el fin de determinar un dato muy importante relativo a su embarazo: la fecha de concepción o F.D.C.

Resulta que la F.D.C. es el dato decisivo a la hora de determinar si la joven coreana está en peligro mortal por haber concebido en la isla o no, circunstancia que fundamentalmente preocupa a Juliet (deseosa de dar por una vez buenas noticias a una paciente) ya que Sun se encuentra mucho más afectada por la posibilidad de descubrir con dicha fecha si el hijo que espera es de su marido o de Jae Lee, su amante por un tiempo cuando aún estaba en Corea. La cuestión es muy seria para la pobre esposa ya reconciliada con su esposo: ella quiere que el bebé sea de Jin, sin pararse a considerar que esto la puede llevar a la muerte, mientras que la noticia de que la concepción se hubiera producido en Corea le supondría el dolor de tener que ocultar la verdadera paternidad del niño por el resto de su vida, obligada a recordar cada vez que viera a la nueva criatura el error que cometió y el terrible desenlace del mismo (la muerte de Jae Lee, 3.2).

Y mientras que Sun sufre planteándose quién es el padre de su hijo (que finalmente resulta ser Jin), vemos cómo en su pasado se vio obligada a indagar sobre quién era la madre de su marido, tras ser chantajeada por una desconocida en un parque. Sus investigaciones la llevaron a encontrarse con el humilde señor Kwon, al que ella creía muerto, en la pequeña aldea de la que procede Jin. El pobre pescador, muy contento de poder hablar con su nuera, ante las preguntas directas de Sun en seguida se sincera con ella y le comenta que la madre de Jin era una prostituta. Él se hizo cargo del niño que ella abandonó para no dejar solo al pequeño, aún sin poder saber con seguridad si se trataba o no de su propio hijo. El buen hombre quería mucho a este niño y nunca le contó la verdad sobre su madre, para evitarle esa vergüenza, mientras que Jin, que quiere mucho a Sun, no le cuenta a ésta que su padre aún vive, pues no lo considera digno de presentárselo a su nueva familia. Sun sigue la cadena ocultando a su amado Jin que ha visitado a su padre en la aldea y que ha averiguado quién fue su madre, agravándose la cuestión al recurrir a papá Paik para obtener la enorme cantidad de dinero exigido por la chantajista (su propia suegra en realidad). Paik comprende que hay una cuestión de honor por medio y accede a la petición de su hija, pero poniendo condiciones: Jin tendrá que pagar esta deuda de ahora en adelante dedicándose a ciertas arduas tareas como su ‘asistente especial’ (1.17, 3.2). El amor benevolente y protector del señor Kwon y de Sun ha conseguido evitar a Jin la vergüenza de saber quién era su madre pero sólo a cambio de introducirle en un contexto mucho más destructivo. Al final del episodio escuchamos cómo el pobre Jin pretendió siempre mantenerse libre de deudas con respecto a su suegro, justo cuando hemos descubierto la enorme ironía de que el amor de su mujer y de su padre, y el desvelo de ambos por su honor, son los que le acaban llevando a la terrible situación de mafioso de la que no sabrá cómo escapar. De hecho la culpa no corresponde tanto a las dos personas que más le quieren como a otras dos: su propia madre, quien no contenta con abandonarle de pequeño se dedica a extorsionar a su nueva familia, y su suegro, que tiene un modo muy retorcido de hacerle pagar la deuda que ha contraído con él su hija.

Una forma similar de ironía o benevolencia traicionera podemos observar en el extraño comportamiento de la isla, que por un lado favorece la pronta curación de los heridos y la fertilidad de los varones estériles, mientras que por otro condena a muerte a las mujeres que conciben sobre la isla y a sus pequeños hijos nonatos. Jin y Sun, alejados de las terribles intrigas que les rodeaban en Corea han encontrado en la isla la paz de su matrimonio y la preciosa promesa de un bebé, pero parece que la isla, cual retorcido mafioso, les va a hacer pagar por todo esto un precio muy caro.

Este tema de la benevolencia traicionera reaparece al considerar otra acción aparentemente solícita que esconde una grave amenaza: la doctora Juliet Burke atiende a Sun de la manera más dulce, siendo muy receptiva a sus temores y deseando servirle de ayuda y de consuelo, pero, en cuanto tiene un momento, da la espalda a su nueva paciente y la traiciona, informando a Ben de las circunstancias de su embarazo en una cinta que deja grabada en la habitación secreta de la estación médica. No sabemos aún los planes maquiavélicos del jefe de los Otros, pero había acordado algo con Juliet y ésta cumple paso por paso lo pactado, aun manifestando expresamente su odio al hombre que de esta manera la está utilizando. Juliet se había sentido a gusto actuando de nuevo como la doctora amable que siempre había querido ser, pero al cabo de un rato cae en la cuenta de que más bien es una espía trabajando para un hombre que actúa muchas veces sin piedad. Su acuerdo con Ben la convierte en una peligrosa enemiga de la gente de la playa que empieza a confiar en ella y a quienes quisiera poder ofrecerles su sincera amistad.

Al otro lado de la isla se vive en cambio el diferente caso de una prestación de ayuda extremadamente necesaria llevada a cabo por una persona con una hostilidad manifiesta. La mujer que ha saltado del helicóptero está mortalmente herida, pero ni Charlie ni Jin ni Hurley, ni siquiera Desmond, aunque se vuelcan en socorrerla, tienen los conocimientos médicos necesarios. En un descuido, Hurley, sin pretenderlo, consigue llamar la atención de una persona que sí les puede ayudar, pero se trata de un mortal enemigo que ha sufrido ya en sus carnes la hostilidad de los supervivientes hacia los Otros (se supone que hostigada inicialmente por la propia hostilidad de los Otros hacia los supervivientes). El resistente ruso, al que creíamos muerto por el empujón de Locke entre los postes de la valla sónica (3.12), acude corriendo al lugar del que procede la bengala que ha visto cruzar por los aires, encontrándose de repente ante cuatro de sus enemigos que custodian a una paracaidista malherida. Desmond, en contra del parecer de Charlie, acuerda con él que le dejará ir libremente si cura a la pobre mujer que se está muriendo. El sibilino representante de los Otros realiza eficientemente los cuidados necesarios, pero miente a sus captores en cuanto a lo que dice la joven (que no está sola) y les roba ocultamente el sofisticado teléfono que habían encontrado entre los objetos de la recién llegada. La habilidad de Jin permite recuperar el preciado aparato, pero, finalmente, para bien o para mal, Desmond insiste en mantener su palabra de que el ruso debe quedar en libertad.

Hurley se siente un poco inútil por haber metido la pata un par de veces: al disparar la bengala que delató la posición del grupo y al confesar inocentemente la existencia del teléfono ante una pregunta capciosa de su enemigo. Mientras sus compañeros preparan unas parihuelas para transportar a la muchacha herida al campamento de la playa nuestro orondo amigo se sienta a su lado para velar su sueño y no puede evitar juguetear con el teléfono nuevo, aunque éste no acaba de funcionar. En ese momento despierta la nueva superviviente, quien ya algo recuperada parece ser capaz de entablar una breve conversación. Pero, ante la pregunta de Hurley, de si ha venido para rescatar a los supervivientes del vuelo 815, su respuesta es de lo más desconcertante: el avión que partió de Sydney y nunca llegó a Los Angeles fue finalmente encontrado y se declaró ante el mundo que todos sus pasajeros habían muerto.

Preocupados por la salud de la muchacha y esperanzados por la posibilidad de rescate que ella representa, nuestros ‘perdidos’ no pueden de momento asimilar lo que esta nueva noticia realmente significa. ¿Cómo pueden haber encontrado el avión siniestrado y haberles declarado muertos si nadie ha venido a la isla a buscarlos? ¿Se trata de un tremendo error por parte de las autoridades o de alguna extraña conspiración u oculto misterio? Lo que está claro es que ahora más que nunca están deseando establecer contacto con el mundo exterior, y cuentan para ello con un nuevo y sofisticado teléfono....


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- Juliet y Mikhail se prestan a ayudar a dos personas necesitadas de su pericia, pero ambos se encuentran también ligados, por las buenas o por las malas, con un grupo que resulta ser enemigo de las personas a las que están ayudando. Preferimos pensar que, como personas, se sintieron satisfechos de poder ayudar a un semejante, pero en ambos casos esta ayuda buscaba ser capitalizada con una ventaja para su bando, lo que supone de alguna manera una traición para nuestros supervivientes.

