lunes, 6 de octubre de 2008

3.22-23. A través del espejo

Al principio de esta tercera temporada vimos a Jack en su momento anímico más difícil desde que cayó en la isla. Encerrado tras un cristal en una estación subacuática, intentaba inútilmente rebelarse frente a su situación de cautiverio entre los Otros, mientras recordaba el momento más crítico que había vivido en su vida pasada: ante su inminente divorcio, se obsesionó con averiguar quién era el nuevo novio de Sarah, y no paró de acosarla hasta llegar a un desafortunado enfrentamiento con su propio padre, con lo cual hizo recaer a éste en el alcoholismo (3.1). El doble episodio que cierra la temporada presenta en cambio a Jack en su momento más triunfante sobre la isla: su plan de defensa frente a los Otros ha funcionado (gracias a Sayid, Bernard, Jin, Hurley, Sawyer y Juliet), ha capturado a Ben tras resistir su intento de manipulación, ha vencido la oposición de Locke a que usara el teléfono de Naomi y, finalmente (gracias también a Charlie, Desmond y Danielle Rousseau), ha establecido contacto con una persona en el carguero, quien le ha asegurado que en breve irán a recogerlos. Llevaban tres meses esperando un rescate, y ahora, por fin, ya es algo que está al alcance de la mano. Pero esta victoria de Jack, imagen opuesta a lo que vivía hace poco más de tres semanas, tiene también su contrapunto en el futuro: el joven doctor, que ha vuelto de la isla a su tierra natal, vive en una terrible pesadilla al borde del suicidio, mientras se hunde en una adicción peor que la de su padre y se obsesiona de nuevo con una mujer, esta vez por querer contactar con ella. Kate Austen, que vive en Los Angeles en compañía de un misterioso ‘él’, accede a ver por un rato a su antiguo compañero de infortunios, pero no desea oírle decir que no debieron haber salido de la isla, ni mucho menos quiere escuchar la desesperada insistencia de Jack en que deben volver de nuevo allá.

Entre el espejo que refleja a Juliet al inicio del episodio 3.1 –el día en que se estrelló el avión en la isla– y la desactivación del bloqueo de comunicaciones en la estación Espejo en el episodio 3.23, los supervivientes del accidente han luchado por escapar de la isla y los Otros por esconderles sus secretos y no dejarles salir. Concentrado en sacar adelante a toda su gente y enfrentado a tantas circunstancias hostiles, Jack rechazó a menudo el punto de vista más místico de Locke con el que no veía manera de obtener resultados prácticos, y por otro lado, debido a las muchas mentiras e inexplicables ataques por parte de Ben y los suyos le resultaba imposible considerar a estos vecinos ‘los buenos’. Nuestro doctor sólo pudo corregir su perspectiva al abandonar la isla, regresando al mundo normal a través del ‘espejo’ que supone la misteriosa interfaz de separación entre ambas realidades, para descubrir finalmente en algún momento del futuro que mientras estuvo allí había entendido casi todo al revés.

Empieza el episodio mostrándonos a Jack con un vaso de whiskey en la mano, a bordo de un avión de Oceanic que, tras una ligera turbulencia, está a punto de llegar a Los Angeles. Estas circunstancias recuerdan inevitablemente al doctor las botellitas que tan amablemente le dio Cindy y las tremendas sacudidas del vuelo 815 (1.1), poco antes de partirse en tres mientras sobrevolaba una extraña isla en el Pacífico (3.1). Sorprendentemente, no se trata de que tras aquel fatídico día le sea imposible volver a volar sin miedo a sufrir un accidente similar. No, nuestro protagonista está deseando que la historia se repita. Cada fin de semana coge un vuelo de ida y vuelta hacia el otro lado del océano –usando un pase gratuito que la aerolínea regaló a los que volvieron vivos de aquella terrible experiencia–, con la enfermiza intención de volver a estrellarse sobre la isla, sin importarle la probable muerte de un montón de personas, incluido él mismo, en tan imprevisible suceso. Y es que desea regresar a toda costa a la isla y no puede encontrarla en mapa ni atlas alguno, de modo que ya sólo puede confiar en que el destino le permita volver de la misma manera en que llegó la primera vez. El mismo destino que, según Locke, los llevó allí a todos por una razón (1.25) y que no tenía previsto que Jack llamara un día con el teléfono de Naomi al barco carguero para que los rescataran.

Tras leer una determinada esquela en el periódico la desesperación de Jack va en aumento, de modo que, una vez en tierra, intenta llamar a Kate, aunque ésta le ha dejado bien claro que no quiere hablar más con él. Al saltarle el contestador automático, totalmente desmoralizado, se propone tirarse del puente por el que circulaba en la autopista, hasta que el accidente de un coche a sus espaldas llama de nuevo a nuestro héroe a la acción: una mujer y un niño necesitan que los rescate de las llamas del vehículo siniestrado...

Rescatar a mujeres y niños, además de a los otros varones adultos supervivientes, es lo que pretende Jack en la isla. Los Otros vienen esta misma noche a raptar a sus mujeres (al igual que ya hicieron otras veces, 1.11, 2.7) y como líder ha decidido un plan para recibirles con tres tiendas provistas de dinamita (cuya detonación queda a cargo de los tiradores Sayid, Jin y Bernard) y evacuar al resto del grupo para intentar al mismo tiempo contactar con al barco de Naomi, lo que supone la desactivación previa del bloqueo de comunicaciones situado en la estación Espejo (a donde ha enviado a Charlie con Desmond) así como de la transmisión de socorro de Danielle Rousseau (1.2, 1.9), que se emite desde la torre de radio de la isla. Mientras lidera, cual Moisés, al grupo de supervivientes hacia su salvación, es consciente de que cinco hombres se están jugando la vida para que el grupo pueda ser rescatado, razón por la que se encuentra totalmente empeñado en no que no falle esta misión.

Precisamente cuando dos explosiones (en lugar de tres) y un tiroteo anuncian desde la distancia que el plan de la playa no parece haber salido bien, es cuando se hace más necesario seguir adelante hacia la torre de radio sin mirar atrás, ya que el grupo no cuenta con más armas y, si los Otros han vencido esa batalla, la única forma de escapar de ellos es saliendo de la isla. Esto es lo que Jack había prometido a Sayid, por lo que incluso se cree en el deber de mantener su empeño aún después de encontrarse con Ben a medio camino, oír las oscuras razones que éste le expone en contra de la llamada al carguero y escuchar sobrecogido la amenaza de que sus hombres matarán a los tres tiradores capturados en la playa si no le entrega inmediatamente el teléfono. Rechazando la extorsión de Ben, nuestro doctor sufre el intenso dolor de sentirse responsable de las muertes de sus tres amigos, hasta que algo más tarde, inesperadamente, escucha un anuncio victorioso de Hurley.

Y es que, aunque la misión de Jack como líder del grupo le obliga a seguir adelante, varias personas se han sentido urgidas a volver a la playa para ayudar a los tres tiradores, preocupados porque éstos no acababan de reunirse con ellos. En primer lugar Kate, quien recurre a Sawyer para que la acompañe en tan arriesgada tarea. Pero éste lleva varios días algo huraño y, según ella, medio sonámbulo, y no parece dispuesto a hacerla caso. El sureño anda pensativo desde que mató a su gran enemigo, el viejo Cooper-Sawyer (3.19), acción cuyo alcance aún no ha tenido tiempo suficiente de asimilar. Sin embargo, él sabe que su pecosa tiene toda la razón, y con su característico desdén por su propia vida se decide a marchar a la playa para intentar un desesperado rescate de los recién capturados. Sólo que no quiere ir con la osada muchacha, por temor a que resulte herida; bastante preocupación le supone pensar que quizás esté embarazada. Además, sabiendo que los Otros andan buscando precisamente mujeres preñadas no parece buena idea acercarse a ellos con una de sus presas preferidas.

Juliet comprende la iniciativa de Sawyer y la apoya, ofreciéndose a ayudarle. Parece que se siente algo culpable de lo que haya podido pasar a Sayid, Jin y Bernard, ya que, aunque luego ha cambiado de bando, ella formaba parte del inicial plan de ataque de los Otros. Pero entre ellos dos tampoco podrían haber hecho mucho sin la inteligente iniciativa de Hurley: cansado de que nadie contara con él para nada (3.21) y sintiéndose igualmente responsable de sus amigos en peligro, el bueno de Hugo acude por su cuenta al campamento de la playa con su furgoneta Dharma (3.10). Su repentina irrupción motorizada coge por sorpresa a Ryan, Jason y Tom (los únicos asaltantes no masacrados por las dos explosiones), de modo que atropella mortalmente al primero y provoca la distracción necesaria para que entre Sayid, Sawyer y Juliet acaben con los otros dos. Entusiasmado por el éxito de su acción y sintiéndose, con pleno derecho, el salvador de todos los que le acompañan, el orondo muchacho hace una llamada general a los Otros con el walkie-talkie de Tom, anunciándoles el resultado de la batalla y que no deben acercarse nunca más por su campamento. Esta es la llamada que por fin alivia la atormentada culpabilidad de Jack, junto con la angustia de Rose y Sun, dando una enorme alegría a todos los demás compañeros del grupo (aunque seguramente no a Richard, si es que ha llegado a oír este mensaje mientras dirige al resto de los Otros hacia el Templo).

No obstante, Claire, con su bebé en brazos y sin ganas de compartir expresiones de alivio, se mantiene aún bastante preocupada, pues nadie es capaz de darle noticias de Charlie. El joven rockero había sido atrapado e interrogado por Bonnie y Greta, las guardianas del Espejo, cuando dos personas más acuden a la estación submarina: un nuevo enemigo, Mikhail –enviado como brazo ejecutor más que como refuerzo–, y su compañero Desmond, quien, ante una lluvia de disparos por parte del militar tuerto, se ha visto obligado a abandonar la canoa en la que estaba, sumergiéndose en el agua para internarse ocultamente en la estación. El propio Mikhail dispara a sus compañeras –para encubrir las mentiras de Ben a su gente– y recibe poco después en el pecho un arpón disparado por Desmond. A partir de ahí Charlie cuenta sólo con unos breves momentos para intentar sonsacar a Bonnie, antes de que ésta fallezca, el código necesario para apagar el sistema que impide la conexión con el exterior. La agonizante guardiana, desolada por la traición del jefe en el que tan completamente había confiado, traiciona a su vez a Ben musitando al oído de Charlie las instrucciones para obtener el necesario código. Se trata de teclear en el equipo los números correspondientes a las notas de la canción “Good Vibrations” de los Beach Boys, tarea que no resulta demasiado complicada para nuestro joven músico.

Charlie ha mantenido un optimismo envidiable durante el tiempo en que ha estado prisionero, sabiendo que a pesar de cualquier dificultad sería capaz de cumplir con su misión, ya que Desmond así lo había predicho (3.21). Asumido también el hecho de que iba a morir inmediatamente después, no había temido en ningún momento las amenazas de sus captores, manteniéndose atento a localizar la luz intermitente que debía apagar y a tomar nota de detalles esenciales como la existencia de un código secreto. Se encuentra ahora ante el hecho de que sus enemigos han sido vencidos y que la estación está dotada con equipos de buceo, por lo que tras introducir el código y apagar la luz no queda aparentemente ningún peligro inminente que afrontar, sino simplemente volver a la isla con los demás. No está mal, poder cumplir con la famosa misión suicida y regresar para contarlo.

Pero una serie de imprevistos se concatenan, de modo que Charlie se encuentra de pronto exactamente en la letal situación que había previsto Desmond. Lleno de curiosidad ante el aviso de una llamada entrante, activa la conexión descubriendo que procede nada menos que de Penelope Widmore, la novia de Desmond que se supone ha fletado el barco de Naomi que espera a varios kilómetros de la costa. Penny desmiente toda relación con la paracaidista, aunque se alegra enormemente de comprobar que su añorado novio sigue vivo. Éste en cambio se preocupa precisamente en estos momentos de que el ruso enemigo que suponían muerto ha desaparecido de donde estaba, al mismo tiempo que Charlie, aterrado, ve a través del ojo de buey al invencible Otro buceando en el exterior mientras activa una granada. Con la explosión estalla el cristal y el cubículo empieza a llenarse de agua...

La reacción normal hubiera sido salir corriendo y cerrar la puerta desde fuera. (En una situación similar, Jack y Juliet lucharon juntos por cerrar una escotilla en contra de la fuerza del mar y lo lograron sin excesiva dificultad, 3.1). Desmond, que veía en ese momento a Penny en el monitor, hubiera querido entrar a toda costa para intentar hablar con ella, pero, aún en caso de no haber podido disuadirle, sólo con dejar la puerta abierta, la habitación (y luego el resto de la estación) hubiera tardado en inundarse lo suficiente como para que ambos se pusieran un equipo de submarinismo, o para que simplemente tomaran aire extra en los pulmones y se echaran a nadar sin más hacia el exterior, aguantando la respiración.

Pero Charlie no piensa en nada de esto. Él ve cómo a su alrededor se van cumpliendo todos los requisitos para que se haga realidad la visión de Desmond, y de alguna forma se siente totalmente comprometido en llevarla a cabo hasta el final, incluyendo su propia muerte, porque quiere que igualmente se haga realidad la parte en la que Claire y Aaron son rescatados. El sacrificado muchacho cierra por dentro la puerta de la estancia que empieza a inundarse y se niega a permitir que su amigo entre, ya sea para hablar con Penny o para intentar sacarle a él. Se acuerda sin embargo, en última instancia, de que debe avisar que el barco de Naomi no es el de Penny (razón de más para haber dudado de la conveniencia de que se cumpliera el resto de la visión), y escribe este mensaje en su mano para enseñárselo a Desmond, a través del cristal de la puerta. Su actitud no es meramente suicida ni el fruto de ningún tipo de razonamiento lógico, se trata más bien de una arriesgadísima apuesta por ayudar a que se cumpla un posible futuro. Es igual de irracional que la convicción que tenía el escocés de que debía dejar morir a Charlie para que Penny llegara a la isla en paracaídas (3.17). En aquella ocasión Desmond no aceptó consentir la muerte de su compañero, al igual que tampoco quiere consentirla esta vez, pase lo que pase con el posible rescate. Pero Charlie ha internalizado tanto la veracidad de las visiones proféticas (asunto probablemente discutible) y se ha comprometido tan a fondo con esta última, que ha perdido la capacidad de cuestionar si era necesario en alguna lógica dejarse morir así. Parece haber perdido completamente el sentido de que su vida pudiera servir para algo más allá de esta misión puntual, no parándose siquiera a pensar que los propios Claire y Aaron hubieran preferido volver a tenerle con ellos. Mientras Charlie se santigua en su sepulcro submarino, en medio de la marcha por la isla rompe a llorar el bebé en brazos de su madre, desconsolado, como adivinando la penosa pérdida que acaban de sufrir ambos.

