En el blog hago una reflexión sobre series de televisión, especialmente Perdidos (Lost). Me interesa sobre todo profundizar en las experiencias humanas presentadas. Trato de relacionar los misterios y sorpresas que viven los protagonistas con los de nuestra vida diaria.
lunes, 19 de abril de 2010
6.11. Felices para siempre
martes, 13 de abril de 2010
6.10. El paquete
miércoles, 7 de abril de 2010
6.9. Ab aeterno (Desde la eternidad)
Durante la nocturna reunión aclaratoria del partido jacobino en la playa, Ilana recuerda perfectamente que su mentor le pidió que protegiera a los seis candidatos restantes y que, según él, tras llevarlos al templo Richard le indicaría lo que debía hacer. Dado que el templo ha dejado de ser un sitio seguro, sólo le queda este misterioso personaje a quien recurrir para continuar con su importante tarea, pero no esperaba que el inmortal consejero estuviera pasando por una fuerte crisis de sentido con respecto a su lealtad a Jacob. Para entender mejor la crisis de este personaje la serie nos remonta a unos 140 años atrás, al inicio de la cadena de acontecimientos que finalmente le hicieron dar con sus huesos en la isla.
Ricardo es un pobre agricultor tinerfeño angustiado por la terrible enfermedad que padece su mujer Isabel (probablemente tuberculosis). En una lluviosa noche acude al único médico que le podría ayudar, si no fuera porque este señor, bien acomodado, no tiene ningún interés en alejarse de su calentita chimenea en semejante noche de perros, y menos por unos pobretones que no pueden pagar ni lo que vale
Minutos después, aquella misma desgraciada noche, acuden las autoridades a prenderle por asesinato, tras lo cual le espera la cárcel y la pena de muerte. Un sacerdote acude a su celda a oírle en confesión, sorprendiéndole encontrarse con que el preso lee devotamente una Biblia en inglés (las páginas de la misma muestran el pasaje de Lucas 4 en el que Jesús resiste en el desierto las tentaciones del diablo, útil lectura para quien tendrá que lidiar con tentadores personajes diabólicos poco tiempo después). Pero más llevado por sus propios intereses que por la misericordia del Señor, el siniestro cura rehúsa absolver a Ricardo por su homicidio (del que se encuentra totalmente arrepentido, y que realmente no fue más que una muerte accidental), aunque en su codicia acaba salvando la vida de este pobre preso, ya que en lugar de llevarlo a la horca lo vende como esclavo a un comerciante inglés (quien al parecer buscaba esclavos que dominaran su idioma). Ricardo pasa así a ser encadenado en las bodegas del Black Rock (bajo el mando del capitán Magnus Hanso) junto con otros desgraciados prisioneros, en ruta hacia el Nuevo Mundo (donde él había soñado instalarse junto a su mujer, razón por la que ambos habían aprendido el nuevo idioma). Pero el barco es sorprendido en medio del mar por una impresionante tormenta, de modo que, lanzado por una ola gigante contra la isla de nuestros perdidos (en una época en la que sólo estaba habitada por Jacob y su enemigo), aterriza milagrosamente intacto en medio de la selva, no sin antes haberse visto impelido contra la imponente estatua egipcia que dominaba la costa.