En el caso de Mikhail, lo que este hombre pretende a cambio de su ‘buena acción’ es su propia libertad, además de cierta información relevante (él entiende los balbuceos de la políglota paracaidista) y un modernísimo teléfono que puede dar una enorme ventaja táctica a los Otros. Al contrario que Hurley, el coreano (que de joven recibió entrenamiento militar) está alerta ante cualquier posible jugada del enemigo y no duda en impedirle que se salga con la suya. Charlie ve mala voluntad en la jugarreta del ruso, y prefiere hacerle prisionero, mientras que Desmond opta por mantener la palabra dada. Cada uno de los cuatro compañeros ha respondido de una manera diferente ante la ayuda revestida de amenaza: Hurley de manera inocente, Jin en modo de alerta dispuesto a actuar, Charlie de forma desconfiada y agresiva y Desmond con la mejor voluntad. En equipo no han hecho un mal trabajo: Desmond ha conseguido de él la ayuda necesaria y Jin ha impedido que escape con el teléfono, mientras que la desconfianza manifiesta de Charlie ha prevenido que la inocencia de Hurley cometiera más errores. Lo más llamativo del comportamiento de Mikhail en esta situación ha sido su desafiante sinceridad, dejando claro que es un enemigo pero dispuesto a ayudar bajo ciertas condiciones. Es esta actitud la que ha sacado de sus casillas a Charlie pero ha merecido el respeto de Desmond. Ante una situación tan compleja el combinado de las cuatro actitudes ha conseguido un resultado aceptable: respeto a la persona enemiga, mezclado con una cierta prevención y disposición a defenderse, sin perder del todo la inocencia y la buena voluntad.

Juliet despierta igualmente cierta prevención y susceptibilidad en la playa, y de paso levanta sospechas con respecto a Jack, pero en este caso Sun, dispuesta inicialmente a cuestionar a ambos, acaba dejándose ayudar por la doctora y bajando todas sus defensas ante la afabilidad de esta agradable mujer. Es muy difícil sentirse agradecido por un bien recibido y mantenerse al mismo tiempo alerta por si acaso. La dulzura de la rubia doctora comunica más familiaridad y confianza que la ruda actitud del tuerto ex-militar. La traición de Juliet es por tanto mucho más difícil de detectar y también más dolorosa y dañina.

- Está claro que duele mucho más descubrir la traición de un amigo que la faena de un enemigo declarado. Un amigo o un familiar, y sobre todo la propia pareja, recibe un gran grado de confianza que permite acceso a una mayor vulnerabilidad. Cuando esta cercanía se aprovecha para infligir un daño la víctima se siente doblemente golpeada. Pero en este episodio el pasado de Jin y Sun nos revela que no sólo personas infiltradas en nuestro círculo de amigos con malas intenciones pueden resultar traicioneras, sino que incluso con la mejor de las voluntades las personas amadas también pueden cometer errores y meterle a uno en un gran lío. Se trata, sin embargo, en el caso que estudiamos, de una buena voluntad combinada con graves mentiras y ocultamientos. Es posible que la opción de Sun por acallar a su chantajista suegra fuera en principio correcta, pero en el momento en que acepta el dinero de su padre somete a su marido a las reglas de éste sin su conocimiento, aparte de ir en contra de los expresos deseos de Jin. Está traicionándole bajo la excusa de querer protegerlo, y es esta situación la que estropeará al máximo su matrimonio –haciéndoles sufrir muchísimo a ambos– y le costará finalmente la vida a Jae Lee. Jin probablemente hubiera preferido conocer la identidad de su madre y pasar la vergüenza que fuera ante el mundo antes de convertirse en un mafioso. Paik habría reaccionado quizás furiosamente ante el deshonor que implicaba la noticia, lo cual hubiera supuesto una terrible prueba para esta pareja, pero seguramente hubieran sido capaces de superarlo, pues ya estaban casados y aún se amaban locamente. Jin estaba dispuesto a trabajar duro por mantener a su mujer y quizás habrían tenido que apartarse de Paik, lo cual, aún teniendo en cuenta los códigos de honor se la sociedad coreana, no parece una opción tan mala.

- Descubrimos por tanto dos constataciones para reflexionar: 1. La diversidad de un grupo de personas trabajando en equipo –incluyendo la aceptación de ayuda por parte de un enemigo– posibilita la superación de una grave dificultad. 2. El falseamiento de la verdad, aún con las mejores intenciones y entre personas que se quieren, es potencialmente una fuente de enorme sufrimiento, ya que por desgracia existen en nuestro mundo otras fuerzas menos benévolas siempre dispuestas a actuar.

Amparo

3.17. "Catch-22" (Dilema sin solución)

Desmond, Hurley, Charlie y Jin están disfrutando de una noche de camping a la luz del fuego. Mientras Hurley dora unos marshmallows, Jin cuenta una historia de miedo y Charlie rasguea su guitarra para proporcionar un ambiente tenso a la narración... Desmond, sin embargo, sólo tiene ojos para la foto que se tomó junto a Penny varios años antes y que todavía conserva. No sabe qué pensar, pero en sus visiones precognitivas ha visto recientemente que llega a la isla en paracaídas una persona que parece estar en relación con otra copia de la misma foto, ¿será que Penny viene en su busca? Ella le dijo que con determinación y dinero suficiente se puede encontrar a quien sea... (2.23).

Por desgracia en la misma serie de visiones aparece de nuevo una grave amenaza de muerte para Charlie: esta vez le ha visto morir con el cuello atravesado por una flecha en medio de la selva. Sólo que Desmond en esta ocasión no tiene nada claro lo que debe hacer. Normalmente habría tratado de evitar la muerte de Charlie sin dudarlo, pero ahora quiere que ocurra lo que predice el resto de la visión, la llegada de Penny, y no está seguro de cómo funciona esto de la precognición: quizás si evita que ocurra una parte de los acontecimientos visionados también cambiará el resto. Y, de todas formas, se supone que Charlie va a morir igual antes o después ¿no?

Nuestro pobre escocés se encuentra ante un difícil dilema, aparentemente sin solución: le gustaría hacer todo lo posible para favorecer la llegada de Penny, quien además supone una esperanza de rescate para todos sus compañeros, pero no puede dejar morir a Charlie así como así. En principio, persigue la reproducción de todos y cada uno de los momentos de su visión, en vez de evitar la situación peligrosa en su totalidad, como había hecho en los casos previos (3.4, 3.8, 3.12). Pero cuando Charlie pisa el cable que activa la ballesta para lanzar la flecha (se trata probablemente de una de las trampas que Danielle Rousseau ha dispuesto por esta parte de la isla), Desmond se apresura a salvarle la vida, aún sabiendo que esta decisión puede traer cambios imprevistos al resto de los acontecimientos esperados.

Durante gran parte del episodio nuestro protagonista agoniza ante esta cuestión clave, una y otra vez aparece ante sus ojos la fatal muerte de Charlie, y una y otra vez decide seguir adelante con el plan, arriesgando la vida del joven rockero hasta el último momento. ¿Pero tenía derecho a jugar así con la vida de un semejante, fuera cual fuese el fin perseguido?

El propio Desmond interpreta su experiencia en referencia a la historia de Abraham e Isaac, el relato bíblico en que Dios requiere a Abraham que vaya al monte Moria y le sacrifique allí a su hijo, para sólo a última hora, satisfecho por la disposición de su siervo a obedecer, enviar a su ángel desde el cielo a detener a Abraham y proporcionarle un carnero para que lo pusiera en el altar en lugar de Isaac (Génesis 22). El hermano Campbell, superior de la comunidad monástica a la que Desmond perteneció por algún tiempo, le había explicado que este relato trataba de una prueba de fe, advirtiéndole que no subestimara el valor del sacrificio.

A Abraham le parecía entender que Dios le había regalado a Isaac (nacido milagrosamente durante la ancianidad de este patriarca y de su mujer Sara) para que se cumpliera la promesa divina de que sería padre de un pueblo muy numeroso. Por eso se sentía especialmente obligado a proteger a Isaac, algo además totalmente congruente con su deber como padre. La orden de que sacrificara a su hijo le resultaba totalmente contra natura y sin embargo entendió que Dios sabía lo que se traía entre manos y prefirió confiar en él. Su obediencia le consiguió una víctima sustitutoria de su hijo para el sacrificio y el reconocimiento de Dios a su heroica fidelidad, de forma que se convertiría en modelo de fe para los futuros creyentes.

Nos es difícil entender este relato antiguo más a fondo sin algunas claves básicas de la espiritualidad israelita, pues desde nuestro esquema mental habitual nos parece totalmente incoherente que Dios pida eso a un padre, de modo que, dada la dificultad que tenemos en discernir cuándo una idea nos viene realmente de Dios, hubiéramos optado por determinar al instante que esa petición no era verdaderamente divina, sino algún tipo de autoengaño. Pero intentemos leer desde la experiencia de Abraham lo que vive Desmond en este episodio.

