lunes, 6 de octubre de 2008

3.17. "Catch-22" (Dilema sin solución)

Desmond, Hurley, Charlie y Jin están disfrutando de una noche de camping a la luz del fuego. Mientras Hurley dora unos marshmallows, Jin cuenta una historia de miedo y Charlie rasguea su guitarra para proporcionar un ambiente tenso a la narración... Desmond, sin embargo, sólo tiene ojos para la foto que se tomó junto a Penny varios años antes y que todavía conserva. No sabe qué pensar, pero en sus visiones precognitivas ha visto recientemente que llega a la isla en paracaídas una persona que parece estar en relación con otra copia de la misma foto, ¿será que Penny viene en su busca? Ella le dijo que con determinación y dinero suficiente se puede encontrar a quien sea... (2.23).

Por desgracia en la misma serie de visiones aparece de nuevo una grave amenaza de muerte para Charlie: esta vez le ha visto morir con el cuello atravesado por una flecha en medio de la selva. Sólo que Desmond en esta ocasión no tiene nada claro lo que debe hacer. Normalmente habría tratado de evitar la muerte de Charlie sin dudarlo, pero ahora quiere que ocurra lo que predice el resto de la visión, la llegada de Penny, y no está seguro de cómo funciona esto de la precognición: quizás si evita que ocurra una parte de los acontecimientos visionados también cambiará el resto. Y, de todas formas, se supone que Charlie va a morir igual antes o después ¿no?

Nuestro pobre escocés se encuentra ante un difícil dilema, aparentemente sin solución: le gustaría hacer todo lo posible para favorecer la llegada de Penny, quien además supone una esperanza de rescate para todos sus compañeros, pero no puede dejar morir a Charlie así como así. En principio, persigue la reproducción de todos y cada uno de los momentos de su visión, en vez de evitar la situación peligrosa en su totalidad, como había hecho en los casos previos (3.4, 3.8, 3.12). Pero cuando Charlie pisa el cable que activa la ballesta para lanzar la flecha (se trata probablemente de una de las trampas que Danielle Rousseau ha dispuesto por esta parte de la isla), Desmond se apresura a salvarle la vida, aún sabiendo que esta decisión puede traer cambios imprevistos al resto de los acontecimientos esperados.

Durante gran parte del episodio nuestro protagonista agoniza ante esta cuestión clave, una y otra vez aparece ante sus ojos la fatal muerte de Charlie, y una y otra vez decide seguir adelante con el plan, arriesgando la vida del joven rockero hasta el último momento. ¿Pero tenía derecho a jugar así con la vida de un semejante, fuera cual fuese el fin perseguido?

El propio Desmond interpreta su experiencia en referencia a la historia de Abraham e Isaac, el relato bíblico en que Dios requiere a Abraham que vaya al monte Moria y le sacrifique allí a su hijo, para sólo a última hora, satisfecho por la disposición de su siervo a obedecer, enviar a su ángel desde el cielo a detener a Abraham y proporcionarle un carnero para que lo pusiera en el altar en lugar de Isaac (Génesis 22). El hermano Campbell, superior de la comunidad monástica a la que Desmond perteneció por algún tiempo, le había explicado que este relato trataba de una prueba de fe, advirtiéndole que no subestimara el valor del sacrificio.

A Abraham le parecía entender que Dios le había regalado a Isaac (nacido milagrosamente durante la ancianidad de este patriarca y de su mujer Sara) para que se cumpliera la promesa divina de que sería padre de un pueblo muy numeroso. Por eso se sentía especialmente obligado a proteger a Isaac, algo además totalmente congruente con su deber como padre. La orden de que sacrificara a su hijo le resultaba totalmente contra natura y sin embargo entendió que Dios sabía lo que se traía entre manos y prefirió confiar en él. Su obediencia le consiguió una víctima sustitutoria de su hijo para el sacrificio y el reconocimiento de Dios a su heroica fidelidad, de forma que se convertiría en modelo de fe para los futuros creyentes.

Nos es difícil entender este relato antiguo más a fondo sin algunas claves básicas de la espiritualidad israelita, pues desde nuestro esquema mental habitual nos parece totalmente incoherente que Dios pida eso a un padre, de modo que, dada la dificultad que tenemos en discernir cuándo una idea nos viene realmente de Dios, hubiéramos optado por determinar al instante que esa petición no era verdaderamente divina, sino algún tipo de autoengaño. Pero intentemos leer desde la experiencia de Abraham lo que vive Desmond en este episodio.

Nuestro protagonista escocés, con ocasión de su inminente boda con su novia Ruth, se siente inseguro de cuál debe ser realmente su destino y percibe lo que cree una llamada hacia la vocación monástica. Tras un mes de silencio con el que demuestra suficientemente su paciencia y su fe, es admitido como novicio, pero ante las primeras dificultades se refugia en la bebida y es expulsado de la comunidad. El hermano superior le comenta que esto ha sido sólo una etapa más en su camino, pero que seguramente está llamado a algo más importante, frase especialmente sospechosa cuando la dice alguien que tiene sobre su mesa una foto con la señora Hawking (3.8) (¿estaba el Universo preparándole para su misión en la isla con ese mes de silencio?) Según Campbell, nuestro futuro héroe sólo tiene que dejar de huir de las cosas pasadas (como un cobarde) y concentrarse en hacia dónde se dirige (¿el amor, el honor [2.23, 3.8]...?) De hecho, nada más salir del monasterio Desmond considerará providencial su encuentro con la joven Penelope, a la que amará para siempre desde ese primer instante. Sea cual sea su importante destino futuro (su papel de salvador del mundo en la estación Cisne [2.24] o su papel actual en la isla como vidente que debe salvar la vida de Charlie una y otra vez) la verdadera felicidad de este hombre depende de su relación con Penny, por lo que podemos considerar que es esta persona la que le ha sido regalada por Dios como señal de una promesa divina que algún día alcanzará su plenitud. Penny es la persona que cumple el papel de Isaac en la vida de Desmond.

Sin embargo nuestro ex-monje (quien tampoco se aclaraba mucho con el relato bíblico que comentamos) ha recibido unas visiones en las que muere Charlie y aparece una persona venida del cielo. Los ‘perdidos’ no hablan a menudo de la voluntad de Dios, pero sí del destino, de aquello que ‘se supone’ deben hacer. Desmond entiende en esta ocasión que debe conseguir que se cumpla todo lo que ve en las visiones, aunque en los demás casos ha entendido claramente que debía impedir que ocurriera lo que aparecía en ellas. Su entendimiento está percibiendo las cosas de manera algo sesgada debido a su implicación con Penny. Ha optado porque lo que ‘se supone’ que debe hacer en este caso es favorecer su reencuentro con su novia en la isla, y por lo tanto todo lo demás que esto conlleva en las visiones. Es probable que esté malinterpretando de raíz desde el principio su particular ‘orden divina’.

Desmond prepara su viaje a Moria llevándose a todas las personas y objetos que considera necesarios para su misión, ocultando a Charlie su previsible papel de víctima (como Abraham a Isaac, quien en vista de los preparativos preguntó a su padre cuál sería la víctima del sacrificio y éste le contestó: “Dios proveerá”). Pero llega un momento en que nuestro protagonista se da cuenta de que la persona que esperaban está en peligro, ya que ha saltado en paracaídas desde un helicóptero averiado y se halla en un lugar desconocido en la selva. Desde el primer momento su misión ha sido encontrarse con la anhelada visitante y si fuera necesario ayudarla, pero ahora teme por la vida de esta persona que ha caído del cielo, y lo único que desea es encontrarla. Este es su deseo primordial y es el que verdaderamente va a ponerle a prueba: ¿será capaz de sacrificar el reencuentro con su amada, su futura felicidad, el sentido de toda su vida, a la propia Penny si fuera necesario? ¿Es Charlie la víctima sustitutoria que se le ofrece en el camino a cambio? Y contra todo pronóstico el bueno de Desmond demuestra que, llegado el momento, es capaz de sacrificar a Isaac. Su sentido de solidaridad o casi de fraternidad con sus compañeros –principalmente con Charlie que por su especial vulnerabilidad ha sido confiado a su cuidado– le obliga a traicionar su idea de mantener intactas las visiones, a arriesgarse a la posibilidad de cambiar el resultado final de su misión, acudiendo en auxilio del joven músico en el último momento para evitar que la flecha de Rousseau lo atravesase. ¿No ha aceptado Desmond la víctima sustitutoria que se le ofrecía por el camino? ¿O es que, por el contrario, el enviado del cielo no llegó a tiempo para evitarle la horrible decisión de si dejaba o no morir a Charlie?

Él entiende que si salva a su amigo puede estar poniendo en peligro a la persona que viene, desde la lógica de que en todo caso es necesario un sacrificio (también Locke tras sus premoniciones del episodio 1.19 entendió que la isla necesitaba el sacrificio de Boone). Quizás la única forma posible de evitar de una vez las visiones de Charlie muriendo, es que alguien muera en su lugar ¿o no sería mejor después de todo que muera él mismo, como requiere el destino, en vez de cualquier otra persona? En su mente Desmond cree que al avisar a Charlie para que se agache puede estar condenando a Penny y es por ello por lo que su acción es tan valiosa. Es claro que Desmond no estaba empuñando un cuchillo para matar a su novia, sino que realizaba la acción mucho más lógica de salvar a la persona que tienes a mano en vez de la que no sabes seguro si está en peligro o no. Pero debemos tener en cuenta la elevada confusión que sufre su psiquismo y la extrema dificultad de juzgar si hace lo correcto o no, intentando corregir una y otra vez el destino. Es una pesada carga la que ha caído sobre sus hombros: cuando uno sabe el futuro y tiene la posibilidad de cambiar lo que pasa, ¿qué es lo que debe ser cambiado?, ¿cómo saber si no está cambiando las cosas para peor? Es fácil decidir si lo que está a punto de ocurrir es la muerte de alguien y te es posible evitarla, pero ¿y si los acontecimientos están de tal modo encadenados que esa muerte venía a ser un mal menor?

El atribulado vidente de la isla decide en este caso esperar a que los acontecimientos se desarrollen y sólo en el último instante evita la muerte de Charlie, de modo que el cambio producido en la cadena de eventos resulta el menor posible. Pero cuando acude al rescate de la paracaidista se siente responsable de cualquier mal que haya podido ocurrirle. Entre otras cosas, la joven que es descolgada del árbol y despojada de su casco resulta no ser Penny, aunque sí alguien que reconoce inmediatamente a Desmond. ¿Será que el ‘destino lostiano’, satisfecho con el sacrificio de su fiel vidente, ha proveído una víctima que sustituyera a la verdadera Penny?

Mientras tanto, ajenas a tan transcendentales acontecimientos y decisiones, varias personas expresan en la playa su asombro de encontrarse de nuevo a salvo en ‘casa’ y de que todo esté tranquilo. (Tras la vuelta de la expedición de rescate [3.16], al grupo le falta aún Locke, pero éste le dijo a Kate [3.15] que se iba con los Otros por voluntad propia, por lo que nadie cree necesario acudir en su busca). Juliet sigue levantando sospechas, pero se le ha concedido establecerse en la playa sin más preguntas por el momento. En estas circunstancias Sawyer se acerca a la tienda de su pecosa para calibrar cómo se encuentra su relación con ella y si Jack ha sido informado de la misma. Kate le asegura que el doctor sabe de esta relación, pero no parece muy entusiasmada con la prospectiva de seguir activamente emparejada. Sin embargo, tras constatar cómo Jack recurre una y otra vez a la compañía de Juliet, la muchacha opta por acostarse de nuevo con Sawyer y dar de esta manera continuidad a la relación que inició con él entre las rejas de su prisión (3.6). La indecisa joven ha tanteado sus posibilidades y ha elegido finalmente una pareja entre los dos candidatos, por mucho que a Sawyer pueda decepcionarle esta manera de selección que suena a un resignado premio de consolación. El rubio sureño tiene a su favor que esta vez ha podido ganar a su rival al ping-pong, después de perder contra él tan penosamente al póker (2.17), aparte de haber conseguido quitarle por fin a la chica, aunque sabe que probablemente el corazón de ésta suspire aún por el doctor.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- El sacrificio de Isaac representa el sacrificio máximo que se puede pedir a una persona, que renuncie a aquello que da el máximo sentido a su vida, con tres agravantes: 1. se trata de la muerte de un ser especialmente querido; 2. más en concreto de la muerte de un hijo que constituye la única esperanza de su padre; 3. es además un especial regalo divino, portador de una promesa por la que se ha apostado todo. Que Dios le pida a uno aquello que Él mismo le ha regalado y prometido llevar a plenitud es una prueba capaz de trastornar los más profundos fundamentos de fe. El relato de Abraham e Isaac en Moria es capaz de iluminar por tanto las experiencias más oscuras de un creyente. Cuando una persona se ve en la posibilidad de ser privada de aquello que fundamenta su propia fe, es invitada por este relato a esperar más allá de toda esperanza. A confiar en el Dios que está más allá de toda prueba de fe.