Tenemos que interrumpir aquí la narración para comentar algunos asuntos. En primer lugar, el hecho de que los restos de Magnus Hanso descansaban en la isla junto al Black Rock era ya un dato conocido para los fans de la serie, pues aparece escrito en el mapa oculto que vio Locke en la puerta del Cisne (obra de Kelvin y Radzinsky). Además, cuando se subastó en Londres el diario de a bordo de este barco, se mencionó que había permanecido muchos años en poder de la familia de Tovard Hanso (un diario que finalmente compró Charles Widmore). De este modo queda relacionada
Finalmente, resulta también bastante increíble el hecho de que la ola gigante que arrastró al barco hacia la isla destrozara la estatua (hecha probablemente de piedra) y sin embargo el barco pudiera aterrizar en la selva más o menos sano y salvo (esto sin mencionar que Jacob y su enemigo habían visto supuestamente a este mismo barco desde la costa en un día soleado). Una terrible tormenta tropical causada por un huracán, o un poderoso tsunami pueden explicar la ola gigante y su poder destructor contra
Y volvamos de nuevo a nuestra historia. La catástrofe sufrida por el Black Rock deja a varios supervivientes, cinco oficiales y tres prisioneros, habiendo muerto entre otros el capitán Hanso (¡qué se le va a hacer! Jacob no es todopoderoso, también se le murió un buen montón de gente del Oceanic 815). Pero además de que, por la propia maldad de la gente (postura que defiende Anti-Jacob), un oficial (Jonas Whitfield, es el nombre que dan a este personaje los créditos oficiales del episodio) se carga inmisericordemente a dos de los prisioneros, el Humo Negro, incansable justiciero, no tarda en aparecer para asesinar al resto del personal. Se ve que, una vez queda demostrado que son malos (suponemos que todos los oficiales acordaron entre sí dar muerte a los presos), se siente libre de acabar con ellos a su antojo. Eso cuando está Jacob, porque si no está (como hemos visto), se carga a quien quiere simplemente porque no esté de su lado (con la excusa de que si no le van a matar a él, ¡como si fuera tan fácil!) Respeta sin embargo la vida de uno de los prisioneros, tras examinarle concienzudamente con sus flashes (ya sabemos que de ese modo explora las memorias del pasado de sus examinados), quizás porque comprende que si se dedica a matar siempre a todos los supervivientes no va a tener quien le ayude a terminar con Jacob. El hecho de que elija dejar vivir a una persona inocente (asegurándose bien de ello con su escrutinio) probablemente tenga que ver con esa especie de apuesta que tiene con su adversario, para demostrarse uno a otro si todos los hombres son corrompibles o si algunos pueden resistirse eficazmente a toda tentación (ya que en principio pensaríamos que para la tarea de matar a Jacob el malvado del Jonas ese le habría venido que ni pintado).
Una vez seleccionado su instrumento, el siniestro Hombre de Negro se trabaja el material por un tiempo. Primero le deja encadenado, sometido a la terrible tortura del hambre y la sed, sazonada con el fétido olor de los cadáveres de sus compañeros, y a la angustia de esperar una horrible muerte por inanición en la tenebrosa bodega del barco. Después, para asegurarse de que entiende las cosas como a él le conviene, se pasa a hacerle una visita con la forma de Isabel, para comunicarle que está muerto y en el infierno, fingiendo después que la mujer es capturada, y por eso entre otras cosas no vuelve a visitarle de nuevo. Cuando finalmente se presenta ante Ricardo como el misterioso Hombre de Negro (ese primer toque afectuoso con su mano nos hubiera parecido el salvador toque de Jacob, de no ser por el delatador color oscuro de su manga), le da de beber y abre sus cadenas con la llave (sustraída hace días a los cadáveres de los oficiales), ofreciéndole después un opíparo banquete de jabalí asado. Pero no sin haberle hecho prometer antes que haría todo lo que le pidiera, es decir, matar a Jacob. Para ello (en escena totalmente paralela a
El encuentro con Jacob nos revela que por aquellas fechas éste estaba mucho menos dispuesto a rendirse ante la muerte que cuando le atacó Ben mucho más tarde. Jacob desarma violentamente a Richard en una pelea y después le sumerge repetidas veces en las aguas del océano para convencerle de que sus ganas de vivir desdicen que esté verdaderamente muerto. La inmersión en las aguas parece simbolizar un nuevo bautismo, que, si bien (según indica después Jacob), no consigue absolverle de sus pecados, sí parece contribuir a la ‘conversión’ del buen tinerfeño al partido blanco (de todas formas su ‘blanco bautizador’ le da a entender que al llegar a la isla cada uno puede olvidarse de su pasado, cual tabula rasa; en este sentido la experiencia de Ricardo es similar a
Hemos visto a Ricardo acudir angustiado a un doctor y a un cura, resultando ambas personas unos egoístas poco dispuestos a ayudar al pobre desgraciado. Después ha pedido a Jonas ser liberado de sus cadenas junto a sus compañeros de prisión, cuando éste (con el corazón totalmente endurecido) había decidido apuñalarlos. Ha sido Anti-Jacob el primero que le ha prestado ayuda, aunque no de forma desinteresada, y finalmente Jacob, tras darle una buena paliza y casi ahogarlo, le ofrece generosamente una manta (algo que el doctor no se dignó considerar siquiera cuando llegó empapado) y un poco de vino, por no hablar del generoso don sobrenatural con que acaba de obsequiarlo. Jacob quiere además que le lleve una piedra blanca a su enemigo, parece que como señal de la victoria que el comportamiento de Ricardo supone para él en el juego que se traen entre ambos. A cambio, el Hombre de Negro, reiterando su oferta de devolverle a su mujer si se cambia de bando (cuando un día le parezca bien) le retorna el crucifijo de Isabel, que había recogido para él tras el naufragio. ¿Reconoce nuestro héroe en esta querida joya una diabólica tentación?... el caso es que la entierra, tras besarla, enterrando con ella (¿para siempre?) la tentadora opción, por si acaso...
