lunes, 19 de abril de 2010

6.11. Felices para siempre

Tras un accidente mortal provocado por las prisas en preparar el generador (y que nos muestra las consecuencias de la descarga electromagnética –Ǻrmstrong, el conejito blanco, ha tenido suerte esta vez– en alguien menos especial que nuestro Desmond), el indignado escocés es atado a una silla (muchos la encuentran parecida a la famosa silla aparentemente ‘vacía’ de Jacob –¿estaría aquella figura que vimos durante una fracción de segundo durante la visita a la cabaña de Ben y Locke sometida a un especial experimento electromagnético?–), que rompe enfurecido, pero sin lograr librarse de la impresionante descarga, sufriendo algunas fuertes convulsiones seguidas de un alucinante fogonazo. El resultado es que pierde la consciencia por unos segundos, para encontrarse después increíblemente calmado... ¿se le ha derretido el cerebro (como intuye Zoe) o... ha viajado su consciencia a la realidad alternativa, especialmente al momento de su encuentro con x-Penny, en el que se ha desmayado?
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El fogonazo blanco sufrido por Desmond se asemeja totalmente al que vivió en la implosión de la estación Cisne (lo que le hizo viajar mentalmente a su pasado) y al que se nos mostró cuando Juliet detonó la bomba en la misma estación 30 años antes (o 3 años después, según se mire), pero en esta ocasión del Incidente, también el fundido en blanco se resolvió entre las nubes, las que veía x-Jack desde su ventanilla en el vuelo Oceanic 815 y que ahora nos sirven de transición antes de mostrarnos a x-Desmond en LAX, mientras busca en los monitores de la misma línea aérea (sin prestar atención a su reflejo) dónde debe ir a recoger su equipaje. Hurley le indica que vaya a la cinta cuatro, y allí se encuentra con la embarazadísima Claire, a quien ayuda con el equipaje, recibiendo su primera intuición inter-realidades: que el bebé de la rubia australiana es un niño (en el 6x1 no pareció que Des recordara para nada a Jack).
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Con ayuda del servicial chófer, George Minkowski (bastante más sano que cuando le vimos en “The Constant”), el valioso hombre de confianza de Widmore acude a las oficinas centrales de su jefe en Los Angeles para informarle de cómo le han ido los negocios en Sydney. Charles le invita elogioso a una copita de su whisky preferido (en fuerte contraste con la vez en que tanto le humilló en su otra vida como no merecedor de nada) y le pide un trabajito: que acompañe al drogadicto Charlie Pace desde su salida de la comisaría para que no falte al acto benéfico organizado por Eloise Widmore, en el que debe tocar con Drive Shaft junto a su hijo pianista, Daniel. Y lo que parecía una tarea algo simplona se convierte en una odisea que cambiará para siempre su vida, y puede que la de toda la gente, no de un solo mundo sino de ambos mundos paralelos.
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Charlie ha vivido en el avión una experiencia única: durante su ahogamiento con la heroína (del cual le salvó Jack) se hizo consciente de su enorme amor por Claire (aún sin saber el nombre de la dulce rubia por la que sentía algo tan puro y tan estremecedoramente verdadero). Lo sorprendente es que esta especie de visión le resulta más real que todo lo que le rodea, por lo que desde ese momento va a despreciar sus sueños como músico, e incluso a descuidar su propia supervivencia, obsesionado por volver a sentir esa sensación. Desmond, quien parece vivir una vida envidiable (incluido el aprecio de Widmore, que tanto había querido obtener), cree que el rockero está un poco loco, hasta que la experiencia subacuática forzada por nuestro Charlie le hace conectar con aquel momento crucial en “A través del Espejo”, en el que todos sus esfuerzos por salvar una y otra vez al joven británico resultaron finalmente inútiles al decidir éste que debía cumplir su visión de futuro. Charlie murió ahogado anunciando con su mano que el carguero no era el barco de Penny y Desmond recuerda ahora con claridad esa situación aunque no puede entenderla, pareciéndole quizás también excepcionalmente cargada de realidad, más que la vida de cuento de hadas en la que está viviendo.
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Pero el esforzado empleado de Widmore logra en este caso salvar al suicida Pace, y ambos son ingresados en el hospital San Sebastian, donde trabaja Jack. Allí Desmond debe de nuevo someterse a radiaciones (simpático el detalle de que debe apretar un botón, si algo va mal), y éstas le devuelven los ‘flashes’ de realidad sobre la muerte de Charlie, más los recuerdos de su amada Penny y de su hijito al que también llamó Charlie (se puede comprobar en esta colección de fotogramas http://gallery.lost-media.com/thumbnails-1542-page-4.html, que los correspondientes a nuestra realidad de siempre tienen un colorido más vívido que los de la realidad alternativa). En ese momento le importa bien poco la prueba que le están haciendo, e incluso quedar bien ante Widmore, por lo que pulsa el botón, sale del aparato de resonancias y echa a correr a la búsqueda del ‘mediador’ que hizo posible que él ‘sintiera’ esta excepcional experiencia. Charlie se da cuenta de que ha conseguido comunicar su mensaje, y Desmond, totalmente desorientado en cuanto a lo que quiere hacer ahora, decide dejarle marchar sin forzarle a ir al concierto de beneficencia.
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El equilibrado Widmore (desde su despacho presidido por la imagen de una balanza nivelada entre el blanco y el negro) le pide por teléfono que informe personalmente del fracaso de su gestión a la irascible señora Widmore, y de nuevo la serie nos regala un misterioso encuentro entre el especial Desmond y la intrigante Eloise.
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Charles y Eloise son un matrimonio en esta realidad, y junto a su hijo Daniel forman la familia Widmore. Es Penny la que se ha quedado aparte esta vez, por su apellido Milton se supone que es hija de Charles (Dan dice que es su medio hermana en la versión original, su hermanastra en la versión doblada) y de alguna señora Milton (entiendo que Penny es mayor que Daniel, por lo que probablemente procede de un enamoramiento de Charles previo a su relación con Eloise o al menos anterior a su matrimonio con la misma).
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(Observación aparte: El entorno donde se está preparando la fiesta benéfica de los Widmore es claramente el terreno del Bishop Museum, museo en el norte de Honolulu, donde pasé bastante tiempo sacando fotos durante un viaje que hice el año pasado a Hawaii, puesto que ese edificio aparecía, supuestamente junto al Támesis, en el episodio “Flashes Before Your Eyes”, uno de mis favoritos. Este recuerdo me emocionó bastante durante toda la secuencia, aparte de otras muchas alusiones a aquel épico encuentro entre Desmond y la entonces joyera).
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El comportamiento de Eloise en su encuentro con Desmond es, de nuevo, completamente alucinante. Tras una primera sorpresa se deshace en amabilidades hasta que se da cuenta que anda buscando a Penny. Es entonces cuando, hablando oscuramente, trata de decirle que deje ese camino de búsqueda que ha emprendido, porque supone una infracción (¿de algunas reglas?) y aún no está preparado. No sabemos si trata de evitar la conexión entre las realidades o si sólo quiere esperar al momento adecuado, pero está claro que en este universo Eloise de nuevo asume un cierto papel de controladora de cómo deben ocurrir las cosas.
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Y encontramos una pista muy interesante en los broches utilizados por esta misteriosa dama. En el episodio 3x8 llevaba una especie de ‘ouroboros’ (serpiente que se muerde la cola) http://gallery.lost-media.com/displayimage-1250-590.html, indicativo quizás, de la convolución en el tiempo que vivía Desmond en ese episodio, o incluso la que vivirían los viajeros en el tiempo, mientras que el broche doble que lleva ahora parece muy significativo de la nueva situación de un universo doble: http://gallery.lost-media.com/displayimage-1542-229.html. La señora Hawking de nuestro universo original, íntimamente involucrada en el angustioso caso ‘ourobórico’ de que ella misma mata de adulto al niño que aún no ha parido, tiene que preservar la línea de acontecimientos para que el universo mismo en el que vive no colapse por la propia convolución temporal que está ocurriendo en él y de la que ella, su hijo y el famoso diario, son una parte tan importante. Sin embargo la señora Widmore del universo alternativo –no sabemos si en contra de los designios de su versión como Hawkings o si más bien en plena continuidad con el mismo plan maestro para finalmente salvar a Daniel– ostenta ahora un broche de dos líneas paralelas, ambas atravesadas por una especie de estrella (se trata de la misma figura que el estigma con que marcaron en su día a Juliet en la espalda –precisamente en el episodio siguiente a “Flashes”– ¿indicando quizás una explosión entre los dos universos... o... unas líneas derivadas en que los dos universos podrían finalmente encontrarse?)
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Tras el encuentro con Eloise, Desmond queda aún más confundido que antes, pero Daniel (quien probablemente era muy consciente de por qué había requerido tocar con Drive Shaft aquella noche) no ha perdido baza de todo lo ocurrido y acude en busca del desorientado señor Hume. Tras mirarse ambos a través de la ventanilla del coche (en recuerdo también del impresionante recuerdo con Charlie ahogándose), ocurre la conciencia del paso “al otro lado del espejo” de estos dos magos de la conexión entre diversos tiempos y distintos universos. Daniel, dedicado en este universo exclusivamente a la música en vez de a la física (quién sabe si habrá sido incluso profesor de David Shepard, pues a ambos les hemos visto tocar la misma obra de Chopin), se ha visto atraído por una pelirroja comiendo chocolate, con un sentimiento absolutamente desproporcionado con respecto a todo lo que le ofrece su realidad circundante, lo cual, unido a su repentina capacidad por escribir sobre mecánica cuántica avanzada y su convicción de haber hecho explotar alguna vez una bomba atómica, le lleva a deducir que no están donde deben estar, que pertenecen a otro sitio. Desmond, totalmente desbordado por toda esta información no sabe a qué atenerse, hasta que Daniel le habla de su hermana Penny y de dónde puede encontrarla.
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Desmond acude al estadio, donde la que corre ahora para estar en forma es la joven Penelope Milton. Y si a ella le resulta medianamente familiar este extraño escocés que se la queda mirando atónito, a él no le cabe ninguna duda: esta es la mujer que siempre ha amado y, aunque no lo entiende, sabe que sólo estando juntos podrán ambos ser ‘felices para siempre’. El contacto de la mano de x-Desmond con la de x-Penny coincide en la conciencia de nuestro Desmond de siempre con el despertar del atontamiento por la descarga electromagnética en la isla Hydra (Des se mira con curiosidad la mano y x-Des se desmaya). En ese instante ambas versiones son conscientes del otro yo, aunque no es seguro hasta qué punto se hacen ambos sabedores de todo lo referente a lo ocurrido en el otro universo.
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Cuando x-Desmond despierta se asegura de quedar para verse en un café con su x-Penny (¿no estábamos esperando un café para que se encontraran x-Sawyer y x-Juliet?) pero además pide a George una lista de todos los pasajeros del vuelo con el que volvió de Sydney. ¿Y por qué relaciona su nueva experiencia con dicho vuelo? Charlie y Jack estaban allí, y también la rubita esa embarazada que le resultaba conocida, pero no Daniel ni Charlotte, por ejemplo. Creo que debemos remontarnos al momento en el que Desmond se queda mirando el panel de Oceanic, que es lo que vemos tras la transición entre nubes desde el fogonazo blanco. Obviamente x-Des no estaba siendo consciente durante todo ese tiempo hasta que llega al estadio de su versión isleña, pero sí lo estaba siendo el Desmond isleño de todo lo que ocurría con x-Des. Al recuperarse éste de su desmayo podemos suponer que ya recuerda su tiempo en el Cisne, el accidente del Oceanic 815, su salida de la isla, su matrimonio, su hijo y que el desgraciado de su suegro le ha vuelto a separar de Penny. Pero ahora entiende que está ocurriendo algo muy serio, algo que tiene que ver con ese vuelo, que no ha terminado donde tenía que terminar, por lo que, como eficaz ejecutivo que es, se pone manos a la obra inmediatamente...
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Está claro que este episodio tiene mucha más miga de lo que podamos ahora descifrar. No sabemos si Eloise se nos ha vendido al hombre de negro, quien podría haber escapado de la isla y tener controlada la realidad ‘x’. Lo que está claro, pienso yo, es que esta realidad alternativa, aunque parezca de cuento de hadas, está algo desvaída, que los sentimientos allí deben ser algo así como más flojitos, o sea que no parece que puedan llegar fácilmente a eso de comer perdices (no les ha salido tan bien la simulación como a las máquinas que diseñaron Matrix, recordad que en el episodio 6x3 ya hablábamos de Matrix, por eso de la pildorita verde), de modo que el recuerdo de sentimientos muy fuertes del otro universo les llaman tanto la atención que no pueden considerarlo meras alucinaciones sino que les hace conectar con su vida anterior, ya sea un amor verdadero (puesto que es uno de los sentimientos más fuertes que podemos experimentar) o, en el caso del flash subacuático de Desmond, el terrible sentimiento de perder finalmente a Charlie después de tanto protegerlo. Es posible que los muertos (Daniel y Charlie) tengan más facilidad de caer en la cuenta de que vivieron en otra realidad, pero se ve que necesitamos a alguien vivo, y muy especial, para que desfaga el entuerto. ¡¡Desmond, colega, no nos falles...!!