Hemos visto, por un lado, cómo Charlie y Desmond han conseguido dejar vía libre a una posible comunicación con el exterior, mientras que el grupo liderado por Jack ha llegado a la torre de radio para que Danielle desconecte la iterativa llamada de socorro que empezó a transmitirse hace dieciséis años (1.2, 1.9) y evitar así las interferencias que producía en la conexión. Por otro lado, sabemos que Ben está totalmente convencido de que debe evitarse la llamada telefónica al carguero, lo cual, según él, sería el principio del fin, pues dice que un poderoso enemigo (a quien estaría ligada Naomi) está al acecho para encontrar el modo de llegar a la isla, con intención de matarlos a todos, y se debe por tanto proteger a la isla y a sus habitantes de tan gravísimo peligro. La conversación de Charlie con Penny nos ha confirmado que de hecho Naomi no dice la verdad, de modo que ¿es posible que esta vez sea Ben el que tiene razón?

Con Benjamin Linus apaleado y bien atado –controlado de cerca por Danielle y su recién recuperada hija Alex–, el supremo responsable de la isla, el misterioso Jacob, se ha visto en la obligación de recurrir a otra persona para impedir la inminente catástrofe. Por ello ha ‘ayudado’ a John Locke a salir de la zanja donde Ben lo abandonó malherido (3.20) y donde ha despertado sin poder de nuevo moverse de cintura para abajo. Un especial mensajero, un crecidito Walt, ha llevado a John el mensaje de que se deje de lamentaciones (pues estaba a punto de suicidarse) ya que es hora de trabajar. De modo que John, de nuevo milagrosamente curado, se ha puesto en camino, y ha llegado a la torre de radio, tan justo de tiempo, que para evitar la fatídica llamada se ha visto obligado a clavar un cuchillo en la espalda de la misteriosa forastera que ya acababa de marcar el número del carguero en su aparato.

Locke pensaba que no era capaz de matar a nadie (3.3, 3.19), pero parece ser que el nuevo empujoncito de Jacob le ha comprometido tan a fondo con la causa isleña que no le queda ya escrúpulo alguno ni apenas un autónomo criterio moral. No esperaba sin embargo encontrarse con un Jack igualmente comprometido al cien por cien con la causa del rescate, y que tras todo lo arriesgado y sufrido en las últimas horas está dispuesto a morir si es necesario, pero no a rendirse sin más. La llamada marcada por Naomi empieza a emitir los tonos de espera, por lo que Jack coge el radio-teléfono en su mano, ignorando el arma que le apunta directamente en una amenaza mortal. Locke ha discutido cientos de veces con el testarudo doctor, habiendo defendido ambos habitualmente posturas opuestas, pero no puede disparar contra un hombre tan heroicamente decidido a hacer lo que cree que es mejor. Sabe que es imposible convencerle de la gravedad de lo que está pasando, entre otras cosas porque Locke ignora qué es exactamente y sólo ha decidido fiarse de fuerzas que no conoce pero que entiende beneficiosas, por el beneficio que producen en él. John ha hecho hoy por la isla todo lo que podía hacer, ha llegado hasta a matar a Naomi, pero no puede disparar, así a bocajarro, contra su antiguo compañero.

Mientras el ‘pirado’ de Locke baja el arma, Jack escucha por fin la voz de una persona del carguero que responde a la llamada. Tras tres meses de espera es posible finalmente comunicar con alguien de fuera y hacer saber al mundo que aún están vivos: “Soy uno de los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic, ¿podéis localizarnos?” (bueno, algo parecido acababa de decir Charlie a Penny, aunque ésta no se encontraba tan cerca de la isla en el barco). “Por supuesto, esperad, que vamos hacia allá” resuena la promesa de rescate tan largo tiempo esperada, haciendo estallar en gritos de júbilo al grupo de supervivientes. Pero curiosamente, el espectador ya no empatiza con ellos percibiendo la tan anhelada promesa de rescate como una victoria, pues los ominosos anuncios de Ben y Locke, aparentemente ratificados por Penny, parecen convertir esas sencillas palabras en una terrible amenaza...

Paralelamente a la historia de la isla, el barbudo Jack del futuro consigue finalmente una respuesta a la llamada telefónica que lleva intentando hacer desde que bajó del avión. Kate accede a verle a las afueras del aeropuerto, pero sólo un ratito, pues alguien la espera en casa. Ella no había visto la esquela que él le enseña, ni le afecta en absoluto esa muerte, aunque escucha apenada la explicación para los frecuentes vuelos del que en la isla había sido su héroe. Es verdad que ese mismo día había visto a Jack en las noticias salvando heroicamente a dos personas de un coche incendiado, pero Kate sabe que en realidad se halla más bien ante un pobre loco (de quien hemos descubierto asimismo que ha desarrollado una nociva adicción a la oxycodona y que además del héroe salvador había sido, por su intento de suicidio, el motivo de distracción causante del accidente automovilístico en el puente). Los futuros Kate y Jack vuelven a presentarnos las dos opciones posibles a la hora de valorar qué es lo que ha supuesto la famosa llamada de los supervivientes al carguero: no era nuestro destino salir de allí (como decían Locke y Ben, y ahora dice Jack), o sí lo era, hicimos bien en hacerlo (como dice ahora ella y entonces defendía él a capa y espada). Jack ha cambiado totalmente de postura, y tendemos a creerle más a él. No porque este pobre hombre de aspecto descuidado y moralmente deshecho sea más digno de crédito que una Kate limpia y bien ataviada. Sino porque su propia decadencia muestra que las cosas no han ido como debieran. Jack, por lo menos, no hizo bien en salir de la isla. El terrible contraste entre el heroico líder capaz de enfrentarse a todo tipo de dificultades por su gente, por un lado, y por otro, la persona con tendencias suicidas refugiada en las pastillas y el alcohol que no puede ya ni contar con sus viejos amigos para ayudarle, es suficiente para hacernos desear que ojalá hubiera conseguido Ben, como siempre, controlar la situación evitando aquella fatídica llamada.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- El inicio de la temporada ofrece un cierto simbolismo sobre la situación descrita en la isla en el episodio final: Jack ha sido encerrado en un oscuro antro provisto de una pared de cristal (recordemos que Desmond le había comunicado hacía sólo dos días que ni siquiera con el velero se podía salir del entorno de la isla, 2.23), en esta habitación se le niega información sobre dónde se encuentra, cómo están sus compañeros, qué pretenden hacer con ellos, etc; Ben controla todo lo que puede y no puede saber su prisionero, todo lo que puede y no puede hacer, mientras en cambio Juliet le muestra cuánto saben ellos sobre todo lo que le concierne a él (3.1). En el episodio 3.2 el jefe de los Otros se aviene a presentar a nuestro doctor algo de lo que pasa en el mundo con ayuda de una televisión, convenciéndole así de su capacidad de contactar con el exterior, y se ofrece además a llevarle a su casa “al otro lado de ese cristal”, eso sí, siempre que se avenga a hacer lo que él tiene que pedirle (para lo cual usará además a su conveniencia algunas amenazas contra sus otros amigos capturados, 3.6). Todas estas manifestaciones resultan ser un mero espejismo para conseguir algo de él, pues Ben ha dispuesto el bloqueo de comunicaciones con el exterior (aparentemente desde la implosión del Cisne [2.24, 3.4, 3.7, 3.11, 3.13], aunque ocultándoselo a su propia gente) y más tarde agradece la colaboración de Locke para impedir que pueda volver a su casa el recalcitrante médico (3.13). Curiosamente la estancia en la que Jack está encerrado en la Hydra es submarina, y su tozudez por encontrar una salida (pese a los desesperados avisos de Juliet) casi consigue anegarla de agua y matarlos a todos (3.1), preanunciando así la llamada final al carguero y, de forma especial, la estación Espejo y su trágica inundación. El cautiverio de Jack en la Hydra simboliza el encierro del grupo de supervivientes en la isla, incapaces de comunicar con el exterior ni de descubrir nada sobre el lugar dónde se encuentran si no es bajo las estrictas condiciones dictadas por Benjamin Linus. Desde una perspectiva de tal modo restringida se comprende la extrema frustración de Jack, que está harto de que su grupo tenga que sufrir continuas amenazas, sabiendo además, tras varios intentos de negociación con Ben, que con este hombre nunca conseguirá nada. Cuando el destino le presenta una ocasión de salir de la isla independientemente de las manipulaciones del enrevesado líder de los Otros, el testarudo doctor se aplica obstinadamente en el empeño, rechazando por principio cualquier intento de disuasión.

Naomi compara la hazaña del doctor con la de Moisés sacando a su pueblo de Egipto. A semejanza del faraón que se negaba rotundamente a que los esclavos israelitas abandonaran su nación, Ben se niega a consentir que este grupo escape de la isla y de su omnímodo control. La lucha de los unos por salir de este encierro y de los otros por impedírselo, alcanza en ambos casos dimensiones épicas. Ben recurre a la violencia y al engaño, aunque, curiosamente, acaba también apaleado y despojado de sus mejores colaboradores (pierde también a su primogénita, aunque no de la misma manera ni con valor tan decisivo como fue la pérdida del hijo del faraón). Jack, por su parte, sólo cuenta con la abnegación de sus amigos y su inagotable empeño para, más allá de cualquier amenaza, hacer lo imposible por permitir la salida de su pueblo.

Sin embargo, sabemos que Naomi miente, y de hecho la comparación con el éxodo bíblico es bastante engañosa. ¿No podríamos más bien interpretar que tras las primeras dificultades en el desierto el pueblo ‘elegido’ está queriendo volver a sus ollas de Egipto? Locke opina que fueron llevados a la isla por una razón (1.25), y de hecho han sido alimentados con manjares caídos del cielo como lo fueron los israelitas con el maná y las perdices en el desierto (2.18). La ardua supervivencia en un terreno árido, lejos de sus casas y de las ventajas de la civilización de la que provenían, llevó a la gente de Moisés a rebelarse, desagradecida, contra su líder y contra su Dios. De hecho es más fácil encontrar paralelos con lo que sucede en la isla en este sentido que en el otro, pues Jacob no duda en realizar algunos de sus ‘milagros’ en apoyo de los mensajeros que ha ‘elegido’, para impedir que esta gente, que ha vivido por un tiempo en ‘su tierra prometida’, tenga ocasión de abandonarla sin más. Quizás resulte entonces que en vez de ser Ben el malvado faraón (“los malos”), lo sea ese implacable enemigo que espera ansioso encontrar un acceso a la isla para, enfurecido, matarlos a todos.

Es difícil culpar a Jack por empeñarse tanto en rescatar a su grupo. En los tres meses que llevaban en la isla habían muerto al menos once personas de su comunidad (sin contar a los que murieron por causa directa del accidente aéreo) y, además de las dificultades normales para sobrevivir en una isla apartada de la civilización –con sus consiguientes carencias–, debían afrontar la coexistencia con un grupo enemigo y con un misterioso monstruo asesino. Es lógico que, desde un punto de vista racional intentara sacar a su gente de allí. Sin embargo la misión de Moisés no era lógica desde un punto de vista racional, sino que provenía de una llamada mística a iniciar algo totalmente nuevo, con un especial apoyo sobrenatural. Lo cual se parece más a la misión que han recibido en primer lugar Ben y luego Locke, que cual Moisés y Aarón no sólo debían convencer al faraón sino también a los propios israelitas de la plausibilidad de tan arriesgada opción.

El final del episodio parece indicar que la llamada al carguero fue un fracaso de Jack, que fue error suyo empeñarse en hacerla, pero es más acertado pensar que más bien fue un fracaso de los dos encargados de hacer ver al grupo por qué era mejor no llamar. A Jack no le fue dada la ‘fe’ para percibir el oculto transfondo de lo que ocurría en la isla hasta algún tiempo después de haberla abandonado. Pero por extraordinaria que fuera la comunión con la isla de la que supuestamente gozaban Ben y Locke, su misión como gestores de la seguridad de la misma fracasó, por el craso desacuerdo y falta de colaboración entre los dos y por un erróneo planteamiento en cuanto a cómo comunicar la verdad de la isla –sus ventajas y sus dones, junto a los terribles peligros que acechaban en el exterior– a los diferentes grupos (más o menos escépticos) de la población isleña.


- El episodio nos ha presentado también la muerte de Charlie, que trágica en su irracionalidad, no deja por ello de ser heroica, ya que refleja el sacrificio de un joven dispuesto a dar su vida por amor a los demás. Perturba el hecho de que esta muerte no fuera realmente necesaria, perturba por su falta de sentido. Para Charlie, en su propia percepción de los hechos, por su creencia en el inminente rescate de personas muy queridas, sí tenía sentido, pero desde cualquier otro punto de vista parecería ser un sacrificio inútil.

Entiendo que la humilde muerte de Charlie, causada quizás por un mero malentendido, no está a la altura de ser comparada con la muerte de Cristo o de los mártires, pero de hecho cuestiona de fondo el posible absurdo de una vida que se entrega por amor, aunque a efectos prácticos tal sacrificio parezca innecesario. Los mártires dan su vida por defender sus creencias, por la imposibilidad de traicionar su conciencia o de traicionar a su gente, o, más en concreto los mártires cristianos, de traicionar al Cristo que en su día entregó su vida por ellos. Producen así extrañeza en los que hubieran seguido el más práctico principio de conservar su vida fingiendo cualquier opinión que se les hubiera pedido. Del mismo modo, generación tras generación ha preguntado a Jesús, en boca de propios y extraños, por qué no pudo bajar de la cruz y salvar a la humanidad de una manera más razonable. La respuesta está en una dimensión de la realidad que no es tan fácil de percibir con los sentidos, ni de juzgar con la racionalidad. El valor inmenso de esa muerte radica en el inmenso amor demostrado, rompiendo todos los límites posibles del amor humano. El misterio del bien y del mal requirió que Cristo llegara a sufrir ese extremo de crueldad. Sólo los cristianos, los que creen que a pesar de todo venció en su resurrección, creen que aquella muerte tuvo sentido (y un sentido que concede verdadero sentido a todo). Para los demás no deja de ser la extraña muerte cruenta de una persona excepcional, que tuvo mala suerte o no la suficiente visión para evitar un final tan espantoso. Valga la innecesaria muerte de Charlie como tributo “lostiano” a la punzante pregunta por el sentido de toda muerte valiente y heroica que se ve privada de cualquier posible significatividad especial si uno se atiene meramente a las circunstancias históricas.

- La isla parece albergar un misterio escondido que la hace merecedora de que uno renuncie a todas las comodidades de la vida cotidiana en el mundo civilizado, que la hace merecedora de que una comunidad aislada del mundo intente llevar en ella una vida feliz. Misterio que también parece atraer dificultades y peligros especiales para los que han entrado alguna vez en contacto con ella y quizás condena a la infelicidad a los desconcertados que en su día se empeñaron en salir. Podríamos pedir a Jacob, como supremo responsable de la misma, que ejerza un ‘milagroso’ poder en defensa de sus habitantes (al parecer gravemente amenazados), que requiera una mayor capacidad de comunicación y de altruismo en las personas que elige como sus mediadores, y que, a ser posible, provea de sentido el sacrificio del joven músico ex-drogadicto que creyó haber muerto por salvar a los suyos.