Nuestro protagonista escocés, con ocasión de su inminente boda con su novia Ruth, se siente inseguro de cuál debe ser realmente su destino y percibe lo que cree una llamada hacia la vocación monástica. Tras un mes de silencio con el que demuestra suficientemente su paciencia y su fe, es admitido como novicio, pero ante las primeras dificultades se refugia en la bebida y es expulsado de la comunidad. El hermano superior le comenta que esto ha sido sólo una etapa más en su camino, pero que seguramente está llamado a algo más importante, frase especialmente sospechosa cuando la dice alguien que tiene sobre su mesa una foto con la señora Hawking (3.8) (¿estaba el Universo preparándole para su misión en la isla con ese mes de silencio?) Según Campbell, nuestro futuro héroe sólo tiene que dejar de huir de las cosas pasadas (como un cobarde) y concentrarse en hacia dónde se dirige (¿el amor, el honor [2.23, 3.8]...?) De hecho, nada más salir del monasterio Desmond considerará providencial su encuentro con la joven Penelope, a la que amará para siempre desde ese primer instante. Sea cual sea su importante destino futuro (su papel de salvador del mundo en la estación Cisne [2.24] o su papel actual en la isla como vidente que debe salvar la vida de Charlie una y otra vez) la verdadera felicidad de este hombre depende de su relación con Penny, por lo que podemos considerar que es esta persona la que le ha sido regalada por Dios como señal de una promesa divina que algún día alcanzará su plenitud. Penny es la persona que cumple el papel de Isaac en la vida de Desmond.

Sin embargo nuestro ex-monje (quien tampoco se aclaraba mucho con el relato bíblico que comentamos) ha recibido unas visiones en las que muere Charlie y aparece una persona venida del cielo. Los ‘perdidos’ no hablan a menudo de la voluntad de Dios, pero sí del destino, de aquello que ‘se supone’ deben hacer. Desmond entiende en esta ocasión que debe conseguir que se cumpla todo lo que ve en las visiones, aunque en los demás casos ha entendido claramente que debía impedir que ocurriera lo que aparecía en ellas. Su entendimiento está percibiendo las cosas de manera algo sesgada debido a su implicación con Penny. Ha optado porque lo que ‘se supone’ que debe hacer en este caso es favorecer su reencuentro con su novia en la isla, y por lo tanto todo lo demás que esto conlleva en las visiones. Es probable que esté malinterpretando de raíz desde el principio su particular ‘orden divina’.

Desmond prepara su viaje a Moria llevándose a todas las personas y objetos que considera necesarios para su misión, ocultando a Charlie su previsible papel de víctima (como Abraham a Isaac, quien en vista de los preparativos preguntó a su padre cuál sería la víctima del sacrificio y éste le contestó: “Dios proveerá”). Pero llega un momento en que nuestro protagonista se da cuenta de que la persona que esperaban está en peligro, ya que ha saltado en paracaídas desde un helicóptero averiado y se halla en un lugar desconocido en la selva. Desde el primer momento su misión ha sido encontrarse con la anhelada visitante y si fuera necesario ayudarla, pero ahora teme por la vida de esta persona que ha caído del cielo, y lo único que desea es encontrarla. Este es su deseo primordial y es el que verdaderamente va a ponerle a prueba: ¿será capaz de sacrificar el reencuentro con su amada, su futura felicidad, el sentido de toda su vida, a la propia Penny si fuera necesario? ¿Es Charlie la víctima sustitutoria que se le ofrece en el camino a cambio? Y contra todo pronóstico el bueno de Desmond demuestra que, llegado el momento, es capaz de sacrificar a Isaac. Su sentido de solidaridad o casi de fraternidad con sus compañeros –principalmente con Charlie que por su especial vulnerabilidad ha sido confiado a su cuidado– le obliga a traicionar su idea de mantener intactas las visiones, a arriesgarse a la posibilidad de cambiar el resultado final de su misión, acudiendo en auxilio del joven músico en el último momento para evitar que la flecha de Rousseau lo atravesase. ¿No ha aceptado Desmond la víctima sustitutoria que se le ofrecía por el camino? ¿O es que, por el contrario, el enviado del cielo no llegó a tiempo para evitarle la horrible decisión de si dejaba o no morir a Charlie?

Él entiende que si salva a su amigo puede estar poniendo en peligro a la persona que viene, desde la lógica de que en todo caso es necesario un sacrificio (también Locke tras sus premoniciones del episodio 1.19 entendió que la isla necesitaba el sacrificio de Boone). Quizás la única forma posible de evitar de una vez las visiones de Charlie muriendo, es que alguien muera en su lugar ¿o no sería mejor después de todo que muera él mismo, como requiere el destino, en vez de cualquier otra persona? En su mente Desmond cree que al avisar a Charlie para que se agache puede estar condenando a Penny y es por ello por lo que su acción es tan valiosa. Es claro que Desmond no estaba empuñando un cuchillo para matar a su novia, sino que realizaba la acción mucho más lógica de salvar a la persona que tienes a mano en vez de la que no sabes seguro si está en peligro o no. Pero debemos tener en cuenta la elevada confusión que sufre su psiquismo y la extrema dificultad de juzgar si hace lo correcto o no, intentando corregir una y otra vez el destino. Es una pesada carga la que ha caído sobre sus hombros: cuando uno sabe el futuro y tiene la posibilidad de cambiar lo que pasa, ¿qué es lo que debe ser cambiado?, ¿cómo saber si no está cambiando las cosas para peor? Es fácil decidir si lo que está a punto de ocurrir es la muerte de alguien y te es posible evitarla, pero ¿y si los acontecimientos están de tal modo encadenados que esa muerte venía a ser un mal menor?

El atribulado vidente de la isla decide en este caso esperar a que los acontecimientos se desarrollen y sólo en el último instante evita la muerte de Charlie, de modo que el cambio producido en la cadena de eventos resulta el menor posible. Pero cuando acude al rescate de la paracaidista se siente responsable de cualquier mal que haya podido ocurrirle. Entre otras cosas, la joven que es descolgada del árbol y despojada de su casco resulta no ser Penny, aunque sí alguien que reconoce inmediatamente a Desmond. ¿Será que el ‘destino lostiano’, satisfecho con el sacrificio de su fiel vidente, ha proveído una víctima que sustituyera a la verdadera Penny?

Mientras tanto, ajenas a tan transcendentales acontecimientos y decisiones, varias personas expresan en la playa su asombro de encontrarse de nuevo a salvo en ‘casa’ y de que todo esté tranquilo. (Tras la vuelta de la expedición de rescate [3.16], al grupo le falta aún Locke, pero éste le dijo a Kate [3.15] que se iba con los Otros por voluntad propia, por lo que nadie cree necesario acudir en su busca). Juliet sigue levantando sospechas, pero se le ha concedido establecerse en la playa sin más preguntas por el momento. En estas circunstancias Sawyer se acerca a la tienda de su pecosa para calibrar cómo se encuentra su relación con ella y si Jack ha sido informado de la misma. Kate le asegura que el doctor sabe de esta relación, pero no parece muy entusiasmada con la prospectiva de seguir activamente emparejada. Sin embargo, tras constatar cómo Jack recurre una y otra vez a la compañía de Juliet, la muchacha opta por acostarse de nuevo con Sawyer y dar de esta manera continuidad a la relación que inició con él entre las rejas de su prisión (3.6). La indecisa joven ha tanteado sus posibilidades y ha elegido finalmente una pareja entre los dos candidatos, por mucho que a Sawyer pueda decepcionarle esta manera de selección que suena a un resignado premio de consolación. El rubio sureño tiene a su favor que esta vez ha podido ganar a su rival al ping-pong, después de perder contra él tan penosamente al póker (2.17), aparte de haber conseguido quitarle por fin a la chica, aunque sabe que probablemente el corazón de ésta suspire aún por el doctor.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- El sacrificio de Isaac representa el sacrificio máximo que se puede pedir a una persona, que renuncie a aquello que da el máximo sentido a su vida, con tres agravantes: 1. se trata de la muerte de un ser especialmente querido; 2. más en concreto de la muerte de un hijo que constituye la única esperanza de su padre; 3. es además un especial regalo divino, portador de una promesa por la que se ha apostado todo. Que Dios le pida a uno aquello que Él mismo le ha regalado y prometido llevar a plenitud es una prueba capaz de trastornar los más profundos fundamentos de fe. El relato de Abraham e Isaac en Moria es capaz de iluminar por tanto las experiencias más oscuras de un creyente. Cuando una persona se ve en la posibilidad de ser privada de aquello que fundamenta su propia fe, es invitada por este relato a esperar más allá de toda esperanza. A confiar en el Dios que está más allá de toda prueba de fe.

El propio fin del relato desautoriza la posibilidad de que uno entienda que Dios puede obligarle a sacrificar a otra persona matándola con sus propias manos, o incluso a sacrificar a sus propios hijos. Sabemos que ésta fue una terrible costumbre de algunos pueblos antiguos, y es probable que este pasaje bíblico sea la respuesta israelita para impedir que se siguieran cometiendo tales crímenes. El creyente por tanto se siente inclinado a entender en este relato que el sacrificio requerido es símbolo de una desgarradora renuncia, a la que Dios en última instancia concede sentido.