El propio fin del relato desautoriza la posibilidad de que uno entienda que Dios puede obligarle a sacrificar a otra persona matándola con sus propias manos, o incluso a sacrificar a sus propios hijos. Sabemos que ésta fue una terrible costumbre de algunos pueblos antiguos, y es probable que este pasaje bíblico sea la respuesta israelita para impedir que se siguieran cometiendo tales crímenes. El creyente por tanto se siente inclinado a entender en este relato que el sacrificio requerido es símbolo de una desgarradora renuncia, a la que Dios en última instancia concede sentido.

Sin embargo, por desgracia, muchas personas se ven obligadas a matar a semejantes en defensa de algún bien mayor, como cuando un policía debe impedir que un asesino siga adelante con sus planes. En el terrible caso de que alguien se vea obligado a poner en peligro a una persona muy querida, por alguna razón superior (vemos a menudo casos de éstos en series y películas, pero por desgracia ocurren también en la vida real), la fe le recuerda que Dios no va a abandonarles nunca ni a él ni a la persona en peligro, aún más allá de la muerte. La fe cristiana ha relacionado especialmente el sacrificio de Isaac con la cruz de Cristo, a la hora de interpretar el significado de esta muerte: Dios se exigió a sí mismo más que al propio Abraham y permitió que su Hijo unigénito muriera en sacrificio por amor de toda la humanidad. Ante cualquier víctima humana del crimen más horrendo, sabemos que, aunque Dios no proveyera a última hora de un carnero para sustituirla, se ha encontrado en todo momento tan cercano a ella como lo estuvo de Cristo en la cruz y le concede igualmente la Vida con Él en el cielo. No entendemos por qué permite estas muertes, pero sí sabemos que ama a las víctimas con el mismo amor que a su Hijo.

- En el mundo ‘lostiano’ no acabamos de saber si la isla o el monstruo exigen de vez en cuando sacrificios humanos o si el universo ha decidido que muera Charlie, haga Desmond lo que haga. Muchos de los ‘perdidos’ rechazarían este tipo de explicaciones, pero los pobres de entre ellos que están experimentando extrañas visiones o milagros hacen lo que pueden por entender qué es lo que ‘se supone’ que deben hacer, en ese orden superior al que parecen estar sometidos. La experiencia excruciante de Desmond en este episodio le obliga a buscar una orientación interna para manejarse en un universo del que no conoce bien las reglas, en un mundo donde recibe visiones precognitivas. Debido a su formación cristiana ante este intricado dilema entre la vida y la muerte le viene a la cabeza la idea de la ‘prueba de fe’ de Abraham. Pero él no está intentando creer en la isla ni seguir las indicaciones del ‘destino’. Hasta ahora ha estado intentando hacer lo correcto según sus propios valores aprendidos previamente en el mundo real, sin importarle demasiado la voluntad de ese ‘universo’ capaz de corregir toda desviación a sus designios (3.8). Este episodio es el primero en el que casi se engaña, tratando de encontrar una lógica distinta que le permitiera justificar algo que se veía tentado a hacer, pero que su moral no le permitía. Finalmente, sin embargo, en Desmond vence el ‘hombre bueno’ que vio en él desde el principio su novia Penny (3.8): no va a permitir que muera Charlie, a pesar de que en esta ocasión la decisión de salvarle le resulte extremadamente dificil.

Para nuestra reflexión personal queda la pregunta de si alguna vez hemos intentado justificar con alguna lógica alternativa una decisión que no nos acababa de dejar tranquilos en conciencia. Si ese es el caso, tratemos de valorar la cuestión con toda sinceridad, en congruencia con la forma de pensar que estimamos más consistente. Pues no da lo mismo, cada decisión tiene sus consecuencias. Y si no entrenamos bien la conciencia, cuando llegue una situación realmente complicada y oscura será fácil dejarnos arrastrar por la primera idea que nos aporte alguna pequeña pista, por errónea que sea.

Amparo

3.16. Uno de los nuestros

Juliet camina entre furibundas miradas de sospecha hacia un campamento en la playa donde supone que no va a ser bienvenida. Sólo Jack está de su parte, pues el médico se siente solidario con esta joven que desea salir de la isla tanto como ellos y que ha sido aparentemente abandonada por lo suyos. Ella, nerviosa por tener que afrontar la hostilidad de los que hasta ahora han sido sus enemigos, recuerda la ingenuidad con la que hace más de tres años dejó a su hermana en Miami para aventurarse a viajar a un lugar desconocido, sólo porque le aseguraban que allí podría poner en juego su extraordinario don para llevar vida allí donde reina la esterilidad. Desde que tomó aquella decisión ha vivido en la isla, inmersa en la comunidad de los Otros... hasta ahora.

Juliet confió en los amables científicos de “Mittelos Bioscience” (Richard Alpert y Ethan Rom) hasta el punto de aceptar ser llevada inconscientemente a ese lugar tan especial. A su llegada a su destino, en el muelle al que fue llevada en submarino, la esperaba Benjamin Linus, ansioso de empezar a ver los frutos del trabajo de esta brillante investigadora. Pero tras los primeros seis meses acordados Juliet no había logrado dar con el remedio para las muertes de las embarazadas en la isla. Pues resulta que las misteriosas características curativas de este lugar resultan extrañamente contraproducentes en caso de embarazo, de forma que los Otros deben enterrar una y otra vez a aquellas de sus mujeres que se atreven a esperar un bebé. La doctora diagnosticó que el problema estaba relacionado con el momento de la concepción, pero al solicitar que se dejara a sus pacientes salir de la isla, sólo obtuvo una negación rotunda de Ben a que nadie saliera de allí, incluida Juliet.

Angustiada por la infructuosidad de su empeño –por tener que ver morir a tantas mujeres que habían confiado en ella– e impaciente por atender a su hermana cuyo parto se acercaba, Juliet pidió volver a Miami, pero Ben le hizo saber entonces que la vida de Rachel se encontraba en peligro por una nueva recaída en su enfermedad. Ben estaba dispuesto a prometer que el misterioso Jacob la curaría del cáncer si Juliet accedía a continuar su tarea en la isla. Y de nuevo la abnegada doctora volvió a confiar en uno de los Otros, hasta descubrir dos años y medio después que el propio Ben estaba aquejado por un tumor. Llena de amargura teme haber sido engañada y manipulada todo este tiempo mientras que su hermana probablemente haya muerto, sentimiento que explica las lágrimas ante el espejo en el primer momento en que se nos dio a conocer este personaje (3.1). Más tarde ese mismo día, el mismo en que los Otros desde su poblado situado en el corazón de la isla ven caer del cielo el desafortunado vuelo 815, a Juliet se le permite ver en los monitores de la estación LLama a su hermana Rachel y a su nuevo sobrinito Julian, por lo que, aunque bastante aliviada, su deseo de salir de la isla se acentúa enormemente. Ben le niega nuevamente en esta ocasión la vuelta a casa mientras expresa su esperanza de que entre los supervivientes del vuelo se encuentre alguna embarazada para continuar con la investigación.

Juliet, ayudada por Ethan (1.10, 2.15), investigó de hecho el embarazo de Claire, caso especial que proporcionaba datos nuevos al no haber sido concebido Aaron en la isla. Sabemos también por otros episodios que Ben aprovechó la supervivencia de un cirujano espinal entre los pasajeros del avión estrellado, para, sometiéndose a su bisturí (3.6, 3.7), deshacerse del temido tumor y prometiendo con ocasión de esta intervención quirúrgica a ambos doctores, Jack y Juliet, que les dejaría salir de la isla. Pero esta posibilidad voló por los aires junto al submarino de los Otros por obra de John Locke (3.13) hace sólo un par de días.

Tras este recorrido, la idea es que ahora Juliet, sin posibilidad de salir de la isla pero habiendo sido castigada con una ignominiosa marca por los suyos (3.9) y finalmente abandonada por ellos (3.15), sea acogida por el grupo de supervivientes bajo el amparo de Jack. Pero esta idea es sólo un artificioso plan de Ben para infiltrar a una agente suya en el campamento de la playa; plan diseñado desde bastante tiempo atrás, ya que se complementa perfectamente con la activación de un implante que habían colocado en Claire un par de meses antes, mientras la joven australiana estuvo secuestrada (1.11, 2.15).

Una ingenua doctora dejó Miami deseando cumplir su sueño de poder dedicarse plenamente a investigar en favor de la fertilidad en un contexto en el que fuera suficientemente reconocida y respaldada. La mujer que se acerca ahora a la comunidad de los supervivientes del vuelo siniestrado ha fracasado en su investigación principal en la isla, habiendo visto morir a todas sus pacientes (salvo Claire), ha sufrido la pérdida de su compañero Goodwin (con quien la vemos en cama dos noches antes de que éste corriera al encuentro de los supervivientes de la cola, entre quienes encontró la muerte, 2.7), ha matado a su compañero Danny (3.7), conspirado para matar a su jefe Ben (3.5), amenazado y herido a Jack, Sawyer y Kate (3.1-3.7) –hasta decidirse a liberar a estos dos últimos (3.7) y a hacer amistad con el primero (3.9)– y finalmente ha engañado y manipulado a Kate (3.15) para intentar ganarse su confianza. Con este bagaje a sus espaldas y su sueño imposible de volver con su hermana y su sobrino a Miami, Juliet intentará integrarse en la nueva comunidad por medio de la manipulativa curación de Claire, pero manteniéndose vinculada a los requisitos de Ben en una difícil posición de espía. Se trata de una mujer frustrada y desengañada, pero dispuesta a sacar fuerzas de flaqueza para afrontar los interrogantes de Sayid, las suspicacias de Kate y la frialdad de los demás supervivientes, que no están muy por la labor de recibirla con los brazos abiertos.

La mañana discurre con normalidad en la playa (salvo una cierta indisposición de Claire), cuando, mientras se preparan el desayuno, los supervivientes descubren que se acerca al campamento su querido doctor, al que echaban de menos desde hacía más de dos semanas. El corazón de Sawyer queda en suspenso por unos segundos hasta que tras la figura de Jack puede entrever la de su amada Kate, aparentemente sin daño alguno (aunque algo sucia por no haberse podido cambiar desde que se revolcó por el barro durante su aventura con Juliet en la selva, 3.15). Se prodigan saludos y abrazos a los recién llegados, incluido Sayid, hasta que la alegría general queda agriada por una pregunta de Sawyer. “¿Qué hace ella aquí?”, exclama el sureño, sumamente sorprendido de que haya acompañado a sus amigos la inflexible guardiana que conoció durante su prisión en la estación Hydra.

Hurley comunica sutilmente a Juliet la suerte de Ethan (1.15); Sun y Jin la tratan con desprecio; Sayid y Sawyer conspiran para hacerla hablar; pero Charlie es de los pocos que no puede pararse a pensar en la novedad que supone la recién llegada, pues sólo le preocupa que deben curar a Claire, quien presenta síntomas alarmantes. Sin embargo se encuentra poco después ante la seria decisión de tener que permitir que la doctora Otra sea la que inyecte a su amada. En las difíciles horas de espera, agarrado por una mano al bebé y por otra a su madre, se atreve a esperar que todo va a salir bien, y recibe finalmente con una sonrisa radiante el despertar de la enferma ya curada. Esta curación hace que los ánimos finalmente se calmen y se permita a Juliet establecerse en el campamento (me pregunto por qué no dejan a los nuevos las cabañas que han dejado libres los que han muerto recientemente, como Nikki y Paulo, en vez de tener que construirse cada uno una cabaña nueva).

