jueves, 25 de febrero de 2010

6.4. El sustituto

Nuestro x-John vuelve a casa desde el aeropuerto en su furgoneta, profundamente frustrado tras haber intentando en vano hacer su anhelada expedición australiana. Le fastidia tener que depender tanto de una maquinaria que tiene la mala costumbre de atascarse cuando menos falta hace (o cuando no le conviene al superafortunado de x-Hurley), y ahí está, a unos metros de la puerta de su casa, pero sin poder salvar los centímetros que separan del suelo a la plataforma en la que se encuentra su silla de ruedas. Su gran aventura de hoy consiste en atreverse a dar ese pequeño salto... y... ¡vaya! falló, dando con sus huesos en el suelo, para ser irónicamente bienvenido por los indiscretos aspersores de su césped (tan indiscretos como los del campo de golf en el que Sayid se cargó al señor Avellino).
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Pero éste no es el amargado y solitario John Locke que conocíamos antes del vuelo 815, sino que su novia x-Helen se apresura a rescatarle para continuar después con la abrumadora planificación de su boda (en Octubre y se supone que ahora están a finales de Septiembre) a la que incluso estará invitado el padre de Locke (suponemos que una versión menos mala de él; se ve una foto de los dos juntos en su cubículo de trabajo mientras habla con Randy). Sin embargo x-John sigue siendo partidario del color caqui (el típico de su camiseta isleña) para las sillas de la boda, aunque cambia enseguida de opinión para agradar a x-Helen. El ‘cajero’ con corazón de explorador ha intentado cumplir su sueño en el ‘outback’ australiano sin conseguirlo, y ahora tendrá que pagar las consecuencias, al menos en el trabajo, donde su engaño (no asistió al congreso al que le mandó su empresa) ha sido descubierto. También x-Helen descubre la mentira, abriendo la maleta ‘perdida’ con los cuchillos, pero decide demostrar comprensiva a su novio que no necesita cambiar en nada para ser su ‘héroe’.
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Sumido en estas circunstancias de su vida x-John se mira en el espejo, preguntándose quién es verdaderamente él, ahora que va asumiendo (gracias también al realismo de x-Rose) que nunca más podrá andar (y menos si se dedica a rechazar la tarjeta de x-Jack y a no creer en los milagros). Y nos responde esta pregunta al final del episodio, cuando integrado en un puesto de trabajo medianamente interesante enseñando deportes y ciencias en un instituto, saluda a un insignificante profesor de Historia Europea llamado Benjamin Linus: “John Locke, sustituto”.
No sabemos cómo quedó paralítico este Locke, pero su intento de hacer la expedición ha cambiado realmente su vida, haciéndole conectar con una serie de personas relacionadas con el vuelo 815 que le han derivado hacia nuevos derroteros. De un ‘cajero’ apodado ‘coronel’, ha pasado a ser un profesor ‘sustituto’. Quizás el destino (¿o algún x-candidato?) está colocando sus piezas para que este personaje ‘sustituya’ significativamente a alguna otra pieza clave...
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En otra realidad, unos tres años más tarde y en una isla perdida, el Otro Ben Linus reconoce que el John Locke que él conoció (y mató) era sobre todo un ‘creyente’, un hombre de fe, que había sido mucho mejor que él. Nuestro experto lanzador de cuchillos –y humilde servidor de la isla que le devolvió el uso de sus piernas– sólo volvió a Los Angeles para descubrir que Helen había muerto y morir poco después también él. Aunque el destino le reservaba la ironía de traerle de nuevo a la misma playa perdida para ser enterrado junto a su aprendiz Boone (cual nuevo sacrificio requerido por la isla), y permitir así que su imagen ‘sustituyera’ a la que usaba antes el enemigo de Jacob, la del hombre que vestía de negro junto a la estatua. Si ponemos en una balanza la vida de este apasionado hombre de fe, con todo lo que disfrutó y sufrió en estos tres años (transcurridos para él en sólo unos meses) y la de su resignado y pragmático x-homónimo de x-Los Angeles, ¿cuál es más significativa? ¿cuál hubiera preferido él? (aunque para contestar a esta pregunta aún tendremos que ver por qué derroteros le llevan los guionistas en los flash-sideways).
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Pero aún nos queda otro John Locke y otra balanza que analizar: el ser que asumió falsamente su identidad y que al parecer ahora sólo puede adoptar o esta forma o la de amenazante humo negro (Smocke le empiezan a llamar en algunos foros). Y cuándo se le pregunta quién es responde que un ser atrapado que alguna vez fue hombre y fue libre, y que sufrió traiciones y la pérdida de un ser querido. Sea esto verdad o no, Smocke se mueve de manera bastante urgente y decidida hacia un único fin inconfesable (probablemente la muerte de todos los candidatos) y su actual objetivo en la partida es reclutar a gente, ofreciéndoles lo que cree que más puede atraerles: información y libertad. Su jugada previa ha eliminado a una pieza clave del tablero, a su odiado Jacob, pero es posible que haya infringido un poquito las reglas (o no, que para eso se buscó trabajosamente su resquicio o ‘loophole’), aunque esto no quita que se le vean de lejos las ganas de infringirlas o burlarlas si puede una vez más. Con regocijo destruye el equilibrio que durante cientos de años había reinado entre las piedras negra y blanca de la balanza de la cueva, y arroja la piedra blanca al mar, de modo que la negra asume gravemente sin tardar la posición predominante (¿para cuánto tiempo más?)
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Lo que está claro es que el color de la partida ha cambiado y todos están corriendo a refugiarse en el templo, único lugar seguro de la isla, al que aún faltan por llegar Richard (apenas liberado de la cautividad), Ilana, Frank, Ben y Sun (que aún están guardando duelo a sus muertos, recogiendo sus cenizas o enterrando sus despojos), mientras que andan por la selva perdidos Kate, Jin y Claire. Por su parte, Sawyer, tratando de atontar su dolor con música a todo volumen y un potente whisky, ha preferido pasar totalmente de la inquietante situación de alerta que reina en la isla, poniéndose sin saberlo a merced de las artimañas del furibundo Smocke.
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Sólo un jovencísimo rubio se atreve a asomarse por la isla y recordar al negro jugador las venerables reglas de juego (“no lo puedes matar”), poniéndole de un pésimo humor. El misterioso muchacho es “un chaval de 12 a 14 años, con sabiduría en los ojos, pesadumbre en el corazón, una importantísima responsabilidad a sus espaldas y pelajo rubio en la cabeza” (según traduce Gonzalo Tegel en el blog de Cuatro los datos de la llamada de casting para seleccionar a este actor que publica la lostpedia). Smocke está harto de reglas, de sentirse atrapado durante siglos en este maldito juego, de tener que buscarle las vueltas a gente que ya le tiene más que calado, de perseguir dolorido a este crío, quizás esperando de él algún tipo de tregua o trato de favor para facilitarle el resto de la partida. ¿Por qué aparece el muchacho la primera vez con los brazos ensangrentados? ¿Por qué no puede verle Richard? ¿Podría este chico tener que ver con la famosa pérdida de un ser querido que sufrió este ser cuando aún era un hombre, con aquella traición que endureció su corazón? Sea su nombre Aaron o Jacob (¿por qué no Christian o Charles, ya puestos?), se trata probablemente de un personaje sumamente significativo de su pasado como ser humano.
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Y como cumbre del episodio tenemos la interacción entre esos dos monstruos (sin ánimo de ofender) de Sawyer y Smocke. Nuestro experto estafador se huele a la legua que este ‘muerto’ no tiene ningún miedo y aprende pronto que no se trata de un ser al que pueda amenazar con un arma. Parecía encontrarse abatido, pero enseguida se enciende en él el modo de supervivencia y de la búsqueda activa de la mayor ventaja posible. Aunque sin subestimar a su formidable oponente, Sawyer pasa de esconderse en la selva y de salir corriendo hacia el templo, prefiere ‘jugar’ para ver qué puede ganar (quizás porque no tiene mucho que perder). Si creíamos que James había afrontado en Cooper (Sawyer vs. Sawyer) al malo más maligno posible del universo, allá en el infernal calabozo del “Black Rock”, se encuentra ahora ante un expertísimo manipulador de voluntades (que ha dejado pequeño al mismísimo Ben Linus, quien entre “ratones y hombres” bien que en su día se las dio con queso a nuestro rubiales) y jugando además con reglas enigmáticas en un terreno escabroso y desconocido.
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Pero es que nuestro Sawyer se crece ante las dificultades y le da al coco con enorme rapidez. En la impresionante imagen de la entrada a la caverna de estos dos personajes, vista desde detrás de la balanza, Smocke queda del lado de la piedra blanca y Sawyer de la piedra negra, expresando quizás que el sureño ex-jefe de seguridad de Dharma es más temible de lo que el enemigo de Jacob quisiera creer. Al menos nos gustaría pensar que no ha entrado allí cual inocente corderito, dispuesto a aliarse con el monstruo isleño y a dejarse engañar por él. Por algo ha sido elegido ‘candidato’, tocado en su infancia por el mismísimo Jacob (el primer ‘tocado’ cronológicamente de los que conocemos) y aspira con el número 15 a suceder al protector de la isla y jefe supremo. A menos que de verdad decida pasar de todas estas patrañas y entregarse a colaborar en el plan del ‘lado oscuro’. Que lo de salir de la isla de momento puede pintar muy bien, pero yo creo que antes Smocke querrá limpiarla de ‘candidatos’ y espero que el ‘lado luminoso’ de Sawyer reaccione a tiempo, antes de verse engullido por la oscuridad esa que le cambia a uno el corazón (esperad, no, los que tenían eso eran Sayid y Claire ¿no?) El caso es que Smocke, que no tiene un pelo de tonto (ehem), podría estar haciendo un reclutamiento muy efectivo entre reclutados y reclamados antes de que ni nos demos cuenta de lo que va todo este juego... Que a los del Templo los pille confesaos...