Sin embargo, por desgracia, muchas personas se ven obligadas a matar a semejantes en defensa de algún bien mayor, como cuando un policía debe impedir que un asesino siga adelante con sus planes. En el terrible caso de que alguien se vea obligado a poner en peligro a una persona muy querida, por alguna razón superior (vemos a menudo casos de éstos en series y películas, pero por desgracia ocurren también en la vida real), la fe le recuerda que Dios no va a abandonarles nunca ni a él ni a la persona en peligro, aún más allá de la muerte. La fe cristiana ha relacionado especialmente el sacrificio de Isaac con la cruz de Cristo, a la hora de interpretar el significado de esta muerte: Dios se exigió a sí mismo más que al propio Abraham y permitió que su Hijo unigénito muriera en sacrificio por amor de toda la humanidad. Ante cualquier víctima humana del crimen más horrendo, sabemos que, aunque Dios no proveyera a última hora de un carnero para sustituirla, se ha encontrado en todo momento tan cercano a ella como lo estuvo de Cristo en la cruz y le concede igualmente la Vida con Él en el cielo. No entendemos por qué permite estas muertes, pero sí sabemos que ama a las víctimas con el mismo amor que a su Hijo.

- En el mundo ‘lostiano’ no acabamos de saber si la isla o el monstruo exigen de vez en cuando sacrificios humanos o si el universo ha decidido que muera Charlie, haga Desmond lo que haga. Muchos de los ‘perdidos’ rechazarían este tipo de explicaciones, pero los pobres de entre ellos que están experimentando extrañas visiones o milagros hacen lo que pueden por entender qué es lo que ‘se supone’ que deben hacer, en ese orden superior al que parecen estar sometidos. La experiencia excruciante de Desmond en este episodio le obliga a buscar una orientación interna para manejarse en un universo del que no conoce bien las reglas, en un mundo donde recibe visiones precognitivas. Debido a su formación cristiana ante este intricado dilema entre la vida y la muerte le viene a la cabeza la idea de la ‘prueba de fe’ de Abraham. Pero él no está intentando creer en la isla ni seguir las indicaciones del ‘destino’. Hasta ahora ha estado intentando hacer lo correcto según sus propios valores aprendidos previamente en el mundo real, sin importarle demasiado la voluntad de ese ‘universo’ capaz de corregir toda desviación a sus designios (3.8). Este episodio es el primero en el que casi se engaña, tratando de encontrar una lógica distinta que le permitiera justificar algo que se veía tentado a hacer, pero que su moral no le permitía. Finalmente, sin embargo, en Desmond vence el ‘hombre bueno’ que vio en él desde el principio su novia Penny (3.8): no va a permitir que muera Charlie, a pesar de que en esta ocasión la decisión de salvarle le resulte extremadamente dificil.

Para nuestra reflexión personal queda la pregunta de si alguna vez hemos intentado justificar con alguna lógica alternativa una decisión que no nos acababa de dejar tranquilos en conciencia. Si ese es el caso, tratemos de valorar la cuestión con toda sinceridad, en congruencia con la forma de pensar que estimamos más consistente. Pues no da lo mismo, cada decisión tiene sus consecuencias. Y si no entrenamos bien la conciencia, cuando llegue una situación realmente complicada y oscura será fácil dejarnos arrastrar por la primera idea que nos aporte alguna pequeña pista, por errónea que sea.

Amparo

3.16. Uno de los nuestros

Juliet camina entre furibundas miradas de sospecha hacia un campamento en la playa donde supone que no va a ser bienvenida. Sólo Jack está de su parte, pues el médico se siente solidario con esta joven que desea salir de la isla tanto como ellos y que ha sido aparentemente abandonada por lo suyos. Ella, nerviosa por tener que afrontar la hostilidad de los que hasta ahora han sido sus enemigos, recuerda la ingenuidad con la que hace más de tres años dejó a su hermana en Miami para aventurarse a viajar a un lugar desconocido, sólo porque le aseguraban que allí podría poner en juego su extraordinario don para llevar vida allí donde reina la esterilidad. Desde que tomó aquella decisión ha vivido en la isla, inmersa en la comunidad de los Otros... hasta ahora.

Juliet confió en los amables científicos de “Mittelos Bioscience” (Richard Alpert y Ethan Rom) hasta el punto de aceptar ser llevada inconscientemente a ese lugar tan especial. A su llegada a su destino, en el muelle al que fue llevada en submarino, la esperaba Benjamin Linus, ansioso de empezar a ver los frutos del trabajo de esta brillante investigadora. Pero tras los primeros seis meses acordados Juliet no había logrado dar con el remedio para las muertes de las embarazadas en la isla. Pues resulta que las misteriosas características curativas de este lugar resultan extrañamente contraproducentes en caso de embarazo, de forma que los Otros deben enterrar una y otra vez a aquellas de sus mujeres que se atreven a esperar un bebé. La doctora diagnosticó que el problema estaba relacionado con el momento de la concepción, pero al solicitar que se dejara a sus pacientes salir de la isla, sólo obtuvo una negación rotunda de Ben a que nadie saliera de allí, incluida Juliet.

Angustiada por la infructuosidad de su empeño –por tener que ver morir a tantas mujeres que habían confiado en ella– e impaciente por atender a su hermana cuyo parto se acercaba, Juliet pidió volver a Miami, pero Ben le hizo saber entonces que la vida de Rachel se encontraba en peligro por una nueva recaída en su enfermedad. Ben estaba dispuesto a prometer que el misterioso Jacob la curaría del cáncer si Juliet accedía a continuar su tarea en la isla. Y de nuevo la abnegada doctora volvió a confiar en uno de los Otros, hasta descubrir dos años y medio después que el propio Ben estaba aquejado por un tumor. Llena de amargura teme haber sido engañada y manipulada todo este tiempo mientras que su hermana probablemente haya muerto, sentimiento que explica las lágrimas ante el espejo en el primer momento en que se nos dio a conocer este personaje (3.1). Más tarde ese mismo día, el mismo en que los Otros desde su poblado situado en el corazón de la isla ven caer del cielo el desafortunado vuelo 815, a Juliet se le permite ver en los monitores de la estación LLama a su hermana Rachel y a su nuevo sobrinito Julian, por lo que, aunque bastante aliviada, su deseo de salir de la isla se acentúa enormemente. Ben le niega nuevamente en esta ocasión la vuelta a casa mientras expresa su esperanza de que entre los supervivientes del vuelo se encuentre alguna embarazada para continuar con la investigación.

Juliet, ayudada por Ethan (1.10, 2.15), investigó de hecho el embarazo de Claire, caso especial que proporcionaba datos nuevos al no haber sido concebido Aaron en la isla. Sabemos también por otros episodios que Ben aprovechó la supervivencia de un cirujano espinal entre los pasajeros del avión estrellado, para, sometiéndose a su bisturí (3.6, 3.7), deshacerse del temido tumor y prometiendo con ocasión de esta intervención quirúrgica a ambos doctores, Jack y Juliet, que les dejaría salir de la isla. Pero esta posibilidad voló por los aires junto al submarino de los Otros por obra de John Locke (3.13) hace sólo un par de días.

Tras este recorrido, la idea es que ahora Juliet, sin posibilidad de salir de la isla pero habiendo sido castigada con una ignominiosa marca por los suyos (3.9) y finalmente abandonada por ellos (3.15), sea acogida por el grupo de supervivientes bajo el amparo de Jack. Pero esta idea es sólo un artificioso plan de Ben para infiltrar a una agente suya en el campamento de la playa; plan diseñado desde bastante tiempo atrás, ya que se complementa perfectamente con la activación de un implante que habían colocado en Claire un par de meses antes, mientras la joven australiana estuvo secuestrada (1.11, 2.15).

Una ingenua doctora dejó Miami deseando cumplir su sueño de poder dedicarse plenamente a investigar en favor de la fertilidad en un contexto en el que fuera suficientemente reconocida y respaldada. La mujer que se acerca ahora a la comunidad de los supervivientes del vuelo siniestrado ha fracasado en su investigación principal en la isla, habiendo visto morir a todas sus pacientes (salvo Claire), ha sufrido la pérdida de su compañero Goodwin (con quien la vemos en cama dos noches antes de que éste corriera al encuentro de los supervivientes de la cola, entre quienes encontró la muerte, 2.7), ha matado a su compañero Danny (3.7), conspirado para matar a su jefe Ben (3.5), amenazado y herido a Jack, Sawyer y Kate (3.1-3.7) –hasta decidirse a liberar a estos dos últimos (3.7) y a hacer amistad con el primero (3.9)– y finalmente ha engañado y manipulado a Kate (3.15) para intentar ganarse su confianza. Con este bagaje a sus espaldas y su sueño imposible de volver con su hermana y su sobrino a Miami, Juliet intentará integrarse en la nueva comunidad por medio de la manipulativa curación de Claire, pero manteniéndose vinculada a los requisitos de Ben en una difícil posición de espía. Se trata de una mujer frustrada y desengañada, pero dispuesta a sacar fuerzas de flaqueza para afrontar los interrogantes de Sayid, las suspicacias de Kate y la frialdad de los demás supervivientes, que no están muy por la labor de recibirla con los brazos abiertos.