Juliet ha resuelto su situación entre los supervivientes por el momento, pero la gente sigue haciéndose muchas preguntas y las sospechas se elevan hacia ella y hacia Jack. Estas dos personas estuvieron a punto de abandonar la isla hace un par de días, ¿buscaban entonces sólo su propio rescate o también el de todos los demás? ¿y ahora, se sigue preocupando Jack por el bienestar del grupo o sólo por el de su nueva amiga? Conocemos a Jack y se nos hace difícil pensar mal de él, pero está arriesgando su situación de líder respetado en el campamento por su protección incondicional a Juliet. ¿Se sentirá la doctora atraída hacia el bando de los supervivientes como respuesta a la generosidad de Jack, o más bien se verá éste obligado a traicionar a los suyos por su solidaridad con ella? ¿Cuál de los dos bandos enfrentados en la isla puede decir con propiedad que Juliet es “uno de los nuestros”?

Mientras tanto, Locke por su parte se ha internado paralelamente en el bando de los Otros. Veremos en qué queda este intercambio de Locke por Juliet, personajes ambos altamente impredecibles.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- La apocada doctora que a su llegada a la isla desde Miami apenas podía andar debido a sus altos tacones y su falda estrecha, fue siendo obligada poco a poco por la dureza de la vida insular a desistir de los diversos aditamentos, aspiraciones y apegos que se había traído consigo desde la civilización. Con su brillante inteligencia aprendió con prontitud a defenderse y sobrevivir entre manipulaciones y engaños hasta convertirse en un miembro respetado de su comunidad, pero sintiéndose cada vez más desgraciada. La joven que empezó la temporada llorando angustiada y rebelándose en su club del libro frente a Ben (3.1), acabará una y otra vez doblegándose a la voluntad del manipulador líder de los Otros, que siempre sabe qué fibra debe tensar para conseguir su colaboración. Juliet, separada de los suyos, ha sido desestructurada en su escala de valores y se siente tan ‘perdida’ que ahora sólo quiere salir de la isla por el medio que sea. Pretende escapar de una situación que la ha cambiado, llevándola a cruzar límites que nunca hubiera querido cruzar. Parece que la doctora intenta una y otra vez una huída hacia adelante, tratando de escapar como sea de Ben, sin importarle ya medio alguno, puesto que ya ha aprendido incluso a matar. Si este personaje puede encontrar alguna redención en la isla será volviendo a revivir su sentido de la solidaridad con sus semejantes y una generosidad incondicional, similar a la que tan ejemplarmente (aunque quizás de forma algo ingenua) le está mostrando Jack.

- Por parte de los demás es lógico el comportamiento suspicaz, resultando especialmente irónica la reprimenda que echa Juliet a Sayid y Sawyer por querer arrogarse el papel de jueces morales ante ella. Ciertamente el torturador y el asesino estafador deberían pararse a reconocer en su nueva compañera a otra persona que se ha visto llevada moralmente más allá del límite, al igual que ellos, por unas desfavorables circunstancias. En ningún caso las circunstancias justifican los crímenes realizados, pero sí hacen de algún modo comprensible que Sayid accediera a la tortura (ante un superior desalmado, 2.14) y Sawyer al asesinato (engañado y cegado por el odio a la persona que destrozó su familia y su infancia, 1.16). Si les fuera posible dejar a un lado la rivalidad entre los dos bandos de la isla, les sería más fácil a estos dos ‘perdidos’ reconocer en la recién llegada a una más como ellos, a “uno de los nuestros”.

Amparo

lunes, 21 de abril de 2008

3.15. Dejada atrás

A Kate no le han salido las cosas como tenía previsto, quería rescatar a Jack y se encuentra con que ha estropeado el plan de éste para salir de la isla (aunque ha sido más bien culpa de Locke). También en su pasado se encontró en una situación en cierto modo similar: quiso liberar a su madre de un fatídico marido pero su madre no sólo no le agradeció semejante iniciativa (marcada por una cierta tendencia pirómana-asesina) sino que se distanció para siempre de ella acusándola ante las autoridades (2.9). En ambos casos, en su proceso de superación de semejantes fracasos se encuentra acompañada por otra mujer con quien comparte temporalmente su destino, ya sea de forma forzada (Juliet) o voluntaria (Cassidy).

Una vez capturada en el poblado de los Otros (3.13), Kate ha sido encerrada en una habitación y, mientras se pregunta qué estará haciendo Jack, recibe una visita de Locke, que viene a despedirse de ella. Éste le comunica que Jack no ha podido irse al fin, pero que la comunidad de los Otros sí que emprende un viaje. Ben ha invitado a John a acompañarlos y ha especificado que no quieren llevársela a ella por lo que le hizo a su padre. Poco después de despedirse su visita, la joven ve a través de su ventana cómo los habitantes de los barracones hacen el equipaje y se proveen de máscaras, mientras que, como regalo de despedida, le lanzan un bote de gas narcótico. Cuando despierta se encuentra en la selva y de nuevo esposada (con lo que ella odia las esposas), pero esta vez la que comparte este fastidioso instrumento de retención con ella es Juliet, la rubia Otra que actuó como firme guardiana durante su cautiverio con Sawyer en la Hydra (3.2, 3.4, 3.6), hasta que al final los ayudó a marchar (3.7), y que últimamente parece tan cercana a Jack (3.13).

Juliet afirma en un principio no saber nada de por qué están las dos al aire libre y así vinculadas, cuando su último recuerdo es parecido al de Kate: un bote de gas irrumpiendo en su casa. Aunque Kate desconfía de ella no tiene más remedio que apechugar con esta indeseada compañera de desventuras, dispuesta a imponer con la fuerza bruta su deseo de volver al poblado Otro, donde supone que aún estarán Jack y Sayid. El monstruo isleño interrumpe la pelea de las dos mujeres obligándolas a refugiarse en el interior de un árbol, mientras a modo de advertencia les prodiga unas extrañas ráfagas blancas de luz. Sólo la descomunal amenaza que este misterioso ente supone para ellas ha conseguido un instantáneo acuerdo entre las dos rivales: correr juntas para preservar su vida.

El brazo dislocado de Juliet consigue suscitar en Kate un cierto arrepentimiento por su brutal agresión y un incipiente deseo de colaboración, para evitar mayor sufrimiento a su compañera-rival (sobre todo porque si está demasiado hecha polvo no podrá caminar tan ágilmente con ella de vuelta al poblado). Y, como era de esperar, acaban aflorando en la agria conversación sus diferencias mutuas con respecto a Jack. Juliet no duda en informar a Kate de que ha roto el corazón del joven médico al entregarse sexualmente a Sawyer (momento que fue oportunamente recogido por una cámara y reproducido en una pantalla, 3.6) y que ésta sería la razón principal por la que él le pidió que no volviera nunca a buscarlo (3.7). Kate, dolida por esta revelación, se siente culpable de la posible decepción sufrida por el amigo que tanto se sacrificó para salvar su vida, y empieza a creer que verdaderamente Jack hubiera preferido que no viniera a rescatarle. Su tristeza se agudiza cuando Juliet alardea de que sabe muchas más cosas sobre su amigo que ella, aunque sólo se han conocido durante un par de semanas, mientras que nuestra pecosa ha convivido con él por más de dos meses. Pero antes de poder percatarse de cómo esta nueva información afecta a la relación entre las forzadas compañeras, los rugidos del monstruo las instan otra vez a emprender unidas una veloz carrera, superando como pueden sus rivalidades en medio del fango hasta, totalmente embarradas, dar de bruces con sus irreconciliables diferencias ante la barrera sónica.

El mortal dispositivo que alberga esta línea de defensa repele al monstruo y al mismo tiempo revela las mentiras de Juliet: en contra de lo que había afirmado anteriormente ella tenía una llave para abrir las esposas y sabía algo de la abominable criatura, ya que activa la barrera de seguridad y se queda esperando junto a ella, sin pestañear siquiera, a que el monstruo se vaya. Kate, encolerizada por el engaño del que ha sido víctima, pide explicaciones a Juliet y la llave para quitarse su parte de las esposas. Sin embargo es consciente también en cierto modo de que su odiada rival acaba de salvarle la vida (cuando el humo negro se acercaba amenazante, aunque podía perfectamente haberla dejado al otro lado de la barrera Juliet insistió a Kate para que la cruzara). La explicación de Juliet tiene cierto sentido: le mintió para dar ocasión a que se generara un cierto compañerismo entre las dos al verse relegadas a una misma situación. La rebuscada maniobra, aún si llegáramos a admitir que fue bienintencionada, no deja de ser una auténtica manipulación.

Ya de vuelta en el poblado Otro, Kate despierta a Jack, que aún se encuentra inconsciente bajo los efectos del gas, e intenta ponerle al día, pero se ve abrumada por la culpabilidad de haberle hecho sufrir y haber estropeado sus planes. Nos muestra así que, gracias a la insidiosa rubia, nuestra protagonista ha asumido completamente una culpa que no le corresponde y la idea de que a Jack verdaderamente no le alegra verla. Para colmo de males, el doctor sólo sabe preguntar por Juliet, con la intención de invitarla sin rodeos a volver con ellos a la playa. Aunque la doctora, para ganarse la confianza de los ‘perdidos’, alega haber sido “dejada atrás” por los suyos, está presentando de hecho una inteligente jugada que le ha permitido “dejar atrás” a su rival en todos los frentes.

Kate se ha encontrado de nuevo ante la desazón de que todos sus esfuerzos por ayudar a una persona amada hayan sido totalmente malinterpretados, produciendo el alejamiento afectivo de esa persona. En el caso de Jack, el problema es que éste viera en un monitor algo que ella hubiera debido explicarle antes, pues se trata de una forma muy dolorosa de acabar con las ilusiones de un hombre enamorado. Pero en el caso de Diane, la muchacha sencillamente no debió matar al hombre que su madre amaba, pretendiendo además que era una forma de quererla y protegerla. Matar a su padre a sangre fría, aunque fuera por defender a una víctima de maltrato, fue un error lo suficientemente grave como para romper en añicos el amor de una madre. Es cierto, como dice Diane, que no lo hizo realmente por ella, sino por una insana necesidad que sentía de acabar con él como hija desengañada (2.9). Diane, en esta ocasión, a pesar de todo encubre a su hija, pero la avisa de que es la última vez que va a ocultarla ante las autoridades. En el caso de Jack, el error de Kate fue herir los sentimientos del doctor por amar a otra persona. Un crimen mucho menos grave, pero por el que vemos a la joven dolerse, más arrepentida de lo que nunca estará por haber matado a Wayne. Si tenemos en cuenta que Sawyer le recordaba en cierto modo a su odiado padre (2.9), vemos cómo esa ‘relación’ sigue envenenando su vida, haciéndola sentirse siempre culpable, quizás hasta que sea capaz de aceptar su verdadera culpabilidad en el terrible crimen que cometió.

Curiosamente es en los flashbacks donde Kate va a descubrir una verdadera aliada, que la comprende y desea lo mejor para ella, comprometiéndose a fondo para ayudarla, precisamente cuando buscaba en vano un apoyo semejante en su madre. Cassidy adivina enseguida que la muchacha que le echa un cable en la gasolinera sólo pretende evitar que acuda la policía. Sin embargo, agradecida, se ofrece a ayudarla, quizás porque tras su desengaño amoroso con Sawyer (2.13) necesita ese compañerismo, tener a alguien en quien poder confiar. ‘Lucy’ acepta la oferta de ayuda de su nueva amiga para conseguir hablar unos momentos con su madre, llegando a confiarle al final su verdadero nombre y hasta un extraño consejo con respecto al hombre que la engañó y que sin embargo ama: “denúncialo a la policía”. En labios de Kate es toda una ironía: si un tipo te ha engañado dime su nombre para que hagamos algo al respecto, pero si aún lo amas, llama a la policía y que lo encierren. Como diciendo, es lo que hizo mi madre conmigo y no podré nunca perdonarla, por lo que creo que es la mejor venganza. A pesar de la ironía, el consejo de Kate fue probablemente muy bueno, pues sólo así consiguió Cassidy acercarse de nuevo a él –teniendo ya saldada la cuenta que tenían pendiente– y decirle que tenía una hija suya, lo que permitió a Sawyer actuar al respecto (3.4). Si Sawyer hubiera seguido libre, Cassidy no hubiera podido acercarse a él más que humillándose, haciéndole ver que a pesar de que la timó es tan tonta que sigue enamorada de él. Encerrarle en la cárcel fue su forma de ponerle en su sitio y hacerse respetar, y de alguna forma constituye una venganza, sin ser demasiado cruel. Al contrario que en el caso de Kate, Sawyer había actuado conscientemente en contra del bienestar de Cassidy por lo que, aunque le disgustara la cárcel, tenía que admitir que ella estaba en su derecho de denunciarle. Algo que Kate nunca perdonó a Diane.

