miércoles, 10 de marzo de 2010

6.6. Ocaso

Entre el ultimátum para la puesta de sol que plantea Smocke a los habitantes del templo y la caída de la estrella que canta siniestramente Claire (funcionando aquí como símbolo musical de la corrupción que supone un ángel caído, al convertirse una nana infantil en leit-motiv del terror), a Sayid no le queda otra opción que sumarse al “ejército de las tinieblas” al caer de la noche... otra cosa es si a Kate aún le queda opción...

En poco más de un día Sayid ha sido disparado en sus entrañas, ahogado en la fuente (algo mancillada) de la vida y milagrosamente revivido, para poco después ser torturado y condenado (voluntariamente) a muerte por medio de una píldora venenosa, que decide no tomar, teniendo que aguantar a cambio que le miren con menosprecio y temor los hostiles habitantes del templo. Aprovechando que Jack ha desaparecido por un rato, nuestro iraquí se decide a echar una charla directamente con el misterioso Dogen quien tras una breve explicación (sobre que en su interior la balanza entre el bien y el mal se inclina hacia donde no debe y le sería preferible la muerte), lucha encarnizadamente con él hasta vencerle, pero desiste de matarle cuando su querida pelota de béisbol cae providencialmente al suelo. El consiguiente exilio del terreno ‘sagrado’ queda interrumpido por la llegada de Claire anunciando que alguien debe salir a parlamentar con Smocke, alguien que éste no pueda matar, si así lo prefieren... Por lo que la pena de exilio de Sayid queda conmutada por la orden de asesinar al Enemigo, con la especial daga que Dogen desentierra para esta tarea, acompañada de una descripción (lo verá como alguien conocido que ha muerto) y de un aviso (no dejarle decir ni hola). Pero, tras vacilar un momento al encontrarse con Kate (que qué hace aquí la pecosa por cierto...), Sayid ve asombrado al muerto viviente de Locke y se lanza resuelto con el puñal contra su costado, aunque, ay, no sin antes haber sido saludado. El caso es que la especial daga vuelve a ser desenterrada, ahora de las entrañas de Smocke, quien parece que ni tiene entrañas ni corazón ni nada, pues ni la herida mana sangre ni parece molestarle al imponente Humo Negro de la isla más que lo que le molestarían unas meras cosquillas.

Sayid no da crédito a sus ojos, pero ya se va dando cuenta de que las cosas en esta isla son de lo más raritas... por lo que cuando el insidioso ser que tiene delante le ofrece un trato diabólico, no duda en venderle su alma, acordando con él (suponemos) la suprema traición al templo: dar su mensaje de ultimátum (planteado sibilinamente como una liberación) a sus habitantes y devolver la daga a su dueño acabando al mismo tiempo con su vida, para destruir así el último bastión que impedía a la letal humareda acabar con la fortaleza hostil. Derrotado el jefe del templo, Sayid elimina también a su ayudante y traductor y, aunque al parecer le habría gustado quedarse allí (o más bien ahora escapar con sus amigos), confiesa a su antiguo enemigo/jefe/víctima Ben (ante la fuente que ha hecho renacer a ambos) que nada de eso es ya posible para él. Sayid había querido por última vez demostrar que era buena gente (aunque como siempre, le exigen que pruebe su bondad matando...), para finalmente pasarse al Lado Oscuro de la Isla (o al equipo de las Piezas Negras), entregándose al mismísimo Mal encarnado en una última jugada desesperada, en la que quizás esperaba (contra toda esperanza) poder ser redimido por el amor de su Nadia...

No sabemos qué le prometió Smocke a Sayid, pero ¿podría ser el acceso a una nueva realidad (llamémosla ‘x’) en la que le sería posible encontrarse de nuevo con Nadia? Puede ser, pero mientras tanto x-Sayid descubre (por enésima vez para este personaje en la serie) que no le es posible escapar a su destino como asesino. Esta vez el culpable es su hermano Omer (a cuyos brazos parece que empujó nuestro protagonista a x-Nadia por no sentirse merecedor de ella), quien (como cuando eran pequeños) necesita que su hermano menor le haga el trabajo sucio. Pero x-Nadia insiste en que no se deje liar, pues ella, enamorada desde hace tiempo de su cuñado, se empeña en hacerle creer que es verdaderamente capaz de vivir como una buena persona. De todas formas, si Smocke le prometió esta vida a Sayid le hizo una mala jugada, pues en ella no le estará permitido estar con su amada a no ser que traicione a su hermano, haciendo daño también en el proceso a sus inocentes sobrinos, pero además anda por allí un tal x-Keamy haciendo de las suyas (junto a su secuaz x-Omar, al igual que en el carguero) de modo que nuestro antihéroe no es capaz de quedarse tranquilo hasta que no le mete un tiro a este desgraciado entre pecho y espalda (algunos dicen que los famosos huevos que Keamy cocina y devora funcionan como símbolo de las almas, de modo que el mal de Smocke y Keamy –ambos genuinos representantes diabólicos– tanto en una como en otra realidad ha acabado engulléndose el alma de Sayid). Todas las buenas intenciones que nuestro amigo pone en su intento de redimirse de su pasado como torturador sólo consiguen, cual boomerang, volverse una y otra vez contra él, haciendo añicos la frágil esperanza de llegar algún día a ser feliz.

Otro importante personaje de la isla había perdido ya también la esperanza de ser feliz, puesto que tuvo que renunciar a volver a ver a su hijo, a cambio de que éste sobreviviera a un terrible accidente. La persona que le ofreció este trato tan doloroso fue Jacob, de forma similar a cómo Ben ofreció a Juliet en su día salvar a su hermana del cáncer a cambio de que ella se quedara en la isla. Lo que ambos pidieron en cada caso fue un sacrificio importante a cambio de la vida de un ser querido (Smocke, sin embargo, exige una traición a cambio de recuperar la felicidad propia). Dogen sólo puede acariciar de vez en cuando la pelota de béisbol que le recuerda al hijo añorado (suponemos que sería más o menos como el chaval que vimos hablar con x-Jack en el conservatorio) y seguir sirviendo los intereses de Jacob en el templo, respetando especialmente a los ‘candidatos’. Pero el caso de Sayid le sobrepasa, dado que está seguro de que algo ha ido mal con él, y trata de encontrar el equilibrio entre el respeto que le debe y la responsabilidad de evitar que este hombre ‘infectado’ les haga daño. Forzado a elegir entre la vida y la muerte de su ‘protegido’ (la fidelidad simbolizada por el color claro de su pelota y la traición por el color negro de su guante), Dogen prefiere desenterrar con su puñal una oportunidad nueva... esperar del ‘infectado’ que su parte buena (aunque de hecho ya superada por la mala) sea capaz de acabar con el maligno enemigo, tarea sumamente difícil, que al final se muestra vana. Y, como el boomerang de Sayid, el puñal acaba volviendo a sus manos trayéndole en este caso la muerte. Dos teorías importantes se barajan entre los fans: una, que al morir ahogado en la fuente de la vida (aunque esté algo sucia) Dogen esté destinado a revivir; otra (que me encanta, propuesta por Doc Jensen en su columna de EW), que nuestro valiente ‘samurai’ supiera desde el principio que su servicio al templo requeriría antes o después el sacrificio de su vida (a cambio de la que se concedió a su hijo), de modo que su sacrificio en el núcleo vital del templo adquiera finalmente un sentido redentor: quizás reavivando eventualmente el poder sanador de las aguas de la vida (no tanto para él como en beneficio del futuro ‘Jacob’).

Junto con Dogen, en este fatídico día de negro ocaso, mueren Lennon (degollado por Sayid) y la mitad (más o menos) de sus compañeros (golpeados a lo bestia por el justiciero Humo), mientras que el resto de los Otros (incluidos Cindy y los dos niños) se unen al enemigo, en un intento de salvar el pellejo. Smocke, contento con su resultado, recibe satisfecho a sus ‘infectados’ lugartenientes, Sayid y Claire, quedando algo sorprendido de que la impredecible Kate se una a sus fuerzas. Nuestra amiga no quiere perder de vista a Claire, la madre de su querido Aaron, aunque es posible que esta misión que se ha propuesto le salga cara. ¿O, no será más bien la poderosa influencia del cariño a este pequeñajo tan especial la que consiga vencer desde dentro a la alianza del mal? Kate, similarmente a Dogen, ha venido a la isla porque se le ha dicho que se la necesitaba allí, dejando atrás lo que más quería, de modo que quizás pueda ser sucesora del japonés en cuanto a su papel de último bastión frente al mal (a lo mejor sabía Jacob que se necesitaba precisamente una persona en esas circunstancias y por eso puso al pobre padre en dicha tesitura). La canción tantas veces repetida en tono siniestro (“coge una estrella caída y métela en tu bolsillo, no dejes que se apague..., guárdala para los días de lluvia...”) que tanto Claire como Kate habían cantado en su día al bebé, ha servido para ilustrar cómo el mal insta a caer a quienes eran buenas personas, dejándolas acorraladas, pero quizás también implica esta nana una esperanza, que la inocencia de la estrella caída no llegue a dejar de brillar...