domingo, 21 de febrero de 2010

6.3. Lo que hace Kate

Kate ve al Marshal buscándola a las puertas del aeropuerto y se decide rápidamente por una vía de escape, caiga quien caiga, pero esta vez el daño colateral lo va a sufrir Claire y, de algún modo, también el pequeño Aaron. No duda en dejar a la embarazada australiana abandonada en una acera sin bolso ni equipaje mientras se dirige a un mecánico que pueda ayudarle a quitarse las esposas, pero cuando va a cambiarse de ropa se mira al espejo y... hay algo distinto... ya no es exactamente la misma persona que cuando embarcó en el avión.
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La bolsa de Claire lleva cosas para el bebé entre ellas una orca, blanca y negra, de peluche. Kate la coge y siente algo familiar en relación a ese juguete, en relación a esa madre y a ese bebé que no puede explicar. Sin perder tiempo se dirige de nuevo al lugar donde abandonó a la rubita, encontrando que ésta sigue allí totalmente confusa, pues no acaba de creer en su mala suerte: la pareja que iba a adoptar al niño no ha venido a buscarla y para colmo se ha encontrado en el taxi con una tipeja apuntándola con una pistola. Y el caso es que ahí está esa mujer otra vez, pero ofreciéndose ahora a ayudarla ¿podrá fiarse de ella?
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Un extraño instinto invita a Claire a confiar en esta desconocida hasta llegar incluso a ponerse en sus manos cuando, abandonada por la que iba a ser la mamá adoptiva de Aaron, empieza a sentir contracciones. Por su parte Kate tambiénn arriesga mucho por causa de esta desafortunada mamá al exponerse a ser capturada de nuevo cuando, solícita, la acompaña al hospital. Algo liga a estas mujeres más allá de lo que pueden comprender, algo que ante un posible problema en el pequeño nonato les hace angustiadas apretarse mutuamente la mano para apoyarse. Al despedirse, tras haber mostrado Claire su agradecimiento ayudando a su nueva amiga a escapar, ambas saben que el encuentro no ha sido casual y que ninguna de las dos podrá alejarse por mucho tiempo de ese pequeñín que aún no ha llegado a nacer (por intervención de un extrañamente amable Ethan Goodspeed).
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Curiosamente también en su otra vida Kate había sido una vez ayudada por una joven embarazada, cuya amistad valoró durante muchos años después. Aunque, precisamente por influencia de Cassidy, tomó la decisión más difícil de su vida: dejar a Aaron con su abuela Carole para irse a la isla a buscar a Claire.
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Y esta es la Kate que nos encontramos en la isla, quien al ver la forma en que Sawyer ha escapado del templo decide imitarle para tener más libertad de movimientos en la selva. Su falta de vacilación a la hora de usar la violencia para librarse de sus acompañantes Otros funciona en paralelo con los flash-sideways en los que la hemos visto amenazar al taxista y a Claire (sin importarle para nada las maletas de Arzt que se interponen en su camino), la misma violencia que Aldo no le puede perdonar de cuando le derribó para librar a Karl de su prisión en la habitación 23 en la isla Hydra. Pero a Jin no le interesa más que encontrar a Sun, y decide seguir adelante por su cuenta, preguntándole antes quién realmente le importa a ella.
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Mientras, Sawyer ha ido a la que fue su casa en Villa Otros (o Villa Dharma 30 años atrás) para seguir hurgando en el hondón de su pena hasta encontrarse dolorosamente con el convencimiento de que la culpa de la muerte de Juliet la tiene él, al menos en parte. Aquel momento en que ella accedió a no subir al submarino para quedarse con él en la isla demuestra, según él, la manera egoísta en que la convenció para que no le dejara solo, sin pensar en lo que hubiera sido mejor para ella. El anillo de compromiso que tan ilusionadamente había guardado para su rubia es lanzado con fuerza al vacío, un vacío similar al que siente por dentro al confesar entre lágrimas que probablemente su destino es permanecer para siempre solo.
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A James no le agrada en estos desdichados momentos la compañía de su pecosa amiga. Pero ella ha venido buscándole y le escucha junto al muelle, dispuesta a dejarse tocar por su dolor, a compartirlo de alguna manera. Ella también se siente culpable, por haber entrado (a partir de ese mismo muelle en el que están ahora) al submarino en que ambos amantes finalmente dejaban la isla atrás, para enredarlos en la locura de la bomba que ha dado lugar a la situación actual. Y ella también entiende lo que es sentirse sola y casi sin esperanzas de volver a recuperar a su niño perdido ni de poder devolverlo a su madre. Entre lágrimas se siente tentada de renunciar a todo y dejarse abatir por la situación tan sumamente desconcertante en la que se encuentran. Pero, al contrario que Sawyer, ella no puede renunciar... tiene que seguir luchando por subsistir, por encontrar a la desaparecida mamá australiana y por llevarla de vuelta a casa, aunque sea sin la ayuda que esperaba encontrar en su amigo.
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Pero ha sido Jin, precisamente al separarse de Kate, el que se ha encontrado con Claire. Una versión de Claire muy parecida a Danielle Rousseau (desmelenada, con su arma al hombro, revisando las trampas dejadas por medio de la selva...), sólo que esta rubia ermitaña abandonó por su cuenta a su bebé en vez de que le fuera arrebatado y parece ser que en lugar de matar a su equipo por haberse infectado es ella ahora la víctima de la temible 'enfermedad'.
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O al menos esa es la nueva que ha comunicado Dogen a Jack, al explicarle el mal que aqueja a Sayid, una oscuridad que se extiende y que si le llega al corazón hará que nunca más vuelva a ser él mismo. Tras torturar al resucitado torturador (como también hizo Danielle en su momento) el jefe del Templo ha diagnosticado que tiene la infección y por tanto debe tomar voluntariamente la píldora que con ese fin ha puesto en manos de su doctor. Como Jack no sabe realmente a qué atenerse con estos tipos decide tragarse él mismo la píldora para ver qué pasa y de ese modo descubre asombrado, tras la maniobra en la que Dogen evita que llegue a ingerir la medicina, que se trata de un veneno (esta opción de la píldora verde no se la ofrecieron a Neo en Matrix).
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No sabemos realmente si, tras haber revivido a Sayid, los Otros quieren ahora matarlo. Ni tampoco si nuestro iraquí ha sido 'reclamado' por Jacob o su enemigo, o bien por alguna otra misteriosa entidad isleña. Quizás le veamos en un futuro transformarse en un ser maligno volviéndose contra sus amigos (como vimos a Robert volverse contra su esposa embarazada antes de caer derribado por ella), y a éstos pasar por el terrible trance de tener que eliminarle. O quizás aún está a tiempo de superar la infección, por algún extraño exorcismo, acaso provisto por el mismísimo Jacob que antes de morir se ocupó de comunicar a los suyos lo importante que era mantener con vida a Jarrah. Lo que está claro es que, al igual que su respetado y difunto jefe supremo, los Otros no van a forzar a nadie a hacer nada en contra de su voluntad y por ello sólo se atreven a atentar contra la vida de Sayid con la cápsula venenosa si éste accede a tomársela.
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Hurley y Miles, asombrados especialmente por la vuelta a la vida de su amigo, le han preguntado por su experiencia en el más allá. Y aunque Sayid no recuerda nada (como tampoco recordaría Ben quién le disparó cuando era jovencito en Villa Dharma), puede ser interesante tener en cuenta que Charlotte Malkin (la hija del vidente australiano que visitó Claire), cuando revivió como él tras haberse ahogado estuvo un tiempo en un 'lugar intermedio' donde recibió un mensaje del difunto Yemi para su hermano Eko. Nuestros dos amigos saben por experiencia que a algunos les es posible comunicarse con los muertos y andan tratando de averiguar cómo funciona realmente ese 'lugar intermedio'.
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Perdidos nos abre así a un nuevo misterio (la famosa enfermedad de la que habíamos oído hablar desde la primera temporada) mientras tratamos de aclararnos con la nueva realidad, en la que los protagonistas parecen encontrarse al otro lado del espejo: siendo ellos mismos, pero diferentes. Recordemos aquí también el famoso pasaje de "Alicia en el país de las maravillas" que Jack leyó a Aaron cuando ejercía de padre (o de tío) modelo antes de entregarse al combinado de pastillas con alcohol (pasaje que al parecer él había oído muchas veces de pequeño leído por Christian Shephard): "Pues vaya, qué cosas tan extrañas pasan hoy. Ayer todo fue como de costumbre. Me pregunto si habré cambiado esta noche. A ver, ¿era yo la misma cuando me levanté por la mañana? Pero si no soy la misma, la pregunta es ¿quién soy ahora mismo? Ah, ése es el gran enigma".