martes, 13 de abril de 2010

6.10. El paquete

A Zoe, geofísica de profesión, le había encargado su jefe que se hiciera con Jin Kwon para traerlo a la isla Hydra, pero como el equipo de esta chica, con sus gafas de visión nocturna, captó que el herido coreano planeaba dejar el campamento que estaban vigilando, adelantaron la jugada y dispararon dardos de adormecimiento a todo bicho viviente en el bando de Smocke (cuando éste había salido, claro, a ver quién se mete con semejante monstruo), para secuestrar así al hombre que andaban buscando.
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Jin, al tanto de la jugada doble de Sawyer con Widmore y Smocke, había decidido que de todas formas prefería irse a buscar a Sun por su cuenta (aunque su tenebroso líder ya había ido a buscarla por él), sin saber que Zoe le tenía especialmente en su punto de mira como pieza necesaria en la estrategia widmoriana. Al parecer, en sus tiempos de explorador Dharma de la isla por cuadrantes, había firmado un plano en el que se muestra la existencia de diversas bolsas de energía electromagnética (suponemos que entre ellas estarían el Cisne y la Orquídea, y probablemente alguna otra que aún desconocemos). Tras ser encerrado en la habitación 23 (donde nos cuentan que el famoso vídeo ese lavacerebros que veía Karl proviene de antiguos experimentos Dharma –para que no nos quejemos tanto de que no nos dan respuestas– aunque entonces no se entiende la mención que hace el vídeo de Jacob), el coreano pasa de contarle nada del electromagnetismo isleño a la geofísica y, al igual que hizo Sawyer, pide hablar directamente con su jefe. Éste probablemente espera de él una colaboración importante, por lo que, para empezar con buen rollito le muestra las fotos de la pequeña Ji Yeon (de una cámara fotográfica sacada del equipaje de Sun en el avión de Ajira), a la que el pobre padre aún no había visto nunca. Jin, que lleva tres años separado de su mujer y varios días (entre 1977 y 2007) preocupado porque sabe que ella ha vuelto a la isla, observa emocionado a su chiquitina, creciendo así en varios puntos el síndrome de abstinencia (vulgarmente llamado ‘mono’) familiar que ya tan gravemente le aquejaba. Para colmo, el intrigante Widmore le comenta que él también tiene una hija a la que no ve desde hace varios años, y que deben impedir que Smocke salga de la isla, por que si no, ‘ellas dejarán de existir’.
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Y de momento decide enseñarle ‘el paquete’ o carga secreta que ha traído en el submarino. La verdad es que no me acaba de gustar que llamen ‘paquete’ a Desmond, debe ser que Widmore y Zoe tenían esa palabra clave, pero, en fin, ya está nuestro Des de vuelta en la serie y eso siempre es bueno, aunque él probablemente no opina lo mismo...
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Al salir medio drogado del submarino, el buen escocés tropieza y cae sobre la cubierta, encontrándose casi de cara con un sibilino Sayid que espía las acciones del equipo de Widmore desde el agua. Y es que a Smocke no le gustan las sorpresas, por lo que ha enviado a su zombie preferido a investigar (y digo zombie porque lo que queda de Sayid en la isla ya ni siente ni padece...) Aunque Claire (que debe sufrir la infección de manera diferente) bien que siente y padece, entre otras cosas unos jugosos celos de los ‘candidatos’ cuyos nombres aún no están tachados en las paredes de la cueva, y más que verde envidia de que su Aaron ahora pueda querer más a Kate que a ella. Smocke, que según nos confiesa en este episodio sólo puede salir de la isla acompañado de todos los candidatos (¿o no será más bien después de haberlos matado a todos?), no tiene inconveniente en que a Kate le pase alguna cosa después de que le ayude a reclutar a las personas que le faltan: Hurley, Jack y Sun.
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De momento creía que podría fácilmente conseguir a Sun, con la baza de reunirla finalmente con Jin, pero le sale el tiro por la culata (ya que en su intento de salir a buscarla va a perder a ambos coreanos). Por su parte, Sun está más que harta de oír hablar a Ilana, Hurley y Jack de candidatos, destinos y lindezas similares, y de que nadie la apoye en la búsqueda de su marido, pero es lo bastante lista para no fiarse de Smocke (bueno, por algo fue testigo de la masacre en el Templo) cuando éste le ofrece su mano mientras le promete, todo persuasivo, aquello que ella más está deseando. Ya hemos visto a Kate rechazar la mano de Smocke (cuando éste se disculpaba por el ataque de Claire) y ahora a Sun, quien después aceptará confiada la mano que le tiende Jack (entre esto y los toques mágicos de la mano de Jacob creo que en este ofrecimiento de manos hay gato encerrado, al menos un cierto simbolismo). También queda comprobado que la promesa preferida de Anti-Jacob a sus ‘reclutas’ es conseguir reunirles con las personas a las que quieren y de las que están separados (promete Isabel a Richard, Nadia a Sayid –ambas muertas–, Aaron a Claire, Jin a Sun y viceversa). Sun escapa corriendo y (paralelamente a lo ocurrido durante su fingido secuestro en “The Long Con”, planeado por Sawyer y Charlie) se da un golpe en la cabeza que le hace perder el conocimiento... y algo más... su capacidad de hablar inglés, aunque lo entiende perfectamente y después descubrimos que también puede escribirlo. De este modo nuestra frustrada coreana vuelve a encontrarse con problemas de comunicación en su campamento (recordemos que al principio también entendía el inglés aunque entonces no quería hablarlo), lo que, aparte de las sospechas que hace despertar sobre Ben (por si él la hubiese golpeado), produce un duro enfrentamiento cuando Richard finalmente vuelve con Hurley diciendo que deben ir a la Hydra para evitar que Smocke se vaya en el avión de Ajira que Lapidus dejó allí aparcado.
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Sun no se entiende para nada con esta gente, no es únicamente la afasia sobrevenida por el golpe la que le impide darse a entender, es que todos ellos parecen estar completamente en otra onda... Ella ha venido a buscar a Jin, para llevárselo a su casa con su hijita, y no quiere que nadie destruya el avión. Ella no sabe que también tienen posibilidad de salir de la isla en un submarino, y que su marido está también en la isla Hydra, acordándose de ellas dos, y haciendo planes con Widmore precisamente con el mismo objetivo (por una vez tenemos dos bandos en la isla que están de acuerdo). Por el bien de su hija y de todo el resto del mundo, Sun tiene que colaborar en impedir la fuga de Smocke, imposibilitar que el famoso vino maligno consiga desbordarse de la botella. Y es Jack el que se acerca a ella para intentar un nuevo modo de comunicación, y en recuerdo de los viejos tiempos (antes del horrible percance en el carguero que tanto les separó), pedirle su confianza y su colaboración. Para ello se ha traído un tomatillo de la pequeña huerta que ella plantó en la selva, un tomate obstinado que, tras tres años sin riegos ni cuidados de ningún tipo, se ha empeñado en sobrevivir. Es sólo una muestra de la enorme capacidad de vida y de resistencia de la que ella misma ha sido origen y fuente durante tanto tiempo, y que ahora aparece como fruto maduro para ayudarla de nuevo a resurgir y a luchar por lo que merece la pena luchar... por su hijita, por su matrimonio, y, también por la salvación del mundo... porque si este mundo se va a pique no tendríamos nada ¿verdad?...
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...Pues precisamente eso es algo que no está nada claro... Tenemos una cierta realidad alternativa que no sabemos muy bien cómo puede llegar a relacionarse con la realidad que conocemos de siempre... En ella x-Sun y x-Jin acaban de llegar a Los Angeles y no entienden ni patato de inglés, por lo que acaban dejando en la aduana los 25.000 dólares que traían en la maleta por orden de Paik. Resulta que no están casados, pero sí enamorados, algo que no le parece bien al mafioso empresario coreano, por lo que manda a su trasgresor empleado a Los Angeles para que el matón de Keamy se lo despache y el vulgar hijo de un pescador deje de mancillar el honor de su hijita. Para ello se agencia los dineros que ella había ahorrado aparte y se los entrega al pobre muchacho (no creo que en esta realidad Jin hubiera llegado a ser muy mafioso) para que lleve en mano a su verdugo el precio por su cabeza. Lo del reloj es un asunto diferente, parece que Jin llevaba cosas de esas para los asociados de su jefe en Sidney y en otras ciudades de su largo viaje de negocios. Pero x-Sun, que está embarazada (suponemos que de x-Jin, quien con menos estrés tendría menos problemas de fertilidad), había fingido acompañarle para hacer algunas compras, pero lo que verdaderamente pretendía era fugarse con él para poder vivir juntos en paz. Este plan se ve frustrado cuando, tras la irrupción de x-Keamy y x-Omar, con la inestimable colaboración de x-Mikhail (dicen que era amigo de Danny, ¿sería x-Danny Pickett?) y la providencial ayuda de x-Sayid, la pareja se ve envuelta en un tiroteo, quedando todos los malos muertos (el pobre Mikhail muere con su ojo ensangrentado, con lo guapo que estaba con los dos ojos sanos) y resultando Sun al parecer gravemente herida, al menos parecería que el disparo puede ser bastante grave para el embrión (suponemos que se trata de la mismísima Ji Yeon).
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Y como Widmore acaba de advertir a Jin de que ellas podrían cesar de existir, no sabemos si en realidad se refiere a la realidad en la que están o a la realidad ‘x’ (es posible que la fuga de Smocke de la isla resulte en la realidad alternativa de los ‘flash-sideways’...) En este episodio ocurren además tres sucesos especiales dignos de mención en cuanto a la posible relación entre las dos realidades. Primero: como ocurrió en otros episodios con otros protagonistas, cuando Sun se mira en el espejo parece quedarse ensimismada (olvidándose incluso momentáneamente de que alguien llama insistentemente a la puerta), ya que su reflejo le resulta algo inusual o chocante, como denotando una discrepancia que no es del todo capaz de aprehender. Segundo: ciertamente hay una especial intención en el guión (y en el montaje del episodio) de que x-Sun despierte en la cama justo tras haber mostrado cómo Sun se queda traspuesta en la isla tras darse un buen trompazo con la rama de un árbol, queriendo quizás también indicar una posible interconexión entre las conciencias de ambas versiones de nuestra coreana. Tercero: la afasia sufrida por Sun (que no pueda hablar inglés, aunque sí escribirlo) ha sido interpretada por muchos fans como una prueba de que la Sun que ha sido herida en la isla y la x-Sun que ha sido herida en x-California están sufriendo un especial proceso de interconexión mental. El caso es que la vida de nuestra protagonista asiática está en grave peligro en Los Angeles (y la de su hijita también), lo cual, aparte de que posiblemente la lleve al hospital de x-Jack, puede significar el principio de un precipitarse de las cosas hacia el gran final, proceso en el que sabemos que es muy posible que mueran varios de los losties principales o que más de uno tenga que sacrificarse por salvar a sus seres queridos y a sus amigos en una de las dos (o en ambas) realidades.