Y ese mismo tipo al que en el flashback su ex-novia no sabe si querer u odiar, si perdonarle o castigarle, es el que en la playa de nuestra misteriosa isla sigue inspirando similares cuestiones a sus convecinos. Le tienen cierto aprecio por ser uno más del grupo, pero a veces no pueden soportar su manera de ser tan despectiva, sarcástica y egoísta. Las sospechas levantadas con respecto a las muertes de Paulo y Nikki (3.14), sumadas a su mala jugada en el 2.13 (especialmente inolvidable para Sun) y otras historias previas, generan un mal rollo en el campamento que James no puede dejar de percibir y que Hurley aprovecha en jugada magistral para impulsarle a ser más considerado. Sawyer cae en la trampa del ingenioso Hugo, quien nos muestra un ejemplo de manipulación efectiva, aunque totalmente altruista. Presentado en semejanza a un proceso político de elecciones, Hurley aconseja al inexperto James los movimientos más importantes para ganarse la confianza y el cariño de sus compañeros y evitar así el supuesto destierro. Finalmente descubrimos que la estrategia política no iba en absoluto descaminada, pues lo que el orondo asesor ha tenido en mente desde el principio es proveer al grupo de un nuevo líder, para el caso en que el regreso de los otros cabecillas previamente establecidos en la comunidad se retrase demasiado.

Kate trata de conseguir aceptación y perdón sin conseguirlo, tanto en su pasado como en su presente en la isla, salvo por la admirable ayuda que le proporciona Cassidy, mientras que Sawyer, que ni siquiera lo pretendía, consigue aceptación entre sus compañeros gracias a la desinteresada y benevolente insistencia de Hurley, quien sin deberle nada a tan desagradable compañero, se ha propuesto convertirlo en alguien decente.



Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

Un interesante tema que este episodio nos ofrece para reflexionar es cómo las dificultades y peligros vividos en común catalizan una cierta alianza. El ejemplo más claro es el que brinda la amistad surgida entre Kate y Cassidy, modelo de lo que Juliet pretende a su vez con Kate. Tenemos sin embargo como contrapunto el caso de dos mujeres que debían amarse y ayudarse y sin embargo se han convertido en enemigas de facto: Kate y su madre.

- Cassidy sentía cierta atracción por la delincuencia y pidió a Sawyer que la enseñara a estafar al personal (2.13), siendo finalmente estafada por él. Cuando, algún tiempo después, ve a una joven que lo pasa mal con la ley, inmediatamente se siente identificada y se muestra dispuesta a ayudarla, como agradecimiento por la complicidad demostrada por ‘Lucy’ y porque quisiera creer que es posible ese tipo de camaradería con otras mujeres, apostando por que al menos a una de ellas debería irle bien. Es extraño que entre delincuentes la amistad y la fidelidad pueda mantenerse mucho tiempo, pues se crea un cierto conflicto de intereses como el que le surgió a James. Pero entre Kate y Cassidy se ha creado ese lazo de amistad que ambas añoraban y cada una ha sido capaz de ofrecer lo mejor de sí misma para ayudar a la otra.

- Es mucho más difícil que Kate intime con Juliet, pues existe una historia previa que las ha puesto en campos rivales. La doctora pertenece al grupo de personas que encarcelaron a la pecosa obligándola a picar piedras, que torturaron a Sawyer y la separaron de Jack. Juliet puso una pistola en la frente a Kate (3.2) y un saco en su cabeza (3.6), aunque finalmente cuenta a su favor con haber matado a su propio compañero Pickett para liberarlos (3.7), hecho este último que no deja de ser motivo de desconfianza. Si aún supuestamente pudiera Kate aceptar que finalmente están las dos en el mismo bando, se alza inmediatamente entre ellas la rivalidad amorosa por el interés de ambas en Jack. La fugitiva no puede dejar de observar una excesiva camaradería entre ambos doctores, sintiendo además que no puede hacer nada al respecto, ya que su relación con Sawyer parece haber cerrado para siempre la posibilidad de acceder al corazón de Jack. En estas circunstancias ni siquiera encontrarse perdidas y esposadas juntas en la selva va a hacer que Kate acoja como amiga a su rival. De hecho la golpea más de una vez para hacer prevalecer su opinión, a pesar de darle la bienvenida al “mundo de los que no saben lo que pasa” y creerse a medias que se trata de una pobre Otra abandonada por su gente. Sólo el misterioso monstruo, probablemente el peligro más grande al que podrían ser expuestas en la isla, puede hacer que estas dos mujeres colaboren, aún sin que cese en ningún momento la extrema rivalidad. Juliet salva de nuevo a Kate, pero su insidiosa mentira y su calculada manipulación harán que ésta mantenga enormes recelos hacia la nueva compañera.

- Kate está actuando en el fondo de forma parecida a su madre. Diane nunca podrá perdonar que su hija matara al hombre que ella amaba. Aún quizás si ésta le pidiera perdón, podría intentarlo, pero no es el caso, sino que la joven asesina se acerca desafiante a su acusadora madre, consiguiendo tan sólo mancharla (como símbolo del daño que le hace con su mera presencia). Estas dos mujeres sufrieron juntas las dificultades de vivir con un borracho y maltratador, pero esto no las unió sino que las separó para siempre, ya que sus reacciones ante el problema fueron opuestas: Diane siguió amando al hombre que Kate aborrecía. Wayne se ha convertido en el obstáculo que las separa. El amor de Diane por Wayne, el hombre que la pegaba, es tan inexplicable para Kate como el amor de Cassidy por Sawyer, el hombre que la timó. Sin embargo ella también llegará a enamorarse de este mismo Sawyer, a pesar de despreciarlo en un primer momento, y no podrá perdonar a aquellos que le hicieron sufrir. De este modo el deseo de Juliet de hacerse amiga de Kate acaba reflejando la necesidad sentida por Kate de que Diane la aceptara a pesar de su crimen.

- Y si Wayne es el que separa a Diane de Kate, Jack es el principal motivo de rivalidad entre Kate y Juliet. La atracción que sienten estas dos mujeres por el joven doctor las enfrenta entre ellas. Y mientras que Cassidy y Kate se aconsejan mutuamente para salir mejor adelante, las rivales de la isla sólo sabrán sacarse mutuamente los trapos sucios hasta cubrirse literalmente de barro. Ensuciadas por su rivalidad mutua (al igual que Kate y Cassidy ensuciaron a Diane) estas mujeres requieren del perdón y aceptación de Jack para salir adelante airosas, para recuperar su capacidad de acercarse a los demás limpiamente. Jack puede ver, más allá de toda suciedad externa, la situación de desamparo de Juliet, pero no llega a aceptar las disculpas de Kate, dejándola por tanto abandonada en su culpabilidad. La suciedad de Kate refleja por tanto la tendencia a culpabilizarse en extremo que acompaña a la joven fugitiva desde que mató a su padre y su madre se negó a comprenderla, y que desde entonces enturbia todas sus relaciones.

Amparo

Editado el 2 de Agosto de 2008, a las 2:11, para corregir la redacción y añadir algunos comentarios.

sábado, 12 de abril de 2008

3.14 "Exposé"

Una matrioska es una de esas muñecas rusas, de madera y huecas, que se abre por la cintura, de modo que al abrirla ves una más pequeña que de nuevo se puede abrir para darte un nuevo ejemplar y así hasta llegar al núcleo del juguete: ¿la muñeca más pequeña o un saquito de diamantes sagazmente escondido? Del mismo modo, este episodio de Perdidos esconde entre sus escenas del presente isleño y sus flashbacks nuevas versiones de la misma serie que hasta ahora hemos visto, con nuevos matices y hasta adoptando diferentes géneros televisivos... pero la pregunta más inquietante que se plantea en Exposé es ¿quiénes son Nikki y Paulo, qué encierra el interior de estos misteriosos supervivientes?

Nikki parece ser una bailarina de Strip-Tease dedicada a actividades detectivescas, pero esta primera brillante apariencia queda descartada al revelarse como una actriz. Sólo que se trata de una actriz del montón, mera estrella invitada en una serie famosa de televisión para intervenir en un único episodio en el que además la palma. La ambiciosa muchacha está sin embargo interesada en mantener su romántica relación con el director de la serie... ¿quizás con la intención de que éste la impulse a más altos niveles de estrellato? No, con el más rastrero motivo de asesinarlo y robarle. La que parecía una detective infiltrada en los bajos fondos acaba siendo una ladrona y asesina, obsesionada además con los dichosos diamantes más allá del amor y de la muerte.

La isla ya tiene bastante experiencia con asesinos y ladrones, pero en su cotidiano reto por la supervivencia había sabido plantear a los demás ‘perdidos’ situaciones capaces de redimirles. Este episodio nos ofrece una relectura distinta de los diversos pasajes de la historia isleña, en los que la cabezonería de Nikki le impide atender a los verdaderos valores de la vida, hasta terminar enterrada en una atroz agonía mortal. En su obsesión, la bella superviviente arrastra a la muerte a su enamorado Paulo, quien, a pesar de ser más agradecido y sensible al amor y a la supervivencia, finalmente sucumbe al paralizante veneno de la femme fatale que ha elegido por compañera.

Nikki sobrevive a un accidente aéreo, y sin percatarse de las necesidades de sus semejantes, traumatizados y heridos, está pensando en si su novio se habrá salvado o no. Hasta ahí podríamos entenderla, pero pronto descubrimos que sólo le interesa que Paulo haya sobrevivido para que la ayude a encontrar sus diamantes. Pasa de colaborar en la organización social de los enseres y ropas de los que disponen, pasa incluso del monstruo, preocupada solamente por encontrar su bolsa o una buena excusa para quedarse a buscarla cuando lleguen los supuestos rescatadores. Con esta egoísta actitud queda pequeña a Shannon, quien sólo pasaba de ayudar porque se creía bastante inútil y se negaba a creer que estuvieran en una situación realmente desesperada. El desprecio de Shannon por Boone no dejaba de ser un mecanismo de defensa para no caer de nuevo en una relación de confianza que la había defraudado y herido. Shannon se portó mal una y otra vez, pero nunca con la frialdad de la egoísta y ambiciosa Nikki. Aunque ¿quién sabe si hubiéramos podido encontrar una razón para entender a esta mujer y simpatizar con ella de no haber muerto tan prematuramente?

La explosiva actriz no duda en arrastrar a su novio a una arriesgada e inagotable búsqueda de la valiosa bolsa de mano por toda la isla, descubriendo antes que los demás la avioneta de Yemi y la estación Perla, pero sin molestarse siquiera en comentar con sus compañeros tan interesantes descubrimientos. Paulo encuentra finalmente la bolsa en el estanque donde Kate y Sawyer habían descubierto restos del avión accidentado, pero decide ocultar a Nikki su hallazgo para que ella en adelante no pase de él. En su búsqueda de un escondite seguro para el saquito de diamantes no duda en internarse en la Perla, pero la propia traición a su novia (inspirada por su amor a ella) le impide revelar a los demás la crucial conversación de la que había sido testigo y compartir el walkie-talkie que olvidaron los ‘otros’, que tan buen uso les hubiera podido hacer a los ‘perdidos’. La trágica historia de Paulo es que, aún siendo potencialmente un valioso componente del grupo –ya que parece valiente y comprometido con el bien de su chica–, es propiamente su amor por ella el que virtualmente le paraliza y le entierra en la playa, ya que no podrá hablar con nadie, ni siquiera con ella, de los descubrimientos realizados. Paulo se queja en algún momento (3.5) de no tomar parte más activamente de las iniciativas que llevan a cabo sus compañeros, pero justamente aquélla a la que se apunta Nikki es la que a él menos le apetece que vaya, pues le pone en un potencial aprieto. En vez de poner en juego todas sus múltiples capacidades para colaborar con el equipo en su misión, el pobre ex-cocinero anda escondiéndose en el baño para recuperar de nuevo los diamantes, antes de que Nikki se dé cuenta de que la ha engañado. Su disruptiva relación con ella le ha convertido en un niñato inútil.