martes, 16 de febrero de 2010

6.1-2. LA X

El fogonazo blanco de la explosión de Jughead se diluye entre las nubes que rodean a un avión que va de Sydney a LAX (o más bien a LA X, es decir, Los Angeles-X o versión alternativa de esta ciudad californiana, según es costumbre denominar este tipo de cosas en los comics de ciencia ficción). Todo en él nos resulta familiar, pero de pronto está claro que lo que estamos viendo no es ni ocurre exactamente igual que durante aquel famoso vuelo 815 de Oceanic. Y por si no nos quedaba claro, nuestro querido Desmond Hume se da un paseíto para saludar al colega (“brother”) Jack, como comentó varias veces que haría si le veía en ‘otra vida’. Y es que este vuelo que vemos no está destinado a accidentarse en una desconocida isla del Pacífico porque un desquiciado escocés no llegue a tiempo a pulsar su tecla, sino que bajo el avión el mar se presenta vacío (tan vacío como quedó súbitamente bajo el helicóptero de Lapidus cuando transportaba a los Oceanic 6 junto con Desmond), y solamente una mirada de profundidad puede revelarnos que Villa Otros yace inundada en el fondo del océano, ya nunca más a la sombra de la ahora coralificada estatua.
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En mi opinión lo que ha pasado es lo siguiente: el explosivo encuentro de la detonación de la bomba con el enorme flujo electromagnético desatado por la tozudez de Radzinsky ha cancelado el poder destructivo de ambos (en el marco de nuestra realidad o universo), reencauzándose toda esta energía en una dimensión nueva (no olvidemos que el Cisne, como la Orquídea, está situado en una especial singularidad espacio-temporal), de modo que se ha generado una nueva línea temporal, mientras que la línea temporal original de nuestros losties, aunque totalmente convolucionada por los viajes en el tiempo, sigue exactamente igual, fiel a la ley de “lo que pasó, pasó” (hay suficientes indicios en ese sentido: finalmente se construyó el búnker, se instaló el ordenador con su tecla, el fallo de Desmond produjo el primer “system failure” resquebrajando en el aire al Oceanic 815 y en último lugar nuestro escocés accionó la llave de seguridad e implosionó la estación). Los losties viajeros, introducidos en la zona cero del multidimensional incidente, viajaron sin embargo de nuevo en el tiempo (suponemos que por última vez) volviendo esta vez exactamente al tiempo en el que habíamos dejado a los náufragos del Ajira 316. O sea que de alguna forma se deshace la convolución temporal devolviéndolos de nuevo al tiempo en la isla en el que están sus originales contemporáneos, más o menos finales de 2007, pero es posible que Rose, Bernard y Vincent al encontrarse alejados del foco de traslación se nos hayan quedado en el pasado...
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Y, como os decía, la liberación durante el incidente de tan enorme cantidad de energía ha generado una anomalía espacio-temporal, una nueva calle en el tiempo, que según entiendo, se inició allá por 1977 (nuestros x-losties son bastante parecidos a sí mismos, aunque la vida no les ha ido exactamente igual) de modo que en esta nueva realidad la x-isla quedó hundida en el fondo del océano y todo aquello que había sido influenciado por ella cambia ahora en el nuevo desarrollo de los acontecimientos (por ejemplo x-Desmond y x-Juliet nunca llegaron a sufrir sus tres años de angustia en la misma).
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Lo que quiero decir es que la ley de “lo que pasó, pasó” y lo de que hay una sola ‘calle’ del tiempo es algo que se cumple en el universo original de los losties: por muchos saltos temporales que hayan dado ellos nunca podrán salir de esa línea del tiempo, o sea que para ellos se cumple “lo que pasó, pasó”. La novedad que Faraday descubre (o intuye, quizás no lo supo nunca muy claro) es que con ayuda de la bomba (aplicada a la anomalía electromagnética del Cisne) puede romperse esta ley, y lo que vemos es que realmente aparece una nueva ‘calle’ en el tiempo, pero generándose digamos un universo paralelo. Es decir, nuestros losties no pueden saltar de una realidad a la otra, de una calle del tiempo a la otra, sino que siempre estarán en la misma (en “Regreso al Futuro” Marty viajaba a su pasado y cambiaba el futuro para sí mismo, pero eso no ocurre aquí). Lo que pasa es que ha aparecido digamos una realidad nueva en la que ocurren cosas nuevas, sólo que ellos no son conscientes de esa otra línea que tomó su vida en esa otra realidad paralela, ni tampoco lo son sus otros yoes (los x-losties) de la línea original. Son dos realidades anómalamente separadas.
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Y a partir de la breve aparición de Desmond en la premiere... entiendo que debemos buscar pistas de lo que ha pasado con el incidente precisamente en uno de sus episodios estelares, “Flashes Before Your Eyes” (mi favorito desde que me dejó absolutamente fascinada cuando lo vi) junto con algunos datos de “Further Instructions”. Al accionarse la llave de seguridad el fenómeno producido en el Cisne fue similar, aunque a pequeña escala, a lo que ocurrió cuando Juliet detonó la bomba. Algunas cosas quedaron atraídas hacia el fondo del pequeño cráter que se formó (las cosas metálicas), otras salieron volando a la cima de los árboles como el bastón de Eko (lo que ahora le pasa a Kate), y un par de personajes implicados quedaron asombrosamente intactos en el suelo aunque perdida la capacidad de hablar de uno y despojado de sus ropas el otro (parece que nada de eso ha pasado esta vez). El efecto de aturdimiento en los oídos que sufren ahora Kate y Miles lo vimos reflejado entonces en Charlie, quien además parece que aún estando por allí cerca ni siquiera se enteró de la implosión.
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Y vimos que como efecto secundario Desmond viaja mentalmente a su pasado, pero ¿no sería ya entonces su pasado en la nueva línea temporal que llevaba ya brujuleando por ahí desde 1977? Probablemente no, yaque Eloise se empeña en que deje a Penny y se vaya a la isla a pulsar la tecla, lo cual indica que más bien fue una pequeña desviación con poco recorrido, puesto que el universo enseguida trató de corregir su curso. Entiendo por tanto que otro efecto colateral del incidente es que nuestros losties implicados en este fenómeno han adquirido el poder de entrar en comunión con sus x-yoes como le pasó a Desmond. Recordad que aunque se encontraba físicamente en su tiempo pasado y con todas sus memorias de entonces, le venían flashes de su tiempo en la isla, de modo que una serie de déja-vus acaban haciéndole ser consciente más o menos de lo que pasó en su tiempo original. Eso es lo que creo que está pasando con x-Jack, x-Kate y x-Sawyer (no he visto que de momento los “x” de Hurley o Locke y mucho menos de Charlie, Boone, Artz, o Neil... tengan esos momentillos de duda como de que algo aquí no acaba de cuadrar o me suena a que debía haber pasado algo distinto, pero no sabría qué decir respecto a Rose y Bernard). Mucha gente especula que el propio Desmond que está en el avión sabe lo que está pasando, desde su capacidad de conexión consigo mismo en otra línea alternativa de tiempo (otros dicen que pudo ser una visión de Jack o una especie de viaje físico interrealidades de nuestro escocés errante, pero yo entiendo que hemos dejado atrás ese tipo de viajes físicos y ahora estamos con los viajes mentales a la realidad alternativa, aquellos que hasta ahora sólo ha sufrido Desmond y algunos desgraciados tripulantes del Kahana). También es posible que el don de recordar sus yoes de la línea original sólo corresponda a los que en su día fueron tocados por Jacob. Esto podría dar lugar en su momento a que x-Sawyer se encuentre con x-Juliet y ella no pueda acordarse de ninguna forma de él, pero él la reconozca enseguida y la invite a tomar un café; la breve consciencia de esta situación que recibe la agonizante Juliet incidentada es lo que la hace exclamar –ya muerta– “funcionó”.
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¿Y hacia dónde se dirige esta situación? Podría ser que una de las líneas temporales deba colapsar y dejar que la otra siga adelante, en todo caso yo no creo que puedan seguir ambas establemente separadas para siempre. Creo que una de las dos debe de ser inestable y se producirá pronto una “course correction” de esas. Pero puesto que lo de la bomba ‘funcionó’, entiendo que la realidad paralela, la de los “x-losties” será la definitiva... ellos no tendrán ninguna experiencia de la isla, pero nuestros “losties” que ahora están en la isla de alguna forma se trasladarán mentalmente a esos otros yoes (a lo Desmond), y será su forma de salvarse del universo ese inestable en el que se han quedado.
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Para mí que tal como va la cosa nuestro maligno FLocke (el falso Locke que encarna al enemigo de Jacob y de vez en cuando se transforma en el justiciero Humo Negro) se va a hacer con el poder en la isla, pero Jacob antes de morir se las ha ingeniado para originar (por su influencia en los losties) ese universo alternativo en el que probablemente vencerá. Es posible, sin embargo, que antes de que Smokey arrase con todo (pues parece que esa es su manera de ‘volver a su casa’) haya una misión importante que cumplir, para que todo quede bien arreglado (que por ejemplo Smokey no pueda acceder a la x-realidad) y en esto están implicados de pies a cabeza los Otros del templo (bajo el mando de Dogen y Lennon), para lo cual necesitan sin falta a Jack, Sawyer, Kate, Hurley, Miles, Jin y, sobre todo, Sayid.
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Sayid, sabiendo que estaba mortalmente herido, se esperaba acabar más o menos en el infierno (y quizás no andaba tan descaminado...) De hecho al ser sumergido en el agua para morir y luego revivir ha vivido una forma de bautismo integral, imagen reforzada cuando al sacarle los Otros del agua su cuerpo queda configurado como una cruz. Precisamente el cristianismo predica que el bautismo nos introduce en una ‘vida nueva’, y esperemos que además en su caso resulte igualmente una acción ‘redentora’ en vez de que su despertar al final del capítulo, como muchos tememos, nos lo haya transformado en un agente del mal.
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El paso de los muertos a través del agua camino de una vida diferente aparece también en la mitología griega, cruzando la laguna Estigia en la barca de Caronte. También los egipcios (cultura más relevante para nuestra serie) usaban barcos para depositar a los muertos de forma que hagan su viaje a la otra vida. Tanto Sayid como probablemente Ben de pequeño estando moribundos han sido depositados en el agua para ser curados ¿o directamente para que resuciten en una nueva vida?... Igualmente el barco ‘Black Rock’ viajó en su momento por las aguas hasta la isla y es posible que alguno de sus tripulantes ande por ahí viviendo casi eternamente... No olvidemos finalmente que en la parte baja del tapiz de Jacob figuraban varios misteriosos barcos...
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El mismo tapiz de Jacob que muestra egipcios viviendo tan felices bajo la protección de sus dioses, dedicados a la vida cotidiana, lo que nos recuerda a cómo viven los Otros tan contentos en su templo, hasta que se enteran de que Jacob (¿uno de los diosecillos protectores?) ha muerto. Alucinados por la milagrosa vuelta a la vida de Sayid, parece que Jack y compañía tendrán que colaborar finalmente con los extraños y ahora atemorizados Otros que habitan el Templo, pero de momento los ánimos están un poco soliviantados y será difícil generar la confianza suficiente entre todos ellos para llega a hacer algo productivo. Y el que menos ganas tiene de hacer nada ni colaborar con nadie (y menos aún con Jack) es Sawyer, debido a la brutal pérdida que ha sufrido.
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Y ya que hablábamos de la barca de Caronte, se ha dicho en algún foro o blog que Sawyer bajó a los infiernos cual Orfeo a buscar a su Juliet, pero desgraciadamente al igual que el famoso héroe griego no pudo volver con ella... Aclaremos también que aunque Juliet había caído a un pozo hondísimo en 1977, al trasladarse a 2007 su situación cambió un poco, y mientras que Kate acabó en la copa de un árbol, la rubita se quedó más cerca del núcleo electromagnético, ya que iba ‘adornada’ por ciertas cadenas. Pero puesto que en ese año no está abierto el profundo túnel radzinskiano y los viajes en el tiempo son así de considerados que no te dejan por ahí atrapado en medio del terreno (más considerados que los guionistas de la serie cuando enterraron vivos a Nikki y Paulo) su magullado cuerpo quedó esta vez un poco más accesible desde la superficie, dando oportunidad a que Sawyer la estrechara entre sus brazos para despedirse.
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Ya era hora de que Perdidos hiciera justicia por una vez al duelo que sufren los personajes tras la muerte de uno de sus compañeros (otras veces era como que lo enterraban –o no, en el caso de Charlie– y a otra cosa). Sayid penó muchísimo por la muerte de Shannon, y ésta por la de Boone, Hurley por la de Libby y la de Charlie, Sun por la supuesta muerte de Jin, pero Sawyer ha alcanzado un nuevo nivel de duelo, por el profundo vínculo que le unía a Juliet y por su temperamento visceral y vengativo. De todas formas el episodio 6x2 me ha recordado mucho al 2x2, cuando Michael sólo sabía echar las culpas a Sawyer del secuestro de su hijo, ensañándose con él como ahora hace James con Jack (en recuerdo a ese episodio hemos visto merodear por el agua junto a la x-estatua al x-tiburón con su cola marcada con el logo de Dharma). Michael necesitó pasar toda una noche en el mar devorado por la angustia de la ausencia de Walt hasta llegar a reconocer que su compañero sólo hizo lo que creyó mejor. Igualmente suponemos que Sawyer entrará en razón, a pesar de que su fiereza e impulsividad se lo harán más difícil que al bueno de Michael, y que la rivalidad Jack-Sawyer está tan enconada que no será tan fácil que se lleguen a reconciliar. Sin embargo esta es una de las escenas que más estoy deseando ver, cuando cada uno de estos dos carismáticos personajes reconozca abiertamente su aprecio por el otro y llegue incluso a asumir un sacrificio por salvar a su rival (llevo soñando con eso desde que empezó la serie, aunque no sé bien ni casi me importa cuál de ellos se sacrificará por cual).
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Y mientras esperamos al siguiente capítulo sólo nos cabe preguntarnos qué ha pasado con Sayid. ¿Ha sufrido la misma suerte que sufrió el pequeño Ben en su momento por culpa suya (y ahora él por culpa del padre de Ben)? ¿O más bien le ha pasado como a Locke, que algún ente isleño se moría por ocupar sus huesitos? Lo que está claro es que nos encanta ver a nuestro Sayid vivito y coleando y aún esperamos que meta bastante caña a los altivos “templarios”, o incluso mejor, a ver si él (o tal vez el enfadadísimo Sawyer) le dan una tunda de palos al desgraciado de FLocke, quien tan malignamente está tratando a nuestros queridos Richard y Ben.

lunes, 6 de octubre de 2008

4.1. El principio del fin

Hurley, el héroe que salvó con la furgoneta Dharma a los cautivos de la playa (3.23), no sabe cómo celebrar la buena noticia de que Jack ya ha contactado telefónicamente con la gente del carguero y que éstos están a punto de llegar para rescatarlos. Parece el principio del fin de una larga pesadilla, ¿o es acaso el principio de una pesadilla aún peor? Tras expresar su júbilo lanzándose al agua en bomba, al salir a la superficie cambia su perspectiva para empezar a captar el aspecto más oscuro del momento que están viviendo: en primer lugar en la persona de Desmond, que de regreso desde la estación Espejo no sabe cómo decirles que han perdido a Charlie. Pero eso no es todo, el amigo tan querido les ha dejado un críptico mensaje: “no es el barco de Penny” (3.23), es decir, Naomi les ha mentido, lo que constituye razón suficiente para desconfiar de la gente del carguero.

Ante la confusión que supone entre los ‘supervivientes de la playa’ (los supervivientes de la batalla contra los Otros en la playa, quiero decir) este mensaje, Hugo opta por aferrarse a las últimas palabras de Charlie y al consejo de Sayid: hay que avisar a los que están junto a la torre de radio que existe una amenaza en relación con el barco, pero no por medio del walkie-talkie, sino emprendiendo el camino hacia ellos para comunicarles en persona las fundadas sospechas. El nuevo éxodo de los ‘perdidos’ por el que unos parten del corazón de la isla hasta la playa, exultantes de alegría por la nueva esperanza de ser próximamente rescatados, y otros de la playa a la selva interior como movimiento estratégico de retirada, servirá para reunificar a las varias parejas del grupo que habían sido separadas: Sun y Rose se reencontrarán felizmente con sus maridos Jin y Bernard, mientras que Juliet y Sawyer verán de nuevo a las personas que quieren, respectivamente Jack y Kate, aunque ninguno de los dos enamorados rubiales aún tenga muy claro si es del todo correspondido. Sólo a la pobre Claire le espera, en vez del ansiado abrazo, la dura noticia de la muerte de su querido Charlie.

Pero prestemos atención a algunos extraños hechos previos a la reunificación de los dos grupos. A Hurley, una de las pocas personas que parece tener claro en estos momentos lo que hay que hacer, le sale al encuentro, como quien no quiere la cosa, la mismísima cabaña de Jacob (¿hogar también de papá Sheppard?), interponiéndose en su camino cuando se había quedado un poco rezagado. Dado el carácter marcadamente esotérico del encuentro y el historial psíquico de Hugo, éste no está muy seguro de si lo que ha visto es real o estaba solamente en su imaginación, y se encuentra por tanto poco dispuesto a compartir esta experiencia con sus compañeros. Actitud bastante entendible en un muchacho que hemos visto recelar de que sus compañeros le consideraran un loco (2.18), pero que nos ofrece un marcado contraste con el momento en el que en su flashforward le pide a un policía (el compañero de Ana Lucía, 2.8) que haga el favor de encerrarlo en el hospital psiquiátrico. Y es que al parecer las visiones no han terminado para Hugo ni aún saliendo de la isla (como quiera que sea que esto vaya a suceder). El Hurley del futuro anda desquiciado por las insistentes visitas de su amigo Charlie, que, aunque ya muerto, una y otra vez trata de nuevo de comunicarle una noticia importante (“ellos te necesitan”) por la que se supone debe tomar acción en favor de sus amigos. Pero parece ser que aún peor que los visitantes del más allá son los visitantes de carne y hueso que se pasan por Santa Rosa a echar un ojo al pobre muchacho: el intrigante Matthew Abaddon pregunta con aviesas intenciones “si aún están vivos”, mientras que un desconfiado Jack pasa de tomarse en serio (de momento) las insinuaciones de que quizás deberían volver.