miércoles, 7 de abril de 2010

6.9. Ab aeterno (Desde la eternidad)

Durante la nocturna reunión aclaratoria del partido jacobino en la playa, Ilana recuerda perfectamente que su mentor le pidió que protegiera a los seis candidatos restantes y que, según él, tras llevarlos al templo Richard le indicaría lo que debía hacer. Dado que el templo ha dejado de ser un sitio seguro, sólo le queda este misterioso personaje a quien recurrir para continuar con su importante tarea, pero no esperaba que el inmortal consejero estuviera pasando por una fuerte crisis de sentido con respecto a su lealtad a Jacob. Para entender mejor la crisis de este personaje la serie nos remonta a unos 140 años atrás, al inicio de la cadena de acontecimientos que finalmente le hicieron dar con sus huesos en la isla.

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Ricardo es un pobre agricultor tinerfeño angustiado por la terrible enfermedad que padece su mujer Isabel (probablemente tuberculosis). En una lluviosa noche acude al único médico que le podría ayudar, si no fuera porque este señor, bien acomodado, no tiene ningún interés en alejarse de su calentita chimenea en semejante noche de perros, y menos por unos pobretones que no pueden pagar ni lo que vale la medicación. El agobiado campesino, sabiendo que su mujer necesita urgente atención médica zarandea al egoísta doctor, con tan mala suerte que lo mata accidentalmente. Del lance ha sido testigo un criado, quien venía con unas mantas por orden de su amo para limpiar el suelo, pero Ricardo demuestra ser más inocente que otro personaje en similares circunstancias (Michael disparó a Libby a través de sus mantas para que no dijera nada de la muerte de Ana, aunque quizás reaccionó por sorpresa sin sopesar demasiado la situación). El amante marido recoge la medicina y parte sin tardar al galope para su cabaña, donde no encuentra ya sino el cadáver de la que fue su mujer. Destrozado, por haberla perdido así, aunque él había prometido salvarla, apenas puede recordar la promesa de Isabel de que a pesar de todo siempre estarían juntos, mientras se aferra a una cadena con su crucifijo, único objeto físico que conservará por un tiempo como recuerdo de su amada.

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Minutos después, aquella misma desgraciada noche, acuden las autoridades a prenderle por asesinato, tras lo cual le espera la cárcel y la pena de muerte. Un sacerdote acude a su celda a oírle en confesión, sorprendiéndole encontrarse con que el preso lee devotamente una Biblia en inglés (las páginas de la misma muestran el pasaje de Lucas 4 en el que Jesús resiste en el desierto las tentaciones del diablo, útil lectura para quien tendrá que lidiar con tentadores personajes diabólicos poco tiempo después). Pero más llevado por sus propios intereses que por la misericordia del Señor, el siniestro cura rehúsa absolver a Ricardo por su homicidio (del que se encuentra totalmente arrepentido, y que realmente no fue más que una muerte accidental), aunque en su codicia acaba salvando la vida de este pobre preso, ya que en lugar de llevarlo a la horca lo vende como esclavo a un comerciante inglés (quien al parecer buscaba esclavos que dominaran su idioma). Ricardo pasa así a ser encadenado en las bodegas del Black Rock (bajo el mando del capitán Magnus Hanso) junto con otros desgraciados prisioneros, en ruta hacia el Nuevo Mundo (donde él había soñado instalarse junto a su mujer, razón por la que ambos habían aprendido el nuevo idioma). Pero el barco es sorprendido en medio del mar por una impresionante tormenta, de modo que, lanzado por una ola gigante contra la isla de nuestros perdidos (en una época en la que sólo estaba habitada por Jacob y su enemigo), aterriza milagrosamente intacto en medio de la selva, no sin antes haberse visto impelido contra la imponente estatua egipcia que dominaba la costa.

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Tenemos que interrumpir aquí la narración para comentar algunos asuntos. En primer lugar, el hecho de que los restos de Magnus Hanso descansaban en la isla junto al Black Rock era ya un dato conocido para los fans de la serie, pues aparece escrito en el mapa oculto que vio Locke en la puerta del Cisne (obra de Kelvin y Radzinsky). Además, cuando se subastó en Londres el diario de a bordo de este barco, se mencionó que había permanecido muchos años en poder de la familia de Tovard Hanso (un diario que finalmente compró Charles Widmore). De este modo queda relacionada la familia Hanso con la isla, siendo el industrial Alvar Hanso (nacido en 1894) uno de los fundadores de la Iniciativa Dharma en los años 70 (se dio mucha información sobre todo esto durante ‘The Lost Experience’ en verano de 2006). Los datos que se dan del barco durante la subasta (que partió de Postmouth en 1845 hacia Siam, desapareciendo luego en el mar, de modo que el diario fue encontrado en una isla de piratas junto a Madagascar en 1852), no contradicen directamente los datos del viaje de Ricardo. Tendremos que suponer que tras darse por desaparecido el barco, Magnus se dedicó a negocios oscuros (como el tráfico de esclavos), de modo que en 1867 andaba por Tenerife y se dirigía al Nuevo Mundo. Dato que parece indicar un viaje por el Atlántico, pero algún fan ha supuesto que por aquella fechas bien podría significar un viaje a Australia, pues era cuando este país estaba siendo colonizado y resultaba mucho más prometedor como destino para entonces que la ya bien establecida América. De todos modos, dada la movilidad de nuestra isla, este dato resulta bastante poco relevante. Otro asunto es la poca verosimilitud de que Ricardo e Isabel, pobres campesinos tinerfeños, aprendieran inglés por su cuenta en aquella época. Puesto que no se ha informado mucho al respecto podemos suponer lo que queramos, por ejemplo que algún viajante inglés por las islas afortunadas les dio la Biblia y algún otro material más didáctico.

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Finalmente, resulta también bastante increíble el hecho de que la ola gigante que arrastró al barco hacia la isla destrozara la estatua (hecha probablemente de piedra) y sin embargo el barco pudiera aterrizar en la selva más o menos sano y salvo (esto sin mencionar que Jacob y su enemigo habían visto supuestamente a este mismo barco desde la costa en un día soleado). Una terrible tormenta tropical causada por un huracán, o un poderoso tsunami pueden explicar la ola gigante y su poder destructor contra la estatua. Y teniendo en cuenta que Jacob admite ser el causante de la llegada del barco a la isla (ya sabemos que ésta no es accesible sino en ciertas ‘ventanas’, y acercándose con un cierto rumbo), no parece muy desacertado suponer que él ayudó a que el barco no se descalabrara del todo en su caída, ni que su inestable cargamento de dinamita explotara (de hecho los supervivientes del vuelo 815, que cayó en picado sobre la isla, requirieron de una similar protección especial de Jacob). Y puesto que desconocemos el verdadero alcance de los poderes especiales de este personaje, y hasta sus gustos, no podemos explicar por qué permitió entonces que la isla le desbaratara tan totalmente la estatua que le servía de casa. De hecho se salvó precisamente el pie de la misma, donde estaba la sala que él habitaba. Lo que de ningún modo se puede interpretar es que el barquito de madera rompiera la estatua de piedra en su choque. Fueron más bien las fuerzas desatadas de la naturaleza las que acabaron con la imagen de Taweret, cuyos trozos vemos luego esparcidos por el agua y la playa, en las escenas que narran el encuentro entre Ricardo y Jacob.

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Y volvamos de nuevo a nuestra historia. La catástrofe sufrida por el Black Rock deja a varios supervivientes, cinco oficiales y tres prisioneros, habiendo muerto entre otros el capitán Hanso (¡qué se le va a hacer! Jacob no es todopoderoso, también se le murió un buen montón de gente del Oceanic 815). Pero además de que, por la propia maldad de la gente (postura que defiende Anti-Jacob), un oficial (Jonas Whitfield, es el nombre que dan a este personaje los créditos oficiales del episodio) se carga inmisericordemente a dos de los prisioneros, el Humo Negro, incansable justiciero, no tarda en aparecer para asesinar al resto del personal. Se ve que, una vez queda demostrado que son malos (suponemos que todos los oficiales acordaron entre sí dar muerte a los presos), se siente libre de acabar con ellos a su antojo. Eso cuando está Jacob, porque si no está (como hemos visto), se carga a quien quiere simplemente porque no esté de su lado (con la excusa de que si no le van a matar a él, ¡como si fuera tan fácil!) Respeta sin embargo la vida de uno de los prisioneros, tras examinarle concienzudamente con sus flashes (ya sabemos que de ese modo explora las memorias del pasado de sus examinados), quizás porque comprende que si se dedica a matar siempre a todos los supervivientes no va a tener quien le ayude a terminar con Jacob. El hecho de que elija dejar vivir a una persona inocente (asegurándose bien de ello con su escrutinio) probablemente tenga que ver con esa especie de apuesta que tiene con su adversario, para demostrarse uno a otro si todos los hombres son corrompibles o si algunos pueden resistirse eficazmente a toda tentación (ya que en principio pensaríamos que para la tarea de matar a Jacob el malvado del Jonas ese le habría venido que ni pintado).

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Una vez seleccionado su instrumento, el siniestro Hombre de Negro se trabaja el material por un tiempo. Primero le deja encadenado, sometido a la terrible tortura del hambre y la sed, sazonada con el fétido olor de los cadáveres de sus compañeros, y a la angustia de esperar una horrible muerte por inanición en la tenebrosa bodega del barco. Después, para asegurarse de que entiende las cosas como a él le conviene, se pasa a hacerle una visita con la forma de Isabel, para comunicarle que está muerto y en el infierno, fingiendo después que la mujer es capturada, y por eso entre otras cosas no vuelve a visitarle de nuevo. Cuando finalmente se presenta ante Ricardo como el misterioso Hombre de Negro (ese primer toque afectuoso con su mano nos hubiera parecido el salvador toque de Jacob, de no ser por el delatador color oscuro de su manga), le da de beber y abre sus cadenas con la llave (sustraída hace días a los cadáveres de los oficiales), ofreciéndole después un opíparo banquete de jabalí asado. Pero no sin haberle hecho prometer antes que haría todo lo que le pidiera, es decir, matar a Jacob. Para ello (en escena totalmente paralela a la de Dogen instruyendo a Sayid para matar a Smocke) le ofrece una daga y le dice que no deje a su víctima ni abrir la boca antes de atacarle. Richard se resiste a cometer un nuevo asesinato (bastante le pesa aún en la conciencia la accidental muerte del doctor de su pueblo), pero como le dicen que se trata del diablo (el actor de Jacob, Mark Pellegrino, hace del mismísimo Lucifer en la serie “Sobrenatural”) y sobre todo, que es la única forma de recuperar a su mujer (la misma promesa que Smocke le hizo a Sayid), decide fiarse de él (aún no me puedo creer que pudiera hacerle caso tras enterarse de que era el Humo Negro, pero también es verdad que el monstruo le salvó de la muerte al cargarse ante sus narices a Jonas).