El paso de 140 años no ha cambiado mucho el aspecto de Ricardo (llamado ahora Richard por haber convivido durante tanto tiempo con personas anglófonas, mientras que probablemente eligió el apellido Alpert al tener que hacerse con documentación para poder salir a la civilización en misiones de reclutamiento), pero sí ha cambiado la isla (ha crecido un hermoso árbol junto al crucifijo que enterró) y, sobre todo, la situación y el propio corazón del anciano (en edad, no en apariencia) español. La muerte de Jacob ha vaciado de significado todo aquello para lo que este hombre ha vivido tan largos años, y ahora, más que nunca, echa de menos a su mujer, sintiéndose como siempre culpable de haberla abandonado en su lecho de muerte, pero también de haber renunciado a la oferta de Anti-Jacob para volverla a ver, por lo que –desenterrando la cruz– grita a los cuatro vientos que está dispuesto a reunirse con él. Sin embargo, Isabel, que –como prometió– nunca se ha alejado mucho de su amado, ha encontrado finalmente la manera de comunicarle su cariño y cercanía para que pueda alcanzar la necesaria paz. El bueno de Hurley se presta como ‘médium’ al sobrenatural encuentro, añadiendo un mensaje final: Richard debe impedir que Smocke escape de la isla, por que si no un verdadero infierno les aguarda a todos ellos.
No sabemos si el propio Smocke ha oído este mensaje mientras acudía a la llamada del inmortal Alpert, pero ciertamente se percata de que esta importante pieza del juego ha vuelto a escapársele de las manos. Sus memorias le traen entonces de nuevo el recuerdo de la piedra blanca, signo de aquella –al parecer inalterable– victoria de Jacob sobre el ánimo de Ricardo, y también de la botella de vino que su insigne enemigo le trajo como consuelo poco después. Qué poco le gustaba lo que ésta simbolizaba (el inescapable encierro de una sustancia maligna, contenida por un tapón de corcho –la isla– que Jacob y sus sucesores se encargan ab aeterno de vigilar), por lo que recuerda, más decidido aún que entonces a cumplirlo, su profético gesto de rebeldía: hacer estallar con toda su fuerza la aprisionante botella, para dejar escapar su rojo y embriagante líquido por doquier.
El mal, encerrado durante tantísimo tiempo en la botella, consideraría con razón su encierro un infierno y un diablo a su guardián, pero el destino de este guardián (del futuro candidato) es igualmente ingrato: sometido durante siglos en soledad a una enorme responsabilidad ante el mundo y a la constante presión que ejerce el mal por escapar. Uno casi entiende que Jacob se distrajera un poco trayendo visitantes a la isla, aparte de que su oficio le exigía encontrar y preparar al heredero adecuado, por si su enemigo daba con el temido resquicio que le permitiera finalmente ganar la partida e intentar escapar.
domingo, 4 de abril de 2010
6.8. Misión de reconocimiento (o “Estafas a diestro y siniestro”)
6.7. Dr. Linus
miércoles, 10 de marzo de 2010
6.6. Ocaso
En poco más de un día Sayid ha sido disparado en sus entrañas, ahogado en la fuente (algo mancillada) de la vida y milagrosamente revivido, para poco después ser torturado y condenado (voluntariamente) a muerte por medio de una píldora venenosa, que decide no tomar, teniendo que aguantar a cambio que le miren con menosprecio y temor los hostiles habitantes del templo. Aprovechando que Jack ha desaparecido por un rato, nuestro iraquí se decide a echar una charla directamente con el misterioso Dogen quien tras una breve explicación (sobre que en su interior la balanza entre el bien y el mal se inclina hacia donde no debe y le sería preferible la muerte), lucha encarnizadamente con él hasta vencerle, pero desiste de matarle cuando su querida pelota de béisbol cae providencialmente al suelo. El consiguiente exilio del terreno ‘sagrado’ queda interrumpido por la llegada de Claire anunciando que alguien debe salir a parlamentar con Smocke, alguien que éste no pueda matar, si así lo prefieren... Por lo que la pena de exilio de Sayid queda conmutada por la orden de asesinar al Enemigo, con la especial daga que Dogen desentierra para esta tarea, acompañada de una descripción (lo verá como alguien conocido que ha muerto) y de un aviso (no dejarle decir ni hola). Pero, tras vacilar un momento al encontrarse con Kate (que qué hace aquí la pecosa por cierto...), Sayid ve asombrado al muerto viviente de Locke y se lanza resuelto con el puñal contra su costado, aunque, ay, no sin antes haber sido saludado. El caso es que la especial daga vuelve a ser desenterrada, ahora de las entrañas de Smocke, quien parece que ni tiene entrañas ni corazón ni nada, pues ni la herida mana sangre ni parece molestarle al imponente Humo Negro de la isla más que lo que le molestarían unas meras cosquillas.