Postura que nos recuerda inmediatamente a la Kate del futuro, negándose a escuchar a su barbudo y desesperado amigo que sólo quería volver a estrellarse en la isla (3.23). Se trata de la misma Kate que, según Ben, en la situación del presente isleño es la única que sabe lo que se hace (dentro del grupo que liderado por Jack había llegado a la torre de radio). Ella, como Hurley, también se separa de su grupo (en contra de los deseos de Jack, mientras que Hugo rechazaba la amable solidaridad de Sawyer), pero en este caso es porque ha decidido seguir por su cuenta y riesgo el rastro de la moribunda Naomi, por quien Minkowski pregunta una y otra vez a través del sofisticado teléfono con el cual se están comunicando con el carguero. Y si Hurley se encuentra con la cabaña de Jacob, el misterioso amo de la isla y luego con Locke, su esforzado defensor, Kate se encuentra con esta misteriosa mujer, la vanguardia de los nuevos visitantes (¿o asaltantes?), que lo último que hace antes de morir es asegurarse de que sus compañeros tengan las coordenadas adecuadas para acceder a la elusiva isla y enviar un mensaje de despedida a su hermana. Nuestros ‘perdidos’ están así, por medio de los dos representantes que en su respectiva situación están un poco más avispados –y aislados–, manteniendo contacto con ambas enigmáticas facciones, las cuales les están abocando a tomar posiciones en el tablero de juego en previsión de la partida decisiva que se avecina.

Entre dos fuerzas enfrentadas, el grupo de supervivientes tan efusivamente reunido de nuevo se separa. Con el transfondo de la cabina destrozada del avión que les trajo a la isla, la unidad de los ‘perdidos’ se resquebraja por la diferente actitud ante la visita que esperan: confianza en un inminente rescate, como parecían prometer Naomi y Minkowski y están intentando facilitar Kate y Jack, o refugio ante una siniestra amenaza, como predican Ben y Locke a partir de sus misteriosas fuentes de información y ahora también Hurley como respeto al legado de su amigo, heroicamente muerto en combate. Las diferencias entre ambas posturas se han agudizado, hasta el punto de hacer imposible la reconciliación entre las mismas, debido al letal ataque de Locke a Naomi (3.23), que Jack ha sufrido como si fuera en sus propias carnes. El doctor no está dispuesto a permitir algo semejante nunca más, por lo que de un modo bastante irracional se lanza hacia el místico John dispuesto a machacarle, tras dispararle a muerte con una pistola que afortunadamente no tenía balas.

El resto de personajes no están en principio tan claramente decantados hacia una de las dos posturas que sus dos líderes ofrecen (disponerse al encuentro amigable con los ‘rescatadores’ del carguero u ocultarse de ellos en el poblado de los Otros, circundado por la valla sónica, para defenderse) y probablemente hubieran preferido buscar una postura intermedia, suficientemente cautelosa, pero en alguna medida abierta a descubrir al menos las verdaderas intenciones de los visitantes. Sin embargo cada uno de los dos líderes está convencido de que ofrece a su gente la verdadera salvación y que el otro está tomando decisiones fatalmente inadecuadas, por lo que la división resulta ser inevitable. Finalmente se impone dejar que cada persona decida libremente a qué bando se quiere incorporar. Las decisiones se toman y los dos grupos se separan: acompañarán a Locke al poblado abandonado por los Otros Sawyer, Hurley, Claire, Aaron, Rousseau, Alex, Karl y Ben; mientras que esperarán con Jack a los del carguero Kate, Sayid, Desmond, Juliet, Sun, Jin, Bernard y Rose (los demás supervivientes anónimos se reparten igualmente).

Desde esta insidiosa separación, eco de la aún más dolorosa separación que ha supuesto la muerte de Charlie, Kate y Jack se permiten mirar hacia atrás, recordando la terrorífica experiencia vivida a causa del enigmático monstruo isleño durante su primera incursión en la isla hasta la cabina del avión (1.1). De nuevo un ruido extraño se les acerca entre la lluvia y los truenos: se trata esta vez del helicóptero enviado desde el carguero, del cual cae un paracaidista. El paralelismo invertido con el piloto que el monstruo envió por los aires (1.1) es altamente ambiguo ¿alberga esta nueva tormenta una fuerza benigna que viene a salvarles, o nos espera de nuevo una sangrienta escena producida por un inefable poder devastador? De momento, al menos el recién llegado tiene forma humana y pronuncia palabras amigables, por lo que aún es posible la esperanza.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- En este episodio se da un hecho tan tremendamente ambiguo que puede ser interpretado al mismo tiempo como la salvación última y como la perdición final de las personas implicadas. Por supuesto que no se acaba todo con salir o no de la isla (como vemos en los flashforwards), pero visto desde el punto de vista de unos náufragos a los que el resto del mundo daba por muertos (3.18-3.19), ser rescatados de la isla es la suma de todas sus esperanzas y, por supuesto, ser asesinados por los del carguero, como les augura Ben, es el colmo de la perdición. También se da la postura intermedia de los que no creen que salir de la isla sea de ningún modo una salvación, sean quienes sean los rescatadores (Locke, 3.15; Rousseau 3.23; Rose, 2.19...) Dos interpretaciones tan opuestas del mismo hecho podrían haber optado, en caso de haberse dado en un clima de profundo respeto, por escucharse mutuamente y dialogar, de manera que pudieran aprender algo la una de la otra, ya que el hecho al que se enfrentan probablemente contiene una cierta ambigüedad real, siendo posible que ofrezca tanto ventajas como inconvenientes. Pero las diferencias entre los defensores de las dos posturas se han agudizado al máximo por el ejercicio de la violencia, haciendo imposible que de momento nadie pueda tomar una vía intermedia.

Qué postura era la correcta sólo se sabrá al final: ¿era el carguero una amenaza mortal o una promesa de salvación? Si se trata de una horrible fuerza mortífera las acciones, en principio incomprensibles, de Locke (y Ben) estarían justificadas. Y esta interpretación cuenta a su favor con la también insuficiente prueba que les ofreció Charlie. En cambio si se trata de un pacífico barco de rescate los esfuerzos de Jack serán los más loados.

Del mismo modo se dan en nuestra sociedad situaciones que se prestan a diversas interpretaciones, entre otras el estado de la nación y las medidas a tomar para resolver unas y otras problemáticas estatales, lo que produce líderes diversos y seguidores que libremente les apoyan. Las diferencias en sus percepciones pueden enriquecer a todos si se da un respeto y se posibilita el diálogo, aunque por supuesto se debe arbitrar un método de consenso o convivencia si se pretende que todas las posturas coexistan pacíficamente. Pero cuando las posturas se polarizan en dos posiciones enfrentadas, que además no hacen sino insultarse y echarse la zancadilla mutuamente, el personal se va dividiendo en dos grupos irreconciliables. Si además se desata de forma incontrolada la violencia entre ambos bandos, lo más probable es terminar en guerra o abocados a una partición, más o menos acordada, en dos o más sociedades separadas. Pero ¿no es necesario en algunas ocasiones levantarse en armas frente a un peligro verdaderamente destructor? (recordemos que Hitler al principio también fue considerado por muchos un salvador).

Otro ejemplo similar a la dinámica social que nos está presentando este episodio es el caso de religiones enfrentadas, situaciones que por desgracia en muchas ocasiones de nuestra historia dieron lugar a crueles derramamientos de sangre. Diversas interpretaciones de lo que es la salvación o la perdición última llegaron a situar a la gente ante enrevesadísimos conflictos de conciencia que no fueron capaces de resolver pacíficamente, dando lugar a crueles guerras entre religiones de las que aún hoy en día se sufren terribles secuelas. Sin embargo una gran mayoría de los líderes religiosos actuales entiende que es posible defender su postura respetando las posturas diferentes, sin tener que agredir físicamente a nadie. La diferencia en el modo de interpretar la salvación y la perdición, aunque profundamente inquietante, puede impulsarnos a un respetuoso diálogo, en el que se vayan aprendiendo cada vez un poco mejor los motivos profundos que fundamentan las diversas formas de esperanza que albergan los seres humanos. Pero no se entiende que el respeto a las múltiples opciones distintas nos convierta en personas totalmente indiferentes a la situación de salvación y perdición. Sería el caso de un “perdido” que ante la venida apocalíptica del carguero, pasara tanto de ser rescatado de la isla como de la posibilidad de ser asesinado y se quedara tranquilamente a su rollo en las cuevas, o cualquier otro sitio pretendidamente neutral, a verlas venir.

Finalmente “El principio del fin” nos sitúa ante ciertos desafíos de la sociedad actual que en gran medida no tenemos ni idea de cómo valorar. La tecnología, la globalización, los enormes cambios ideológicos y sociales que se producen a un ritmo vertiginoso en la cultura occidental ¿encierran una promesa latente de la más profunda liberación previamente jamás soñada o nos abocan a una deshumanización sin precedentes? Probablemente ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario, es decir, que ambas potencialidades están presentes en un enorme abanico de posibilidades y se hace imprescindible aprender a navegar con pericia por estas nuevas aguas para discernir en cada momento sabiamente. Pero precisamente la diversidad de posibilidades y la dificultad de poder dar una respuesta clara que abarque cada posible situación es lo que no nos permite zafarnos de tener que afrontar la problemática desde todos los puntos de vista implicados, de tratar de articular algún tipo de dispositivo integrador o institución reguladora que permita obtener las respuestas adecuadas a cada nueva situación emergente, teniendo en cuenta todos los aspectos esenciales de la cuestión. Polarizarse en dos posturas opuestas no es la solución adecuada. Queremos salir de “la isla” (las enfermedades, el paro, el terrorismo, la pobreza, la catástrofe ecológica...), pero no queremos crearnos un futuro en el que todos acabemos tan mal que sólo podamos soñar en volver a esa situación anterior.

Amparo

4.0. Inicio de la cuarta temporada

Queridos lectores, al iniciarse la retransmisión de la cuarta temporada en España (Abril 2008)por la FOX, intenté abordar los comentarios de esta nueva serie de capítulos de “Perdidos”, aún sin haber podido terminar todavía los comentarios a los episodios de la tercera temporada (por cuestiones personales que me habían surgido). Finalmente, tras publicar aquí el comentario al primer episodio de la cuarta, me decidí sin embargo a continuar con los comentarios de la tercera temporada, hasta terminarlos, en:
Incorporo ahora a este blog todos esos comentarios que me faltaban. El único comentario de la cuarta temporada que había publicado en Mayo 2008 lo pongo ahora a continuación para que quede colocado en su sitio. De momento no continuaré con los comentarios de la cuarta temporada, hasta nuevo aviso.
Amparo

Publicado originalmente el 1 de Mayo de 2008, editado para esta nueva publicación.

3.22-23. A través del espejo

Al principio de esta tercera temporada vimos a Jack en su momento anímico más difícil desde que cayó en la isla. Encerrado tras un cristal en una estación subacuática, intentaba inútilmente rebelarse frente a su situación de cautiverio entre los Otros, mientras recordaba el momento más crítico que había vivido en su vida pasada: ante su inminente divorcio, se obsesionó con averiguar quién era el nuevo novio de Sarah, y no paró de acosarla hasta llegar a un desafortunado enfrentamiento con su propio padre, con lo cual hizo recaer a éste en el alcoholismo (3.1). El doble episodio que cierra la temporada presenta en cambio a Jack en su momento más triunfante sobre la isla: su plan de defensa frente a los Otros ha funcionado (gracias a Sayid, Bernard, Jin, Hurley, Sawyer y Juliet), ha capturado a Ben tras resistir su intento de manipulación, ha vencido la oposición de Locke a que usara el teléfono de Naomi y, finalmente (gracias también a Charlie, Desmond y Danielle Rousseau), ha establecido contacto con una persona en el carguero, quien le ha asegurado que en breve irán a recogerlos. Llevaban tres meses esperando un rescate, y ahora, por fin, ya es algo que está al alcance de la mano. Pero esta victoria de Jack, imagen opuesta a lo que vivía hace poco más de tres semanas, tiene también su contrapunto en el futuro: el joven doctor, que ha vuelto de la isla a su tierra natal, vive en una terrible pesadilla al borde del suicidio, mientras se hunde en una adicción peor que la de su padre y se obsesiona de nuevo con una mujer, esta vez por querer contactar con ella. Kate Austen, que vive en Los Angeles en compañía de un misterioso ‘él’, accede a ver por un rato a su antiguo compañero de infortunios, pero no desea oírle decir que no debieron haber salido de la isla, ni mucho menos quiere escuchar la desesperada insistencia de Jack en que deben volver de nuevo allá.