Finalmente, cuando Nikki parecía haber ir aceptando la pérdida de su preciado botín y empezaba a integrarse con el resto de la gente, una mañana se da cuenta sorprendida de los chicles de nicotina que tiene Paulo, lo que le delata al instante el engaño que éste ha perpetrado. El inicio de redención que había empezado a mostrar la rubita desaparece en el acto al creer que Paulo quería quedarse con los diamantes para él solo. Ciega para ver los verdaderos motivos de su compañero, la traición de éste justifica a sus ojos la nefanda idea de utilizar una araña venenosa para paralizarle. Se actualiza así de hecho el proceso virtual de paralización que el amor por Nikki estaba produciendo en Paulo. Lo que ella no había previsto es que la insaciable ambición que hasta ahora le ha impedido percibir el incondicional amor de este pobre chico, ha clavado también en ella un peligroso aguijón incapacitante. El caso de ella es aún más grave, pues no se da cuenta de que los pocos minutos que le quedan de libertad son cruciales para pedir ayuda y los pierde en enterrar su preciado tesoro, ineludible predicción de lo que va a consistir su propio destino. Cuando al principio del episodio Nikki entierra sus diamantes está enterrándose viva con ellos. No importa siquiera al espectador qué es lo que está enterrando en ese momento, los diamantes no valen absolutamente nada en esta isla, pero Nikki los ha elegido como su más preciado valor en el momento más crucial de su vida, y los ha elegido para sí misma, sin querer compartirlos ya con Paulo, ni querer ni siquiera mencionar a sus compañeros lo que es más importante para ella que la vida de todos ellos juntos. La bella actriz ha optado una y otra vez por defender sus propios desquiciados intereses en vez de colaborar en la supervivencia del conjunto, siquiera en la supervivencia del pequeño conjunto que suponía su pareja. Cumplirá por tanto en sus propias carnes el adagio de Jack que predice la muerte solitaria del que no opta por la vida del grupo.

Las desventuras de Nikki y Paulo nos revelan también algo del pasado del Dr. Arzt en la isla, quien, siempre interesado en el estudio científico de la naturaleza, cede una y otra vez a la tentación de hacerse valer como alguien más importante de lo que realmente es (entendemos mejor a este personaje tras ver los números 7 y 9 de “Lost Missing Pieces”). Su deseo de impresionar a Nikki va a llevarle a desvelar a tan atractiva oyente los secretos de su araña preferida, información que finalmente le resultará letal.

También colaboran sin quererlo a acabar con Nikki y Paulo los esforzados Hurley y Sawyer, quienes desde que la ven desfallecer a sus pies se empeñan, cual detectives aficionados, en desvelar el misterio de esta extraña ‘muerte’. Descubren bastante bien el meollo que llevó a la discusión fatal entre ambos amantes, pero fallan en lo esencial: el verdadero diagnóstico del mal que aqueja a sus paralizados compañeros. El episodio que ha empezado mostrando una ficticia serie de detectives nos muestra así a nuestros protagonistas usuales jugando a resolver un caso a lo CSI, pero demasiado urgidos por sepultar unos cuerpos que no saben detectar que no están muertos. A falta del doctor Jack Shephard, más preocupado en estos momentos por escapar de la isla con Juliet en un submarino (3.13), sólo Vincent parece detectar la vida que aún late en los dos cuerpos tendidos en la playa. Y mientras el perro intenta darse a entender levantando la cobertura de los no-cadáveres, los supervivientes sólo prestan atención a sus propias querellas internas. ¿Es Sawyer de nuevo un peligro para sus compañeros, como lo fue para Sun en el episodio 2.13? Hurley recurre a Desmond para resolver esta cuestión, pero el propio Sawyer aclara a todos su inocencia. Aunque quien siente la necesidad de confesar su mala acción en el pasado ha sido el bueno de Charlie, pues abocado a una posible muerte inminente quiere poner en paz su conciencia. Sun es la que finalmente descubre haber sido traicionada frente a lo que creía una inquebrantable alianza de ayuda mutua entre los supervivientes, pero prefiere callar ante Jin que provocar una nueva ola de violencia.

Los compañeros finalmente entierran sus diferencias en la playa junto a los cuerpos aún vivos de Paulo y Nikki y los queridos diamantes de ésta. Nuestra serie preferida sobre una isla misteriosa, tras haber coqueteado con el género detectivesco, nos da un toque final del más auténtico cine de terror, o incluso de la más ácida comedia negra. Queda sin embargo en el espectador el amargo sabor de que nuestros queridos protagonistas han acabado matando de la forma más cruel a sus compañeros sin saberlo. Y dando un paso más (o ahondando más a fondo en la matrioska): ya que Hurley y Sawyer en su análisis de las pistas han reflejado más de una vez las propias preguntas que se hace continuamente la audiencia de “Perdidos” (¿habrá sido el monstruo?, ¿qué quiso decir Eko al morir?, ¿serán Nikki y Paulo infiltrados de los ‘otros’?), afirmando incluso Hurley ser un devoto fan de la mejor serie que haya existido jamás (frase que a menudo usamos los ‘perdidomános’), ¿no habrán personificado Sawyer y Hurley el acto asesino de algunos fans de la serie que en su desprecio y desconocimiento de lo que de verdad Nikki y Paulo podrían haber aportado pedían inconmovibles su muerte? Las múltiples capas de lectura de este episodio le convierten en un inteligente ejercicio de sus creadores, que finalmente se vuelve hacia los espectadores más críticos para hacerles ver cómo con su impaciencia han causado la muerte prematura de unos personajes potencialmente fascinantes.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- Me interesa explorar sobre todo el carácter destructivo que tiene la relación de la pareja protagonista para Paulo. Nikki toma continuamente decisiones muy egoístas, de forma que en último término ella misma es culpable de su terrible final. Pero Paulo, a pesar de colaborar en el asesinato y robo de Zuckermann, parecía encaminado hacia una posible redención. El craso error de dejar que Nikki viera sus chicles, además del tremendo fallo de enamorarse de la persona equivocada, hace que su traición por amor sea finalmente malinterpretada, llevándole a la misma terrible muerte que su compañera. Paulo debe sufrir además la honda pena de verse paralizado directamente por la mujer que ama y humillado por la búsqueda que hace ella de los diamantes en su ropa interior. Toda esta situación puede hacernos reflexionar en la posibilidad de detectar a tiempo relaciones destructivas: aquella en las que un amor malamente correspondido va llevando a uno a alejarse de todo lo que podría haber sido, obligándole a no compartir con nadie más lo que es, lo que quiere, lo que descubre y lo que puede aportar; reservándole los esfuerzos más difíciles y negándose finalmente a compartir incluso aquello por lo que ambos habían luchado juntos. El bueno de Paulo, con potencial para haber sido uno de los héroes de la isla, acaba siendo el chico al que sólo vemos entrando o saliendo del baño, con el papel higiénico (3.11) o tirando de la cadena (3.5), como indicio de que es el que siempre se traga todos los marrones. Ante una situación así es importante escapar a tiempo, antes de que el veneno paralizante se haya vuelto irreversible. Pero sabemos que hay bastante gente en la vida real que se engancha en relaciones de dependencia mutua, donde uno es el que siempre manda y el otro el que siempre obedece, de las que casi ya prefieren no escapar.

- También es interesante considerar la extraña manía que estos personajes habían suscitado en una gran parte del público, al hacerse pasar por supervivientes de toda la vida aunque llevaban sólo unos pocos episodios (desde el 3.3). La falta de empatía de la audiencia hacia ellos puede ciertamente achacarse a un fallo de los guionistas y productores de la serie, pero éstos han reaccionado creativamente terminando con la novata pareja en un episodio en el que la serie se parodia a sí misma. A pesar de tratarse sólo de un par de personajes de ficción, el hecho puede hacernos pensar en tantas veces que condenamos a la marginación a algunas personas que sólo son culpables de haber aparecido a última hora en un lugar donde todos ya se conocían antes o de tener una cierta tendencia a encerrarse en sus propios problemas. Un poco de generosidad y apertura por parte de los demás puede resolver a tiempo los problemas de integración y evitar injusticias o incluso males mayores.

Amparo

martes, 22 de enero de 2008

3.13 El hombre de Tallahassee

A su llegada a los barracones Locke se va a enfrentar de nuevo a lo que significa necesitar o no una silla de ruedas, sólo que esta vez el que está confinado en ella es Benjamin Linus, el líder de los Otros. El impredecible explorador aprovechará esta ventaja para llevar a cabo un importante designio que venía barruntando: hacer explotar el submarino que los Otros usaban para salir de la isla y volver de nuevo a ella. Pero Ben, sin lamentar demasiado esta pérdida, se guarda un as en la manga para enfrentarse a este formidable contendiente: la inesperada presencia en la isla del llamado ‘hombre de Tallahassee’.

John ha acompañado a Sayid y a Kate desde la playa (3.10-3.12) compartiendo supuestamente con ellos la misión de rescatar a Jack. Pero en los avatares del camino ha descubierto la existencia de una estación de comunicaciones, de un enemigo que conocía la minusvalía de su pasado y de un submarino con el que se puede salir de la isla. De manera sistemática –lo que hace entrever una clara y decidida resolución– nuestro calvo amigo ejecuta la destrucción de cada una de estas tres amenazas. En la estación Llama (3.11) y en la valla sónica (3.12) las circunstancias jugaron a su favor para que sus acciones parecieran accidentales, pero en cuanto se interna entre las casas donde viven los Otros su estrategia es clara: enfrentarse a Ben y acabar con el submarino. Es probable que el bienestar de Jack no le sea del todo indiferente, pero claramente su prioridad es otra: despreocupado de sus compañeros –que en seguida son capturados– se dirige certeramente hacia su objetivo.

Desde que conoció al falso Henry Gale en el Cisne (2.14), Locke ha estado intrigado por este hombrecillo. Pero una vez informado de que se trata del líder de los Otros (se lo dijo Hurley en el episodio 3.3) las extrañas revelaciones que le hizo el prisionero le intrigan aún más. John sabe que la isla le está tratando de forma privilegiada, curándole milagrosamente de su parálisis y acelerando también la curación de la herida que le causó la compuerta de la estación Cisne (2.17-2.22), y siente una malsana curiosidad por descubrir la verdad que hay tras este enigma. Cree que una importante fuente de información podría ser Ben Linus. Pero a la par de su deseo de obtener respuestas al respecto está su firme intención de impedir que nadie pueda salir de la isla o contactar con el exterior, pues parece estar convencido de que permanecer aislados es lo más beneficioso tanto para su gente como para los Otros – o quizás no le importe realmente ninguna otra persona en absoluto y sólo pretenda impedir cualquier posible interferencia en sus planes de conocer el secreto de la isla y de entregarse totalmente a él.

Sin embargo el Locke que encontramos en los flashbacks es mucho más altruista. Tras superar en cierto modo una etapa de profunda depresión, un solitario y elusivo John descubre que su padre está a punto de estafar a una acomodada señora casándose con ella para quedarse con su dinero. Inmediatamente decide tomar cartas en el asunto e impedir que Cooper hiera a otra persona como le hirió a él: no le preocupa tanto que se quede con el dinero como que la ilusionada mujer viva la decepción de que alguien que decía quererla sólo quisiera aprovecharse de su ingenuidad. Cuando muere el joven hijo de la novia, John empieza a vislumbrar un mayor nivel de maldad en su padre del que había imaginado: parece que también es capaz de matar fríamente a quien se interpone en sus planes. Efectivamente, poco después constata en sus propias carnes la asesina predisposición de su progenitor. Locke seguía siendo un iluso en cuanto a los sentimientos de su padre, seguía pensando que Cooper le tenía un cierto respeto por ser su hijo y su donante de riñón (1.19) y su colaborador en recuperar un dinero que había estafado (2.17); ingenuamente pensaba que con una recriminación conseguiría reformarle y hacer que se comportarse bien. Pero Cooper ha demostrado que está dispuesto a todo para sacar adelante sus planes, por lo que no duda en atentar contra la vida de su hijo tirándole por una ventana. Y ahora sí, parece que Locke se ha dado cuenta de quién es su padre, tras haber perdido para siempre por su culpa un riñón (1,19), a su novia (2.17) y la movilidad de sus piernas.

Con semejantes antecedentes es posible que la motivación adivinada por Ben tras la acción de explotar el submarino tenga visos de verdad: que lo que Locke quiere impedir a toda costa es volver a encontrarse con su padre, de quien los detectives que atendieron su caso habían perdido el rastro. Pero el atribulado hijo no contaba con la inmensa caja mágica que, metafóricamente, posee la isla, de modo que, con submarino o sin él, se acabará encontrando de nuevo frente al hombre que tanto amargó su vida.