Aparte de esta posibilidad, la isla, amenazada de sucumbir a la oscuridad, cuenta en su defensa con los que acudieron al faro, Jack y Hurley (guiado por el espíritu de Jacob), en espera de nuevos visitantes; además del equipo que lidera Ilana, formado por Frank, Miles y Sun. Jin, sin saber que su añorada esposa ha acudido al templo, parece haberse quedado junto con Sawyer a la espera de Smocke y Claire, aunque no sabemos si esos dos tienen muy claro dónde se han metido. Mientras tanto Richard anda solo en la selva y Ben, alucinado por el descubrimiento del enorme cambio en Sayid, parece haber sobrevivido el ataque al templo por su cuenta. El capítulo termina con la marcha ominosa de Smocke liderando a las Piezas Negras mientras se aleja del templo abandonado, dispuesto a cumplir sin falta todos sus propósitos...

jueves, 4 de marzo de 2010

6.5. Faro

“¿Qué cicatriz tengo aquí?”, se pregunta x-Jack ante el espejo. Y ya es la segunda vez que le pasa algo similar en un par de días... Mamá Shephard le comenta que le operaron de apendicitis cuando tenía unos 7 años (¿y cuándo fue eso?, a ver... si estamos a 24-9- 2004... ¿no sería en 1977?, una teoría debatida en internet dice que al producirse la bifurcación del x-universo en 1977 y pasar la conciencia del Jack adulto al niño que era entonces de unos 7 años, la mayoría de sus conocimientos quedarían latentes hasta que una serie de circunstancias le hicieran recordar lo que pasó; pero una reacción psico-fisiológica le podría haber hecho rechazar el apéndice que por aquel entonces ya Juliet le había quitado; y quizás también sea relevante para semi-acordarse ahora de ese recuerdo latente que él mismo intentara observar en su día la operación de su propio apéndice por medio de otro espejo). Pero Jack opta por no dar más importancia de momento a las extrañas reacciones de su mente, pues ya tiene bastante con ocuparse de la desaparición del cuerpo de su padre, el desasosiego de su madre y... que le toca ir a recoger a su hijo David al instituto y ya no llega a tiempo...
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En la isla le encontramos también observando con atención un reflejo ondulante de su imagen en un estanque del templo. Y es que Jack no sabe ya ni quién es ni lo que quiere, se le desdibuja el sentido que tiene su existencia en este mundo: en Los Angeles (tras el rescate de los Oceanic Six) su vida se fue totalmente a pique y finalmente había decidido hacer caso a los que le instaban a volver a la isla, atreviéndose a pensar que realmente allí le esperaba un ‘destino’ que le ayudaría a reencontrarse consigo mismo. O quizás, aunque ni se atreve a confesárselo a sí mismo, a reencontrarse con su padre...
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Porque él había visto al fantasma de su padre y lo había seguido hasta las famosas cuevas, sólo para desesperarse al descubrir allí el ataúd vacío. Y le había parecido oír también su voz invitándole a tomarse las cosas con calma (“let it go”), cuando estuvo recluido por los Otros en el tanque acuático de la Hydra. E incluso Locke, antes de morir, le había mencionado que Christian le mandaba saludos desde la isla... ¿Qué quería decir todo eso? ¿Y además, qué demonios es lo que la isla y sus extraños habitantes quieren ahora de él? Con todo esto se entiende que cuando Hurley le comunica que le dicen de ultratumba que “sí que tiene lo que hay que tener” (o que “sí que tiene agallas para encajar el fracaso”), en contradicción directa a la frase de su padre que tan a fuego se le había grabado de pequeño, salte como un muelle y pida ver de inmediato a ese misterioso Jacob. Porque de pronto cree entender que esa figura mítica de la que tanto hablan los Otros y que ya muerto parece haber elegido a su amigo Hugo para comunicarse, le interpela a un nivel muy personal y puede por tanto, probablemente, ofrecerle también respuestas a ese mismo nivel. Y Jack ahora necesita respuestas, necesita entender... Necesita comprender qué le pasa, qué le falta, qué ha hecho mal en su vida... necesita afrontar su desazón, su desconfianza en sí mismo, sus miedos, sus fracasos... necesita sanar viejas heridas y encontrar cierta paz antes de poder embarcarse en ningún tipo de nuevo proyecto.
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Y para ayudarle a avanzar en la búsqueda interior del sentido de su vida y su destino, Jacob le envía al Faro de la isla. Allí no se dan respuestas, sino sólo una orientación, y la suya, en el grado 23 de la rueda, le remite de nuevo a la casa donde vivió con sus padres. Pero eso no es suficiente para nuestro Jack, volver a encontrarse ante aquella mansión donde se originaron los males que le aquejan no le produce más que frustración: lo que él busca, el amor y aprobación incondicional de su padre, no está en este faro, como tampoco estaba en las cuevas... y su frustración le impulsa a destruir esos espejos tan engañosos, igual que destruyó lleno de furia el vacío ataúd de Christian. Sólo después de dar escape a su furia destructiva, Jack se dispone a calmarse contemplando el mar... y entonces descubrimos que precisamente este resultado es lo que Jacob había pretendido conseguir ‘invitándole’ al Faro. Se ve que intenta llevar a su ‘candidato’ a un estado de ánimo determinado... de forma que él mismo ‘quiera’ hacer aquello que la isla necesita de él.
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Sin embargo, su alter ego en el x-universo no ha dudado en acudir a la casa de su niñez ante el requerimiento de su madre (dejando solo a su hijo adolescente por unas horas), para allí con ella, en la ausencia de su malhadado progenitor, descubrir algunas respuestas importantes. La perceptiva Margo le ayuda a entender por qué su hijo David se está distanciando de él, a la vez que ambos se enteran de la existencia de un miembro más de la familia, x-Claire Littleton, sin saber aún lo cerca que se encuentra la joven australiana de ellos en Los Angeles y que está a punto de dar a luz a otro nieto del difunto Shephard. (De paso, los telespectadores descubrimos que Jack no es tan dado a la bebida como en el universo en el que primero le habíamos conocido).
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David, de unos 14 años, no se lleva mucho tiempo con su desconocida tía (que tiene unos 19), ni ha estado tan separado de su padre como ella del suyo, pero sí ha heredado de x-Jack las dificultades de comunicación intergeneracionales. Aunque a éste, tras la amarga pérdida de su padre (y la desconcertante pérdida posterior de su cuerpo), le ha quedado claro lo que tiene que decirle cuanto antes a su hijo, sobre todo cuando se lleva un susto supremo al no encontrarle en casa a su vuelta. Una pasadita por la casa donde el chaval vive el resto del tiempo con su madre (¿quiso el destino que Jack hubiera conocido esta vez a Sarah unos 12 años antes o se trata de otra mujer?) le hace descubrir que David ha sido citado para una audición en el conservatorio y es allí donde, aliviado, le encuentra. Tras pasar junto al cartel que le da la bienvenida (quizás incluso desde otra dimensión, con su “Bienvenidos todos los candidatos”) redescubre el talento musical que su hijo tan celosamente ocultaba para no verse sometido en este ámbito a la presión paterna (en eso fue más listo que el bueno de Daniel Faraday, a quien vimos tocar al piano para su madre exactamente la misma pieza de Chopin), pues bastante presión sufren ya de por sí los jóvenes artistas (como comenta un elegante x-Dogen).
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Discretamente, x-Jack espera a su hijo a la salida, para abordarle con el mejor regalo que puede hacerle. Se siente muy orgulloso de él, y además sabe que lo estará siempre, pase lo que pase, de modo que le dice que nunca entenderá como fracaso nada de lo que David pueda llegar hacer. Cuando el hasta ahora esquivo muchacho le sonríe satisfecho comprendemos que la muerte de x-Christian ha tenido como resultado, en este otro universo, que x-Jack se reconcilie con su hijo y probablemente también que la familia Shephard llegue a conocer a x-Claire y quizás puedan ofrecerle su cariño además de una cierta parte de la herencia, de modo que la joven pueda quedarse sin problemas con x-Aaron. La muerte del abuelo habría surtido así un inmediato efecto positivo en sus dos nietos, pero a través de ellos también en sus padres (los alejados hijos de Christian) una vez pasado el trance de llegar a reconciliarse indirectamente con él.
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Pero aún nos queda por examinar otra (ciertamente distorsionada) versión de la relación entre Christian y Claire. La dulce rubita que perdieron nuestros ‘losties’ en la isla antes de que Ben moviera la rueda, se ha convertido en una desaliñada salvaje, a quien al parecer ‘su padre’ le hizo creer que los Otros habían robado a su bebé. Curiosamente Claire no vivió los saltos en el tiempo, como el grupo de los que volvieron a la época Dharma (ante esta anomalía la isla la ha tratado como a sus habitantes nativos, en contrapartida quizás por incluir a Juliet en el grupo de los visitantes viajeros), sino que en esos tres años ha estado trampeando por la isla y ha llegado a tener varios desafortunados encuentros con los habitantes del Templo, en uno de los cuales sufrió algo parecido a lo que le ha ocurrido hace poco a Sayid.
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Claire, cual nueva Rousseau, se ha montado un refugio en la selva, bien equipado con todo tipo de instrumentos (incluidos cartuchos de dinamita) y no duda en ocultar entre la maleza trampas para animales y personas ni en torturar a sus cautivos para averiguar el paradero de su bebé perdido. Sin embargo, a diferencia de la francesa, en vez de una cajita de música tiene una cunita con un monstruoso muñeco, y en vez de haber matado a sus compañeros por encontrarse ellos ‘enfermos’, parece estar ella ‘infectada’ y por lo mismo haberse convertido en una peligrosa amenaza con su hacha... Mientras su hermano destroza furioso los espejos del Faro con un telescopio porque no acaban de darle razón del misterio de su padre, ella (en un tono menos ilustrado y más salvaje) destroza implacable con un hacha las entrañas del pobre Justin, porque no le acaba de desvelar el paradero de su hijo.
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Y eso que el pobre Jin acaba de decirle dónde está en realidad el pequeño Aaron, aunque enseguida echa marcha atrás diciendo que era mentira al ver las inesperadas consecuencias que tiene en ella dicha revelación. Pues además de ‘infectada’ por esa oscuridad que le cambia a uno totalmente al invadirle el corazón, ha sido malamente influenciada por el que parecía ser Christian, y ahora por el que parece ser Locke. Tras amenazar de muerte a Kate, si por casualidad se hubiera atrevido a llevarse a Aaron de la isla, Claire saluda a ‘su amigo’ (que ella sabe que no es John), mientras accede a planear con Jin una entrada secreta en el templo para recuperar a su pequeñín.
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Jacob ha alejado ex-profeso a Hurley y a Jack de la batalla que se avecina en el templo, en el cual habíamos dejado a Miles y Sayid y al que se acercan presurosos Richard, Sun, Frank, Ilana y Ben. Tampoco parece que Kate y Sawyer vayan a andar muy lejos, por mucho que pasen del ‘templo maldito’, mientras ella siga en busca de Claire y él mantenga su alianza con Smocke.
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Entre todo este jaleo Hurley, reaccionando más sensatamente que otros, trata también de entender qué demonios pasa a su alrededor. Dada su sencillez y servicialidad, le es más fácil que a Jack prestarse directamente a obedecer enigmáticas instrucciones, aunque no las entienda. La menuda escritura con tinta en su brazo ha acabado formando sin que él se dé cuenta una mancha azul en su frente, que Jacob le señala solícito. El disgusto que se ha llevado Hugo por la desproporcionada reacción de Jack al romper los espejos en el faro, imposibilitando así que cumpliera su importante misión de orientar a la persona que viene a la isla, no altera para nada al impasible fantasma que le ha elegido como emisario (bueno, Jacob ni siquiera se alteró cuando le mataron). Ya sabía nuestro ‘vidente’ que se las apañaba mejor solo que en compañía del temperamental médico (a quien engatusó con el mismo estilo con el que en su día embaucó a Sawyer). Pero se ve que él también ha encontrado su nombre en la rueda y se habrá preguntado qué vería Jacob en sus espejos cuando miraba hacia el correspondiente nº 8, sin que eso al parecer le haya inducido a abordar al ‘omnisciente’ Jacob con reproches o un montón de preguntas, sino que únicamente le agradece sarcásticamente los siete años de mala suerte.
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A Hurley sólo le importa ayudar a la gente, quisiera poder avisar a Miles y Sayid del peligro que les espera y quisiera haber servido de ayuda a quienes andan buscando la isla. Pero Jacob, su particular Obi-Wan Kenobi, parece satisfecho con la tarea que le había encargado y a él le ha gustado andar por el templo y por la selva con una misión, a lo Indiana Jones, y también recordar viejos tiempos con Jack, llegando a elucubrar teorías locas sobre los esqueletos de Adán y Eva que encontraron en las cuevas. Él volvió a la isla con una funda de guitarra, sólo porque un tipo agradable se lo pidió educadamente. Esperamos que su inocencia no resulte dañada en la inminente batalla entre los ‘Losties’ que se están situando en dos bandos opuestos, los que está ‘atrayendo’ Jacob y los que está ‘reclutando’ Antijacob; ojalá sirva más bien para ayudar a discernir a sus amigos lo que está pasando verdaderamente en la isla antes de que lleguen a matarse entre ellos.