Amparo

3. 21. Grandes éxitos

El mundo da ya por fallecido al relativamente famoso Charlie Pace a causa de la catástrofe del vuelo 815 de Oceanic; se celebró un emotivo funeral y en su memoria se han editado los ‘Grandes Éxitos’ de Drive Shaft. Pero, junto con varios de los demás pasajeros de este desafortunado vuelo, el joven rockero sigue vivo... al menos mientras no se llegue a cumplir una de las fatídicas visiones de Desmond.

Durante la breve excursión a la que Jack invita a algunos del grupo para explicarles su plan ante el inminente ataque de los Otros, el escocés recibe una nueva visión precognitiva. Y otra vez se trata de una visión ambigua en la que ocurre algo bueno acompañado de algo malo (como la supuesta llegada de Penny que parecía requerir que Charlie recibiera una flecha en el cuello, 3.17). En esta ocasión el vaticinio anuncia que un helicóptero se llevará a Claire y a Aaron de la isla, pero conjuntamente se revela una nueva forma de muerte para Charlie: ahogado tras apagar una amarilla luz intermitente, acción que de alguna manera resulta necesaria para el rescate. Desmond le cuenta todo esto con detalle al joven músico y en esta ocasión ambos están de acuerdo en que deben favorecer ese rescate como sea, aceptando la muerte si es necesario.

Es curioso cómo Charlie, tras mostrar en episodios previos una excesiva precaución por su temor a las visiones de Desmond (3.12, 3.17), en este caso se ve inclinado a aceptar el destino anunciado, aunque éste con alta probabilidad incluya su propia muerte. El amor por Claire y Aaron le transforma en un héroe, dispuesto a todo por favorecer la salvación de las personas que se han convertido en su familia. Charlie sorprenderá a Jack y Sayid ofreciéndose voluntario para la misión, aparentemente suicida, de bucear hasta una inundada estación submarina para desactivar el sistema que bloquea las telecomunicaciones originadas en la isla. Desmond, dada la estrecha relación que durante las últimas semanas ha ido forjando con Charlie, opta por acompañar al desafortunado muchacho hasta el final.

Desde el primer día en la isla la posibilidad de una muerte cercana ha acompañado tenazmente a cada uno de los supervivientes del vuelo siniestrado. El monstruo que acechó tan de cerca a Charlie, acobardándole hasta los huesos, el día en que murió el piloto (1.1), no ha sido la única amenaza. Osos polares (1.2 y 3.5), abejas (1.7), cuevas que se hunden (1.7), precarios puentes colgantes (1.18), disparos y trampas de Rousseau (1.18, 1.25 y 3.17), más la dinamita que Eko hizo explotar en el Cisne (2.24), han sido, aparte de las muertes impedidas por Desmond (3.4, 3.8, 3.12 y 3.17), ocasiones especialmente peligrosas para Charlie. Pero hasta ahora la situación más grave, sólo superada por el inagotable celo del doctor Shephard, fue aquella en la que Jack y Kate tuvieron que revivir su cuerpo exánime tras encontrarle colgado de un árbol, el día en que Ethan le había raptado junto a Claire (1.11).

Enfrentado a una muerte cada vez más inescapable, Charlie repasa su vida, destacando los cinco momentos más importantes que vienen a su memoria: su encuentro con Claire la noche del accidente ocupa el primer lugar, el reconocimiento por parte de una mujer en la calle (Nadia) de que es verdaderamente un héroe (es decir el hecho de que su persona haya sido alguna vez especialmente útil para alguien) está en el segundo, y su estrecha vinculación con su familia en el resto, incluyendo el importante legado familiar que supone su anillo preferido, la perseverancia de su padre cuando le enseñó a nadar y el éxito que compartió con su hermano en el grupo Drive Shaft. En continuidad con este proceso de recapitulación de su vida, Charlie opta por dar prolongación en Aaron, como su heredero, a todo este pasado de música y familia que significan las iniciales DS de su anillo (iniciales de su grupo y de un antepasado). Con este gesto se despide, como quien no quiere la cosa, del bebé y de su madre, mientras parte hacia la canoa que le llevará a la estación subacuática, dispuesto a entregar por ellos –su gente– lo mejor de sí mismo.

Charlie ha sido capaz de dejar atrás su cobardía siempre que Claire o Aaron estaban en peligro (especialmente en 1.24-25), también cuando entró a rescatar a Jack del interior de una cueva inestable (1.7) y durante aquel curioso experimento al que le invitó Hurley en la furgoneta Dharma para demostrar que ambos aún podían confiar en la buena suerte (3.10). Su protector Desmond ha sabido igualmente olvidar su pasado de cobarde ante situaciones de grave peligro, en las que se ha crecido enormemente: como al accionar la llave de seguridad que originó la implosión del Cisne (2.24) y al ofrecerse en esta ocasión a sustituir a Charlie en su misión suicida. Si la vida de Charlie ha estado marcada por su apego a la familia (2.12), en concreto tras la muerte de sus padres a su hermano Liam –por quien tuvo que hacer grandes sacrificios (2.12)– y después a Claire y a Aaron en la isla, la de Desmond estuvo un tiempo dedicada al cuidado de sus hermanos pequeños (3.8) –lo que requirió también de ciertos sacrificios por su parte–. La interrelación entre estos dos, los únicos británicos del grupo que sepamos (hasta la llegada de Naomi), ha ido cohesionándoles hasta llegar a parecer en este episodio verdaderos hermanos. Desmond se ha convertido en el protector hermano mayor que Charlie tanto había añorado en Liam. Tras compartir una y otra vez decisiones de vida o muerte, estos dos amigos han aprendido a apreciarse mutuamente hasta el punto de estar ambos dispuestos a dar su vida por el otro.

El escocés parece haber encontrado finalmente un sentido satisfactorio para sus continuas visiones trágicas sobre Charlie. Es cierto que en la misión submarina se juegan el rescate de todo el grupo y ambos creen que por tal causa merece la pena morir (también Sayid se había ofrecido voluntario para esta misión suicida). Pero no es suficiente para nuestro visionario con haber obtenido esta vez la aquiescencia de Charlie para su sacrificio (cosa que no se atrevió ni a preguntar en el 3.17). Sigue sintiéndose responsable de la vida de este muchacho, quizás porque en el fondo le está impulsando a actuar según su propia interpretación de las visiones, que podría ser errónea. El bueno de Desmond sencillamente no es capaz de dejar a Charlie partir así como así hacia una muerte casi segura, no sólo le provee de un ‘cinturón de pesas’ que le facilite el trabajo de inmersión y se ofrece a acompañarle en la canoa hasta la estación Espejo, sino que una vez allí entiende que todas sus visiones previas le están invitando a tomar su lugar. Sencillamente le es imposible despedirse de él en esas circunstancias; durante casi un mes ha vivido con la preocupación de salvar su vida una y otra vez y ahora esa misión se ha hecho carne con él y no puede entenderse a sí mismo si no lo intenta de nuevo. La misión suicida debe ser realizada y Desmond está dispuesto a tomar el relevo. En un ramalazo de optimismo decide interpretar que aunque la visión presenta a Charlie muriendo, no presupone nada de lo que le pasaría a él si ocupa su lugar.

Sólo que Charlie ya ha asumido el papel de que su vida debe ser sacrificada por el bien de todos los demás y está en paz con esa idea. En su fuero interno sabe que debe hacerlo. De alguna forma los continuos avisos le han ido preparando para ello: morir se hace más aceptable si tiene un sentido, si se percibe un provecho para aquellos a los que se ama. Todo encaja ahora para él si afronta la misión y no le encaja dejar que su amigo escocés vaya en su lugar. De pronto esta tarea se ha convertido en su gran oportunidad, en la tarea que le completa. Charlie deja al ‘hermano’ Desmond sin sentido y se despide abatido del aire que respira lanzándose a las aguas que supuestamente acogerán su cadáver pocos minutos después. Una de sus zapatillas de cuadros negros y blancos se desprende, cual último vestigio del muchacho cobarde que había sido, y flota hacia la superficie mientras las piedras de su ‘cinturón de pesas’ agarradas fuertemente en su mano tiran de él hacia abajo, hasta que las suelta para ascender hacia la estación donde debe apagar el equipo que impide a su grupo contactar con el barco de rescate.

Pero varias novedades esperan a nuestro valiente amigo en el interior del Espejo: una bocanada de aire en sus pulmones le demuestra que esta estación no estaba tan inundada como creían, mientras que un par de mujeres armadas y con cara de pocos amigos le convencen también de que el cumplimiento de su misión va a ser más difícil de lo que esperaba. Sorprendido de estar vivo, sus gritos de alivio atraen la atención de las guardianas de la acuosa estación, quienes probablemente no tienen ninguna intención de dejarle explorar a su antojo el equipamiento del Espejo.

Dejamos a Charlie de momento en esta extraña situación –en la que un intenso alivio se mezcla con el temor de no poder llegar a cumplir su importante misión–, para constatar que el joven músico no es el único dispuesto a meterse en líos para resolver la grave crisis que afronta el campamento. En un principio todos colaboran en preparar el cableado que permita detonar desde lejos la dinamita, regalo con el que quieren recibir a los Otros que vengan a secuestrar a sus mujeres. Pero tras el aviso de Karl de que el ataque se ha adelantado, el plan originalmente forjado por Jack y Rousseau se transforma por iniciativa de Sayid, quedando finalmente la defensa del campamento y el ataque a sus ‘visitantes’ en manos de tres francotiradores, mientras los demás miembros del grupo deben partir hacia la torre de radio, para contactar con el barco de Naomi una vez que Charlie desactive el equipo de la estación Espejo y Danielle su llamada de socorro. El experimentado militar iraquí decide quedarse a dirigir el ataque a los Otros, convenciendo a Jack de que él es quien debe liderar al grupo que se marcha. Otros dos personajes se ofrecen voluntarios a quedarse en el campamento, Bernard y Jin. Ambos son buenos tiradores, pero además ambos están dispuestos a dar lo que sea por la seguridad de sus esposas. Nuevamente aparece el amor como especial motivación para nuestros héroes “lostianos”. Jack, en cambio, a quien tampoco le faltaba el valor para haberse quedado a afrontar la batalla, parece estar motivado más bien por su deseo de venganza, aunque es bien conocido el gran afecto que tiene a su comunidad de supervivientes, a quienes desde un principio ha protegido e intentado salvar a cualquier precio.

De todas formas debemos reconocer al militar Sayid su especial y heroico sentido del deber, ya que se ofrece voluntario tanto para la suicida misión submarina como para la batalla campal que les espera en la playa. Como contrapunto encontramos otro personaje que ante semejantes problemas sólo desea ayudar, pero no sabe bien cómo: Hurley no ve su sitio ni entre los tiradores ni entre los exploradores y decide ofrecerse como colaborador en la misión de Charlie, para verse rechazado (con gran dolor de éste) en términos poco amables. El entrañable gordito trata de averiguar entonces quién más puede necesitarle y, haciéndose cargo de Vincent, se decide a suplir la presencia de su amigo Charlie al lado de Claire, por si pudiera ayudarla con el pequeño Aaron. En toda esta situación se echa de menos una actitud algo más activa de Sawyer, quien al parecer aún se encuentra profundamente afectado por los hechos ocurridos no muchas horas antes en la Roca Negra (3.19).

Finalmente, en la secuencia de hechos de este episodio sorprende enormemente el papel de Juliet, Karl y Alex. Los tres traicionan a su gente, al grupo de los Otros, y aunque es de alabar su deseo de evitar el secuestro o muerte de varios inocentes del grupo de la playa, no acaba de parecer normal que fríamente planeen la muerte de los que hasta ahora han sido sus compañeros. Juliet ayuda a poner la dinamita en las tiendas que ella misma señala como lugar donde encontrar a las embarazadas y Karl no duda en ofrecer un arma para detonar a distancia esta misma dinamita. Es claro que Juliet odia a Ben por haberla manipulado y obligado a ocupar un puesto tan desagradable como infiltrada (3.18), y quizás no ve otra opción para ayudar a sus nuevos amigos, pero su decisión de masacrar a los que, como ella hasta ahora, sólo cumplen las órdenes de Ben, es absolutamente impactante. Quizás se entiende mejor en Karl, quien no deja de ser un desterrado que últimamente sólo ha recibido prisión, golpes y lavados de cerebro por parte del grupo de los Otros (3.1, 3.7) y que además se siente amenazado de muerte en el caso de que le encuentren.

Una imagen expresa la terrible traición a los suyos de estas tres personas: el conejo blanco degollado por Alex. Ésta, con las manos ensangrentadas, recibe de su padre el arma que Karl entregará más tarde a Sayid para matar a los que hasta ahora han sido su gente. Se entiende que Alex no pueda quedarse de brazos cruzados al oír cómo su padre ordena a Ryan que rapte a todas las mujeres del campamento y mate a todos los hombres que se interpongan. Ella recuerda cómo Kate y Sawyer la ayudaron a rescatar a su novio Karl (3.7) y, desde que Sayid le mencionó que su madre real estaba viva (3.13), ha empezado a pensar que Ben quizás no sea su verdadero padre. Cree que no tiene por qué ser fiel a este hombre y a la vez se ve obligada a proteger a los que no les han hecho nada para verse así atacados. El conejo blanco degollado significa que algo ha muerto en el corazón de Alex, su relación con su padre y su gente, su infancia, su inocencia... Alex ha cambiado definitivamente de bando, tan definitivamente como Juliet o Karl con sus más explícitas traiciones. Del mismo modo el conejo blanco degollado puede denotar la muerte de algo muy querido en Benjamin Linus, a quien habíamos visto muy encariñado con similares animales (3.4, 3.20). Ha dejado a Locke derribado en una zanja con un tiro en el abdomen y ha ordenado a sus esbirros atacar antes de lo acordado. Con estas acciones está labrándose la desconfianza de los suyos, incluida la traición de su hija, la persona a la que más quiere.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- A diferencia de la visión que tuvo Desmond en relación con la llegada de Naomi (3.17), en la que Charlie moría de forma accidental, en este caso entre la posible muerte y el resultado positivo que se pretende con la misma existe una relación lógica, de forma que correr ese riesgo adquiere un sentido. En la intención original, antes de descubrir que la estación no está del todo inundada, parecía necesario que alguien se internase en la estación submarina para examinar el equipamiento hasta dar con el interruptor que permitiera desactivar el sistema de bloqueo de las telecomunicaciones, lo cual sería ya un enorme logro, pero se estimaba casi imposible que el voluntario pudiera volver después de nuevo a la superficie, por no poder aguantar tanto tiempo la respiración. Sin embargo, si nadie se atrevía a llevar a cabo esta misión, el grupo no podría contactar con el barco de Naomi para ser rescatado. La salvación de todas estas personas es razón suficiente para arriesgar la vida de una de ellas. De todas formas Jack no lo permite hasta que empieza a dudar de que puedan rechazar con efectividad el ataque de los Otros. Que el grupo se encuentre en la isla en una situación de extremo peligro es lo que permite entender que el sacrificio de uno de ellos por conseguir el rescate de los demás tenga realmente sentido.