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El encuentro con Jacob nos revela que por aquellas fechas éste estaba mucho menos dispuesto a rendirse ante la muerte que cuando le atacó Ben mucho más tarde. Jacob desarma violentamente a Richard en una pelea y después le sumerge repetidas veces en las aguas del océano para convencerle de que sus ganas de vivir desdicen que esté verdaderamente muerto. La inmersión en las aguas parece simbolizar un nuevo bautismo, que, si bien (según indica después Jacob), no consigue absolverle de sus pecados, sí parece contribuir a la ‘conversión’ del buen tinerfeño al partido blanco (de todas formas su ‘blanco bautizador’ le da a entender que al llegar a la isla cada uno puede olvidarse de su pasado, cual tabula rasa; en este sentido la experiencia de Ricardo es similar a la de Kate: en el accidente de su barco o avión ambos encontraron finalmente la libertad con respecto a sus captores, aunque ciertamente a ella le resultó un tanto más fácil librarse de sus esposas que a él de sus cadenas). Discutiendo tras el chapuzón lo que el Hombre de Negro había pretendido hacer, Ricardo aboga por una mayor intervención de Jacob en las vidas de las personas que atrae a la isla, si no quiere que prevalezca la influencia de su adversario, idea que el misterioso personaje sopesa por un momento, de modo que decide emplear al buen español como su intermediario. A cambio, le ofrece un don sobrenatural, no devolverle a su mujer ni absolverle de sus pecados (ambos fuera de su alcance), sino alejarle lo más posible del infierno (al que Ricardo se cree irremisiblemente abocado) confiriéndole una cierta inmortalidad: el toque de Jacob le concede no envejecer ni poder morir por su propia mano.

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Hemos visto a Ricardo acudir angustiado a un doctor y a un cura, resultando ambas personas unos egoístas poco dispuestos a ayudar al pobre desgraciado. Después ha pedido a Jonas ser liberado de sus cadenas junto a sus compañeros de prisión, cuando éste (con el corazón totalmente endurecido) había decidido apuñalarlos. Ha sido Anti-Jacob el primero que le ha prestado ayuda, aunque no de forma desinteresada, y finalmente Jacob, tras darle una buena paliza y casi ahogarlo, le ofrece generosamente una manta (algo que el doctor no se dignó considerar siquiera cuando llegó empapado) y un poco de vino, por no hablar del generoso don sobrenatural con que acaba de obsequiarlo. Jacob quiere además que le lleve una piedra blanca a su enemigo, parece que como señal de la victoria que el comportamiento de Ricardo supone para él en el juego que se traen entre ambos. A cambio, el Hombre de Negro, reiterando su oferta de devolverle a su mujer si se cambia de bando (cuando un día le parezca bien) le retorna el crucifijo de Isabel, que había recogido para él tras el naufragio. ¿Reconoce nuestro héroe en esta querida joya una diabólica tentación?... el caso es que la entierra, tras besarla, enterrando con ella (¿para siempre?) la tentadora opción, por si acaso...

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El paso de 140 años no ha cambiado mucho el aspecto de Ricardo (llamado ahora Richard por haber convivido durante tanto tiempo con personas anglófonas, mientras que probablemente eligió el apellido Alpert al tener que hacerse con documentación para poder salir a la civilización en misiones de reclutamiento), pero sí ha cambiado la isla (ha crecido un hermoso árbol junto al crucifijo que enterró) y, sobre todo, la situación y el propio corazón del anciano (en edad, no en apariencia) español. La muerte de Jacob ha vaciado de significado todo aquello para lo que este hombre ha vivido tan largos años, y ahora, más que nunca, echa de menos a su mujer, sintiéndose como siempre culpable de haberla abandonado en su lecho de muerte, pero también de haber renunciado a la oferta de Anti-Jacob para volverla a ver, por lo que –desenterrando la cruz– grita a los cuatro vientos que está dispuesto a reunirse con él. Sin embargo, Isabel, que –como prometió– nunca se ha alejado mucho de su amado, ha encontrado finalmente la manera de comunicarle su cariño y cercanía para que pueda alcanzar la necesaria paz. El bueno de Hurley se presta como ‘médium’ al sobrenatural encuentro, añadiendo un mensaje final: Richard debe impedir que Smocke escape de la isla, por que si no un verdadero infierno les aguarda a todos ellos.

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No sabemos si el propio Smocke ha oído este mensaje mientras acudía a la llamada del inmortal Alpert, pero ciertamente se percata de que esta importante pieza del juego ha vuelto a escapársele de las manos. Sus memorias le traen entonces de nuevo el recuerdo de la piedra blanca, signo de aquella –al parecer inalterable– victoria de Jacob sobre el ánimo de Ricardo, y también de la botella de vino que su insigne enemigo le trajo como consuelo poco después. Qué poco le gustaba lo que ésta simbolizaba (el inescapable encierro de una sustancia maligna, contenida por un tapón de corcho –la isla– que Jacob y sus sucesores se encargan ab aeterno de vigilar), por lo que recuerda, más decidido aún que entonces a cumplirlo, su profético gesto de rebeldía: hacer estallar con toda su fuerza la aprisionante botella, para dejar escapar su rojo y embriagante líquido por doquier.

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El mal, encerrado durante tantísimo tiempo en la botella, consideraría con razón su encierro un infierno y un diablo a su guardián, pero el destino de este guardián (del futuro candidato) es igualmente ingrato: sometido durante siglos en soledad a una enorme responsabilidad ante el mundo y a la constante presión que ejerce el mal por escapar. Uno casi entiende que Jacob se distrajera un poco trayendo visitantes a la isla, aparte de que su oficio le exigía encontrar y preparar al heredero adecuado, por si su enemigo daba con el temido resquicio que le permitiera finalmente ganar la partida e intentar escapar.

