domingo, 4 de abril de 2010

6.8. Misión de reconocimiento (o “Estafas a diestro y siniestro”)

Y es que Sawyer se unió a Smocke porque éste le dijo que le sacaría de la isla, y no le acaba de gustar el tener que esperar tanto. En un diálogo aparte su inquietante líder le explica que puede defenderlos del Humo Negro porque el monstruo es él, y le comenta que necesita sus dotes de supremo timador para una misión en la Hydra. El momento en que Smocke muestra a James la isla pequeña desde la playa recuerda a aquel momento en que Ben le comunicó que aunque era un buen estafador los Otros le superaban (especialmente él), mirando precisamente hacia este lugar desde el otro lado del brazo de mar que separa a ambas islas. Obviamente nuestro Anti-Jacob intenta manipular a James adulando sus oídos, ya que tras haber utilizado magistralmente a Ben se ha ganado el título de mentiroso número uno de la isla, y será difícil arrebatarle el puesto.
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Sawyer coge una canoa y parte para aquella isla en la que estuvo encerrado durante más o menos una semana hace tres años (¿llegó a volver por allí alguna vez durante su etapa de jefe de seguridad de Dharma?), probablemente inconsciente del peligro que corre todo el que navega en canoa por estos lares ya que sabemos que en algún momento aparecerán los viajeros en el tiempo disparando desde otra canoa hacia atrás, y en aquella refriega al parecer Juliet alcanzó con sus balas a alguien...
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Al llegar a la pequeña isla investiga lo que fue la estación zoológica de Dharma, revisando el estado de las jaulas y encontrando en ellas el vestido floreado de Kate. Los recuerdos se agolpan entonces en su ser, recordando lo agobiante de aquella situación y lo preocupado que llegó a estar por su compañera, dispuesto incluso a morir por ella. Y es que en aquella época su pecosa lo era todo para él, su primer gran amor, amor que fue precisamente consumado entre aquellos barrotes...
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Las memorias de sus penurias en el pasado le impulsan aún más a investigar a fondo sobre el avión ese de Ajira que Smocke le ha comentado (curiosa ironía que se encuentre en la pista de aterrizaje que él mismo contribuyó a construir con Kate durante sus trabajos forzados), y probablemente se sorprende de encontrarlo tan enterito (este Lapidus, que es un hacha), con lo roto que acabó su avión de Oceanic. Y tras encontrar una pila de cadáveres da con una superviviente... ¿o no? Resulta que esta isla tan pequeña guarda aún otro medio de transporte: el submarino de Widmore, quien al parecer ha tomado la Hydra como centro de operaciones. No sabemos si Widmore y su gente son los responsables de la matanza de supervivientes (no creo que los mataran Ilana y los suyos antes de irse de allí), pero ya que se está preparando con unos buenos postes sónicos portátiles parece que su verdadero enemigo es Smokey, enemigo que, según deduce de su conversación con Sawyer, ha tomado recientemente la forma humana de Locke.
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Y ahora es cuando Sawyer, avezado en ardides, inicia su “re-con” o estafa doble, prometiendo ayudar a Widmore (a cambio de ser evacuado de allí junto a los suyos), pero contando a su vuelta exactamente todo el plan con Wdmore también a Smocke, de forma que lo que espera es que mientras se enzarzan estos dos a batallar entre ellos él pueda encontrar la manera de hacerse con el submarino y escapar con Kate (también ha prometido a Jin que los sacará de la isla, a él y a Sun). No sabemos si Kate, al escuchar estos planes de boca del propio James, habrá pensando en llevarse con ellos también a Claire o no, por mucho que la rubita haya acudido antes de buenas maneras a pedirle perdón abrazándola acongojada. Kate tiene aún mucho que aclararse con respecto a esta chica, a la que de verdad siempre había querido mucho, pero ¡ha cambiado tanto! Ahora lo difícil será que los futuros evacuados vayan a tener en cuenta para sus planes de escape a Sayid, pues ni siquiera sabemos si todavía queda algo de nuestro querido iraquí en el impertérrito ‘infectado’ que les acompaña...
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A pesar de las sutiles revelaciones que este episodio nos ha deparado en su narrativa sobre la isla (extraño estado de Sayid, problemas maternos de Smokey, desarrollo de la relación Claire-Kate, planes de Widmore y Zoe, cabina cerrada con candado en el submarino...), encuentro mucho más interesante los acontecimientos que nos ha presentado en la realidad ‘x’: la pareja de polis de Los Angeles que hacen x-James y x-Miles no está demasiado alejada de su pasado como agentes de seguridad de la Iniciativa Dharma.
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Este otro James (en esta realidad no se llama Sawyer) viaja de incógnito desde Sydney, y aparte de advertir a Hurley en el avión que se cuidara de posibles timadores (en consonancia con su oficio de poli) rehúsa detener a la fugitiva Kate en aquel ascensor de LAX (en discordancia con este mismo oficio), debido quizás a que no quería que nadie de la policía le relacionara con ese aeropuerto, en un día en que se suponía que estaba en Palm Springs (o más bien, me parece a mí que sentía una extraña atracción por esa chica que no le resultaba en ningún modo indiferente y por eso se prestó a ayudarla, aparte de que la vocación de poli la tiene un poco extraviada). Pero aunque detenta un oficio totalmente opuesto a aquel de timador con que le conocimos, James ha viajado a Australia con un propósito similar al de su otro yo: seguir una pista del famoso Sawyer que en su día timó a sus padres haciendo que su familia sufriera una terrible tragedia. Y la pista le indica el nombre de Anthony Cooper, nombre que anda rastreando en relación con un acontecimiento en Alabama, ocurrido en 1976.
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Y con esto tenemos confirmación de que el pasado de Sawyer, de 1977 hacia atrás, sigue siendo el mismo de siempre. Su padre disparó a su madre y luego se suicidó, dejando al chaval huérfano y totalmente traumatizado. Lo que no sabemos aún es si apareció Jacob en los funerales para prestarle un boli (y alcanzar a rozarle los dedos) o no.
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Hasta ahora no habíamos tenido confirmación alguna referente a un pasado tan lejano, pues las discrepancias de Jack, Sayid y Locke (que x-Jack tenga un hijo adolescente, que x-Nadia se casara con el hermano de x-Sayid o que x-Locke no parezca odiar a su padre y esté a punto de casarse) se deben a acontecimientos más recientes. Otra cuestión es la referente a la realidad ‘x’ de los que estuvieron en la isla, ya sean Dharmitas u Otros. Si en el mundo normal la realidad de siempre y la ‘x’ discurren igual hasta el momento del Incidente (1977), en la isla los efectos del surgimiento de esta nueva realidad repercuten mucho tiempo atrás. Considerando que la isla se encuentra algo desgajada del espacio-tiempo normal, encontramos que, puesto que en la realidad ‘x’ el avión de Oceanic llegó en 2004 sin accidente alguno a Los Angeles, la historia de la isla, en cuanto a lo que se refiere a dicha x-realidad se diferencia de la historia isleña que conocemos en todas aquellas ocasiones en las que intervinieron los viajeros en el tiempo, ya que ahora (al no haber ido éstos nunca a la isla) no tendrán ocasión de hacerlo.
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Una primera ocasión sería cuando saltan al pasado remoto en el que la estatua aún estaba en pie. La única señal que dejan entonces tangible en la isla es la cuerda (de un futuro pozo) que se queda asomando en el terreno tras haber sido traída al pasado por Sawyer (algunos fans dicen que esa cuerda quedaría allí como señal de la localización subterránea de la rueda del tiempo, por lo que facilitaría el descubrimiento de la misma a los futuros Otros). Otra ocasión fue cuando en 1954 los viajeros se encuentran con Richard, Ellie y Charles, de modo que Locke le comenta su fecha de nacimiento al inmortal consejero Otro y Daniel le dice a su joven futura madre que esa bomba debe ser enterrada. Podemos por tanto suponer que en la x-realidad John no recibe de niño visitas de un extraño individuo, y que la bomba no fue convenientemente enterrada. Sin embargo la Iniciativa Dharma se instaló en la isla (como nos ha comentado Roger) y es de suponer que tanto Linus como Chang trabajaron un tiempo allí, de forma que Ben pasó allí algunos años de su infancia y Miles nacería en la isla, al igual que Charlotte (ambos son amigos ahora en Los Angeles, trabajando ella con el padre de Miles en un museo). Más difícil es entender de dónde ha salido Ethan Goodspeed, pues daríamos a su madre Amy por muerta si Sawyer y Juliet no la hubieran salvado del ataque en el que murió Paul en 1974. Sin embargo la propia existencia de Ethan parece confirmar que el primer marido de su madre murió por aquellas fechas, pero ella no (sea porque en el fondo aquellos Otros no se hubieran propuesto matarla, o porque la salvara un oso polar, o porque la actividad de la bomba no enterrada haya cambiado suficientemente la historia como para que ella no llegara a morir en esa refriega, o, en fin, sea porque el destino se busca sus maneras de corregir el curso de los acontecimientos para que ciertas cosas necesarias lleguen siempre a tener lugar). Además baby x-Ethan debió tener suerte con que hubiera un médico a mano cuando le llegó la hora de nacer.
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Finalmente podemos deducir que x-James, x-Miles, x-Jin y x-Juliet no pasaron tres años en Dharmaville como agentes de seguridad ni mecánica de furgonetas (respectivamente), ni x-Jack, x-Hurley, x-Kate y x-Sayid llegaron como por arte de magia en 1977 volviendo aquel mundo del revés, con el disparo al pequeño x-Ben, ni x-Daniel anduvo investigando en Ann Arbor para volver con la enrevesada idea de explotar la bomba para poder salvar a su Charlotte. Nada de eso ha pasado, de modo que, sin que Ben hubiera sido disparado (ni perdido su inocencia en el Templo) parece que Roger decidió en algún momento que debían irse de allí. Y quizás por el peligro de las excavaciones de Radzinsky (o de la bomba no convenientemente enterrada) se produjera una evacuación de la isla (con al menos los Chang, Charlotte y Ethan) antes de que se produjera la catástrofe que terminó con la misma hundida en el fondo del océano.
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El caso es que encontramos a un Miles Straume (¿por qué lleva ahora el apellido de su madre, si su padre siguió con ellos?) viviendo feliz en un mundo donde se lleva bien con su padre (¿o es un padrastro?), tiene una novia formal y se dedica a la honrada profesión de policía en vez de andar sacando el dinero a las pobres gentes con su extraño don de vidente (¿o es que ahora no tiene ese don?) Como compañero de James, y desconociendo su secreto, se preocupa por él citándole a ciegas con Charlotte, para ver si asienta un poco la cabeza (“...porque no querrás ‘morir solo’ ¿verdad?”, dice citando a medias el conocido lema de Jack cuando les lideraba en la isla...)
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Y efectivamente James y Charlotte parecen caerse bien y terminan la noche acostándose juntos en casa de él, aunque sin el aliciente del látigo de Indiana Jones, (¡vaya! otra vez será...), cuando la arqueóloga estropea la cuestión hurgando de más en un cajón del armario. El terrible secreto de James se encuentra escondido entre la ropa dentro de una carpeta rotulada con el nombre “Sawyer” (lo que nos recuerda a aquella carpeta roja que tenía Richard Alpert sobre él). James echa a la curiosa pelirroja de su casa, pues no está dispuesto a abrir sus más profundos recovecos interiores ante nadie aún, y tras el rapapolvo que le echa su colega en la oficina (donde x-Liam nos ha servido de testigo de que la historia de x-Charlie también sufre ciertas discrepancias con su historia anterior), y la ruptura de su propia imagen en el espejo (en señal del profundo autodesprecio que siempre ha embargado a este hombre), sólo encuentra algo de relax en la serie favorita que veía de pequeño, quizás cuando sus padres aún vivían, en un episodio en el que Charles Ingalls aseguraba a la pequeña Laura que las personas queridas nunca se irían del todo de su lado.
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No sabemos si fue la incipiente confianza que llegó a despertarle Charlotte (a quien confesó que se hizo poli por no hacerse delincuente), o el deseo de recuperar a Miles como compañero, o la influencia televisiva de La Casa de la Pradera, pero el caso es que James parece hacer un esfuerzo por cambiar y acude con una flor a disculparse ante la arqueóloga (quien pasa de volver a tener nada con él), para después confesar ante Miles su pasado y sus intenciones con respecto a Cooper. Nos encontramos aquí con un importante paso en positivo, con cierto deseo de redención (ya que admite que Miles hará bien en disuadirle de sus planes). Es un camino mucho más positivo de lo que nunca llegó a estar nuestro James “Sawyer” Ford (ni nuestra Ana-Lucía Cortez, que como policía del mismo Los Angeles –cualquier día se la encuentra por ahí– tramó su venganza personal contra su atacante sin contar para nada con la posible ayuda de su madre ni de su compañero de patrulla).
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Pero si hasta ahora, que sepamos, el destino no ha conseguido que la hermosa flor de girasol (ni el LaFleur más asentado y responsable) llegaran a manos de la dulce x-Juliet, el universo consigue, al parecer sin mucho esfuerzo, que la x-pecosa acabe de nuevo atrapada entre unos barrotes frente a este hombre. Situación que parece resultarle a ambos extrañamente familiar... ¿Habrá encontrado el casi redimido poli a la mujer de sus sueños, capaz de entender los ocultos entresijos de su corazón casi con sólo mirarle, de forma que finalmente le permita olvidar sus fantasmas del pasado para poder ser plenamente feliz, o se ha topado desafortunadamente con la gran lianta metomentodo que únicamente le traerá nuevos quebrantos? Ya no nos quedan muchas semanas para descubrir cómo acaba todo esto en el esperado episodio final...