Aún así dos razones ayudan a Charlie a tomar su valiente decisión. En primer lugar, las visiones muestran que él consigue apagar la intermitente luz amarilla, por lo que sólo en su caso está garantizado que la misión vaya a ser llevada a cabo (Desmond juega con la ventaja de que sus visiones le dan un conocimiento previo de lo que va a encontrarse en la estación, por lo que resulta también un candidato bastante adecuado). En segundo lugar está el hecho de haber sido elegido para ello por una especie de destino o fuerza mayor. Es clave el detalle que comentábamos en el párrafo anterior: en este caso su probable muerte tiene un sentido. Por mucho que el destino isleño haya programado su muerte una y otra vez no le entran a Charlie más ganas de morir por una causa cualquiera. Pero ahora la causa es muy importante: el rescate del grupo de supervivientes y entre ellos el de sus muy queridos Aaron y Claire.

Supongamos que Desmond no hubiera tenido visión alguna pero Sayid hubiera llegado igualmente a la conclusión de que alguien debía nadar hasta el Espejo e intentar la desconexión del bloqueo. Si Charlie hubiera sido consciente de la necesidad de un voluntario para esa misión probablemente nunca se habría ofrecido, no tanto por cobardía como por albergar dudas de si sería capaz de hacerlo bien (no tenía un buen concepto de sus propias dotes como nadador, 1.5). Lo habrían hecho Desmond o Sawyer, al estar Sayid y Jack ocupados con otros quehaceres (así como Jin y Bernard). Puede que incluso Juliet o Kate se hubieran presentado voluntarias. La diferencia estriba en que Charlie ha sido señalado secretamente para la misión; por medio de Desmond se le ha sugerido que lo haga él, que puede hacerlo. Este hecho de ser ‘elegido’, de hacerse repentinamente consciente de que un grupo de personas necesita especialmente de uno, de que lo que uno haga o deje de hacer marca una diferencia de vida o muerte en las demás personas, tiene una carga motivadora muy importante. Aunque Charlie crea que su vida ha sido muy insignificante, cuenta ahora con la convicción de que va a cumplir una misión esencial. Si muere, su última tarea habrá sido muy significativa.

Es probable que nada de esto fuera muy consciente en nuestro joven amigo. Sencillamente Claire y Aaron necesitaban de su generosidad, y él se encuentra dispuesto a ello. La verdadera prueba, sin embargo, es el ofrecimiento de Desmond. Podría haberle dejado hacerlo a él, pero a estas alturas ya tiene muy asumida la necesidad de su muerte. En su valiente gesto queda redimida toda falta cometida en su vida anterior. En el agua se zambulle un héroe decidido a dar su vida por salvar a su gente.

- La diferencia por tanto la establece el haberse sentido elegido para esta especial misión, el creer que uno ha sido especialmente llamado o vocacionado para ello. Uno puede pasar por la vida con el lema del “sálvese quien pueda”, es decir, que cada uno se cuide de sus propios asuntos, o en cambio, haber sintonizado alguna vez con la llamada a ser una persona disponible para ayudar a los demás, atenta a que alguien pueda necesitar en cualquier ocasión de su generosidad. En nuestra serie hemos percibido más de una vez cómo Jack y Sayid se encuentran siempre atentos a cualquier necesidad, también lo están Kate y desde luego, Desmond, al menos desde que tiene sus extrañas visiones. Hurley, por su parte, no sólo está siempre atento a echar una mano a quien le necesite, sino que su sensibilidad en este sentido le impulsó incluso un día a diseñar una estrategia para conseguir convertir a Sawyer en una persona más atenta (3.15).

Se trata de una verdadera filosofía de vida según la cual uno se entrena en entender su vida como un servicio para los otros, en discernir a qué actividad debe dirigir su tiempo y sus recursos para marcar una diferencia a favor de la vida y la felicidad de sus semejantes. Las personas que perciben así las cosas normalmente se sienten amadas por Dios y especialmente ‘elegidas’ para dedicarse a amar, como han sido amados. Sin esta vocación especial, sería difícil plantearse una generosidad extrema, aunque muchas personas buenas se sienten inclinadas a este estilo de vida de forma natural.

- La cuestión se complica más cuando la elección por la vida de los demás y la defensa de los más débiles exige tener que traicionar a unos amigos o unos valores previos, o aún peor, tener que declarar la guerra a un grupo de personas, supuestamente equivocadas o malignas. En la vida real queremos creer que el diálogo, o en su caso la ley, pueden resolver este tipo de asuntos. Pero en la isla ‘perdida’, Juliet, Alex y Karl, no ven otra opción que o estar con Ben o pasarse al bando enemigo. Con todas sus consecuencias.

Amparo

3.20. El hombre tras la cortina

Es el cumpleaños de Ben, el día en que por desgracia además de celebrar su nacimiento debe recordar la muerte de su madre, quien falleció poco después de darle a luz. Por esta razón su padre, Roger Linus (también conocido como Roger Work Man y póstumamente por Skeletor, 3.10), nunca tuvo muchas ganas de fiesta en fecha tan señalada. Ben no nació en la isla, aunque acostumbra a decir que sí, sino que vino a ella siendo niño cuando su padre fue reclutado para trabajar en la Iniciativa Dharma. Años después, el propio Benjamin acabaría con su padre administrándole un gas mortífero –en la misma furgoneta que más tarde encontraría Hurley (3.10)–, también en la fecha de su cumpleaños, en el día y la hora elegidos por los Hostiles para librar a la isla de todo el personal de Dharma.

Su cumpleaños coincide desde entonces, pues, no sólo con el aniversario de la muerte de su madre, sino también con el parricidio cometido contra su padre y el horrible Dharmicidio, también denominado Purga. Quizás por eso no debería extrañarnos que en esa misma fatídica fecha reciba por la mañana en el provisional campamento donde se encuentra el cadáver de Cooper –traído a cuestas por su hijo, según encargo del propio Ben (3.19)–, comente con los suyos el ataque planeado contra los supervivientes de la playa y termine el día disparando al mismísimo Locke y abandonándole en la fosa común que recoge los restos de los cadáveres de la Purga contra Dharma. El jefe de los Otros sólo recibe durante este día una felicitación, la de su hija Alex, quien, buena conocedora de las circunstancias, en vez de darle un regalo a él entrega preventivamente un arma a Locke antes de que inicie un ilustrativo paseo por la isla con su maquiavélico padre.

Locke está decidido a descubrir los misterios de la isla, y parece ser que es Jacob la persona a recurrir en este caso. Pero a este extraño ser no le gusta ser visitado sino cuando él mismo lo requiere, hasta el punto de que puede dejarse -o no- ver y oír a voluntad por aquellos que osan entrar en su cabaña sin ser invitados. Tras llegar ambos a la morada de Jacob, Ben inicia una conversación con el supuesto gran hombre, invisible e inaudible para Locke, hasta el punto de que nuestro explorador llega a creer que se trata de una farsa montada por Ben, o peor, que éste está completamente loco. Sólo cuando John está a punto de salir de la misteriosa cabaña, Jacob se dirige a él con un “Ayúdame” que parece venir de ultratumba, y que Ben a su vez no llega a oír. En este momento queda establecido que Locke es capaz de interactuar con Jacob o que éste está dispuesto a interactuar con John, por lo que Ben, viendo peligrar su privilegiado puesto de máximo intermediario con la autoridad de la isla, dispara a John y lo abandona en la fosa de cadáveres.

Ben comenzó muy joven a familiarizarse con los misterios de la isla, cuando hacia sus 10 u 11 años, desatendido emocionalmente por su padre, ve visiones de su madre en la selva, por lo que se siente impulsado a escapar del miserable hogar que comparte con Roger e irse con ella. Pero una barrera infranqueable le separa de su madre muerta... En un conejito blanco busca Ben el cariño que tanto echa de menos hasta que, en otro de sus cumpleaños, utiliza al inocente animal como seguro para cruzar la barrera sónica que rodea al poblado. Perdido en la parte desconocida de la isla donde habitan los hostiles nativos, tiene un providencial encuentro con Richard, quien le recomienda volver a casa y tener mucha paciencia, mientras toma buena nota de que este muchacho es capaz de ver y oír apariciones de muertos. Richard parece tener sus propios planes junto con su comunidad, pero compartirá con el joven Ben estos planes unos años después, de modo que ambos colaboran en la matanza de los integrantes de la Iniciativa Dharma, habiéndose reservado Ben la tarea de acabar directamente con su propio padre. Es de suponer que, poco después, este traidor ex-miembro de Dharma se hace con el liderazgo de los Otros debido a su capacidad de interaccionar con Jacob. Richard, que parece actuar en estos primeros tiempos como mentor de Ben, pasa a ser posteriormente uno de sus principales vasallos entre los Otros, extraña evolución en la posición social de un hombre que aparenta la misma edad a lo largo de unos 30 años...

Ben tuvo que aguantar mucho tiempo con gran paciencia a un padre insufrible, soñando con la liberación a la que parecía invitarle su madre en medio de los hostiles Otros. Durante al menos algún tiempo, contó sin embargo con una buena amiga en el poblado Dharma, una niña de su edad, Annie con la que entabló una estrecha amistad durante su infancia. El Ben que conocemos en los tiempos en que los supervivientes del vuelo 815 ya han llegado a la isla, aún contempla nostálgico en el día de su cumpleaños la muñeca de madera que Annie le regaló tiempo atrás como signo de que siempre estaría con él. Es el único recuerdo bueno, aparentemente, con el que le gusta celebrar su cumpleaños entre gente que ni sabe lo que es eso como Richard (¿es que este hombre no envejece?) y a pesar de las múltiples desgracias que suelen acompañar su onomástico.

Locke, llevado de su convencimiento de ser ‘especial’ y estar llamado a comprender los misterios de la isla, ha cumplido con el ritual de matar a su padre (al igual que hizo Ben en su tiempo) y ha insistido en ser llevado ante Jacob, llegando incluso a pegar una paliza a Mikhail, quien pedía explicaciones a su jefe por un tratamiento tan privilegiado al hombre que había intentado matarle (3.12). Ante los acontecimientos vividos en la fantasmagórica cabaña, John juzga con gran superioridad que Ben ha estado engañando a todo el mundo y pretende informar a los demás Otros de tanta tontería, pero Ben le demuestra finalmente que no es tan listo como parece, pues no ha sido capaz de evitar el disparo que le hace caer gravemente herido en la fosa. El ‘especial’ superviviente no ha calculado bien lo que Ben está dispuesto a hacer para mantener su status y además de mostrarse imprudentemente arrogante e irrespetuoso con el traicionero jefe de los Otros, ha demostrado no tener la apertura mental necesaria para reconocer las profundidades del misterio de Jacob. Aún así el mismísimo Jacob parece haberle elegido como depositario de una muy especial súplica de ayuda. Si tanto le aprecia, ¿será capaz Jacob de sacar a John de la fosa antes de que se convierta en una nueva víctima mortal de las actividades purgatorias de Ben?

Mientras tanto, tras colaborar involuntariamente con los planes de Locke en la Roca Negra (3.19), Sawyer ha llegado a la playa con la cinta que incrimina a Juliet como espía de los Otros y se encuentra además con la sorprendente noticia de que ha llegado a la isla recientemente una paracaidista, Naomi. Los supervivientes deciden por fin reunirse y aclarar todas las novedades de los últimos días, descubriendo durante la reunión, en la otra cara de la cinta de audio, que Ben ha planeado un ataque contra ellos para dentro de un par de días, con objeto de llevarse a las embarazadas del grupo, especialmente a Sun que es el caso ya confirmado. Juliet aparece con Jack durante la reunión y explica que ha confesado ya arrepentida al doctor su colaboración con Ben. Ante los recelos de sus compañeros Jack asegura haberse ausentado con Juliet porque estaba planeando algo. ¿Dejarán los suspicaces Sawyer y Sayid de nuevo a Jack la iniciativa para liderarlos ante este nuevo peligro?

Locke ha mostrado en este episodio gran desconfianza hacia Ben, acusándole de ser el hombre tras la cortina que maneja los hilos de un complicado engaño colectivo, pero sin mostrar la precaución defensiva necesaria para tratar con semejante manipulador. Los supervivientes de la playa se han mostrado en cambio excesivamente precavidos ante su líder tras la vuelta de su cautividad (recordemos en qué plan volvió Michael tras estar unos días entre los Otros, 2.22), sobre todo a causa de la compañera Otra que se ha traído consigo; pero en este caso la desconfianza, aunque fundada, parece acabar mostrándose innecesaria.



Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

Locke ha visto temblar la mano de Ben ante la mera mención de una visita a Jacob y se ha crecido pensando que por fin ha pillado a este escurridizo hombre, descubriendo sus chanchullos: cree que tiene engañados a los suyos con la invención de un personaje mandamás que no existe más que en su imaginación. Nuestro amigo John ha recuperado la confianza en sí mismo por la admiración que parecen tenerle los Otros del campamento (3.19), aparentemente debido a la milagrosa curación de su parálisis tras el accidente aéreo. Pero también influyen en la arrogancia que demuestra en este episodio las palabras que le dijo Richard –quien parece estar algo harto del estilo de liderazgo de su jefe–, cuando hablaron hace unos días sobre las posibles intenciones que tenía Ben de desacreditarle ante el grupo (3.19). Se entiende que por esta razón John se muestre impaciente con Ben e inclinado a contar más bien con Richard.

Todas estas circunstancias influyen en la negativa predisposición con la que Locke acude al encuentro con Jacob. Sabemos que se define a sí mismo como un hombre de fe, y que está dispuesto a aceptar sin problemas que en la isla concurren circunstancias extraordinarias. Precisamente está queriendo conocer el transfondo de todos los misterios isleños, con la actitud de quien se dispone a reconocer un poder sobrenatural para ponerse generosamente a su servicio, esperando ser a cambio reconocido como alguien ‘especial’ y encontrar que su vida tiene un sentido; con la secreta esperanza de poder sentirse de alguna forma reconocido, incluso ‘elegido’. Y sin embargo, cuando se encuentra ante el propio Jacob, privilegio concedido a muy pocos, John se muestra despectivo y con poca disposición a ‘creer’. Esta situación recuerda el despropósito que sostuvo al final de la segunda temporada, cuando se empeñó en dejar de introducir los números en el ordenador de la estación Cisne (2.23-24), pues sentía que se trataba de una enorme burla que le ofendía sumamente. De nuevo Ben ha sido capaz con sus extraños manejos de sacar a John suficientemente de sus casillas como para hacerle renegar de aquella misma fuente de sentido que tanto ha estado buscando.