jueves, 25 de febrero de 2010

6.4. El sustituto

Nuestro x-John vuelve a casa desde el aeropuerto en su furgoneta, profundamente frustrado tras haber intentando en vano hacer su anhelada expedición australiana. Le fastidia tener que depender tanto de una maquinaria que tiene la mala costumbre de atascarse cuando menos falta hace (o cuando no le conviene al superafortunado de x-Hurley), y ahí está, a unos metros de la puerta de su casa, pero sin poder salvar los centímetros que separan del suelo a la plataforma en la que se encuentra su silla de ruedas. Su gran aventura de hoy consiste en atreverse a dar ese pequeño salto... y... ¡vaya! falló, dando con sus huesos en el suelo, para ser irónicamente bienvenido por los indiscretos aspersores de su césped (tan indiscretos como los del campo de golf en el que Sayid se cargó al señor Avellino).
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Pero éste no es el amargado y solitario John Locke que conocíamos antes del vuelo 815, sino que su novia x-Helen se apresura a rescatarle para continuar después con la abrumadora planificación de su boda (en Octubre y se supone que ahora están a finales de Septiembre) a la que incluso estará invitado el padre de Locke (suponemos que una versión menos mala de él; se ve una foto de los dos juntos en su cubículo de trabajo mientras habla con Randy). Sin embargo x-John sigue siendo partidario del color caqui (el típico de su camiseta isleña) para las sillas de la boda, aunque cambia enseguida de opinión para agradar a x-Helen. El ‘cajero’ con corazón de explorador ha intentado cumplir su sueño en el ‘outback’ australiano sin conseguirlo, y ahora tendrá que pagar las consecuencias, al menos en el trabajo, donde su engaño (no asistió al congreso al que le mandó su empresa) ha sido descubierto. También x-Helen descubre la mentira, abriendo la maleta ‘perdida’ con los cuchillos, pero decide demostrar comprensiva a su novio que no necesita cambiar en nada para ser su ‘héroe’.
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Sumido en estas circunstancias de su vida x-John se mira en el espejo, preguntándose quién es verdaderamente él, ahora que va asumiendo (gracias también al realismo de x-Rose) que nunca más podrá andar (y menos si se dedica a rechazar la tarjeta de x-Jack y a no creer en los milagros). Y nos responde esta pregunta al final del episodio, cuando integrado en un puesto de trabajo medianamente interesante enseñando deportes y ciencias en un instituto, saluda a un insignificante profesor de Historia Europea llamado Benjamin Linus: “John Locke, sustituto”.
No sabemos cómo quedó paralítico este Locke, pero su intento de hacer la expedición ha cambiado realmente su vida, haciéndole conectar con una serie de personas relacionadas con el vuelo 815 que le han derivado hacia nuevos derroteros. De un ‘cajero’ apodado ‘coronel’, ha pasado a ser un profesor ‘sustituto’. Quizás el destino (¿o algún x-candidato?) está colocando sus piezas para que este personaje ‘sustituya’ significativamente a alguna otra pieza clave...
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En otra realidad, unos tres años más tarde y en una isla perdida, el Otro Ben Linus reconoce que el John Locke que él conoció (y mató) era sobre todo un ‘creyente’, un hombre de fe, que había sido mucho mejor que él. Nuestro experto lanzador de cuchillos –y humilde servidor de la isla que le devolvió el uso de sus piernas– sólo volvió a Los Angeles para descubrir que Helen había muerto y morir poco después también él. Aunque el destino le reservaba la ironía de traerle de nuevo a la misma playa perdida para ser enterrado junto a su aprendiz Boone (cual nuevo sacrificio requerido por la isla), y permitir así que su imagen ‘sustituyera’ a la que usaba antes el enemigo de Jacob, la del hombre que vestía de negro junto a la estatua. Si ponemos en una balanza la vida de este apasionado hombre de fe, con todo lo que disfrutó y sufrió en estos tres años (transcurridos para él en sólo unos meses) y la de su resignado y pragmático x-homónimo de x-Los Angeles, ¿cuál es más significativa? ¿cuál hubiera preferido él? (aunque para contestar a esta pregunta aún tendremos que ver por qué derroteros le llevan los guionistas en los flash-sideways).
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Pero aún nos queda otro John Locke y otra balanza que analizar: el ser que asumió falsamente su identidad y que al parecer ahora sólo puede adoptar o esta forma o la de amenazante humo negro (Smocke le empiezan a llamar en algunos foros). Y cuándo se le pregunta quién es responde que un ser atrapado que alguna vez fue hombre y fue libre, y que sufrió traiciones y la pérdida de un ser querido. Sea esto verdad o no, Smocke se mueve de manera bastante urgente y decidida hacia un único fin inconfesable (probablemente la muerte de todos los candidatos) y su actual objetivo en la partida es reclutar a gente, ofreciéndoles lo que cree que más puede atraerles: información y libertad. Su jugada previa ha eliminado a una pieza clave del tablero, a su odiado Jacob, pero es posible que haya infringido un poquito las reglas (o no, que para eso se buscó trabajosamente su resquicio o ‘loophole’), aunque esto no quita que se le vean de lejos las ganas de infringirlas o burlarlas si puede una vez más. Con regocijo destruye el equilibrio que durante cientos de años había reinado entre las piedras negra y blanca de la balanza de la cueva, y arroja la piedra blanca al mar, de modo que la negra asume gravemente sin tardar la posición predominante (¿para cuánto tiempo más?)
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Lo que está claro es que el color de la partida ha cambiado y todos están corriendo a refugiarse en el templo, único lugar seguro de la isla, al que aún faltan por llegar Richard (apenas liberado de la cautividad), Ilana, Frank, Ben y Sun (que aún están guardando duelo a sus muertos, recogiendo sus cenizas o enterrando sus despojos), mientras que andan por la selva perdidos Kate, Jin y Claire. Por su parte, Sawyer, tratando de atontar su dolor con música a todo volumen y un potente whisky, ha preferido pasar totalmente de la inquietante situación de alerta que reina en la isla, poniéndose sin saberlo a merced de las artimañas del furibundo Smocke.
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Sólo un jovencísimo rubio se atreve a asomarse por la isla y recordar al negro jugador las venerables reglas de juego (“no lo puedes matar”), poniéndole de un pésimo humor. El misterioso muchacho es “un chaval de 12 a 14 años, con sabiduría en los ojos, pesadumbre en el corazón, una importantísima responsabilidad a sus espaldas y pelajo rubio en la cabeza” (según traduce Gonzalo Tegel en el blog de Cuatro los datos de la llamada de casting para seleccionar a este actor que publica la lostpedia). Smocke está harto de reglas, de sentirse atrapado durante siglos en este maldito juego, de tener que buscarle las vueltas a gente que ya le tiene más que calado, de perseguir dolorido a este crío, quizás esperando de él algún tipo de tregua o trato de favor para facilitarle el resto de la partida. ¿Por qué aparece el muchacho la primera vez con los brazos ensangrentados? ¿Por qué no puede verle Richard? ¿Podría este chico tener que ver con la famosa pérdida de un ser querido que sufrió este ser cuando aún era un hombre, con aquella traición que endureció su corazón? Sea su nombre Aaron o Jacob (¿por qué no Christian o Charles, ya puestos?), se trata probablemente de un personaje sumamente significativo de su pasado como ser humano.
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Y como cumbre del episodio tenemos la interacción entre esos dos monstruos (sin ánimo de ofender) de Sawyer y Smocke. Nuestro experto estafador se huele a la legua que este ‘muerto’ no tiene ningún miedo y aprende pronto que no se trata de un ser al que pueda amenazar con un arma. Parecía encontrarse abatido, pero enseguida se enciende en él el modo de supervivencia y de la búsqueda activa de la mayor ventaja posible. Aunque sin subestimar a su formidable oponente, Sawyer pasa de esconderse en la selva y de salir corriendo hacia el templo, prefiere ‘jugar’ para ver qué puede ganar (quizás porque no tiene mucho que perder). Si creíamos que James había afrontado en Cooper (Sawyer vs. Sawyer) al malo más maligno posible del universo, allá en el infernal calabozo del “Black Rock”, se encuentra ahora ante un expertísimo manipulador de voluntades (que ha dejado pequeño al mismísimo Ben Linus, quien entre “ratones y hombres” bien que en su día se las dio con queso a nuestro rubiales) y jugando además con reglas enigmáticas en un terreno escabroso y desconocido.
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Pero es que nuestro Sawyer se crece ante las dificultades y le da al coco con enorme rapidez. En la impresionante imagen de la entrada a la caverna de estos dos personajes, vista desde detrás de la balanza, Smocke queda del lado de la piedra blanca y Sawyer de la piedra negra, expresando quizás que el sureño ex-jefe de seguridad de Dharma es más temible de lo que el enemigo de Jacob quisiera creer. Al menos nos gustaría pensar que no ha entrado allí cual inocente corderito, dispuesto a aliarse con el monstruo isleño y a dejarse engañar por él. Por algo ha sido elegido ‘candidato’, tocado en su infancia por el mismísimo Jacob (el primer ‘tocado’ cronológicamente de los que conocemos) y aspira con el número 15 a suceder al protector de la isla y jefe supremo. A menos que de verdad decida pasar de todas estas patrañas y entregarse a colaborar en el plan del ‘lado oscuro’. Que lo de salir de la isla de momento puede pintar muy bien, pero yo creo que antes Smocke querrá limpiarla de ‘candidatos’ y espero que el ‘lado luminoso’ de Sawyer reaccione a tiempo, antes de verse engullido por la oscuridad esa que le cambia a uno el corazón (esperad, no, los que tenían eso eran Sayid y Claire ¿no?) El caso es que Smocke, que no tiene un pelo de tonto (ehem), podría estar haciendo un reclutamiento muy efectivo entre reclutados y reclamados antes de que ni nos demos cuenta de lo que va todo este juego... Que a los del Templo los pille confesaos...