6.7. Dr. Linus

Un paciente profesor de Historia Europea trata de explicar a sus alumnos la situación anímica de Napoleón durante su destierro en la isla de Elba: lo peor de su exilio fue la pérdida de poder, tan devastadora que casi preferiría estar muerto. Pero, aunque demuestra conocer bien el alma de los poderosos (quizás por sus experiencias en alguna otra dimensión), el humilde Dr. Linus sólo se atreve a quejarse con sus compañeros ante las injustas imposiciones del director de su instituto, el señor Reynolds. Hasta que un extraño profesor nuevo, que realiza una sustitución, le insta a iniciar su propia campaña para reemplazar al director. John Locke, desde su silla de ruedas (demostrando tener más presencia de ánimo que el propio Ben, a pesar de su discapacidad), le anima a confiar en ese instinto suyo de poder, dado que su objetivo es bastante loable: conseguir que el centro educativo se oriente sobre todo a atender como conviene a sus estudiantes.
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De momento Ben debe obedecer a su superior y hacerse cargo de los castigados en vez de acudir a su club de Historia, donde profundiza en dicha asignatura con sus alumnos favoritos. Ya en casa, tras contemplar unos segundos su rostro desanimado en el reflejo del microondas, lamenta junto a su anciano padre que su brillante carrera académica se tenga que desperdiciar con los alumnos más indisciplinados, hasta que una llamada a la puerta le devuelve toda su alegría: la brillante Alex requiere de su tutoría para preparar un examen...
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Roger Linus debería alegrarse de haber podido alcanzar tan avanzada edad y de que su propio hijo le atienda tan servicialmente, en vez de desear haber seguido en sus tiempos jóvenes con la Iniciativa Dharma. Si se hubieran quedado en la isla, en lugar de cambiarle como ahora solícito su botella de oxígeno, el resentido fruto de sus entrañas no hubiera dudado en abrir para él una botella de gas venenoso en su furgoneta azul, cometiendo parricidio el propio día de sus cumpleaños (aniversario del día en que murió su madre). Y en aquella maldita isla, Ben habría llegado también a sufrir el peor de sus tormentos: ver morir ante él a su querida hija Alex, asesinada, tras haber declarado en su presencia que ella no le importaba nada, y sentirse culpable por el resto de sus días de no haber renunciado a tiempo a la isla por salvarla.
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Y es esta otra versión de Ben Linus, nuestro Ben de siempre, el que se encuentra viviendo uno de los momentos más aciagos de su existencia cuando, la noche del sangriento ataque del Humo Negro, logra salir del templo con vida y vaga totalmente desorientado por la selva hasta encontrarse con los que escaparon por la salida secreta. Ilana, Frank, Miles y Sun le permiten acompañarles hasta el campamento de la playa, a pesar de haber descubierto el gran secreto que tortura a este hombre (extraído por Miles de las cenizas de Jacob que tan reverentemente ha guardado Ilana). Tras pasar media vida obedeciendo fielmente al misterioso señor de la isla, Ben se ha convertido en su asesino. Y por eso nada tiene ya sentido para él, entiende que todo lo ha hecho mal y no sabe para qué seguir viviendo, pero tampoco Ilana, que consideraba a Jacob como a un padre, tiene pinta de querer perdonarle.
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Frente al sentimiento de desazón de x-Ben, porque el enorme esfuerzo de su doctorado parecía haber sido totalmente inútil (sentimiento que se disipa en cuanto ve a su querida alumna), tenemos la desesperación total de la versión isleña de este hombre. Ha perdido todo su poder sobre la isla (lo cual ya de por sí lo mata, como a Napoleón), pero además lleva en su conciencia la muerte de su hija, hecho que, aunque algo tardíamente, le ha hecho reconocer que ella era lo único que verdaderamente le importaba. Sin embargo, el último episodio de la serie dedicado a este personaje (suponemos), quiere además hacernos reflexionar sobe su pesar por la muerte de Jacob. Han sido muchos años obedeciendo unas órdenes que no comprendía, pero creyendo con ciega fe que Jacob era verdaderamente el que tenía las respuestas, quien sabía siempre lo que había que hacer y el fundamento de que su postura ante los diversos conflictos de la isla pudiera ser considerada una y otra vez la los ‘buenos’. Ben asegura que en el fondo su defensa de este bando, incluso hasta arriesgar la vida de Alex, la ha hecho siempre en nombre de Jacob. Y sin embargo, él nunca se dignó siquiera a recibirle o a hablarle, ni mucho menos a reconocer o agradecer sus servicios. Recordemos la escena tremendamente emotiva en la que Ben, moviendo la rueda congelada, decide finalmente auto-desterrarse de la isla, esperando que Jacob pudiera al fin estar contento con él. Pero su silencioso líder sigue sin decir nada, y parece en cambio haber seleccionado a Locke por encima de él, permitiéndole oír su voz en la cabaña (¿era esa la voz de Jacob?) y visitarle en su estatua (esta vez es Locke el que no era verdaderamente él, pero eso no lo sabe Ben). Incitado por el falso John, el resentido ex-jefe de los Otros hunde su cuchillo en el pecho del misterioso desconocido, cuando este se niega a darle ninguna explicación, y se estremece hasta los tuétanos al verle morir tan pacíficamente entre sus brazos.
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Ben ya sí que no entiende nada, y menos cuando ve que Locke se transforma en Smokey a continuación. Pero Miles (aparte de desvelar a los demás su secreto) le revela que Jacob había tenido la esperanza de que Linus, en aquel momento supremo, hubiera reaccionado de una manera diferente. Y tras descubrir cómo le había decepcionado, el recuerdo de semejante magnicidio le pesa mucho más enormemente en su interior. Él siempre había querido ser fiel a Jacob y odiaba haber servido de simple instrumento manipulado por su enemigo. Sus ingentes ansias de poder y de reconocimiento le habían traicionado finalmente hasta causar la muerte de Alex y después la de Jacob, las dos personas en las que fundamentaba su existencia. ¿Cómo poder perdonarse a sí mismo tras haber caído tan bajo?
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Sólo Smocke parece preocuparse todavía por él, al menos viene a visitarle y le facilita las cosas para librarse de Ilana. A Ben se le cae el corazón a los pies sopesando la posibilidad de pasarse al bando del terrorífico Humo, quien no duda en prometerle lo que siempre más ha querido (el poder sobre la isla), aunque él sabe muy bien que si le ofrece esto es meramente para poder de nuevo manipularle. Pero es que Ilana está sólo esperando a que acabe de cavar su tumba para matarle, por lo que Ben corre, ay de él, como alma que lleva el diablo... precisamente cuando ya no le queda otra opción en la vida que morir o entregarse a este mismo diablo.
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Y cuando finalmente se vuelve hacia Ilana con un arma en la mano, nuestro protagonista entiende muy bien a esta mujer, ella ha perdido al hombre que amó como a un padre, mientras que él ha perdido a la que quiso como a su propia hija. Y recordemos que Ben no sólo rebanó el cuello a Keamy por ello (a pesar de que eso suponía la muerte de mucha otra gente), sino que también ha rebuscado por el mundo a Penny Widmore para vengarse en ella ante su padre (como responsable último de la muerte que tanto le duele), aunque el pequeño Charlie Hume salvó a su madre al hacerle dudar unos momentos. Y sin embargo, aunque comprende muy bien las ansias vengativas de Ilana, aunque entiende que ha caído irremisiblemente en desgracia con el bando de los buenos, en vez de dispararla (en una escena que recuerda al desencuentro entre Sayid y Ana-Lucía tras la muerte de Shannon) no resiste la urgencia de abrir su corazón ante esta mujer tan dolida y decirle que está verdaderamente arrepentido, que preferiría no haberlo hecho, pero que el dolor por la pérdida de Alex, y el pensar que a Jacob su sacrificio no le había importado nada, le había hecho perder la cabeza.
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E Ilana, sorprendentemente, le comprende. Quizás ella sabía bien cuán misterioso podía llegar a ser Jacob, cuán inescrutable. El líder de la isla sabía ser muy generoso con sus dones pero también, aunque siempre pedía las cosas ofreciendo la opción de aceptar o negarse, sus demandas habían sido siempre incomprensibles y tremendamente duras. Ella había llegado a amarlo profundamente, pero podía entender que alguien sufriera en sus entrañas el impenetrable silencio en el que solía sumirse este personaje. Desgarrada por su dolor, sabiendo que el magnicida Ben es poco de fiar por su tendencia a mentir y a manipular en todo lo que dice y hace, se decide a aceptarle en su grupo, a darle una nueva oportunidad, a robarle esta pieza al enemigo (que creía que se lo habían puesto tan fácil). Como buena hija de su padre (adoptivo) consigue perdonar a quien la dejó huérfana (¿perdonó alguna vez Alex del todo a quien la crió, pero a quien odiaba por sus crueles métodos?) La muchacha decide aceptar en sus filas a uno de los fieles siervos de Jacob por muchos años, aunque caído en un momento de suma debilidad. Si Jacob respetaba siempre la libre voluntad, ella va a respetar la voluntad de Ben de volver al redil, por lo que nuestro pobre Linus, recibe al fin en la generosidad de ella el perdón y reconocimiento de Jacob que tanto había añorado.
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Ilana ha perdido a su mentor y guía, pero no ha perdido la confianza en el buen fin de su misión. Se le ha pedido que proteja a los candidatos y, ahí está, haciendo de tripas corazón, para poder hacer frente dignamente a la gran batalla contra el adversario. Pero en Richard encontramos otro miembro del partido jacobiano que, tras la muerte de su líder, está hecho un verdadero lío. Terriblemente asustado por las intenciones del Humo Negro, alojado en el cuerpo de Locke, entiende que nada de lo que ha pasado con Jacob tiene ningún sentido ni ha merecido la pena después de todo. ¿Cómo pudo su sabio y generoso líder caer en la trampa de Smocke y dejarse matar tan sencillamente? ¿Qué es toda esa jerga de los candidatos? ¿Por qué le mantuvo siempre en la oscuridad, a él que había sido su fiel servidor por muchísimos años? Y sobre todo ¿qué sentido tenía seguir viviendo indefinidamente (según el don que le concedió Jacob) si no había ningún plan importante, ningún sentido al que dedicar esa prolongada vida?
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Richard no puede matarse a sí mismo (como tampoco pudo Michael tras varios intentos, ni consiguió el barbudo Jack suicidarse en el puente) y decide guiar (engañosamente) a Jack y Hurley al Black Rock (aunque ha evitado mucho tiempo a este barco de viejos recuerdos) para pedirles que le enciendan una mecha, de modo que pueda hacer estallar para siempre su desesperación (a lo Arzt) con ayuda de la desgastada dinamita. Pero si creíamos que en el bando de las piezas blancas todo era confusión (tras la mortal jugada en el templo de las negras), nos encontramos de pronto a un Jack firme en sus convicciones y dispuesto a demostrar a Richard y a quien haga falta que sigue habiendo un destino sublime para ellos, y que todo lo que pasa en esta isla tiene verdaderamente un sentido. Jacob, que al parecer le conoce muy bien, había recomendado para él una buena sesión de contemplación del océano tras la visita al faro. Y, efectivamente, Jack parece renovado interiormente. Ahora no pide vanamente respuestas al aire, sino que no duda en entrar en el juego suicida de Richard para obtener junto con él la esperada respuesta. Ninguno de ellos va a morir, porque su misión no está cumplida, porque aún tienen algo importante que hacer (como Walt le dijo a Locke cuando iba a suicidarse en la fosa de Dharma). Nuestro doctor parece haber traspasado ya el umbral de la fe que tanto deseó en su día John Locke que traspasara, para convertirse en acertado asesor y valioso candidato a la sucesión de Jacob.
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Y con esa convicción nueva en su alma, Jack guía a Richard y Hurley de vuelta al campamento de la playa. Y mientras Miles se regocija en el valiosísimo diamante que acaba de desenterrar y Frank se pregunta si tendría razón Ben con eso de que la isla finalmente le ha atraído a donde desde un principio tenía que estar, Sun corre a recibir a sus amigos con los brazos abiertos (hacía varios días que se habían desvanecido ante sus ojos al aterrizar el avión de Ajira en la Hydra). El corazón apesadumbrado de Ilana se alegra de recibir refuerzos (entre ellos a dos candidatos), mientras que Ben, en segundo plano, sin atreverse casi ni a saludar a Jack, empieza a acostumbrarse a la sensación de ser simplemente uno más del grupo, sin ningún poder reconocido, pero siendo al menos aceptado entre ellos una vez recibido el perdón por su fatídico pecado. (Qué poco adivina que, para colmo de males, su archienemigo Widmore le espía en esos momentos desde el periscopio de un submarino).
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No sabemos si esa nueva situación de Ben le infundiría finalmente un gran alivio, en vez de la terrible exasperación que según él sufrió Napoleón; el caso es que sabemos que este hombre podría haber sido más feliz si hubiera puesto sus aspiraciones en algo distinto de su enorme ambición de poder. O al menos eso parece indicarnos la realidad ‘x’. En ella, nuestro profesor de historia preferido, ante la ocasión de derrocar a Reynolds con un elaborado chantaje, renuncia humildemente a sus pretensiones con el único fin de no estropear los sueños de futuro de Alex. La felicidad de esta chica lo es todo para él, y parece contentarse con el único triunfo de mantener su club de historia, evitando tener que hacerse cargo de nuevo de los castigados. Eso sí, tendrá que pagar la ayuda prestada por su amigo Arzt al frustrado intento de chantaje, cediéndole al fastidioso profesor de ciencias su plaza de aparcamiento. Nos sorprende x-Ben por su capacidad de poner el amor a su alumna por encima del amor al poder ¿hasta qué punto se ha dado cuenta este hombrecillo de lo crucial que era esa decisión, de la enorme serie de disgustos que acaba de ahorrarse? En un mundo en el que x-Roger, x-Arzt y x-Alex viven tranquilamente, en el que hasta el bueno de x-Locke es feliz en su silla de ruedas, el sencillo profesor x-Linus ha sido capaz de renunciar conscientemente a sus aspiraciones de notoriedad para dedicarse en cuerpo y alma a enseñar historia a sus alumnos. ¿Podrá alguna vez nuestro manipulador Ben isleño ser consciente de este gran acierto de su alter ego?