Sayid no da crédito a sus ojos, pero ya se va dando cuenta de que las cosas en esta isla son de lo más raritas... por lo que cuando el insidioso ser que tiene delante le ofrece un trato diabólico, no duda en venderle su alma, acordando con él (suponemos) la suprema traición al templo: dar su mensaje de ultimátum (planteado sibilinamente como una liberación) a sus habitantes y devolver la daga a su dueño acabando al mismo tiempo con su vida, para destruir así el último bastión que impedía a la letal humareda acabar con la fortaleza hostil. Derrotado el jefe del templo, Sayid elimina también a su ayudante y traductor y, aunque al parecer le habría gustado quedarse allí (o más bien ahora escapar con sus amigos), confiesa a su antiguo enemigo/jefe/víctima Ben (ante la fuente que ha hecho renacer a ambos) que nada de eso es ya posible para él. Sayid había querido por última vez demostrar que era buena gente (aunque como siempre, le exigen que pruebe su bondad matando...), para finalmente pasarse al Lado Oscuro de la Isla (o al equipo de las Piezas Negras), entregándose al mismísimo Mal encarnado en una última jugada desesperada, en la que quizás esperaba (contra toda esperanza) poder ser redimido por el amor de su Nadia...
No sabemos qué le prometió Smocke a Sayid, pero ¿podría ser el acceso a una nueva realidad (llamémosla ‘x’) en la que le sería posible encontrarse de nuevo con Nadia? Puede ser, pero mientras tanto x-Sayid descubre (por enésima vez para este personaje en la serie) que no le es posible escapar a su destino como asesino. Esta vez el culpable es su hermano Omer (a cuyos brazos parece que empujó nuestro protagonista a x-Nadia por no sentirse merecedor de ella), quien (como cuando eran pequeños) necesita que su hermano menor le haga el trabajo sucio. Pero x-Nadia insiste en que no se deje liar, pues ella, enamorada desde hace tiempo de su cuñado, se empeña en hacerle creer que es verdaderamente capaz de vivir como una buena persona. De todas formas, si Smocke le prometió esta vida a Sayid le hizo una mala jugada, pues en ella no le estará permitido estar con su amada a no ser que traicione a su hermano, haciendo daño también en el proceso a sus inocentes sobrinos, pero además anda por allí un tal x-Keamy haciendo de las suyas (junto a su secuaz x-Omar, al igual que en el carguero) de modo que nuestro antihéroe no es capaz de quedarse tranquilo hasta que no le mete un tiro a este desgraciado entre pecho y espalda (algunos dicen que los famosos huevos que Keamy cocina y devora funcionan como símbolo de las almas, de modo que el mal de Smocke y Keamy –ambos genuinos representantes diabólicos– tanto en una como en otra realidad ha acabado engulléndose el alma de Sayid). Todas las buenas intenciones que nuestro amigo pone en su intento de redimirse de su pasado como torturador sólo consiguen, cual boomerang, volverse una y otra vez contra él, haciendo añicos la frágil esperanza de llegar algún día a ser feliz.