Pero antes de conocer que deberá enfrentarse de nuevo a su padre, Locke disfruta echando un pulso dialogal con su enemigo actual en la isla, Ben. Parece que ambos tienen mucho en común pero también algo importante que les diferencia: ambos se preocupan por mantenerse en comunión con los misterios de la isla, pero los favores curativos de la misma no parecen estar funcionando igual para los dos, ya que obviamente uno necesita una silla de ruedas y el otro no.

Aunque curiosamente ambos contendientes no interpretan igual este artefacto que se han visto obligados a utilizar. John Locke sufre una gran angustia al ser colocado por primera vez en su silla. Le derrumba darse cuenta de aquello en lo que le ha convertido su sueño imposible de conseguir una buena relación con su padre. Lo que más le duele, según adivina Ben, es que la causa de su invalidez no haya sido un desafortunado accidente sino la deliberada intención asesina de su propio padre, al que él sólo había querido ayudar. En esos terribles momentos parece que opta por aferrarse al experto consejo de su fisioterapeuta: no te conformes con límites imaginarios, si has conseguido sobrevivir a una caída desde un octavo piso no te autocompadezcas pensando en lo que no vas a poder hacer. Locke intentará vivir una vida con sentido e incluso proponerse metas difíciles, como su intento de participar en un “Walkabout” australiano, sin dejar que otros le digan lo que no puede hacer (1.4). Pero sólo en la isla tras el accidente del avión ha vuelto a sentirse completo y útil. Ahora piensa que sus desgracias del pasado han sucedido sólo con el fin de traerle aquí, donde está convencido de tener una misión importante que cumplir (más allá de la repetitiva tarea del Cisne en la que finalmente falló).

Por su parte Ben reconoce que Locke es una persona muy especial, que ha recibido un trato especialísimo de favor por parte de los poderes de la isla, sin embargo se niega a hablar claro con él y recurre a su inveterada costumbre de manipulación. Quizás no entiende por qué se encuentra en este momento sin poder usar sus piernas, por qué no se le ha concedido una rápida curación, pero se niega a considerarlo una debilidad: la silla de ruedas es para él una forma de ganar dignidad (frente a quedarse tumbado en la cama) e incluso la considera una prerrogativa sobre Locke, como algo que le otorga un mayor conocimiento de lo que la isla quiere. En el brillante intercambio de preguntas en el que cada uno trata de imponer su conciencia de superioridad sobre el otro, Locke hace saber a Ben que está en contra de toda tecnología (luz eléctrica, frigorífico...), porque cree que la isla quiere que vuelvan a una vida completamente natural, mientras Ben se maravilla de hasta dónde llega la renuncia de todas las ventajas de la civilización que ha hecho este hombre por defender –casi sin saber por qué– un nuevo estilo de vida en la isla, mientras que él no ha conseguido nunca de su gente un compromiso tan fuerte a pesar de que ellos están mucho más familiarizados con los misterios isleños.

Una vez puestas las cargas explosivas en el submarino, Locke ya no intenta esconderse pues al parecer no le importa que le cojan los esbirros de Ben. Si se hubiera mantenido oculto podría haber intentado rescatar a Sayid, Kate y Jack, pero nos damos cuenta de que nunca fue su intención rescatar a nadie, sino acceder a los Otros y a los secretos que éstos guardan. Podemos entender ahora que en las primeras escenas del capítulo, cuando el equipo de rescate observa a Jack con unos prismáticos, Locke está observando más bien a Ben en su silla de ruedas. Dirime sin dudar el debate que surge entre Sayid y Kate a favor de rescatar a Jack, no tanto –como dice– porque éste le impresionara en su heroica labor del primer día en la isla, sino porque le convenía internarse libremente en el poblado al caer la noche.

Locke ha cumplido su misión de destruir el único medio de salida de la isla y sabe que Ben no va a castigarle por eso. Éste le visita en el lugar donde le tienen retenido y hace que Richard lo libere, explicándole por qué le ha venido tan bien que con su acción impidiera la marcha del doctor. Imaginando todo tipo de intricados misterios Locke se aviene a acompañar al ahora inválido a ver lo que ha salido de su caja de sorpresas, pero no va a gustarle demasiado lo que encontrará allí: su padre, Anthony Cooper, maniatado y amordazado. Seguro que a éste tampoco le agrada tener que volver a ver al hijo al que una vez tiró por una ventana.

Mientras tanto Jack ha visto desvanecerse ante sus ojos su plan de salir de la isla. Kate ha venido para rescatarle aunque él le había pedido que no lo hiciera. Su buena amiga, que tanto había sufrido por haberle dejado atrás (3.7, 3.9), no puede entender que Jack haya decidido fiarse de los Otros. Pero en las palabras de su querido médico cree entrever que la gran desilusión que le ha alejado de ella tiene que ver con su relación con Sawyer y tristemente acepta la situación. Lo malo es que, al traerse con ella a Locke para el rescate de Jack, indirectamente ha colaborado en la destrucción de todas las esperanzas que había puesto el doctor en volver por fin a América e intentar desde allí conseguir un rescate para todos.

Sayid, también capturado, no tiene oportunidad de hacer gran cosa, excepto revelar a Álex que su madre, a la que se parece mucho, está viva. Mientras tanto Danielle Rousseau observa a los Otros desde una posición segura entre los árboles hasta reconocer finalmente en una joven morena a su querida y añorada hija.

Danielle vuelve a ver a su hija, Locke vuelve a ver a su padre, Kate vuelve a ver a Jack. Se trata de tres encuentros de muy distinto cariz. Mientras que la francesa ya recelaba de que el encuentro con Álex podría ser bastante duro (3.12), Kate nunca imaginó que Jack realmente prefiriera que ella no intentara rescatarle. Finalmente lo último que esperaba John Locke era reencontrarse con su padre en la ciudad de los Otros.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- Álex no se lleva bien con su padre y trata de evitar que éste manipule a la gente a sus anchas. Es un caso similar a lo que Locke quiso hacer en el pasado con respecto a Cooper. Parece que no había pensado en ningún momento denunciarle sino sólo en tratar de disuadirle por las buenas, pues para él aún era relevante la relación paterno-filial. Por desgracia en este episodio descubre que deberá enfrentarse de nuevo con este consumado estafador, a quien nunca parece ser capaz de dejar atrás como un mero asunto desagradable de su pasado. Kate también tuvo que lidiar con un padre al que despreciaba –y a quien decidió quitar de en medio (2.9)– y Jack con el alcoholismo de su progenitor –cuya muerte reciente ha tenido que llorar, acongojado por un cierto sentimiento de culpa (1.5, 1.11, 3.1)–. Pero Álex tiene la suerte de haber empezado a vislumbrar que Ben podría no ser su verdadero padre, que cuenta con una madre desconocida que está viva mientras que le habían dicho que estaba muerta, aunque todo esto no logre atenuar el dolor de ver que el padre que te ha cuidado y mimado (recuérdense las fotos de una niña en la casa de Ben) es una mala persona.

Nos encontramos ante ejemplos muy diversos de conflicto generacional: Jack y Christian hubieran necesitado una mejor comunicación; padre e hijo se querían, aunque apenas lograron decírselo nunca el uno al otro (1.16). Claire, por su parte, rechazó directamente la relación con un padre que desde muy pequeña la había abandonado (3.12). El caso de Kate es el más drástico, ya que ésta optó por deshacerse de una persona a la que detestaba y a quien odiaba tener que parecerse; en su caso el hombre que la había cuidado y a quien prefería llamar papá era al menos buena gente (2.9). Álex por su parte se quedó pronto sin madre (ella no sabe por qué) y su ‘padre’ en principio ha cuidado bien de ella, aunque a la joven no le agraden sus maneras ni el trato que da a las personas de su entorno (especialmente a su novio). Algo parecido tuvo que sufrir Sun toda su vida (aunque ella sí tenía madre) con su estricto progenitor, de costumbres algo mafiosas. Pero por supuesto el caso más terrible es el de Locke, quien entregado a un orfanato de pequeño, descubre de mayor que su madre está algo loca y que su padre es un insensible estafador y asesino, quien no duda en usar sus malas artes contra su propio hijo (1.19). No sabemos qué le deparará el nuevo encuentro con él, pero no es fácil que sus abismales diferencias aún puedan arreglarse con una conversación, por muy sincera que ésta pudiera legar a ser. Este hombre nunca ha estado dispuesto a proporcionar a su hijo lo que éste necesitaba, a pesar de lo mucho que John ha llegado a darle. En el mundo exterior sólo podríamos esperar que Cooper acabara en una lóbrega cárcel, pero en la isla no sabemos aún lo que le espera.

La moraleja es que si el padre de uno –o cualquier otro familiar– es un delincuente o un maltratador, la mejor opción es denunciarlo, por difícil que esto pueda resultar, y alejarse de su mala influencia si no quiere uno acabar mal (malherido o maleante). Lo difícil es discernir si esa persona aún estaría a tiempo de redimirse con la ayuda de su familia (como quizás era el caso de Christian) o si ya no tiene arreglo (como es claramente el caso de Cooper). Jack pudo tal vez haber apoyado más a su padre en muchas ocasiones previas (como en el episodio 3.1), pero su denuncia ante el comité médico en el 1.11 fue una decisión acertada, de lo que deberían haber aprendido tanto Kate (para no tener que llegar a matar a su padre) como Locke (para no llegar a ser víctima de un intento de asesinato por su parte).

Amparo

miércoles, 16 de enero de 2008

3.12. Par avion (correo aéreo)

La joven Claire afronta en el flashback de este episodio una de las experiencias más terribles de su pasado. Un accidente de automóvil produce un traumatismo cerebral a su madre, quien entra en un coma probablemente irreversible. Claire, en plena etapa gótica y rebelde, se peleaba con su madre –deseándole incluso la muerte– momentos antes de estampar el coche que conducía contra un poste. Un angustioso sentimiento de culpabilidad acosará a nuestra joven protagonista hasta que algún tiempo después sea capaz de pedir perdón a su madre, aún inconsciente. Ya embarazada de su hijo Aaron, la muchacha se da cuenta de lo difícil que debió ser para Carole convertirse en madre soltera, sabiendo además que el padre de su bebé estaba con su otra familia al otro lado del océano. Claire admira y agradece que su madre decidiera criarla, aunque siente no haber reconocido a tiempo los desvelos y sufrimientos que le hizo pasar y no haberla compensado con más cariño y complicidad en vez de convertirse en un continuo quebradero de cabeza para ella. Quizás desanimada por la experiencia de Carole, a quien posiblemente –en su opinión– tanto sacrificio por una hija tan difícil y desagradecida nunca debió merecerle la pena, Claire tiene muy claro que dará en adopción el bebé que está esperando (no sabe aún que el accidente –o el destino– la obligará a quedarse con él [1.10, 1.20], aunque sabemos que finalmente aceptará su maternidad encantada [2.15]). De todas formas su paso por esta terrible experiencia ha cambiado mucho a la joven australiana: en unos meses se ha transformado como de la noche (pelo oscuro, ropa y calzado estrictamente negros) al día (con su original melena rubia y ropa mucho más clara). Lo que no obsta para que sus ojos profundamente azules hayan sido testigos todo el tiempo de la ternura y cariño que ha albergado siempre en el fondo esta muchacha.

Al abrirse estos azules ojos esta mañana han encontrado una realidad mucho más risueña –aun despertándose en la misteriosa isla– que todo lo que la vida les deparaba en el flashback. Tras unos días en que ha estado meditativo y solitario (desde la funesta noticia que le comunicó Desmond en el episodio 3.8), Charlie le ha preparado a su chica para el desayuno un encuentro romántico en la playa. Esta posibilidad de despertar cada mañana y dejarse sorprender por toda la novedad que nos trae cada día, es sin embargo lo que ya nunca más podrá vivir Carole. Aunque su hija no había renunciado por eso a visitarla, esperando quizás poder darle también un día una similar alegría (a la que Charlie le tenía preparada esta mañana), pero suponiendo al menos que su compañía le haría sentir de algún modo algo más de calor humano. Las numerosas estancias con su madre en el hospital fueron también ocasión para que la futura superviviente del vuelo 815 aprendiera algo sobre el estudio científico de las migraciones de aves marinas. Precisamente una bandada de aves migratorias está cruzando la isla en estos días y será Claire la que se dé cuenta de que se encuentran ante una oportunidad única para contactar con el mundo exterior.