Entre el espejo que refleja a Juliet al inicio del episodio 3.1 –el día en que se estrelló el avión en la isla– y la desactivación del bloqueo de comunicaciones en la estación Espejo en el episodio 3.23, los supervivientes del accidente han luchado por escapar de la isla y los Otros por esconderles sus secretos y no dejarles salir. Concentrado en sacar adelante a toda su gente y enfrentado a tantas circunstancias hostiles, Jack rechazó a menudo el punto de vista más místico de Locke con el que no veía manera de obtener resultados prácticos, y por otro lado, debido a las muchas mentiras e inexplicables ataques por parte de Ben y los suyos le resultaba imposible considerar a estos vecinos ‘los buenos’. Nuestro doctor sólo pudo corregir su perspectiva al abandonar la isla, regresando al mundo normal a través del ‘espejo’ que supone la misteriosa interfaz de separación entre ambas realidades, para descubrir finalmente en algún momento del futuro que mientras estuvo allí había entendido casi todo al revés.

Empieza el episodio mostrándonos a Jack con un vaso de whiskey en la mano, a bordo de un avión de Oceanic que, tras una ligera turbulencia, está a punto de llegar a Los Angeles. Estas circunstancias recuerdan inevitablemente al doctor las botellitas que tan amablemente le dio Cindy y las tremendas sacudidas del vuelo 815 (1.1), poco antes de partirse en tres mientras sobrevolaba una extraña isla en el Pacífico (3.1). Sorprendentemente, no se trata de que tras aquel fatídico día le sea imposible volver a volar sin miedo a sufrir un accidente similar. No, nuestro protagonista está deseando que la historia se repita. Cada fin de semana coge un vuelo de ida y vuelta hacia el otro lado del océano –usando un pase gratuito que la aerolínea regaló a los que volvieron vivos de aquella terrible experiencia–, con la enfermiza intención de volver a estrellarse sobre la isla, sin importarle la probable muerte de un montón de personas, incluido él mismo, en tan imprevisible suceso. Y es que desea regresar a toda costa a la isla y no puede encontrarla en mapa ni atlas alguno, de modo que ya sólo puede confiar en que el destino le permita volver de la misma manera en que llegó la primera vez. El mismo destino que, según Locke, los llevó allí a todos por una razón (1.25) y que no tenía previsto que Jack llamara un día con el teléfono de Naomi al barco carguero para que los rescataran.

Tras leer una determinada esquela en el periódico la desesperación de Jack va en aumento, de modo que, una vez en tierra, intenta llamar a Kate, aunque ésta le ha dejado bien claro que no quiere hablar más con él. Al saltarle el contestador automático, totalmente desmoralizado, se propone tirarse del puente por el que circulaba en la autopista, hasta que el accidente de un coche a sus espaldas llama de nuevo a nuestro héroe a la acción: una mujer y un niño necesitan que los rescate de las llamas del vehículo siniestrado...

Rescatar a mujeres y niños, además de a los otros varones adultos supervivientes, es lo que pretende Jack en la isla. Los Otros vienen esta misma noche a raptar a sus mujeres (al igual que ya hicieron otras veces, 1.11, 2.7) y como líder ha decidido un plan para recibirles con tres tiendas provistas de dinamita (cuya detonación queda a cargo de los tiradores Sayid, Jin y Bernard) y evacuar al resto del grupo para intentar al mismo tiempo contactar con al barco de Naomi, lo que supone la desactivación previa del bloqueo de comunicaciones situado en la estación Espejo (a donde ha enviado a Charlie con Desmond) así como de la transmisión de socorro de Danielle Rousseau (1.2, 1.9), que se emite desde la torre de radio de la isla. Mientras lidera, cual Moisés, al grupo de supervivientes hacia su salvación, es consciente de que cinco hombres se están jugando la vida para que el grupo pueda ser rescatado, razón por la que se encuentra totalmente empeñado en no que no falle esta misión.

Precisamente cuando dos explosiones (en lugar de tres) y un tiroteo anuncian desde la distancia que el plan de la playa no parece haber salido bien, es cuando se hace más necesario seguir adelante hacia la torre de radio sin mirar atrás, ya que el grupo no cuenta con más armas y, si los Otros han vencido esa batalla, la única forma de escapar de ellos es saliendo de la isla. Esto es lo que Jack había prometido a Sayid, por lo que incluso se cree en el deber de mantener su empeño aún después de encontrarse con Ben a medio camino, oír las oscuras razones que éste le expone en contra de la llamada al carguero y escuchar sobrecogido la amenaza de que sus hombres matarán a los tres tiradores capturados en la playa si no le entrega inmediatamente el teléfono. Rechazando la extorsión de Ben, nuestro doctor sufre el intenso dolor de sentirse responsable de las muertes de sus tres amigos, hasta que algo más tarde, inesperadamente, escucha un anuncio victorioso de Hurley.

Y es que, aunque la misión de Jack como líder del grupo le obliga a seguir adelante, varias personas se han sentido urgidas a volver a la playa para ayudar a los tres tiradores, preocupados porque éstos no acababan de reunirse con ellos. En primer lugar Kate, quien recurre a Sawyer para que la acompañe en tan arriesgada tarea. Pero éste lleva varios días algo huraño y, según ella, medio sonámbulo, y no parece dispuesto a hacerla caso. El sureño anda pensativo desde que mató a su gran enemigo, el viejo Cooper-Sawyer (3.19), acción cuyo alcance aún no ha tenido tiempo suficiente de asimilar. Sin embargo, él sabe que su pecosa tiene toda la razón, y con su característico desdén por su propia vida se decide a marchar a la playa para intentar un desesperado rescate de los recién capturados. Sólo que no quiere ir con la osada muchacha, por temor a que resulte herida; bastante preocupación le supone pensar que quizás esté embarazada. Además, sabiendo que los Otros andan buscando precisamente mujeres preñadas no parece buena idea acercarse a ellos con una de sus presas preferidas.

Juliet comprende la iniciativa de Sawyer y la apoya, ofreciéndose a ayudarle. Parece que se siente algo culpable de lo que haya podido pasar a Sayid, Jin y Bernard, ya que, aunque luego ha cambiado de bando, ella formaba parte del inicial plan de ataque de los Otros. Pero entre ellos dos tampoco podrían haber hecho mucho sin la inteligente iniciativa de Hurley: cansado de que nadie contara con él para nada (3.21) y sintiéndose igualmente responsable de sus amigos en peligro, el bueno de Hugo acude por su cuenta al campamento de la playa con su furgoneta Dharma (3.10). Su repentina irrupción motorizada coge por sorpresa a Ryan, Jason y Tom (los únicos asaltantes no masacrados por las dos explosiones), de modo que atropella mortalmente al primero y provoca la distracción necesaria para que entre Sayid, Sawyer y Juliet acaben con los otros dos. Entusiasmado por el éxito de su acción y sintiéndose, con pleno derecho, el salvador de todos los que le acompañan, el orondo muchacho hace una llamada general a los Otros con el walkie-talkie de Tom, anunciándoles el resultado de la batalla y que no deben acercarse nunca más por su campamento. Esta es la llamada que por fin alivia la atormentada culpabilidad de Jack, junto con la angustia de Rose y Sun, dando una enorme alegría a todos los demás compañeros del grupo (aunque seguramente no a Richard, si es que ha llegado a oír este mensaje mientras dirige al resto de los Otros hacia el Templo).

No obstante, Claire, con su bebé en brazos y sin ganas de compartir expresiones de alivio, se mantiene aún bastante preocupada, pues nadie es capaz de darle noticias de Charlie. El joven rockero había sido atrapado e interrogado por Bonnie y Greta, las guardianas del Espejo, cuando dos personas más acuden a la estación submarina: un nuevo enemigo, Mikhail –enviado como brazo ejecutor más que como refuerzo–, y su compañero Desmond, quien, ante una lluvia de disparos por parte del militar tuerto, se ha visto obligado a abandonar la canoa en la que estaba, sumergiéndose en el agua para internarse ocultamente en la estación. El propio Mikhail dispara a sus compañeras –para encubrir las mentiras de Ben a su gente– y recibe poco después en el pecho un arpón disparado por Desmond. A partir de ahí Charlie cuenta sólo con unos breves momentos para intentar sonsacar a Bonnie, antes de que ésta fallezca, el código necesario para apagar el sistema que impide la conexión con el exterior. La agonizante guardiana, desolada por la traición del jefe en el que tan completamente había confiado, traiciona a su vez a Ben musitando al oído de Charlie las instrucciones para obtener el necesario código. Se trata de teclear en el equipo los números correspondientes a las notas de la canción “Good Vibrations” de los Beach Boys, tarea que no resulta demasiado complicada para nuestro joven músico.

Charlie ha mantenido un optimismo envidiable durante el tiempo en que ha estado prisionero, sabiendo que a pesar de cualquier dificultad sería capaz de cumplir con su misión, ya que Desmond así lo había predicho (3.21). Asumido también el hecho de que iba a morir inmediatamente después, no había temido en ningún momento las amenazas de sus captores, manteniéndose atento a localizar la luz intermitente que debía apagar y a tomar nota de detalles esenciales como la existencia de un código secreto. Se encuentra ahora ante el hecho de que sus enemigos han sido vencidos y que la estación está dotada con equipos de buceo, por lo que tras introducir el código y apagar la luz no queda aparentemente ningún peligro inminente que afrontar, sino simplemente volver a la isla con los demás. No está mal, poder cumplir con la famosa misión suicida y regresar para contarlo.

Pero una serie de imprevistos se concatenan, de modo que Charlie se encuentra de pronto exactamente en la letal situación que había previsto Desmond. Lleno de curiosidad ante el aviso de una llamada entrante, activa la conexión descubriendo que procede nada menos que de Penelope Widmore, la novia de Desmond que se supone ha fletado el barco de Naomi que espera a varios kilómetros de la costa. Penny desmiente toda relación con la paracaidista, aunque se alegra enormemente de comprobar que su añorado novio sigue vivo. Éste en cambio se preocupa precisamente en estos momentos de que el ruso enemigo que suponían muerto ha desaparecido de donde estaba, al mismo tiempo que Charlie, aterrado, ve a través del ojo de buey al invencible Otro buceando en el exterior mientras activa una granada. Con la explosión estalla el cristal y el cubículo empieza a llenarse de agua...

La reacción normal hubiera sido salir corriendo y cerrar la puerta desde fuera. (En una situación similar, Jack y Juliet lucharon juntos por cerrar una escotilla en contra de la fuerza del mar y lo lograron sin excesiva dificultad, 3.1). Desmond, que veía en ese momento a Penny en el monitor, hubiera querido entrar a toda costa para intentar hablar con ella, pero, aún en caso de no haber podido disuadirle, sólo con dejar la puerta abierta, la habitación (y luego el resto de la estación) hubiera tardado en inundarse lo suficiente como para que ambos se pusieran un equipo de submarinismo, o para que simplemente tomaran aire extra en los pulmones y se echaran a nadar sin más hacia el exterior, aguantando la respiración.