La mañana discurre con normalidad en la playa (salvo una cierta indisposición de Claire), cuando, mientras se preparan el desayuno, los supervivientes descubren que se acerca al campamento su querido doctor, al que echaban de menos desde hacía más de dos semanas. El corazón de Sawyer queda en suspenso por unos segundos hasta que tras la figura de Jack puede entrever la de su amada Kate, aparentemente sin daño alguno (aunque algo sucia por no haberse podido cambiar desde que se revolcó por el barro durante su aventura con Juliet en la selva, 3.15). Se prodigan saludos y abrazos a los recién llegados, incluido Sayid, hasta que la alegría general queda agriada por una pregunta de Sawyer. “¿Qué hace ella aquí?”, exclama el sureño, sumamente sorprendido de que haya acompañado a sus amigos la inflexible guardiana que conoció durante su prisión en la estación Hydra.

Hurley comunica sutilmente a Juliet la suerte de Ethan (1.15); Sun y Jin la tratan con desprecio; Sayid y Sawyer conspiran para hacerla hablar; pero Charlie es de los pocos que no puede pararse a pensar en la novedad que supone la recién llegada, pues sólo le preocupa que deben curar a Claire, quien presenta síntomas alarmantes. Sin embargo se encuentra poco después ante la seria decisión de tener que permitir que la doctora Otra sea la que inyecte a su amada. En las difíciles horas de espera, agarrado por una mano al bebé y por otra a su madre, se atreve a esperar que todo va a salir bien, y recibe finalmente con una sonrisa radiante el despertar de la enferma ya curada. Esta curación hace que los ánimos finalmente se calmen y se permita a Juliet establecerse en el campamento (me pregunto por qué no dejan a los nuevos las cabañas que han dejado libres los que han muerto recientemente, como Nikki y Paulo, en vez de tener que construirse cada uno una cabaña nueva).

Juliet ha resuelto su situación entre los supervivientes por el momento, pero la gente sigue haciéndose muchas preguntas y las sospechas se elevan hacia ella y hacia Jack. Estas dos personas estuvieron a punto de abandonar la isla hace un par de días, ¿buscaban entonces sólo su propio rescate o también el de todos los demás? ¿y ahora, se sigue preocupando Jack por el bienestar del grupo o sólo por el de su nueva amiga? Conocemos a Jack y se nos hace difícil pensar mal de él, pero está arriesgando su situación de líder respetado en el campamento por su protección incondicional a Juliet. ¿Se sentirá la doctora atraída hacia el bando de los supervivientes como respuesta a la generosidad de Jack, o más bien se verá éste obligado a traicionar a los suyos por su solidaridad con ella? ¿Cuál de los dos bandos enfrentados en la isla puede decir con propiedad que Juliet es “uno de los nuestros”?

Mientras tanto, Locke por su parte se ha internado paralelamente en el bando de los Otros. Veremos en qué queda este intercambio de Locke por Juliet, personajes ambos altamente impredecibles.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- La apocada doctora que a su llegada a la isla desde Miami apenas podía andar debido a sus altos tacones y su falda estrecha, fue siendo obligada poco a poco por la dureza de la vida insular a desistir de los diversos aditamentos, aspiraciones y apegos que se había traído consigo desde la civilización. Con su brillante inteligencia aprendió con prontitud a defenderse y sobrevivir entre manipulaciones y engaños hasta convertirse en un miembro respetado de su comunidad, pero sintiéndose cada vez más desgraciada. La joven que empezó la temporada llorando angustiada y rebelándose en su club del libro frente a Ben (3.1), acabará una y otra vez doblegándose a la voluntad del manipulador líder de los Otros, que siempre sabe qué fibra debe tensar para conseguir su colaboración. Juliet, separada de los suyos, ha sido desestructurada en su escala de valores y se siente tan ‘perdida’ que ahora sólo quiere salir de la isla por el medio que sea. Pretende escapar de una situación que la ha cambiado, llevándola a cruzar límites que nunca hubiera querido cruzar. Parece que la doctora intenta una y otra vez una huída hacia adelante, tratando de escapar como sea de Ben, sin importarle ya medio alguno, puesto que ya ha aprendido incluso a matar. Si este personaje puede encontrar alguna redención en la isla será volviendo a revivir su sentido de la solidaridad con sus semejantes y una generosidad incondicional, similar a la que tan ejemplarmente (aunque quizás de forma algo ingenua) le está mostrando Jack.

- Por parte de los demás es lógico el comportamiento suspicaz, resultando especialmente irónica la reprimenda que echa Juliet a Sayid y Sawyer por querer arrogarse el papel de jueces morales ante ella. Ciertamente el torturador y el asesino estafador deberían pararse a reconocer en su nueva compañera a otra persona que se ha visto llevada moralmente más allá del límite, al igual que ellos, por unas desfavorables circunstancias. En ningún caso las circunstancias justifican los crímenes realizados, pero sí hacen de algún modo comprensible que Sayid accediera a la tortura (ante un superior desalmado, 2.14) y Sawyer al asesinato (engañado y cegado por el odio a la persona que destrozó su familia y su infancia, 1.16). Si les fuera posible dejar a un lado la rivalidad entre los dos bandos de la isla, les sería más fácil a estos dos ‘perdidos’ reconocer en la recién llegada a una más como ellos, a “uno de los nuestros”.

Amparo

lunes, 21 de abril de 2008

3.15. Dejada atrás

A Kate no le han salido las cosas como tenía previsto, quería rescatar a Jack y se encuentra con que ha estropeado el plan de éste para salir de la isla (aunque ha sido más bien culpa de Locke). También en su pasado se encontró en una situación en cierto modo similar: quiso liberar a su madre de un fatídico marido pero su madre no sólo no le agradeció semejante iniciativa (marcada por una cierta tendencia pirómana-asesina) sino que se distanció para siempre de ella acusándola ante las autoridades (2.9). En ambos casos, en su proceso de superación de semejantes fracasos se encuentra acompañada por otra mujer con quien comparte temporalmente su destino, ya sea de forma forzada (Juliet) o voluntaria (Cassidy).

Una vez capturada en el poblado de los Otros (3.13), Kate ha sido encerrada en una habitación y, mientras se pregunta qué estará haciendo Jack, recibe una visita de Locke, que viene a despedirse de ella. Éste le comunica que Jack no ha podido irse al fin, pero que la comunidad de los Otros sí que emprende un viaje. Ben ha invitado a John a acompañarlos y ha especificado que no quieren llevársela a ella por lo que le hizo a su padre. Poco después de despedirse su visita, la joven ve a través de su ventana cómo los habitantes de los barracones hacen el equipaje y se proveen de máscaras, mientras que, como regalo de despedida, le lanzan un bote de gas narcótico. Cuando despierta se encuentra en la selva y de nuevo esposada (con lo que ella odia las esposas), pero esta vez la que comparte este fastidioso instrumento de retención con ella es Juliet, la rubia Otra que actuó como firme guardiana durante su cautiverio con Sawyer en la Hydra (3.2, 3.4, 3.6), hasta que al final los ayudó a marchar (3.7), y que últimamente parece tan cercana a Jack (3.13).

Juliet afirma en un principio no saber nada de por qué están las dos al aire libre y así vinculadas, cuando su último recuerdo es parecido al de Kate: un bote de gas irrumpiendo en su casa. Aunque Kate desconfía de ella no tiene más remedio que apechugar con esta indeseada compañera de desventuras, dispuesta a imponer con la fuerza bruta su deseo de volver al poblado Otro, donde supone que aún estarán Jack y Sayid. El monstruo isleño interrumpe la pelea de las dos mujeres obligándolas a refugiarse en el interior de un árbol, mientras a modo de advertencia les prodiga unas extrañas ráfagas blancas de luz. Sólo la descomunal amenaza que este misterioso ente supone para ellas ha conseguido un instantáneo acuerdo entre las dos rivales: correr juntas para preservar su vida.