domingo, 4 de abril de 2010

6.8. Misión de reconocimiento (o “Estafas a diestro y siniestro”)

Y es que Sawyer se unió a Smocke porque éste le dijo que le sacaría de la isla, y no le acaba de gustar el tener que esperar tanto. En un diálogo aparte su inquietante líder le explica que puede defenderlos del Humo Negro porque el monstruo es él, y le comenta que necesita sus dotes de supremo timador para una misión en la Hydra. El momento en que Smocke muestra a James la isla pequeña desde la playa recuerda a aquel momento en que Ben le comunicó que aunque era un buen estafador los Otros le superaban (especialmente él), mirando precisamente hacia este lugar desde el otro lado del brazo de mar que separa a ambas islas. Obviamente nuestro Anti-Jacob intenta manipular a James adulando sus oídos, ya que tras haber utilizado magistralmente a Ben se ha ganado el título de mentiroso número uno de la isla, y será difícil arrebatarle el puesto.
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Sawyer coge una canoa y parte para aquella isla en la que estuvo encerrado durante más o menos una semana hace tres años (¿llegó a volver por allí alguna vez durante su etapa de jefe de seguridad de Dharma?), probablemente inconsciente del peligro que corre todo el que navega en canoa por estos lares ya que sabemos que en algún momento aparecerán los viajeros en el tiempo disparando desde otra canoa hacia atrás, y en aquella refriega al parecer Juliet alcanzó con sus balas a alguien...
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Al llegar a la pequeña isla investiga lo que fue la estación zoológica de Dharma, revisando el estado de las jaulas y encontrando en ellas el vestido floreado de Kate. Los recuerdos se agolpan entonces en su ser, recordando lo agobiante de aquella situación y lo preocupado que llegó a estar por su compañera, dispuesto incluso a morir por ella. Y es que en aquella época su pecosa lo era todo para él, su primer gran amor, amor que fue precisamente consumado entre aquellos barrotes...
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Las memorias de sus penurias en el pasado le impulsan aún más a investigar a fondo sobre el avión ese de Ajira que Smocke le ha comentado (curiosa ironía que se encuentre en la pista de aterrizaje que él mismo contribuyó a construir con Kate durante sus trabajos forzados), y probablemente se sorprende de encontrarlo tan enterito (este Lapidus, que es un hacha), con lo roto que acabó su avión de Oceanic. Y tras encontrar una pila de cadáveres da con una superviviente... ¿o no? Resulta que esta isla tan pequeña guarda aún otro medio de transporte: el submarino de Widmore, quien al parecer ha tomado la Hydra como centro de operaciones. No sabemos si Widmore y su gente son los responsables de la matanza de supervivientes (no creo que los mataran Ilana y los suyos antes de irse de allí), pero ya que se está preparando con unos buenos postes sónicos portátiles parece que su verdadero enemigo es Smokey, enemigo que, según deduce de su conversación con Sawyer, ha tomado recientemente la forma humana de Locke.
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Y ahora es cuando Sawyer, avezado en ardides, inicia su “re-con” o estafa doble, prometiendo ayudar a Widmore (a cambio de ser evacuado de allí junto a los suyos), pero contando a su vuelta exactamente todo el plan con Wdmore también a Smocke, de forma que lo que espera es que mientras se enzarzan estos dos a batallar entre ellos él pueda encontrar la manera de hacerse con el submarino y escapar con Kate (también ha prometido a Jin que los sacará de la isla, a él y a Sun). No sabemos si Kate, al escuchar estos planes de boca del propio James, habrá pensando en llevarse con ellos también a Claire o no, por mucho que la rubita haya acudido antes de buenas maneras a pedirle perdón abrazándola acongojada. Kate tiene aún mucho que aclararse con respecto a esta chica, a la que de verdad siempre había querido mucho, pero ¡ha cambiado tanto! Ahora lo difícil será que los futuros evacuados vayan a tener en cuenta para sus planes de escape a Sayid, pues ni siquiera sabemos si todavía queda algo de nuestro querido iraquí en el impertérrito ‘infectado’ que les acompaña...
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A pesar de las sutiles revelaciones que este episodio nos ha deparado en su narrativa sobre la isla (extraño estado de Sayid, problemas maternos de Smokey, desarrollo de la relación Claire-Kate, planes de Widmore y Zoe, cabina cerrada con candado en el submarino...), encuentro mucho más interesante los acontecimientos que nos ha presentado en la realidad ‘x’: la pareja de polis de Los Angeles que hacen x-James y x-Miles no está demasiado alejada de su pasado como agentes de seguridad de la Iniciativa Dharma.
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Este otro James (en esta realidad no se llama Sawyer) viaja de incógnito desde Sydney, y aparte de advertir a Hurley en el avión que se cuidara de posibles timadores (en consonancia con su oficio de poli) rehúsa detener a la fugitiva Kate en aquel ascensor de LAX (en discordancia con este mismo oficio), debido quizás a que no quería que nadie de la policía le relacionara con ese aeropuerto, en un día en que se suponía que estaba en Palm Springs (o más bien, me parece a mí que sentía una extraña atracción por esa chica que no le resultaba en ningún modo indiferente y por eso se prestó a ayudarla, aparte de que la vocación de poli la tiene un poco extraviada). Pero aunque detenta un oficio totalmente opuesto a aquel de timador con que le conocimos, James ha viajado a Australia con un propósito similar al de su otro yo: seguir una pista del famoso Sawyer que en su día timó a sus padres haciendo que su familia sufriera una terrible tragedia. Y la pista le indica el nombre de Anthony Cooper, nombre que anda rastreando en relación con un acontecimiento en Alabama, ocurrido en 1976.
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Y con esto tenemos confirmación de que el pasado de Sawyer, de 1977 hacia atrás, sigue siendo el mismo de siempre. Su padre disparó a su madre y luego se suicidó, dejando al chaval huérfano y totalmente traumatizado. Lo que no sabemos aún es si apareció Jacob en los funerales para prestarle un boli (y alcanzar a rozarle los dedos) o no.
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Hasta ahora no habíamos tenido confirmación alguna referente a un pasado tan lejano, pues las discrepancias de Jack, Sayid y Locke (que x-Jack tenga un hijo adolescente, que x-Nadia se casara con el hermano de x-Sayid o que x-Locke no parezca odiar a su padre y esté a punto de casarse) se deben a acontecimientos más recientes. Otra cuestión es la referente a la realidad ‘x’ de los que estuvieron en la isla, ya sean Dharmitas u Otros. Si en el mundo normal la realidad de siempre y la ‘x’ discurren igual hasta el momento del Incidente (1977), en la isla los efectos del surgimiento de esta nueva realidad repercuten mucho tiempo atrás. Considerando que la isla se encuentra algo desgajada del espacio-tiempo normal, encontramos que, puesto que en la realidad ‘x’ el avión de Oceanic llegó en 2004 sin accidente alguno a Los Angeles, la historia de la isla, en cuanto a lo que se refiere a dicha x-realidad se diferencia de la historia isleña que conocemos en todas aquellas ocasiones en las que intervinieron los viajeros en el tiempo, ya que ahora (al no haber ido éstos nunca a la isla) no tendrán ocasión de hacerlo.
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Una primera ocasión sería cuando saltan al pasado remoto en el que la estatua aún estaba en pie. La única señal que dejan entonces tangible en la isla es la cuerda (de un futuro pozo) que se queda asomando en el terreno tras haber sido traída al pasado por Sawyer (algunos fans dicen que esa cuerda quedaría allí como señal de la localización subterránea de la rueda del tiempo, por lo que facilitaría el descubrimiento de la misma a los futuros Otros). Otra ocasión fue cuando en 1954 los viajeros se encuentran con Richard, Ellie y Charles, de modo que Locke le comenta su fecha de nacimiento al inmortal consejero Otro y Daniel le dice a su joven futura madre que esa bomba debe ser enterrada. Podemos por tanto suponer que en la x-realidad John no recibe de niño visitas de un extraño individuo, y que la bomba no fue convenientemente enterrada. Sin embargo la Iniciativa Dharma se instaló en la isla (como nos ha comentado Roger) y es de suponer que tanto Linus como Chang trabajaron un tiempo allí, de forma que Ben pasó allí algunos años de su infancia y Miles nacería en la isla, al igual que Charlotte (ambos son amigos ahora en Los Angeles, trabajando ella con el padre de Miles en un museo). Más difícil es entender de dónde ha salido Ethan Goodspeed, pues daríamos a su madre Amy por muerta si Sawyer y Juliet no la hubieran salvado del ataque en el que murió Paul en 1974. Sin embargo la propia existencia de Ethan parece confirmar que el primer marido de su madre murió por aquellas fechas, pero ella no (sea porque en el fondo aquellos Otros no se hubieran propuesto matarla, o porque la salvara un oso polar, o porque la actividad de la bomba no enterrada haya cambiado suficientemente la historia como para que ella no llegara a morir en esa refriega, o, en fin, sea porque el destino se busca sus maneras de corregir el curso de los acontecimientos para que ciertas cosas necesarias lleguen siempre a tener lugar). Además baby x-Ethan debió tener suerte con que hubiera un médico a mano cuando le llegó la hora de nacer.
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Finalmente podemos deducir que x-James, x-Miles, x-Jin y x-Juliet no pasaron tres años en Dharmaville como agentes de seguridad ni mecánica de furgonetas (respectivamente), ni x-Jack, x-Hurley, x-Kate y x-Sayid llegaron como por arte de magia en 1977 volviendo aquel mundo del revés, con el disparo al pequeño x-Ben, ni x-Daniel anduvo investigando en Ann Arbor para volver con la enrevesada idea de explotar la bomba para poder salvar a su Charlotte. Nada de eso ha pasado, de modo que, sin que Ben hubiera sido disparado (ni perdido su inocencia en el Templo) parece que Roger decidió en algún momento que debían irse de allí. Y quizás por el peligro de las excavaciones de Radzinsky (o de la bomba no convenientemente enterrada) se produjera una evacuación de la isla (con al menos los Chang, Charlotte y Ethan) antes de que se produjera la catástrofe que terminó con la misma hundida en el fondo del océano.
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El caso es que encontramos a un Miles Straume (¿por qué lleva ahora el apellido de su madre, si su padre siguió con ellos?) viviendo feliz en un mundo donde se lleva bien con su padre (¿o es un padrastro?), tiene una novia formal y se dedica a la honrada profesión de policía en vez de andar sacando el dinero a las pobres gentes con su extraño don de vidente (¿o es que ahora no tiene ese don?) Como compañero de James, y desconociendo su secreto, se preocupa por él citándole a ciegas con Charlotte, para ver si asienta un poco la cabeza (“...porque no querrás ‘morir solo’ ¿verdad?”, dice citando a medias el conocido lema de Jack cuando les lideraba en la isla...)
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Y efectivamente James y Charlotte parecen caerse bien y terminan la noche acostándose juntos en casa de él, aunque sin el aliciente del látigo de Indiana Jones, (¡vaya! otra vez será...), cuando la arqueóloga estropea la cuestión hurgando de más en un cajón del armario. El terrible secreto de James se encuentra escondido entre la ropa dentro de una carpeta rotulada con el nombre “Sawyer” (lo que nos recuerda a aquella carpeta roja que tenía Richard Alpert sobre él). James echa a la curiosa pelirroja de su casa, pues no está dispuesto a abrir sus más profundos recovecos interiores ante nadie aún, y tras el rapapolvo que le echa su colega en la oficina (donde x-Liam nos ha servido de testigo de que la historia de x-Charlie también sufre ciertas discrepancias con su historia anterior), y la ruptura de su propia imagen en el espejo (en señal del profundo autodesprecio que siempre ha embargado a este hombre), sólo encuentra algo de relax en la serie favorita que veía de pequeño, quizás cuando sus padres aún vivían, en un episodio en el que Charles Ingalls aseguraba a la pequeña Laura que las personas queridas nunca se irían del todo de su lado.
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No sabemos si fue la incipiente confianza que llegó a despertarle Charlotte (a quien confesó que se hizo poli por no hacerse delincuente), o el deseo de recuperar a Miles como compañero, o la influencia televisiva de La Casa de la Pradera, pero el caso es que James parece hacer un esfuerzo por cambiar y acude con una flor a disculparse ante la arqueóloga (quien pasa de volver a tener nada con él), para después confesar ante Miles su pasado y sus intenciones con respecto a Cooper. Nos encontramos aquí con un importante paso en positivo, con cierto deseo de redención (ya que admite que Miles hará bien en disuadirle de sus planes). Es un camino mucho más positivo de lo que nunca llegó a estar nuestro James “Sawyer” Ford (ni nuestra Ana-Lucía Cortez, que como policía del mismo Los Angeles –cualquier día se la encuentra por ahí– tramó su venganza personal contra su atacante sin contar para nada con la posible ayuda de su madre ni de su compañero de patrulla).
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Pero si hasta ahora, que sepamos, el destino no ha conseguido que la hermosa flor de girasol (ni el LaFleur más asentado y responsable) llegaran a manos de la dulce x-Juliet, el universo consigue, al parecer sin mucho esfuerzo, que la x-pecosa acabe de nuevo atrapada entre unos barrotes frente a este hombre. Situación que parece resultarle a ambos extrañamente familiar... ¿Habrá encontrado el casi redimido poli a la mujer de sus sueños, capaz de entender los ocultos entresijos de su corazón casi con sólo mirarle, de forma que finalmente le permita olvidar sus fantasmas del pasado para poder ser plenamente feliz, o se ha topado desafortunadamente con la gran lianta metomentodo que únicamente le traerá nuevos quebrantos? Ya no nos quedan muchas semanas para descubrir cómo acaba todo esto en el esperado episodio final...