Otro importante personaje de la isla había perdido ya también la esperanza de ser feliz, puesto que tuvo que renunciar a volver a ver a su hijo, a cambio de que éste sobreviviera a un terrible accidente. La persona que le ofreció este trato tan doloroso fue Jacob, de forma similar a cómo Ben ofreció a Juliet en su día salvar a su hermana del cáncer a cambio de que ella se quedara en la isla. Lo que ambos pidieron en cada caso fue un sacrificio importante a cambio de la vida de un ser querido (Smocke, sin embargo, exige una traición a cambio de recuperar la felicidad propia). Dogen sólo puede acariciar de vez en cuando la pelota de béisbol que le recuerda al hijo añorado (suponemos que sería más o menos como el chaval que vimos hablar con x-Jack en el conservatorio) y seguir sirviendo los intereses de Jacob en el templo, respetando especialmente a los ‘candidatos’. Pero el caso de Sayid le sobrepasa, dado que está seguro de que algo ha ido mal con él, y trata de encontrar el equilibrio entre el respeto que le debe y la responsabilidad de evitar que este hombre ‘infectado’ les haga daño. Forzado a elegir entre la vida y la muerte de su ‘protegido’ (la fidelidad simbolizada por el color claro de su pelota y la traición por el color negro de su guante), Dogen prefiere desenterrar con su puñal una oportunidad nueva... esperar del ‘infectado’ que su parte buena (aunque de hecho ya superada por la mala) sea capaz de acabar con el maligno enemigo, tarea sumamente difícil, que al final se muestra vana. Y, como el boomerang de Sayid, el puñal acaba volviendo a sus manos trayéndole en este caso la muerte. Dos teorías importantes se barajan entre los fans: una, que al morir ahogado en la fuente de la vida (aunque esté algo sucia) Dogen esté destinado a revivir; otra (que me encanta, propuesta por Doc Jensen en su columna de EW), que nuestro valiente ‘samurai’ supiera desde el principio que su servicio al templo requeriría antes o después el sacrificio de su vida (a cambio de la que se concedió a su hijo), de modo que su sacrificio en el núcleo vital del templo adquiera finalmente un sentido redentor: quizás reavivando eventualmente el poder sanador de las aguas de la vida (no tanto para él como en beneficio del futuro ‘Jacob’).
Junto con Dogen, en este fatídico día de negro ocaso, mueren Lennon (degollado por Sayid) y la mitad (más o menos) de sus compañeros (golpeados a lo bestia por el justiciero Humo), mientras que el resto de los Otros (incluidos Cindy y los dos niños) se unen al enemigo, en un intento de salvar el pellejo. Smocke, contento con su resultado, recibe satisfecho a sus ‘infectados’ lugartenientes, Sayid y Claire, quedando algo sorprendido de que la impredecible Kate se una a sus fuerzas. Nuestra amiga no quiere perder de vista a Claire, la madre de su querido Aaron, aunque es posible que esta misión que se ha propuesto le salga cara. ¿O, no será más bien la poderosa influencia del cariño a este pequeñajo tan especial la que consiga vencer desde dentro a la alianza del mal? Kate, similarmente a Dogen, ha venido a la isla porque se le ha dicho que se la necesitaba allí, dejando atrás lo que más quería, de modo que quizás pueda ser sucesora del japonés en cuanto a su papel de último bastión frente al mal (a lo mejor sabía Jacob que se necesitaba precisamente una persona en esas circunstancias y por eso puso al pobre padre en dicha tesitura). La canción tantas veces repetida en tono siniestro (“coge una estrella caída y métela en tu bolsillo, no dejes que se apague..., guárdala para los días de lluvia...”) que tanto Claire como Kate habían cantado en su día al bebé, ha servido para ilustrar cómo el mal insta a caer a quienes eran buenas personas, dejándolas acorraladas, pero quizás también implica esta nana una esperanza, que la inocencia de la estrella caída no llegue a dejar de brillar...
Aparte de esta posibilidad, la isla, amenazada de sucumbir a la oscuridad, cuenta en su defensa con los que acudieron al faro, Jack y Hurley (guiado por el espíritu de Jacob), en espera de nuevos visitantes; además del equipo que lidera Ilana, formado por Frank, Miles y Sun. Jin, sin saber que su añorada esposa ha acudido al templo, parece haberse quedado junto con Sawyer a la espera de Smocke y Claire, aunque no sabemos si esos dos tienen muy claro dónde se han metido. Mientras tanto Richard anda solo en la selva y Ben, alucinado por el descubrimiento del enorme cambio en Sayid, parece haber sobrevivido el ataque al templo por su cuenta. El capítulo termina con la marcha ominosa de Smocke liderando a las Piezas Negras mientras se aleja del templo abandonado, dispuesto a cumplir sin falta todos sus propósitos...