Sun y Jin se prestan en seguida a colaborar en la captura del ave mensajera, pero, curiosamente, Desmond y Charlie parecen empeñarse en impedirlo. El joven rockero parecía haber superado su crisis existencial desde que con Hurley obtuvo una victoria sobre la muerte en la furgoneta de Dharma (3.10). En aquel episodio había preguntado a su particular vidente cómo sería su próxima muerte, pero éste le hizo saber que la cosa no era así de fácil. En este episodio, sin embargo, Desmond ha optado por contar con el propio Charlie para salvarle y, de pronto, éste ha olvidado su lema de vivir el instante, prefiriendo refugiarse en fingimientos para huir de la compañía de Claire, que le está resultando tan letal. El pobre ex-drogadicto, tan lleno de generosidad y de ganas de hacer cualquier cosa por la joven que ama, se ve inclinado a apartarse de ella y a comportarse cobardemente, por evitar una muerte segura. Las predicciones del escocés están acabando con lo que él verdaderamente quiere ser, convirtiéndole en todo lo contrario. Hurley estuvo muy acertado cuando le aconsejó afrontar el peligro cara a cara, como la única manera de volver a sentirse bien consigo mismo (3.10). Sólo que entonces nadie había predicho con claridad el desenlace de tan arriesgada apuesta.

El talante reivindicativo de Claire exige una clarificación por este extraño comportamiento de dos personas que hasta ahora más bien habían estado de su parte: su mejor amigo en la isla y su reciente salvador de las aguas (3.8). La muchacha no entiende por qué las personas en quién más le gustaría confiar le fallan una y otra vez. Su padre –quien resulta ser nada menos que Christian Shepard– la abandonó cuando aún no tenía tres años, influenciado sobre todo por su tía Lindsey, quien parecía odiarlo con todas sus fuerzas. La buena de Carole prefirió decir a su hija que su padre había muerto y no volver a contactar con el doctor americano casado que en su día la dejó embarazada. Poco después de salir de la adolescencia Claire pierde además a su madre (prácticamente) en el accidente de coche y después es Tomas, su propio novio, quien la deja sola tras parecer por un tiempo que se interesaba por la relación y por el futuro bebé de ambos (1.10). Christian al menos se hizo cargo de los gastos médicos de su madre en coma, pero Claire rechazó una relación más estrecha con este hombre tras oir sus consejos con respecto a la desconexión de los aparatos que soportan la vida de Carole. La muchacha encontró cierto consuelo en acompañar a su ausente madre, en visitarla, contarle sus cosas, ver con ella la tele. Estando casi totalmente sola en la vida, su frustrada relación materno-filial y su experiencia similar con un embarazo imprevisto la habían unido fuertemente a esta mujer ahora inconsciente, esperando que realmente pudiera escuchar sus palabras y recibir un consuelo similar al que ella buscaba en sus visitas.

Pero la joven que, una vez sola en la vida, subió en Sydney al avión de Oceanic se encontró, al sobrevivir al accidente en la isla, perteneciendo a una gran familia. Muchos compañeros están dispuestos a echarle una mano en la tarea de cuidar al pequeño Aaron, pero especialmente Charlie ha querido compartir con ella esa responsabilidad, incluso a veces de forma algo exagerada (2.6, 2.12). La joven madre, acostumbrada a ser abandonada ante las dificultades, tiene tendencia a creer que cuando pida algo nadie la va a apoyar. Por eso le disgusta mucho la extraña actitud de Charlie y vuelve a alejarle de su lado, no dispuesta a sufrir una nueva decepción por parte de él. Sólo más tarde decidirá investigar, descubriendo así el secreto de las visiones de Desmond y que suelen revelar una sentencia de muerte para Charlie.

Nuestro resignado vidente le cuenta la verdad sobre lo que le está ocurriendo a Charlie al hacerle entrega de un ejemplar de las aves marinas que ella se había empeñado en capturar. Claire tiene así la oportunidad de agradecer a su fiel amigo tanta dedicación por ella –la posibilidad de haberse visto arrastrado una y otra vez a la muerte en su defensa–, dedicación que a ella le había quedado oscurecida por las puntuales intervenciones de Desmond. Ambos colaboran finalmente en el envío por correo aéreo de una petición de socorro al mundo, intentando consolidar la esperanza de ser rescatados que, tras 80 días, aún tienen los supervivientes. Pero esta acción significa además para Charlie y Claire una especial opción conjunta por la esperanza, por vivir juntos el momento presente sin preocuparse por la posible muerte inminente que Desmond sigue anunciando. La joven que nunca desesperó de la posible recuperación de su madre no va a rendirse tan fácilmente en su relación con Charlie sólo por unas funestas visiones recurrentes. Ambos recurrirán a lo mejor de sí mismos para apoyarse mutuamente, luchando unidos ante cualquier peligro.

Mientras tanto Kate, que también ha visto volar a las aves marinas por el cielo de la isla (aunque sin reparar en las posibilidades imaginadas por Claire), tampoco se rinde en su empresa de salvar a Jack, a pesar de la trampa mortal que el equipo de rescate ha encontrado en el camino. El poblado Otro al que se dirigen Kate, Sayid y Locke –acompañados voluntariamente por Danielle e involuntariamente por Mikhail– está rodeado completamente por unos postes que contienen un dispositivo sónico capaz de terminar con todo ser vivo que se aventure a pasar entre ellos. Mikhail sufre directamente las consecuencias de esta sofisticada barrera de seguridad tras ser forzado a cruzarla por Locke. Pero la misma Kate Austen que, según los Otros, no ha sido considerada digna de figurar en la famosa lista del hombre excepcional que tanto respetan (¿Jacob?), porque es una persona que comete fallos y está furiosa, débil y asustada, es la que discurre una idea para cruzar la barrera sónica con ayuda del tronco de un árbol y se ofrece voluntaria para ser la primera en hacerlo.

La valiente muchacha no sabe la tremenda sorpresa que le espera al llegar a los barracones: su añorado amigo está jugando tan alegremente al balón con Tom, uno de sus guardianes. ¿Se habrá pasado Jack al bando de sus captores? La sufrida Danielle es mucho más consciente de la posible desilusión a la que se expone, tras pasarse 16 años separada de su hija. Álex pertenece, desde que fue secuestrada cuando era un bebé, a este otro grupo de personas y nadie sabe cómo reaccionará cuando se encuentre con una madre a la que desconoce totalmente. ¿Querrá dejar su hogar de toda la vida para estar con Danielle? ¿Será capaz de desarrollar cierto cariño hacia ella? El caso de Jack es menos drástico pues apenas ha pasado una semana desde que le trajeron de la Hydra, pero la verdad es que él mismo pidió a Kate que no volviera nunca a por él (3.7). ¿Descubrirán nuestros amigos que su doctor no quiere volver con ellos a la playa?

La posible sorpresa que nos depara Jack podría quizás rivalizar con los planes que anda tramando Locke, quien desde el inicio de la misión de rescate se viene comportando de la manera más rara. En este episodio sus diferencias con Sayid han ido subiendo de tono: con respecto a la opción de orientarse con ayuda del plano que muestra el cableado desde la Llama y con respecto al trato que deben dar al prisionero. Locke parece interesado por las revelaciones de éste en cuanto al medio de transporte utilizado por los Otros –un submarino–, y la posibilidad que tienen de salir de la isla aunque, según Mikhail, no les fuera ya posible regresar luego. Pero en cambio no parece muy contento de que el omnisciente ruso pueda revelar a sus compañeros el secreto que tan celosamente ha guardado desde que llegó a la isla. Es inquietante la insistencia de John en deshacerse del prisionero, hasta que finalmente lo empuja para comprobar sobre él el pernicioso efecto de los postes sónicos, pero poco después su actitud nos asombra aún más cuando descubrimos que también sabía muy bien lo que hacía cuando voló la estación de comunicaciones (3.11) y que ha optado por mentir repetidamente a sus compañeros sobre sus verdaderas intenciones. Este es el mismo Locke que creíamos incapaz de matar a nadie desde el episodio 3.3; mientras que Kate, la mujer que se nos ha presentado como pirómana y asesina [2.9], es la que en este episodio defiende con claridad la postura de que aquí nadie va a matar a nadie. Sayid ha mantenido firme su liderazgo en el grupo, apoyado por esta resolutiva joven, quien ha sabido tomar las decisiones oportunas cuando los otros dos se perdían en discusiones. Locke se ha mantenido por su parte en una cierta indiferente sumisión pero apuntando hacia una insumisión latente. La llegada de estos enrevesados personajes al corazón Otro de la isla promete interesantes revelaciones de ocultas intenciones e imprevisibles sorpresas.

Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- Abordamos en este episodio una nueva disyuntiva: la del miedo frente a la esperanza. Si hacerse a la idea de la posibilidad de un resultado positivo dinamiza mucho a la persona, disponiéndola a poner en acción todos sus recursos; cuando lo que predomina es la perspectiva de un resultado negativo la persona se paraliza, actuando sus pensamientos pesimistas como freno de toda posible creatividad activa. Claire vislumbra una posibilidad de rescate y moviliza a varias personas del campamento para poner en marcha su plan. Charlie sin embargo sopesa la posibilidad de su muerte inminente y se inhibe de toda iniciativa, intentando incluso convencer a Claire de que su propuesta no es una buena idea.

- Pero añadamos ahora un nuevo personaje y sus motivaciones al análisis de esta situación: El bueno de Desmond, aunque en cierto modo responsable de la decepción de la rubia mamá con su rockero, no desdeña acercarse él mismo a las peligrosas rocas para conseguir el ave que ella buscaba. Este hombre es consciente del peligro, pero sin dejar de salvar a Charlie ve también la importancia de apoyar el plan de Claire. Su acción está equilibrada entre la esperanza y el miedo, de forma que su deseo de colaborar a que la chica se sienta bien (y a que todos puedan ser rescatados) se combina con su voluntad de evitar la muerte de su protegido, dando como resultado el riesgo de su propia persona, la asunción heroica de una misión tras otra. Charlie es quien originalmente habría asumido heroicamente la captura del ave entre las rocas (y la salvación de Claire entre las aguas en el episodio 3.8), la diferencia es que ahora él sabe con certeza que en esa acción morirá y Desmond no sabe seguro lo que puede ocurrirle. La aparente cobardía de Charlie se transforma así en una elemental prudencia. Lo que tienen en común su actitud de retirada estratégica y la heroicidad de Desmond es el conocimiento de una muerte segura, lo que las diferencia es que en un caso se trata de la muerte propia y en el otro de la ajena. Veíamos que en general la esperanza moviliza y el miedo paraliza, pero cuando el valor que está en juego es tan sumamente importante como la vida de una persona, vemos a estas dos dinámicas equilibrarse. En un mismo acto concurren la esperanza de salvar al otro y el miedo de arriesgarse uno mismo, que dependiendo de la percepción de las posibilidades de ambos resultados dará un resultado u otro. En los dos extremos encontramos la seguridad de que se producirá la muerte propia (que tiende a anular la motivación de salvar al otro), mientras que la seguridad de que el otro morirá si uno mismo no actúa tiende a impulsar la acción heroica. Aunque Charlie y Desmond fueran igualmente valientes o cobardes. su diferente implicación en las certezas comunicadas por la recurrentes visiones de futuro acobardan al generoso músico mientras que impulsan una y otra vez a tomar acción al supuestamente cobarde escocés.

- Kate está igualmente movilizada por la esperanza de rescatar a Jack y su acción se hace especialmente urgente por la supuesta situación de peligro en que éste se encuentra. Sin embargo sería estúpido afrontar la muerte segura que supone atravesar directamente la barrera sónica, por lo que la misión se retrasa hasta que diseñan un instrumento para superarla con cierta seguridad. Danielle por su parte está esperanzada por recobrar a Álex, y esto es lo que la impulsa a seguir hacia adelante, pero la echa para atrás su miedo a que su hija no sea capaz de apreciarla y no quiera volver con ella. Álex no está en un peligro inminente por lo que Danielle no tiene tanta prisa como Kate en acercarse a los barracones.