Pero Charlie no piensa en nada de esto. Él ve cómo a su alrededor se van cumpliendo todos los requisitos para que se haga realidad la visión de Desmond, y de alguna forma se siente totalmente comprometido en llevarla a cabo hasta el final, incluyendo su propia muerte, porque quiere que igualmente se haga realidad la parte en la que Claire y Aaron son rescatados. El sacrificado muchacho cierra por dentro la puerta de la estancia que empieza a inundarse y se niega a permitir que su amigo entre, ya sea para hablar con Penny o para intentar sacarle a él. Se acuerda sin embargo, en última instancia, de que debe avisar que el barco de Naomi no es el de Penny (razón de más para haber dudado de la conveniencia de que se cumpliera el resto de la visión), y escribe este mensaje en su mano para enseñárselo a Desmond, a través del cristal de la puerta. Su actitud no es meramente suicida ni el fruto de ningún tipo de razonamiento lógico, se trata más bien de una arriesgadísima apuesta por ayudar a que se cumpla un posible futuro. Es igual de irracional que la convicción que tenía el escocés de que debía dejar morir a Charlie para que Penny llegara a la isla en paracaídas (3.17). En aquella ocasión Desmond no aceptó consentir la muerte de su compañero, al igual que tampoco quiere consentirla esta vez, pase lo que pase con el posible rescate. Pero Charlie ha internalizado tanto la veracidad de las visiones proféticas (asunto probablemente discutible) y se ha comprometido tan a fondo con esta última, que ha perdido la capacidad de cuestionar si era necesario en alguna lógica dejarse morir así. Parece haber perdido completamente el sentido de que su vida pudiera servir para algo más allá de esta misión puntual, no parándose siquiera a pensar que los propios Claire y Aaron hubieran preferido volver a tenerle con ellos. Mientras Charlie se santigua en su sepulcro submarino, en medio de la marcha por la isla rompe a llorar el bebé en brazos de su madre, desconsolado, como adivinando la penosa pérdida que acaban de sufrir ambos.

Hemos visto, por un lado, cómo Charlie y Desmond han conseguido dejar vía libre a una posible comunicación con el exterior, mientras que el grupo liderado por Jack ha llegado a la torre de radio para que Danielle desconecte la iterativa llamada de socorro que empezó a transmitirse hace dieciséis años (1.2, 1.9) y evitar así las interferencias que producía en la conexión. Por otro lado, sabemos que Ben está totalmente convencido de que debe evitarse la llamada telefónica al carguero, lo cual, según él, sería el principio del fin, pues dice que un poderoso enemigo (a quien estaría ligada Naomi) está al acecho para encontrar el modo de llegar a la isla, con intención de matarlos a todos, y se debe por tanto proteger a la isla y a sus habitantes de tan gravísimo peligro. La conversación de Charlie con Penny nos ha confirmado que de hecho Naomi no dice la verdad, de modo que ¿es posible que esta vez sea Ben el que tiene razón?

Con Benjamin Linus apaleado y bien atado –controlado de cerca por Danielle y su recién recuperada hija Alex–, el supremo responsable de la isla, el misterioso Jacob, se ha visto en la obligación de recurrir a otra persona para impedir la inminente catástrofe. Por ello ha ‘ayudado’ a John Locke a salir de la zanja donde Ben lo abandonó malherido (3.20) y donde ha despertado sin poder de nuevo moverse de cintura para abajo. Un especial mensajero, un crecidito Walt, ha llevado a John el mensaje de que se deje de lamentaciones (pues estaba a punto de suicidarse) ya que es hora de trabajar. De modo que John, de nuevo milagrosamente curado, se ha puesto en camino, y ha llegado a la torre de radio, tan justo de tiempo, que para evitar la fatídica llamada se ha visto obligado a clavar un cuchillo en la espalda de la misteriosa forastera que ya acababa de marcar el número del carguero en su aparato.

Locke pensaba que no era capaz de matar a nadie (3.3, 3.19), pero parece ser que el nuevo empujoncito de Jacob le ha comprometido tan a fondo con la causa isleña que no le queda ya escrúpulo alguno ni apenas un autónomo criterio moral. No esperaba sin embargo encontrarse con un Jack igualmente comprometido al cien por cien con la causa del rescate, y que tras todo lo arriesgado y sufrido en las últimas horas está dispuesto a morir si es necesario, pero no a rendirse sin más. La llamada marcada por Naomi empieza a emitir los tonos de espera, por lo que Jack coge el radio-teléfono en su mano, ignorando el arma que le apunta directamente en una amenaza mortal. Locke ha discutido cientos de veces con el testarudo doctor, habiendo defendido ambos habitualmente posturas opuestas, pero no puede disparar contra un hombre tan heroicamente decidido a hacer lo que cree que es mejor. Sabe que es imposible convencerle de la gravedad de lo que está pasando, entre otras cosas porque Locke ignora qué es exactamente y sólo ha decidido fiarse de fuerzas que no conoce pero que entiende beneficiosas, por el beneficio que producen en él. John ha hecho hoy por la isla todo lo que podía hacer, ha llegado hasta a matar a Naomi, pero no puede disparar, así a bocajarro, contra su antiguo compañero.

Mientras el ‘pirado’ de Locke baja el arma, Jack escucha por fin la voz de una persona del carguero que responde a la llamada. Tras tres meses de espera es posible finalmente comunicar con alguien de fuera y hacer saber al mundo que aún están vivos: “Soy uno de los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic, ¿podéis localizarnos?” (bueno, algo parecido acababa de decir Charlie a Penny, aunque ésta no se encontraba tan cerca de la isla en el barco). “Por supuesto, esperad, que vamos hacia allá” resuena la promesa de rescate tan largo tiempo esperada, haciendo estallar en gritos de júbilo al grupo de supervivientes. Pero curiosamente, el espectador ya no empatiza con ellos percibiendo la tan anhelada promesa de rescate como una victoria, pues los ominosos anuncios de Ben y Locke, aparentemente ratificados por Penny, parecen convertir esas sencillas palabras en una terrible amenaza...

Paralelamente a la historia de la isla, el barbudo Jack del futuro consigue finalmente una respuesta a la llamada telefónica que lleva intentando hacer desde que bajó del avión. Kate accede a verle a las afueras del aeropuerto, pero sólo un ratito, pues alguien la espera en casa. Ella no había visto la esquela que él le enseña, ni le afecta en absoluto esa muerte, aunque escucha apenada la explicación para los frecuentes vuelos del que en la isla había sido su héroe. Es verdad que ese mismo día había visto a Jack en las noticias salvando heroicamente a dos personas de un coche incendiado, pero Kate sabe que en realidad se halla más bien ante un pobre loco (de quien hemos descubierto asimismo que ha desarrollado una nociva adicción a la oxycodona y que además del héroe salvador había sido, por su intento de suicidio, el motivo de distracción causante del accidente automovilístico en el puente). Los futuros Kate y Jack vuelven a presentarnos las dos opciones posibles a la hora de valorar qué es lo que ha supuesto la famosa llamada de los supervivientes al carguero: no era nuestro destino salir de allí (como decían Locke y Ben, y ahora dice Jack), o sí lo era, hicimos bien en hacerlo (como dice ahora ella y entonces defendía él a capa y espada). Jack ha cambiado totalmente de postura, y tendemos a creerle más a él. No porque este pobre hombre de aspecto descuidado y moralmente deshecho sea más digno de crédito que una Kate limpia y bien ataviada. Sino porque su propia decadencia muestra que las cosas no han ido como debieran. Jack, por lo menos, no hizo bien en salir de la isla. El terrible contraste entre el heroico líder capaz de enfrentarse a todo tipo de dificultades por su gente, por un lado, y por otro, la persona con tendencias suicidas refugiada en las pastillas y el alcohol que no puede ya ni contar con sus viejos amigos para ayudarle, es suficiente para hacernos desear que ojalá hubiera conseguido Ben, como siempre, controlar la situación evitando aquella fatídica llamada.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- El inicio de la temporada ofrece un cierto simbolismo sobre la situación descrita en la isla en el episodio final: Jack ha sido encerrado en un oscuro antro provisto de una pared de cristal (recordemos que Desmond le había comunicado hacía sólo dos días que ni siquiera con el velero se podía salir del entorno de la isla, 2.23), en esta habitación se le niega información sobre dónde se encuentra, cómo están sus compañeros, qué pretenden hacer con ellos, etc; Ben controla todo lo que puede y no puede saber su prisionero, todo lo que puede y no puede hacer, mientras en cambio Juliet le muestra cuánto saben ellos sobre todo lo que le concierne a él (3.1). En el episodio 3.2 el jefe de los Otros se aviene a presentar a nuestro doctor algo de lo que pasa en el mundo con ayuda de una televisión, convenciéndole así de su capacidad de contactar con el exterior, y se ofrece además a llevarle a su casa “al otro lado de ese cristal”, eso sí, siempre que se avenga a hacer lo que él tiene que pedirle (para lo cual usará además a su conveniencia algunas amenazas contra sus otros amigos capturados, 3.6). Todas estas manifestaciones resultan ser un mero espejismo para conseguir algo de él, pues Ben ha dispuesto el bloqueo de comunicaciones con el exterior (aparentemente desde la implosión del Cisne [2.24, 3.4, 3.7, 3.11, 3.13], aunque ocultándoselo a su propia gente) y más tarde agradece la colaboración de Locke para impedir que pueda volver a su casa el recalcitrante médico (3.13). Curiosamente la estancia en la que Jack está encerrado en la Hydra es submarina, y su tozudez por encontrar una salida (pese a los desesperados avisos de Juliet) casi consigue anegarla de agua y matarlos a todos (3.1), preanunciando así la llamada final al carguero y, de forma especial, la estación Espejo y su trágica inundación. El cautiverio de Jack en la Hydra simboliza el encierro del grupo de supervivientes en la isla, incapaces de comunicar con el exterior ni de descubrir nada sobre el lugar dónde se encuentran si no es bajo las estrictas condiciones dictadas por Benjamin Linus. Desde una perspectiva de tal modo restringida se comprende la extrema frustración de Jack, que está harto de que su grupo tenga que sufrir continuas amenazas, sabiendo además, tras varios intentos de negociación con Ben, que con este hombre nunca conseguirá nada. Cuando el destino le presenta una ocasión de salir de la isla independientemente de las manipulaciones del enrevesado líder de los Otros, el testarudo doctor se aplica obstinadamente en el empeño, rechazando por principio cualquier intento de disuasión.

Naomi compara la hazaña del doctor con la de Moisés sacando a su pueblo de Egipto. A semejanza del faraón que se negaba rotundamente a que los esclavos israelitas abandonaran su nación, Ben se niega a consentir que este grupo escape de la isla y de su omnímodo control. La lucha de los unos por salir de este encierro y de los otros por impedírselo, alcanza en ambos casos dimensiones épicas. Ben recurre a la violencia y al engaño, aunque, curiosamente, acaba también apaleado y despojado de sus mejores colaboradores (pierde también a su primogénita, aunque no de la misma manera ni con valor tan decisivo como fue la pérdida del hijo del faraón). Jack, por su parte, sólo cuenta con la abnegación de sus amigos y su inagotable empeño para, más allá de cualquier amenaza, hacer lo imposible por permitir la salida de su pueblo.

Sin embargo, sabemos que Naomi miente, y de hecho la comparación con el éxodo bíblico es bastante engañosa. ¿No podríamos más bien interpretar que tras las primeras dificultades en el desierto el pueblo ‘elegido’ está queriendo volver a sus ollas de Egipto? Locke opina que fueron llevados a la isla por una razón (1.25), y de hecho han sido alimentados con manjares caídos del cielo como lo fueron los israelitas con el maná y las perdices en el desierto (2.18). La ardua supervivencia en un terreno árido, lejos de sus casas y de las ventajas de la civilización de la que provenían, llevó a la gente de Moisés a rebelarse, desagradecida, contra su líder y contra su Dios. De hecho es más fácil encontrar paralelos con lo que sucede en la isla en este sentido que en el otro, pues Jacob no duda en realizar algunos de sus ‘milagros’ en apoyo de los mensajeros que ha ‘elegido’, para impedir que esta gente, que ha vivido por un tiempo en ‘su tierra prometida’, tenga ocasión de abandonarla sin más. Quizás resulte entonces que en vez de ser Ben el malvado faraón (“los malos”), lo sea ese implacable enemigo que espera ansioso encontrar un acceso a la isla para, enfurecido, matarlos a todos.