domingo, 21 de febrero de 2010

6.3. Lo que hace Kate

Kate ve al Marshal buscándola a las puertas del aeropuerto y se decide rápidamente por una vía de escape, caiga quien caiga, pero esta vez el daño colateral lo va a sufrir Claire y, de algún modo, también el pequeño Aaron. No duda en dejar a la embarazada australiana abandonada en una acera sin bolso ni equipaje mientras se dirige a un mecánico que pueda ayudarle a quitarse las esposas, pero cuando va a cambiarse de ropa se mira al espejo y... hay algo distinto... ya no es exactamente la misma persona que cuando embarcó en el avión.
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La bolsa de Claire lleva cosas para el bebé entre ellas una orca, blanca y negra, de peluche. Kate la coge y siente algo familiar en relación a ese juguete, en relación a esa madre y a ese bebé que no puede explicar. Sin perder tiempo se dirige de nuevo al lugar donde abandonó a la rubita, encontrando que ésta sigue allí totalmente confusa, pues no acaba de creer en su mala suerte: la pareja que iba a adoptar al niño no ha venido a buscarla y para colmo se ha encontrado en el taxi con una tipeja apuntándola con una pistola. Y el caso es que ahí está esa mujer otra vez, pero ofreciéndose ahora a ayudarla ¿podrá fiarse de ella?
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Un extraño instinto invita a Claire a confiar en esta desconocida hasta llegar incluso a ponerse en sus manos cuando, abandonada por la que iba a ser la mamá adoptiva de Aaron, empieza a sentir contracciones. Por su parte Kate tambiénn arriesga mucho por causa de esta desafortunada mamá al exponerse a ser capturada de nuevo cuando, solícita, la acompaña al hospital. Algo liga a estas mujeres más allá de lo que pueden comprender, algo que ante un posible problema en el pequeño nonato les hace angustiadas apretarse mutuamente la mano para apoyarse. Al despedirse, tras haber mostrado Claire su agradecimiento ayudando a su nueva amiga a escapar, ambas saben que el encuentro no ha sido casual y que ninguna de las dos podrá alejarse por mucho tiempo de ese pequeñín que aún no ha llegado a nacer (por intervención de un extrañamente amable Ethan Goodspeed).
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Curiosamente también en su otra vida Kate había sido una vez ayudada por una joven embarazada, cuya amistad valoró durante muchos años después. Aunque, precisamente por influencia de Cassidy, tomó la decisión más difícil de su vida: dejar a Aaron con su abuela Carole para irse a la isla a buscar a Claire.
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Y esta es la Kate que nos encontramos en la isla, quien al ver la forma en que Sawyer ha escapado del templo decide imitarle para tener más libertad de movimientos en la selva. Su falta de vacilación a la hora de usar la violencia para librarse de sus acompañantes Otros funciona en paralelo con los flash-sideways en los que la hemos visto amenazar al taxista y a Claire (sin importarle para nada las maletas de Arzt que se interponen en su camino), la misma violencia que Aldo no le puede perdonar de cuando le derribó para librar a Karl de su prisión en la habitación 23 en la isla Hydra. Pero a Jin no le interesa más que encontrar a Sun, y decide seguir adelante por su cuenta, preguntándole antes quién realmente le importa a ella.
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Mientras, Sawyer ha ido a la que fue su casa en Villa Otros (o Villa Dharma 30 años atrás) para seguir hurgando en el hondón de su pena hasta encontrarse dolorosamente con el convencimiento de que la culpa de la muerte de Juliet la tiene él, al menos en parte. Aquel momento en que ella accedió a no subir al submarino para quedarse con él en la isla demuestra, según él, la manera egoísta en que la convenció para que no le dejara solo, sin pensar en lo que hubiera sido mejor para ella. El anillo de compromiso que tan ilusionadamente había guardado para su rubia es lanzado con fuerza al vacío, un vacío similar al que siente por dentro al confesar entre lágrimas que probablemente su destino es permanecer para siempre solo.
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A James no le agrada en estos desdichados momentos la compañía de su pecosa amiga. Pero ella ha venido buscándole y le escucha junto al muelle, dispuesta a dejarse tocar por su dolor, a compartirlo de alguna manera. Ella también se siente culpable, por haber entrado (a partir de ese mismo muelle en el que están ahora) al submarino en que ambos amantes finalmente dejaban la isla atrás, para enredarlos en la locura de la bomba que ha dado lugar a la situación actual. Y ella también entiende lo que es sentirse sola y casi sin esperanzas de volver a recuperar a su niño perdido ni de poder devolverlo a su madre. Entre lágrimas se siente tentada de renunciar a todo y dejarse abatir por la situación tan sumamente desconcertante en la que se encuentran. Pero, al contrario que Sawyer, ella no puede renunciar... tiene que seguir luchando por subsistir, por encontrar a la desaparecida mamá australiana y por llevarla de vuelta a casa, aunque sea sin la ayuda que esperaba encontrar en su amigo.
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Pero ha sido Jin, precisamente al separarse de Kate, el que se ha encontrado con Claire. Una versión de Claire muy parecida a Danielle Rousseau (desmelenada, con su arma al hombro, revisando las trampas dejadas por medio de la selva...), sólo que esta rubia ermitaña abandonó por su cuenta a su bebé en vez de que le fuera arrebatado y parece ser que en lugar de matar a su equipo por haberse infectado es ella ahora la víctima de la temible 'enfermedad'.
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O al menos esa es la nueva que ha comunicado Dogen a Jack, al explicarle el mal que aqueja a Sayid, una oscuridad que se extiende y que si le llega al corazón hará que nunca más vuelva a ser él mismo. Tras torturar al resucitado torturador (como también hizo Danielle en su momento) el jefe del Templo ha diagnosticado que tiene la infección y por tanto debe tomar voluntariamente la píldora que con ese fin ha puesto en manos de su doctor. Como Jack no sabe realmente a qué atenerse con estos tipos decide tragarse él mismo la píldora para ver qué pasa y de ese modo descubre asombrado, tras la maniobra en la que Dogen evita que llegue a ingerir la medicina, que se trata de un veneno (esta opción de la píldora verde no se la ofrecieron a Neo en Matrix).
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No sabemos realmente si, tras haber revivido a Sayid, los Otros quieren ahora matarlo. Ni tampoco si nuestro iraquí ha sido 'reclamado' por Jacob o su enemigo, o bien por alguna otra misteriosa entidad isleña. Quizás le veamos en un futuro transformarse en un ser maligno volviéndose contra sus amigos (como vimos a Robert volverse contra su esposa embarazada antes de caer derribado por ella), y a éstos pasar por el terrible trance de tener que eliminarle. O quizás aún está a tiempo de superar la infección, por algún extraño exorcismo, acaso provisto por el mismísimo Jacob que antes de morir se ocupó de comunicar a los suyos lo importante que era mantener con vida a Jarrah. Lo que está claro es que, al igual que su respetado y difunto jefe supremo, los Otros no van a forzar a nadie a hacer nada en contra de su voluntad y por ello sólo se atreven a atentar contra la vida de Sayid con la cápsula venenosa si éste accede a tomársela.
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Hurley y Miles, asombrados especialmente por la vuelta a la vida de su amigo, le han preguntado por su experiencia en el más allá. Y aunque Sayid no recuerda nada (como tampoco recordaría Ben quién le disparó cuando era jovencito en Villa Dharma), puede ser interesante tener en cuenta que Charlotte Malkin (la hija del vidente australiano que visitó Claire), cuando revivió como él tras haberse ahogado estuvo un tiempo en un 'lugar intermedio' donde recibió un mensaje del difunto Yemi para su hermano Eko. Nuestros dos amigos saben por experiencia que a algunos les es posible comunicarse con los muertos y andan tratando de averiguar cómo funciona realmente ese 'lugar intermedio'.
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Perdidos nos abre así a un nuevo misterio (la famosa enfermedad de la que habíamos oído hablar desde la primera temporada) mientras tratamos de aclararnos con la nueva realidad, en la que los protagonistas parecen encontrarse al otro lado del espejo: siendo ellos mismos, pero diferentes. Recordemos aquí también el famoso pasaje de "Alicia en el país de las maravillas" que Jack leyó a Aaron cuando ejercía de padre (o de tío) modelo antes de entregarse al combinado de pastillas con alcohol (pasaje que al parecer él había oído muchas veces de pequeño leído por Christian Shephard): "Pues vaya, qué cosas tan extrañas pasan hoy. Ayer todo fue como de costumbre. Me pregunto si habré cambiado esta noche. A ver, ¿era yo la misma cuando me levanté por la mañana? Pero si no soy la misma, la pregunta es ¿quién soy ahora mismo? Ah, ése es el gran enigma".