miércoles, 10 de marzo de 2010

6.6. Ocaso

Entre el ultimátum para la puesta de sol que plantea Smocke a los habitantes del templo y la caída de la estrella que canta siniestramente Claire (funcionando aquí como símbolo musical de la corrupción que supone un ángel caído, al convertirse una nana infantil en leit-motiv del terror), a Sayid no le queda otra opción que sumarse al “ejército de las tinieblas” al caer de la noche... otra cosa es si a Kate aún le queda opción...

En poco más de un día Sayid ha sido disparado en sus entrañas, ahogado en la fuente (algo mancillada) de la vida y milagrosamente revivido, para poco después ser torturado y condenado (voluntariamente) a muerte por medio de una píldora venenosa, que decide no tomar, teniendo que aguantar a cambio que le miren con menosprecio y temor los hostiles habitantes del templo. Aprovechando que Jack ha desaparecido por un rato, nuestro iraquí se decide a echar una charla directamente con el misterioso Dogen quien tras una breve explicación (sobre que en su interior la balanza entre el bien y el mal se inclina hacia donde no debe y le sería preferible la muerte), lucha encarnizadamente con él hasta vencerle, pero desiste de matarle cuando su querida pelota de béisbol cae providencialmente al suelo. El consiguiente exilio del terreno ‘sagrado’ queda interrumpido por la llegada de Claire anunciando que alguien debe salir a parlamentar con Smocke, alguien que éste no pueda matar, si así lo prefieren... Por lo que la pena de exilio de Sayid queda conmutada por la orden de asesinar al Enemigo, con la especial daga que Dogen desentierra para esta tarea, acompañada de una descripción (lo verá como alguien conocido que ha muerto) y de un aviso (no dejarle decir ni hola). Pero, tras vacilar un momento al encontrarse con Kate (que qué hace aquí la pecosa por cierto...), Sayid ve asombrado al muerto viviente de Locke y se lanza resuelto con el puñal contra su costado, aunque, ay, no sin antes haber sido saludado. El caso es que la especial daga vuelve a ser desenterrada, ahora de las entrañas de Smocke, quien parece que ni tiene entrañas ni corazón ni nada, pues ni la herida mana sangre ni parece molestarle al imponente Humo Negro de la isla más que lo que le molestarían unas meras cosquillas.

Sayid no da crédito a sus ojos, pero ya se va dando cuenta de que las cosas en esta isla son de lo más raritas... por lo que cuando el insidioso ser que tiene delante le ofrece un trato diabólico, no duda en venderle su alma, acordando con él (suponemos) la suprema traición al templo: dar su mensaje de ultimátum (planteado sibilinamente como una liberación) a sus habitantes y devolver la daga a su dueño acabando al mismo tiempo con su vida, para destruir así el último bastión que impedía a la letal humareda acabar con la fortaleza hostil. Derrotado el jefe del templo, Sayid elimina también a su ayudante y traductor y, aunque al parecer le habría gustado quedarse allí (o más bien ahora escapar con sus amigos), confiesa a su antiguo enemigo/jefe/víctima Ben (ante la fuente que ha hecho renacer a ambos) que nada de eso es ya posible para él. Sayid había querido por última vez demostrar que era buena gente (aunque como siempre, le exigen que pruebe su bondad matando...), para finalmente pasarse al Lado Oscuro de la Isla (o al equipo de las Piezas Negras), entregándose al mismísimo Mal encarnado en una última jugada desesperada, en la que quizás esperaba (contra toda esperanza) poder ser redimido por el amor de su Nadia...