El brazo dislocado de Juliet consigue suscitar en Kate un cierto arrepentimiento por su brutal agresión y un incipiente deseo de colaboración, para evitar mayor sufrimiento a su compañera-rival (sobre todo porque si está demasiado hecha polvo no podrá caminar tan ágilmente con ella de vuelta al poblado). Y, como era de esperar, acaban aflorando en la agria conversación sus diferencias mutuas con respecto a Jack. Juliet no duda en informar a Kate de que ha roto el corazón del joven médico al entregarse sexualmente a Sawyer (momento que fue oportunamente recogido por una cámara y reproducido en una pantalla, 3.6) y que ésta sería la razón principal por la que él le pidió que no volviera nunca a buscarlo (3.7). Kate, dolida por esta revelación, se siente culpable de la posible decepción sufrida por el amigo que tanto se sacrificó para salvar su vida, y empieza a creer que verdaderamente Jack hubiera preferido que no viniera a rescatarle. Su tristeza se agudiza cuando Juliet alardea de que sabe muchas más cosas sobre su amigo que ella, aunque sólo se han conocido durante un par de semanas, mientras que nuestra pecosa ha convivido con él por más de dos meses. Pero antes de poder percatarse de cómo esta nueva información afecta a la relación entre las forzadas compañeras, los rugidos del monstruo las instan otra vez a emprender unidas una veloz carrera, superando como pueden sus rivalidades en medio del fango hasta, totalmente embarradas, dar de bruces con sus irreconciliables diferencias ante la barrera sónica.

El mortal dispositivo que alberga esta línea de defensa repele al monstruo y al mismo tiempo revela las mentiras de Juliet: en contra de lo que había afirmado anteriormente ella tenía una llave para abrir las esposas y sabía algo de la abominable criatura, ya que activa la barrera de seguridad y se queda esperando junto a ella, sin pestañear siquiera, a que el monstruo se vaya. Kate, encolerizada por el engaño del que ha sido víctima, pide explicaciones a Juliet y la llave para quitarse su parte de las esposas. Sin embargo es consciente también en cierto modo de que su odiada rival acaba de salvarle la vida (cuando el humo negro se acercaba amenazante, aunque podía perfectamente haberla dejado al otro lado de la barrera Juliet insistió a Kate para que la cruzara). La explicación de Juliet tiene cierto sentido: le mintió para dar ocasión a que se generara un cierto compañerismo entre las dos al verse relegadas a una misma situación. La rebuscada maniobra, aún si llegáramos a admitir que fue bienintencionada, no deja de ser una auténtica manipulación.

Ya de vuelta en el poblado Otro, Kate despierta a Jack, que aún se encuentra inconsciente bajo los efectos del gas, e intenta ponerle al día, pero se ve abrumada por la culpabilidad de haberle hecho sufrir y haber estropeado sus planes. Nos muestra así que, gracias a la insidiosa rubia, nuestra protagonista ha asumido completamente una culpa que no le corresponde y la idea de que a Jack verdaderamente no le alegra verla. Para colmo de males, el doctor sólo sabe preguntar por Juliet, con la intención de invitarla sin rodeos a volver con ellos a la playa. Aunque la doctora, para ganarse la confianza de los ‘perdidos’, alega haber sido “dejada atrás” por los suyos, está presentando de hecho una inteligente jugada que le ha permitido “dejar atrás” a su rival en todos los frentes.

Kate se ha encontrado de nuevo ante la desazón de que todos sus esfuerzos por ayudar a una persona amada hayan sido totalmente malinterpretados, produciendo el alejamiento afectivo de esa persona. En el caso de Jack, el problema es que éste viera en un monitor algo que ella hubiera debido explicarle antes, pues se trata de una forma muy dolorosa de acabar con las ilusiones de un hombre enamorado. Pero en el caso de Diane, la muchacha sencillamente no debió matar al hombre que su madre amaba, pretendiendo además que era una forma de quererla y protegerla. Matar a su padre a sangre fría, aunque fuera por defender a una víctima de maltrato, fue un error lo suficientemente grave como para romper en añicos el amor de una madre. Es cierto, como dice Diane, que no lo hizo realmente por ella, sino por una insana necesidad que sentía de acabar con él como hija desengañada (2.9). Diane, en esta ocasión, a pesar de todo encubre a su hija, pero la avisa de que es la última vez que va a ocultarla ante las autoridades. En el caso de Jack, el error de Kate fue herir los sentimientos del doctor por amar a otra persona. Un crimen mucho menos grave, pero por el que vemos a la joven dolerse, más arrepentida de lo que nunca estará por haber matado a Wayne. Si tenemos en cuenta que Sawyer le recordaba en cierto modo a su odiado padre (2.9), vemos cómo esa ‘relación’ sigue envenenando su vida, haciéndola sentirse siempre culpable, quizás hasta que sea capaz de aceptar su verdadera culpabilidad en el terrible crimen que cometió.

Curiosamente es en los flashbacks donde Kate va a descubrir una verdadera aliada, que la comprende y desea lo mejor para ella, comprometiéndose a fondo para ayudarla, precisamente cuando buscaba en vano un apoyo semejante en su madre. Cassidy adivina enseguida que la muchacha que le echa un cable en la gasolinera sólo pretende evitar que acuda la policía. Sin embargo, agradecida, se ofrece a ayudarla, quizás porque tras su desengaño amoroso con Sawyer (2.13) necesita ese compañerismo, tener a alguien en quien poder confiar. ‘Lucy’ acepta la oferta de ayuda de su nueva amiga para conseguir hablar unos momentos con su madre, llegando a confiarle al final su verdadero nombre y hasta un extraño consejo con respecto al hombre que la engañó y que sin embargo ama: “denúncialo a la policía”. En labios de Kate es toda una ironía: si un tipo te ha engañado dime su nombre para que hagamos algo al respecto, pero si aún lo amas, llama a la policía y que lo encierren. Como diciendo, es lo que hizo mi madre conmigo y no podré nunca perdonarla, por lo que creo que es la mejor venganza. A pesar de la ironía, el consejo de Kate fue probablemente muy bueno, pues sólo así consiguió Cassidy acercarse de nuevo a él –teniendo ya saldada la cuenta que tenían pendiente– y decirle que tenía una hija suya, lo que permitió a Sawyer actuar al respecto (3.4). Si Sawyer hubiera seguido libre, Cassidy no hubiera podido acercarse a él más que humillándose, haciéndole ver que a pesar de que la timó es tan tonta que sigue enamorada de él. Encerrarle en la cárcel fue su forma de ponerle en su sitio y hacerse respetar, y de alguna forma constituye una venganza, sin ser demasiado cruel. Al contrario que en el caso de Kate, Sawyer había actuado conscientemente en contra del bienestar de Cassidy por lo que, aunque le disgustara la cárcel, tenía que admitir que ella estaba en su derecho de denunciarle. Algo que Kate nunca perdonó a Diane.

Y ese mismo tipo al que en el flashback su ex-novia no sabe si querer u odiar, si perdonarle o castigarle, es el que en la playa de nuestra misteriosa isla sigue inspirando similares cuestiones a sus convecinos. Le tienen cierto aprecio por ser uno más del grupo, pero a veces no pueden soportar su manera de ser tan despectiva, sarcástica y egoísta. Las sospechas levantadas con respecto a las muertes de Paulo y Nikki (3.14), sumadas a su mala jugada en el 2.13 (especialmente inolvidable para Sun) y otras historias previas, generan un mal rollo en el campamento que James no puede dejar de percibir y que Hurley aprovecha en jugada magistral para impulsarle a ser más considerado. Sawyer cae en la trampa del ingenioso Hugo, quien nos muestra un ejemplo de manipulación efectiva, aunque totalmente altruista. Presentado en semejanza a un proceso político de elecciones, Hurley aconseja al inexperto James los movimientos más importantes para ganarse la confianza y el cariño de sus compañeros y evitar así el supuesto destierro. Finalmente descubrimos que la estrategia política no iba en absoluto descaminada, pues lo que el orondo asesor ha tenido en mente desde el principio es proveer al grupo de un nuevo líder, para el caso en que el regreso de los otros cabecillas previamente establecidos en la comunidad se retrase demasiado.

Kate trata de conseguir aceptación y perdón sin conseguirlo, tanto en su pasado como en su presente en la isla, salvo por la admirable ayuda que le proporciona Cassidy, mientras que Sawyer, que ni siquiera lo pretendía, consigue aceptación entre sus compañeros gracias a la desinteresada y benevolente insistencia de Hurley, quien sin deberle nada a tan desagradable compañero, se ha propuesto convertirlo en alguien decente.



Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

Un interesante tema que este episodio nos ofrece para reflexionar es cómo las dificultades y peligros vividos en común catalizan una cierta alianza. El ejemplo más claro es el que brinda la amistad surgida entre Kate y Cassidy, modelo de lo que Juliet pretende a su vez con Kate. Tenemos sin embargo como contrapunto el caso de dos mujeres que debían amarse y ayudarse y sin embargo se han convertido en enemigas de facto: Kate y su madre.