Podríamos plantear aquí la cuestión del papel que corresponde a la persona que sirve de mediador ante el misterio. El misterio profundo que penetra nuestras vidas y el mismísimo universo está de alguna manera oculto a la visión normal, siendo preciso afinar una cierta capacidad especial de percepción para captar su presencia, o incluso algún posible mensaje. Un mediador es supuestamente una persona especial capaz de percibir este misterio e incluso de comunicarse con él que se encarga de facilitar a otras personas la percepción y comunicación con el mismo. Pero para que el proceso de mediación sea posible es esencial que el mediador goce de una sana confianza entre las personas a las que sirve, que vean en él una persona veraz y coherente. Si el mensaje transmitido supone sistemáticamente una ventaja para el mediador, de manera que éste parezca estar manipulando la situación a su antojo, es normal que surja la sospecha de que todo es un montaje en favor de su propio interés. Cuando surge desconfianza en el mediador se siembra la semilla de la increencia, produciéndose además una enorme rabia, al sentirse la persona engañada en algo tan profundo e importante para ella. Sin embargo, el mismo que alberga sospechas sobre el mediador puede haber tenido a su vez la experiencia de percibir personalmente algo del misterio por sí mismo; en ese caso descartará meramente al mediador sin por ello alejarse de la realidad misteriosa con la que quiere mantenerse en contacto, buscando acaso un intermediario más digno.

John escucha la voz del mismísimo Jacob, pero llega a desconfiar hasta de sus propios sentidos debido a las enormes sospechas que le ha despertado la forma de actuar de Ben. Sin embargo, aun siendo consciente de lo traicionero que puede llegar a ser el jefe de los Otros, John no duda en compartir claramente con él su opinión y hasta se atreve a darle la espalda. Su exagerado sentido de superioridad le ha engañado hasta el punto de perder la oportunidad de conocer a Jacob, aun siendo algo que tanto esperaba, y lo que es peor, ha acabado con sus huesos en la fosa de los cadáveres. Este personaje sufre continuos bandazos entre la arrogancia de saber más que nadie y la desesperación de que continuamente acaba siendo engañado. Ha obedecido a Ben hasta el punto de matar a su propio padre –manipulando sin escrúpulo alguno los sentimientos de Sawyer (3.19)–, pero ahora parece haber llegado a creerse más listo que el propio Ben. El resultado es que nuevamente ha sido engañado, aunque no en aquello que más sospechaba. Sus sospechas y desconfianzas, desproporcionadas a causa del sentimiento de amargura latente en él por los múltiples fracasos de su vida, roban claridad a su juicio haciéndole actuar de forma poco razonable. Esperemos a ver si sale de ésta, con la ayuda de Jacob.

La sospecha y desconfianza pueden ser razonables cuando nos encontramos ante una persona que da signos de querer engañarnos, sin embargo, cuando se convierten en algo continuo y exagerado, confunden la razón de forma que pueden hacernos caer aún en un mayor engaño.

Amparo

3.19. El calabozo

El episodio se abre con el primer plano de un objeto que cubre la pantalla de rojo, reflejando unas sombras la ondulación de un fuego cercano. Tras la superficie roja asoman los ojos de John Locke, inmerso en la lectura de un dossier. De fondo se oye el chirriar de juntas de madera y unos murmullos sofocados. El oscuro interior de lo que en su día fue un barco de esclavos, la “Roca Negra”, va a servir de escenario en este episodio para un particular ‘infierno’. En su maloliente calabozo se encuentra encerrado un condenado –atado con cadenas, su cara oculta con un saco–, mientras el hombre que le trajo hasta allí se decide finalmente, quema en la fogata la carpeta que estaba leyendo y sale en busca del verdugo apropiado para ejecutar la pena capital con la que ha sentenciado a su prisionero.

El condenado a muerte es una persona que ha usado muchos nombres pero casi nunca el verdadero. No se trata tanto de que haya encontrado su infierno en el calabozo del barco varado en la selva de una isla perdida, sino más bien de que lo ha llevado siempre consigo, destrozando a su paso por este mundo a todo aquel con quien entraba en contacto. Las extrañas circunstancias que lo han traído a nuestra isla le hacen pensar que está en el más allá, en su versión más tórrida, además de contar con el aparentemente sólido argumento de encontrarse allí con su hijo muerto (supuestamente en el vuelo 815), al que hizo daño tantas veces que ni se acuerda ya.

John Locke debe afrontar de nuevo el cinismo de esa horrible persona que tiene por padre. Pero esta vez no va a tenerle cariño ni lástima, probablemente ya no siente siquiera ni odio ni temor, sólo el asco y la rabia de haber tenido que soportar a semejante ser humano y tener que hacerse además cargo de su ejecución.

No nos encontramos aquí ante la emocionante opción de Luke Skywalker, quien prefiere dejarse matar antes que tener que acabar con su padre, el maligno Darth Vader, debido al noble deseo de que el que antaño fue un valioso caballero obtuviera la redención (en “El retorno del Jedi”). John Locke no considera otra opción que matar a esta persona, quien, una vez ha asumido que ya está en el infierno, se ríe en la cara de su víctima preferida y ofrece su cuello gustoso para ser degollado, despreciando por inútil cualquier tipo de comportamiento compasivo. Pero aún así, el hijo al que robó un riñón (1.19) y tiró por la ventana de un octavo piso (3.13), descubre que no es capaz de coger un arma y acabar con él, aunque sí de orquestar una situación en la que otra persona, igualmente destrozada por este desalmado, sea capaz de ejecutarlo. El informe que recoge en una sola carpeta roja las pasadas acciones del condenado y del verdugo (ambos bajo el nombre de Sawyer) cae al fuego indicando que la suerte de estos dos ha sido echada...

Sawyer ha despertado entre los brazos de su chica y ha salido descalzo de su tienda a aliviar una urgente necesidad. En la selva nocturna se encuentra con el antiguo explorador y cazador que se ha convertido últimamente en peligroso pirómano y posible aliado de los Otros. Como hizo en su tiempo un insidioso jabalí (1.16), Locke le incordia y le provoca llevándole a su terreno, donde tiene pensado aprovechar la fogosidad vengativa del pendenciero sureño para rematar la faena con el hombre que mantiene maniatado y amordazado.

Como una inesperada pesadilla nocturna inicia así Sawyer descalzo (cual penitente) el difícil camino de vuelta a su pasado, para enfrentarse de nuevo en la piel del pequeño James con el hombre que destrozó la vida de sus padres. Tom Sawyer fue el nombre elegido por el estafador para engañar a Mary Ford y llevarse los ahorros de la familia, de modo que el marido de ésta exasperado optó por matarla y pegarse un tiro después (1.8, 1.16). El niño que presenció la tragedia desde debajo de su cama asumió de mayor el mismo alias del enemigo que había decidido matar, como signo de su propio autodesprecio tras dedicarse a similares prácticas embaucadoras.

El odioso personaje que arruinó la vida de su propio hijo reencuentra así un inesperado heredero en el hijo de una de sus víctimas. Bien sabía el Emperador de “La Guerra de las Galaxias” que no era tan difícil convertir a Luke en un nuevo Darth Vader mientras el joven Skywalker odiara al que en su día llevó el mismo nombre. Locke no llega a perdonar a su padre, aun no siendo capaz de mancharse con su sangre, pero cual temible Emperador galáctico juega con los sentimientos de James para extraer de su odio el resultado que necesita obtener. ¿Pero quién es el nuevo posible Darth Vader, John o James?

La gélida frialdad del desalmado Cooper es capaz de dar origen a una nueva legión de desalmados, pero aunque el joven James asumió voluntariamente uno de sus nombres falsos, es más bien Locke el que está adquiriendo su fría y calculadora capacidad de manipular a todo aquel que se encuentra a su alrededor. Claro que él a su vez está siendo manipulado magistralmente por Ben, que es quien le ha dicho que no será aceptado entre los Otros (¿el lado oscuro de la Fuerza?) si no acaba primero con la atadura que supone para él su maligno padre, matándolo (¿quién es el Emperador aquí, Ben o John?)

James se ve atraído por la curiosidad de saber qué es lo que los Otros y lo que Locke saben de él. La forma en que ha transcurrido su vida, entre estafas y detenciones que culminaron en el asesinato cometido en Sydney antes de coger el fatídico avión, puede releerse a la luz de la tragedia que presenció a sus ocho años. Necesita saber cómo interpreta su vida una persona ajena a sí mismo, tras tantos años de sentirse inclinado a odiarse y a hacerse odiar por los demás (2.13). Pero por otro lado se niega a aceptar que un mero informe tenga todos los datos necesarios para valorar quién es él, permitiendo a alguien sacar como conclusión que es un asesino. Por eso mismo se niega a asesinar a una persona porque sí, porque no quiere ser eso que sus papeles dicen que es y porque no quiere tampoco creerse que sabe con certeza que el otro es tan malo como parece. Si él requiere que se le conceda el beneficio de la duda, está también dispuesto a concedérsela a aquel que Locke considera reo de la pena de muerte.

Pero el encuentro con el mismísimo Mr. Sawyer de su pasado da al traste con todas las buenas intenciones de James Ford. Al prisionero no le importa reconocer todas sus hazañas, tanto aquellas cometidas contra Locke como la estafa contra los padres de James. Parece regocijarse en una situación en la que imagina no tener nada que perder, pues cree estar ya en el infierno. Su falta total de arrepentimiento y de respeto por los sentimientos del que fue una víctima colateral, despierta toda la ira acumulada durante casi treinta años en nuestro joven amigo, quien sucumbe a sus deseos de venganza estrangulando a su enemigo con unas cadenas del vetusto calabozo.

Sawyer se cree ahora verdaderamente un asesino, pero la reacción de su cuerpo lo desmiente, pues sale de la “Roca Negra” con deseos de vomitar. De forma saludable se siente asqueado por la maldad (tanto la propia como la ajena), al contrario que su irredento homónimo. Locke sin embargo, sin mancharse las manos, parece haber cruzado más allá del bien y del mal: su única orientación proviene ahora de lo que le pide la isla por medio del insidioso Ben y si éste le pide el sacrificio de su padre, John no duda en sacrificar a su padre y también el alma de James. Sólo que al intentar hacer esto se produce el desconcertante efecto de que más bien acaba sacrificando su propia alma. Ciertas influencias beneficiosas han protegido al torturado sureño de perderse tan totalmente, aunque sólo sean el recuerdo del cariño de su madre y el amor que siente por Kate. Mientras que Locke en este momento sólo reconoce como amiga o aliada a la misteriosa isla que le ha curado y parece querer darle una nueva oportunidad, influencia por la que es capaz de vender su alma al diablo.

Ambos personajes salen del calabozo ‘liberados’ por la muerte del maligno Cooper y preparados para emprender un nuevo camino: uno queriendo dejar atrás definitivamente su parálisis, mientras que dobla el espinazo tras el peso del cadáver de su padre y persigue el rastro dejado por Ben y los suyos; el otro acongojado en su interior por el desgarrador enfrentamiento tantos años esperado, pero empeñado en llevar a su campamento la prueba acusadora de Juliet y el aviso de los planes de ataque de los Otros que Locke le ha comunicado. James se siente necesario en su grupo, llamado a volver allí cuanto antes para proteger de los secuestradores a sus mujeres (entre ellas a Kate), mientras que Locke, tras una última prueba de lealtad con los supervivientes, rompe con toda atadura previa e inicia un nuevo éxodo en solitario.

Juliet debía averiguar para Ben qué mujeres están embarazadas entre las supervivientes de la playa. Pero se encuentra sin quererlo con una noticia totalmente imprevista: una paracaidista ha caído sobre la isla y tiene un radio-teléfono, aunque algo estropeado, para contactar con el carguero del cual despegó su helicóptero. Desmond, Charlie, Jin y Hurley han llegado de noche al campamento y han querido ocultar esta importantísima información especialmente a Jack y a Juliet, debido a la enorme desconfianza que suscitan la rubia ex-Otra y el doctor volcado tan totalmente en acompañarla y protegerla. Sayid se une al club secreto e interroga a la recién llegada Naomi, escuchando asombrado que el avión del vuelo 815 había sido encontrado entero y con todos sus pasajeros muertos a unos cuantos miles de kilómetros, en una profunda sima frente a la costa de Bali. Descubierto en su intento de reparar el nuevo teléfono de contacto, Sayid comunica a Kate la buena nueva, pero pidiéndole que no se lo diga a Jack, lo cual es inconcebible para esta muchacha que sigue creyendo, o queriendo creer, en el que ha sido su mejor amigo desde el accidente del avión.

La vital información pasa así a los dos sospechosos, que parecen tener otro secreto importante entre ellos. La comunidad de la playa, entre sus secretos y suspicacias ha dejado de ser una sociedad unida bajo un solo líder, pasando a ser un cúmulo de grupúsculos que sospechan entre sí. Se presenta ante ellos la oportunidad de ser rescatados al mismo tiempo que la amenaza de un nuevo ataque de los Otros, y en vez de coordinarse y mantenerse unidos dedican sus energías a ocultarse información los unos a los otros. Kate ha intentado servir de puente para reestablecer la confianza, pero sólo ha conseguido sufrir la humillación de que Jack rechace su deseo de privacidad y tras escuchar la situación opte por ocultarle expresamente algún dato vital que hasta Juliet preferiría haberle contado. La única que confiaba en Jack como jefe del campamento ya no sabe qué pensar. En contra de lo que opina el resto del mundo no todos los pasajeros del vuelo 815 murieron, pero los que aún viven se encuentran fatalmente desunidos justo en el momento en que les sobreviene al mismo tiempo una seria opción de salvación y otra muy grave de perdición.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- El episodio trata de una manera simbólica el tema de que la isla, cual posible purgatorio o infierno, planteara a los ‘perdidos’ (supuestamente ya fallecidos) un juicio final u ocasión de tomar decisiones definitivas sobre su vida. Las opciones pasadas de James, recogidas en su dossier, no definen quién es él, hasta que él mismo lo hace sobre la marcha. Pero el peso de sus decisiones previas, reinterpretadas por los que le rodean, le tiende una trampa que finalmente le obliga a hacer lo que no quiere hacer. Sin embargo este hombre, contradiciendo la propia fatalidad del acto que no ha sido capaz de evitar, se encuentra salvado más allá de su propia voluntad, por las referencias de amor incondicional que aún están vigentes en su vida.

En el caso de Juliet es una cinta de audio la que contiene la prueba de su culpabilidad total, cinta que no recogió el revelador “te odio” pronunciado por la joven después de grabar las frases en las que traicionaba la confianza de los supervivientes de la playa (3.18). Nuevamente la prueba tangible no recoge todo lo que esta mujer es y puede hacer, pues sus decisiones futuras sólo dependen de ella y aún podríamos contar con la influencia beneficiosa de Jack. ¿O es Jack el que se ha visto arrastrado a la traición por su apego a Juliet?

- Otra imagen interesante viene sugerida por la presencia de Naomi, que ha venido del cielo con una promesa de salvación (paralelamente a la misteriosa llegada a la isla del maligno Cooper, visto primeramente en el subsuelo). Está herida y la posibilidad de rescate es algo precaria, pues requiere de los cuidados personales a esta portadora de buenas nuevas y de la reparación del teléfono de contacto con el carguero, quedando claro además que si alguien desconfía de la enviada no será salvado (como avisa la misma Naomi a Sayid). Pero la reacción de los supervivientes que la encuentran es ocultar esta buena noticia a su gente. La comunidad desunida y desconfiada está poniendo en peligro su propio rescate. De hecho si el amor incondicional es un buen garante de salvación, la desunión y la desconfianza actúan más bien en su contra, por lo que siempre se ha imaginado como especial e insidiosa labor del maligno el sembrar este tipo de cizaña.