No sabemos qué le prometió Smocke a Sayid, pero ¿podría ser el acceso a una nueva realidad (llamémosla ‘x’) en la que le sería posible encontrarse de nuevo con Nadia? Puede ser, pero mientras tanto x-Sayid descubre (por enésima vez para este personaje en la serie) que no le es posible escapar a su destino como asesino. Esta vez el culpable es su hermano Omer (a cuyos brazos parece que empujó nuestro protagonista a x-Nadia por no sentirse merecedor de ella), quien (como cuando eran pequeños) necesita que su hermano menor le haga el trabajo sucio. Pero x-Nadia insiste en que no se deje liar, pues ella, enamorada desde hace tiempo de su cuñado, se empeña en hacerle creer que es verdaderamente capaz de vivir como una buena persona. De todas formas, si Smocke le prometió esta vida a Sayid le hizo una mala jugada, pues en ella no le estará permitido estar con su amada a no ser que traicione a su hermano, haciendo daño también en el proceso a sus inocentes sobrinos, pero además anda por allí un tal x-Keamy haciendo de las suyas (junto a su secuaz x-Omar, al igual que en el carguero) de modo que nuestro antihéroe no es capaz de quedarse tranquilo hasta que no le mete un tiro a este desgraciado entre pecho y espalda (algunos dicen que los famosos huevos que Keamy cocina y devora funcionan como símbolo de las almas, de modo que el mal de Smocke y Keamy –ambos genuinos representantes diabólicos– tanto en una como en otra realidad ha acabado engulléndose el alma de Sayid). Todas las buenas intenciones que nuestro amigo pone en su intento de redimirse de su pasado como torturador sólo consiguen, cual boomerang, volverse una y otra vez contra él, haciendo añicos la frágil esperanza de llegar algún día a ser feliz.

Otro importante personaje de la isla había perdido ya también la esperanza de ser feliz, puesto que tuvo que renunciar a volver a ver a su hijo, a cambio de que éste sobreviviera a un terrible accidente. La persona que le ofreció este trato tan doloroso fue Jacob, de forma similar a cómo Ben ofreció a Juliet en su día salvar a su hermana del cáncer a cambio de que ella se quedara en la isla. Lo que ambos pidieron en cada caso fue un sacrificio importante a cambio de la vida de un ser querido (Smocke, sin embargo, exige una traición a cambio de recuperar la felicidad propia). Dogen sólo puede acariciar de vez en cuando la pelota de béisbol que le recuerda al hijo añorado (suponemos que sería más o menos como el chaval que vimos hablar con x-Jack en el conservatorio) y seguir sirviendo los intereses de Jacob en el templo, respetando especialmente a los ‘candidatos’. Pero el caso de Sayid le sobrepasa, dado que está seguro de que algo ha ido mal con él, y trata de encontrar el equilibrio entre el respeto que le debe y la responsabilidad de evitar que este hombre ‘infectado’ les haga daño. Forzado a elegir entre la vida y la muerte de su ‘protegido’ (la fidelidad simbolizada por el color claro de su pelota y la traición por el color negro de su guante), Dogen prefiere desenterrar con su puñal una oportunidad nueva... esperar del ‘infectado’ que su parte buena (aunque de hecho ya superada por la mala) sea capaz de acabar con el maligno enemigo, tarea sumamente difícil, que al final se muestra vana. Y, como el boomerang de Sayid, el puñal acaba volviendo a sus manos trayéndole en este caso la muerte. Dos teorías importantes se barajan entre los fans: una, que al morir ahogado en la fuente de la vida (aunque esté algo sucia) Dogen esté destinado a revivir; otra (que me encanta, propuesta por Doc Jensen en su columna de EW), que nuestro valiente ‘samurai’ supiera desde el principio que su servicio al templo requeriría antes o después el sacrificio de su vida (a cambio de la que se concedió a su hijo), de modo que su sacrificio en el núcleo vital del templo adquiera finalmente un sentido redentor: quizás reavivando eventualmente el poder sanador de las aguas de la vida (no tanto para él como en beneficio del futuro ‘Jacob’).

Junto con Dogen, en este fatídico día de negro ocaso, mueren Lennon (degollado por Sayid) y la mitad (más o menos) de sus compañeros (golpeados a lo bestia por el justiciero Humo), mientras que el resto de los Otros (incluidos Cindy y los dos niños) se unen al enemigo, en un intento de salvar el pellejo. Smocke, contento con su resultado, recibe satisfecho a sus ‘infectados’ lugartenientes, Sayid y Claire, quedando algo sorprendido de que la impredecible Kate se una a sus fuerzas. Nuestra amiga no quiere perder de vista a Claire, la madre de su querido Aaron, aunque es posible que esta misión que se ha propuesto le salga cara. ¿O, no será más bien la poderosa influencia del cariño a este pequeñajo tan especial la que consiga vencer desde dentro a la alianza del mal? Kate, similarmente a Dogen, ha venido a la isla porque se le ha dicho que se la necesitaba allí, dejando atrás lo que más quería, de modo que quizás pueda ser sucesora del japonés en cuanto a su papel de último bastión frente al mal (a lo mejor sabía Jacob que se necesitaba precisamente una persona en esas circunstancias y por eso puso al pobre padre en dicha tesitura). La canción tantas veces repetida en tono siniestro (“coge una estrella caída y métela en tu bolsillo, no dejes que se apague..., guárdala para los días de lluvia...”) que tanto Claire como Kate habían cantado en su día al bebé, ha servido para ilustrar cómo el mal insta a caer a quienes eran buenas personas, dejándolas acorraladas, pero quizás también implica esta nana una esperanza, que la inocencia de la estrella caída no llegue a dejar de brillar...

Aparte de esta posibilidad, la isla, amenazada de sucumbir a la oscuridad, cuenta en su defensa con los que acudieron al faro, Jack y Hurley (guiado por el espíritu de Jacob), en espera de nuevos visitantes; además del equipo que lidera Ilana, formado por Frank, Miles y Sun. Jin, sin saber que su añorada esposa ha acudido al templo, parece haberse quedado junto con Sawyer a la espera de Smocke y Claire, aunque no sabemos si esos dos tienen muy claro dónde se han metido. Mientras tanto Richard anda solo en la selva y Ben, alucinado por el descubrimiento del enorme cambio en Sayid, parece haber sobrevivido el ataque al templo por su cuenta. El capítulo termina con la marcha ominosa de Smocke liderando a las Piezas Negras mientras se aleja del templo abandonado, dispuesto a cumplir sin falta todos sus propósitos...