- Cassidy sentía cierta atracción por la delincuencia y pidió a Sawyer que la enseñara a estafar al personal (2.13), siendo finalmente estafada por él. Cuando, algún tiempo después, ve a una joven que lo pasa mal con la ley, inmediatamente se siente identificada y se muestra dispuesta a ayudarla, como agradecimiento por la complicidad demostrada por ‘Lucy’ y porque quisiera creer que es posible ese tipo de camaradería con otras mujeres, apostando por que al menos a una de ellas debería irle bien. Es extraño que entre delincuentes la amistad y la fidelidad pueda mantenerse mucho tiempo, pues se crea un cierto conflicto de intereses como el que le surgió a James. Pero entre Kate y Cassidy se ha creado ese lazo de amistad que ambas añoraban y cada una ha sido capaz de ofrecer lo mejor de sí misma para ayudar a la otra.

- Es mucho más difícil que Kate intime con Juliet, pues existe una historia previa que las ha puesto en campos rivales. La doctora pertenece al grupo de personas que encarcelaron a la pecosa obligándola a picar piedras, que torturaron a Sawyer y la separaron de Jack. Juliet puso una pistola en la frente a Kate (3.2) y un saco en su cabeza (3.6), aunque finalmente cuenta a su favor con haber matado a su propio compañero Pickett para liberarlos (3.7), hecho este último que no deja de ser motivo de desconfianza. Si aún supuestamente pudiera Kate aceptar que finalmente están las dos en el mismo bando, se alza inmediatamente entre ellas la rivalidad amorosa por el interés de ambas en Jack. La fugitiva no puede dejar de observar una excesiva camaradería entre ambos doctores, sintiendo además que no puede hacer nada al respecto, ya que su relación con Sawyer parece haber cerrado para siempre la posibilidad de acceder al corazón de Jack. En estas circunstancias ni siquiera encontrarse perdidas y esposadas juntas en la selva va a hacer que Kate acoja como amiga a su rival. De hecho la golpea más de una vez para hacer prevalecer su opinión, a pesar de darle la bienvenida al “mundo de los que no saben lo que pasa” y creerse a medias que se trata de una pobre Otra abandonada por su gente. Sólo el misterioso monstruo, probablemente el peligro más grande al que podrían ser expuestas en la isla, puede hacer que estas dos mujeres colaboren, aún sin que cese en ningún momento la extrema rivalidad. Juliet salva de nuevo a Kate, pero su insidiosa mentira y su calculada manipulación harán que ésta mantenga enormes recelos hacia la nueva compañera.

- Kate está actuando en el fondo de forma parecida a su madre. Diane nunca podrá perdonar que su hija matara al hombre que ella amaba. Aún quizás si ésta le pidiera perdón, podría intentarlo, pero no es el caso, sino que la joven asesina se acerca desafiante a su acusadora madre, consiguiendo tan sólo mancharla (como símbolo del daño que le hace con su mera presencia). Estas dos mujeres sufrieron juntas las dificultades de vivir con un borracho y maltratador, pero esto no las unió sino que las separó para siempre, ya que sus reacciones ante el problema fueron opuestas: Diane siguió amando al hombre que Kate aborrecía. Wayne se ha convertido en el obstáculo que las separa. El amor de Diane por Wayne, el hombre que la pegaba, es tan inexplicable para Kate como el amor de Cassidy por Sawyer, el hombre que la timó. Sin embargo ella también llegará a enamorarse de este mismo Sawyer, a pesar de despreciarlo en un primer momento, y no podrá perdonar a aquellos que le hicieron sufrir. De este modo el deseo de Juliet de hacerse amiga de Kate acaba reflejando la necesidad sentida por Kate de que Diane la aceptara a pesar de su crimen.

- Y si Wayne es el que separa a Diane de Kate, Jack es el principal motivo de rivalidad entre Kate y Juliet. La atracción que sienten estas dos mujeres por el joven doctor las enfrenta entre ellas. Y mientras que Cassidy y Kate se aconsejan mutuamente para salir mejor adelante, las rivales de la isla sólo sabrán sacarse mutuamente los trapos sucios hasta cubrirse literalmente de barro. Ensuciadas por su rivalidad mutua (al igual que Kate y Cassidy ensuciaron a Diane) estas mujeres requieren del perdón y aceptación de Jack para salir adelante airosas, para recuperar su capacidad de acercarse a los demás limpiamente. Jack puede ver, más allá de toda suciedad externa, la situación de desamparo de Juliet, pero no llega a aceptar las disculpas de Kate, dejándola por tanto abandonada en su culpabilidad. La suciedad de Kate refleja por tanto la tendencia a culpabilizarse en extremo que acompaña a la joven fugitiva desde que mató a su padre y su madre se negó a comprenderla, y que desde entonces enturbia todas sus relaciones.

Amparo

Editado el 2 de Agosto de 2008, a las 2:11, para corregir la redacción y añadir algunos comentarios.

sábado, 12 de abril de 2008

3.14 "Exposé"

Una matrioska es una de esas muñecas rusas, de madera y huecas, que se abre por la cintura, de modo que al abrirla ves una más pequeña que de nuevo se puede abrir para darte un nuevo ejemplar y así hasta llegar al núcleo del juguete: ¿la muñeca más pequeña o un saquito de diamantes sagazmente escondido? Del mismo modo, este episodio de Perdidos esconde entre sus escenas del presente isleño y sus flashbacks nuevas versiones de la misma serie que hasta ahora hemos visto, con nuevos matices y hasta adoptando diferentes géneros televisivos... pero la pregunta más inquietante que se plantea en Exposé es ¿quiénes son Nikki y Paulo, qué encierra el interior de estos misteriosos supervivientes?

Nikki parece ser una bailarina de Strip-Tease dedicada a actividades detectivescas, pero esta primera brillante apariencia queda descartada al revelarse como una actriz. Sólo que se trata de una actriz del montón, mera estrella invitada en una serie famosa de televisión para intervenir en un único episodio en el que además la palma. La ambiciosa muchacha está sin embargo interesada en mantener su romántica relación con el director de la serie... ¿quizás con la intención de que éste la impulse a más altos niveles de estrellato? No, con el más rastrero motivo de asesinarlo y robarle. La que parecía una detective infiltrada en los bajos fondos acaba siendo una ladrona y asesina, obsesionada además con los dichosos diamantes más allá del amor y de la muerte.

La isla ya tiene bastante experiencia con asesinos y ladrones, pero en su cotidiano reto por la supervivencia había sabido plantear a los demás ‘perdidos’ situaciones capaces de redimirles. Este episodio nos ofrece una relectura distinta de los diversos pasajes de la historia isleña, en los que la cabezonería de Nikki le impide atender a los verdaderos valores de la vida, hasta terminar enterrada en una atroz agonía mortal. En su obsesión, la bella superviviente arrastra a la muerte a su enamorado Paulo, quien, a pesar de ser más agradecido y sensible al amor y a la supervivencia, finalmente sucumbe al paralizante veneno de la femme fatale que ha elegido por compañera.

Nikki sobrevive a un accidente aéreo, y sin percatarse de las necesidades de sus semejantes, traumatizados y heridos, está pensando en si su novio se habrá salvado o no. Hasta ahí podríamos entenderla, pero pronto descubrimos que sólo le interesa que Paulo haya sobrevivido para que la ayude a encontrar sus diamantes. Pasa de colaborar en la organización social de los enseres y ropas de los que disponen, pasa incluso del monstruo, preocupada solamente por encontrar su bolsa o una buena excusa para quedarse a buscarla cuando lleguen los supuestos rescatadores. Con esta egoísta actitud queda pequeña a Shannon, quien sólo pasaba de ayudar porque se creía bastante inútil y se negaba a creer que estuvieran en una situación realmente desesperada. El desprecio de Shannon por Boone no dejaba de ser un mecanismo de defensa para no caer de nuevo en una relación de confianza que la había defraudado y herido. Shannon se portó mal una y otra vez, pero nunca con la frialdad de la egoísta y ambiciosa Nikki. Aunque ¿quién sabe si hubiéramos podido encontrar una razón para entender a esta mujer y simpatizar con ella de no haber muerto tan prematuramente?

La explosiva actriz no duda en arrastrar a su novio a una arriesgada e inagotable búsqueda de la valiosa bolsa de mano por toda la isla, descubriendo antes que los demás la avioneta de Yemi y la estación Perla, pero sin molestarse siquiera en comentar con sus compañeros tan interesantes descubrimientos. Paulo encuentra finalmente la bolsa en el estanque donde Kate y Sawyer habían descubierto restos del avión accidentado, pero decide ocultar a Nikki su hallazgo para que ella en adelante no pase de él. En su búsqueda de un escondite seguro para el saquito de diamantes no duda en internarse en la Perla, pero la propia traición a su novia (inspirada por su amor a ella) le impide revelar a los demás la crucial conversación de la que había sido testigo y compartir el walkie-talkie que olvidaron los ‘otros’, que tan buen uso les hubiera podido hacer a los ‘perdidos’. La trágica historia de Paulo es que, aún siendo potencialmente un valioso componente del grupo –ya que parece valiente y comprometido con el bien de su chica–, es propiamente su amor por ella el que virtualmente le paraliza y le entierra en la playa, ya que no podrá hablar con nadie, ni siquiera con ella, de los descubrimientos realizados. Paulo se queja en algún momento (3.5) de no tomar parte más activamente de las iniciativas que llevan a cabo sus compañeros, pero justamente aquélla a la que se apunta Nikki es la que a él menos le apetece que vaya, pues le pone en un potencial aprieto. En vez de poner en juego todas sus múltiples capacidades para colaborar con el equipo en su misión, el pobre ex-cocinero anda escondiéndose en el baño para recuperar de nuevo los diamantes, antes de que Nikki se dé cuenta de que la ha engañado. Su disruptiva relación con ella le ha convertido en un niñato inútil.