- Los itinerarios centrales que debemos valorar en este episodio son sin embargo los de Cooper y Locke. El endurecido estafador se encuentra más allá de toda posible redención por dos circunstancias: una por su propia decisión, pues parece regodearse con todo el mal que ha hecho y no arrepentirse en ningún modo, pero en esta misma actitud influye la otra circunstancia, su convicción de que la suerte está echada y ya se encuentra en el infierno. Se ríe hasta de la posibilidad de que le maten una y otra vez, pues cree que ya está muerto. Esa idea de irreversibilidad de la propia condena es el dato absolutamente fatal que impide un cambio en esta persona. Su actitud provoca un máximo de odio en los que le escuchan, pareciendo no importarle sufrir con tal de provocar aún más maldad a su alrededor. Se trata de una actitud verdaderamente diabólica. Esta absoluta maldad es la que se supone en los demonios, pero nunca es tan irreversible en una persona humana, pues nadie puede llegar a tener en vida la certeza de haber sido totalmente condenado. Ante la posibilidad de la muerte y de una decisión definitiva sobre la propia vida, cualquier persona puede ser alcanzada por el deseo de arrepentimiento y de alcanzar la reconciliación con las personas a las que alguna vez hizo daño, y si es creyente, con Dios.

Por su parte John Locke es el que toma las decisiones más desconcertantes en este episodio. Acepta la decisión de matar a su propio padre, debido a que su conciencia moral ha pasado a un segundo plano ante la urgencia de descubrir su especial camino en esta isla tan milagrosa, lo cual pasa por obedecer las instrucciones del jefe de los Otros. La decisión la ha tomado Ben y la acción la comete Sawyer, Locke ha encontrado la manera perfecta de sortear sus escrúpulos y conseguir esa muerte, pero él es el que va a quedar más dañado en semejante maniobra. Su imagen al principio del episodio refleja la imagen clásica del diablo tentador: como rey de sus oscuros dominios valora las acciones del encausado, procede a la condena y a atizar el fuego y se lanza por esos caminos como tentador para atraer más incautos hacia su infesta prisión. Con mentiras y medias verdades se convierte en testigo de un angustioso proceso interior, permitiendo que la persona se hunda poco a poco en la miseria del odio y el autodesprecio. Nuestro John Locke, que siempre ha querido convertirse en un héroe, se ha rebajado a ser un vil instrumento de manipulación.

- Los procesos que ocurren en nuestra vida cuando decidimos entre el bien y el mal, sobre todo ante ciertas decisiones más definitivas, han sido descritos tradicionalmente recurriendo a diablos y ángeles, infierno o cielo, fuego o salvación. Sea cual sea nuestra opinión sobre estas concepciones tradicionales los procesos de perdición moral de una persona son reales y se conocen desde antiguo, aunque nos empeñemos en ignorarlos. Utilizando el lenguaje de George Lucas, el creador de “La Guerra de las Galaxias”, no debemos olvidar la enorme atracción del ‘lado oscuro de la Fuerza’ ni el poderoso poder de convicción de los dos personajes malignos de esta saga, uno de los cuales, por desgracia, se pasó al lado oscuro precisamente por querer ser un Jedi más perfecto. Locke ha sobrepasado conscientemente una línea prohibitiva inscrita en sus entrañas porque pensaba que limitaba el desarrollo de su potencial, y esto tendrá sus consecuencias antes o después. De todos modos él tiene como instigadores tanto a Ben como a Richard (y al propio Cooper) por no hablar de una extraña sociedad que esperaba deseosa que cometiera un parricidio. El mal tiene tendencia a multiplicarse engendrando siempre más mal. Sólo la influencia del amor incondicional puede ayudarnos a ganar en esta insidiosa batalla.

Amparo

3.18. F.D.C.

Dos personas de la isla se enfrentan a su posible muerte durante este episodio: la desconocida paracaidista, herida gravemente con una rama al caer entre los árboles, y la valiente coreana, quien descubre que su embarazo puede tener consecuencias letales. Ambas son asistidas en esta hora difícil por uno de los Otros: la joven postrada en la selva recibe una salvadora visita del ex-militar con formación médica Mikhail Bakunin, quien aparece de improviso aunque todos le daban por muerto; Sun es llevada a su vez por Juliet, la doctora especialista en reproducción, a la estación médica, con el fin de determinar un dato muy importante relativo a su embarazo: la fecha de concepción o F.D.C.

Resulta que la F.D.C. es el dato decisivo a la hora de determinar si la joven coreana está en peligro mortal por haber concebido en la isla o no, circunstancia que fundamentalmente preocupa a Juliet (deseosa de dar por una vez buenas noticias a una paciente) ya que Sun se encuentra mucho más afectada por la posibilidad de descubrir con dicha fecha si el hijo que espera es de su marido o de Jae Lee, su amante por un tiempo cuando aún estaba en Corea. La cuestión es muy seria para la pobre esposa ya reconciliada con su esposo: ella quiere que el bebé sea de Jin, sin pararse a considerar que esto la puede llevar a la muerte, mientras que la noticia de que la concepción se hubiera producido en Corea le supondría el dolor de tener que ocultar la verdadera paternidad del niño por el resto de su vida, obligada a recordar cada vez que viera a la nueva criatura el error que cometió y el terrible desenlace del mismo (la muerte de Jae Lee, 3.2).

Y mientras que Sun sufre planteándose quién es el padre de su hijo (que finalmente resulta ser Jin), vemos cómo en su pasado se vio obligada a indagar sobre quién era la madre de su marido, tras ser chantajeada por una desconocida en un parque. Sus investigaciones la llevaron a encontrarse con el humilde señor Kwon, al que ella creía muerto, en la pequeña aldea de la que procede Jin. El pobre pescador, muy contento de poder hablar con su nuera, ante las preguntas directas de Sun en seguida se sincera con ella y le comenta que la madre de Jin era una prostituta. Él se hizo cargo del niño que ella abandonó para no dejar solo al pequeño, aún sin poder saber con seguridad si se trataba o no de su propio hijo. El buen hombre quería mucho a este niño y nunca le contó la verdad sobre su madre, para evitarle esa vergüenza, mientras que Jin, que quiere mucho a Sun, no le cuenta a ésta que su padre aún vive, pues no lo considera digno de presentárselo a su nueva familia. Sun sigue la cadena ocultando a su amado Jin que ha visitado a su padre en la aldea y que ha averiguado quién fue su madre, agravándose la cuestión al recurrir a papá Paik para obtener la enorme cantidad de dinero exigido por la chantajista (su propia suegra en realidad). Paik comprende que hay una cuestión de honor por medio y accede a la petición de su hija, pero poniendo condiciones: Jin tendrá que pagar esta deuda de ahora en adelante dedicándose a ciertas arduas tareas como su ‘asistente especial’ (1.17, 3.2). El amor benevolente y protector del señor Kwon y de Sun ha conseguido evitar a Jin la vergüenza de saber quién era su madre pero sólo a cambio de introducirle en un contexto mucho más destructivo. Al final del episodio escuchamos cómo el pobre Jin pretendió siempre mantenerse libre de deudas con respecto a su suegro, justo cuando hemos descubierto la enorme ironía de que el amor de su mujer y de su padre, y el desvelo de ambos por su honor, son los que le acaban llevando a la terrible situación de mafioso de la que no sabrá cómo escapar. De hecho la culpa no corresponde tanto a las dos personas que más le quieren como a otras dos: su propia madre, quien no contenta con abandonarle de pequeño se dedica a extorsionar a su nueva familia, y su suegro, que tiene un modo muy retorcido de hacerle pagar la deuda que ha contraído con él su hija.

Una forma similar de ironía o benevolencia traicionera podemos observar en el extraño comportamiento de la isla, que por un lado favorece la pronta curación de los heridos y la fertilidad de los varones estériles, mientras que por otro condena a muerte a las mujeres que conciben sobre la isla y a sus pequeños hijos nonatos. Jin y Sun, alejados de las terribles intrigas que les rodeaban en Corea han encontrado en la isla la paz de su matrimonio y la preciosa promesa de un bebé, pero parece que la isla, cual retorcido mafioso, les va a hacer pagar por todo esto un precio muy caro.

Este tema de la benevolencia traicionera reaparece al considerar otra acción aparentemente solícita que esconde una grave amenaza: la doctora Juliet Burke atiende a Sun de la manera más dulce, siendo muy receptiva a sus temores y deseando servirle de ayuda y de consuelo, pero, en cuanto tiene un momento, da la espalda a su nueva paciente y la traiciona, informando a Ben de las circunstancias de su embarazo en una cinta que deja grabada en la habitación secreta de la estación médica. No sabemos aún los planes maquiavélicos del jefe de los Otros, pero había acordado algo con Juliet y ésta cumple paso por paso lo pactado, aun manifestando expresamente su odio al hombre que de esta manera la está utilizando. Juliet se había sentido a gusto actuando de nuevo como la doctora amable que siempre había querido ser, pero al cabo de un rato cae en la cuenta de que más bien es una espía trabajando para un hombre que actúa muchas veces sin piedad. Su acuerdo con Ben la convierte en una peligrosa enemiga de la gente de la playa que empieza a confiar en ella y a quienes quisiera poder ofrecerles su sincera amistad.

Al otro lado de la isla se vive en cambio el diferente caso de una prestación de ayuda extremadamente necesaria llevada a cabo por una persona con una hostilidad manifiesta. La mujer que ha saltado del helicóptero está mortalmente herida, pero ni Charlie ni Jin ni Hurley, ni siquiera Desmond, aunque se vuelcan en socorrerla, tienen los conocimientos médicos necesarios. En un descuido, Hurley, sin pretenderlo, consigue llamar la atención de una persona que sí les puede ayudar, pero se trata de un mortal enemigo que ha sufrido ya en sus carnes la hostilidad de los supervivientes hacia los Otros (se supone que hostigada inicialmente por la propia hostilidad de los Otros hacia los supervivientes). El resistente ruso, al que creíamos muerto por el empujón de Locke entre los postes de la valla sónica (3.12), acude corriendo al lugar del que procede la bengala que ha visto cruzar por los aires, encontrándose de repente ante cuatro de sus enemigos que custodian a una paracaidista malherida. Desmond, en contra del parecer de Charlie, acuerda con él que le dejará ir libremente si cura a la pobre mujer que se está muriendo. El sibilino representante de los Otros realiza eficientemente los cuidados necesarios, pero miente a sus captores en cuanto a lo que dice la joven (que no está sola) y les roba ocultamente el sofisticado teléfono que habían encontrado entre los objetos de la recién llegada. La habilidad de Jin permite recuperar el preciado aparato, pero, finalmente, para bien o para mal, Desmond insiste en mantener su palabra de que el ruso debe quedar en libertad.

Hurley se siente un poco inútil por haber metido la pata un par de veces: al disparar la bengala que delató la posición del grupo y al confesar inocentemente la existencia del teléfono ante una pregunta capciosa de su enemigo. Mientras sus compañeros preparan unas parihuelas para transportar a la muchacha herida al campamento de la playa nuestro orondo amigo se sienta a su lado para velar su sueño y no puede evitar juguetear con el teléfono nuevo, aunque éste no acaba de funcionar. En ese momento despierta la nueva superviviente, quien ya algo recuperada parece ser capaz de entablar una breve conversación. Pero, ante la pregunta de Hurley, de si ha venido para rescatar a los supervivientes del vuelo 815, su respuesta es de lo más desconcertante: el avión que partió de Sydney y nunca llegó a Los Angeles fue finalmente encontrado y se declaró ante el mundo que todos sus pasajeros habían muerto.

Preocupados por la salud de la muchacha y esperanzados por la posibilidad de rescate que ella representa, nuestros ‘perdidos’ no pueden de momento asimilar lo que esta nueva noticia realmente significa. ¿Cómo pueden haber encontrado el avión siniestrado y haberles declarado muertos si nadie ha venido a la isla a buscarlos? ¿Se trata de un tremendo error por parte de las autoridades o de alguna extraña conspiración u oculto misterio? Lo que está claro es que ahora más que nunca están deseando establecer contacto con el mundo exterior, y cuentan para ello con un nuevo y sofisticado teléfono....


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- Juliet y Mikhail se prestan a ayudar a dos personas necesitadas de su pericia, pero ambos se encuentran también ligados, por las buenas o por las malas, con un grupo que resulta ser enemigo de las personas a las que están ayudando. Preferimos pensar que, como personas, se sintieron satisfechos de poder ayudar a un semejante, pero en ambos casos esta ayuda buscaba ser capitalizada con una ventaja para su bando, lo que supone de alguna manera una traición para nuestros supervivientes.

En el caso de Mikhail, lo que este hombre pretende a cambio de su ‘buena acción’ es su propia libertad, además de cierta información relevante (él entiende los balbuceos de la políglota paracaidista) y un modernísimo teléfono que puede dar una enorme ventaja táctica a los Otros. Al contrario que Hurley, el coreano (que de joven recibió entrenamiento militar) está alerta ante cualquier posible jugada del enemigo y no duda en impedirle que se salga con la suya. Charlie ve mala voluntad en la jugarreta del ruso, y prefiere hacerle prisionero, mientras que Desmond opta por mantener la palabra dada. Cada uno de los cuatro compañeros ha respondido de una manera diferente ante la ayuda revestida de amenaza: Hurley de manera inocente, Jin en modo de alerta dispuesto a actuar, Charlie de forma desconfiada y agresiva y Desmond con la mejor voluntad. En equipo no han hecho un mal trabajo: Desmond ha conseguido de él la ayuda necesaria y Jin ha impedido que escape con el teléfono, mientras que la desconfianza manifiesta de Charlie ha prevenido que la inocencia de Hurley cometiera más errores. Lo más llamativo del comportamiento de Mikhail en esta situación ha sido su desafiante sinceridad, dejando claro que es un enemigo pero dispuesto a ayudar bajo ciertas condiciones. Es esta actitud la que ha sacado de sus casillas a Charlie pero ha merecido el respeto de Desmond. Ante una situación tan compleja el combinado de las cuatro actitudes ha conseguido un resultado aceptable: respeto a la persona enemiga, mezclado con una cierta prevención y disposición a defenderse, sin perder del todo la inocencia y la buena voluntad.

Juliet despierta igualmente cierta prevención y susceptibilidad en la playa, y de paso levanta sospechas con respecto a Jack, pero en este caso Sun, dispuesta inicialmente a cuestionar a ambos, acaba dejándose ayudar por la doctora y bajando todas sus defensas ante la afabilidad de esta agradable mujer. Es muy difícil sentirse agradecido por un bien recibido y mantenerse al mismo tiempo alerta por si acaso. La dulzura de la rubia doctora comunica más familiaridad y confianza que la ruda actitud del tuerto ex-militar. La traición de Juliet es por tanto mucho más difícil de detectar y también más dolorosa y dañina.