jueves, 4 de marzo de 2010

6.5. Faro

“¿Qué cicatriz tengo aquí?”, se pregunta x-Jack ante el espejo. Y ya es la segunda vez que le pasa algo similar en un par de días... Mamá Shephard le comenta que le operaron de apendicitis cuando tenía unos 7 años (¿y cuándo fue eso?, a ver... si estamos a 24-9- 2004... ¿no sería en 1977?, una teoría debatida en internet dice que al producirse la bifurcación del x-universo en 1977 y pasar la conciencia del Jack adulto al niño que era entonces de unos 7 años, la mayoría de sus conocimientos quedarían latentes hasta que una serie de circunstancias le hicieran recordar lo que pasó; pero una reacción psico-fisiológica le podría haber hecho rechazar el apéndice que por aquel entonces ya Juliet le había quitado; y quizás también sea relevante para semi-acordarse ahora de ese recuerdo latente que él mismo intentara observar en su día la operación de su propio apéndice por medio de otro espejo). Pero Jack opta por no dar más importancia de momento a las extrañas reacciones de su mente, pues ya tiene bastante con ocuparse de la desaparición del cuerpo de su padre, el desasosiego de su madre y... que le toca ir a recoger a su hijo David al instituto y ya no llega a tiempo...
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En la isla le encontramos también observando con atención un reflejo ondulante de su imagen en un estanque del templo. Y es que Jack no sabe ya ni quién es ni lo que quiere, se le desdibuja el sentido que tiene su existencia en este mundo: en Los Angeles (tras el rescate de los Oceanic Six) su vida se fue totalmente a pique y finalmente había decidido hacer caso a los que le instaban a volver a la isla, atreviéndose a pensar que realmente allí le esperaba un ‘destino’ que le ayudaría a reencontrarse consigo mismo. O quizás, aunque ni se atreve a confesárselo a sí mismo, a reencontrarse con su padre...
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Porque él había visto al fantasma de su padre y lo había seguido hasta las famosas cuevas, sólo para desesperarse al descubrir allí el ataúd vacío. Y le había parecido oír también su voz invitándole a tomarse las cosas con calma (“let it go”), cuando estuvo recluido por los Otros en el tanque acuático de la Hydra. E incluso Locke, antes de morir, le había mencionado que Christian le mandaba saludos desde la isla... ¿Qué quería decir todo eso? ¿Y además, qué demonios es lo que la isla y sus extraños habitantes quieren ahora de él? Con todo esto se entiende que cuando Hurley le comunica que le dicen de ultratumba que “sí que tiene lo que hay que tener” (o que “sí que tiene agallas para encajar el fracaso”), en contradicción directa a la frase de su padre que tan a fuego se le había grabado de pequeño, salte como un muelle y pida ver de inmediato a ese misterioso Jacob. Porque de pronto cree entender que esa figura mítica de la que tanto hablan los Otros y que ya muerto parece haber elegido a su amigo Hugo para comunicarse, le interpela a un nivel muy personal y puede por tanto, probablemente, ofrecerle también respuestas a ese mismo nivel. Y Jack ahora necesita respuestas, necesita entender... Necesita comprender qué le pasa, qué le falta, qué ha hecho mal en su vida... necesita afrontar su desazón, su desconfianza en sí mismo, sus miedos, sus fracasos... necesita sanar viejas heridas y encontrar cierta paz antes de poder embarcarse en ningún tipo de nuevo proyecto.
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Y para ayudarle a avanzar en la búsqueda interior del sentido de su vida y su destino, Jacob le envía al Faro de la isla. Allí no se dan respuestas, sino sólo una orientación, y la suya, en el grado 23 de la rueda, le remite de nuevo a la casa donde vivió con sus padres. Pero eso no es suficiente para nuestro Jack, volver a encontrarse ante aquella mansión donde se originaron los males que le aquejan no le produce más que frustración: lo que él busca, el amor y aprobación incondicional de su padre, no está en este faro, como tampoco estaba en las cuevas... y su frustración le impulsa a destruir esos espejos tan engañosos, igual que destruyó lleno de furia el vacío ataúd de Christian. Sólo después de dar escape a su furia destructiva, Jack se dispone a calmarse contemplando el mar... y entonces descubrimos que precisamente este resultado es lo que Jacob había pretendido conseguir ‘invitándole’ al Faro. Se ve que intenta llevar a su ‘candidato’ a un estado de ánimo determinado... de forma que él mismo ‘quiera’ hacer aquello que la isla necesita de él.
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Sin embargo, su alter ego en el x-universo no ha dudado en acudir a la casa de su niñez ante el requerimiento de su madre (dejando solo a su hijo adolescente por unas horas), para allí con ella, en la ausencia de su malhadado progenitor, descubrir algunas respuestas importantes. La perceptiva Margo le ayuda a entender por qué su hijo David se está distanciando de él, a la vez que ambos se enteran de la existencia de un miembro más de la familia, x-Claire Littleton, sin saber aún lo cerca que se encuentra la joven australiana de ellos en Los Angeles y que está a punto de dar a luz a otro nieto del difunto Shephard. (De paso, los telespectadores descubrimos que Jack no es tan dado a la bebida como en el universo en el que primero le habíamos conocido).
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David, de unos 14 años, no se lleva mucho tiempo con su desconocida tía (que tiene unos 19), ni ha estado tan separado de su padre como ella del suyo, pero sí ha heredado de x-Jack las dificultades de comunicación intergeneracionales. Aunque a éste, tras la amarga pérdida de su padre (y la desconcertante pérdida posterior de su cuerpo), le ha quedado claro lo que tiene que decirle cuanto antes a su hijo, sobre todo cuando se lleva un susto supremo al no encontrarle en casa a su vuelta. Una pasadita por la casa donde el chaval vive el resto del tiempo con su madre (¿quiso el destino que Jack hubiera conocido esta vez a Sarah unos 12 años antes o se trata de otra mujer?) le hace descubrir que David ha sido citado para una audición en el conservatorio y es allí donde, aliviado, le encuentra. Tras pasar junto al cartel que le da la bienvenida (quizás incluso desde otra dimensión, con su “Bienvenidos todos los candidatos”) redescubre el talento musical que su hijo tan celosamente ocultaba para no verse sometido en este ámbito a la presión paterna (en eso fue más listo que el bueno de Daniel Faraday, a quien vimos tocar al piano para su madre exactamente la misma pieza de Chopin), pues bastante presión sufren ya de por sí los jóvenes artistas (como comenta un elegante x-Dogen).
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Discretamente, x-Jack espera a su hijo a la salida, para abordarle con el mejor regalo que puede hacerle. Se siente muy orgulloso de él, y además sabe que lo estará siempre, pase lo que pase, de modo que le dice que nunca entenderá como fracaso nada de lo que David pueda llegar hacer. Cuando el hasta ahora esquivo muchacho le sonríe satisfecho comprendemos que la muerte de x-Christian ha tenido como resultado, en este otro universo, que x-Jack se reconcilie con su hijo y probablemente también que la familia Shephard llegue a conocer a x-Claire y quizás puedan ofrecerle su cariño además de una cierta parte de la herencia, de modo que la joven pueda quedarse sin problemas con x-Aaron. La muerte del abuelo habría surtido así un inmediato efecto positivo en sus dos nietos, pero a través de ellos también en sus padres (los alejados hijos de Christian) una vez pasado el trance de llegar a reconciliarse indirectamente con él.
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Pero aún nos queda por examinar otra (ciertamente distorsionada) versión de la relación entre Christian y Claire. La dulce rubita que perdieron nuestros ‘losties’ en la isla antes de que Ben moviera la rueda, se ha convertido en una desaliñada salvaje, a quien al parecer ‘su padre’ le hizo creer que los Otros habían robado a su bebé. Curiosamente Claire no vivió los saltos en el tiempo, como el grupo de los que volvieron a la época Dharma (ante esta anomalía la isla la ha tratado como a sus habitantes nativos, en contrapartida quizás por incluir a Juliet en el grupo de los visitantes viajeros), sino que en esos tres años ha estado trampeando por la isla y ha llegado a tener varios desafortunados encuentros con los habitantes del Templo, en uno de los cuales sufrió algo parecido a lo que le ha ocurrido hace poco a Sayid.
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Claire, cual nueva Rousseau, se ha montado un refugio en la selva, bien equipado con todo tipo de instrumentos (incluidos cartuchos de dinamita) y no duda en ocultar entre la maleza trampas para animales y personas ni en torturar a sus cautivos para averiguar el paradero de su bebé perdido. Sin embargo, a diferencia de la francesa, en vez de una cajita de música tiene una cunita con un monstruoso muñeco, y en vez de haber matado a sus compañeros por encontrarse ellos ‘enfermos’, parece estar ella ‘infectada’ y por lo mismo haberse convertido en una peligrosa amenaza con su hacha... Mientras su hermano destroza furioso los espejos del Faro con un telescopio porque no acaban de darle razón del misterio de su padre, ella (en un tono menos ilustrado y más salvaje) destroza implacable con un hacha las entrañas del pobre Justin, porque no le acaba de desvelar el paradero de su hijo.
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Y eso que el pobre Jin acaba de decirle dónde está en realidad el pequeño Aaron, aunque enseguida echa marcha atrás diciendo que era mentira al ver las inesperadas consecuencias que tiene en ella dicha revelación. Pues además de ‘infectada’ por esa oscuridad que le cambia a uno totalmente al invadirle el corazón, ha sido malamente influenciada por el que parecía ser Christian, y ahora por el que parece ser Locke. Tras amenazar de muerte a Kate, si por casualidad se hubiera atrevido a llevarse a Aaron de la isla, Claire saluda a ‘su amigo’ (que ella sabe que no es John), mientras accede a planear con Jin una entrada secreta en el templo para recuperar a su pequeñín.
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Jacob ha alejado ex-profeso a Hurley y a Jack de la batalla que se avecina en el templo, en el cual habíamos dejado a Miles y Sayid y al que se acercan presurosos Richard, Sun, Frank, Ilana y Ben. Tampoco parece que Kate y Sawyer vayan a andar muy lejos, por mucho que pasen del ‘templo maldito’, mientras ella siga en busca de Claire y él mantenga su alianza con Smocke.
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Entre todo este jaleo Hurley, reaccionando más sensatamente que otros, trata también de entender qué demonios pasa a su alrededor. Dada su sencillez y servicialidad, le es más fácil que a Jack prestarse directamente a obedecer enigmáticas instrucciones, aunque no las entienda. La menuda escritura con tinta en su brazo ha acabado formando sin que él se dé cuenta una mancha azul en su frente, que Jacob le señala solícito. El disgusto que se ha llevado Hugo por la desproporcionada reacción de Jack al romper los espejos en el faro, imposibilitando así que cumpliera su importante misión de orientar a la persona que viene a la isla, no altera para nada al impasible fantasma que le ha elegido como emisario (bueno, Jacob ni siquiera se alteró cuando le mataron). Ya sabía nuestro ‘vidente’ que se las apañaba mejor solo que en compañía del temperamental médico (a quien engatusó con el mismo estilo con el que en su día embaucó a Sawyer). Pero se ve que él también ha encontrado su nombre en la rueda y se habrá preguntado qué vería Jacob en sus espejos cuando miraba hacia el correspondiente nº 8, sin que eso al parecer le haya inducido a abordar al ‘omnisciente’ Jacob con reproches o un montón de preguntas, sino que únicamente le agradece sarcásticamente los siete años de mala suerte.
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A Hurley sólo le importa ayudar a la gente, quisiera poder avisar a Miles y Sayid del peligro que les espera y quisiera haber servido de ayuda a quienes andan buscando la isla. Pero Jacob, su particular Obi-Wan Kenobi, parece satisfecho con la tarea que le había encargado y a él le ha gustado andar por el templo y por la selva con una misión, a lo Indiana Jones, y también recordar viejos tiempos con Jack, llegando a elucubrar teorías locas sobre los esqueletos de Adán y Eva que encontraron en las cuevas. Él volvió a la isla con una funda de guitarra, sólo porque un tipo agradable se lo pidió educadamente. Esperamos que su inocencia no resulte dañada en la inminente batalla entre los ‘Losties’ que se están situando en dos bandos opuestos, los que está ‘atrayendo’ Jacob y los que está ‘reclutando’ Antijacob; ojalá sirva más bien para ayudar a discernir a sus amigos lo que está pasando verdaderamente en la isla antes de que lleguen a matarse entre ellos.