Finalmente, cuando Nikki parecía haber ir aceptando la pérdida de su preciado botín y empezaba a integrarse con el resto de la gente, una mañana se da cuenta sorprendida de los chicles de nicotina que tiene Paulo, lo que le delata al instante el engaño que éste ha perpetrado. El inicio de redención que había empezado a mostrar la rubita desaparece en el acto al creer que Paulo quería quedarse con los diamantes para él solo. Ciega para ver los verdaderos motivos de su compañero, la traición de éste justifica a sus ojos la nefanda idea de utilizar una araña venenosa para paralizarle. Se actualiza así de hecho el proceso virtual de paralización que el amor por Nikki estaba produciendo en Paulo. Lo que ella no había previsto es que la insaciable ambición que hasta ahora le ha impedido percibir el incondicional amor de este pobre chico, ha clavado también en ella un peligroso aguijón incapacitante. El caso de ella es aún más grave, pues no se da cuenta de que los pocos minutos que le quedan de libertad son cruciales para pedir ayuda y los pierde en enterrar su preciado tesoro, ineludible predicción de lo que va a consistir su propio destino. Cuando al principio del episodio Nikki entierra sus diamantes está enterrándose viva con ellos. No importa siquiera al espectador qué es lo que está enterrando en ese momento, los diamantes no valen absolutamente nada en esta isla, pero Nikki los ha elegido como su más preciado valor en el momento más crucial de su vida, y los ha elegido para sí misma, sin querer compartirlos ya con Paulo, ni querer ni siquiera mencionar a sus compañeros lo que es más importante para ella que la vida de todos ellos juntos. La bella actriz ha optado una y otra vez por defender sus propios desquiciados intereses en vez de colaborar en la supervivencia del conjunto, siquiera en la supervivencia del pequeño conjunto que suponía su pareja. Cumplirá por tanto en sus propias carnes el adagio de Jack que predice la muerte solitaria del que no opta por la vida del grupo.

Las desventuras de Nikki y Paulo nos revelan también algo del pasado del Dr. Arzt en la isla, quien, siempre interesado en el estudio científico de la naturaleza, cede una y otra vez a la tentación de hacerse valer como alguien más importante de lo que realmente es (entendemos mejor a este personaje tras ver los números 7 y 9 de “Lost Missing Pieces”). Su deseo de impresionar a Nikki va a llevarle a desvelar a tan atractiva oyente los secretos de su araña preferida, información que finalmente le resultará letal.

También colaboran sin quererlo a acabar con Nikki y Paulo los esforzados Hurley y Sawyer, quienes desde que la ven desfallecer a sus pies se empeñan, cual detectives aficionados, en desvelar el misterio de esta extraña ‘muerte’. Descubren bastante bien el meollo que llevó a la discusión fatal entre ambos amantes, pero fallan en lo esencial: el verdadero diagnóstico del mal que aqueja a sus paralizados compañeros. El episodio que ha empezado mostrando una ficticia serie de detectives nos muestra así a nuestros protagonistas usuales jugando a resolver un caso a lo CSI, pero demasiado urgidos por sepultar unos cuerpos que no saben detectar que no están muertos. A falta del doctor Jack Shephard, más preocupado en estos momentos por escapar de la isla con Juliet en un submarino (3.13), sólo Vincent parece detectar la vida que aún late en los dos cuerpos tendidos en la playa. Y mientras el perro intenta darse a entender levantando la cobertura de los no-cadáveres, los supervivientes sólo prestan atención a sus propias querellas internas. ¿Es Sawyer de nuevo un peligro para sus compañeros, como lo fue para Sun en el episodio 2.13? Hurley recurre a Desmond para resolver esta cuestión, pero el propio Sawyer aclara a todos su inocencia. Aunque quien siente la necesidad de confesar su mala acción en el pasado ha sido el bueno de Charlie, pues abocado a una posible muerte inminente quiere poner en paz su conciencia. Sun es la que finalmente descubre haber sido traicionada frente a lo que creía una inquebrantable alianza de ayuda mutua entre los supervivientes, pero prefiere callar ante Jin que provocar una nueva ola de violencia.

Los compañeros finalmente entierran sus diferencias en la playa junto a los cuerpos aún vivos de Paulo y Nikki y los queridos diamantes de ésta. Nuestra serie preferida sobre una isla misteriosa, tras haber coqueteado con el género detectivesco, nos da un toque final del más auténtico cine de terror, o incluso de la más ácida comedia negra. Queda sin embargo en el espectador el amargo sabor de que nuestros queridos protagonistas han acabado matando de la forma más cruel a sus compañeros sin saberlo. Y dando un paso más (o ahondando más a fondo en la matrioska): ya que Hurley y Sawyer en su análisis de las pistas han reflejado más de una vez las propias preguntas que se hace continuamente la audiencia de “Perdidos” (¿habrá sido el monstruo?, ¿qué quiso decir Eko al morir?, ¿serán Nikki y Paulo infiltrados de los ‘otros’?), afirmando incluso Hurley ser un devoto fan de la mejor serie que haya existido jamás (frase que a menudo usamos los ‘perdidomános’), ¿no habrán personificado Sawyer y Hurley el acto asesino de algunos fans de la serie que en su desprecio y desconocimiento de lo que de verdad Nikki y Paulo podrían haber aportado pedían inconmovibles su muerte? Las múltiples capas de lectura de este episodio le convierten en un inteligente ejercicio de sus creadores, que finalmente se vuelve hacia los espectadores más críticos para hacerles ver cómo con su impaciencia han causado la muerte prematura de unos personajes potencialmente fascinantes.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- Me interesa explorar sobre todo el carácter destructivo que tiene la relación de la pareja protagonista para Paulo. Nikki toma continuamente decisiones muy egoístas, de forma que en último término ella misma es culpable de su terrible final. Pero Paulo, a pesar de colaborar en el asesinato y robo de Zuckermann, parecía encaminado hacia una posible redención. El craso error de dejar que Nikki viera sus chicles, además del tremendo fallo de enamorarse de la persona equivocada, hace que su traición por amor sea finalmente malinterpretada, llevándole a la misma terrible muerte que su compañera. Paulo debe sufrir además la honda pena de verse paralizado directamente por la mujer que ama y humillado por la búsqueda que hace ella de los diamantes en su ropa interior. Toda esta situación puede hacernos reflexionar en la posibilidad de detectar a tiempo relaciones destructivas: aquella en las que un amor malamente correspondido va llevando a uno a alejarse de todo lo que podría haber sido, obligándole a no compartir con nadie más lo que es, lo que quiere, lo que descubre y lo que puede aportar; reservándole los esfuerzos más difíciles y negándose finalmente a compartir incluso aquello por lo que ambos habían luchado juntos. El bueno de Paulo, con potencial para haber sido uno de los héroes de la isla, acaba siendo el chico al que sólo vemos entrando o saliendo del baño, con el papel higiénico (3.11) o tirando de la cadena (3.5), como indicio de que es el que siempre se traga todos los marrones. Ante una situación así es importante escapar a tiempo, antes de que el veneno paralizante se haya vuelto irreversible. Pero sabemos que hay bastante gente en la vida real que se engancha en relaciones de dependencia mutua, donde uno es el que siempre manda y el otro el que siempre obedece, de las que casi ya prefieren no escapar.

- También es interesante considerar la extraña manía que estos personajes habían suscitado en una gran parte del público, al hacerse pasar por supervivientes de toda la vida aunque llevaban sólo unos pocos episodios (desde el 3.3). La falta de empatía de la audiencia hacia ellos puede ciertamente achacarse a un fallo de los guionistas y productores de la serie, pero éstos han reaccionado creativamente terminando con la novata pareja en un episodio en el que la serie se parodia a sí misma. A pesar de tratarse sólo de un par de personajes de ficción, el hecho puede hacernos pensar en tantas veces que condenamos a la marginación a algunas personas que sólo son culpables de haber aparecido a última hora en un lugar donde todos ya se conocían antes o de tener una cierta tendencia a encerrarse en sus propios problemas. Un poco de generosidad y apertura por parte de los demás puede resolver a tiempo los problemas de integración y evitar injusticias o incluso males mayores.

Amparo