6.7. Dr. Linus

Un paciente profesor de Historia Europea trata de explicar a sus alumnos la situación anímica de Napoleón durante su destierro en la isla de Elba: lo peor de su exilio fue la pérdida de poder, tan devastadora que casi preferiría estar muerto. Pero, aunque demuestra conocer bien el alma de los poderosos (quizás por sus experiencias en alguna otra dimensión), el humilde Dr. Linus sólo se atreve a quejarse con sus compañeros ante las injustas imposiciones del director de su instituto, el señor Reynolds. Hasta que un extraño profesor nuevo, que realiza una sustitución, le insta a iniciar su propia campaña para reemplazar al director. John Locke, desde su silla de ruedas (demostrando tener más presencia de ánimo que el propio Ben, a pesar de su discapacidad), le anima a confiar en ese instinto suyo de poder, dado que su objetivo es bastante loable: conseguir que el centro educativo se oriente sobre todo a atender como conviene a sus estudiantes.
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De momento Ben debe obedecer a su superior y hacerse cargo de los castigados en vez de acudir a su club de Historia, donde profundiza en dicha asignatura con sus alumnos favoritos. Ya en casa, tras contemplar unos segundos su rostro desanimado en el reflejo del microondas, lamenta junto a su anciano padre que su brillante carrera académica se tenga que desperdiciar con los alumnos más indisciplinados, hasta que una llamada a la puerta le devuelve toda su alegría: la brillante Alex requiere de su tutoría para preparar un examen...
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Roger Linus debería alegrarse de haber podido alcanzar tan avanzada edad y de que su propio hijo le atienda tan servicialmente, en vez de desear haber seguido en sus tiempos jóvenes con la Iniciativa Dharma. Si se hubieran quedado en la isla, en lugar de cambiarle como ahora solícito su botella de oxígeno, el resentido fruto de sus entrañas no hubiera dudado en abrir para él una botella de gas venenoso en su furgoneta azul, cometiendo parricidio el propio día de sus cumpleaños (aniversario del día en que murió su madre). Y en aquella maldita isla, Ben habría llegado también a sufrir el peor de sus tormentos: ver morir ante él a su querida hija Alex, asesinada, tras haber declarado en su presencia que ella no le importaba nada, y sentirse culpable por el resto de sus días de no haber renunciado a tiempo a la isla por salvarla.
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Y es esta otra versión de Ben Linus, nuestro Ben de siempre, el que se encuentra viviendo uno de los momentos más aciagos de su existencia cuando, la noche del sangriento ataque del Humo Negro, logra salir del templo con vida y vaga totalmente desorientado por la selva hasta encontrarse con los que escaparon por la salida secreta. Ilana, Frank, Miles y Sun le permiten acompañarles hasta el campamento de la playa, a pesar de haber descubierto el gran secreto que tortura a este hombre (extraído por Miles de las cenizas de Jacob que tan reverentemente ha guardado Ilana). Tras pasar media vida obedeciendo fielmente al misterioso señor de la isla, Ben se ha convertido en su asesino. Y por eso nada tiene ya sentido para él, entiende que todo lo ha hecho mal y no sabe para qué seguir viviendo, pero tampoco Ilana, que consideraba a Jacob como a un padre, tiene pinta de querer perdonarle.
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Frente al sentimiento de desazón de x-Ben, porque el enorme esfuerzo de su doctorado parecía haber sido totalmente inútil (sentimiento que se disipa en cuanto ve a su querida alumna), tenemos la desesperación total de la versión isleña de este hombre. Ha perdido todo su poder sobre la isla (lo cual ya de por sí lo mata, como a Napoleón), pero además lleva en su conciencia la muerte de su hija, hecho que, aunque algo tardíamente, le ha hecho reconocer que ella era lo único que verdaderamente le importaba. Sin embargo, el último episodio de la serie dedicado a este personaje (suponemos), quiere además hacernos reflexionar sobe su pesar por la muerte de Jacob. Han sido muchos años obedeciendo unas órdenes que no comprendía, pero creyendo con ciega fe que Jacob era verdaderamente el que tenía las respuestas, quien sabía siempre lo que había que hacer y el fundamento de que su postura ante los diversos conflictos de la isla pudiera ser considerada una y otra vez la los ‘buenos’. Ben asegura que en el fondo su defensa de este bando, incluso hasta arriesgar la vida de Alex, la ha hecho siempre en nombre de Jacob. Y sin embargo, él nunca se dignó siquiera a recibirle o a hablarle, ni mucho menos a reconocer o agradecer sus servicios. Recordemos la escena tremendamente emotiva en la que Ben, moviendo la rueda congelada, decide finalmente auto-desterrarse de la isla, esperando que Jacob pudiera al fin estar contento con él. Pero su silencioso líder sigue sin decir nada, y parece en cambio haber seleccionado a Locke por encima de él, permitiéndole oír su voz en la cabaña (¿era esa la voz de Jacob?) y visitarle en su estatua (esta vez es Locke el que no era verdaderamente él, pero eso no lo sabe Ben). Incitado por el falso John, el resentido ex-jefe de los Otros hunde su cuchillo en el pecho del misterioso desconocido, cuando este se niega a darle ninguna explicación, y se estremece hasta los tuétanos al verle morir tan pacíficamente entre sus brazos.
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Ben ya sí que no entiende nada, y menos cuando ve que Locke se transforma en Smokey a continuación. Pero Miles (aparte de desvelar a los demás su secreto) le revela que Jacob había tenido la esperanza de que Linus, en aquel momento supremo, hubiera reaccionado de una manera diferente. Y tras descubrir cómo le había decepcionado, el recuerdo de semejante magnicidio le pesa mucho más enormemente en su interior. Él siempre había querido ser fiel a Jacob y odiaba haber servido de simple instrumento manipulado por su enemigo. Sus ingentes ansias de poder y de reconocimiento le habían traicionado finalmente hasta causar la muerte de Alex y después la de Jacob, las dos personas en las que fundamentaba su existencia. ¿Cómo poder perdonarse a sí mismo tras haber caído tan bajo?
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Sólo Smocke parece preocuparse todavía por él, al menos viene a visitarle y le facilita las cosas para librarse de Ilana. A Ben se le cae el corazón a los pies sopesando la posibilidad de pasarse al bando del terrorífico Humo, quien no duda en prometerle lo que siempre más ha querido (el poder sobre la isla), aunque él sabe muy bien que si le ofrece esto es meramente para poder de nuevo manipularle. Pero es que Ilana está sólo esperando a que acabe de cavar su tumba para matarle, por lo que Ben corre, ay de él, como alma que lleva el diablo... precisamente cuando ya no le queda otra opción en la vida que morir o entregarse a este mismo diablo.
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Y cuando finalmente se vuelve hacia Ilana con un arma en la mano, nuestro protagonista entiende muy bien a esta mujer, ella ha perdido al hombre que amó como a un padre, mientras que él ha perdido a la que quiso como a su propia hija. Y recordemos que Ben no sólo rebanó el cuello a Keamy por ello (a pesar de que eso suponía la muerte de mucha otra gente), sino que también ha rebuscado por el mundo a Penny Widmore para vengarse en ella ante su padre (como responsable último de la muerte que tanto le duele), aunque el pequeño Charlie Hume salvó a su madre al hacerle dudar unos momentos. Y sin embargo, aunque comprende muy bien las ansias vengativas de Ilana, aunque entiende que ha caído irremisiblemente en desgracia con el bando de los buenos, en vez de dispararla (en una escena que recuerda al desencuentro entre Sayid y Ana-Lucía tras la muerte de Shannon) no resiste la urgencia de abrir su corazón ante esta mujer tan dolida y decirle que está verdaderamente arrepentido, que preferiría no haberlo hecho, pero que el dolor por la pérdida de Alex, y el pensar que a Jacob su sacrificio no le había importado nada, le había hecho perder la cabeza.
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E Ilana, sorprendentemente, le comprende. Quizás ella sabía bien cuán misterioso podía llegar a ser Jacob, cuán inescrutable. El líder de la isla sabía ser muy generoso con sus dones pero también, aunque siempre pedía las cosas ofreciendo la opción de aceptar o negarse, sus demandas habían sido siempre incomprensibles y tremendamente duras. Ella había llegado a amarlo profundamente, pero podía entender que alguien sufriera en sus entrañas el impenetrable silencio en el que solía sumirse este personaje. Desgarrada por su dolor, sabiendo que el magnicida Ben es poco de fiar por su tendencia a mentir y a manipular en todo lo que dice y hace, se decide a aceptarle en su grupo, a darle una nueva oportunidad, a robarle esta pieza al enemigo (que creía que se lo habían puesto tan fácil). Como buena hija de su padre (adoptivo) consigue perdonar a quien la dejó huérfana (¿perdonó alguna vez Alex del todo a quien la crió, pero a quien odiaba por sus crueles métodos?) La muchacha decide aceptar en sus filas a uno de los fieles siervos de Jacob por muchos años, aunque caído en un momento de suma debilidad. Si Jacob respetaba siempre la libre voluntad, ella va a respetar la voluntad de Ben de volver al redil, por lo que nuestro pobre Linus, recibe al fin en la generosidad de ella el perdón y reconocimiento de Jacob que tanto había añorado.
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Ilana ha perdido a su mentor y guía, pero no ha perdido la confianza en el buen fin de su misión. Se le ha pedido que proteja a los candidatos y, ahí está, haciendo de tripas corazón, para poder hacer frente dignamente a la gran batalla contra el adversario. Pero en Richard encontramos otro miembro del partido jacobiano que, tras la muerte de su líder, está hecho un verdadero lío. Terriblemente asustado por las intenciones del Humo Negro, alojado en el cuerpo de Locke, entiende que nada de lo que ha pasado con Jacob tiene ningún sentido ni ha merecido la pena después de todo. ¿Cómo pudo su sabio y generoso líder caer en la trampa de Smocke y dejarse matar tan sencillamente? ¿Qué es toda esa jerga de los candidatos? ¿Por qué le mantuvo siempre en la oscuridad, a él que había sido su fiel servidor por muchísimos años? Y sobre todo ¿qué sentido tenía seguir viviendo indefinidamente (según el don que le concedió Jacob) si no había ningún plan importante, ningún sentido al que dedicar esa prolongada vida?
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Richard no puede matarse a sí mismo (como tampoco pudo Michael tras varios intentos, ni consiguió el barbudo Jack suicidarse en el puente) y decide guiar (engañosamente) a Jack y Hurley al Black Rock (aunque ha evitado mucho tiempo a este barco de viejos recuerdos) para pedirles que le enciendan una mecha, de modo que pueda hacer estallar para siempre su desesperación (a lo Arzt) con ayuda de la desgastada dinamita. Pero si creíamos que en el bando de las piezas blancas todo era confusión (tras la mortal jugada en el templo de las negras), nos encontramos de pronto a un Jack firme en sus convicciones y dispuesto a demostrar a Richard y a quien haga falta que sigue habiendo un destino sublime para ellos, y que todo lo que pasa en esta isla tiene verdaderamente un sentido. Jacob, que al parecer le conoce muy bien, había recomendado para él una buena sesión de contemplación del océano tras la visita al faro. Y, efectivamente, Jack parece renovado interiormente. Ahora no pide vanamente respuestas al aire, sino que no duda en entrar en el juego suicida de Richard para obtener junto con él la esperada respuesta. Ninguno de ellos va a morir, porque su misión no está cumplida, porque aún tienen algo importante que hacer (como Walt le dijo a Locke cuando iba a suicidarse en la fosa de Dharma). Nuestro doctor parece haber traspasado ya el umbral de la fe que tanto deseó en su día John Locke que traspasara, para convertirse en acertado asesor y valioso candidato a la sucesión de Jacob.
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Y con esa convicción nueva en su alma, Jack guía a Richard y Hurley de vuelta al campamento de la playa. Y mientras Miles se regocija en el valiosísimo diamante que acaba de desenterrar y Frank se pregunta si tendría razón Ben con eso de que la isla finalmente le ha atraído a donde desde un principio tenía que estar, Sun corre a recibir a sus amigos con los brazos abiertos (hacía varios días que se habían desvanecido ante sus ojos al aterrizar el avión de Ajira en la Hydra). El corazón apesadumbrado de Ilana se alegra de recibir refuerzos (entre ellos a dos candidatos), mientras que Ben, en segundo plano, sin atreverse casi ni a saludar a Jack, empieza a acostumbrarse a la sensación de ser simplemente uno más del grupo, sin ningún poder reconocido, pero siendo al menos aceptado entre ellos una vez recibido el perdón por su fatídico pecado. (Qué poco adivina que, para colmo de males, su archienemigo Widmore le espía en esos momentos desde el periscopio de un submarino).
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No sabemos si esa nueva situación de Ben le infundiría finalmente un gran alivio, en vez de la terrible exasperación que según él sufrió Napoleón; el caso es que sabemos que este hombre podría haber sido más feliz si hubiera puesto sus aspiraciones en algo distinto de su enorme ambición de poder. O al menos eso parece indicarnos la realidad ‘x’. En ella, nuestro profesor de historia preferido, ante la ocasión de derrocar a Reynolds con un elaborado chantaje, renuncia humildemente a sus pretensiones con el único fin de no estropear los sueños de futuro de Alex. La felicidad de esta chica lo es todo para él, y parece contentarse con el único triunfo de mantener su club de historia, evitando tener que hacerse cargo de nuevo de los castigados. Eso sí, tendrá que pagar la ayuda prestada por su amigo Arzt al frustrado intento de chantaje, cediéndole al fastidioso profesor de ciencias su plaza de aparcamiento. Nos sorprende x-Ben por su capacidad de poner el amor a su alumna por encima del amor al poder ¿hasta qué punto se ha dado cuenta este hombrecillo de lo crucial que era esa decisión, de la enorme serie de disgustos que acaba de ahorrarse? En un mundo en el que x-Roger, x-Arzt y x-Alex viven tranquilamente, en el que hasta el bueno de x-Locke es feliz en su silla de ruedas, el sencillo profesor x-Linus ha sido capaz de renunciar conscientemente a sus aspiraciones de notoriedad para dedicarse en cuerpo y alma a enseñar historia a sus alumnos. ¿Podrá alguna vez nuestro manipulador Ben isleño ser consciente de este gran acierto de su alter ego?

miércoles, 10 de marzo de 2010

6.6. Ocaso

Entre el ultimátum para la puesta de sol que plantea Smocke a los habitantes del templo y la caída de la estrella que canta siniestramente Claire (funcionando aquí como símbolo musical de la corrupción que supone un ángel caído, al convertirse una nana infantil en leit-motiv del terror), a Sayid no le queda otra opción que sumarse al “ejército de las tinieblas” al caer de la noche... otra cosa es si a Kate aún le queda opción...