- Está claro que duele mucho más descubrir la traición de un amigo que la faena de un enemigo declarado. Un amigo o un familiar, y sobre todo la propia pareja, recibe un gran grado de confianza que permite acceso a una mayor vulnerabilidad. Cuando esta cercanía se aprovecha para infligir un daño la víctima se siente doblemente golpeada. Pero en este episodio el pasado de Jin y Sun nos revela que no sólo personas infiltradas en nuestro círculo de amigos con malas intenciones pueden resultar traicioneras, sino que incluso con la mejor de las voluntades las personas amadas también pueden cometer errores y meterle a uno en un gran lío. Se trata, sin embargo, en el caso que estudiamos, de una buena voluntad combinada con graves mentiras y ocultamientos. Es posible que la opción de Sun por acallar a su chantajista suegra fuera en principio correcta, pero en el momento en que acepta el dinero de su padre somete a su marido a las reglas de éste sin su conocimiento, aparte de ir en contra de los expresos deseos de Jin. Está traicionándole bajo la excusa de querer protegerlo, y es esta situación la que estropeará al máximo su matrimonio –haciéndoles sufrir muchísimo a ambos– y le costará finalmente la vida a Jae Lee. Jin probablemente hubiera preferido conocer la identidad de su madre y pasar la vergüenza que fuera ante el mundo antes de convertirse en un mafioso. Paik habría reaccionado quizás furiosamente ante el deshonor que implicaba la noticia, lo cual hubiera supuesto una terrible prueba para esta pareja, pero seguramente hubieran sido capaces de superarlo, pues ya estaban casados y aún se amaban locamente. Jin estaba dispuesto a trabajar duro por mantener a su mujer y quizás habrían tenido que apartarse de Paik, lo cual, aún teniendo en cuenta los códigos de honor se la sociedad coreana, no parece una opción tan mala.

- Descubrimos por tanto dos constataciones para reflexionar: 1. La diversidad de un grupo de personas trabajando en equipo –incluyendo la aceptación de ayuda por parte de un enemigo– posibilita la superación de una grave dificultad. 2. El falseamiento de la verdad, aún con las mejores intenciones y entre personas que se quieren, es potencialmente una fuente de enorme sufrimiento, ya que por desgracia existen en nuestro mundo otras fuerzas menos benévolas siempre dispuestas a actuar.

Amparo

3.17. "Catch-22" (Dilema sin solución)

Desmond, Hurley, Charlie y Jin están disfrutando de una noche de camping a la luz del fuego. Mientras Hurley dora unos marshmallows, Jin cuenta una historia de miedo y Charlie rasguea su guitarra para proporcionar un ambiente tenso a la narración... Desmond, sin embargo, sólo tiene ojos para la foto que se tomó junto a Penny varios años antes y que todavía conserva. No sabe qué pensar, pero en sus visiones precognitivas ha visto recientemente que llega a la isla en paracaídas una persona que parece estar en relación con otra copia de la misma foto, ¿será que Penny viene en su busca? Ella le dijo que con determinación y dinero suficiente se puede encontrar a quien sea... (2.23).

Por desgracia en la misma serie de visiones aparece de nuevo una grave amenaza de muerte para Charlie: esta vez le ha visto morir con el cuello atravesado por una flecha en medio de la selva. Sólo que Desmond en esta ocasión no tiene nada claro lo que debe hacer. Normalmente habría tratado de evitar la muerte de Charlie sin dudarlo, pero ahora quiere que ocurra lo que predice el resto de la visión, la llegada de Penny, y no está seguro de cómo funciona esto de la precognición: quizás si evita que ocurra una parte de los acontecimientos visionados también cambiará el resto. Y, de todas formas, se supone que Charlie va a morir igual antes o después ¿no?

Nuestro pobre escocés se encuentra ante un difícil dilema, aparentemente sin solución: le gustaría hacer todo lo posible para favorecer la llegada de Penny, quien además supone una esperanza de rescate para todos sus compañeros, pero no puede dejar morir a Charlie así como así. En principio, persigue la reproducción de todos y cada uno de los momentos de su visión, en vez de evitar la situación peligrosa en su totalidad, como había hecho en los casos previos (3.4, 3.8, 3.12). Pero cuando Charlie pisa el cable que activa la ballesta para lanzar la flecha (se trata probablemente de una de las trampas que Danielle Rousseau ha dispuesto por esta parte de la isla), Desmond se apresura a salvarle la vida, aún sabiendo que esta decisión puede traer cambios imprevistos al resto de los acontecimientos esperados.

Durante gran parte del episodio nuestro protagonista agoniza ante esta cuestión clave, una y otra vez aparece ante sus ojos la fatal muerte de Charlie, y una y otra vez decide seguir adelante con el plan, arriesgando la vida del joven rockero hasta el último momento. ¿Pero tenía derecho a jugar así con la vida de un semejante, fuera cual fuese el fin perseguido?

El propio Desmond interpreta su experiencia en referencia a la historia de Abraham e Isaac, el relato bíblico en que Dios requiere a Abraham que vaya al monte Moria y le sacrifique allí a su hijo, para sólo a última hora, satisfecho por la disposición de su siervo a obedecer, enviar a su ángel desde el cielo a detener a Abraham y proporcionarle un carnero para que lo pusiera en el altar en lugar de Isaac (Génesis 22). El hermano Campbell, superior de la comunidad monástica a la que Desmond perteneció por algún tiempo, le había explicado que este relato trataba de una prueba de fe, advirtiéndole que no subestimara el valor del sacrificio.

A Abraham le parecía entender que Dios le había regalado a Isaac (nacido milagrosamente durante la ancianidad de este patriarca y de su mujer Sara) para que se cumpliera la promesa divina de que sería padre de un pueblo muy numeroso. Por eso se sentía especialmente obligado a proteger a Isaac, algo además totalmente congruente con su deber como padre. La orden de que sacrificara a su hijo le resultaba totalmente contra natura y sin embargo entendió que Dios sabía lo que se traía entre manos y prefirió confiar en él. Su obediencia le consiguió una víctima sustitutoria de su hijo para el sacrificio y el reconocimiento de Dios a su heroica fidelidad, de forma que se convertiría en modelo de fe para los futuros creyentes.

Nos es difícil entender este relato antiguo más a fondo sin algunas claves básicas de la espiritualidad israelita, pues desde nuestro esquema mental habitual nos parece totalmente incoherente que Dios pida eso a un padre, de modo que, dada la dificultad que tenemos en discernir cuándo una idea nos viene realmente de Dios, hubiéramos optado por determinar al instante que esa petición no era verdaderamente divina, sino algún tipo de autoengaño. Pero intentemos leer desde la experiencia de Abraham lo que vive Desmond en este episodio.

Nuestro protagonista escocés, con ocasión de su inminente boda con su novia Ruth, se siente inseguro de cuál debe ser realmente su destino y percibe lo que cree una llamada hacia la vocación monástica. Tras un mes de silencio con el que demuestra suficientemente su paciencia y su fe, es admitido como novicio, pero ante las primeras dificultades se refugia en la bebida y es expulsado de la comunidad. El hermano superior le comenta que esto ha sido sólo una etapa más en su camino, pero que seguramente está llamado a algo más importante, frase especialmente sospechosa cuando la dice alguien que tiene sobre su mesa una foto con la señora Hawking (3.8) (¿estaba el Universo preparándole para su misión en la isla con ese mes de silencio?) Según Campbell, nuestro futuro héroe sólo tiene que dejar de huir de las cosas pasadas (como un cobarde) y concentrarse en hacia dónde se dirige (¿el amor, el honor [2.23, 3.8]...?) De hecho, nada más salir del monasterio Desmond considerará providencial su encuentro con la joven Penelope, a la que amará para siempre desde ese primer instante. Sea cual sea su importante destino futuro (su papel de salvador del mundo en la estación Cisne [2.24] o su papel actual en la isla como vidente que debe salvar la vida de Charlie una y otra vez) la verdadera felicidad de este hombre depende de su relación con Penny, por lo que podemos considerar que es esta persona la que le ha sido regalada por Dios como señal de una promesa divina que algún día alcanzará su plenitud. Penny es la persona que cumple el papel de Isaac en la vida de Desmond.

Sin embargo nuestro ex-monje (quien tampoco se aclaraba mucho con el relato bíblico que comentamos) ha recibido unas visiones en las que muere Charlie y aparece una persona venida del cielo. Los ‘perdidos’ no hablan a menudo de la voluntad de Dios, pero sí del destino, de aquello que ‘se supone’ deben hacer. Desmond entiende en esta ocasión que debe conseguir que se cumpla todo lo que ve en las visiones, aunque en los demás casos ha entendido claramente que debía impedir que ocurriera lo que aparecía en ellas. Su entendimiento está percibiendo las cosas de manera algo sesgada debido a su implicación con Penny. Ha optado porque lo que ‘se supone’ que debe hacer en este caso es favorecer su reencuentro con su novia en la isla, y por lo tanto todo lo demás que esto conlleva en las visiones. Es probable que esté malinterpretando de raíz desde el principio su particular ‘orden divina’.

Desmond prepara su viaje a Moria llevándose a todas las personas y objetos que considera necesarios para su misión, ocultando a Charlie su previsible papel de víctima (como Abraham a Isaac, quien en vista de los preparativos preguntó a su padre cuál sería la víctima del sacrificio y éste le contestó: “Dios proveerá”). Pero llega un momento en que nuestro protagonista se da cuenta de que la persona que esperaban está en peligro, ya que ha saltado en paracaídas desde un helicóptero averiado y se halla en un lugar desconocido en la selva. Desde el primer momento su misión ha sido encontrarse con la anhelada visitante y si fuera necesario ayudarla, pero ahora teme por la vida de esta persona que ha caído del cielo, y lo único que desea es encontrarla. Este es su deseo primordial y es el que verdaderamente va a ponerle a prueba: ¿será capaz de sacrificar el reencuentro con su amada, su futura felicidad, el sentido de toda su vida, a la propia Penny si fuera necesario? ¿Es Charlie la víctima sustitutoria que se le ofrece en el camino a cambio? Y contra todo pronóstico el bueno de Desmond demuestra que, llegado el momento, es capaz de sacrificar a Isaac. Su sentido de solidaridad o casi de fraternidad con sus compañeros –principalmente con Charlie que por su especial vulnerabilidad ha sido confiado a su cuidado– le obliga a traicionar su idea de mantener intactas las visiones, a arriesgarse a la posibilidad de cambiar el resultado final de su misión, acudiendo en auxilio del joven músico en el último momento para evitar que la flecha de Rousseau lo atravesase. ¿No ha aceptado Desmond la víctima sustitutoria que se le ofrecía por el camino? ¿O es que, por el contrario, el enviado del cielo no llegó a tiempo para evitarle la horrible decisión de si dejaba o no morir a Charlie?

Él entiende que si salva a su amigo puede estar poniendo en peligro a la persona que viene, desde la lógica de que en todo caso es necesario un sacrificio (también Locke tras sus premoniciones del episodio 1.19 entendió que la isla necesitaba el sacrificio de Boone). Quizás la única forma posible de evitar de una vez las visiones de Charlie muriendo, es que alguien muera en su lugar ¿o no sería mejor después de todo que muera él mismo, como requiere el destino, en vez de cualquier otra persona? En su mente Desmond cree que al avisar a Charlie para que se agache puede estar condenando a Penny y es por ello por lo que su acción es tan valiosa. Es claro que Desmond no estaba empuñando un cuchillo para matar a su novia, sino que realizaba la acción mucho más lógica de salvar a la persona que tienes a mano en vez de la que no sabes seguro si está en peligro o no. Pero debemos tener en cuenta la elevada confusión que sufre su psiquismo y la extrema dificultad de juzgar si hace lo correcto o no, intentando corregir una y otra vez el destino. Es una pesada carga la que ha caído sobre sus hombros: cuando uno sabe el futuro y tiene la posibilidad de cambiar lo que pasa, ¿qué es lo que debe ser cambiado?, ¿cómo saber si no está cambiando las cosas para peor? Es fácil decidir si lo que está a punto de ocurrir es la muerte de alguien y te es posible evitarla, pero ¿y si los acontecimientos están de tal modo encadenados que esa muerte venía a ser un mal menor?

El atribulado vidente de la isla decide en este caso esperar a que los acontecimientos se desarrollen y sólo en el último instante evita la muerte de Charlie, de modo que el cambio producido en la cadena de eventos resulta el menor posible. Pero cuando acude al rescate de la paracaidista se siente responsable de cualquier mal que haya podido ocurrirle. Entre otras cosas, la joven que es descolgada del árbol y despojada de su casco resulta no ser Penny, aunque sí alguien que reconoce inmediatamente a Desmond. ¿Será que el ‘destino lostiano’, satisfecho con el sacrificio de su fiel vidente, ha proveído una víctima que sustituyera a la verdadera Penny?

Mientras tanto, ajenas a tan transcendentales acontecimientos y decisiones, varias personas expresan en la playa su asombro de encontrarse de nuevo a salvo en ‘casa’ y de que todo esté tranquilo. (Tras la vuelta de la expedición de rescate [3.16], al grupo le falta aún Locke, pero éste le dijo a Kate [3.15] que se iba con los Otros por voluntad propia, por lo que nadie cree necesario acudir en su busca). Juliet sigue levantando sospechas, pero se le ha concedido establecerse en la playa sin más preguntas por el momento. En estas circunstancias Sawyer se acerca a la tienda de su pecosa para calibrar cómo se encuentra su relación con ella y si Jack ha sido informado de la misma. Kate le asegura que el doctor sabe de esta relación, pero no parece muy entusiasmada con la prospectiva de seguir activamente emparejada. Sin embargo, tras constatar cómo Jack recurre una y otra vez a la compañía de Juliet, la muchacha opta por acostarse de nuevo con Sawyer y dar de esta manera continuidad a la relación que inició con él entre las rejas de su prisión (3.6). La indecisa joven ha tanteado sus posibilidades y ha elegido finalmente una pareja entre los dos candidatos, por mucho que a Sawyer pueda decepcionarle esta manera de selección que suena a un resignado premio de consolación. El rubio sureño tiene a su favor que esta vez ha podido ganar a su rival al ping-pong, después de perder contra él tan penosamente al póker (2.17), aparte de haber conseguido quitarle por fin a la chica, aunque sabe que probablemente el corazón de ésta suspire aún por el doctor.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- El sacrificio de Isaac representa el sacrificio máximo que se puede pedir a una persona, que renuncie a aquello que da el máximo sentido a su vida, con tres agravantes: 1. se trata de la muerte de un ser especialmente querido; 2. más en concreto de la muerte de un hijo que constituye la única esperanza de su padre; 3. es además un especial regalo divino, portador de una promesa por la que se ha apostado todo. Que Dios le pida a uno aquello que Él mismo le ha regalado y prometido llevar a plenitud es una prueba capaz de trastornar los más profundos fundamentos de fe. El relato de Abraham e Isaac en Moria es capaz de iluminar por tanto las experiencias más oscuras de un creyente. Cuando una persona se ve en la posibilidad de ser privada de aquello que fundamenta su propia fe, es invitada por este relato a esperar más allá de toda esperanza. A confiar en el Dios que está más allá de toda prueba de fe.