martes, 16 de febrero de 2010

6.1-2. LA X

El fogonazo blanco de la explosión de Jughead se diluye entre las nubes que rodean a un avión que va de Sydney a LAX (o más bien a LA X, es decir, Los Angeles-X o versión alternativa de esta ciudad californiana, según es costumbre denominar este tipo de cosas en los comics de ciencia ficción). Todo en él nos resulta familiar, pero de pronto está claro que lo que estamos viendo no es ni ocurre exactamente igual que durante aquel famoso vuelo 815 de Oceanic. Y por si no nos quedaba claro, nuestro querido Desmond Hume se da un paseíto para saludar al colega (“brother”) Jack, como comentó varias veces que haría si le veía en ‘otra vida’. Y es que este vuelo que vemos no está destinado a accidentarse en una desconocida isla del Pacífico porque un desquiciado escocés no llegue a tiempo a pulsar su tecla, sino que bajo el avión el mar se presenta vacío (tan vacío como quedó súbitamente bajo el helicóptero de Lapidus cuando transportaba a los Oceanic 6 junto con Desmond), y solamente una mirada de profundidad puede revelarnos que Villa Otros yace inundada en el fondo del océano, ya nunca más a la sombra de la ahora coralificada estatua.
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En mi opinión lo que ha pasado es lo siguiente: el explosivo encuentro de la detonación de la bomba con el enorme flujo electromagnético desatado por la tozudez de Radzinsky ha cancelado el poder destructivo de ambos (en el marco de nuestra realidad o universo), reencauzándose toda esta energía en una dimensión nueva (no olvidemos que el Cisne, como la Orquídea, está situado en una especial singularidad espacio-temporal), de modo que se ha generado una nueva línea temporal, mientras que la línea temporal original de nuestros losties, aunque totalmente convolucionada por los viajes en el tiempo, sigue exactamente igual, fiel a la ley de “lo que pasó, pasó” (hay suficientes indicios en ese sentido: finalmente se construyó el búnker, se instaló el ordenador con su tecla, el fallo de Desmond produjo el primer “system failure” resquebrajando en el aire al Oceanic 815 y en último lugar nuestro escocés accionó la llave de seguridad e implosionó la estación). Los losties viajeros, introducidos en la zona cero del multidimensional incidente, viajaron sin embargo de nuevo en el tiempo (suponemos que por última vez) volviendo esta vez exactamente al tiempo en el que habíamos dejado a los náufragos del Ajira 316. O sea que de alguna forma se deshace la convolución temporal devolviéndolos de nuevo al tiempo en la isla en el que están sus originales contemporáneos, más o menos finales de 2007, pero es posible que Rose, Bernard y Vincent al encontrarse alejados del foco de traslación se nos hayan quedado en el pasado...
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Y, como os decía, la liberación durante el incidente de tan enorme cantidad de energía ha generado una anomalía espacio-temporal, una nueva calle en el tiempo, que según entiendo, se inició allá por 1977 (nuestros x-losties son bastante parecidos a sí mismos, aunque la vida no les ha ido exactamente igual) de modo que en esta nueva realidad la x-isla quedó hundida en el fondo del océano y todo aquello que había sido influenciado por ella cambia ahora en el nuevo desarrollo de los acontecimientos (por ejemplo x-Desmond y x-Juliet nunca llegaron a sufrir sus tres años de angustia en la misma).
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Lo que quiero decir es que la ley de “lo que pasó, pasó” y lo de que hay una sola ‘calle’ del tiempo es algo que se cumple en el universo original de los losties: por muchos saltos temporales que hayan dado ellos nunca podrán salir de esa línea del tiempo, o sea que para ellos se cumple “lo que pasó, pasó”. La novedad que Faraday descubre (o intuye, quizás no lo supo nunca muy claro) es que con ayuda de la bomba (aplicada a la anomalía electromagnética del Cisne) puede romperse esta ley, y lo que vemos es que realmente aparece una nueva ‘calle’ en el tiempo, pero generándose digamos un universo paralelo. Es decir, nuestros losties no pueden saltar de una realidad a la otra, de una calle del tiempo a la otra, sino que siempre estarán en la misma (en “Regreso al Futuro” Marty viajaba a su pasado y cambiaba el futuro para sí mismo, pero eso no ocurre aquí). Lo que pasa es que ha aparecido digamos una realidad nueva en la que ocurren cosas nuevas, sólo que ellos no son conscientes de esa otra línea que tomó su vida en esa otra realidad paralela, ni tampoco lo son sus otros yoes (los x-losties) de la línea original. Son dos realidades anómalamente separadas.
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Y a partir de la breve aparición de Desmond en la premiere... entiendo que debemos buscar pistas de lo que ha pasado con el incidente precisamente en uno de sus episodios estelares, “Flashes Before Your Eyes” (mi favorito desde que me dejó absolutamente fascinada cuando lo vi) junto con algunos datos de “Further Instructions”. Al accionarse la llave de seguridad el fenómeno producido en el Cisne fue similar, aunque a pequeña escala, a lo que ocurrió cuando Juliet detonó la bomba. Algunas cosas quedaron atraídas hacia el fondo del pequeño cráter que se formó (las cosas metálicas), otras salieron volando a la cima de los árboles como el bastón de Eko (lo que ahora le pasa a Kate), y un par de personajes implicados quedaron asombrosamente intactos en el suelo aunque perdida la capacidad de hablar de uno y despojado de sus ropas el otro (parece que nada de eso ha pasado esta vez). El efecto de aturdimiento en los oídos que sufren ahora Kate y Miles lo vimos reflejado entonces en Charlie, quien además parece que aún estando por allí cerca ni siquiera se enteró de la implosión.
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Y vimos que como efecto secundario Desmond viaja mentalmente a su pasado, pero ¿no sería ya entonces su pasado en la nueva línea temporal que llevaba ya brujuleando por ahí desde 1977? Probablemente no, yaque Eloise se empeña en que deje a Penny y se vaya a la isla a pulsar la tecla, lo cual indica que más bien fue una pequeña desviación con poco recorrido, puesto que el universo enseguida trató de corregir su curso. Entiendo por tanto que otro efecto colateral del incidente es que nuestros losties implicados en este fenómeno han adquirido el poder de entrar en comunión con sus x-yoes como le pasó a Desmond. Recordad que aunque se encontraba físicamente en su tiempo pasado y con todas sus memorias de entonces, le venían flashes de su tiempo en la isla, de modo que una serie de déja-vus acaban haciéndole ser consciente más o menos de lo que pasó en su tiempo original. Eso es lo que creo que está pasando con x-Jack, x-Kate y x-Sawyer (no he visto que de momento los “x” de Hurley o Locke y mucho menos de Charlie, Boone, Artz, o Neil... tengan esos momentillos de duda como de que algo aquí no acaba de cuadrar o me suena a que debía haber pasado algo distinto, pero no sabría qué decir respecto a Rose y Bernard). Mucha gente especula que el propio Desmond que está en el avión sabe lo que está pasando, desde su capacidad de conexión consigo mismo en otra línea alternativa de tiempo (otros dicen que pudo ser una visión de Jack o una especie de viaje físico interrealidades de nuestro escocés errante, pero yo entiendo que hemos dejado atrás ese tipo de viajes físicos y ahora estamos con los viajes mentales a la realidad alternativa, aquellos que hasta ahora sólo ha sufrido Desmond y algunos desgraciados tripulantes del Kahana). También es posible que el don de recordar sus yoes de la línea original sólo corresponda a los que en su día fueron tocados por Jacob. Esto podría dar lugar en su momento a que x-Sawyer se encuentre con x-Juliet y ella no pueda acordarse de ninguna forma de él, pero él la reconozca enseguida y la invite a tomar un café; la breve consciencia de esta situación que recibe la agonizante Juliet incidentada es lo que la hace exclamar –ya muerta– “funcionó”.