jueves, 25 de febrero de 2010

6.4. El sustituto

Nuestro x-John vuelve a casa desde el aeropuerto en su furgoneta, profundamente frustrado tras haber intentando en vano hacer su anhelada expedición australiana. Le fastidia tener que depender tanto de una maquinaria que tiene la mala costumbre de atascarse cuando menos falta hace (o cuando no le conviene al superafortunado de x-Hurley), y ahí está, a unos metros de la puerta de su casa, pero sin poder salvar los centímetros que separan del suelo a la plataforma en la que se encuentra su silla de ruedas. Su gran aventura de hoy consiste en atreverse a dar ese pequeño salto... y... ¡vaya! falló, dando con sus huesos en el suelo, para ser irónicamente bienvenido por los indiscretos aspersores de su césped (tan indiscretos como los del campo de golf en el que Sayid se cargó al señor Avellino).
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Pero éste no es el amargado y solitario John Locke que conocíamos antes del vuelo 815, sino que su novia x-Helen se apresura a rescatarle para continuar después con la abrumadora planificación de su boda (en Octubre y se supone que ahora están a finales de Septiembre) a la que incluso estará invitado el padre de Locke (suponemos que una versión menos mala de él; se ve una foto de los dos juntos en su cubículo de trabajo mientras habla con Randy). Sin embargo x-John sigue siendo partidario del color caqui (el típico de su camiseta isleña) para las sillas de la boda, aunque cambia enseguida de opinión para agradar a x-Helen. El ‘cajero’ con corazón de explorador ha intentado cumplir su sueño en el ‘outback’ australiano sin conseguirlo, y ahora tendrá que pagar las consecuencias, al menos en el trabajo, donde su engaño (no asistió al congreso al que le mandó su empresa) ha sido descubierto. También x-Helen descubre la mentira, abriendo la maleta ‘perdida’ con los cuchillos, pero decide demostrar comprensiva a su novio que no necesita cambiar en nada para ser su ‘héroe’.
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Sumido en estas circunstancias de su vida x-John se mira en el espejo, preguntándose quién es verdaderamente él, ahora que va asumiendo (gracias también al realismo de x-Rose) que nunca más podrá andar (y menos si se dedica a rechazar la tarjeta de x-Jack y a no creer en los milagros). Y nos responde esta pregunta al final del episodio, cuando integrado en un puesto de trabajo medianamente interesante enseñando deportes y ciencias en un instituto, saluda a un insignificante profesor de Historia Europea llamado Benjamin Linus: “John Locke, sustituto”.
No sabemos cómo quedó paralítico este Locke, pero su intento de hacer la expedición ha cambiado realmente su vida, haciéndole conectar con una serie de personas relacionadas con el vuelo 815 que le han derivado hacia nuevos derroteros. De un ‘cajero’ apodado ‘coronel’, ha pasado a ser un profesor ‘sustituto’. Quizás el destino (¿o algún x-candidato?) está colocando sus piezas para que este personaje ‘sustituya’ significativamente a alguna otra pieza clave...
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En otra realidad, unos tres años más tarde y en una isla perdida, el Otro Ben Linus reconoce que el John Locke que él conoció (y mató) era sobre todo un ‘creyente’, un hombre de fe, que había sido mucho mejor que él. Nuestro experto lanzador de cuchillos –y humilde servidor de la isla que le devolvió el uso de sus piernas– sólo volvió a Los Angeles para descubrir que Helen había muerto y morir poco después también él. Aunque el destino le reservaba la ironía de traerle de nuevo a la misma playa perdida para ser enterrado junto a su aprendiz Boone (cual nuevo sacrificio requerido por la isla), y permitir así que su imagen ‘sustituyera’ a la que usaba antes el enemigo de Jacob, la del hombre que vestía de negro junto a la estatua. Si ponemos en una balanza la vida de este apasionado hombre de fe, con todo lo que disfrutó y sufrió en estos tres años (transcurridos para él en sólo unos meses) y la de su resignado y pragmático x-homónimo de x-Los Angeles, ¿cuál es más significativa? ¿cuál hubiera preferido él? (aunque para contestar a esta pregunta aún tendremos que ver por qué derroteros le llevan los guionistas en los flash-sideways).
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Pero aún nos queda otro John Locke y otra balanza que analizar: el ser que asumió falsamente su identidad y que al parecer ahora sólo puede adoptar o esta forma o la de amenazante humo negro (Smocke le empiezan a llamar en algunos foros). Y cuándo se le pregunta quién es responde que un ser atrapado que alguna vez fue hombre y fue libre, y que sufrió traiciones y la pérdida de un ser querido. Sea esto verdad o no, Smocke se mueve de manera bastante urgente y decidida hacia un único fin inconfesable (probablemente la muerte de todos los candidatos) y su actual objetivo en la partida es reclutar a gente, ofreciéndoles lo que cree que más puede atraerles: información y libertad. Su jugada previa ha eliminado a una pieza clave del tablero, a su odiado Jacob, pero es posible que haya infringido un poquito las reglas (o no, que para eso se buscó trabajosamente su resquicio o ‘loophole’), aunque esto no quita que se le vean de lejos las ganas de infringirlas o burlarlas si puede una vez más. Con regocijo destruye el equilibrio que durante cientos de años había reinado entre las piedras negra y blanca de la balanza de la cueva, y arroja la piedra blanca al mar, de modo que la negra asume gravemente sin tardar la posición predominante (¿para cuánto tiempo más?)
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Lo que está claro es que el color de la partida ha cambiado y todos están corriendo a refugiarse en el templo, único lugar seguro de la isla, al que aún faltan por llegar Richard (apenas liberado de la cautividad), Ilana, Frank, Ben y Sun (que aún están guardando duelo a sus muertos, recogiendo sus cenizas o enterrando sus despojos), mientras que andan por la selva perdidos Kate, Jin y Claire. Por su parte, Sawyer, tratando de atontar su dolor con música a todo volumen y un potente whisky, ha preferido pasar totalmente de la inquietante situación de alerta que reina en la isla, poniéndose sin saberlo a merced de las artimañas del furibundo Smocke.
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Sólo un jovencísimo rubio se atreve a asomarse por la isla y recordar al negro jugador las venerables reglas de juego (“no lo puedes matar”), poniéndole de un pésimo humor. El misterioso muchacho es “un chaval de 12 a 14 años, con sabiduría en los ojos, pesadumbre en el corazón, una importantísima responsabilidad a sus espaldas y pelajo rubio en la cabeza” (según traduce Gonzalo Tegel en el blog de Cuatro los datos de la llamada de casting para seleccionar a este actor que publica la lostpedia). Smocke está harto de reglas, de sentirse atrapado durante siglos en este maldito juego, de tener que buscarle las vueltas a gente que ya le tiene más que calado, de perseguir dolorido a este crío, quizás esperando de él algún tipo de tregua o trato de favor para facilitarle el resto de la partida. ¿Por qué aparece el muchacho la primera vez con los brazos ensangrentados? ¿Por qué no puede verle Richard? ¿Podría este chico tener que ver con la famosa pérdida de un ser querido que sufrió este ser cuando aún era un hombre, con aquella traición que endureció su corazón? Sea su nombre Aaron o Jacob (¿por qué no Christian o Charles, ya puestos?), se trata probablemente de un personaje sumamente significativo de su pasado como ser humano.
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Y como cumbre del episodio tenemos la interacción entre esos dos monstruos (sin ánimo de ofender) de Sawyer y Smocke. Nuestro experto estafador se huele a la legua que este ‘muerto’ no tiene ningún miedo y aprende pronto que no se trata de un ser al que pueda amenazar con un arma. Parecía encontrarse abatido, pero enseguida se enciende en él el modo de supervivencia y de la búsqueda activa de la mayor ventaja posible. Aunque sin subestimar a su formidable oponente, Sawyer pasa de esconderse en la selva y de salir corriendo hacia el templo, prefiere ‘jugar’ para ver qué puede ganar (quizás porque no tiene mucho que perder). Si creíamos que James había afrontado en Cooper (Sawyer vs. Sawyer) al malo más maligno posible del universo, allá en el infernal calabozo del “Black Rock”, se encuentra ahora ante un expertísimo manipulador de voluntades (que ha dejado pequeño al mismísimo Ben Linus, quien entre “ratones y hombres” bien que en su día se las dio con queso a nuestro rubiales) y jugando además con reglas enigmáticas en un terreno escabroso y desconocido.
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Pero es que nuestro Sawyer se crece ante las dificultades y le da al coco con enorme rapidez. En la impresionante imagen de la entrada a la caverna de estos dos personajes, vista desde detrás de la balanza, Smocke queda del lado de la piedra blanca y Sawyer de la piedra negra, expresando quizás que el sureño ex-jefe de seguridad de Dharma es más temible de lo que el enemigo de Jacob quisiera creer. Al menos nos gustaría pensar que no ha entrado allí cual inocente corderito, dispuesto a aliarse con el monstruo isleño y a dejarse engañar por él. Por algo ha sido elegido ‘candidato’, tocado en su infancia por el mismísimo Jacob (el primer ‘tocado’ cronológicamente de los que conocemos) y aspira con el número 15 a suceder al protector de la isla y jefe supremo. A menos que de verdad decida pasar de todas estas patrañas y entregarse a colaborar en el plan del ‘lado oscuro’. Que lo de salir de la isla de momento puede pintar muy bien, pero yo creo que antes Smocke querrá limpiarla de ‘candidatos’ y espero que el ‘lado luminoso’ de Sawyer reaccione a tiempo, antes de verse engullido por la oscuridad esa que le cambia a uno el corazón (esperad, no, los que tenían eso eran Sayid y Claire ¿no?) El caso es que Smocke, que no tiene un pelo de tonto (ehem), podría estar haciendo un reclutamiento muy efectivo entre reclutados y reclamados antes de que ni nos demos cuenta de lo que va todo este juego... Que a los del Templo los pille confesaos...