Es difícil culpar a Jack por empeñarse tanto en rescatar a su grupo. En los tres meses que llevaban en la isla habían muerto al menos once personas de su comunidad (sin contar a los que murieron por causa directa del accidente aéreo) y, además de las dificultades normales para sobrevivir en una isla apartada de la civilización –con sus consiguientes carencias–, debían afrontar la coexistencia con un grupo enemigo y con un misterioso monstruo asesino. Es lógico que, desde un punto de vista racional intentara sacar a su gente de allí. Sin embargo la misión de Moisés no era lógica desde un punto de vista racional, sino que provenía de una llamada mística a iniciar algo totalmente nuevo, con un especial apoyo sobrenatural. Lo cual se parece más a la misión que han recibido en primer lugar Ben y luego Locke, que cual Moisés y Aarón no sólo debían convencer al faraón sino también a los propios israelitas de la plausibilidad de tan arriesgada opción.

El final del episodio parece indicar que la llamada al carguero fue un fracaso de Jack, que fue error suyo empeñarse en hacerla, pero es más acertado pensar que más bien fue un fracaso de los dos encargados de hacer ver al grupo por qué era mejor no llamar. A Jack no le fue dada la ‘fe’ para percibir el oculto transfondo de lo que ocurría en la isla hasta algún tiempo después de haberla abandonado. Pero por extraordinaria que fuera la comunión con la isla de la que supuestamente gozaban Ben y Locke, su misión como gestores de la seguridad de la misma fracasó, por el craso desacuerdo y falta de colaboración entre los dos y por un erróneo planteamiento en cuanto a cómo comunicar la verdad de la isla –sus ventajas y sus dones, junto a los terribles peligros que acechaban en el exterior– a los diferentes grupos (más o menos escépticos) de la población isleña.


- El episodio nos ha presentado también la muerte de Charlie, que trágica en su irracionalidad, no deja por ello de ser heroica, ya que refleja el sacrificio de un joven dispuesto a dar su vida por amor a los demás. Perturba el hecho de que esta muerte no fuera realmente necesaria, perturba por su falta de sentido. Para Charlie, en su propia percepción de los hechos, por su creencia en el inminente rescate de personas muy queridas, sí tenía sentido, pero desde cualquier otro punto de vista parecería ser un sacrificio inútil.

Entiendo que la humilde muerte de Charlie, causada quizás por un mero malentendido, no está a la altura de ser comparada con la muerte de Cristo o de los mártires, pero de hecho cuestiona de fondo el posible absurdo de una vida que se entrega por amor, aunque a efectos prácticos tal sacrificio parezca innecesario. Los mártires dan su vida por defender sus creencias, por la imposibilidad de traicionar su conciencia o de traicionar a su gente, o, más en concreto los mártires cristianos, de traicionar al Cristo que en su día entregó su vida por ellos. Producen así extrañeza en los que hubieran seguido el más práctico principio de conservar su vida fingiendo cualquier opinión que se les hubiera pedido. Del mismo modo, generación tras generación ha preguntado a Jesús, en boca de propios y extraños, por qué no pudo bajar de la cruz y salvar a la humanidad de una manera más razonable. La respuesta está en una dimensión de la realidad que no es tan fácil de percibir con los sentidos, ni de juzgar con la racionalidad. El valor inmenso de esa muerte radica en el inmenso amor demostrado, rompiendo todos los límites posibles del amor humano. El misterio del bien y del mal requirió que Cristo llegara a sufrir ese extremo de crueldad. Sólo los cristianos, los que creen que a pesar de todo venció en su resurrección, creen que aquella muerte tuvo sentido (y un sentido que concede verdadero sentido a todo). Para los demás no deja de ser la extraña muerte cruenta de una persona excepcional, que tuvo mala suerte o no la suficiente visión para evitar un final tan espantoso. Valga la innecesaria muerte de Charlie como tributo “lostiano” a la punzante pregunta por el sentido de toda muerte valiente y heroica que se ve privada de cualquier posible significatividad especial si uno se atiene meramente a las circunstancias históricas.

- La isla parece albergar un misterio escondido que la hace merecedora de que uno renuncie a todas las comodidades de la vida cotidiana en el mundo civilizado, que la hace merecedora de que una comunidad aislada del mundo intente llevar en ella una vida feliz. Misterio que también parece atraer dificultades y peligros especiales para los que han entrado alguna vez en contacto con ella y quizás condena a la infelicidad a los desconcertados que en su día se empeñaron en salir. Podríamos pedir a Jacob, como supremo responsable de la misma, que ejerza un ‘milagroso’ poder en defensa de sus habitantes (al parecer gravemente amenazados), que requiera una mayor capacidad de comunicación y de altruismo en las personas que elige como sus mediadores, y que, a ser posible, provea de sentido el sacrificio del joven músico ex-drogadicto que creyó haber muerto por salvar a los suyos.

Amparo

3. 21. Grandes éxitos

El mundo da ya por fallecido al relativamente famoso Charlie Pace a causa de la catástrofe del vuelo 815 de Oceanic; se celebró un emotivo funeral y en su memoria se han editado los ‘Grandes Éxitos’ de Drive Shaft. Pero, junto con varios de los demás pasajeros de este desafortunado vuelo, el joven rockero sigue vivo... al menos mientras no se llegue a cumplir una de las fatídicas visiones de Desmond.

Durante la breve excursión a la que Jack invita a algunos del grupo para explicarles su plan ante el inminente ataque de los Otros, el escocés recibe una nueva visión precognitiva. Y otra vez se trata de una visión ambigua en la que ocurre algo bueno acompañado de algo malo (como la supuesta llegada de Penny que parecía requerir que Charlie recibiera una flecha en el cuello, 3.17). En esta ocasión el vaticinio anuncia que un helicóptero se llevará a Claire y a Aaron de la isla, pero conjuntamente se revela una nueva forma de muerte para Charlie: ahogado tras apagar una amarilla luz intermitente, acción que de alguna manera resulta necesaria para el rescate. Desmond le cuenta todo esto con detalle al joven músico y en esta ocasión ambos están de acuerdo en que deben favorecer ese rescate como sea, aceptando la muerte si es necesario.

Es curioso cómo Charlie, tras mostrar en episodios previos una excesiva precaución por su temor a las visiones de Desmond (3.12, 3.17), en este caso se ve inclinado a aceptar el destino anunciado, aunque éste con alta probabilidad incluya su propia muerte. El amor por Claire y Aaron le transforma en un héroe, dispuesto a todo por favorecer la salvación de las personas que se han convertido en su familia. Charlie sorprenderá a Jack y Sayid ofreciéndose voluntario para la misión, aparentemente suicida, de bucear hasta una inundada estación submarina para desactivar el sistema que bloquea las telecomunicaciones originadas en la isla. Desmond, dada la estrecha relación que durante las últimas semanas ha ido forjando con Charlie, opta por acompañar al desafortunado muchacho hasta el final.

Desde el primer día en la isla la posibilidad de una muerte cercana ha acompañado tenazmente a cada uno de los supervivientes del vuelo siniestrado. El monstruo que acechó tan de cerca a Charlie, acobardándole hasta los huesos, el día en que murió el piloto (1.1), no ha sido la única amenaza. Osos polares (1.2 y 3.5), abejas (1.7), cuevas que se hunden (1.7), precarios puentes colgantes (1.18), disparos y trampas de Rousseau (1.18, 1.25 y 3.17), más la dinamita que Eko hizo explotar en el Cisne (2.24), han sido, aparte de las muertes impedidas por Desmond (3.4, 3.8, 3.12 y 3.17), ocasiones especialmente peligrosas para Charlie. Pero hasta ahora la situación más grave, sólo superada por el inagotable celo del doctor Shephard, fue aquella en la que Jack y Kate tuvieron que revivir su cuerpo exánime tras encontrarle colgado de un árbol, el día en que Ethan le había raptado junto a Claire (1.11).

Enfrentado a una muerte cada vez más inescapable, Charlie repasa su vida, destacando los cinco momentos más importantes que vienen a su memoria: su encuentro con Claire la noche del accidente ocupa el primer lugar, el reconocimiento por parte de una mujer en la calle (Nadia) de que es verdaderamente un héroe (es decir el hecho de que su persona haya sido alguna vez especialmente útil para alguien) está en el segundo, y su estrecha vinculación con su familia en el resto, incluyendo el importante legado familiar que supone su anillo preferido, la perseverancia de su padre cuando le enseñó a nadar y el éxito que compartió con su hermano en el grupo Drive Shaft. En continuidad con este proceso de recapitulación de su vida, Charlie opta por dar prolongación en Aaron, como su heredero, a todo este pasado de música y familia que significan las iniciales DS de su anillo (iniciales de su grupo y de un antepasado). Con este gesto se despide, como quien no quiere la cosa, del bebé y de su madre, mientras parte hacia la canoa que le llevará a la estación subacuática, dispuesto a entregar por ellos –su gente– lo mejor de sí mismo.

Charlie ha sido capaz de dejar atrás su cobardía siempre que Claire o Aaron estaban en peligro (especialmente en 1.24-25), también cuando entró a rescatar a Jack del interior de una cueva inestable (1.7) y durante aquel curioso experimento al que le invitó Hurley en la furgoneta Dharma para demostrar que ambos aún podían confiar en la buena suerte (3.10). Su protector Desmond ha sabido igualmente olvidar su pasado de cobarde ante situaciones de grave peligro, en las que se ha crecido enormemente: como al accionar la llave de seguridad que originó la implosión del Cisne (2.24) y al ofrecerse en esta ocasión a sustituir a Charlie en su misión suicida. Si la vida de Charlie ha estado marcada por su apego a la familia (2.12), en concreto tras la muerte de sus padres a su hermano Liam –por quien tuvo que hacer grandes sacrificios (2.12)– y después a Claire y a Aaron en la isla, la de Desmond estuvo un tiempo dedicada al cuidado de sus hermanos pequeños (3.8) –lo que requirió también de ciertos sacrificios por su parte–. La interrelación entre estos dos, los únicos británicos del grupo que sepamos (hasta la llegada de Naomi), ha ido cohesionándoles hasta llegar a parecer en este episodio verdaderos hermanos. Desmond se ha convertido en el protector hermano mayor que Charlie tanto había añorado en Liam. Tras compartir una y otra vez decisiones de vida o muerte, estos dos amigos han aprendido a apreciarse mutuamente hasta el punto de estar ambos dispuestos a dar su vida por el otro.

El escocés parece haber encontrado finalmente un sentido satisfactorio para sus continuas visiones trágicas sobre Charlie. Es cierto que en la misión submarina se juegan el rescate de todo el grupo y ambos creen que por tal causa merece la pena morir (también Sayid se había ofrecido voluntario para esta misión suicida). Pero no es suficiente para nuestro visionario con haber obtenido esta vez la aquiescencia de Charlie para su sacrificio (cosa que no se atrevió ni a preguntar en el 3.17). Sigue sintiéndose responsable de la vida de este muchacho, quizás porque en el fondo le está impulsando a actuar según su propia interpretación de las visiones, que podría ser errónea. El bueno de Desmond sencillamente no es capaz de dejar a Charlie partir así como así hacia una muerte casi segura, no sólo le provee de un ‘cinturón de pesas’ que le facilite el trabajo de inmersión y se ofrece a acompañarle en la canoa hasta la estación Espejo, sino que una vez allí entiende que todas sus visiones previas le están invitando a tomar su lugar. Sencillamente le es imposible despedirse de él en esas circunstancias; durante casi un mes ha vivido con la preocupación de salvar su vida una y otra vez y ahora esa misión se ha hecho carne con él y no puede entenderse a sí mismo si no lo intenta de nuevo. La misión suicida debe ser realizada y Desmond está dispuesto a tomar el relevo. En un ramalazo de optimismo decide interpretar que aunque la visión presenta a Charlie muriendo, no presupone nada de lo que le pasaría a él si ocupa su lugar.