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¿Y hacia dónde se dirige esta situación? Podría ser que una de las líneas temporales deba colapsar y dejar que la otra siga adelante, en todo caso yo no creo que puedan seguir ambas establemente separadas para siempre. Creo que una de las dos debe de ser inestable y se producirá pronto una “course correction” de esas. Pero puesto que lo de la bomba ‘funcionó’, entiendo que la realidad paralela, la de los “x-losties” será la definitiva... ellos no tendrán ninguna experiencia de la isla, pero nuestros “losties” que ahora están en la isla de alguna forma se trasladarán mentalmente a esos otros yoes (a lo Desmond), y será su forma de salvarse del universo ese inestable en el que se han quedado.
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Para mí que tal como va la cosa nuestro maligno FLocke (el falso Locke que encarna al enemigo de Jacob y de vez en cuando se transforma en el justiciero Humo Negro) se va a hacer con el poder en la isla, pero Jacob antes de morir se las ha ingeniado para originar (por su influencia en los losties) ese universo alternativo en el que probablemente vencerá. Es posible, sin embargo, que antes de que Smokey arrase con todo (pues parece que esa es su manera de ‘volver a su casa’) haya una misión importante que cumplir, para que todo quede bien arreglado (que por ejemplo Smokey no pueda acceder a la x-realidad) y en esto están implicados de pies a cabeza los Otros del templo (bajo el mando de Dogen y Lennon), para lo cual necesitan sin falta a Jack, Sawyer, Kate, Hurley, Miles, Jin y, sobre todo, Sayid.
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Sayid, sabiendo que estaba mortalmente herido, se esperaba acabar más o menos en el infierno (y quizás no andaba tan descaminado...) De hecho al ser sumergido en el agua para morir y luego revivir ha vivido una forma de bautismo integral, imagen reforzada cuando al sacarle los Otros del agua su cuerpo queda configurado como una cruz. Precisamente el cristianismo predica que el bautismo nos introduce en una ‘vida nueva’, y esperemos que además en su caso resulte igualmente una acción ‘redentora’ en vez de que su despertar al final del capítulo, como muchos tememos, nos lo haya transformado en un agente del mal.
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El paso de los muertos a través del agua camino de una vida diferente aparece también en la mitología griega, cruzando la laguna Estigia en la barca de Caronte. También los egipcios (cultura más relevante para nuestra serie) usaban barcos para depositar a los muertos de forma que hagan su viaje a la otra vida. Tanto Sayid como probablemente Ben de pequeño estando moribundos han sido depositados en el agua para ser curados ¿o directamente para que resuciten en una nueva vida?... Igualmente el barco ‘Black Rock’ viajó en su momento por las aguas hasta la isla y es posible que alguno de sus tripulantes ande por ahí viviendo casi eternamente... No olvidemos finalmente que en la parte baja del tapiz de Jacob figuraban varios misteriosos barcos...
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El mismo tapiz de Jacob que muestra egipcios viviendo tan felices bajo la protección de sus dioses, dedicados a la vida cotidiana, lo que nos recuerda a cómo viven los Otros tan contentos en su templo, hasta que se enteran de que Jacob (¿uno de los diosecillos protectores?) ha muerto. Alucinados por la milagrosa vuelta a la vida de Sayid, parece que Jack y compañía tendrán que colaborar finalmente con los extraños y ahora atemorizados Otros que habitan el Templo, pero de momento los ánimos están un poco soliviantados y será difícil generar la confianza suficiente entre todos ellos para llega a hacer algo productivo. Y el que menos ganas tiene de hacer nada ni colaborar con nadie (y menos aún con Jack) es Sawyer, debido a la brutal pérdida que ha sufrido.
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Y ya que hablábamos de la barca de Caronte, se ha dicho en algún foro o blog que Sawyer bajó a los infiernos cual Orfeo a buscar a su Juliet, pero desgraciadamente al igual que el famoso héroe griego no pudo volver con ella... Aclaremos también que aunque Juliet había caído a un pozo hondísimo en 1977, al trasladarse a 2007 su situación cambió un poco, y mientras que Kate acabó en la copa de un árbol, la rubita se quedó más cerca del núcleo electromagnético, ya que iba ‘adornada’ por ciertas cadenas. Pero puesto que en ese año no está abierto el profundo túnel radzinskiano y los viajes en el tiempo son así de considerados que no te dejan por ahí atrapado en medio del terreno (más considerados que los guionistas de la serie cuando enterraron vivos a Nikki y Paulo) su magullado cuerpo quedó esta vez un poco más accesible desde la superficie, dando oportunidad a que Sawyer la estrechara entre sus brazos para despedirse.
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Ya era hora de que Perdidos hiciera justicia por una vez al duelo que sufren los personajes tras la muerte de uno de sus compañeros (otras veces era como que lo enterraban –o no, en el caso de Charlie– y a otra cosa). Sayid penó muchísimo por la muerte de Shannon, y ésta por la de Boone, Hurley por la de Libby y la de Charlie, Sun por la supuesta muerte de Jin, pero Sawyer ha alcanzado un nuevo nivel de duelo, por el profundo vínculo que le unía a Juliet y por su temperamento visceral y vengativo. De todas formas el episodio 6x2 me ha recordado mucho al 2x2, cuando Michael sólo sabía echar las culpas a Sawyer del secuestro de su hijo, ensañándose con él como ahora hace James con Jack (en recuerdo a ese episodio hemos visto merodear por el agua junto a la x-estatua al x-tiburón con su cola marcada con el logo de Dharma). Michael necesitó pasar toda una noche en el mar devorado por la angustia de la ausencia de Walt hasta llegar a reconocer que su compañero sólo hizo lo que creyó mejor. Igualmente suponemos que Sawyer entrará en razón, a pesar de que su fiereza e impulsividad se lo harán más difícil que al bueno de Michael, y que la rivalidad Jack-Sawyer está tan enconada que no será tan fácil que se lleguen a reconciliar. Sin embargo esta es una de las escenas que más estoy deseando ver, cuando cada uno de estos dos carismáticos personajes reconozca abiertamente su aprecio por el otro y llegue incluso a asumir un sacrificio por salvar a su rival (llevo soñando con eso desde que empezó la serie, aunque no sé bien ni casi me importa cuál de ellos se sacrificará por cual).
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Y mientras esperamos al siguiente capítulo sólo nos cabe preguntarnos qué ha pasado con Sayid. ¿Ha sufrido la misma suerte que sufrió el pequeño Ben en su momento por culpa suya (y ahora él por culpa del padre de Ben)? ¿O más bien le ha pasado como a Locke, que algún ente isleño se moría por ocupar sus huesitos? Lo que está claro es que nos encanta ver a nuestro Sayid vivito y coleando y aún esperamos que meta bastante caña a los altivos “templarios”, o incluso mejor, a ver si él (o tal vez el enfadadísimo Sawyer) le dan una tunda de palos al desgraciado de FLocke, quien tan malignamente está tratando a nuestros queridos Richard y Ben.