En poco más de un día Sayid ha sido disparado en sus entrañas, ahogado en la fuente (algo mancillada) de la vida y milagrosamente revivido, para poco después ser torturado y condenado (voluntariamente) a muerte por medio de una píldora venenosa, que decide no tomar, teniendo que aguantar a cambio que le miren con menosprecio y temor los hostiles habitantes del templo. Aprovechando que Jack ha desaparecido por un rato, nuestro iraquí se decide a echar una charla directamente con el misterioso Dogen quien tras una breve explicación (sobre que en su interior la balanza entre el bien y el mal se inclina hacia donde no debe y le sería preferible la muerte), lucha encarnizadamente con él hasta vencerle, pero desiste de matarle cuando su querida pelota de béisbol cae providencialmente al suelo. El consiguiente exilio del terreno ‘sagrado’ queda interrumpido por la llegada de Claire anunciando que alguien debe salir a parlamentar con Smocke, alguien que éste no pueda matar, si así lo prefieren... Por lo que la pena de exilio de Sayid queda conmutada por la orden de asesinar al Enemigo, con la especial daga que Dogen desentierra para esta tarea, acompañada de una descripción (lo verá como alguien conocido que ha muerto) y de un aviso (no dejarle decir ni hola). Pero, tras vacilar un momento al encontrarse con Kate (que qué hace aquí la pecosa por cierto...), Sayid ve asombrado al muerto viviente de Locke y se lanza resuelto con el puñal contra su costado, aunque, ay, no sin antes haber sido saludado. El caso es que la especial daga vuelve a ser desenterrada, ahora de las entrañas de Smocke, quien parece que ni tiene entrañas ni corazón ni nada, pues ni la herida mana sangre ni parece molestarle al imponente Humo Negro de la isla más que lo que le molestarían unas meras cosquillas.

Sayid no da crédito a sus ojos, pero ya se va dando cuenta de que las cosas en esta isla son de lo más raritas... por lo que cuando el insidioso ser que tiene delante le ofrece un trato diabólico, no duda en venderle su alma, acordando con él (suponemos) la suprema traición al templo: dar su mensaje de ultimátum (planteado sibilinamente como una liberación) a sus habitantes y devolver la daga a su dueño acabando al mismo tiempo con su vida, para destruir así el último bastión que impedía a la letal humareda acabar con la fortaleza hostil. Derrotado el jefe del templo, Sayid elimina también a su ayudante y traductor y, aunque al parecer le habría gustado quedarse allí (o más bien ahora escapar con sus amigos), confiesa a su antiguo enemigo/jefe/víctima Ben (ante la fuente que ha hecho renacer a ambos) que nada de eso es ya posible para él. Sayid había querido por última vez demostrar que era buena gente (aunque como siempre, le exigen que pruebe su bondad matando...), para finalmente pasarse al Lado Oscuro de la Isla (o al equipo de las Piezas Negras), entregándose al mismísimo Mal encarnado en una última jugada desesperada, en la que quizás esperaba (contra toda esperanza) poder ser redimido por el amor de su Nadia...

No sabemos qué le prometió Smocke a Sayid, pero ¿podría ser el acceso a una nueva realidad (llamémosla ‘x’) en la que le sería posible encontrarse de nuevo con Nadia? Puede ser, pero mientras tanto x-Sayid descubre (por enésima vez para este personaje en la serie) que no le es posible escapar a su destino como asesino. Esta vez el culpable es su hermano Omer (a cuyos brazos parece que empujó nuestro protagonista a x-Nadia por no sentirse merecedor de ella), quien (como cuando eran pequeños) necesita que su hermano menor le haga el trabajo sucio. Pero x-Nadia insiste en que no se deje liar, pues ella, enamorada desde hace tiempo de su cuñado, se empeña en hacerle creer que es verdaderamente capaz de vivir como una buena persona. De todas formas, si Smocke le prometió esta vida a Sayid le hizo una mala jugada, pues en ella no le estará permitido estar con su amada a no ser que traicione a su hermano, haciendo daño también en el proceso a sus inocentes sobrinos, pero además anda por allí un tal x-Keamy haciendo de las suyas (junto a su secuaz x-Omar, al igual que en el carguero) de modo que nuestro antihéroe no es capaz de quedarse tranquilo hasta que no le mete un tiro a este desgraciado entre pecho y espalda (algunos dicen que los famosos huevos que Keamy cocina y devora funcionan como símbolo de las almas, de modo que el mal de Smocke y Keamy –ambos genuinos representantes diabólicos– tanto en una como en otra realidad ha acabado engulléndose el alma de Sayid). Todas las buenas intenciones que nuestro amigo pone en su intento de redimirse de su pasado como torturador sólo consiguen, cual boomerang, volverse una y otra vez contra él, haciendo añicos la frágil esperanza de llegar algún día a ser feliz.

Otro importante personaje de la isla había perdido ya también la esperanza de ser feliz, puesto que tuvo que renunciar a volver a ver a su hijo, a cambio de que éste sobreviviera a un terrible accidente. La persona que le ofreció este trato tan doloroso fue Jacob, de forma similar a cómo Ben ofreció a Juliet en su día salvar a su hermana del cáncer a cambio de que ella se quedara en la isla. Lo que ambos pidieron en cada caso fue un sacrificio importante a cambio de la vida de un ser querido (Smocke, sin embargo, exige una traición a cambio de recuperar la felicidad propia). Dogen sólo puede acariciar de vez en cuando la pelota de béisbol que le recuerda al hijo añorado (suponemos que sería más o menos como el chaval que vimos hablar con x-Jack en el conservatorio) y seguir sirviendo los intereses de Jacob en el templo, respetando especialmente a los ‘candidatos’. Pero el caso de Sayid le sobrepasa, dado que está seguro de que algo ha ido mal con él, y trata de encontrar el equilibrio entre el respeto que le debe y la responsabilidad de evitar que este hombre ‘infectado’ les haga daño. Forzado a elegir entre la vida y la muerte de su ‘protegido’ (la fidelidad simbolizada por el color claro de su pelota y la traición por el color negro de su guante), Dogen prefiere desenterrar con su puñal una oportunidad nueva... esperar del ‘infectado’ que su parte buena (aunque de hecho ya superada por la mala) sea capaz de acabar con el maligno enemigo, tarea sumamente difícil, que al final se muestra vana. Y, como el boomerang de Sayid, el puñal acaba volviendo a sus manos trayéndole en este caso la muerte. Dos teorías importantes se barajan entre los fans: una, que al morir ahogado en la fuente de la vida (aunque esté algo sucia) Dogen esté destinado a revivir; otra (que me encanta, propuesta por Doc Jensen en su columna de EW), que nuestro valiente ‘samurai’ supiera desde el principio que su servicio al templo requeriría antes o después el sacrificio de su vida (a cambio de la que se concedió a su hijo), de modo que su sacrificio en el núcleo vital del templo adquiera finalmente un sentido redentor: quizás reavivando eventualmente el poder sanador de las aguas de la vida (no tanto para él como en beneficio del futuro ‘Jacob’).

Junto con Dogen, en este fatídico día de negro ocaso, mueren Lennon (degollado por Sayid) y la mitad (más o menos) de sus compañeros (golpeados a lo bestia por el justiciero Humo), mientras que el resto de los Otros (incluidos Cindy y los dos niños) se unen al enemigo, en un intento de salvar el pellejo. Smocke, contento con su resultado, recibe satisfecho a sus ‘infectados’ lugartenientes, Sayid y Claire, quedando algo sorprendido de que la impredecible Kate se una a sus fuerzas. Nuestra amiga no quiere perder de vista a Claire, la madre de su querido Aaron, aunque es posible que esta misión que se ha propuesto le salga cara. ¿O, no será más bien la poderosa influencia del cariño a este pequeñajo tan especial la que consiga vencer desde dentro a la alianza del mal? Kate, similarmente a Dogen, ha venido a la isla porque se le ha dicho que se la necesitaba allí, dejando atrás lo que más quería, de modo que quizás pueda ser sucesora del japonés en cuanto a su papel de último bastión frente al mal (a lo mejor sabía Jacob que se necesitaba precisamente una persona en esas circunstancias y por eso puso al pobre padre en dicha tesitura). La canción tantas veces repetida en tono siniestro (“coge una estrella caída y métela en tu bolsillo, no dejes que se apague..., guárdala para los días de lluvia...”) que tanto Claire como Kate habían cantado en su día al bebé, ha servido para ilustrar cómo el mal insta a caer a quienes eran buenas personas, dejándolas acorraladas, pero quizás también implica esta nana una esperanza, que la inocencia de la estrella caída no llegue a dejar de brillar...

Aparte de esta posibilidad, la isla, amenazada de sucumbir a la oscuridad, cuenta en su defensa con los que acudieron al faro, Jack y Hurley (guiado por el espíritu de Jacob), en espera de nuevos visitantes; además del equipo que lidera Ilana, formado por Frank, Miles y Sun. Jin, sin saber que su añorada esposa ha acudido al templo, parece haberse quedado junto con Sawyer a la espera de Smocke y Claire, aunque no sabemos si esos dos tienen muy claro dónde se han metido. Mientras tanto Richard anda solo en la selva y Ben, alucinado por el descubrimiento del enorme cambio en Sayid, parece haber sobrevivido el ataque al templo por su cuenta. El capítulo termina con la marcha ominosa de Smocke liderando a las Piezas Negras mientras se aleja del templo abandonado, dispuesto a cumplir sin falta todos sus propósitos...