Sólo que Charlie ya ha asumido el papel de que su vida debe ser sacrificada por el bien de todos los demás y está en paz con esa idea. En su fuero interno sabe que debe hacerlo. De alguna forma los continuos avisos le han ido preparando para ello: morir se hace más aceptable si tiene un sentido, si se percibe un provecho para aquellos a los que se ama. Todo encaja ahora para él si afronta la misión y no le encaja dejar que su amigo escocés vaya en su lugar. De pronto esta tarea se ha convertido en su gran oportunidad, en la tarea que le completa. Charlie deja al ‘hermano’ Desmond sin sentido y se despide abatido del aire que respira lanzándose a las aguas que supuestamente acogerán su cadáver pocos minutos después. Una de sus zapatillas de cuadros negros y blancos se desprende, cual último vestigio del muchacho cobarde que había sido, y flota hacia la superficie mientras las piedras de su ‘cinturón de pesas’ agarradas fuertemente en su mano tiran de él hacia abajo, hasta que las suelta para ascender hacia la estación donde debe apagar el equipo que impide a su grupo contactar con el barco de rescate.

Pero varias novedades esperan a nuestro valiente amigo en el interior del Espejo: una bocanada de aire en sus pulmones le demuestra que esta estación no estaba tan inundada como creían, mientras que un par de mujeres armadas y con cara de pocos amigos le convencen también de que el cumplimiento de su misión va a ser más difícil de lo que esperaba. Sorprendido de estar vivo, sus gritos de alivio atraen la atención de las guardianas de la acuosa estación, quienes probablemente no tienen ninguna intención de dejarle explorar a su antojo el equipamiento del Espejo.

Dejamos a Charlie de momento en esta extraña situación –en la que un intenso alivio se mezcla con el temor de no poder llegar a cumplir su importante misión–, para constatar que el joven músico no es el único dispuesto a meterse en líos para resolver la grave crisis que afronta el campamento. En un principio todos colaboran en preparar el cableado que permita detonar desde lejos la dinamita, regalo con el que quieren recibir a los Otros que vengan a secuestrar a sus mujeres. Pero tras el aviso de Karl de que el ataque se ha adelantado, el plan originalmente forjado por Jack y Rousseau se transforma por iniciativa de Sayid, quedando finalmente la defensa del campamento y el ataque a sus ‘visitantes’ en manos de tres francotiradores, mientras los demás miembros del grupo deben partir hacia la torre de radio, para contactar con el barco de Naomi una vez que Charlie desactive el equipo de la estación Espejo y Danielle su llamada de socorro. El experimentado militar iraquí decide quedarse a dirigir el ataque a los Otros, convenciendo a Jack de que él es quien debe liderar al grupo que se marcha. Otros dos personajes se ofrecen voluntarios a quedarse en el campamento, Bernard y Jin. Ambos son buenos tiradores, pero además ambos están dispuestos a dar lo que sea por la seguridad de sus esposas. Nuevamente aparece el amor como especial motivación para nuestros héroes “lostianos”. Jack, en cambio, a quien tampoco le faltaba el valor para haberse quedado a afrontar la batalla, parece estar motivado más bien por su deseo de venganza, aunque es bien conocido el gran afecto que tiene a su comunidad de supervivientes, a quienes desde un principio ha protegido e intentado salvar a cualquier precio.

De todas formas debemos reconocer al militar Sayid su especial y heroico sentido del deber, ya que se ofrece voluntario tanto para la suicida misión submarina como para la batalla campal que les espera en la playa. Como contrapunto encontramos otro personaje que ante semejantes problemas sólo desea ayudar, pero no sabe bien cómo: Hurley no ve su sitio ni entre los tiradores ni entre los exploradores y decide ofrecerse como colaborador en la misión de Charlie, para verse rechazado (con gran dolor de éste) en términos poco amables. El entrañable gordito trata de averiguar entonces quién más puede necesitarle y, haciéndose cargo de Vincent, se decide a suplir la presencia de su amigo Charlie al lado de Claire, por si pudiera ayudarla con el pequeño Aaron. En toda esta situación se echa de menos una actitud algo más activa de Sawyer, quien al parecer aún se encuentra profundamente afectado por los hechos ocurridos no muchas horas antes en la Roca Negra (3.19).

Finalmente, en la secuencia de hechos de este episodio sorprende enormemente el papel de Juliet, Karl y Alex. Los tres traicionan a su gente, al grupo de los Otros, y aunque es de alabar su deseo de evitar el secuestro o muerte de varios inocentes del grupo de la playa, no acaba de parecer normal que fríamente planeen la muerte de los que hasta ahora han sido sus compañeros. Juliet ayuda a poner la dinamita en las tiendas que ella misma señala como lugar donde encontrar a las embarazadas y Karl no duda en ofrecer un arma para detonar a distancia esta misma dinamita. Es claro que Juliet odia a Ben por haberla manipulado y obligado a ocupar un puesto tan desagradable como infiltrada (3.18), y quizás no ve otra opción para ayudar a sus nuevos amigos, pero su decisión de masacrar a los que, como ella hasta ahora, sólo cumplen las órdenes de Ben, es absolutamente impactante. Quizás se entiende mejor en Karl, quien no deja de ser un desterrado que últimamente sólo ha recibido prisión, golpes y lavados de cerebro por parte del grupo de los Otros (3.1, 3.7) y que además se siente amenazado de muerte en el caso de que le encuentren.

Una imagen expresa la terrible traición a los suyos de estas tres personas: el conejo blanco degollado por Alex. Ésta, con las manos ensangrentadas, recibe de su padre el arma que Karl entregará más tarde a Sayid para matar a los que hasta ahora han sido su gente. Se entiende que Alex no pueda quedarse de brazos cruzados al oír cómo su padre ordena a Ryan que rapte a todas las mujeres del campamento y mate a todos los hombres que se interpongan. Ella recuerda cómo Kate y Sawyer la ayudaron a rescatar a su novio Karl (3.7) y, desde que Sayid le mencionó que su madre real estaba viva (3.13), ha empezado a pensar que Ben quizás no sea su verdadero padre. Cree que no tiene por qué ser fiel a este hombre y a la vez se ve obligada a proteger a los que no les han hecho nada para verse así atacados. El conejo blanco degollado significa que algo ha muerto en el corazón de Alex, su relación con su padre y su gente, su infancia, su inocencia... Alex ha cambiado definitivamente de bando, tan definitivamente como Juliet o Karl con sus más explícitas traiciones. Del mismo modo el conejo blanco degollado puede denotar la muerte de algo muy querido en Benjamin Linus, a quien habíamos visto muy encariñado con similares animales (3.4, 3.20). Ha dejado a Locke derribado en una zanja con un tiro en el abdomen y ha ordenado a sus esbirros atacar antes de lo acordado. Con estas acciones está labrándose la desconfianza de los suyos, incluida la traición de su hija, la persona a la que más quiere.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- A diferencia de la visión que tuvo Desmond en relación con la llegada de Naomi (3.17), en la que Charlie moría de forma accidental, en este caso entre la posible muerte y el resultado positivo que se pretende con la misma existe una relación lógica, de forma que correr ese riesgo adquiere un sentido. En la intención original, antes de descubrir que la estación no está del todo inundada, parecía necesario que alguien se internase en la estación submarina para examinar el equipamiento hasta dar con el interruptor que permitiera desactivar el sistema de bloqueo de las telecomunicaciones, lo cual sería ya un enorme logro, pero se estimaba casi imposible que el voluntario pudiera volver después de nuevo a la superficie, por no poder aguantar tanto tiempo la respiración. Sin embargo, si nadie se atrevía a llevar a cabo esta misión, el grupo no podría contactar con el barco de Naomi para ser rescatado. La salvación de todas estas personas es razón suficiente para arriesgar la vida de una de ellas. De todas formas Jack no lo permite hasta que empieza a dudar de que puedan rechazar con efectividad el ataque de los Otros. Que el grupo se encuentre en la isla en una situación de extremo peligro es lo que permite entender que el sacrificio de uno de ellos por conseguir el rescate de los demás tenga realmente sentido.

Aún así dos razones ayudan a Charlie a tomar su valiente decisión. En primer lugar, las visiones muestran que él consigue apagar la intermitente luz amarilla, por lo que sólo en su caso está garantizado que la misión vaya a ser llevada a cabo (Desmond juega con la ventaja de que sus visiones le dan un conocimiento previo de lo que va a encontrarse en la estación, por lo que resulta también un candidato bastante adecuado). En segundo lugar está el hecho de haber sido elegido para ello por una especie de destino o fuerza mayor. Es clave el detalle que comentábamos en el párrafo anterior: en este caso su probable muerte tiene un sentido. Por mucho que el destino isleño haya programado su muerte una y otra vez no le entran a Charlie más ganas de morir por una causa cualquiera. Pero ahora la causa es muy importante: el rescate del grupo de supervivientes y entre ellos el de sus muy queridos Aaron y Claire.

Supongamos que Desmond no hubiera tenido visión alguna pero Sayid hubiera llegado igualmente a la conclusión de que alguien debía nadar hasta el Espejo e intentar la desconexión del bloqueo. Si Charlie hubiera sido consciente de la necesidad de un voluntario para esa misión probablemente nunca se habría ofrecido, no tanto por cobardía como por albergar dudas de si sería capaz de hacerlo bien (no tenía un buen concepto de sus propias dotes como nadador, 1.5). Lo habrían hecho Desmond o Sawyer, al estar Sayid y Jack ocupados con otros quehaceres (así como Jin y Bernard). Puede que incluso Juliet o Kate se hubieran presentado voluntarias. La diferencia estriba en que Charlie ha sido señalado secretamente para la misión; por medio de Desmond se le ha sugerido que lo haga él, que puede hacerlo. Este hecho de ser ‘elegido’, de hacerse repentinamente consciente de que un grupo de personas necesita especialmente de uno, de que lo que uno haga o deje de hacer marca una diferencia de vida o muerte en las demás personas, tiene una carga motivadora muy importante. Aunque Charlie crea que su vida ha sido muy insignificante, cuenta ahora con la convicción de que va a cumplir una misión esencial. Si muere, su última tarea habrá sido muy significativa.

Es probable que nada de esto fuera muy consciente en nuestro joven amigo. Sencillamente Claire y Aaron necesitaban de su generosidad, y él se encuentra dispuesto a ello. La verdadera prueba, sin embargo, es el ofrecimiento de Desmond. Podría haberle dejado hacerlo a él, pero a estas alturas ya tiene muy asumida la necesidad de su muerte. En su valiente gesto queda redimida toda falta cometida en su vida anterior. En el agua se zambulle un héroe decidido a dar su vida por salvar a su gente.

- La diferencia por tanto la establece el haberse sentido elegido para esta especial misión, el creer que uno ha sido especialmente llamado o vocacionado para ello. Uno puede pasar por la vida con el lema del “sálvese quien pueda”, es decir, que cada uno se cuide de sus propios asuntos, o en cambio, haber sintonizado alguna vez con la llamada a ser una persona disponible para ayudar a los demás, atenta a que alguien pueda necesitar en cualquier ocasión de su generosidad. En nuestra serie hemos percibido más de una vez cómo Jack y Sayid se encuentran siempre atentos a cualquier necesidad, también lo están Kate y desde luego, Desmond, al menos desde que tiene sus extrañas visiones. Hurley, por su parte, no sólo está siempre atento a echar una mano a quien le necesite, sino que su sensibilidad en este sentido le impulsó incluso un día a diseñar una estrategia para conseguir convertir a Sawyer en una persona más atenta (3.15).

Se trata de una verdadera filosofía de vida según la cual uno se entrena en entender su vida como un servicio para los otros, en discernir a qué actividad debe dirigir su tiempo y sus recursos para marcar una diferencia a favor de la vida y la felicidad de sus semejantes. Las personas que perciben así las cosas normalmente se sienten amadas por Dios y especialmente ‘elegidas’ para dedicarse a amar, como han sido amados. Sin esta vocación especial, sería difícil plantearse una generosidad extrema, aunque muchas personas buenas se sienten inclinadas a este estilo de vida de forma natural.

- La cuestión se complica más cuando la elección por la vida de los demás y la defensa de los más débiles exige tener que traicionar a unos amigos o unos valores previos, o aún peor, tener que declarar la guerra a un grupo de personas, supuestamente equivocadas o malignas. En la vida real queremos creer que el diálogo, o en su caso la ley, pueden resolver este tipo de asuntos. Pero en la isla ‘perdida’, Juliet, Alex y Karl, no ven otra opción que o estar con Ben o pasarse al bando enemigo. Con todas sus consecuencias.

Amparo