domingo, 21 de febrero de 2010

6.3. Lo que hace Kate

Kate ve al Marshal buscándola a las puertas del aeropuerto y se decide rápidamente por una vía de escape, caiga quien caiga, pero esta vez el daño colateral lo va a sufrir Claire y, de algún modo, también el pequeño Aaron. No duda en dejar a la embarazada australiana abandonada en una acera sin bolso ni equipaje mientras se dirige a un mecánico que pueda ayudarle a quitarse las esposas, pero cuando va a cambiarse de ropa se mira al espejo y... hay algo distinto... ya no es exactamente la misma persona que cuando embarcó en el avión.
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La bolsa de Claire lleva cosas para el bebé entre ellas una orca, blanca y negra, de peluche. Kate la coge y siente algo familiar en relación a ese juguete, en relación a esa madre y a ese bebé que no puede explicar. Sin perder tiempo se dirige de nuevo al lugar donde abandonó a la rubita, encontrando que ésta sigue allí totalmente confusa, pues no acaba de creer en su mala suerte: la pareja que iba a adoptar al niño no ha venido a buscarla y para colmo se ha encontrado en el taxi con una tipeja apuntándola con una pistola. Y el caso es que ahí está esa mujer otra vez, pero ofreciéndose ahora a ayudarla ¿podrá fiarse de ella?
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Un extraño instinto invita a Claire a confiar en esta desconocida hasta llegar incluso a ponerse en sus manos cuando, abandonada por la que iba a ser la mamá adoptiva de Aaron, empieza a sentir contracciones. Por su parte Kate tambiénn arriesga mucho por causa de esta desafortunada mamá al exponerse a ser capturada de nuevo cuando, solícita, la acompaña al hospital. Algo liga a estas mujeres más allá de lo que pueden comprender, algo que ante un posible problema en el pequeño nonato les hace angustiadas apretarse mutuamente la mano para apoyarse. Al despedirse, tras haber mostrado Claire su agradecimiento ayudando a su nueva amiga a escapar, ambas saben que el encuentro no ha sido casual y que ninguna de las dos podrá alejarse por mucho tiempo de ese pequeñín que aún no ha llegado a nacer (por intervención de un extrañamente amable Ethan Goodspeed).
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Curiosamente también en su otra vida Kate había sido una vez ayudada por una joven embarazada, cuya amistad valoró durante muchos años después. Aunque, precisamente por influencia de Cassidy, tomó la decisión más difícil de su vida: dejar a Aaron con su abuela Carole para irse a la isla a buscar a Claire.
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Y esta es la Kate que nos encontramos en la isla, quien al ver la forma en que Sawyer ha escapado del templo decide imitarle para tener más libertad de movimientos en la selva. Su falta de vacilación a la hora de usar la violencia para librarse de sus acompañantes Otros funciona en paralelo con los flash-sideways en los que la hemos visto amenazar al taxista y a Claire (sin importarle para nada las maletas de Arzt que se interponen en su camino), la misma violencia que Aldo no le puede perdonar de cuando le derribó para librar a Karl de su prisión en la habitación 23 en la isla Hydra. Pero a Jin no le interesa más que encontrar a Sun, y decide seguir adelante por su cuenta, preguntándole antes quién realmente le importa a ella.
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Mientras, Sawyer ha ido a la que fue su casa en Villa Otros (o Villa Dharma 30 años atrás) para seguir hurgando en el hondón de su pena hasta encontrarse dolorosamente con el convencimiento de que la culpa de la muerte de Juliet la tiene él, al menos en parte. Aquel momento en que ella accedió a no subir al submarino para quedarse con él en la isla demuestra, según él, la manera egoísta en que la convenció para que no le dejara solo, sin pensar en lo que hubiera sido mejor para ella. El anillo de compromiso que tan ilusionadamente había guardado para su rubia es lanzado con fuerza al vacío, un vacío similar al que siente por dentro al confesar entre lágrimas que probablemente su destino es permanecer para siempre solo.
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A James no le agrada en estos desdichados momentos la compañía de su pecosa amiga. Pero ella ha venido buscándole y le escucha junto al muelle, dispuesta a dejarse tocar por su dolor, a compartirlo de alguna manera. Ella también se siente culpable, por haber entrado (a partir de ese mismo muelle en el que están ahora) al submarino en que ambos amantes finalmente dejaban la isla atrás, para enredarlos en la locura de la bomba que ha dado lugar a la situación actual. Y ella también entiende lo que es sentirse sola y casi sin esperanzas de volver a recuperar a su niño perdido ni de poder devolverlo a su madre. Entre lágrimas se siente tentada de renunciar a todo y dejarse abatir por la situación tan sumamente desconcertante en la que se encuentran. Pero, al contrario que Sawyer, ella no puede renunciar... tiene que seguir luchando por subsistir, por encontrar a la desaparecida mamá australiana y por llevarla de vuelta a casa, aunque sea sin la ayuda que esperaba encontrar en su amigo.
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Pero ha sido Jin, precisamente al separarse de Kate, el que se ha encontrado con Claire. Una versión de Claire muy parecida a Danielle Rousseau (desmelenada, con su arma al hombro, revisando las trampas dejadas por medio de la selva...), sólo que esta rubia ermitaña abandonó por su cuenta a su bebé en vez de que le fuera arrebatado y parece ser que en lugar de matar a su equipo por haberse infectado es ella ahora la víctima de la temible 'enfermedad'.
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O al menos esa es la nueva que ha comunicado Dogen a Jack, al explicarle el mal que aqueja a Sayid, una oscuridad que se extiende y que si le llega al corazón hará que nunca más vuelva a ser él mismo. Tras torturar al resucitado torturador (como también hizo Danielle en su momento) el jefe del Templo ha diagnosticado que tiene la infección y por tanto debe tomar voluntariamente la píldora que con ese fin ha puesto en manos de su doctor. Como Jack no sabe realmente a qué atenerse con estos tipos decide tragarse él mismo la píldora para ver qué pasa y de ese modo descubre asombrado, tras la maniobra en la que Dogen evita que llegue a ingerir la medicina, que se trata de un veneno (esta opción de la píldora verde no se la ofrecieron a Neo en Matrix).
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No sabemos realmente si, tras haber revivido a Sayid, los Otros quieren ahora matarlo. Ni tampoco si nuestro iraquí ha sido 'reclamado' por Jacob o su enemigo, o bien por alguna otra misteriosa entidad isleña. Quizás le veamos en un futuro transformarse en un ser maligno volviéndose contra sus amigos (como vimos a Robert volverse contra su esposa embarazada antes de caer derribado por ella), y a éstos pasar por el terrible trance de tener que eliminarle. O quizás aún está a tiempo de superar la infección, por algún extraño exorcismo, acaso provisto por el mismísimo Jacob que antes de morir se ocupó de comunicar a los suyos lo importante que era mantener con vida a Jarrah. Lo que está claro es que, al igual que su respetado y difunto jefe supremo, los Otros no van a forzar a nadie a hacer nada en contra de su voluntad y por ello sólo se atreven a atentar contra la vida de Sayid con la cápsula venenosa si éste accede a tomársela.
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Hurley y Miles, asombrados especialmente por la vuelta a la vida de su amigo, le han preguntado por su experiencia en el más allá. Y aunque Sayid no recuerda nada (como tampoco recordaría Ben quién le disparó cuando era jovencito en Villa Dharma), puede ser interesante tener en cuenta que Charlotte Malkin (la hija del vidente australiano que visitó Claire), cuando revivió como él tras haberse ahogado estuvo un tiempo en un 'lugar intermedio' donde recibió un mensaje del difunto Yemi para su hermano Eko. Nuestros dos amigos saben por experiencia que a algunos les es posible comunicarse con los muertos y andan tratando de averiguar cómo funciona realmente ese 'lugar intermedio'.
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Perdidos nos abre así a un nuevo misterio (la famosa enfermedad de la que habíamos oído hablar desde la primera temporada) mientras tratamos de aclararnos con la nueva realidad, en la que los protagonistas parecen encontrarse al otro lado del espejo: siendo ellos mismos, pero diferentes. Recordemos aquí también el famoso pasaje de "Alicia en el país de las maravillas" que Jack leyó a Aaron cuando ejercía de padre (o de tío) modelo antes de entregarse al combinado de pastillas con alcohol (pasaje que al parecer él había oído muchas veces de pequeño leído por Christian Shephard): "Pues vaya, qué cosas tan extrañas pasan hoy. Ayer todo fue como de costumbre. Me pregunto si habré cambiado esta noche. A ver, ¿era yo la misma cuando me levanté por la mañana? Pero si no soy la misma, la pregunta es ¿quién soy ahora mismo? Ah, ése es el gran enigma".