jueves, 4 de marzo de 2010

6.5. Faro

“¿Qué cicatriz tengo aquí?”, se pregunta x-Jack ante el espejo. Y ya es la segunda vez que le pasa algo similar en un par de días... Mamá Shephard le comenta que le operaron de apendicitis cuando tenía unos 7 años (¿y cuándo fue eso?, a ver... si estamos a 24-9- 2004... ¿no sería en 1977?, una teoría debatida en internet dice que al producirse la bifurcación del x-universo en 1977 y pasar la conciencia del Jack adulto al niño que era entonces de unos 7 años, la mayoría de sus conocimientos quedarían latentes hasta que una serie de circunstancias le hicieran recordar lo que pasó; pero una reacción psico-fisiológica le podría haber hecho rechazar el apéndice que por aquel entonces ya Juliet le había quitado; y quizás también sea relevante para semi-acordarse ahora de ese recuerdo latente que él mismo intentara observar en su día la operación de su propio apéndice por medio de otro espejo). Pero Jack opta por no dar más importancia de momento a las extrañas reacciones de su mente, pues ya tiene bastante con ocuparse de la desaparición del cuerpo de su padre, el desasosiego de su madre y... que le toca ir a recoger a su hijo David al instituto y ya no llega a tiempo...
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En la isla le encontramos también observando con atención un reflejo ondulante de su imagen en un estanque del templo. Y es que Jack no sabe ya ni quién es ni lo que quiere, se le desdibuja el sentido que tiene su existencia en este mundo: en Los Angeles (tras el rescate de los Oceanic Six) su vida se fue totalmente a pique y finalmente había decidido hacer caso a los que le instaban a volver a la isla, atreviéndose a pensar que realmente allí le esperaba un ‘destino’ que le ayudaría a reencontrarse consigo mismo. O quizás, aunque ni se atreve a confesárselo a sí mismo, a reencontrarse con su padre...
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Porque él había visto al fantasma de su padre y lo había seguido hasta las famosas cuevas, sólo para desesperarse al descubrir allí el ataúd vacío. Y le había parecido oír también su voz invitándole a tomarse las cosas con calma (“let it go”), cuando estuvo recluido por los Otros en el tanque acuático de la Hydra. E incluso Locke, antes de morir, le había mencionado que Christian le mandaba saludos desde la isla... ¿Qué quería decir todo eso? ¿Y además, qué demonios es lo que la isla y sus extraños habitantes quieren ahora de él? Con todo esto se entiende que cuando Hurley le comunica que le dicen de ultratumba que “sí que tiene lo que hay que tener” (o que “sí que tiene agallas para encajar el fracaso”), en contradicción directa a la frase de su padre que tan a fuego se le había grabado de pequeño, salte como un muelle y pida ver de inmediato a ese misterioso Jacob. Porque de pronto cree entender que esa figura mítica de la que tanto hablan los Otros y que ya muerto parece haber elegido a su amigo Hugo para comunicarse, le interpela a un nivel muy personal y puede por tanto, probablemente, ofrecerle también respuestas a ese mismo nivel. Y Jack ahora necesita respuestas, necesita entender... Necesita comprender qué le pasa, qué le falta, qué ha hecho mal en su vida... necesita afrontar su desazón, su desconfianza en sí mismo, sus miedos, sus fracasos... necesita sanar viejas heridas y encontrar cierta paz antes de poder embarcarse en ningún tipo de nuevo proyecto.
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Y para ayudarle a avanzar en la búsqueda interior del sentido de su vida y su destino, Jacob le envía al Faro de la isla. Allí no se dan respuestas, sino sólo una orientación, y la suya, en el grado 23 de la rueda, le remite de nuevo a la casa donde vivió con sus padres. Pero eso no es suficiente para nuestro Jack, volver a encontrarse ante aquella mansión donde se originaron los males que le aquejan no le produce más que frustración: lo que él busca, el amor y aprobación incondicional de su padre, no está en este faro, como tampoco estaba en las cuevas... y su frustración le impulsa a destruir esos espejos tan engañosos, igual que destruyó lleno de furia el vacío ataúd de Christian. Sólo después de dar escape a su furia destructiva, Jack se dispone a calmarse contemplando el mar... y entonces descubrimos que precisamente este resultado es lo que Jacob había pretendido conseguir ‘invitándole’ al Faro. Se ve que intenta llevar a su ‘candidato’ a un estado de ánimo determinado... de forma que él mismo ‘quiera’ hacer aquello que la isla necesita de él.
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Sin embargo, su alter ego en el x-universo no ha dudado en acudir a la casa de su niñez ante el requerimiento de su madre (dejando solo a su hijo adolescente por unas horas), para allí con ella, en la ausencia de su malhadado progenitor, descubrir algunas respuestas importantes. La perceptiva Margo le ayuda a entender por qué su hijo David se está distanciando de él, a la vez que ambos se enteran de la existencia de un miembro más de la familia, x-Claire Littleton, sin saber aún lo cerca que se encuentra la joven australiana de ellos en Los Angeles y que está a punto de dar a luz a otro nieto del difunto Shephard. (De paso, los telespectadores descubrimos que Jack no es tan dado a la bebida como en el universo en el que primero le habíamos conocido).
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David, de unos 14 años, no se lleva mucho tiempo con su desconocida tía (que tiene unos 19), ni ha estado tan separado de su padre como ella del suyo, pero sí ha heredado de x-Jack las dificultades de comunicación intergeneracionales. Aunque a éste, tras la amarga pérdida de su padre (y la desconcertante pérdida posterior de su cuerpo), le ha quedado claro lo que tiene que decirle cuanto antes a su hijo, sobre todo cuando se lleva un susto supremo al no encontrarle en casa a su vuelta. Una pasadita por la casa donde el chaval vive el resto del tiempo con su madre (¿quiso el destino que Jack hubiera conocido esta vez a Sarah unos 12 años antes o se trata de otra mujer?) le hace descubrir que David ha sido citado para una audición en el conservatorio y es allí donde, aliviado, le encuentra. Tras pasar junto al cartel que le da la bienvenida (quizás incluso desde otra dimensión, con su “Bienvenidos todos los candidatos”) redescubre el talento musical que su hijo tan celosamente ocultaba para no verse sometido en este ámbito a la presión paterna (en eso fue más listo que el bueno de Daniel Faraday, a quien vimos tocar al piano para su madre exactamente la misma pieza de Chopin), pues bastante presión sufren ya de por sí los jóvenes artistas (como comenta un elegante x-Dogen).
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Discretamente, x-Jack espera a su hijo a la salida, para abordarle con el mejor regalo que puede hacerle. Se siente muy orgulloso de él, y además sabe que lo estará siempre, pase lo que pase, de modo que le dice que nunca entenderá como fracaso nada de lo que David pueda llegar hacer. Cuando el hasta ahora esquivo muchacho le sonríe satisfecho comprendemos que la muerte de x-Christian ha tenido como resultado, en este otro universo, que x-Jack se reconcilie con su hijo y probablemente también que la familia Shephard llegue a conocer a x-Claire y quizás puedan ofrecerle su cariño además de una cierta parte de la herencia, de modo que la joven pueda quedarse sin problemas con x-Aaron. La muerte del abuelo habría surtido así un inmediato efecto positivo en sus dos nietos, pero a través de ellos también en sus padres (los alejados hijos de Christian) una vez pasado el trance de llegar a reconciliarse indirectamente con él.
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Pero aún nos queda por examinar otra (ciertamente distorsionada) versión de la relación entre Christian y Claire. La dulce rubita que perdieron nuestros ‘losties’ en la isla antes de que Ben moviera la rueda, se ha convertido en una desaliñada salvaje, a quien al parecer ‘su padre’ le hizo creer que los Otros habían robado a su bebé. Curiosamente Claire no vivió los saltos en el tiempo, como el grupo de los que volvieron a la época Dharma (ante esta anomalía la isla la ha tratado como a sus habitantes nativos, en contrapartida quizás por incluir a Juliet en el grupo de los visitantes viajeros), sino que en esos tres años ha estado trampeando por la isla y ha llegado a tener varios desafortunados encuentros con los habitantes del Templo, en uno de los cuales sufrió algo parecido a lo que le ha ocurrido hace poco a Sayid.
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Claire, cual nueva Rousseau, se ha montado un refugio en la selva, bien equipado con todo tipo de instrumentos (incluidos cartuchos de dinamita) y no duda en ocultar entre la maleza trampas para animales y personas ni en torturar a sus cautivos para averiguar el paradero de su bebé perdido. Sin embargo, a diferencia de la francesa, en vez de una cajita de música tiene una cunita con un monstruoso muñeco, y en vez de haber matado a sus compañeros por encontrarse ellos ‘enfermos’, parece estar ella ‘infectada’ y por lo mismo haberse convertido en una peligrosa amenaza con su hacha... Mientras su hermano destroza furioso los espejos del Faro con un telescopio porque no acaban de darle razón del misterio de su padre, ella (en un tono menos ilustrado y más salvaje) destroza implacable con un hacha las entrañas del pobre Justin, porque no le acaba de desvelar el paradero de su hijo.
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Y eso que el pobre Jin acaba de decirle dónde está en realidad el pequeño Aaron, aunque enseguida echa marcha atrás diciendo que era mentira al ver las inesperadas consecuencias que tiene en ella dicha revelación. Pues además de ‘infectada’ por esa oscuridad que le cambia a uno totalmente al invadirle el corazón, ha sido malamente influenciada por el que parecía ser Christian, y ahora por el que parece ser Locke. Tras amenazar de muerte a Kate, si por casualidad se hubiera atrevido a llevarse a Aaron de la isla, Claire saluda a ‘su amigo’ (que ella sabe que no es John), mientras accede a planear con Jin una entrada secreta en el templo para recuperar a su pequeñín.
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Jacob ha alejado ex-profeso a Hurley y a Jack de la batalla que se avecina en el templo, en el cual habíamos dejado a Miles y Sayid y al que se acercan presurosos Richard, Sun, Frank, Ilana y Ben. Tampoco parece que Kate y Sawyer vayan a andar muy lejos, por mucho que pasen del ‘templo maldito’, mientras ella siga en busca de Claire y él mantenga su alianza con Smocke.
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Entre todo este jaleo Hurley, reaccionando más sensatamente que otros, trata también de entender qué demonios pasa a su alrededor. Dada su sencillez y servicialidad, le es más fácil que a Jack prestarse directamente a obedecer enigmáticas instrucciones, aunque no las entienda. La menuda escritura con tinta en su brazo ha acabado formando sin que él se dé cuenta una mancha azul en su frente, que Jacob le señala solícito. El disgusto que se ha llevado Hugo por la desproporcionada reacción de Jack al romper los espejos en el faro, imposibilitando así que cumpliera su importante misión de orientar a la persona que viene a la isla, no altera para nada al impasible fantasma que le ha elegido como emisario (bueno, Jacob ni siquiera se alteró cuando le mataron). Ya sabía nuestro ‘vidente’ que se las apañaba mejor solo que en compañía del temperamental médico (a quien engatusó con el mismo estilo con el que en su día embaucó a Sawyer). Pero se ve que él también ha encontrado su nombre en la rueda y se habrá preguntado qué vería Jacob en sus espejos cuando miraba hacia el correspondiente nº 8, sin que eso al parecer le haya inducido a abordar al ‘omnisciente’ Jacob con reproches o un montón de preguntas, sino que únicamente le agradece sarcásticamente los siete años de mala suerte.
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A Hurley sólo le importa ayudar a la gente, quisiera poder avisar a Miles y Sayid del peligro que les espera y quisiera haber servido de ayuda a quienes andan buscando la isla. Pero Jacob, su particular Obi-Wan Kenobi, parece satisfecho con la tarea que le había encargado y a él le ha gustado andar por el templo y por la selva con una misión, a lo Indiana Jones, y también recordar viejos tiempos con Jack, llegando a elucubrar teorías locas sobre los esqueletos de Adán y Eva que encontraron en las cuevas. Él volvió a la isla con una funda de guitarra, sólo porque un tipo agradable se lo pidió educadamente. Esperamos que su inocencia no resulte dañada en la inminente batalla entre los ‘Losties’ que se están situando en dos bandos opuestos, los que está ‘atrayendo’ Jacob y los que está ‘reclutando’ Antijacob; ojalá sirva más bien para ayudar a discernir a sus amigos lo que está pasando verdaderamente en la isla antes de que lleguen a matarse entre ellos.