El propio fin del relato desautoriza la posibilidad de que uno entienda que Dios puede obligarle a sacrificar a otra persona matándola con sus propias manos, o incluso a sacrificar a sus propios hijos. Sabemos que ésta fue una terrible costumbre de algunos pueblos antiguos, y es probable que este pasaje bíblico sea la respuesta israelita para impedir que se siguieran cometiendo tales crímenes. El creyente por tanto se siente inclinado a entender en este relato que el sacrificio requerido es símbolo de una desgarradora renuncia, a la que Dios en última instancia concede sentido.

Sin embargo, por desgracia, muchas personas se ven obligadas a matar a semejantes en defensa de algún bien mayor, como cuando un policía debe impedir que un asesino siga adelante con sus planes. En el terrible caso de que alguien se vea obligado a poner en peligro a una persona muy querida, por alguna razón superior (vemos a menudo casos de éstos en series y películas, pero por desgracia ocurren también en la vida real), la fe le recuerda que Dios no va a abandonarles nunca ni a él ni a la persona en peligro, aún más allá de la muerte. La fe cristiana ha relacionado especialmente el sacrificio de Isaac con la cruz de Cristo, a la hora de interpretar el significado de esta muerte: Dios se exigió a sí mismo más que al propio Abraham y permitió que su Hijo unigénito muriera en sacrificio por amor de toda la humanidad. Ante cualquier víctima humana del crimen más horrendo, sabemos que, aunque Dios no proveyera a última hora de un carnero para sustituirla, se ha encontrado en todo momento tan cercano a ella como lo estuvo de Cristo en la cruz y le concede igualmente la Vida con Él en el cielo. No entendemos por qué permite estas muertes, pero sí sabemos que ama a las víctimas con el mismo amor que a su Hijo.

- En el mundo ‘lostiano’ no acabamos de saber si la isla o el monstruo exigen de vez en cuando sacrificios humanos o si el universo ha decidido que muera Charlie, haga Desmond lo que haga. Muchos de los ‘perdidos’ rechazarían este tipo de explicaciones, pero los pobres de entre ellos que están experimentando extrañas visiones o milagros hacen lo que pueden por entender qué es lo que ‘se supone’ que deben hacer, en ese orden superior al que parecen estar sometidos. La experiencia excruciante de Desmond en este episodio le obliga a buscar una orientación interna para manejarse en un universo del que no conoce bien las reglas, en un mundo donde recibe visiones precognitivas. Debido a su formación cristiana ante este intricado dilema entre la vida y la muerte le viene a la cabeza la idea de la ‘prueba de fe’ de Abraham. Pero él no está intentando creer en la isla ni seguir las indicaciones del ‘destino’. Hasta ahora ha estado intentando hacer lo correcto según sus propios valores aprendidos previamente en el mundo real, sin importarle demasiado la voluntad de ese ‘universo’ capaz de corregir toda desviación a sus designios (3.8). Este episodio es el primero en el que casi se engaña, tratando de encontrar una lógica distinta que le permitiera justificar algo que se veía tentado a hacer, pero que su moral no le permitía. Finalmente, sin embargo, en Desmond vence el ‘hombre bueno’ que vio en él desde el principio su novia Penny (3.8): no va a permitir que muera Charlie, a pesar de que en esta ocasión la decisión de salvarle le resulte extremadamente dificil.

Para nuestra reflexión personal queda la pregunta de si alguna vez hemos intentado justificar con alguna lógica alternativa una decisión que no nos acababa de dejar tranquilos en conciencia. Si ese es el caso, tratemos de valorar la cuestión con toda sinceridad, en congruencia con la forma de pensar que estimamos más consistente. Pues no da lo mismo, cada decisión tiene sus consecuencias. Y si no entrenamos bien la conciencia, cuando llegue una situación realmente complicada y oscura será fácil dejarnos arrastrar por la primera idea que nos aporte alguna pequeña pista, por errónea que sea.

Amparo

3.16. Uno de los nuestros

Juliet camina entre furibundas miradas de sospecha hacia un campamento en la playa donde supone que no va a ser bienvenida. Sólo Jack está de su parte, pues el médico se siente solidario con esta joven que desea salir de la isla tanto como ellos y que ha sido aparentemente abandonada por lo suyos. Ella, nerviosa por tener que afrontar la hostilidad de los que hasta ahora han sido sus enemigos, recuerda la ingenuidad con la que hace más de tres años dejó a su hermana en Miami para aventurarse a viajar a un lugar desconocido, sólo porque le aseguraban que allí podría poner en juego su extraordinario don para llevar vida allí donde reina la esterilidad. Desde que tomó aquella decisión ha vivido en la isla, inmersa en la comunidad de los Otros... hasta ahora.

Juliet confió en los amables científicos de “Mittelos Bioscience” (Richard Alpert y Ethan Rom) hasta el punto de aceptar ser llevada inconscientemente a ese lugar tan especial. A su llegada a su destino, en el muelle al que fue llevada en submarino, la esperaba Benjamin Linus, ansioso de empezar a ver los frutos del trabajo de esta brillante investigadora. Pero tras los primeros seis meses acordados Juliet no había logrado dar con el remedio para las muertes de las embarazadas en la isla. Pues resulta que las misteriosas características curativas de este lugar resultan extrañamente contraproducentes en caso de embarazo, de forma que los Otros deben enterrar una y otra vez a aquellas de sus mujeres que se atreven a esperar un bebé. La doctora diagnosticó que el problema estaba relacionado con el momento de la concepción, pero al solicitar que se dejara a sus pacientes salir de la isla, sólo obtuvo una negación rotunda de Ben a que nadie saliera de allí, incluida Juliet.

Angustiada por la infructuosidad de su empeño –por tener que ver morir a tantas mujeres que habían confiado en ella– e impaciente por atender a su hermana cuyo parto se acercaba, Juliet pidió volver a Miami, pero Ben le hizo saber entonces que la vida de Rachel se encontraba en peligro por una nueva recaída en su enfermedad. Ben estaba dispuesto a prometer que el misterioso Jacob la curaría del cáncer si Juliet accedía a continuar su tarea en la isla. Y de nuevo la abnegada doctora volvió a confiar en uno de los Otros, hasta descubrir dos años y medio después que el propio Ben estaba aquejado por un tumor. Llena de amargura teme haber sido engañada y manipulada todo este tiempo mientras que su hermana probablemente haya muerto, sentimiento que explica las lágrimas ante el espejo en el primer momento en que se nos dio a conocer este personaje (3.1). Más tarde ese mismo día, el mismo en que los Otros desde su poblado situado en el corazón de la isla ven caer del cielo el desafortunado vuelo 815, a Juliet se le permite ver en los monitores de la estación LLama a su hermana Rachel y a su nuevo sobrinito Julian, por lo que, aunque bastante aliviada, su deseo de salir de la isla se acentúa enormemente. Ben le niega nuevamente en esta ocasión la vuelta a casa mientras expresa su esperanza de que entre los supervivientes del vuelo se encuentre alguna embarazada para continuar con la investigación.

Juliet, ayudada por Ethan (1.10, 2.15), investigó de hecho el embarazo de Claire, caso especial que proporcionaba datos nuevos al no haber sido concebido Aaron en la isla. Sabemos también por otros episodios que Ben aprovechó la supervivencia de un cirujano espinal entre los pasajeros del avión estrellado, para, sometiéndose a su bisturí (3.6, 3.7), deshacerse del temido tumor y prometiendo con ocasión de esta intervención quirúrgica a ambos doctores, Jack y Juliet, que les dejaría salir de la isla. Pero esta posibilidad voló por los aires junto al submarino de los Otros por obra de John Locke (3.13) hace sólo un par de días.

Tras este recorrido, la idea es que ahora Juliet, sin posibilidad de salir de la isla pero habiendo sido castigada con una ignominiosa marca por los suyos (3.9) y finalmente abandonada por ellos (3.15), sea acogida por el grupo de supervivientes bajo el amparo de Jack. Pero esta idea es sólo un artificioso plan de Ben para infiltrar a una agente suya en el campamento de la playa; plan diseñado desde bastante tiempo atrás, ya que se complementa perfectamente con la activación de un implante que habían colocado en Claire un par de meses antes, mientras la joven australiana estuvo secuestrada (1.11, 2.15).

Una ingenua doctora dejó Miami deseando cumplir su sueño de poder dedicarse plenamente a investigar en favor de la fertilidad en un contexto en el que fuera suficientemente reconocida y respaldada. La mujer que se acerca ahora a la comunidad de los supervivientes del vuelo siniestrado ha fracasado en su investigación principal en la isla, habiendo visto morir a todas sus pacientes (salvo Claire), ha sufrido la pérdida de su compañero Goodwin (con quien la vemos en cama dos noches antes de que éste corriera al encuentro de los supervivientes de la cola, entre quienes encontró la muerte, 2.7), ha matado a su compañero Danny (3.7), conspirado para matar a su jefe Ben (3.5), amenazado y herido a Jack, Sawyer y Kate (3.1-3.7) –hasta decidirse a liberar a estos dos últimos (3.7) y a hacer amistad con el primero (3.9)– y finalmente ha engañado y manipulado a Kate (3.15) para intentar ganarse su confianza. Con este bagaje a sus espaldas y su sueño imposible de volver con su hermana y su sobrino a Miami, Juliet intentará integrarse en la nueva comunidad por medio de la manipulativa curación de Claire, pero manteniéndose vinculada a los requisitos de Ben en una difícil posición de espía. Se trata de una mujer frustrada y desengañada, pero dispuesta a sacar fuerzas de flaqueza para afrontar los interrogantes de Sayid, las suspicacias de Kate y la frialdad de los demás supervivientes, que no están muy por la labor de recibirla con los brazos abiertos.

La mañana discurre con normalidad en la playa (salvo una cierta indisposición de Claire), cuando, mientras se preparan el desayuno, los supervivientes descubren que se acerca al campamento su querido doctor, al que echaban de menos desde hacía más de dos semanas. El corazón de Sawyer queda en suspenso por unos segundos hasta que tras la figura de Jack puede entrever la de su amada Kate, aparentemente sin daño alguno (aunque algo sucia por no haberse podido cambiar desde que se revolcó por el barro durante su aventura con Juliet en la selva, 3.15). Se prodigan saludos y abrazos a los recién llegados, incluido Sayid, hasta que la alegría general queda agriada por una pregunta de Sawyer. “¿Qué hace ella aquí?”, exclama el sureño, sumamente sorprendido de que haya acompañado a sus amigos la inflexible guardiana que conoció durante su prisión en la estación Hydra.

Hurley comunica sutilmente a Juliet la suerte de Ethan (1.15); Sun y Jin la tratan con desprecio; Sayid y Sawyer conspiran para hacerla hablar; pero Charlie es de los pocos que no puede pararse a pensar en la novedad que supone la recién llegada, pues sólo le preocupa que deben curar a Claire, quien presenta síntomas alarmantes. Sin embargo se encuentra poco después ante la seria decisión de tener que permitir que la doctora Otra sea la que inyecte a su amada. En las difíciles horas de espera, agarrado por una mano al bebé y por otra a su madre, se atreve a esperar que todo va a salir bien, y recibe finalmente con una sonrisa radiante el despertar de la enferma ya curada. Esta curación hace que los ánimos finalmente se calmen y se permita a Juliet establecerse en el campamento (me pregunto por qué no dejan a los nuevos las cabañas que han dejado libres los que han muerto recientemente, como Nikki y Paulo, en vez de tener que construirse cada uno una cabaña nueva).

Juliet ha resuelto su situación entre los supervivientes por el momento, pero la gente sigue haciéndose muchas preguntas y las sospechas se elevan hacia ella y hacia Jack. Estas dos personas estuvieron a punto de abandonar la isla hace un par de días, ¿buscaban entonces sólo su propio rescate o también el de todos los demás? ¿y ahora, se sigue preocupando Jack por el bienestar del grupo o sólo por el de su nueva amiga? Conocemos a Jack y se nos hace difícil pensar mal de él, pero está arriesgando su situación de líder respetado en el campamento por su protección incondicional a Juliet. ¿Se sentirá la doctora atraída hacia el bando de los supervivientes como respuesta a la generosidad de Jack, o más bien se verá éste obligado a traicionar a los suyos por su solidaridad con ella? ¿Cuál de los dos bandos enfrentados en la isla puede decir con propiedad que Juliet es “uno de los nuestros”?

Mientras tanto, Locke por su parte se ha internado paralelamente en el bando de los Otros. Veremos en qué queda este intercambio de Locke por Juliet, personajes ambos altamente impredecibles.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- La apocada doctora que a su llegada a la isla desde Miami apenas podía andar debido a sus altos tacones y su falda estrecha, fue siendo obligada poco a poco por la dureza de la vida insular a desistir de los diversos aditamentos, aspiraciones y apegos que se había traído consigo desde la civilización. Con su brillante inteligencia aprendió con prontitud a defenderse y sobrevivir entre manipulaciones y engaños hasta convertirse en un miembro respetado de su comunidad, pero sintiéndose cada vez más desgraciada. La joven que empezó la temporada llorando angustiada y rebelándose en su club del libro frente a Ben (3.1), acabará una y otra vez doblegándose a la voluntad del manipulador líder de los Otros, que siempre sabe qué fibra debe tensar para conseguir su colaboración. Juliet, separada de los suyos, ha sido desestructurada en su escala de valores y se siente tan ‘perdida’ que ahora sólo quiere salir de la isla por el medio que sea. Pretende escapar de una situación que la ha cambiado, llevándola a cruzar límites que nunca hubiera querido cruzar. Parece que la doctora intenta una y otra vez una huída hacia adelante, tratando de escapar como sea de Ben, sin importarle ya medio alguno, puesto que ya ha aprendido incluso a matar. Si este personaje puede encontrar alguna redención en la isla será volviendo a revivir su sentido de la solidaridad con sus semejantes y una generosidad incondicional, similar a la que tan ejemplarmente (aunque quizás de forma algo ingenua) le está mostrando Jack.

- Por parte de los demás es lógico el comportamiento suspicaz, resultando especialmente irónica la reprimenda que echa Juliet a Sayid y Sawyer por querer arrogarse el papel de jueces morales ante ella. Ciertamente el torturador y el asesino estafador deberían pararse a reconocer en su nueva compañera a otra persona que se ha visto llevada moralmente más allá del límite, al igual que ellos, por unas desfavorables circunstancias. En ningún caso las circunstancias justifican los crímenes realizados, pero sí hacen de algún modo comprensible que Sayid accediera a la tortura (ante un superior desalmado, 2.14) y Sawyer al asesinato (engañado y cegado por el odio a la persona que destrozó su familia y su infancia, 1.16). Si les fuera posible dejar a un lado la rivalidad entre los dos bandos de la isla, les sería más fácil a estos dos ‘perdidos’ reconocer en la recién llegada a una más como ellos, a “uno de los nuestros”.

Amparo