- En distinto sentido se nos presenta la propuesta de Christian a Claire: desconectar a Carole de las máquinas que la mantienen viva, para no confundir la esperanza con la culpabilidad. En vez del miedo aparece este otro sentimiento negativo, que indica en este caso el miedo a sentirse mal con uno mismo, a ser castigado o incluso a autocastigarse quedándose anclado en un error del pasado e impidiendo que la vida siga su propio camino. Claire quiere mantener a su madre con vida, quizás por la esperanza de que un día pueda despertar o quizás porque aún no puede asumir su muerte, ya que se siente culpable del estado en que se encuentra. Pero también porque todavía necesita de ella, porque aún tiene que pasar muchas horas junto a su madre para poder curar su relación con ella, porque tiene verdaderos deseos de aprender a quererla de verdad y devolverle los desvelos que le hizo pasar, y también sencillamente porque es lo que le exigen las leyes de su país. ¿Qué pretendía realmente Christian? ¿Librarse de una carga económica? ¿Librar a su hija de una pesada carga emocional? No queda muy claro por qué hace el viaje desde América para hacer esta propuesta –y sabemos que el veterano doctor no es un modelo de padre precisamente– pero al menos puede computarse a su favor que respeta totalmente el deseo de su hija y se abstiene de llevar a cabo la iniciativa que había planeado, asumiendo de forma indefinida el coste de mantener con vida a Carole.

Amparo

sábado, 5 de enero de 2008

3.11. Introducir 77

Dos misteriosos gatos enlazan en este episodio el presente con el pasado: el gato de Amira, que había sido torturado con petardos por unos niños, y la gata de Mikhail, cuyo nombre es Nadia. Sayid no ha olvidado nunca a Nadia, por el amor que siente por ella, pero tampoco ha podido olvidar ninguno de los rostros de las personas que torturó en Iraq.

Amira, una de sus víctimas, reconoció en el cocinero Najeev de un restaurante de París al hombre que le había echado aceite hirviendo sobre los brazos. El deseo de venganza de Sami, su marido, convierte al ex-torturador en torturado, aquél al que con daños físicos de creciente intensidad e incluso amenazas de muerte se le pretende arrancar una confesión. Sayid confiesa enseguida su identidad y su antiguo oficio en la Guardia Republicana, pero en un principio prefiere ocultar su responsabilidad en las lesiones de Amira. Esta admirable mujer necesita de su antiguo verdugo un gesto personalizador que restaure la relación entre ellos al nivel que corresponde entre dos seres humanos, por eso quiere que él admita la verdad y le pida perdón. La aceptación por parte de su interrogador de que aquello fue horrible y de que le ha dejado casi tan profundamente afectado como a ella le parece suficiente para saldar la deuda y pasar página. Ella nunca ha querido una venganza que la convierta en agente de la violencia que ha aprendido a aborrecer. No quiere que ninguna criatura vuelva a vivir un horror similar ni la terrible secuela de no poder sentirse seguro nunca más. Nuestro ‘perdido’ iraquí le abre su corazón confesando que su rostro, junto al de muchas otras víctimas, se le hace a menudo presente cargándole de culpabilidad. El sincero intercambio entre ambos aportará paz al interior de estas dos personas.

El gato que, entre otros animales, recibe la visita de Sayid en la Llama, trae inmediatamente a la memoria de nuestro musulmán la mujer que en aquella ocasión le ofreció su perdón, en una sublime lección de respeto y de capacidad de reconciliación. Sayid no va a dejar por eso de analizar atentamente cada palabra, gesto y movimiento de su posible enemigo ni cada detalle de su entorno, pero desde una especial sensibilidad en contra de toda violencia innecesaria. Por eso le desagrada sobremanera que Kate golpee a la señora Klugh una vez que ha sido sometida –y más aún que la mate el propio Mikhail– y se verá inclinado a tratar con respeto a su prisionero.

El solitario ruso probablemente ha vivido durante su etapa en el ejército soviético experiencias similares a las de Sayid. Él mismo dice que tras años de haber llevado a cabo actos horribles contra sus enemigos se sintió atraído por un anuncio de la Iniciativa Dharma que ofrecía alistarse para salvar el mundo (aunque esta parte fuera mentira y la verdad es que fue reclutado por los Otros, probablemente al estilo de como lo fue Juliet [3.7]). Está claro que además de estar acostumbrado a herir (a Sayid) y a matar (a la señora Klugh) el hombre del parche en el ojo es experto en curar, lo que probablemente inspira gran respeto a nuestro iraquí. Ambos tienen también en común su habilidad en el campo de las telecomunicaciones, por lo que les va a ser fácil adivinarse mutuamente sus intenciones. El paralelismo entre ambos personajes queda subrayado por el nombre de Nadia, relacionado para los dos con una mujer especialmente admirada.

Tanto en el caso de Sami como en el de Mikhail, Sayid se encuentra ante alguien con quien tiene algo en común (nacionalidad y experiencia militar respectivamente), algo que en principio podría inspirarle una cierta camaradería, pero en ambos casos, una enemistad insuperable –por algo ocurrido en el pasado en contra de sus respectivos grupos o seres queridos– les separa irremisiblemente. Amira se yergue como testigo de la posibilidad de reconciliación, pero las hostilidades declaradas entre dos personas enemigas –o dos bandos enemigos– suelen levantar sospechas que impulsan apremiantes movimientos de ataque o defensa, sin dejar transcurrir el tiempo necesario para que cambie la perspectiva sobre esa persona que se percibe como una amenaza. Es el caso, por desgracia mucho más frecuente, que impulsa a Mikhail a disparar a Sayid antes de preguntar y a Sami a atacarle sin piedad aún sin poder estar totalmente seguro de su culpabilidad. Sayid, que ya ha aprendido mucho sobre el perdón muestra sin embargo frente al ruso una tendencia conciliatoria desde el principio, aún después de haber sido disparado.

El mismo tema de una enemistad que impulsa a atacar indiscriminadamente reaparece en el relato del ruso sobre la guerra –o purga– entre la gente de Dharma y los Hostiles. Los dos grupos que habitaban en la isla no pudieron convivir en paz sino que los Hostiles acabaron con la comunidad de científicos. Del mismo modo la posible interacción amistosa entre los supervivientes del avión siniestrado y los misteriosos Otros (u Hostiles) queda de nuevo abortada en una escaramuza que termina con un herido, un cadáver y un prisionero.

Sayid, además de una sorprendente capacidad de clemencia, demuestra en su aventura en la Llama su admirable arrojo, inteligencia y generosidad. Se arriesga como voluntario a acercarse para un reconocimiento más cercano de la extraña granja y de su habitante, para luego aguantar estoicamente un disparo en el brazo, la extracción de la bala y el pinchazo de los puntos, siendo consciente todo el rato de la mentira que está representando su provisional ‘doctor’. Locke, por su parte, nos sorprende dedicándose completamente a lo suyo y olvidando que forma parte de un equipo (que normalmente tiende a querer liderar). En vez de interesarse por el que parece ser un representante de la Iniciativa Dharma y por la información que se podría obtener de él (como hacen Kate y Sayid y se podría esperar especialmente de Locke), se obsesiona con ganar el juego de ajedrez al que es invitado por un ordenador. El ajedrez simboliza de nuevo la terrible oposición a muerte entre grupos que comparten un terreno común, pero que en vez de colaborar pelean incansablemente por hacerse con el poder, aunque esto suponga que ambos bandos queden en su mayoría esquilmados.

De hecho, la perseverancia de Locke en su intento de ganar este juego resulta finalmente destructiva: se ve recompensada con nuevas instrucciones –en su mayoría obsoletas– del Dr. Candle (o como se llame este hombre en realidad), de las cuales sólo una parece seguir vigente, “si ha habido una incursión hostil en la estación, introducir 77”. Este código al parecer activa las cargas explosivas que alguien ha dispuesto por toda la estación. Cuando John se acerca al ordenador para jugar al ajedrez se muestra claramente una cámara fijada en lo alto de la pared cuyo piloto rojo indica que está activa. Es posible que alguno de los Otros u otra persona diferente esté vigilando en directo esta habitación de la Llama e incluso sea capaz de operar el ordenador a distancia, jugando la partida de ajedrez contra Locke mientras le deja creer que está jugando contra una máquina (Mikhail le comenta que el ordenador a veces hace trampas). Este supuesto observador podría también haber hecho que John accediera a las instrucciones del Dr. Candle y de este modo haber inducido que el ex-paralítico hiciera explotar la estación de comunicaciones.

Locke destruye así toda posibilidad de aprovechar el valioso equipamiento, suministro, animales e información de la recién descubierta estación Dharma. Sus acciones desconciertan de nuevo a Sayid, que desde el principio de esta temporada no acaba de aclararse con el tipo de liderazgo que está ejerciendo el calvo explorador, empezando ya en este mismo episodio a cuestionar la racionalidad de que estuvieran siguiendo el rumbo marcado en el bastón de Eko. Se trata en este caso de una divergencia entre amigos que en principio están en el mismo bando, pero que podría conducirles a todo tipo de conflictos en el futuro.

Mientras tanto los supervivientes que esperan en la playa han encontrado una manera pacífica de resolver un conflicto que enfrentaba a Sawyer con el resto de la comunidad, obligándole a compartir sus cosas con todo el campamento y, lo que para él es aún más difícil, a desistir por una semana de aplicar apodos ofensivos a diestro y siniestro. El que en su momento se autoproclamó “nuevo sheriff del pueblo” (2.13) vuelve a encontrarse destituido del poder que él cree obtener por medio de sus posesiones. Enormemente preocupado por la ausencia de Kate, James tendrá que aprender a ser uno más en la comunidad sin ningún tipo de ventajas o prerrogativas. Tampoco podrá expresar su agresividad o sentido de superioridad con sus insultos. Hurley, siguiendo las huellas de Jack (2.17) ha utilizado su habilidad como jugador de ping-pong para poner al rebelde sureño en su sitio y no dejarle aprovecharse de la gente.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- El tema principal de este episodio es la hostilidad entre enemigos y la posibilidad de superarla en un cierto respeto y entendimiento mutuo. La postura ideal está representada en la intervención de Amira en defensa del gato, que aún a veces araña a su salvadora, y a favor de perdonar a su antiguo agresor, siempre que éste reconozca y aborrezca lo que hizo. Este ejemplo influirá en la tendencia de Sayid a superar el rencor y a tratar con clemencia a sus enemigos, aunque le acaben de disparar o le amenacen con matarle en cuanto se descuide (como vimos en 2.8 con respecto a Ana y en este episodio con respecto a Mikhail, aunque en 2.14 y 2.18 había recaído en su tendencia a torturar a un prisionero). Es importante constatar cómo el paso de reconocer la verdad de los hechos es importante en el proceso de reconciliación: no se trata de olvidar lo que pasó sino de reconocer juntos que fue algo horrible que produce secuelas tanto en el torturador como en el torturado, de comprometerse juntos a impedir que algo así vuelva a ocurrir. Es triste sin embargo que Amira no considera la posibilidad de que Sami también perdone a Sayid; su marido parece entregado a la idea de vengar el dolor que vivió su mujer y la terrible inseguridad que la acosa desde entonces.

- La influencia del perdón de Amira llega mucho más allá de aquella habitación en París. Sayid se verá impulsado desde entonces a perdonar como fue perdonado. Cada perdón responde así a una larga cadena de perdones: cuando uno reconoce que hace muchas cosas mal y siente el alivio de haber sido perdonado experimenta una mayor inclinación a ser clemente con los fallos de los demás. Por eso cada pequeño gesto de perdón puede tener un alcance inusitado. Pero del mismo modo que el perdón engendra perdón la violencia engendra violencia, como ocurre en este episodio en el caso de Sami.

- Por otra parte hemos visto que Mikhail quería ser bueno y ayudar a salvar el mundo tras haber hecho daño a muchos enemigos en la guerra. Se resiste a matar a su compañera, que prefiere morir a traicionar a su gente. Ese sentido de la obligación con respecto a una causa mayor es la que al final prevalece y le fuerza a disparar a la señora Klugh. Es difícil juzgar a este nuevo personaje sin conocer bien su contexto, pero su solicitud en curar a Sayid, en sacarle la misma bala que él mismo le había incrustado, indica que no es tan mala persona. Por otro lado tenemos la fría indiferencia de Danielle, que no se implica con ninguno de los dos bandos y ante un posible peligro pasa de ayudar a los que han buscado su alianza en una tarea de rescate. Aliados que se esfuman, enemigos que se curan, amigos que se matan, una estación preprogramada para autodestruirse, haciendo volar por los aires todos sus valiosos recursos... todas ellas son distintas formas de afrontar conflictos, por supuesto de muy diversa importancia y gravedad. La serie nuevamente nos ofrece interesantes paradojas que nos invitan a abrir nuestros ojos y mirar de una manera nueva las aparentes amistades o enemistades que nos rodean.

Amparo