martes, 16 de febrero de 2010

6.1-2. LA X

El fogonazo blanco de la explosión de Jughead se diluye entre las nubes que rodean a un avión que va de Sydney a LAX (o más bien a LA X, es decir, Los Angeles-X o versión alternativa de esta ciudad californiana, según es costumbre denominar este tipo de cosas en los comics de ciencia ficción). Todo en él nos resulta familiar, pero de pronto está claro que lo que estamos viendo no es ni ocurre exactamente igual que durante aquel famoso vuelo 815 de Oceanic. Y por si no nos quedaba claro, nuestro querido Desmond Hume se da un paseíto para saludar al colega (“brother”) Jack, como comentó varias veces que haría si le veía en ‘otra vida’. Y es que este vuelo que vemos no está destinado a accidentarse en una desconocida isla del Pacífico porque un desquiciado escocés no llegue a tiempo a pulsar su tecla, sino que bajo el avión el mar se presenta vacío (tan vacío como quedó súbitamente bajo el helicóptero de Lapidus cuando transportaba a los Oceanic 6 junto con Desmond), y solamente una mirada de profundidad puede revelarnos que Villa Otros yace inundada en el fondo del océano, ya nunca más a la sombra de la ahora coralificada estatua.
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En mi opinión lo que ha pasado es lo siguiente: el explosivo encuentro de la detonación de la bomba con el enorme flujo electromagnético desatado por la tozudez de Radzinsky ha cancelado el poder destructivo de ambos (en el marco de nuestra realidad o universo), reencauzándose toda esta energía en una dimensión nueva (no olvidemos que el Cisne, como la Orquídea, está situado en una especial singularidad espacio-temporal), de modo que se ha generado una nueva línea temporal, mientras que la línea temporal original de nuestros losties, aunque totalmente convolucionada por los viajes en el tiempo, sigue exactamente igual, fiel a la ley de “lo que pasó, pasó” (hay suficientes indicios en ese sentido: finalmente se construyó el búnker, se instaló el ordenador con su tecla, el fallo de Desmond produjo el primer “system failure” resquebrajando en el aire al Oceanic 815 y en último lugar nuestro escocés accionó la llave de seguridad e implosionó la estación). Los losties viajeros, introducidos en la zona cero del multidimensional incidente, viajaron sin embargo de nuevo en el tiempo (suponemos que por última vez) volviendo esta vez exactamente al tiempo en el que habíamos dejado a los náufragos del Ajira 316. O sea que de alguna forma se deshace la convolución temporal devolviéndolos de nuevo al tiempo en la isla en el que están sus originales contemporáneos, más o menos finales de 2007, pero es posible que Rose, Bernard y Vincent al encontrarse alejados del foco de traslación se nos hayan quedado en el pasado...
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Y, como os decía, la liberación durante el incidente de tan enorme cantidad de energía ha generado una anomalía espacio-temporal, una nueva calle en el tiempo, que según entiendo, se inició allá por 1977 (nuestros x-losties son bastante parecidos a sí mismos, aunque la vida no les ha ido exactamente igual) de modo que en esta nueva realidad la x-isla quedó hundida en el fondo del océano y todo aquello que había sido influenciado por ella cambia ahora en el nuevo desarrollo de los acontecimientos (por ejemplo x-Desmond y x-Juliet nunca llegaron a sufrir sus tres años de angustia en la misma).
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Lo que quiero decir es que la ley de “lo que pasó, pasó” y lo de que hay una sola ‘calle’ del tiempo es algo que se cumple en el universo original de los losties: por muchos saltos temporales que hayan dado ellos nunca podrán salir de esa línea del tiempo, o sea que para ellos se cumple “lo que pasó, pasó”. La novedad que Faraday descubre (o intuye, quizás no lo supo nunca muy claro) es que con ayuda de la bomba (aplicada a la anomalía electromagnética del Cisne) puede romperse esta ley, y lo que vemos es que realmente aparece una nueva ‘calle’ en el tiempo, pero generándose digamos un universo paralelo. Es decir, nuestros losties no pueden saltar de una realidad a la otra, de una calle del tiempo a la otra, sino que siempre estarán en la misma (en “Regreso al Futuro” Marty viajaba a su pasado y cambiaba el futuro para sí mismo, pero eso no ocurre aquí). Lo que pasa es que ha aparecido digamos una realidad nueva en la que ocurren cosas nuevas, sólo que ellos no son conscientes de esa otra línea que tomó su vida en esa otra realidad paralela, ni tampoco lo son sus otros yoes (los x-losties) de la línea original. Son dos realidades anómalamente separadas.
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Y a partir de la breve aparición de Desmond en la premiere... entiendo que debemos buscar pistas de lo que ha pasado con el incidente precisamente en uno de sus episodios estelares, “Flashes Before Your Eyes” (mi favorito desde que me dejó absolutamente fascinada cuando lo vi) junto con algunos datos de “Further Instructions”. Al accionarse la llave de seguridad el fenómeno producido en el Cisne fue similar, aunque a pequeña escala, a lo que ocurrió cuando Juliet detonó la bomba. Algunas cosas quedaron atraídas hacia el fondo del pequeño cráter que se formó (las cosas metálicas), otras salieron volando a la cima de los árboles como el bastón de Eko (lo que ahora le pasa a Kate), y un par de personajes implicados quedaron asombrosamente intactos en el suelo aunque perdida la capacidad de hablar de uno y despojado de sus ropas el otro (parece que nada de eso ha pasado esta vez). El efecto de aturdimiento en los oídos que sufren ahora Kate y Miles lo vimos reflejado entonces en Charlie, quien además parece que aún estando por allí cerca ni siquiera se enteró de la implosión.
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Y vimos que como efecto secundario Desmond viaja mentalmente a su pasado, pero ¿no sería ya entonces su pasado en la nueva línea temporal que llevaba ya brujuleando por ahí desde 1977? Probablemente no, yaque Eloise se empeña en que deje a Penny y se vaya a la isla a pulsar la tecla, lo cual indica que más bien fue una pequeña desviación con poco recorrido, puesto que el universo enseguida trató de corregir su curso. Entiendo por tanto que otro efecto colateral del incidente es que nuestros losties implicados en este fenómeno han adquirido el poder de entrar en comunión con sus x-yoes como le pasó a Desmond. Recordad que aunque se encontraba físicamente en su tiempo pasado y con todas sus memorias de entonces, le venían flashes de su tiempo en la isla, de modo que una serie de déja-vus acaban haciéndole ser consciente más o menos de lo que pasó en su tiempo original. Eso es lo que creo que está pasando con x-Jack, x-Kate y x-Sawyer (no he visto que de momento los “x” de Hurley o Locke y mucho menos de Charlie, Boone, Artz, o Neil... tengan esos momentillos de duda como de que algo aquí no acaba de cuadrar o me suena a que debía haber pasado algo distinto, pero no sabría qué decir respecto a Rose y Bernard). Mucha gente especula que el propio Desmond que está en el avión sabe lo que está pasando, desde su capacidad de conexión consigo mismo en otra línea alternativa de tiempo (otros dicen que pudo ser una visión de Jack o una especie de viaje físico interrealidades de nuestro escocés errante, pero yo entiendo que hemos dejado atrás ese tipo de viajes físicos y ahora estamos con los viajes mentales a la realidad alternativa, aquellos que hasta ahora sólo ha sufrido Desmond y algunos desgraciados tripulantes del Kahana). También es posible que el don de recordar sus yoes de la línea original sólo corresponda a los que en su día fueron tocados por Jacob. Esto podría dar lugar en su momento a que x-Sawyer se encuentre con x-Juliet y ella no pueda acordarse de ninguna forma de él, pero él la reconozca enseguida y la invite a tomar un café; la breve consciencia de esta situación que recibe la agonizante Juliet incidentada es lo que la hace exclamar –ya muerta– “funcionó”.
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¿Y hacia dónde se dirige esta situación? Podría ser que una de las líneas temporales deba colapsar y dejar que la otra siga adelante, en todo caso yo no creo que puedan seguir ambas establemente separadas para siempre. Creo que una de las dos debe de ser inestable y se producirá pronto una “course correction” de esas. Pero puesto que lo de la bomba ‘funcionó’, entiendo que la realidad paralela, la de los “x-losties” será la definitiva... ellos no tendrán ninguna experiencia de la isla, pero nuestros “losties” que ahora están en la isla de alguna forma se trasladarán mentalmente a esos otros yoes (a lo Desmond), y será su forma de salvarse del universo ese inestable en el que se han quedado.
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Para mí que tal como va la cosa nuestro maligno FLocke (el falso Locke que encarna al enemigo de Jacob y de vez en cuando se transforma en el justiciero Humo Negro) se va a hacer con el poder en la isla, pero Jacob antes de morir se las ha ingeniado para originar (por su influencia en los losties) ese universo alternativo en el que probablemente vencerá. Es posible, sin embargo, que antes de que Smokey arrase con todo (pues parece que esa es su manera de ‘volver a su casa’) haya una misión importante que cumplir, para que todo quede bien arreglado (que por ejemplo Smokey no pueda acceder a la x-realidad) y en esto están implicados de pies a cabeza los Otros del templo (bajo el mando de Dogen y Lennon), para lo cual necesitan sin falta a Jack, Sawyer, Kate, Hurley, Miles, Jin y, sobre todo, Sayid.
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Sayid, sabiendo que estaba mortalmente herido, se esperaba acabar más o menos en el infierno (y quizás no andaba tan descaminado...) De hecho al ser sumergido en el agua para morir y luego revivir ha vivido una forma de bautismo integral, imagen reforzada cuando al sacarle los Otros del agua su cuerpo queda configurado como una cruz. Precisamente el cristianismo predica que el bautismo nos introduce en una ‘vida nueva’, y esperemos que además en su caso resulte igualmente una acción ‘redentora’ en vez de que su despertar al final del capítulo, como muchos tememos, nos lo haya transformado en un agente del mal.
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El paso de los muertos a través del agua camino de una vida diferente aparece también en la mitología griega, cruzando la laguna Estigia en la barca de Caronte. También los egipcios (cultura más relevante para nuestra serie) usaban barcos para depositar a los muertos de forma que hagan su viaje a la otra vida. Tanto Sayid como probablemente Ben de pequeño estando moribundos han sido depositados en el agua para ser curados ¿o directamente para que resuciten en una nueva vida?... Igualmente el barco ‘Black Rock’ viajó en su momento por las aguas hasta la isla y es posible que alguno de sus tripulantes ande por ahí viviendo casi eternamente... No olvidemos finalmente que en la parte baja del tapiz de Jacob figuraban varios misteriosos barcos...
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El mismo tapiz de Jacob que muestra egipcios viviendo tan felices bajo la protección de sus dioses, dedicados a la vida cotidiana, lo que nos recuerda a cómo viven los Otros tan contentos en su templo, hasta que se enteran de que Jacob (¿uno de los diosecillos protectores?) ha muerto. Alucinados por la milagrosa vuelta a la vida de Sayid, parece que Jack y compañía tendrán que colaborar finalmente con los extraños y ahora atemorizados Otros que habitan el Templo, pero de momento los ánimos están un poco soliviantados y será difícil generar la confianza suficiente entre todos ellos para llega a hacer algo productivo. Y el que menos ganas tiene de hacer nada ni colaborar con nadie (y menos aún con Jack) es Sawyer, debido a la brutal pérdida que ha sufrido.
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Y ya que hablábamos de la barca de Caronte, se ha dicho en algún foro o blog que Sawyer bajó a los infiernos cual Orfeo a buscar a su Juliet, pero desgraciadamente al igual que el famoso héroe griego no pudo volver con ella... Aclaremos también que aunque Juliet había caído a un pozo hondísimo en 1977, al trasladarse a 2007 su situación cambió un poco, y mientras que Kate acabó en la copa de un árbol, la rubita se quedó más cerca del núcleo electromagnético, ya que iba ‘adornada’ por ciertas cadenas. Pero puesto que en ese año no está abierto el profundo túnel radzinskiano y los viajes en el tiempo son así de considerados que no te dejan por ahí atrapado en medio del terreno (más considerados que los guionistas de la serie cuando enterraron vivos a Nikki y Paulo) su magullado cuerpo quedó esta vez un poco más accesible desde la superficie, dando oportunidad a que Sawyer la estrechara entre sus brazos para despedirse.
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Ya era hora de que Perdidos hiciera justicia por una vez al duelo que sufren los personajes tras la muerte de uno de sus compañeros (otras veces era como que lo enterraban –o no, en el caso de Charlie– y a otra cosa). Sayid penó muchísimo por la muerte de Shannon, y ésta por la de Boone, Hurley por la de Libby y la de Charlie, Sun por la supuesta muerte de Jin, pero Sawyer ha alcanzado un nuevo nivel de duelo, por el profundo vínculo que le unía a Juliet y por su temperamento visceral y vengativo. De todas formas el episodio 6x2 me ha recordado mucho al 2x2, cuando Michael sólo sabía echar las culpas a Sawyer del secuestro de su hijo, ensañándose con él como ahora hace James con Jack (en recuerdo a ese episodio hemos visto merodear por el agua junto a la x-estatua al x-tiburón con su cola marcada con el logo de Dharma). Michael necesitó pasar toda una noche en el mar devorado por la angustia de la ausencia de Walt hasta llegar a reconocer que su compañero sólo hizo lo que creyó mejor. Igualmente suponemos que Sawyer entrará en razón, a pesar de que su fiereza e impulsividad se lo harán más difícil que al bueno de Michael, y que la rivalidad Jack-Sawyer está tan enconada que no será tan fácil que se lleguen a reconciliar. Sin embargo esta es una de las escenas que más estoy deseando ver, cuando cada uno de estos dos carismáticos personajes reconozca abiertamente su aprecio por el otro y llegue incluso a asumir un sacrificio por salvar a su rival (llevo soñando con eso desde que empezó la serie, aunque no sé bien ni casi me importa cuál de ellos se sacrificará por cual).
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Y mientras esperamos al siguiente capítulo sólo nos cabe preguntarnos qué ha pasado con Sayid. ¿Ha sufrido la misma suerte que sufrió el pequeño Ben en su momento por culpa suya (y ahora él por culpa del padre de Ben)? ¿O más bien le ha pasado como a Locke, que algún ente isleño se moría por ocupar sus huesitos? Lo que está claro es que nos encanta ver a nuestro Sayid vivito y coleando y aún esperamos que meta bastante caña a los altivos “templarios”, o incluso mejor, a ver si él (o tal vez el enfadadísimo Sawyer) le dan una tunda de palos al desgraciado de FLocke, quien tan malignamente está tratando a nuestros queridos Richard y Ben.