lunes, 6 de octubre de 2008

4.1. El principio del fin

Hurley, el héroe que salvó con la furgoneta Dharma a los cautivos de la playa (3.23), no sabe cómo celebrar la buena noticia de que Jack ya ha contactado telefónicamente con la gente del carguero y que éstos están a punto de llegar para rescatarlos. Parece el principio del fin de una larga pesadilla, ¿o es acaso el principio de una pesadilla aún peor? Tras expresar su júbilo lanzándose al agua en bomba, al salir a la superficie cambia su perspectiva para empezar a captar el aspecto más oscuro del momento que están viviendo: en primer lugar en la persona de Desmond, que de regreso desde la estación Espejo no sabe cómo decirles que han perdido a Charlie. Pero eso no es todo, el amigo tan querido les ha dejado un críptico mensaje: “no es el barco de Penny” (3.23), es decir, Naomi les ha mentido, lo que constituye razón suficiente para desconfiar de la gente del carguero.

Ante la confusión que supone entre los ‘supervivientes de la playa’ (los supervivientes de la batalla contra los Otros en la playa, quiero decir) este mensaje, Hugo opta por aferrarse a las últimas palabras de Charlie y al consejo de Sayid: hay que avisar a los que están junto a la torre de radio que existe una amenaza en relación con el barco, pero no por medio del walkie-talkie, sino emprendiendo el camino hacia ellos para comunicarles en persona las fundadas sospechas. El nuevo éxodo de los ‘perdidos’ por el que unos parten del corazón de la isla hasta la playa, exultantes de alegría por la nueva esperanza de ser próximamente rescatados, y otros de la playa a la selva interior como movimiento estratégico de retirada, servirá para reunificar a las varias parejas del grupo que habían sido separadas: Sun y Rose se reencontrarán felizmente con sus maridos Jin y Bernard, mientras que Juliet y Sawyer verán de nuevo a las personas que quieren, respectivamente Jack y Kate, aunque ninguno de los dos enamorados rubiales aún tenga muy claro si es del todo correspondido. Sólo a la pobre Claire le espera, en vez del ansiado abrazo, la dura noticia de la muerte de su querido Charlie.

Pero prestemos atención a algunos extraños hechos previos a la reunificación de los dos grupos. A Hurley, una de las pocas personas que parece tener claro en estos momentos lo que hay que hacer, le sale al encuentro, como quien no quiere la cosa, la mismísima cabaña de Jacob (¿hogar también de papá Sheppard?), interponiéndose en su camino cuando se había quedado un poco rezagado. Dado el carácter marcadamente esotérico del encuentro y el historial psíquico de Hugo, éste no está muy seguro de si lo que ha visto es real o estaba solamente en su imaginación, y se encuentra por tanto poco dispuesto a compartir esta experiencia con sus compañeros. Actitud bastante entendible en un muchacho que hemos visto recelar de que sus compañeros le consideraran un loco (2.18), pero que nos ofrece un marcado contraste con el momento en el que en su flashforward le pide a un policía (el compañero de Ana Lucía, 2.8) que haga el favor de encerrarlo en el hospital psiquiátrico. Y es que al parecer las visiones no han terminado para Hugo ni aún saliendo de la isla (como quiera que sea que esto vaya a suceder). El Hurley del futuro anda desquiciado por las insistentes visitas de su amigo Charlie, que, aunque ya muerto, una y otra vez trata de nuevo de comunicarle una noticia importante (“ellos te necesitan”) por la que se supone debe tomar acción en favor de sus amigos. Pero parece ser que aún peor que los visitantes del más allá son los visitantes de carne y hueso que se pasan por Santa Rosa a echar un ojo al pobre muchacho: el intrigante Matthew Abaddon pregunta con aviesas intenciones “si aún están vivos”, mientras que un desconfiado Jack pasa de tomarse en serio (de momento) las insinuaciones de que quizás deberían volver.

Postura que nos recuerda inmediatamente a la Kate del futuro, negándose a escuchar a su barbudo y desesperado amigo que sólo quería volver a estrellarse en la isla (3.23). Se trata de la misma Kate que, según Ben, en la situación del presente isleño es la única que sabe lo que se hace (dentro del grupo que liderado por Jack había llegado a la torre de radio). Ella, como Hurley, también se separa de su grupo (en contra de los deseos de Jack, mientras que Hugo rechazaba la amable solidaridad de Sawyer), pero en este caso es porque ha decidido seguir por su cuenta y riesgo el rastro de la moribunda Naomi, por quien Minkowski pregunta una y otra vez a través del sofisticado teléfono con el cual se están comunicando con el carguero. Y si Hurley se encuentra con la cabaña de Jacob, el misterioso amo de la isla y luego con Locke, su esforzado defensor, Kate se encuentra con esta misteriosa mujer, la vanguardia de los nuevos visitantes (¿o asaltantes?), que lo último que hace antes de morir es asegurarse de que sus compañeros tengan las coordenadas adecuadas para acceder a la elusiva isla y enviar un mensaje de despedida a su hermana. Nuestros ‘perdidos’ están así, por medio de los dos representantes que en su respectiva situación están un poco más avispados –y aislados–, manteniendo contacto con ambas enigmáticas facciones, las cuales les están abocando a tomar posiciones en el tablero de juego en previsión de la partida decisiva que se avecina.

Entre dos fuerzas enfrentadas, el grupo de supervivientes tan efusivamente reunido de nuevo se separa. Con el transfondo de la cabina destrozada del avión que les trajo a la isla, la unidad de los ‘perdidos’ se resquebraja por la diferente actitud ante la visita que esperan: confianza en un inminente rescate, como parecían prometer Naomi y Minkowski y están intentando facilitar Kate y Jack, o refugio ante una siniestra amenaza, como predican Ben y Locke a partir de sus misteriosas fuentes de información y ahora también Hurley como respeto al legado de su amigo, heroicamente muerto en combate. Las diferencias entre ambas posturas se han agudizado, hasta el punto de hacer imposible la reconciliación entre las mismas, debido al letal ataque de Locke a Naomi (3.23), que Jack ha sufrido como si fuera en sus propias carnes. El doctor no está dispuesto a permitir algo semejante nunca más, por lo que de un modo bastante irracional se lanza hacia el místico John dispuesto a machacarle, tras dispararle a muerte con una pistola que afortunadamente no tenía balas.

El resto de personajes no están en principio tan claramente decantados hacia una de las dos posturas que sus dos líderes ofrecen (disponerse al encuentro amigable con los ‘rescatadores’ del carguero u ocultarse de ellos en el poblado de los Otros, circundado por la valla sónica, para defenderse) y probablemente hubieran preferido buscar una postura intermedia, suficientemente cautelosa, pero en alguna medida abierta a descubrir al menos las verdaderas intenciones de los visitantes. Sin embargo cada uno de los dos líderes está convencido de que ofrece a su gente la verdadera salvación y que el otro está tomando decisiones fatalmente inadecuadas, por lo que la división resulta ser inevitable. Finalmente se impone dejar que cada persona decida libremente a qué bando se quiere incorporar. Las decisiones se toman y los dos grupos se separan: acompañarán a Locke al poblado abandonado por los Otros Sawyer, Hurley, Claire, Aaron, Rousseau, Alex, Karl y Ben; mientras que esperarán con Jack a los del carguero Kate, Sayid, Desmond, Juliet, Sun, Jin, Bernard y Rose (los demás supervivientes anónimos se reparten igualmente).

Desde esta insidiosa separación, eco de la aún más dolorosa separación que ha supuesto la muerte de Charlie, Kate y Jack se permiten mirar hacia atrás, recordando la terrorífica experiencia vivida a causa del enigmático monstruo isleño durante su primera incursión en la isla hasta la cabina del avión (1.1). De nuevo un ruido extraño se les acerca entre la lluvia y los truenos: se trata esta vez del helicóptero enviado desde el carguero, del cual cae un paracaidista. El paralelismo invertido con el piloto que el monstruo envió por los aires (1.1) es altamente ambiguo ¿alberga esta nueva tormenta una fuerza benigna que viene a salvarles, o nos espera de nuevo una sangrienta escena producida por un inefable poder devastador? De momento, al menos el recién llegado tiene forma humana y pronuncia palabras amigables, por lo que aún es posible la esperanza.


Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

- En este episodio se da un hecho tan tremendamente ambiguo que puede ser interpretado al mismo tiempo como la salvación última y como la perdición final de las personas implicadas. Por supuesto que no se acaba todo con salir o no de la isla (como vemos en los flashforwards), pero visto desde el punto de vista de unos náufragos a los que el resto del mundo daba por muertos (3.18-3.19), ser rescatados de la isla es la suma de todas sus esperanzas y, por supuesto, ser asesinados por los del carguero, como les augura Ben, es el colmo de la perdición. También se da la postura intermedia de los que no creen que salir de la isla sea de ningún modo una salvación, sean quienes sean los rescatadores (Locke, 3.15; Rousseau 3.23; Rose, 2.19...) Dos interpretaciones tan opuestas del mismo hecho podrían haber optado, en caso de haberse dado en un clima de profundo respeto, por escucharse mutuamente y dialogar, de manera que pudieran aprender algo la una de la otra, ya que el hecho al que se enfrentan probablemente contiene una cierta ambigüedad real, siendo posible que ofrezca tanto ventajas como inconvenientes. Pero las diferencias entre los defensores de las dos posturas se han agudizado al máximo por el ejercicio de la violencia, haciendo imposible que de momento nadie pueda tomar una vía intermedia.

Qué postura era la correcta sólo se sabrá al final: ¿era el carguero una amenaza mortal o una promesa de salvación? Si se trata de una horrible fuerza mortífera las acciones, en principio incomprensibles, de Locke (y Ben) estarían justificadas. Y esta interpretación cuenta a su favor con la también insuficiente prueba que les ofreció Charlie. En cambio si se trata de un pacífico barco de rescate los esfuerzos de Jack serán los más loados.

Del mismo modo se dan en nuestra sociedad situaciones que se prestan a diversas interpretaciones, entre otras el estado de la nación y las medidas a tomar para resolver unas y otras problemáticas estatales, lo que produce líderes diversos y seguidores que libremente les apoyan. Las diferencias en sus percepciones pueden enriquecer a todos si se da un respeto y se posibilita el diálogo, aunque por supuesto se debe arbitrar un método de consenso o convivencia si se pretende que todas las posturas coexistan pacíficamente. Pero cuando las posturas se polarizan en dos posiciones enfrentadas, que además no hacen sino insultarse y echarse la zancadilla mutuamente, el personal se va dividiendo en dos grupos irreconciliables. Si además se desata de forma incontrolada la violencia entre ambos bandos, lo más probable es terminar en guerra o abocados a una partición, más o menos acordada, en dos o más sociedades separadas. Pero ¿no es necesario en algunas ocasiones levantarse en armas frente a un peligro verdaderamente destructor? (recordemos que Hitler al principio también fue considerado por muchos un salvador).

Otro ejemplo similar a la dinámica social que nos está presentando este episodio es el caso de religiones enfrentadas, situaciones que por desgracia en muchas ocasiones de nuestra historia dieron lugar a crueles derramamientos de sangre. Diversas interpretaciones de lo que es la salvación o la perdición última llegaron a situar a la gente ante enrevesadísimos conflictos de conciencia que no fueron capaces de resolver pacíficamente, dando lugar a crueles guerras entre religiones de las que aún hoy en día se sufren terribles secuelas. Sin embargo una gran mayoría de los líderes religiosos actuales entiende que es posible defender su postura respetando las posturas diferentes, sin tener que agredir físicamente a nadie. La diferencia en el modo de interpretar la salvación y la perdición, aunque profundamente inquietante, puede impulsarnos a un respetuoso diálogo, en el que se vayan aprendiendo cada vez un poco mejor los motivos profundos que fundamentan las diversas formas de esperanza que albergan los seres humanos. Pero no se entiende que el respeto a las múltiples opciones distintas nos convierta en personas totalmente indiferentes a la situación de salvación y perdición. Sería el caso de un “perdido” que ante la venida apocalíptica del carguero, pasara tanto de ser rescatado de la isla como de la posibilidad de ser asesinado y se quedara tranquilamente a su rollo en las cuevas, o cualquier otro sitio pretendidamente neutral, a verlas venir.

Finalmente “El principio del fin” nos sitúa ante ciertos desafíos de la sociedad actual que en gran medida no tenemos ni idea de cómo valorar. La tecnología, la globalización, los enormes cambios ideológicos y sociales que se producen a un ritmo vertiginoso en la cultura occidental ¿encierran una promesa latente de la más profunda liberación previamente jamás soñada o nos abocan a una deshumanización sin precedentes? Probablemente ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario, es decir, que ambas potencialidades están presentes en un enorme abanico de posibilidades y se hace imprescindible aprender a navegar con pericia por estas nuevas aguas para discernir en cada momento sabiamente. Pero precisamente la diversidad de posibilidades y la dificultad de poder dar una respuesta clara que abarque cada posible situación es lo que no nos permite zafarnos de tener que afrontar la problemática desde todos los puntos de vista implicados, de tratar de articular algún tipo de dispositivo integrador o institución reguladora que permita obtener las respuestas adecuadas a cada nueva situación emergente, teniendo en cuenta todos los aspectos esenciales de la cuestión. Polarizarse en dos posturas opuestas no es la solución adecuada. Queremos salir de “la isla” (las enfermedades, el paro, el terrorismo, la pobreza, la catástrofe ecológica...), pero no queremos crearnos un futuro en el que todos acabemos tan mal que sólo podamos soñar en volver a esa situación anterior.

Amparo

4.0. Inicio de la cuarta temporada

Queridos lectores, al iniciarse la retransmisión de la cuarta temporada en España (Abril 2008)por la FOX, intenté abordar los comentarios de esta nueva serie de capítulos de “Perdidos”, aún sin haber podido terminar todavía los comentarios a los episodios de la tercera temporada (por cuestiones personales que me habían surgido). Finalmente, tras publicar aquí el comentario al primer episodio de la cuarta, me decidí sin embargo a continuar con los comentarios de la tercera temporada, hasta terminarlos, en:
Incorporo ahora a este blog todos esos comentarios que me faltaban. El único comentario de la cuarta temporada que había publicado en Mayo 2008 lo pongo ahora a continuación para que quede colocado en su sitio. De momento no continuaré con los comentarios de la cuarta temporada, hasta nuevo aviso.
Amparo

Publicado originalmente el 1 de Mayo de 2008, editado para esta nueva publicación.